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Regís College, Denver 
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Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N, 



4 de Enero de 1879. 



SUMATLíO. 

Cbónic\. General— Sección Piadosa: Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Ssmaaa— San Tolesforo, ol>. y mr.— Actualidades: 
—Otro crimen de los Jesuítas— Hermoso descubrimiento del Neio 
Mexican— Vio IX se acuerda también de los Estados Unirlos— Eno- 
jo de íos Baptisfcas de New York— El Futuro de los pueblo* Católicos, 
obra del Barón Haulleville— Los católicos en Suiza -Suuacion de 
las religiosas en Italia— Situación Europea— Cuarta carta al Sr. G. 
W. Eitch -El jugador— Dos Islas afortunadas— Dia de Seyos. 



K 



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Confti'niaeioaa ale nsaestBN? CJt¡>l9ea , nailoT'. 
—El H. S. Waldo lia recibido un parte telegráfico 
de Washington en donde se le anuncia la confirma- 
ción dada por el Senado al Gen. LewWallace para 
Gobernador de Nuevo Méjico, v. 

Iliwior al saaéa'ñío. — Un crecido número de Ca- 
tólicos Irlandeses lia tenido una reunión en Dublin 
á fin le erigir un monumento al ilustre Cardenal 
Callei. Entre tanto, el esclarecido P. Bnrke ha pro- 
nunciado tal discurso sobre el finado, que esto solo 
bastaría para perpetuar la memoria del orador y del 
difunto. 

SSasée;§©r al Cardenal Cnlien¿ — El clero Ir- 
landés liase reunido en Dublin para escoger tres can- 
didatos, cuyos nombres fuesen enviados á Roma, pa- 
ra que el Papa se dignase elegir entre ellos un suce- 
sor al Cardenal Cullen. Esos tres candidatos son el 
Muy R-ív, Dr. M'Cabe, Obispo Auxiliarlo, el Muy 
Rev. Dr. Moran, Obispo de Ossory, y el Rev. Dr. 
Woodloek, Rector de la Universidad Católica. 

4|isáí5-2°eii sea" «jaaeaaaaeSos después de su muer- 
te 500 individuos de Illinois, los cuales han formado 
una Sociedad para promover el sistema de cremación. 
A propósito de cremación, preguntóse últimamente 
en Baviaivi á los mas autorizados¡órganos de diferen- 
tes deuo.i dilaciones lo que pensaban acerca de ese 
sistema. Los católicos respondieron: "no se puede:" 
Los Judíos no contestaron de ningún modo: los pro- 
testantes dijeron que á ello se oponía solamente la 
littuy'a. 

Ij5I>i*os y bssíes M!»5 í&s. — El director de la Aso- 
ciación de libros en Hartford Con. dice que, por re- 
gia general, los niños y niñas leen demasiado. Sus 
cálculos muestran que un solo niño ha tomado en 
seis meses 102 historietas, y una sola niña 112 nove- 
las en el mismo plazo. Los libros sacados de la bi- 
blioteca desde el dia primero de Noviembre hasta el 
dia 30 de Setiembre dan el cómputo de lo que lee la 
joven América: cuentos y novelas; 71 por ciento; ar- 
tes y ciencias; 5¿; biografía, 5\; historia, 4; viajes, 4; 
poesía y drama, 2; teología, l.\ miscelánea, 7. 

fbn anarina pasle ea|íeíiaaaes. — El" Hon. H. 
Hamliu, dice el Oatholic Mirror de Baitimore, ha 
presentado al Senado un bilí, relativamente á la for- 
mación de un cuerpo de capellanes en la marina de 



eílacl. — El Señor 
renunció generosa- 
Ministro Episcopal 



los Estados Unidos. Cuando esta ley sea discutida 
en el congreso, no haría mal el valiente Senador 
Kernan de preguntar, porqué sobre 24 capellanes, 
que hállanse en la marina, no hay un solo sacerdote 
Católico, mientras la nisr^ría délos marineros es 
católica? 

IEI espiaiiaa cíe Basaes¿fl*a 
Francisco Dillon Eagan, el cual 
mente una brillante posición do 
en California para ser un humilde Lijo de la Iglesia 
Católica, dio últimamente una conferencia en Nueva 
York sobre "el espíritu de nuectra edad," asunto que 
él trató de una manera admirable, probando que c?e 
espíritu es esencialmente ateo y hostil á la Iglesia 
Católica. El mismo Sen -i Bagan dio también otra 
conferencia en Filadelfia en favor de la obra de las 
Hermanas del Buen Pastor. 

I 71 a* as tos dte la aan'iúvíú. — La asociación forma- 
da en New Orleans en beneficio de los atacados por 
la fiebre amarilla recibió la suma de $37,747.77. Se- 
gún una minuciosa cuenta dada al Seifor Arzobispo 
ele aquella diócesis, $36,7.86.72 íian sido ya reparti- 
dos entre asilos, instituciones de caridad y personas 
menesterosas, sin distinción de fé, raza ó color. 

Usa protestsaaate c!es|ífl*eoi?&apa , -lí>, — Leemos 
en el Cathólic Universe que cierto ' J. A. Bradley de 
Ausbury Park, N. J. ha dado un solar para una Igle- 
sia Católica; y aunque protestante, hace todo lo po- 
sible para contribuir á la erección de un edificio del 
que podrán gloriarse con razón los Católicos de Aus- 
bury Park. 

r¥asevos asesinatos. — La escuela del asesinato 
sigue haciendo prosélitos. El presidente del actual 
Senado Peruano, y antiguo presidente de aquella re- 
pública, ha sido él también víctima de un horrible 
asesinato. El asesino no es ni mas ni menos que un 
sargento, cuyos cómplices parece han sido todos los 
oficiales y un gran número de los jefes superiores de 
su regimiento. Hay allí evidentemente una conspi- 
ración política. 

Enviado de2 ISeaiadoa* ú Sioana. — A fines 
del mes de Noviembre fué recibido con grandes ho- 
nores por el Padre Santo el Señor Marqués D. Fer- 
nando Lorenzana, el cual presentaba á Su Santidad 
los papeles en que se le nombra ministro plenipotí ri- 
elarlo y enviado extraordinario del Ecuador en el 
Vaticano. 

Swiiei'B'a á los colegios católicos, 
legio Capránica en Roma, tan justamente 
por su valor intrínseco, por la piedad de sus 
como también por los muchos esclarecidos 
que han sido educados en sus aulas, ha debido ya 
ser suprimido á esta hora. Es intención del Gobierno 
ceder el establecimiento á los ateos comisionados de 
educación, como si no tuviesen ya bastantes escuelas 
para desmoralizar completamente á la juventud Ca- 
tólica Italiana. 



-El Co- 
alabado 
¡.luíanos 
varones 



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Estadística <!<' Lomlres. — Londres contieno 
•l.ooo.ODi) de habitantes. Salíanse ahí mas Judíos 
que en tuda Palestina, mas Católicos que en la mis- 
ma I loma, mas Irlandeses que en Dublin y mas Es- 
ooeeseB que en Edimburgo. Casi 300 perconas so 
añaden cada día á la población, pues nace allí un 
individuo cada ocho minutos. 80 millas están abier- 
tas diariamente á la circulación del público, y cada 
año si; edifican 0000 casas. En los oficios do la pos- 
ta hay una anual repartición de •JÜM.OOO.OOO cartas. 
En los registros de la policía encuéntrause los nom- 
bres de 120,000 delincuentes habituales, y 38,000 
borrachos son cada dos anos llevados delante de los 
jefes de policía. Cosa de 1,000.000 no practican reli- 
gión ninguna. (Unitá Caüolica). 

OI»r<»í*os «!«' Inglaterra.— Muy tristes, dice 
el Catholic Review de Brooklvn, son los pormenores 
que nos llegan acerca de la miseria de los obreros 
de Sheffield y de otras ciudades del Norte y Oeste 
de Inglaterra. El comercio del hierro ha enteramen- 
te decaído. Los propietarios do minas de carbón 
no pueden vender sus efectos mas que á familias 
particulares. De aquí la necesidad de despachar á 
muchos obreros, los cuales no cesan de gritar: "muer- 
te v abajo" contra los ricos propietarios. 

¡l*o!»'re Aísaria y liOrcna!- Alsacia y Lore- 
na no han sacado por cierto grande utilidad de su 
anexión á Prusia ou lo que toca á la libertad religio- 
sa y á la igualdad. Hay casi un millón y medio de 
Católicos en las dos provincias y solamente un cuar- 
to de Protestantes; sin embargo mientras tantos pri- 
vilegios se conceden á los Protestantes, á los católicos 
no se les permito siquiera imprimir un periódico 
diario, ni recibir los que la prensa católica publica 
en Alemania. Por lo que atañe á la manutención 
del culto público, la injusticia es todavía mas flagran- 
te (Catholic Mirror). 

E*H2í"Íoíi caaHosa. — Hace treinta y seis años, 
un tal Dussud, cultivador de las cercanías de San 
Sinforiano (Francia) fué acusado de asesinato en las 
personas de dos vendedores. So le condenó á 15 años 
de presidio, y una vez cumplida esta pena, volvió á 
su país. En 1871 un individuo próximo á morir se 
doclaró culpable del crimen imputado á Russud, y se 
expidió en favor de este un decreto de rehabilitación. 
Eu reparación de este error judicial, los herederos de 
Dussud reclaman ahora al Estado una suma de 1G0, 
000 francos como compensación de las pérdidas ma- 
teriales que han sufrido, y do la vergüenza do una 
condena declarada injusta por la justicia misma. 

Carta <1H íomlc <le ft'liambortS. — Muy 
mala espina debe dar á los Radicales Franceses la 
presencia del Conde Alberto do Muu en la Cámara 
de Versailles; pues han logrado invalidar otra vez su 
elección. A esta ocasión el ilustre orador ha recibido 
una simpática carta del Conde de Chambord. I T n 
periódico do París, el Fígaro, dice de ese documento 
lo que sigue: "Monseñor el Conde de Chambord ha 
dirigido al Señor Conde do Muu la carta que tras- 
cribimos, en la quo se descubren los nobles pensa- 
mientos, vertidos en lengua verdaderamente elevada 
y profundamente francesa (pío caracterizan todos los 
escritos do Monseñor el Conde do Chambord. El 
corazón se oprimo involuntariamente cuando se con- 
sidera que la muchedumbre, dispuesta á entregarse 
á merced de tantos charlatanes, permanece indife- 
rente cuando se ove ese hermoso y altivo lenguaje." 
Kobo colosal* — Dn periódico de Nueva York 
escribo lo siguiente.- "Eu la mañana del Domingo en- 
traron en el Banco Manhattan siete individuos en- 
mascarados, los cuales sujetaron con esposas al 



encargado del edificio y á su mujer; consiguieron que 
él mismo les enseñara la combinación para abrir la 
bóveda donde están las cajas fuertes, y forzaron dos 
de estas, llevándose lo que contenían, además de 
veinte cajas pequeñas de particulares. Lo robado, en 
valores de toda clase llega casi á 3,000,000. 

Trastornos en l->eu*o]>n. — En Viena ya se van 
adoptando precauciones saludables, porque el empe- 
rador Francisco José ha recibido avisos de que hay 
complots tramados contra su vida. Lo mismo se 
dice respecto del rey de los Belgas; y la circunstan- 
cia de haberle provenido al rey Humberto, aunque 
en vano, contra el atentado que al fin se realizó en 
Ñapóles, dan á las misteriosas confidencias indicadas 
un carácter fatídico. Eu Francia se teme la agitación 
precursora de graves trastornos, y los buenos ciuda- 
danos' empiezan á augurar mal del porvenir. 

.Tlisiom's católicas. — Un calendario oficial 
recientemente publicado en Madras da abundantes 
pormenores sobre el Catolicismo en India, Cevlon, 
Birmah y Siarn. En el 1877 habia allí 23 vicarios 
apostólicos; 21 Obispos; 1,09S Sacerdotes: 1,088,309, 
fieles, }' además 1,422 escuelas, conteniendo entre to- 
das 51,422 alumnos. El número de los adultos con- 
vertidos del paganismo y bautizados en 1877, fué de 
1,920 además de 1,513 entre niños y niñas: 87 protes- 
tantes han sido recibidos en la Iglesia católica durante 
el mismo tiempo. Pondichery tiene cuatro congrega- 
ciones diferentes de Hermanas. La mayor parte de 
los naturales del país que profesan la fé católica, pa- 
rece que descienden de los que fueron convertidos 
por los Jesuítas en los dos siglos pasados. (Catholic 
Mirror). 

El hambre en Ñapóles. — En un meeting de 
jornaleros, se distribuyó en Ñapóles el siguiente ma- 
nifiesto, reproducido por los diarios: "Jornaleras.' ¿Os 
punza el hambre? ¿Os acongoja la falta de trabajo? 
¿Os importa la vida y el honor de vuestros hijos y 
mujeres? ¿Os irrita la prepotencia, la bellaquería, la 
codicia de vuestros amos 9 ¿Os oprime el yugo de los 
capitalistas, usureros, y gobiernos asesinos del pueblo? 
¿Os pesa en el alma la vista de vuestra dignidad piso- 
teada, de vuestro honor ofendido, de todos vuestros 
derechos atropellados? Dejad las charlas y haced la 
revolución." - Y sigue del mismo tenor. Evidentemen- 
te desde que la supresión de las órdenes religiosas 
hizo surgir la/ree Italy, y libró Ñapóles del bandole- 
rismo jesuítico, no hay ciudad ni tierra mas libre, y 
grande, y próspera. ¿Que no, JV¡ w Mexicanl 



SECCIÓN PIADOSA. 



FIESTAS MOY1ULES DE ESTE ANO 1S79. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero.- Miércoles <le Ceniza, 26 
Febrero.— Pascua de Resurrección, 13 Abril.— Ascención del Se- 
ñor, 22 Mayo.- Pascua de Pentecostés, 1 .1 unió.— Corpus Cluisti, 
13 Junio.— Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio.— Domingo I de 

Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
ENERO 6-11. 

6. Domingo. San - Telesforo, Papa y mártir. Santa Emiliana, vg. 

('.. ÍAtnis. La Kimi ani a i>ki SkSok! San Melanio, obispo y con- 
fesor. Santa Macra, virgen y mártir. 

7. Martes. San Lnoiano, presbítero y mártir. San Nicetas, ol>jio. 

8. Miércoles. San Maximiliano, mártir. San Soverino abad. 

9. Jumes. San Julián, y su esposo Santa liasilisa, mártires. 

lo. Piernas. San Nicanor, diácono. Santa Alfreda, princesa y vg. 
11 Sábado. San Higinio, papa y mártir. Santa Honorata, \n . a. 



-3 



SAN TELESFORO, PAPA Y MÁRTIR. 

Este santo fué griego de nación, hombre de emi- 
nente santidad, de ingenio sobresaliente y de extra- 
ordinaria grandeza de espíritu, cuya fama no solo 
ilustró las vastas regiones de Oriente, sino que llegó 
á Eoma^ donde ( bien conocido su mérito, después de 
la muerte del Papa Sixto I fué elegido para süceder- 
le en el dia 9 de Abril del año 139. Telesforo se por- 
tó como un verdadero sucesor del Príncipe de los 
ApóstoleSj y bien persuadido de las obligaciones pro- 
pias de un Pastor universal de la Iglesia, procuró 
desempeñarlas con la mayor vigilancia. Con su saber 
inutilizó los esfuerzos de Cerdon y de los discípulos 
de Basilides Antioqueno, que no perdonaban medio 
para corromper el sagrado depósito de la íé y la san- 
tidad de las costumbres. Deseoso de dilatar el reiuo 
de Jesucristo, envió muchos obreros apostólicos á 
diferentes partes del mundo para que predicasen el 
santo Evangelio, y con la luz de su celestial doctrina 
ilustrasen á los pobres infieles sumergidos en las ti- 
nieblas de la idolatría, y aun en tiempos tan turbu- 
lentos como fueron los de su pontificado encontró 
lugar su solicitud para establecer varios reglamentos 
útilísimos sobre la disciplina eclesiástica. Después de 
once años, nueve meses y tres dias de gobernar la 
Iglesia como Pastor celosísimo, terminó su carrera 
con la gloria del martirio en tiempo del emperador 
Autonino Pió, el 5 de enero del año 150, mereciendo 
que elogiaran su zelo, santidad j sabiduría san Ire- 
neo, Tertuliano, Epifanio, san Agustín y otros escri- 
tores de la antigüedad. Su cuerpo fué sepultado en 
el Vaticano, inmediato al de san Pedro. 



]S. 



Un nuevo crimen y del tocio inaudito en las 
generaciones pasadas acaban de cometer los 
Jesuítas de Nuevo Méjico, crimen que ha pues- 
to al Rochy Mountain Sentinel en un horrible 
paroxismo de desesperación. Lo referiremos 
con las mismas palabras de aquel grande diario, 
ó sino no nos creerían ni los palurdos mas es- 
túpidamente crédulos del universo. Oíd: "Es 
para nosotros una vergüenza y una mortifica- 
ción." dice el Sentinel, saber que "los Padres 
Jesuítas de la parroquia (de Albuquerque) han 
completado el nuevo edificio destinado ;í la Es- 
cuela Publica." ¡Pasmaos ciclos! Ese es el hor- 
roroso y execrable delito de los Jesuítas. Pare- 
ce increíble. La Escuela Pública de Albuquer- 
que hallábase, en cuanto al local, en condiciones 
las mas precarias. Los Padres que la dirigen 
cargan solos con todo el trabajo y las expensas 
de un edificio nuevo, y llevan á cabo su empre- 
sa con la satisfacción y el aplauso de todo el 
Distrito; y son tratados por ello de hipo'critas y 
traidores de la "libertad de la virilidad y de la 
inteligencia." ¡Oh colmo del mas ciego encarni- 
zamiento! ¿Y son ciudadanos Americanos los 
que así hablan? Contesten los verdaderos y lea- 
les ciudadanos Americanos que hubieran ensal- 
zado hasta las nubes al que hubiese dado un 
solo peso para levantar una Escuela Pública. 



Pero, dice el Sentinel, "los Jesuítas inspiran y 
fomentan la traición" etc. — Palabras sin sentido: 
hay tribunales, hay leyes: si los Jesuítas "ins- 
piran y fomentan la traición," juzgadíos y ahor- 
cadlos á todos. Esto valdrá mas que todas esas 
fútiles declamaciones de teatro. Pero, añádese, 
la escuela religiosa, 6 sedarían, mata la liber- 
tad: oprime el entendimiento: desvirtúa el cora- 
zón. — Prejuicios, señores; prejuicios injustifica- 
bles: GtEorge Washington y los demás ilustres 
varones coetáneos suyos salieron de esas escue- 
las que escarnecéis con el apodo ele sedarían. 
Finalmente sepa el Sentinel que ni la Junta de 
Escuelas del Condado de Bernalillo, ni los pri- 
vados, dieron un solo centavo para la erección 
del nuevo edificio de Albuquerque, } r aprenda á 
no desmandarse en indecorosas invectivas apo- 
yándose sobre un simple tl if we remember cor- 
rectly" sepa quedos $60 mensuales son para tres 
profesores y no uno; sepa que el solar, donde 
surge ahora el nuevo edificio de la Escuela, era 
libre y podía ser ocupado, con el mismo derecho. 
para una taberna, una casa de juego, una sala 
de baile, ú otro elemento civilizador por ese es- 
tilo; sepa que hay modo de discutir y aun de re- 
probar un asunto, sin ofender ui insultar á na- 
die; sepa en fin que se puede ganar suscriíores 
sin acudir á las trivialidades del vulgo choca r- 
rero. En otro número nos ocuparemos del 
otro crimen jesuítico, la ingratitud. 



Por cuanto podemos entender un guirigaj r 
del New Mexican del VI Dic., parécenos que se 
nos acusa de no permitir que la Religión Cató- 
lica hable á los lectores de la Revista Católica. 
Eso será porque acaso estamos explicando el 
Alcorán de Mahoma, 6 el Libro de los Hormo- 
nes: 6 bien el ladino autor de la jerigonza aque- 
lla quiso decir que el maestro de la Religión Ca- 
tólica, y Papa infalible de estas (ierras, es el 
New Mexican, y no hablando nosotros como ese 
templado, sesudo y reposado o'rgano de la Go- 
bernación, claro está que no dejamos hablar á 
la Religión Católica. También nos amonesta 
ese celoso salvaguardia de la ley que "el dere- 
cho del juicio privado pertenece á cada ciuda- 
dano del Nuevo Méjico." No hay duda: ni nos 
censta haber dicho jamás que el New Mexican, 
ó cualquiera de sus cofrades, no tenga el dere- 
cho ele pensar que la luna es de azúcar, 6 que 
los gatos fueron un tiempo ratones, y los hom- 
bres monos, según las teorías de Darwiii; pero, 
aunque no le neguemos al Neto Mexican este de- 
recho, nos reservamos nosotros el derecho de ¡a 
hilaridad, cuando oimos una de esas que á nos- 
otros se nos pintan como simples botaratadas. 
¿Nos lo quiere negar el New Mexican? Final- 
mente, cual piadoso padre espiritual de nues- 
tras almas, baja ese señor á los adentros ele 



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nuestra conciencia y nos aconseja á que haga- 
mos penitencia y nos reformemos, si queremos 
conservar la buena voluntad y el sosten de nues- 
tros lectores. ¡Qué caridad paternal! qué desin- 
terés heroico le empuja á darnos esos consejos! 
Nuestro puro y mero bien es su único móvil. 
Quizá ha tenido noticia de que vamos perdien- 
do la buena voluntad y el sosten de nuestros 
lectores, lo que le ha debido ser como una cu- 
chilla en el corazón! ¿Y en qué ha de consistir 
nuestra reforma? En redactar nuestro perió- 
dico ";í la manera de los libres Americanos, y 
no i la manera porque" fuimos "expulsados de 
esa Ñapóles libre ya de bandoleros — Jesuítas." 
Ese último rasgo será acaso una dilucidación de 
la prensa de los libres Americanos, cuyo escla- 
recido campeón es el New Mexican; y hemos de 
confesar que nos deja literalmente encantados 
de admiración por esa prensa. Nuestra refor- 
ma, pues, no podrá tardar. Otro sermón del 
New Mexican, v estamos rendidos. 



También el Territorio de Washington puede 
ser testigo de los favores obtenidos por interce- 
sión del Pontífice, de cuya muerte, dentro de 
algunas semanas, celebraremos el aniversario. 
lié aquí una carta publicada por el Cafholic Re- 
vieiv de Brooklin, y dirigida al Arzobispo Blan- 
chet de Oregon City. "Muy Re v. Arzobispo: 
Habiendo visto que en respuesta ;í las peticio- 
nes por la canonización de Pió IX, de santa me- 
moria, el Padre Santo, León XIII, ordenó que 
los Obispos instituyesen en sus diócesis respec- 
tivas los procedimientos y las investigaciones 
de costumbre, con respecto á las gracias milagro- 
sas conseguí. las por intercesión de Pió IX, ¡í ma- 
yor gloria de Dios, y honor de su siervo, yo no- 
tilico á Vuestra Señoría lima. comoáSuperíor de 
de esta provincia eclesiástica, el siguiente favor 
recientemente alcanzado en estos parajes. En mi 
última excursión apostólica me hospedé en casa 
del Sr.* y á mi grande pesar hallé su hija, la 
Señorita* en una condición realmente deplora- 
ble: estando uno de sus brazos casi totalmente 
paralizado y todo su cuerpo continuamente su- 
jeto á espasmos nerviosos, de manera que daba 
lástima el mirar las contorsiones de su rostro y 
el oiría balbucear con tanta dificultad, (pie ni si- 
quiera su padre podia entendei á veces lo (pie 
decia. Por divina providencia yo traía con- 
migo una reliquia de Pió IX. que no hacia mu- 
chos dias había recibido de Roma, junto con una 
fotografía del finado Papa mientras que su cadá- 
ver hallábase expuesto en la capilla del Divi- 
nísimo en San Pedro. Presenté estos objetos 
¡í la enferma, sintiendo en mí la confianza de 
que su fó de ella era bastante viva para impe- 
trar una cura milagrosa, mediante la intercesión 
de PÍO IX, cuya reliquia le dejé para el intento. 



La enferma ejecutó mi consejo, y el dia si- 
guiente me puse otra vez en viaje. Pues bien, 
Vuestra Señoría lima, apenas podrá concebir 
mi sorpresa y mi alegría, cuando, de vuelta, vi- 
sité otra vez aquella casa, precisamente el dia 
después de haberse concluido la Novena, y í'uí 
agasajado por la Señorita*, no ya medio para- 
lizada y en estado de postración, sino entera- 
mente restablecida y con el libre uso de su pa- 
labra. El favor que habia pedido de Dios por 
intercesión de Pió IX fué obtenido al término 
de la Xovena. De un tal milagro yo tuve la 
consolación de ser testigo, en compañía de los 
padres y otros parientes de la enferma sanada 
maravillosamente.'" etc. Para (pie ninguno de 
nuestros amigos, con la lectura desemejantes re- 
laciones, corra el riesgo de faltar contra las re- 
glas sabiamente prescritas por las Constitucio- 
nes Apostólicas, acerca del culto de los Siervos 
de Dios antes de su Beatificación ó Canoniza- 
ción; es conveniente que todos se acuerden de la 
prudencia que la Santa Seíle quiere se observe 
por los Católicos en dichos asuntos, hasta (pie 
Ella misma no haya dado su fallo. Aun última- 
mente la Sagrada Congregación de Ritos ha con- 
denado una Novena, contenida cu un folleto que 
llevaba por título: "Gracias obtenidas por in- 
tercesión del Padre Santo Pió IX, con apén- 
dice." En breve, antes que la Iglesia haya de- 
finido sobre las virtudes heroicas de un Siervo 
de Dios, es prohibido cualquier acto (pie huela 
á culto por la persona, en cuya intercesión se 
confia cerca del trono de Dios. 



¿Eh porqué tanto enojo y tañía algarada con- 
tra uno de vuestros Reverendos, Señores Bau- 
tistas de Nueva York? ¿Qué os ha dicho, en fin, 
vuestro Rov. Dr. Daniel 0. Potter? El os há 
dicho lo que vio en sus viajes de Europa. ¡Puf, 
ni siquiera puede referirse lo que uno ha visto 
con sus propios ojos! ¡Toma, esta, sí, que es li- 
bertad! Es pues el caso (pie el Rev. Poder fué 
á visitar Europa en el último verano: allí vio 
varias cosas relativas á los Catdlicos;y querién- 
dolas narrar á sus correligionarios en una con- 
ferencia (pie estos Señores tuvieron últimamen- 
te, les dijo lo siguiente. 1° Que habíase desen- 
gañado sobre lo (pie habia oído de la Iglesia 
Católica Romana: á saber (pie era una sentina 
de corrupción, la mano derecha de Satanás y la 
pesadilla de la historia. 2° Que la iglesia Cató- 
lica, cual ahora la conocía, podía enseñar mas 
de una cosa ;í las iglesias protestantes. .T.' Que 
no era verdad (pie el Catolicismo estaba para 
morir. T.' Que habia sido sorprendido por la 
grande devoción de los fieles y aun de los niños 
católicos. ")'.' Que los Católicos son sumamente 
tolerantes con respecto á los de oirás religio- 
nes. 6? < v bie el Clero Católico es notable por 



-5- 



tener en su seno á hombres eminentes. 7? Por 
fin y postre les dijo, que era inútil el que los 
ministros protestantes de América atravesasen 
el Atlántico para ir á evangelizar aquellas tier- 
ras de allende los mares. Esto dijo, ni mas ni 
menos, el Reverendo viajero; y esto bastó para 
que experimentara talmente la cólera de sus 
colegas, que vióse obligado á decir que sus her- 
manos lo habían tratado con injusticia. 



Anunciamos con verdadero gusto la traduc- 
ción inglesa de la obra del Barón de Hatjlle- 
ville, sobre El Futuro de los Pueblos Cató- 
licos (*). Los adversarios del Catolicismo nos 
están repitiendo hasta la náusea, también en 
Nuevo Méjico, la vieja y pútrida calumnia que 
la Iglesia Católica es madre de la ignorancia, del 
regreso, del pauperismo, y que los pueblos que 
profesan su fé, comparados co,n las naciones pro- 
testantes, se hallan cien mil leguas atrás en el 
camino de la civilización. El Barón de Haul- 
leville, eminente redactor de la Revue Caiholi- 
que de Bruselas, toma en sus manos este asunto 
y desenmaraña espléndidamente el antiguo ar- 
did de los Paganos y de los herejes. Aunque 
adhiérase firmemente á los principios de la filoso- 
fía Cristiana, establecidos por el Divino Maestro: 
"No os acongojéis por el cuidado de hallar qué 
comer," "No andéis acongojados por el dia de 
mañana," "Buscad primero el reino de Dios y 
su justicia, y todas las demás cosas se os darán 
por añadidura," el Barón de Haulleville de- 
muestra sin embargo hasta la evidencia que no 
solamente ningún pueblo ha poseido jamás estos 
bienes terrenales en tan alto grado como las na- 
ciones católicas, sino que los períodos de la ma- 
yor prosperidad de cada pueblo moderno han 
sido los de su mas ardiente Catolicismo. Todo 
el libro es un emporio de hechos y estadísticas 
que aclaran y confirman esta tesis. Quisiéra- 
mos verlo en las manos ele todos los que saben 
inglés, y sobre todo de aquellos Católicos de 
poca fé, que tan alucinados y espantados que- 
dan por los sofismas de nuestros calumniadores. 



■ B ii <i i f ■ 



En la "libre Italia," tan entusiásticamente ad- 
mirada por nuestro Secretario, las Vírgenes de- 
dicadas á Jesucristo padecen hambre. Alguna 
de las comunidades está á punto de suprimir la 
mesa común; alguna carece de leña y carbón 
para hacer lumbre en parajes donde el invierno 
es el mas rígido; en otra no arde mas que una 
sola lámpara la noche, por falta de petróleo; 
otra vive de pan duro y cebolla, y pan y cebo- 
lla son también el alimento de las Hermanas 
enfermas y convalecientes; en otra habia cuatro 

(*) The Future of Catholic Peoples. — Hickey & Co., 11 Barclay 
Street, New York, (price §1,50.). 



hermanas postradas en la cama por una aguda 
pulmonía, y faltaban los medios para curarlas. 
La miseria que en esos conventos es extrema, 
es común á casi cien otros conventos, aunque en 
un grado no tan desesperado. Estas vírgenes 
del Señor son víctimas de la crueldad y despo- 
tismo masónico que formó la free Italy del Sr. 
Ptitch. En nombre de esa libertad fementida, 
el Gobierno confiscó todos los bienes de los con* 
ventos, apoderándose hasta de la dote de las 
monjas. Dijo que se encargaba él de sustentar- 
las, y tendráse un ejemplo de su generosa fide- 
lidad cuando sépase que en algunos conventos 
cada religiosa no recibe en recompensa de su 
dote confiscada sino el escarnio de treinta cénti- 
mos, ó sea seis centavos al dia. En un monaste- 
rio, despojado por el Gobierno de todo el capi- 
tal y la renta de las dotes, una pared amenaza- 
ba venirse al suelo, lo que hubiera hecho inha- 
bitable tocia la casa. La superiora alzó una sú- 
plica á los despojadores pidiendo la restauración 
de aquella pared. Se le contestó que, si no aca- 
baba de fastidiar al gobierno, toda la comunidad 
seria expulsada del convento y dejada en la 
calle. ¿Qué crimen han cometido esas simples y 
devotas mujeres contra el gobierno de Va free 
Italy? Conteste el Sr. Riteh; conteste alguno de 
esos sapientísimos sátrapas de su prensa terri- 
torial. 



La firmeza, la constancia y el denuedo de 
nuestros hermanos de Suiza ya empiezan á dis- 
frutar el triunfo reportado en las últimas elec- 
ciones. El partido del orden y de la modera- 
ción, que ganó en casi todos aquellos cantones, 
apenas llegado al poder dio otra dirección al 
manejo de la cosa pública. La atención de los 
actuales gobernantes volvióse toda entera á cu- 
rar el país de las profundas llagas, que le causó 
la dominación de los radicales en lo que toca á 
la administración, á la enseñanza, y á las rela- 
ciones entre la Iglesia y el Estado. Poco ha, 
escribían del Tisino que las relaciones de aquel 
cantón hacia la Iglesia habían en gran manera 
mejorado, bien que no se hayan todavía aboli- 
do todas las leyes antireligiosas é inicuas que 
fueron sancionadas, mientras por largos años 
reinaron los radicales. Bien puede afirmarse 
que la Iglesia está gozando ahora en ese cantón 
una plena libertad de hecho, que confiamos será 
cuanto antes asegurada con la abolición de 
todas aquellas leyes, que hicieron al clero cató- 
lico tan dificultoso el ejercicio de su ministerio 
y el cumplimiento desús deberes. A estas ho- 
ras, quizás, habrán ya comenzado las gestiones 
diplomáticas entre el Vaticano y las autorida- 
des de aquel país para el arreglo de un asunto 
tan interesante. Estas noticias no pueden me- 
nos de aliviar nuestros corazones, en medio de 






í 



-c>- 



los pesaros con que nos sentimos agobiados, 
ante los males que sufre la iglesia y la sociedad. 
Los bienes con que se alegran hoy nuestros cor- 
religionarios de la Federación Helvética, son de- 
bidos á su victoria, y su victoria es debida ¡í la 
intrepidez, con que por muchos años sostuvieron 
la causa de {ajusticia contraías pretericiones 
del fanatismo y de la iniquidad. La guerra en 
que combatieron los Católicos suizos, es la mis- 
ma en que siguen peleando los Católicos de otros 
países. Esperamos que así como la firmeza, la 
constancia y el denuedo de aquellos acabaron 
con ganar la victoria; así sean coronados de un 
semejante suceso los esfuerzos de cuantos se glo- 
rían hoy dia de padecer por Cristo y su Iglesia. 



Situación Europea. 



De una reciente correspondencia de Londres 
al Sun de Nueva York, en la que hállanse bre- 
vemente indicadas las condiciones sociales de 
algunas de las grandes Potencias europeas, es 
fácil deducir el estado general del antiguo Con- 
tinente al acabarse el año 1878 y al empezar 
este nuevo de 1879. Los gobiernos de aquellos 
países, con las medidas siempre mas rigurosas 
que van adoptando, muestran a' las claras cuan 
atemorizados están á vista de la vasta trama 
urdida por las sectas en perjuicio de su poder. 
Ni esto ha de extrañar al que se acuerda de los 
atentados sanguinarios, que han venido suce- 
dióndose el uno tras otro en el discurso de po- 
cos meses, y que sin duda tuvieron su origen en 
las conspiraciones sectarias. Dos atentados con- 
tra la vida del Emperador Guillermo; uno con- 
tra el joven Rey de España, Alfonso XII; otro 
contra Umberto í de Italia: dos atentados para 
matar al primer ministro do Austria-Hungría; y 
el asesinato del Ministro de la policía rusa, ade- 
más de otras intrigas descubiertas y que no de- 
jan de tener su importancia. 

El resultado de tamañas conjuras ha sido la 
votación en las Cámaras legislativas de las le- 
yes mas severas, y una vigilancia extremada de 
parte de la policía; cosa que. según la opinión 
de muchos, acabará por excitar mas vivamente 
las iras, y empujar á los nial intencionados hacia 
nuevos y mas formidables excesos. En cuanto á 
Alemania ya sabrán nuestros lectores, por los 
últimos números dé nuestra Revista del año 
pasado, cuan rígidas sean las leyes aprobadas 
en el Eteichstag de Berlín: en Italia se multipli- 
can de «lia en dia los procesos, y las cárceles se 
van poblando de una mnnera extraordinaria; 
con todo es menester reconocer (pie el mal no 
se ataja, antes propágase velozmente por medio 
de círculos secretos en continua comunicación 
entre sí, y merced á la actividad desplegada 
por agentes desconocidos; 



Los intentos inicuos de toda esa canalla pare- 
cen consolidarse con la esperanza de una próxi- 
ma guerra, de la (pie quisieran aprovecharse 
para poner por obra sus designios. Se da por 
seguro que en el caso de que las naciones curo- 
peas viniesen á las armas sobre los campos de 
batalla, las sectas asirían, como suele decirse, la 
ocasión por la melena. Y esta se cree que es 
aun la convicción de los gobernantes, y el mo- 
tivo que los detiene á llevar á efecto sus planes 
belicosos. El Conde Schouvaloíf quien ha suce- 
dido en el oficio, aunque no todavía en el título, 
al Príncipe' Gortchakoff, Gran Canciller del 
Czar, conoce tan bien como el Príncipe de Bis- 
mark el gran peligro que se corre de este lado; 
así es que ambos á dos han estrechado una alian- 
za cordial, basada sobre el mantenimiento de la 
paz. Las miras y los actos de estos dos grandes 
hombres de Estado son, por el momento, alta- 
mente pacíficos; y, no obstante las íntimas rela- 
ciones entre Rusia é Inglaterra, el Conde Schou- 
valoff, de consuno con el Príncipe de Bismark, 
está haciendo todo esfuerzo para desviar una co- 
lisión con el Ameer. En una conversación con 
un amigo suyo, el Conde dijo que Rusia no te- 
nia ningún interés de intervenir en la cuestión 
de Afganistán: que poco le importaba al gabine- 
te de San Petersburgo el que Inglaterra tuviera 
agentes ó no en Cabul, Ilerat. Candahar y otros 
lugares: que si la Grao Bretaña tenia motivos 
para andar á la greña con el Ameer, era su ne- 
gocio de ellos. Este es el lenguaje del Conde 
Schouvaloíf, á pesar de todo lo que ha afirmado 
la prensa inglesa sobre este asunto. Semejantes 
revelaciones ponen de manifiesto la exactitud 
del juicio llevado por el diario de Nueva York 
coutra las aserciones del Standard de Londres. 
Este periódico, según lo que referimos en nues- 
tra Revista del 7 de Diciembre de 1878, preten- 
día que la guerra les había sido impuesta á la 
fuerza por las intrigas rusas; pues bien el .Y. Y. 
Sun, dando la noticia que las tropas inglesas 
hábian entrado el Afganistán, expresó su opi- 
nión acerca del poco fundamento (pie habia, pa- 
ra decir que en San Petersburgo deseábase sos- 
tener la causa del Afganistán. 

Muy en favor de la política de paz. promovi- 
da por el Sr. de Bismark y Schouvaloíf. se halla 
el mismo Emperador Alejandro. Es cosa sabida 
en Rusia cuan real y sinceramente el Czar de- 
sea de ver llevado á efecto el tratado de Berlín, 
y devuelta la tranquilidad á sus dominios. En 
una palabra, los partidarios de la paz forman la 
grande mayoría del Imperio, sobre todo en San 
Petersburgo: la guerra no es deseada sino por 
el partido, así dicho, nacional de Moscow, y 
esto por razón de las amistades que hay entre 
una tal facción y los Nihilistas ó Socialistas de 
Rusia. Están persuadidos esos señores de que 
el dia de una guerra seria para sí el dia de uua 



-7- 



revolu -ion, y que un conflicto Europeo apresu- 
raría el momento del suspirado triunfo. 

Tal es la disposición de los ánimos y el esta- 
do de las cosas así en Rusia como en toda Eu- 
ropa; f esta 6s la razón porque monarcas y mi- 
sistros son tan ansiosos de la paz, mientras que 
la pandilla de los amotinadores anda estimulan- 
do enconos nacionales, para que hágase mas 
pronto la hora de sus deseos. Aquí se levanta 
espontáneamente una cuestión, y es: ¿serán los 
gobiernos bastante prudentes, y estará siempre 
en su poder alejar la tormenta? Muchos hom- 
bres sensatos lo dudan. Hállase ya excitado en 
demasía el fanatismo popular, y las pasiones 
arden ya con excesivo vigor: por otro lado la 
sangre, de que todavía están empapados los 
campos de batalla, grita venganza, y el orgullo 
abatido á largo andar no detiene sus impulsos. 

En Inglaterra hasta ahora el movimiento so- 
cialista no ha tomado el aspecto de una conju- 
ración, ni se ha cubierto todavía de la infamia 
de algún atentado regicida; sin embargo esa hi- 
dra abigarrada, no deja de infundir serio temor 
en el ánimo de los estadistas ingleses. Los obre- 
ros allí, á la par que en otros países, encuéntran- 
se bien lejos de ponerse de acuerdo con los pro- 
pietarios; antes bien al presente parecen mas 
que nunca discordes y enemistados. Una reduc- 
ción en los salarios del cinco por ciento, cual 
habia sido propuesta por los dueños, no fué 
aceptada por los artesanos; de suerte que en 
OIdham solamente, gastan por este motivo el 
tiempo en la ociosidad cerca de diez mil traba- 
jadores. Por lo pasado el buen sentido del pue- 
blo inglés les aconsejaba á los artífices de seguir 
en muchos casos la máxima: mas vale mal ajuste 
que buen pleito; pero desde algún tiempo á esta 
parte el adagio ya no hace mella en los espíritus 
de hombres indómitos y faltos de cualquier to- 
lerancia. Por lo que toca á los distritos agríco- 
las, las condiciones sociales no son mas hala- 
sñieñas. Los arrendadores rehusan de renovar 

o 

el contrato, y los propietarios encuéntranse de 
un golpe sin una mano que cultive sus tierras, 
cuide de sus fincas y haga fructificar sus hacien- 
das. Con síntomas de tal naturaleza en su in- 
terior, es evidente que Inglaterra nada teme tan- 
to como una complicación, que la compeliera al 
combate con una ú otra de las grandes Poten- 
cias de Europa. 

Por lo que hasta aquí llevamos referido écha- 
se de ver fácilmente cual sea la situación euro- 
ropea, al principiar este año nuevo de 1879. 
Ella se reasume en los tres puntos siguientes, 
que son: un gran deseo, de parte de los gober- 
nantes, que no se estorbe la paz, indispensable, 
por el momento, á sus naciones respectivas; un 
anhelo vehemente, de parte de los revoluciona- 
rios, de ver sus propias patrias envueltas en 
una conflagración universal; y, en fin, el peligro 



de que los inveterados y, por largo tiempo, com- 
primidos rencores acaben con estallar de impro- 
viso y cuando menos se quisiera. El deseo lue- 
go de conservar la paz se halla en lucha con las 
ansias revolucionarias y el ímpetu de mal refre- 
nadas pasiones nacionales. Lo peor es que ese 
deseo de mantener la paz es un deseo forzado; 
un deseo inspirado por el miedo, un deseo de 
circunstancias desfavorecedoras y nada mas. Un 
deseo de ese jaez no es uu deseo robusto, un de- 
seo á toda prueba, un deseo que por su misma 
naturaleza aliente la esperanza de vencer en ia 
lid. Por grande que sea la destreza de los hom- 
bres en cuya mano están hoy las riendas del po- 
der, y admirable su sagacidad; no cabe duda, 
por otro lado, que hay circunstancias contra las 
cuales es vano luchar. 



Cuarta Carta a! Sr. G. 



Muy señor nuestro: Acabadas las fiestas de 
Navidad, ó ya casi por acabar, volvemos á 
nuestra tarea, muy desagradable de suyo y muy 
pesada, pero indispensable: sino va Yd. á creer 
que ya nada nos queda que decir acerca de su 
"robusta, aguda y aplastadora lógica," y por de 
pronto vamos á su profesión de fé. 

Sí, señor: una fé tiene Yd., y muy arraigada 
en el corazón, al parecer: tiene fé en el excelen- 
tísimo ex-gobernador Axtell, quien para Yd. 
que "siendo Secretario del Territorio estuvo 
agradable é íntimamente asociado con él;" fué 
un Gobernador "hábil, activo, independiente, 
enérgico'' y sobre todo "amigo del Territorio." 
Tal es su profesión de fé, y nosotros admiramos 
el noble valor y la envidiable libertad de espí- 
ritu con que hace Yd. tal profesión. Yaya! 
cualquier otro hubiera tenido vergüenza de ha- 
cerla: cnalquier otro menos intrépido que Yd., 
no se hubiera atrevido á salir á las calles de 
Santa Fé: porque se hubiera sonrojado } r aco- 
bardado con el pensamiento terrible de qué dirá 
la gente al verme pasar, cuando j t o les he dicho 
que estuve "agradable é íntimamente asociado" 
con Axtell? con Axtell que los trató de los mas 
groseros estúpidos é ignorantes; con Axtell que 
maquinó sordamente los medios de "clavar una 
puñalada en el corazón mismo del Catolicis- 
mo" (*); que llamó "incestuosos" los matrimonios 
autorizados y santificados por la Iglesia de nue- 
ve décimos de esta población; con Axtell que 
apenas llegó á esconderse en su rancho de Ohio, 
echó pestes contra este pueblo, describiéndole 

(*) Son las palabras que el Sr. Axtell dijo, en una conversación 
familiar, á uno de los miembros del Senado, durante la última Le- 
gislatura. Aquel Senador que estaba con Axtell en otros puntos, 
experimentó enfado y desden á ese rasgo de fanatismo. Refirió las 
palabras á uno de los Representantes, de quien las supimos nos- 
otros. No nombramos las personas, porque ellas no lo quisieron 
entonces, y no sabemos si lo querrían ahora: pero son tales que 
de su veracidad no dudaría ni el Sr. Ritck. 



■8- 



como peor que los [ndios en mente y cuerpo, 
falto de todo espíritu y sentimiento público, y 
descendiente de soldados españoles y prostitu- 
t. s indias (§). Así hubiera discurrido un espí- 
ritu apocado y débil, y por supuesto que se hu- 
1 iera cubierto de vergüenza antes y después de 
bu profesión de íntima y agradable asociación 
con el caido Gobernador. Tero Vd. al revés 
piensa tener razones de estar ufano de aquella 
tan santa y noble amistad; y ¿quién se le opon- 
drá? Verdad es que los hombres están obstina- 
damente aferrados al adagio de "Díinc con 
quien andas, decirte lie quien eres," pero tam- 
il ien es verdad que "sobre gusto no hay dispu- 
ta," y todos llevamos razón. 

Prosigamos: Que el Grob. Axtell no hostigara 
ninguna denominación religiosa, sino que solo se 
1 ;s hubiera con los Jesuítas, porque pretendie- 
ron dominar la Legislatura; que se lo cuente 
Yd. á su abuela. Que el mismo señor "creyera 
firmemente en le supremacía de la ley civil so- 
bre la Iglesia, - ' es algo que no ignorábamos, pe- 
r > que demuestra que ese Gobernador tan iute- 
1 gente, tan independiente, tan progresista no 
entendió* nunca el espíritu de la Constitución 
l mericana, ó era tan independiente que tampo- 
co de ella quería depender, y tan progresista (pie 
empujaba su progreso mas allá de los límites se- 
í liados por ella. Querido señor, hay leguleyos 
en estas partes de la Union en cuyos .labios re- 
s lena de continuo la palabra Separación: Sepa- 
ración completa, absoluta, inviolable entre la 
I 'lesiay el Estado. Muy bien; pero ¿qué es esotro 
grito ile Supremacía? ¿Como se aviene con el de 
S }paracion ? A buen seguro los leguleyos esos 
v, ) saben lo que se pescan. Habían á trochemo- 
che, juntando dos cosas (pie se excluyen mutua- 
mente. El que está separado de otro no tiene 
con respecto á él ni supremacía ni inferioridad. 
Dos comerciantes forman Compañía. Andando 
el tiempo uno de ellos no puede avenirse ya con 
s i socio, y dícele: Separémonos: ahí va lo que 
te corresponde del capital y sus frutos: de hoy 
en adelante tú negociarás por tu cuenta y yo 
por la mía. Pero, añádele, queda entendido que 
30 guardo la supremacía', tú no podrás hacer 
i ida sin que yo lo quiera y consienta. ¿Qué le 
1 irece á Vd.. Señor IJilch, de ese nuevo géne- 
r > de Separación".' Pues de este modo entendió- 
la aquel inteligentísimo señor que "creia Brrae- 
i lente en la supremacía de la ley civil sobre la 
iglesia;" y de este modo la entiende también 
A 'I. y todos los que hablan como Vd. Toda la 
¡i idezd de su lógica uo ha llegado todavía á 
j euetrar !•> que sin embargo es muy patente: á 
saber, que Supremacía significa Superioridad, 
supereminencia, grado supremo en una misma 
línea, ó clase, d escala: y la Separación supone 

1 inoiDnati, oitado por ol 

qu< /■•/ ii '.'■ ■ ■ • a. 1 



líneas, ó clases, ó escalas esencial y radicalmen- 
te diversas. La íé Axteliana en la "supremacía 
de la ley civil sobre la Iglesia'' no era, pues, 
una fe ortodoxa: era una herejía contra la Cons- 
titución Americana, en cuya virtud se ha pro- 
clamado la Separación de la Iglesia del Estado. 
Las famosísimas leyes contra los entierros y 
contra los pretendidos "'matrimonios incestuo- 
sos" no eran mas que el fruto espontáneo y na- 
tural de esa í'é: eran por lo tanto le\'es constitu- 
cionalmeutc hereticales. Los motivos sanitarios, 
en que se las quiso apoyar, fueron un frivolo y 
mezquino pretexto para encubrir el verdadero 
móvil que las dictara á sus autores, es decir el 
ciego y fanático propósito de descargar un golpe 
contra la iglesia Católica, ó mejor dicho, y mas 
claramente, contra su Clero. La misma Gaceta 
de Las Vegas, papel tan entrañablemente Ritch- 
iano y Axteliano, como Vd. sabe perfecta- 
mente, por poco no calificó paladinamente de 
insulsas y ridiculas aquellas leyes, que el Go- 
bernador sostenía con un ahinco y empeño, co- 
mo si de ellas dependiera el evitar la mas hor- 
rible é inminente catástrofe que amenazara ja- 
más esta República. 

Lo que se sigue de su carta de Vd. al Denver 
Tñhune, hasta el punto de los Diccionarios, no 
merece atención. Porque, I o su proposición que 
"los Jesuítas pretenden que el Nuevo Méjico les 
pertenece á ellos por derecho de autoridad Ro- 
mana," es proposición tan peregrina, que por 
derecho uo solo de la autoridad Romana, sino 
del sentido común, debe ser insertada en el Ca- 
tálogo infinito de las necedades; 2? á su petardo 
sobre las escuelas públicas contestaremos mas 
adelante, al contestar á los otros desatinos de 
Vd. sobre el mismo asumo; 3? por lo (pie hace á 
sus relumbrosas protestas de cariño y respeto 
hacia la "Religión Católica Romana,'' bástanos 
decir (pie nos parecen estar en su boca como es- 
tarían en la de una raposica los requiebros y 
piropos (pie echara, á un pollito vecino suyo. 
Vamos pues al punto divertido: los Diccionarios. 

Su intento de Vd. es dar á conocer los Jesuí- 
tas; sacando á luz sus mafias, sus ardides, sus 
fraudes, su hipocresía, su ruindad, su perfidia. 
Es pues Vd. un acusador contra la Compañía 
de Jesús delante del tribunal de la opinión pú- 
blica. Pues bien, los jueces le piden (pié prue- 
bas trae. Vd. no se descompone: dice (pie tiene 
en su poder y favor la "historia pasada y pre- 
sente" de los acusados; y arto continuo echa 
mano de cuatro Diccionarios: Domínguez, Salva', 
le Academia y Una Sociedad de Literatos; lee 
la palabra Jesuíta, y dice á los Jueces: Ved, se- 
ñores, que esa palabra significa Hipócrita, fin- 
gido, astuto, mañoso, pérfido, etc., etc., ¿(pié 
mas pruebas pedís? Pero, señor, dirán los jue- 
ces, no pedimos lo (pie significa la palabra, sino 
lo que han hecho los desudas. ¿Acaso son his- 



-9- 



toria los Diccionarios? ó son toda la "historia 
pasada } r presente" que ha leído y estudiado V.? 

Secretario de nuestro corazón, cuando no solo 
los Diccionarios sino toda la literatura de un 
siglo, ha sido dirigida por las sectas engendra- 
das del satánico espíritu Yoltairiano, ó la cor- 
rupción y perversión ele todas las ideas, máxi- 
mas é instituciones políticas y religiosas del 
Cristianismo; alegar la definición de cuatro Dic- 
cionarios para denigrar á una de estas institu- 
ciones, cpie nació y medró en el seno de la Igle- 
sia Católica, bajo la vigilancia y suprema auto- 
ridad de 36 Pontífices Romanos, y fué bendeci- 
da, alentada y empleada por ellos en las misio- 
nes mas delicadas y difíciles del Cristianismo, 
alegar esos diccionarios, decimos, es prueba evi- 
dente de estar uno imbuido del misino espíritu 
Voltairiano, cuya síntesis es el,soíisma y la ca- 
lumnia. 

Diga Yd.: esos Diccionarios, en cuya palabra 
jura Vd. y hace descansar toda su "historia pa- 
sada y presente,'' ¿declaran acaso por qué mo- 
tivos, ó en qué círculos, se ha ligado un sentido 
odioso ;í la palabra Jesuital No dicen nada. 
Antes bien nos equivocamos: nos retractamos; 
hay un Diccionario que lo dice; y un Dicciona- 
rio cuya autoridad Vd. no puede desconocer; y 
un Diccionario que para Yd. deberá valer mas 
que todos los Salvas y los Domínguez del mun- 
do; el Diccionario Americano de la Lengua 
Inglesa por Noah Webster. Ese Diccionario 
dando una brevísima idea del Instituto de los 
Jesuítas, concluye diciendo: "Los Jesuítas han 
desplegado en sus empresas un alto grado de 
celo, doctrina, prudencia y talento, pero por sus 
adversarios se les ha atribuido generalmente el 
usar artes é intrigas para promover ó efectuar 
sus intentos, ele donde las palabras Jesuíta, Je- 
suítico, y las parecidas, han adquirido un senti- 
do odioso y ofensivo (y)." 

Lo ve Vd.? Solo al amor filantrópico de los 
Filósofos del siglo XVIII, al acendrado y cris- 
tianísimo celo de los Jansenistas, sin hablar de 
la ínclita hueste de los Reformadores, débese el 
odioso sentido de la palabra Jesuíta, pues esos 
fueron nuestros "adversarios"' en todo tiempo. 
Los otros Diccionarios no dan estas razones. 
Webster, el concienzudo Webster, las da: Vd. 
lo sabe muy bien, y citando á los otros Diccio- 
narios, no cita á Webster! Sr. Riten, eso es Je- 
suitismo: Jesuitismo según la definición de su 
Dominguez y de su Salva. 

Ahora por su edificación y consuelo le dire- 
mos que á medida que la Literatura va sacu- 
diendo el ignominioso é impío yugo voltairiano; 
á medida que se va desprendiendo de la pestí- 

(t) The Jesnits have displayed in their enterprises a high de- 
greeofzeal, learning, policy, and skill, but by their opponents 
have been generally reputed to iise arfc and intrigue in promotíng 
or accomplishing their purposes, whence the words Jesuit, Jcsuiü- 
ca!, and the like, have aequired an odíous nnd pfr'ensivo sense. 



fera atmósfera de incredulidad en que se vio 
sumida por la actividad infernal del racionalis- 
mo y de la masonería; los Diccionarios mas ilus- 
trados se avergüenzan ele propinar á la incauta 
juventud el veneno de la mentira; y ó se corri- 
gen magnánimamente á sí propios, ó protestan, 
con el hecho, contraía bellaquería de los demás. 
Así el Diccionario de la Academia, en la Undé- 
cima Edición (Madrid Año de 1869) dice 

Jesuíta — "Religioso de la orden de clérigos 
regulares de la Compañía de Jesús, fundada por 
San Iguacio ele Loyola;" — nada mas. 

Jesuítico — "Lo perteneciente á la religión de 
la Compañía ele Jesús;" — nada mas. 

El Diccionario de Ramón Campuzano (Ma- 
drid, 1876), define 

Jesuíta — "El individuo de la Compañía de 
Jesús;" — nada mas. 

Jesuítico — "Lo perteneciente á los Jesuítas ó 
á su orden;" nada mas. 

El Diccionario italiano ele Longhi e Tocca- 
gni (Milán, 1859) define 

Jesuíta — "Sacerdote de la Compañía de Jesús, 
orden religioso instituido por San Ignacio de 
Loyola;" nada mas. 

El Diccionario francés por Mr. Th. Renard 
(París, 1809) define 

Jesuíta — "Miembro ele la Compañía de Jesús. 
Esta orden, fundada en 1534 por Ignacio de Lo- 
yola, se consagró á la propagación de la fé y á 
la educación ele la juventud;" — nada mas. 

Jesuítico — "que pertenece á los Jesuítas; que 
les es propio" — nada mas — nada mas. 

A los cuatro Diccionarios de Vd. oponemos, 
pues, otros tantos y mas. ¿Qué se hace ahora 
ese robusto, agudo y aplastador argumento de 
Vd.? 

Una palabra mas y concluiremos. Los Diccio- 
narios citados por Vd. dan las acepciones "odio- 
sas y ofensivas," después de haber dado la pro- 
pia é inofensiva. Vd. calla la segunda y copia 
solo las primeras. Eso también es jesuitismo 
según Dominguez y Salva. Adiós. 



El Jugador. 



(de la Revista Popular de Barcelona.) 

Miradas siempre recelosas, como de quien teme 
incesantemente la justicia de los hombres; rostro ce- 
trino y demaciado por el insomnio y por la continua 
sucesión de violentísimas emociones; sombría con- 
centración del espíritu, como de quien está en perpe- 
tuo contacto con todas las iras infernales; incapaci- 
dad absoluta de ocupar la mente en un solo instante 
en ninguna idea elevada; hábitos de disipación que 
se revelan en todos los movimientos, en todas las pa- 
labras y en todos los actos; tales son las señales, en- 
tre otras varias, que retratan la figura dolorosa del 
jugador. 

Para él no hay dia ni noche; su vida es una perpe- 
tua tiniebla. Sentado horas y dias, y hasta semanas 



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-8- 



como peor que los indios en meute~y cuerpo, 
falto de todo espíritu y sentimiento público, y 
descendiente de soldados españoles y prostitu- 
ís s indias (§). Así hubiera discurrido un espí- 
ritu apocado y débil, y por supuesto que se hu- 
1 iera cubierto de vergüenza antes y después de 
su profesión de íntima y agradable asociación 
con el caído Gobernador. Pero Yd. al revés 
piensa tener razones de estar ufano de aquella 
tan santa y noble amistad; y ¿quién se le opon- 
drá? Verdad es que los hombres están obstina- 
damente aferrados al adagio de "Díme con 
quien andas, decirte lie quien eres,'' pero tam- 
1 ien es verdad que "sobre gusto no hay dispu- 
ta," y todos llevamos razón. 

Prosigamos: Que el Gob. Axtell no hostigara 
ninguna denominación religiosa, sino que solo se 
i hubiera con los Jesuítas, porque pretendie- 
ron dominar la Legislatura; que se lo cuente 
Yd. á su abuela. Que el mismo señor "creyera 
firmemente en le supremacía de la ley civil so- 
bre la iglesia," es algo que no ignorábamos, pe- 
r i que demuestra que ese Gobernador tan inte- 
1 ¡¡ente, tan independiente, tan progresista no 
entendió nunca el espíritu de la Constitución 
í mericana, ó era tan independiente que tampo- 
co de ella quería depender, y tan progresista que 
empujaba su progreso mas allá de los límites se- 
f Jados por ella. Querido señor, hay leguleyos 
en estas partes de la Union en cuyos labios re- 
s lena de continuo la palabra Separación: Sepa- 
ración completa, absoluta, inviolable entre la 
{ lesiay el Estado. Muy bien; pero ¿qué es esotro 
grito de Supremacía? ¿(Mino se aviene con el de 
S iparacion? A buen seguro los leguleyos esos 
n ) saben lo que se pesian. Hablan á trochemo- 
che, juntando dos cosas que se excluyen mutua- 
i tente. El que está separado de otro no tiene 
( i,i respecto á él ni supremacía ni inferioridad. 
I)ns comerciantes forman Compañía. Andando 
i tiempo uno de ellos no puede avenirse ya con 
s i socio, y dícele: Separémonos: ahí va lo que 
te corresponde del capital y sus frutos: de hoy 
en adelante tú negociarás por tu cuenta y yo 
1 .)!• la mía. Pero, añádele, queda entendido que 
yo guardo la supremacía: tú no podrás hacer 
i ada sin que yo lo quiera y consienta. ¿Qué le 
1 irece á Yd., Señor Ritcb, de ese nuevo génc- 
r > de Separación? Pues de este modo entendid- 
1 i aquel inteligentísimo señor que "creía lirmc- 
í 'ente en la supremacía de la ley civil sobre la 
i le ia ;" y de este modo la entiende también 
A d. y todos los que hablan como Yd. Toda la 
agudeza de su lógica uo ha llegado todavía á 
¡ cuetrar lo que siu embargo es muy patente: á 
saber, que Supremacía siguifica Superioridad, 
supereminencia, grado supremo en una misma 
línea, ó clase, ó escala: y la Separación supone 

CinciDnati, citado por rt 
( y . • /■■/ dollG No> ioinbre i 



líneas, 6 clases, ó es -alas esencial y radicalmen- 
te diversas. La fé Axleliana en la "supremacía 
de la ley civil sobre la Iglesia" no era, pues, 
una fe ortodoxa: era una herejía contra la Cons- 
titución Americana, en cuya virtud se lia pro- 
clamado la Separaciou de la Iglesia del Estado. 
Las lamosísimas leyes contra los entierros y 
contra los pretendidos ••matrimonios incestuo- 
sos" no eran mas que el fruto espontáneo y na- 
tural de esa fé: eran por lo tanto le3'es constitu- 
cíonalmente hereticales. Los motivos sanitarios, 
en que se las quiso apoyar, fueron un frivolo y 
mezquino pretexto para encubrir el verdadero 
móvil que las dictara á sus autores, es decir el 
ciego y fanático propósito de descargar un golpe 
contra la iglesia Católica, ó mejor dicho, y mas 
claramente, contra su Clero. La misma Gaceta 
de Las Vegas, papel tan entrañablemente Iíitcli- 
iano y Axtcliano, como Yd. sabe perfecta- 
mente, por poco no calificó paladinamente de 
insulsas y ridiculas aquellas leyes, que el Go- 
bernador sostenía con un ahinco y empeño, co- 
mo si de ellas dependiera el evitar la mas hor- 
rible é inminente catástrofe que amenazara ja- 
más esta República. 

Lo que se sigue de su carta de Yd. al Denver 
Trihiinc, hasta el punto de los Diccionarios, no 
merece atención. Porque, IV su proposición que 
"los Jesuítas pretenden que el Nuevo Méjico les 
pertenece á ellos por derecho de autoridad Ro- 
mana," es proposición tan peregrina, que por 
derecho uo solo de la autoridad Romana, sino 
del seutido común, debe ser insertada cu el Ca- 
tálogo infinito de las necedades; 2 o á su petardo 
sobre las escuelas públicas contestaremos mas 
adelante, al contestar á los otros desatinos de 
Yd. sobre el mismo asunto; 3? por lo que hace á 
sus relumbrosas protestas de cariño y respeto 
hacia la "Religión Católica Romana," bástanos 
decir que nos parecen estar en su boca como es- 
tarían en la de una raposica los requiebros y 
piropos que echara á un pollito vecino suyo. 
Yamos pues al punto divertido: los Diccionarios. 

Sfl intento de Yd. es dar á conocer los Jesuí- 
tas; sacando á luz sus mañas, sus ardides, sus 
fraudes, su hipocresía, su ruindad, su perfidia. 
Es pues \'d. un acusador contra la Compañía 
de Jesús delante del tribunal di' la opinión pú- 
blica. Pues bien, los jueces le piden qué prue- 
bas trae. Yd. no se descompone: dice que tiene 
en su poder y favor la "historia pasada y pre- 
sente" de los acusados; y acto continuo echa 
mano de cuatro Diccionarios: Domínguez, Salva', 

le Academia y Una Sociedad de Literato?; Ice 

la palabra Jesuíta, y dice á los Jueces: Ved, se- 
ñores, que esa palabra significa Hipócrita, un- 
gido, astuto, mañoso, pérfido, etc., etc., ¿qué 
mas pruebas pedís? Pero, señor, dirán los jue- 
ces, no pedimos lo «pío significa, la palabra, sino 
lo que han hecho los Jesuítas. ¿Acaso soi\ bis- 



-9- 



toria los Diccionarios? ó son toda la "historia 
pasada y presente" que haleidoy estudiado V.? 

Secretario de nuestro corazón, cuando no solo 
los Diccionarios sino toda la literatura de un 
siglo, ha sido dirigida por las sectas engendra- 
das del satánico espíritu Yoltairiano, o' la cor- 
rupción y perversión de todas las ideas, máxi- 
mas é instituciones políticas y religiosas del 
Cristianismo; alegar la definición de cuatro Dic- 
cionarios para denigrar á una de estas institu- 
ciones, que nacid y medró en el seno de la Igle- 
sia Católica, bajo la vigilancia y suprema auto- 
ridad de 36 Pontífices Romanos, y fué bendeci- 
da, alentada y empleada por ellos en las misio- 
nes mas delicadas y difíciles del Cristianismo, 
alegar esos diccionarios, decimos, es prueba evi- 
dente de estar uno imbuido del mismo espíritu 
Voltairiano, cuya síntesis es el sofisma y la ca- 
lumnia. 

Diga Vd.: esos Diccionarios, en cuya palabra 
jura Vd. y hace descansar toda su "historia pa- 
sada y presente," ¿declaran acaso por qué mo- 
tivos, ó en qué círculos, se ha ligado un sentido 
odioso á la palabra Jesuital No dicen nada. 
Antes bien nos equivocamos: nos retractamos; 
hay un Diccionario que lo dice; y un Dicciona- 
rio cuj T a autoridad Vd. no puede desconocer; y 
un Diccionario que para Vd. deberá valer mas 
que todos los Salvas y los Domínguez del mun- 
do; el Diccionario Americano de la Lengua 
Inglesa por Noah Webster. Ese Diccionario 
dando una brevísima idea del Instituto de los 
Jesuítas, concluye diciendo: "Los Jesuítas han 
desplegado en sus empresas un alto grado de 
celo, doctrina, prudencia y talento, pero por sus 
adversarios se les ha atribuido generalmente el 
usar artes é intrigas para promover ó efectuar 
sus intentos, de donde las palabras Jesuíta, Je- 
suítico, y las parecidas, han adquirido un senti- 
do odioso y ofensivo (f)." 

Lo ve Vd.? Solo al amor filantrópico de los 
Filósofos del siglo XVIII, al acendrado y cris- 
tianísimo celo de los Jansenistas, sin hablar de 
la ínclita hueste de los Reformadores, débese el 
odioso sentido de la palabra Jesuíta, pues esos 
fueron nuestros "adversarios"' en todo tiempo. 
Los otros Diccionarios no dan estas razones. 
Webster, el concienzudo Webster, las da: Vcl. 
lo sabe muy bien, y citando á los otros Diccio- 
narios, no cita á Webster! Sr. Ritch, eso es Je- 
suitismo: Jesuitismo según la definición de su 
Domínguez y de su Salva. 

Ahora por su edificación y consuelo le dire- 
mos que á medida que la Literatura va sacu- 
diendo el ignominioso é impío yugo voltairiano; 
á medida que se va desprendiendo de la pestí- 

(t) The Jesuits have displayed in tlicir enterprises a high de- 
gree of zeal, learniag, pólicy, and skill, but by their opponents 
have been generally reputed to ase art and intrigue in promotíng 
or accomplishing their purposes, whence the words Jesuit, Jesuíti- 
ca!, and the lite, haye acquired ¡m odious and pfr'ensivo sense. 



fera atmósfera de incredulidad en que se vio 
sumida por la actividad infernal del racionalis- 
mo y de la masonería; los Diccionarios mas ilus- 
trados se avergüenzan de propinar á la incauta 
juventud el veneno de la mentira; y ó se corri- 
gen magnánimamente á sí propios, ó protestan, 
con el hecho, contraía bellaquería de los demás. 
Así el Diccionario de la Academia, en la Undé- 
cima Edición (Madrid Año de 18G9) dice 

Jesuíta— "Religioso de la orden de clérigos 
regulares de la Compañía de Jesús, fundada por 
San Ignacio de Loyola;" — nada mas. 

Jesuítico — "Lo perteneciente á la religión de 
la Compañía de Jesús;" — nada mas. 

El Diccionario de Ramón Campuzano (Ma- 
drid, 1876), define 

Jesuíta — "El individuo de la Compañía de 
Jesús;" — nada mas. 

Jesuítico — "Lo perteneciente á los Jesuítas ó 
á su orden;" nada mas. 

El Diccionario italiano de Longhi e Tocca- 
gni (Milán, 1859) define 

Jesuíta — "Sacerdote de la Compañía de Jesús, 
orden religioso instituido por San Ignacio de 
Loyola;" nada mas. 

El Diccionario francés por Mr. Th. Bénard 
(París, 18G9) define 

Jesuíta — "Miembro de la Compañía de Jesús. 
Esta orden, fundada en 1534 por Ignacio de Lo- 
yola, se consagró á la propagación de la fé y á 
la educación de la juventud;" — nada mas. 

Jesuítico — "que pertenece á ¡os Jesuítas; que 
les es propio" — nada mas — nada mas. 

A los cuatro Diccionarios de Vd. oponemos, 
pues, otros tantos y mas. ¿Qué se hace ahora 
ese robusto, agudo %j aplastador argumento de 
Vd.? 

Una palabra mas y concluiremos. Los Diccio- 
narios citados por Vd. dan las acepciones "odio- 
sas y ofensivas," después de haber dado la pro- 
pia é inofensiva. Vd. calla la segunda y copia 
solo las primeras. Eso también es jesuitismo 
según Domínguez y Salva. Adiós. 



El J« £,ador. 



(de la Ecvisla Popular de Barcelona.) 

Miradas siempre recelosas, como de quien teme 
incesantemente la justicia de los hombres; rostro ce- 
trino y demaciado por el insomnio v por la continua 
sucesión de violentísimas emociones; sombría con- 
centración del espíritu, como de quien está en perpe- 
tuo contacto con todas las iras infernales; incapaci- 
dad absoluta de ocupar la mente en un solo instante 
en ninguna idea elevada; hábitos de disipación que 
se revelan en todos los movimientos, en todas las pa- 
labras y en todos los actos; tales son las señales, en- 
tre otras varias, que retratan la figura dolorosa del 
jugador. 

Para él no hay dia ni noche; su vida es una perpe- 
tua tiniebla. Sentado horas y dias, v hasta semanas 



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-10 



cuteras, al rededor de un tapete; devorado su cora- 
zón por la codicia; rodeado do rostros en que nada 
mas se pinta sino angustia, odio, desesperación ó 
t at íuica alegría, sieute hervir la sangro on su pecho, 
y correrlo por las veuas, como la lava de un vol- 
. an< 

Come sin sosiego, y duerme sin reposo; en vano 
intenta divertirse, ni pensar en otra cosa mas que en 
los azares de la suerte. Cuando pierde, so irrita 
como una hiena; y cuando gana, siente un género de 
placer que mas tiene de tormonto que de goce.' Su 
8ed de oro es tau inextinguible que, aunque á fuerza 
de ganar hubiera hecho suyo el mundo entero, seria 
profundamento infeliz si lo faltase con quien seguir 
jugando. 

No le habléis de su familia: el no tiene mas familia 
que sus compañeros' de vicio y de desgracia. No le 
habléis de la patria: su patria está donde hay oro y 
quien lo juegue. No le habléis de Dios: ¿qué le im- 
porta Dios á quien tiene su alma dada al diablo? 

¿Conserva por ventura un resto de probidad en el 
«corazón? Pues mientras le dure, que será bieu poco, 
lio jugará mas que lo suyo, y solo conocerá que está 
arruinado cuando, perdiendo hasta la idea de lo que 
es honor y religión, piense en jugarse su camisa, su 
mujer y sus hijos. 

No tiene ya que jugar, y lo necesita para no mo- 
rir.... Pues bien, para tenerlo, empezará pidiendo 
prestado dinero, que sabe no podrá restituir; luego 
robará haciendo fullerías; luego robará escalando 
< isas; luego asesinará para robar. Si Satanás se 
presentara á darle dinero, le vendería su alma. 

De degradación en degradación, ha llegado ya al 

Ítunto en que la justicia de los hombres puede Uevar- 
e al cadalso. Pues ni aun entonces teme todavía la 
jasticia de Dios. En las gradas mismas del patíbulo 
está pensando en la jugada que le arrancó su última 
i oseta. Si en aquel instante se le perdonara la vida, 
bu primer movimiento seria pedir ó robar otra vez 
para probar de nuevo la suerte. 

¿Y será preciso decir á un cristiano cuan apartado 
■\ Lve de su Dios semejante infeliz? No ciertamente. 
] i0 que importa es prevenir á la juventud de la fatal 
trascendencia que tiene el primer paso que se da en 
el camino de este vicio. ¡Dichoso el que en un pri- 
i ier extravío pierde lo que haya jugado, y mas diclio- 
80 aun si esta pérdida le pone en un descubierto que 
deba avergonzarlo ante sus padres ó ante el mundo! 
Dichoso, digo, porque este primer escarmiento puede 
: uirlo á vias de salvación, mientras que si, por el 
contrario, tiene la desgracia do ganar, corre gravísi- 
i o riesgo de que, cebado por la codicia, y viendo en 
1 1 juego un medio expedito de proporcionarse piá- 
is, haya comenzado on solo un punto la carrera 
i una perdición que le robe para siempre la paz y 
ti honor en la tierra, v la vista do Dios en el cie- 
lo. 

A vosotros los que os habéis dejado dominar por 
tan seductor enemigo, no sé daros contra sus astu- 
cias mejor escudo que vuestra propia conciencia. 
Considerad lo que se ofende á Dios, las degradacio- 
) as y crímenes y desdichas horrondas ;í que el juga- 
dor se expone; y por compasión de vosotros misinos, 
1 aid de este vicio espantoso que tanto ha poblado 
1 >s presidios y ensangrentado los cadalsos. 

Si el juego os divierte, jugad en norabuena para 
gozar un honesto recreo, y no para ganar; jugad con 
personas honradas, por breve tiempo y en horas (pie 
i o perturben ni mermen vuestras cotidianas tareas; 
jugad tan escaso interés, que ni la pérdida pueda afli- 



para distraeros un rato, no para atormentar vuestro 
amor propio, ni para arriesgar vuestra tranquilidad, 
vuestro honor y la salvación de vuestras almas. 

Por último, tened presente que, de diez hombres 
que cometan el sacrilego horroroso crimen de quitar- 
se la vida, en siete, cuando menos, ha sido el juego 
la ocasión de su suicidio. He visto por mis propios 
ojos lo quo os estoy asegurando. — A. 13. 



Dos Islas afüiutnadas. 

(fciuainc Heliyieuse de Clermont) 

Entre las curiosidades que admíranse en Francia, 
merecen estar en la primera línea Íícedic y Houat 
dos isletas situadas á algunas millas de las costas 
del Morbihan. Ellas forman dos parroquias, una de 
1.800 habitantes y la otra solamente de 250. Esas 
parroquias han conservado su constitución primitiva 
ai punto de vista religioso, político, administrativo y 
judiciario. Todas nuestras revoluciones han pasado 
sin que hayan podido cambiar nada de sus leyes y 
costumbres. 

Allí no se conocen alguaciles, abogados, periodis- 
tas, usureros, taberneros, carceleros, gendarmes, ex- 
pósitos, etc. 

El cura es alcalde, corregidor, notario, ¡juez de paz, 
fondista, maestro de escuela, tutor de los ancianos y 
de los huérfanos. 

Los isleños no van al continente sino para vender 
el producto de su pesca y para comprar los objetos 
necesarios á su existencia. 

Todas las tierras son cultivadas en provecho de la 
comunidad. Ella adopta á los huérfanos y á los an- 
cianos. De las ganancias de cada pescador so toma 
un tanto para proveer á las exigencias de las que ha- 
yan perdido los medios de sustentarse: y esto sucede 
de vez en cuando, como que las tempestades y tor- 
mentas no seau rara? sobre las costas del Morbi- 
han. 

Cuando un pescador pierde su barca, la caja de 
socorro le procura otra: y en caso que pierda su pro- 
pia vida con la barca, la comunidad adopta á sus hi- 
jos y toma á la viuda bajo su amparo. 

Allá el Cura está rodeado del Consejo de los ancia- 
nos, el cual es el poder legislativo de la parroquia. 
Este Consejo juzga en última instancia sin charlata- 
nería, sin dilación y sin dinero: cuando ha hablado, 
todos sométense á sus decisiones. 

No hay en esas dos isletas ni taberna ni tendejón, 
pero hay una sala donde cada uno puede divertirse 
honestamente, y una fonda ó venta gratuita para los 
extranjeros. La borrachera es cosa desconocida. 

Todo forastero es recibido con respeto y cordiali- 
dad, como entre los Trapeuses: pero si él quisiese 
corromper el espíritu ó las costumbres de la pobla- 
ción, á té cpie debería marcharse mas pronto de lo 
quo vino. 

Esas dos parroquias verdaderamente admirables 
son administradas así des le una Inga serie de siglos. 
De tiempo inmemorial los grandes Crímenes contra 
el quinto, el sexto y séptimo mandamientos no han 
mostrado allí su horrorosa cara. 

El gobierno francés no ejerce mas imperio sobre 
esas dos isletas que dando su consentimiento á la 
elección de las personas (pie el Señor Obispo desig- 
nare púa pastores de aquellas dos parroquias. 

Hace ya muchos años, el Reverendo Señor Dela- 
lande, profesor del Seminario de Nanas, publicó una 



11- 



el día d; 



{Segunda parle de La Noche de Navidad). 

Seis años habían pasado, y seis años en un niño traen 
extraordinarias mudanzas. El pobre expósito, que tan 
feliz amparo halló en casa de Beatriz, se habia hecho 
un hermoso muchacho, que á la sazón contaba ocho 
años. Era tan bonito, y habia sido tan bien criado por 
su madre adoptiva, que era querido de cuantos lo cono- 
cían, hasta de la tía Pavona, que aunque no dejaba de 
regañarle, porque el regaño le era anejo como al suave 
arroyuelo su murmullo, se miraba en el niño como en 
un espejo. Cuando Beatriz, gozándose en su obra, le 
recordaba lo mal que habia recibido al pobre niño, la 
tía Pavona, por no dar su brazo á torcer, contestaba á 
su ama, que también era medio parienta suya: "Sí, sí; 
cria hijos para el rey. ¡Sí, sí! ¡Si hay una guerra con el 
francés, ya verás! Se te han de socar los ojos de llorar. 
¡Hijos! ¡hijos! ¡no son-mas que pesadumbres!" 

La viuda, aunque habia llegado á los cuarenta y cua- 
tro años, se mantenía fresca, simve y serena. 

El alcalde habia aun ensanchado un poco las pretinas 
de sus calzones; pero por mas que habia hecho, no habia 
podido estrechar los lazos que le unían á su parcera, 
que no quería mas parcería que la del rancho. 

La pergaminosa tía Pavona no estaba ni mas vieja, 
ni mas flaca, ni mas fea; porque desde que tuve la hon- 
ra de presentárosla, no cabia en estas tres antigracias el 
mas. 

Las fechas, en que tuvieron lugar los sucesos aue va- 
mos refiriendo, son bastante atrasadas para que aun se 
celebrasen las ñestas religiosas y papulares, represen- 
tando á lo vivo los hechos que solemnizan. No existían 
por entonces gacetilleros melifluos, de tan delicados ór- 
ganos auditivos, que las zambombas y panderetas les 
causasen jaquecas, ni sábanas impresas y ambulantes 
que llevasen por tóelo el reino tan interesante noticia. 

Entonces las zambombas y panderetas, que hoy dia 
atacan los nervios de los gacetilleros, causaban á todos 
un sentimiento de placer y alegría; entonces éramos to- 
dos españoles, práctica y teóricamente; lo éramos ele 
alma y de corazón, ele costumbres, gustos y lenguaje; 
eramos hermanos y no enemigos; no teníamos mas epie 
una bandera, una fé y una ley. Es cierto que no habia 
dandys, coquetas, ni la profusión y riqueza de palabras 
francesas, con las que los periódicos ele la capital osten- 
tan su valor y adelantos en lo fashionable; pero enseñá- 
bamos entonces al mundo á vencer al celoso ante quien 
Europa doblaba la cerviz, v cada español sabia ser un 
héroe para defender la independencia, el altar y el tro- 
no. Aprendiz ilustrado hay que está persuadido que 
désele entonces acá hay trescientos años, y que mira al 
noble venceelor de Bailen como un anacronismo. 

El dia en que volvemos á anudar nuestra relación era 
el de Reyes. Afanábase Beatriz aquella mañana con 
algunas vecinas en vestir de ángel á Manblito. 

Sobre un vestielo ceñido al cuerpo, de punto color de 
carne, le habian puesto una corta túnica blanca con 
mangas cortas y anchas bordadas de plata, sujeta en 
los hombros y pecho con broches de piedras. Rodea- 
ba su talle un cinturon de plata. ■ Cenia su cabeza una 
corona de rosas; en los pies llevaba unas sandalias con 
cordones de plata, y en la espalda tenia colocadas alas 
ele brillantes plumas, Cuando estuvo vestido, lo llevó 
su madre á la iglesia. Allí se habia puesto el misterio 
al p¡é elel altar: la Virgen y san José eran.dos hermosas 
efigies, y entre ambos estaba el recien nacido echado 



sobre paja, A cada lado se colocaba un niño vestido 
de ángel, ele rodillas, con sus manitas cruzadas en seña' 
de adoración. Como para esto se elegían entre los ma¡ 
bonitos y acomodados que habia en el pueblo, uno de 
ellos habia sido Manolito el de Beatriz, que reunía estas 
circunstaneias. ¡Difícil hubiera sido el ver un cuadro 
vivo mas lindo que el que formaban esos dos niños en 
adoración ante el Dios de los Angeles! No habia ni un 
corazón frió, ni ojos secos en aquella santa tiesta. En- 
traron entonces gravemente muchos hombres vestidos 
ele pastores, trayendo sus ofrendas al recien nacido, bai- 
lando luego al pié del altar con movimientos lentos v 
graves, baile que causaba la estrafía y ferviente sensa 
cion de devoción que causa la bellísima danza de los 
Seises en la catedral de Sevilla, con su origen tan anti- 
guo, su estabilidad tan respetable, su santa poesía y 
magnífica sencillez. Toda innovación se estrella contra 
aquel santo templo, ' como las olas del mar sobre una 
roca; el tiempo, '.-desgasta sobre ella su diente roedor; la 
impiedad se replega bajo su altiva cabeza y busca otro 
campo en que lidiar. ¡Salve, santo templo católico! 
Consérvete siempre España, como su mas preciosa joya, 
como su mas santo tabernáculo, como el mas grandioso 
panteón del mas santo ele sus reyes. 

Siguieron á los pastores los mas pudientes del pue- 
blo vestidos de reyes magos, y montados sobre- bien 
enjaezados caballos y seguidos de su séquito: precedía 
i. Llegado que hubieron á la 
El primero que entró, representando 
un majestuoso anciano con barba y cabello blanco, se 
arrodilló ante el recien nacido y' ofreciéndoselo, le diio: 
'Os traigo incienso como á Dios." El segundo que re- 
presentaba al rey Gaspar, se arrodilló igualmente, y al 
deponer su ofrenda, dije): "Os traigo mirra como a sa- 
cerdote."' Por ultimo, el rey negro, Melchor, ofreció 
oro, diciendo: "Oe traigo oro como á rey." 



Jos una luciente estrelle 
iglesia se apearon 



Quien durante esta tierna cereh 



,!•; 



aoma Hubiese poaieio 



distraer su atención del devoto cuadro que hemos d< - 
crito, y la hubiese parado en un forastero que se halla 



que aquel 



ba cerca de una columna, habría notado 
hombre lijaba sin cesar sus ojos en Manolito; o por : 
jor decir, en aquel ángel bello que estaba, al lado del 
pesebre tan inmóvil, tan penetrado de la adoración que 
le inspiraba el misterio, tan embebido en su contem- 
plación, que no parecía sino que realmente lo que allí 
representaba. Este hombre tenia muy buena presencia, 
y manifestaba como unos cincuenta, años. Vestia, aun 
que con mal gusto, bien y ase aúnente, y tenia en la 
recta línea de su espalda y en lo erguido de su cabeza 
algo que indicaba al militar. 

Cuando la función hubo concluido, se i>rey:¿- . 
unos á otros, en los grupos que se formaron en los por- 
ches ele la iglesia, quien era áquel/forástero. 

Solo poelia contestar á esta pregunta el mesonero, el 
que lo hizo con la prosopopeya y el aire importante con 
que lo baria el dueño ele Mivarts-hotel en Londres ai 
decir que tal ó cual rey ó prima-donna, emperador ó 
barítono, Nabab ó desterrado político honraba su esta 
blecimiento. Súpose qué el forastero era ¡ui teniente 
capitán retirado que pensaba descansar sobre sus laure- 
les, aunque todavía por lo visto no Labia decidido 
donde asentar sus reales y fijar sus cuarteles de invier- 
no. 

Un teniente capitán mal vestido y de cincuenta años 
en un ejército ó en una capital, no llama mayormente 
la atención; pero no así en un pueblo ctel tenor de aquel 
en que hizo su entrada criunfal el susodicho veterano, 
en pos cielos reyes, en contraposicío i de la estrella qui 
iba delaute: allí un teniente capúuii llama extraordina- 
riamente la atención, es un personaje muy visible, y si 
me apuráis diré que es una notabilidad. 







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>3»é£¡v; 



-12- 



El militar observaba, haciendo algunas preguntas á 
los paisanos que se hallaban á su lado, á un grupo do 
mujeres, entro las cuales estaban Beatriz y la tia Pavo- 
na, que se esforzaban en sustraer á Manolito á los cari- 
ños de las mujeres y envolverlo en una abrigada manta. 

— ¡El demonio del rnilitronche eso, que no nos quita 
ojo! dijo una muchacha. 

La pobre tia Pavona, que conservaba cierto cariño á 
la tropa por haber pertenecido á ella sus hijos, volvió 
la cabeza, miró con sus disparatados ojos al forastero, y 
dijo: 

— Pues es un real mozo. 

— Un real viejo, replicó la muchacha. 

— Calla, pispireta, que los melelares no llegan á viejos 
en sü vida de Dios. 

— ¿Y cómo -abo Vd. que es níelelar si no trae casaca? 
¿Le ha echado á Vd. algún requiebro? 

No me ha dicho ni buenos ojos tienes, cuellisacada. 

— ¡Ya! al menos que los suyos no estuvieran hueros! 

— Se lo conozco en lo guirocho. ¿estás? 

- — ¡Ay! que nos viene siguiendo, dijo oirá. 

— Ya, como ha notado que á la tia Pavona le ha en- 
trado por el ojo derecho, (pie es el que tiene como Dios 
manda. 

— Eso lo llaman los que sirven al rey hacer la reía- 
guardia. 

—Tia Pavona, la decencia manda que le diga Vd. 
que toque la retirada estando por medio Florín. 

— ¿Queréis callnros, cotorras descaradas? exclamó so- 
Focada la tia Pavona. ¡Sobre que las mozuelas hoy dia 
no gastan ni respeto ni recato! Alegrarme habia de que 
el meletar os plantase una fresca, que os sacase los colo- 
res á la cara, hato de cascabeleras, cabezas de chorlitos 
sin meollos ni sentido/ 

— Vaya, déjelas V., tia Pavona, dijo la buena Bea- 
triz; los pocos años, señora, los pocos años; alegría y no 
mas que alegría. 

Habian llegado á su calle: las muchachas se fueron á 
sus easas, y Beatriz entró en la suya con el niño y la 
tia Pavona; pero ¡cuál no seria la sorpresa déla recata- 
da viuda, cuando vio que en seguimiento suyo so entró 
marcialmente el militar come) Pedro por su casa! Bea- 
triz, que habia quitado la manta al niño para desnudar- 
lo, se paró y preguntó ai atrevido: 

— ¿Que* se os ofrece, caballero? 

---Señora, respondió este: tan solo, y con licencia de 
Vd., una pregunta, y me retiro; poripu; yo no estoy de 
mas en ninguna parte, 
n-x <5T.¡y CUa ' c ' s esa pregunta, señor? 
jSs« niño es vuestro? 

\"o es posible expresar el asombro que se pintó en el 
semblante de Beatria^^oir aquella inesperada pregun- 
ta. 

— ¿Y con qué derecho, con qué motivo y con qué 
objeto me hacéis tan cstraña pregunta? dijo al lin, ha- 
ciéndose dueña de su conmoción. 

— Si me aseguráis (pie es vuestro, toco en retirada, y 
escusado seria contestar á las preguntas que me hacéis: 
si no fuese el niño hijo vuestro, os las contestaré una 
pul' una. 

— Es que yo no tengo que dar cuenta á nadie de si 
ese niño es mi hijo ó no. . . y no respóndele. 
^ — ¡Hola! ¿con qué es un misterio como el Santo? 

— No, no es misterio; el niño es mío y muy mió: ya 
i -tai s contestado. 

— ¿Y cuál es su padre, puesto (pie he averiguado (pie 
hay doce años quG sois viuda? 

La pobre Beatriz, viéndose cogida, se quedó tan cor- 
tada, que la sangre subió á sus mejillas y las lágrimas 
á sus ojos. 



■ — Señora, prosiguió el militar con voz conmovida, 

ese niño lleva un sobrescrito en su cara con el nombre 
de su madre, y su madre era mi mujer. 

— Ni fué madre, ni fué mujer la que abandonó á un 
hijo suyo, exclamó exaltada Beatriz, y si lo fué. con eae 
mero hecho dejó de serlo. 

— Pero yo soy su padre, y no lo abandoné \ 0, no. 

— ¿Y qué pruebas dais para justificar lo que decís? 
¡Pues qué! ¿no hay mas (pie venir á arrancar á un hijo 
de los brazos de la madre que la Providencia le deparó, 
cuando la suya dejó de serlo renunciando así í todos 
sus derechos y abandonando sus títulos? 

■ — Las pruebas yo os las daré, señora. — contestó el 
militar sentándose, porque estaba tan conmovido que se 
sentia vacilar sobre sus pies. 

Entonces hizo con grandes pormenores la relación 
que en breves palabras trascribimos á continuación. 

Era sargento cuando fué destinado su regimiento df 
la expedición de Ultramar, confiada al mando del bi- 
zarro general Morillo. Fuéle, pues, forzoso enviar á su 
mujer, que era joven y linda, y á un hijo de dos años 
que de ella hubo, al pueblo en que esta tenia su fami- 
lia, en la Mancha. En América se portó nuestro sar- 
gento bien; tuvo suerte, ascendió é hizo algún dinero. 
A su vuelta á España, se apresuró á ir á reunirse con 
SU mujer; pero en su pueblo supo que nunca había lle- 
gado á él, que habia seguido á otro soldad» por algún 
tiempo, y que viéndose abandonada por este, áverg 
zada y sin atreverse ái poner delante de sus honrados 
padres, se habia echado á la vida airada y que se creia 
estuviese en Sevilla. El ultrajado marido, el angustiado 
padre, voló á aquella capital, y después de minué 
pesquisas halló por lin á su mujer espirando ética y lle- 
na de lacras en un hospital: pudo aun antes que murie- 
se perdonarla para que no acabase desesperada. 3 saber 

10 que habia sido de su hijo. La inicua, cediendo á las 
sugestiones de su seductor, al pasar por aquel pueblo, 
habia depositado el hijo en una casa, en la que con de- 
voción, paz y alegría de corazón so celebraba la Noche- 
buena, y donde pensó que hallaría amparo en la candad 
de tan buenas almas. El niño llevaba puesto un saqui- 
tc de color de castaña y un gorrito de pu lana 
encarnada. 

- — Después de hacerla un buen entierro, pues al lin 
aquella desdichada era mi mujer, concluyó el militar, 
me puse temprano esta mañana en camino para venir 
aquí, donde llegué poco antes de la función. Cuando 

011 la iglesia entré, lo primero que vi fué ; el al 
lado del misterio, y ese niño era el vivo retrato de mi 
mujer. No parecía sino que allí estuviese cou sus ma- 
nos cruzadas, rogando á Dios por su madre. Ahora 
bien, señora, reconocéis el derecho, el motivo y el obje- 
to de mi pregunta? 

Por toda respuesta, Beatriz estrechaba al niño entre 
sus brazos, deshecha en lágrimas; el niño que veía la 
aflicción de su madre, la abrazaba Morando, f< nnando 
así aquel grupo el cuadro alegóried mas propio de un 
ángel, compadeciendo \ consolando a! dolor. 

— ¡Pues (pié! dijo al lin Beatriz sollozando, seis anos 
de cariño, de esmeros, de cuidados y de desvelos ¿no 
son nada? y ¿acaso no dan derecho á un bien que me 
dieron sm pedirlo y me quieren arrancar contra, mi vo- 
luntad? ¿No (dama esto al cielo? 

— Bien conozco, repuso el militar, ios sacrificios que 
ese hijo mió os habrá costado: los unos no los puedo 
pagar sino con agradecerlos; los otros. . .dinero traigo, 
señora: justo es. y mas que justo os los resarza. 

(Se conliniuirá.J 





Se publica- todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 



11 de Enero de 1879. 



SÜHARIO. 

Cbónioa General— Sección Piadosa: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Semana — San Areadio mártir. — Actualidades: — 
Mephislophelian Parasites — El Sentencioso New Mezican — Un golpe 
en el clavo y otro en la herradura — Inglaterra en Afgrnn -Lista 
de los convertidos ingleses — Un misterioso motin — Delicio-.o fruto 
del Evangelio puro— Aritmética bíblica — El Espejo de Bemalillo y 
las Escuelas libres — Quinta carta al Sr. G. W. Eitch — Bepignacion 
y confianza — Cosas del dia. 

CEONÍCA GENES AL. 

Esa3aee ]% T £apeiaI fué contraído en el Fuerte 
Union el 25 de Dic. por el Sr. Samuel E. Shoeinaker 
y la Señorita Nellie Hoaglaud, presidiendo la ceremo- 
nia el Rev. P. Tomassini, de La Junta, y presencián- 
dole todos los Oficiales del Fuerte y sus familias. Las 
bendiciones de Dios acompañen á los novios en la 
larga vida que les deseamos. 

Üá>!o2'dS©§ Fallecimientos. — Nos juntamos 
en el pesar á las familias Baca y Manzanares por las 
sensibles pérdidas hechas en las personas de Doña 
Dolore.i S mdobal de Baca y del niño Eduardo Man- 
zanares, fallecidos sucesivamente los dias 4 y 5 del 
corriente. li. I. P. 

Invierno rigoroso. — Entre muchos pormeno- 
res que llegan de los rigorosos frios de este invierno, 
mencionaremos el siguiente. En Fulton, Estado de 
New York, lugar de muy pequeña elevación, los hie- 
los y nieves se han acumulado en uno de los barrios 
por la extensión de mas de una milla en largo y an- 
cho; quedando bloqueadas unas cincuenta casas, cu- 
yos moradores se han visto por muchos dias privados 
de toda comunicación. Las aguas subian hasta el 
primer piso, y ha sido preciso formar un cuerpo de 
socorro, para salvar á aquellos infelices. 

Pl© 3X esa los aliares. — Monseñor Ballerini, 
patriarca de Alejandría, Monseñor Sabbia, Obispo de 
Cremona, y Monseñor Kiboldi, Obispo de Pavía, ha- 
llándose juntos en Alejandría, para celebrar la fiesta 
del Beato Alejandro Sauli, han enviado al Padre 
Santo una petición, en la que se unen con los Obispos 
del Véneto en el deseo de alcanzar de la Silla Apos- 
tólica el principio del proceso de beatificación de Pió 
IX. Una semejante adhesión ha sido hecha por 
Monseñor Speranza, Obispo de Bérgamo, y Monseñor 
Valsecchi su coadjutor. El Obispo de Granada y su 
clero también han expresado á la Santa Sede estos 
mismos deseos. 

Baieasa leceloss. — Visitando Shere Alí en 1869 
la ciudad de Peshawur, le enseñaron una hermosa 
iglesia inglesa. El capellán le explicaba que los asis- 
tentes se colocaban por sus grados y orden en los 
bancos dispuestos en la iglesia; él entonces se mostró 
muy admirado de esta diferencia y dijo: "¿cómo es 
esto? Yo soy la primera autoridad de mi país, y sin- 
embargo cuando ofrezco el debido culto á Dios me 



pongo al lado de cualquiera persona, aun la mas po- 
bre, de mis vasallos; pues en la casa del Señor todos 
los hombres son iguales." 

«fnsMcfa singular. — Algunos sacerdotes cató- 
licos de la Provincia de Grodno últimamente habían 



logrado inducir á algunos 



de sus 



feligreses para que 



se abstuvieran de los licores alcohólicos. Las autori- 
dades locales se quejaron al Gobernador de este pro- 
cedimiento, y con este objeto se instruyó una averi- 
guación. Se halló que los sacerdotes habían hecho 
esto solo por bien de sus feligreses, con todo el Go- 
bernador de Grodno mandó se los internan en la Ru- 
sia, para darles lugar á que reflexionaran que, incul- 
cando la sobriedad, privaban al paternal gobierno de 
la renta que le traíala renta de los licoresespiriceso-. 
(N. Y. Sun.) 

Monseñor ^paceapieira, Arzobispo de E - 
mima, Vicario Apostólico del Asia Menor, y miembio 
de la Congregación de la Misión, ha fallecido. Nació 
en 1801, fué consagrado Obispo de Arcadiápolis i. p. i. 
en 1852, fué promovido al Arzobispado de Puerto de 
España, en la Isla de Trinidad, en 1855, y fué trasfe- 
rido á Esmirma en 1862. Su muerte deja un grande 
vacío. ES* I. P. 

Mnevas amenazas contra los soberanos se han 
manifestado en Bélgica por unos papeles sorprendi- 
dos á unos socialistas alemanes, y por una carta de 
un francés á lord Lyons. Este créese ser un loco, 
pero en Bélgica se han tomado medidas de precau- 
ción. 

Fiestas al Papa. — El ilustre Prelado romano 
monseñor Tomás Rossi ha escrito una carta á L' Uni- 
td Gatíolica, advirtiendo que dentro de breves dias se 
celebrará el jubileo cardenalicio de Nuestro Santísi- 
mo Padre León XIII, y que los italianos deben cele- 
brarlo con alguna especial demostración. L' Unitd 
propone que el día de la Inmaculada los buenos cato- 
lices promuevan una colecta extraordinaria para el 
Dinero de San Pedro. X' Unitd Gattolica publicará el 
dia 15 un mensaje de adhesión al Papa. 

Esa la Italia Libre. — Los amigos de Oairoli, 
temiendo que Humberto de Savoya, disgustado de la 
marcha de las cosas, llame á los conservadores, han 
organizado numerosos meetings en favor del gobierno. 

"Se han recibido varias cartas anunciando que ¡os 
revolucionarios tratan de arrojar algunas bombas 
Orsini en la Cámara de los representantes. Se han 
tomado graneles precauciones." 

El Cardenal Caves'oí, Arzobispo de Lion, 
ha sido nombrado miembro del Consejo superior de 
instrucción pública de la república, en la vacante que 
resultó por fallecimiento de monseñor Dupanloup, 
Obispo que fué de Orleans. ■ 

Toma del desfiladero de Peivar. — "En- 
volvimos por la izquierda la posición del enemigo, 
rodeando el desfiladero de Spinwall durante la noche. 



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14 



Sorprendimos al enemigo al pacer el dia. Dos do 



nuestros regimientos arrojaron al 



enemigo de varias 



posiciones. Entonces tratamos de dar el asalto ¿í la 
cumbre; pero el asalto no era practicable. En se- 
guida amenazamos por retaguardia la inexpugnable 
posición de los afghanos, y la atacamos, ocupándola 
á las cuatro de la tarde. El enemigo habia recibido 
cuatro regimientos de refuerzo durante la noche. Hi- 
zo una resistencia desesperada. La artillería estaba 
bien servida. La victoria lia sido completa. Nos he- 
mos apoderado de 18 cañones y una cantidad consi- 
derable do municiones. Nuestras pérdidas son rela- 
tivamente moderadas, si se tienen en cuenta el número 
del enemigo y las dificultades del terreno. Nuestras 
tropas se han conducido admirablemente. El dia 5 
avanzaremos hacia el desfiladero de Chourtar Gar- 
dain." 

Las noticias ríltinias, recibidas por medio de nues- 
tros cambios, anuncian la llegada de los Iugleses á 
Jeilalabad, y que tienen nada que temer del lado de 
Caboul. Los jefes de las tribus cerca de Jeilalabad 
han abandonado al Emir y han hecho acto de sumi- 
sión á los Iugleses. El Emir se ha visto obligado á 
huir en territorio ruso, al mismo tiempo que se reti- 
raba la embajada rusa. El hijo del Emir, Yakoob 
Khan, que siempre habia estado en contra de su pa- 
dre, por lo cual estaba preso, ha sido libertado y 
puesto en el trono. Ya se conoce que su política es 
enteramente opuesta á la de su padre. 

Los últimos despachos dicen que Yakoob Khan 
ha ido á Jeilalabad y se ha sujetado á los Ingleses. 
De modo que la guerra puede considerarse como 
acabada. 

H T na carta sí liosa Carlos, escrita en italiano, 
contiene los siguientes párrafos: "Sabed que una 
docena do hombres decididos, esparcidos por el mun- 
do, y armados de puñales, valen mas que todos los 
ejércitos y todas las maquinaciones de los tiranos. 

La muerte de los reyes está decidida. El porvenir 
pertenece á la república universal. 

Estamos persuadidos de que hoy, corno el dia en 
que inicuamente encendisteis la guerra civil en vues- 
tro país, abrigáis un odio profundo á la libertad. 

¡Desgraciado de vos! La muerte de los tiranos y de 
los aspirantes á la tiranía está decidida. No os tran- 
quilicen los recientes golpes frustrados, porque se 
continuará hasta consumarlos. 

¡Vanas y ridiculas esperanzas! ¡No seréis vos el 
que mate la revolución! Ella acabará con vos. El que 
os lo anuncia es, — Un amigo de Passavanti." 

La Germania de Berlín dice: Los católicos del 
Parlamento prusiano tratan de reñir una nueva bata- 
lla en favor de los intereses católicos. Dentro de 
breves dias presentarán una proposición pidiendo que 
desaparezca el KuÜurkanwf, y su empeñará una bata- 
lla cuyo resultado es difícil prevoer. Los partidos 
están muy divididos; en el seno de cada uuo de ellos 
hay diversas tendencias, y es difícil saber cuál do es- 
tas tendencias triunfará. Algunos periódicos conser- 
vadores Be han mostrado favorables á la proposición 
de los católicos y también algunos liberales naciona- 
les; pero como todos obedecen á las indicaciones del 
príncipe Bismark, en definitiva todo depende de la 
§titud cu que se coloque el príncipe canciller. 

2M llcjircKcnlniífr-Jc ¡ílnois. Sr. Burchard; 
ha presentado un proyecto de ley en el CoDgreso, por 
el cual se prohibe á los bancos nacionales cualquiera 
rebaja sobre el valor autorizado, Esto proyecto con- 
tieno tres puntos. 1 . Todo banco que haga rebajas 
será liquidado y se retirarán sus billetes que so hallen 
eu circulación. 2 . Que se puedan cambiar el metá- 



lico con los billetes en el erario. 3 o . De proveer pa- 
ra el cambio de pesos legales y de comercio, con pro- 
hibición de acuñar otros pesos diferentes del legal. 
El General Ewing ha presentado un sustituto en la 
Cámara para este objeto. 

§'JJ $r. ISratlforri M*rince. de New York, ha 
sido nombrado y confirmado como Juez Supremo de 
Nuevo Méjico. 

S-^l Coronal S. JS. liarnos ha aceptado el 
nombramiento de procurador general en Santa Fé, 
Nuevo Méjico. 

Sül Correo «le la Habana anuncia que la ca- 
ña no se ha presentado nunca tan abundante ni tan 
sazonada como en la presente circunstancia, presen- 
tando una cosecha extraordinaria. Las lluvias que 
se hacían tanto esperar favorecen admirablemente la 
siembra del tabaco, y los fuegos de diez años han 
mejorado inmensamente los pastos para los ganados. 

É']8 Sr. Síocíor A. Sessel de Nueva York ha 
llegado á Las Vegas y pone en conocimiento del pú- 
blico que está pronto á prestar los remedios de su 
arte á los que le quieran llamarle ó consultarle. 

Se anuncia que el Padre Santo en breve publi- 
cará una Encíclica para condenar al Socialismo, refi- 
riéndose especialmente á los atentados cometidos 
contra el Emperador de Alemania y los reyes de 
Italia y España. Su Santidad llamará también la 
atención de los gobiernos sobre los crímenes cometi- 
dos contra los Estados y contra la Sociedad, sugi- 
riendo ios remedios oportunos. 

Conversiones. — El Northwestern Chronicte pu- 
blica la noticia de la conversión, verificada en estos 
últimos dias, del C. A. Van Dormendeu, ministro 
Luterano y su esposa. Fueron reconciliados con la 
Iglesia por el Rev. Pribyl de Owatonna, Minu. Antes 
de dejar su comunión, el Sr. Dormendeu presentó á 
los oyentes las razones que le movían á entrar en la 
Iglesia Católica, lo cual produjo muy honda sensación 
en los que le escuchaban. Su nombre es tan estima- 
do que ha sido invitado á hablar según sus actuales 
convicciones en una Iglesia Luterana de Owatonna. 

(¿raíiíud hacia la $.Sma. Virgen.— Los 
náufragos del 'Pizarro' han celebrado mía solemne 
acción de gracias, por haber sido librados de la muer- 
te, según el voto que habían hecho, en Nuestra Seño- 
ra del Carmen en la Habana el 13 del pasado Diciem- 
bre. Nadie pereció, aunque fuesen 153 personas; y 
fueron sacados del peligro por una bai-ca italiana, en 
la tempestad que tuvo lugar del ( J al 11 de Setiembre, 
y fueron llevados á los Estados Unidos. Todos atri- 
buyen su salvaciou á la SSma. Virgen, que invocaron 
en el peligro. La solemnidad fué muy imponente. Se 
hallaba presente el capitán con todo su séquito, y to- 
dos los de la tripulación llevaban sobre el pecho el 
escapulario del Carmen. El Capellán del navio cantó 
la Misa, y pro&uneió un muy sentido sermón que ar- 
rancó lágrimas de los ojos de muchos. 

B«i Nueva Zelandia en Roma.— Ultima- 
mente ha sido enviado á Poma un elocuente orador y 
representante de los restantes indígenas Maoris, en la 
persona del Rev. O'Reilly, misionero cu Nueva Ze- 
landia. Ya habia sido traducido en su idioma, bajo 
la dirección del Obispo de Aukland, el catecismo. Y 
ahora no puede darse mejor prueba de la universali- 
dad do la Iglesia Católica al ver quo también á estas 
distantes naciones se lee en SU lengua la Encíclica de 
Loou XIII, y ellos también envían una representa- 
ción á Boma para que dé .testimonio de su devoción 
y fidelidad. 



-15 



\JS 



FIESTAS MOVIBLES BE ESTE ASO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Kesnrreceion, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. — Corpus Chrisíi, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
ENERO 12 48. 

12. Domingo. San Arcadio, mártir. San Victoriano, abad y con- 
fesor. 

13. Lunes. San Potito, mártir. San Vivencio, confesor. 

14. Martes. San Hilario, Obispo y Doctor de la Iglesia. San Eu- 
frasio, obispo. 

15. Miércoles. San Pablo, primer ermitaño. Santa Secundina, 
virgen y mártir. 

16. Jueves. San Marcelo, Papa y mártir. Santa Priscila. 

17. Viernes. San Antonio, Abad y confesor. Santa Eosalina, monja 
cartuja. 

1S. Sábado. La Cátedra de San Pedro en Roma. Santa Prisea, 
virgen y mártir. Santa Librada, virgen. 

SAN ARCADIO, MÁRTIR, 

Fué natural de Osuna, en Andalucía, de padres 
ilustres, los que habiéndole educado cristianamente 
le dedicaron al ejercicio de las armas. Por este tiem- 
po suscitó el emperador Trajano una horrible perse- 
cución contra la Iglesia, y Arcadio, para poner su fé 
en seguridad, fué á ocultarse en una soledad extra- 
viada. Habiendo los perseguidores entrado en su 
casa, pusieron preso á un pariente suyo, á quien el 
Prefecto mandó encerrar en una estrecha cárcel has- 
ta que declarase el escondite de Arcadio. Súpolo este, 
y saliendo prontamente de su retiro, presentóse al 
Prefecto, diciéndole: — Si por causa mia retenéis pre- 
so á mi pariente, vengo á ponerme en vuestras manos 
para declararos lo que deseáis saber y él no puede 
deciros. Soltadle, pues, porque voy á daros cuenta 
de todo. El Prefecto le dijo que perdonaba á su pa- 
riente y le perdonaría á él si quería sacrificar á los 
dioses. — ¿Sabéis, le interrumpió Arcadio, lo que es 
un servidor de Dios? Pues es un hombre que no se 
deja seducir por el amor de la vida, ni quebrantar 
por el temor de la muerte. Jesucristo es su vida, y 
la muerte es para él ganancia. Imaginad, pues, los 
suplicios mas horribles, y veréis como nada puede 
separarnos de Dios. El Prefecto puso la constancia 
de Arcadio á prueba de espantosos tormentos, man- 
dando que le cortasen dedos, manos, brazos y pier- 
nas. El santo Mártir conservó una tranquilidad 
inalterable, y no cesaba de alabar á Dios y de orar 
por sus verdugos. Reducido por último á un tronco 
sin miembros, y bañado en sangre, entregó su espí- 
ritu á Dios el año 110, con la gloria de ser mártir de 
la fé cristiana y de la caridad fraterna. 



U-l 



MepJiistophelian Parasiies llamó á los Jesuítas 
el fogoso Centinela de las Montañas Peñascosas, 
y nos hizo recordar incontinenti aquello de las 
ampullas et sesqaipedalia verba (¡si entenderá el la- 
tín!), que son el bazar de los poéticos tarambanas. 
Pues bien, entre mil sandeces y cuchufletas, di- 
chas al parecer para ultrajar al buen juicio y 
honradez del género humano, el airado Centi- 



nela da su fallo sobre la incapacidad de los Je- 
suítas para educar la juventud americana. Y 
porqué? Porque son unos ingratos. Verdade- 
ramente podia señalar alguna razón ele las que 
tienen mas despacho en el mercado del vulgo 
pelagallos, y sobre todo una razón que fuera 
mas concluyente. No diremos que esa de la 
ingratitud es mala, pero mejores las podia ha- 
ber. Pero es el caso que por una cierta casua- 
lidad el Centinela dio con el decreto del Czar 
Alejandro I con que los Jesuítas fueron expul- 
sados de San Petersburgo. El Centinela ben- 
dijo la fortuna que le deparó tan precioso docu- 
mento y fundó sobre él el horroroso crimen de 
la ingratitud jesuítica. La Compañía fué reci- 
bida en Rusia cuando todos la expulsaban y el 
Papa mismo la suprimía, y sin embargo come- 
tió allí tales delitos que Alejandro tuvo que 
desterrarla de su capital. ¿Se puede conce- 
bir mayor ni mas abominable ingratitud? Ra- 
zón lleváis, Centinela amable; pero veamos qué 
dice ese decreto de expulsión. En resumidas 
cuentas el Czar no nos acusa sino de haber con- 
vertido á la fé católica á algunas personas del 
eisma ruso. ¿Y este es un crimen, y crimen de 
ingratitud? Pues por esa cuenta, y por la ra- 
zón contraria, hubiera sido gratitud suma y 
acendrada renegar del Catolicismo, hacernos 
popes rusos, y empezar á correr el mundo pre- 
dicando la fé del Czar. No faltaba mas. Las 
verdaderas causas de nuestra expulsión de ¡a 
Rusia Blanca no están contenidas en el decreto, 
ni queremos perder tiempo contándoselas al 
Centinela. ¿Para (pié gastar palabras con una 
gente que presume saberlo todo, y solo sabe ei 
modo práctico de hacer ddlars, aunque sea de- 
nigrando, insultando, disparatando, hablando á 
tontas y á locas, con tal que se llenen de alguna 
que otra cosa las grandes columnas del grau 
Centinela, y salga lo que saliere. 



Sentencioso está el New Mexican. Dos veces 
nos ha dicho que nuestras Cartas al Sr. Gr. W. 
Ritch se las han con un straiü man, es decir con 
un títere ó cosa parecida; y á la verdad nos sor- 
prende un lenguaje tan irrespetuoso hacia nues- 
tro Secretario. ¡Llamarle un títere! ¿Dónde 
estamos? También nos informa que si quisiese 
ir notando nuestras "bajas insinuaciones, per- 
versiones y mentiras," no le bastaría toda. 1 :;! 
vida. Pues á lo monos empiece Yd., caballero, 
y cuando se le acabe la vida ¡paciencia: mucha 
gloria será haber empezado. Añadió que si li- 
gamos á vivir aun una temporada, nos hallare- 
mos cogidos en nuestra propia trampa. Cuidado 
con las profecías, señorito: no sean que le salgan 
como la de antaño. Profetizó Yd. que nosotros 
haríamos infame al Territorio; y ya sabe qui< u 
\o hizo infame y como la infamia acabó con la 



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-16- 



suspension del excelentísimo Don Samuel B. 
Axtell under tenure of office act. Finalmente bar- 
runta el sagaz cofrade que, al paso que llevamos, 
estaremos respondiendo al Sr. Ritch por doce 
meses. Se equivoca Vd.: doce años queremos 
entretenernos en este asunto. O sino ¿cómo 
admirarían nuestros lectores todos los vastos 
conocimientos de la "historia pasada y presente" 
y toda aquella robusta aguda y aplastadora lógica 
del Señor Secretario? Concluye Vd. con que 
los "Neopolitan fsir) desterrados tienen toda- 
vía mucho que aprender," y es verdad. Una 
de las cosas que deseamos aprender es porqué 
el New Mexican se pierde en tanta fruslería y 
no dice una sílaba de lo que es sustancial. 



Dar una en el clavo y otra en la herradura 
parece ser la política de El Espejo. Después 
de haberse subido al nivel do los gaceteros ilus- 
trados echando pestes contra las escuelas secta- 
rían, cae en un tris en los abismos del "eclesias- 
ticismo,"diciéndonos cuan bien está dirigida por 
los Hermanos de las Escuelas Cristianas la Es- 
cuela Pública de Bernalillo, y cuan contentos 
esta'n todos con ella. Ya lo sabíamos. Pero si 
todos esta'n contentos, y si dan buenos frutos es- 
tas Escuelas Libres Religiosas, ¿qué nos venís 
contando que se han de abolir? ¿A quién han de 
satisfacer las Escuelas? ¿á los gacetilleros 6 al 
pueblo? 



Lo que decíamos en nuestro último número 
sobre la situación nada halagüeña en que se 
halla Inglaterra y del poco deseo que tendrá de 
un conflicto europeo, nos es confirmado por la 
relación de Mr. Cross á la Cámara de los Co- 
munes. El cuadro que nos pinta el Secretario 
del interior es muy sombrío. La crisis comer- 
cial por la cual está pasando aquel país es ter- 
rible; la miseria reina donde quiera y la indus- 
tria está medio paralizada. Tal es la condición 
en todos los grandes centros obreros de la In- 
glaterra y de la Escocia: en Edimburgo, Liver- 
pool, Manchester, Birraingbam, Sheffield, Stock- 
ton, Glasgow, Dundee, Bristol, Wollcr-IIampton, 
Duferline, Aberdeen y en el condado de Staf- 
ford. Entre tanto la guerra, por ahora de poca 
importancia, en el Afganistán continua. Las 
tropas inglesas, según se dice, no se pararán 
hasta que hayanse apoderado de Cabul. Se da 
también la noticia de que el Ameer ha abando- 
nado sus dominios abdicando en favor de su hi- 
jo Vekoob Khan. 



Nuestros suscritorea del año pasado habrán 
leido en el número del 23 de Noviembre, que 
el Whiiehall Review de Londres estaba publican- 



do en sus columnas una larga lista de los Pro- 
testantes ingleses, convertidos en estos últimos 
años á la fé católica. Pues bien, entre estos 
afortunados se ven los nombres de doscientos de 
la Universidad de Oxford y ciento cincuenta de 
la de Cambridge. El Trinity College de Dublin 
junto con la Universidad de Londres no ha 
dado mas de diez. Ochenta y cinco pertenecen 
al ejército y catorce á la marina. Se cuentan 
cuarenta y cinco jurisconsultos, trece Pares, 
veinte y cuatro esposas y cuarenta y siete hijos 
de Lores. -Hay además otras setenta y ocho 
señoras y otros treinta y cinco caballeros titu- 
lados. 



■ * »•» 



Un misterioso motin se ha levantado en Ru- 
sia entre los estudiantes contra el gobierno. 
Despachos de San Petcrsburgo anunciaron que 
un tropel de estudiantes habíase reunido en las 
cercanías de la residencia del Príncipe imperi- 
al, para presentarle una petición. Estando el 
Príncipe ausente, el Prefecto de la policía reci- 
bió la petición y les mandó que se dispersaran, 
diciéndoles que era ilegal su modo de proceder. 
Al mismo tiempo fueron tomadas varias medi- 
das por las autoridades, para asegurar el orden 
público. Noticias posteriores dijeron que los 
estudiantes de San Petersburgodiallábanse en 
grande agitación, y que reclamaban la libertad 
de sus camaradas, arrestados en Charkoff por 
motivo de ciertas demostraciones contra las au- 
toridades. Por fin el "Mensajero oficiar de 
San Petcrsburgo ha publicado una relación, en 
la que el gobierno da varios pormenores del 
levantamiento entre los estudiantes de la Capi- 
tal, causado por la noticia de que habían sido 
interrumpidas las escuelas en la Universidad de 
Charkoff, en consecuencia de una fuerte oposi- 
ción contra los nuevos reglamentos que se quie- 
ren introducir. Al cabo de varios dias de zo- 
zobra el tumulto llegó á su apogeo. Los estu- 
diantes diputaron algunos de sus colegas para 
que manifestasen al Rector que el alboroto era de- 
bido á la incertidumbre de si algo habíase hecho 
en favor de la petición presentada al Príncipe. 
El Prefecto de la policía de San Petcrsburgo 
hallábase con el Rector, cuando llegó la dipu- 
tación: él les dijo y volvió á decirles que su con- 
ducta era ilegal, y dio orden de separarse. La 
orden no fué seguida y por consiguiente túvose 
que echar mano de la fuerza armada. Doscien- 
tos fueron presos, los cursos han quedado sus- 
pendidos y se esperan nuevos disturbios. 



Delicioso fruto del Evangelio puro, predicado 
en la "libre Italia" por los apóstoles de la Refor- 
ma, es el asesino Passanante. Ahí va un ex- 
tracto del interrogatorio al que fue sometido ese 



-17- 



desdichado. "Se desprende de sus cartas que 
Yd. hubiera intentado matar á Napoleón III." 
— "Sí, porque su muerte hubiera sido una ben- 
dición para la humanidad." — "Cree Vd. en 
Dios?"— "Sí señor."— "Es Yd. Católico?"— "Lo 
fui una vez." — ¿"Qué es Yd. ahora?" — "Bíbli- 
co?" — "Quiere Yd. á su madre?" — -"La quiero á 
ella y á mis hermanas." — "Son ricas?" — "Si fue- 
sen ricas no les hubiera yo enviado socorros." 
— "Quién escribid sus manifiestos de Yd?" 
— "Los escribí yo mismo." — "Quién le did estas 
ideas?" — "Los libros que ho leído." — ¿"No le 
ayudo alguien á publicar sus manifiestos?" — ■ 
"Me ayudó alguno corrigiendo la gramática so- 
lamente." — ¿"Quién es este?" — "No quiero de- 
cirlo" — "Debe Yd. decirlo." — "Ycls. me pueden 
hacer pedazos, que no lo diré." — "Cual es su fé 
de Vd?" — "Dios y el pueblo." — ¿"En qué espe- 
ra Yd.?" — "En una república universal." 

El Doctor Pottjr dijo á sus Reverendos Her- 
manos Baptistas que sus misiones evangélicas en 
Europa solo sirven para derrochar el dinero. 
Pues, si la "Religión de la Biblia" produce Bí- 
blicos por el estilo de Passanante, parece que 
las misiones aquellas no sirven solo para des- 
pilfarrar sus propios fondos, sino también para 
enloquecer á la pobre gente que se deja coger 
en el garlito. 



Aritmética Bíblica ha de ser aquella con que 
cuentan sus adeptos en Roma los Evangelizan- 
tes de la Reforma. Sabéis como cuentan? De 
ese modo: van, por ejemplo, 10 personas al tem- 
plo: pues bien, multiplícase ese número por 3 
que representa el de los oficios religiosos del Do- 
mingo, y tenemos 30; luego multiplícase ese 30 
por 52, cuantos son los Domingos del año, y te- 
nemos la bagatela de 1.560. Luego se escribe 
á América, á Inglaterra, á los otros países, cu- 
yas Juntas de Misiones Extranjeras envían cuan- 
tiosas sumas é infinidad de Biblias á los infa- 
tigables Ministros, y se les dice, en informes al- 
tisonantes y relumbrones, que mil quinientas se- 
senta personas "han oído el Evangelio durante 
el año." El ardid es ingenioso. Figuraos el 
regocijo de las buenas Juntas al leer aquellos in- 
formes. ¡Mil quinientas sesenta personas que, 
en un año, han abjurado de las supersticiones 
papístícas, han cesado de adorar la Bestia, han 
visto la luz! ¿Como no se les ha de azucarar el 
corazón? — No es un Jesuita el que da esas noti- 
cias. Es un Ministro Baptista, el Rev. Potter, 
cuyo informe dice: "En Roma se lleva adelante 
el engaño (deception is practisedj multiplicando 
la misma audiencia por el número de los oficios 
y dando después el producto como el número 
de personas que han oido el Evangelio durante 
el año." Magnífico! 



U E1 Espejo" de Bernalillo y las Escuelas 
Libres. 



Decíamos en el último número de Diciembre 
que íbamos á entrar en el quinto año de nues- 
tra Revista, hallándonos en plena guerra. El es- 
cuadrón que nos veíamos parado en frente, al 
momento que escribíamos aquellos renglones, 
era formado por el Sentinel, el New Mexican y el 
Independent, con á la cabeza el Honorable Se- 
cretario del Territorio, el Sr. G. W. Ritch. Es- 
tos eran los enemigos con que pensábamos de- 
ber quebrar lanzas en este nuevo año de gracia; 
mas ni siquiera sospechábamos que vendría á 
aumentar las filas otro adversario, El Espejo de 
Bernalillo. A un tal anuncio no vayan á creer 
nuestros lectores que El Espejo haya empezado 
él también á dar vueltas y revueltas á los Dic- 
cionarios, para sacar de allí, á le de filólogo 
erudito, una retahila de las definiciones mas 
precisas, con que se les suele poner de lodo á 
los Jesuítas, y se los hace pasar por la peste de 
este mundo. No señores, nada de eso: no es 
cuestión ni de los Jesuítas ni de sus cosas; sino 
que trátase algo mas que no es la Compañía de 
Jesús, é injuriase una obra mucho mas veneran- 
da que no es la del Patriarca de Loyola. 

Por cierto el que quisiese, á fuerza de torcer 
el sentido de las palabras, purgar El Espejo de 
la nota que, atendida su manera de hablar, le 
corresponde, no saldría felizmente de su asunto, 
por mas que se devanara los sesos para lograrlo. 
Hablando en plata y sin rodeos, el artículo in- 
titulado "Discusión libre y escuelas libres." del 
21 de Diciembre, es á la vez un acometimiento 
violento contra la conciencia religiosa de estas 
poblaciones, y un insulto contra la obra de Cristo 
en la tierra, la Iglesia Católica, Apostólica Ro- 
mana. El nos parece como el exordio con que 
comiénzase á soltar, mas d menos disfrazada- 
mente, contra el Catolicismo aquel acostumbra- 
do ditirambo de bárbaro, ignorante, supersti- 
cioso, promovedor del fanatismo, etc., que para 
tragárselo es menester tener la cabeza al revés 
como los que lo cantan. 

Si El Espejo hubiese tomado la defensa de las 
escuelas libres y sin religión, basándose sobre 
falsos principios de economía social; nos habría- 
mos compadecido de él por su error, y acordado 
que también del entendido es el yerro. En tal 
caso le hubiéramos, quizá, dejado en paz; y, 
cuaudo mucho, hubiéramos procurado, por cuan- 
to está en nuestros alcances, sostener la verdad 
impugnando aquel sistema. Con todo nuestro 
ánimo de Católicos no habría quedado indigna- 
do, como es menester que lo sea al oir palabro- 
tas que huelen de suyo (no nos metemos en las 
intenciones) á negación de la fé de Jesucristo, 
que háse recibido y profesado en el Santo Bau- 
tismo. 



MHÉHHñÜ 






ssa 



-18- 



Pcro si esta salida de tono del órgano de Ber- 
nalillo habrá, sin duda, causado una justa indig- 
nación en cuantos Mejicanos se precian todavía 
del nombre y de la í'é católica; no lia producido el 
mismo efecto en los autores de todos esos escri- 
tos, en que la verdad se asoma con toda su agra- 
dable hermosura á la puerta de todos sus perío- 
dos. No cupieron de contento el SentiJiel, el 
JS r ew Mexican y el Las Vegas Gazietíe; y tal vez, 
por aquello de "alegría secreta candela muer- 
ta" nos aparecieron saltando de gozo en sus 
números respectivos del 28 del pasado. El ar- 
tículo de El Espejo sobre las escuelas sin reli- 
gión fué puesto en las nubes por su interés, su 
patriotismo, su filantropía y su lógica "maciza 
y cuadrada."' El Espejo ha dado en el clavo, 
tiene un concepto claro de la situación y lo ex- 
presa con un lenguaje enérgico, da una prueba 
evidente de ser amigo del pueblo y sobre todo 
de los pobres: con estas y semejantes fanfarro- 
nadas fueron elogiadas las sandeces de aquel 
papel. Así el periódico de Las Vegas con 
aquel otro santurrón de la cofradía santafecina, 
y el valiente Centinela de las Montañas Peñasco- 
sas. Muy al revés nosotros que usamos discurrir 
á nuestro modo añejo, y somos tratados de enre- 
dadores porque no nos suscribimos á los enredos, 
de traidores porque estamos con Dios y su Igle- 
sia, de enemigos del pueblo porque le queremos 
el verdadero bien, de contrarios á la civilización 
porque promovemos la verdadera. A nosotros, 
pues, sin mas acá ni mas allá, nos parece que al 
Espejo, después de haber mudado de cielo, le 
vinieron las ganas de tomar la cuerda y ajustar- 
se al tono de todos esos chocarreros que andan 
por el mundo, y que tienen la honradez, la religión 
y la ciencia donde la tienen las avispas. ¡Tanto 
como esto suelen distar unas de otras las opi- 
niones de los hombres! Y esto por aquel misino 
derecho inalienable, imprescriptible ó innegable 
de, libre discusión que tan campanudamente nos 
viene encomendando la prensa del Territorio. 

Ahora bien, apartando el grano y la paja, el 
artículo de El Espejo puede reducirse á las tres 
cosas siguientes: al establecimiento de un hecho, 
á una ilación, y al consejo de un remedio. El 
hecho es la grande ignorancia cu qué se halla la 
masa del pueblo, el cual ha quedado muy ilite- 
rato á pesar de que la Religión Católica ha do- 
minado el país por el espacio de tres siglos, y 
los Mejicanos han sido ampliamente proveídos 
de sacerdotes, "al menos numéricamente." La 
ilación, que de un modo implícito pero no me- 
nos claro deduce la lógica de FA Espejo, es que 
la causa de tanto mal fué la iglesia Católica. El 
remedio, en fin, aconsejado para reparar el re- 
ferido daño é inconveniente, esta' en las escuelas 
libres y sin religión, ó sea non-sectarian. 

Esto es, sin mas ni menos, el meollo del ar- 
ticulo tan encarecidamente encomiado por su 



lógica "maciza y cuadrada." ¡Ya'lganos Dios! Si 
esta es lógica "maciza y cuadrada" ya no en- 
tendemos lo que es disparatar. Sea dicho con 
paz vuestra, señores editores, y de vuestros pa- 
negiristas; vuestro raciocinio no concluye mas 
que este otro: al acercarse las fiestas de Noche 
Buena El. Espejo habló un lenguaje de renegado; 
luego la proximidad de dichas fiestas fue causa 
de tamaña ruindad. O si así lo queréis, presen- 
temos el mismo discurso bajo otro aspecto y sea: 
El Espejo después de no haber hablado con ir- 
reverencia de la Religión Católica, comenzó á 
proferir necedades contra ella; luego el no haber 
hablado irreligiosamente por lo pasado es causa 
de que así hable ahora en Bernalillo. ¿Ea, qué 
os parece de semejante discurso? ¿No es cosa de 
hacer que se caiga de risa al oirlOj aun el hom- 
bre mas sentado y compuesto? Y sin embargo 
tal es vuestro razonamiento: es cojo, no se tiene 
en pié por mas que lo apuntaléis. ¿Y por qué? 
Hé aquí la razón; oidla, y, si os agrada, haced 
tesoro de ella en lo porvenir. 

Es menester, pues, saber que entre las mu- 
chas maneras como se puede faltar á las reglas 
de discurrir correctamente, una es cuando se 
toma por causa de un hecho lo que solamente lo 
precede ó acompaña. Esc defecto nuestros sa- 
bios de otro tiempo lo señalaron cual sofisma, 
en el que tómase por causa de una cosa lo que 
en realidad no lo es. Entonces vuestro racioci- 
nio, señores editores, seria convincente y acree- 
dor á los títulos de lógica "maciza y cuadrada," 
cuando probaseis que la ignorancia de las masas 
populares de estos países es propio efecto del 
catolicismo profesado por ellas en el discurso de 
tres siglos. Esto fuera necesario demostrar; pero 
esto no lo demostrareis jamás, ni lo demostrarán 
vuestros admiradores, bien que apuréis todos 
vuestros esfuerzos y os fatiguéis las cabezas, 
meditando simplezas é inventando cuentos. De- 
jando lo mucho que podría decirse acerca de 
esto, tan solo os diremos que, si la ignorancia 
de estas poblaciones fuese propio efecto de su 
Catolicismo; en tal caso no habría pueblo católi- 
co que no fuera iliterato, por aquel famoso prin- 
cipio que una misma causa produce siempre el 
mismo efecto. ¿No es así? Ahora bien, es me- 
nester haber visto el ciclo por embudo para 
creerse y dar á creer semejante patraña. 

Vengamos, en fin, al remedio indicado por El 
Espejo. Según llevamos dicho mas arriba, el re- 
curso, el refugio para nuestro iliterato Nuevo 
Méjico hállase en esa conquista déla civilización 
moderna, en las escuelas libres, en las escuelas 
sin religión, en las escuelas non sedarían. 

No queremos entrar aquí en una discusión so- 
bre el sistema de dichas escuelas, ni mostrar 
con hechos á la mano lo que valen por su ínti- 
ma naturaleza. liaremos tan solamente una pre- 
gunta, y es: ¿porqué se propone un tal remedio? 



-19- 



La respuesta no es dudosa; ella dos es dada por 
el mismo periódico de Berñalillo. "Si queremos 
atraer capital, trabajo práctico y emigración in- 
teligente á la llegada del ferrocarril, debemos 
tener buenas escuelas donde la gente de todo 
credo religioso pueda atender con igualdad de 
derechos." Muy bien Espejo ilustre: esta es la 
Contestación que nos da Vd,, pero además de 
esta, hay otra que Vd., quiere que no quiere, 
debe (lar para quedar en conformidad con sus 
máximas. ¿Qué ha dicho Vd.? Hablando de la 
ignorancia ele este pueblo, ¿no ha echado la cul- 
pa á la iglesia Católica? Y si no, explíquesenos, 
en gracia de nuestra cortedad, lo que significa 
aquello: "Si alguno fuere tan intolerante y falto 
de sano juicio que objete á las escuelas públicas 
no sectarias; decidle que la religión predomi- 
nante del país ha sido suprema por tres siglos; 
....(y que) es un hecho conocido que la gran 
masa del pueblo se encuentra al fin del tercer 
siglo del eclesiasticismo y civilización latina, 
muy iliterata, muy ignorante .... Decidle tam- 
bién al impugnador que conocemos el resultado 
del pasado y de ningún modo podemos esperar 
lo peor en el cambio; sino que por el contrario 
ha} T toda razón en favor del establecimiento de 
estas escuelas públicas, como puede probarse en 
cualquiera parte del país fuera de Nuevo Mé- 
jico;" etc. 

Esto supuesto, una de dos, Espejo: ó Vd. cree 
que con el establecimiento de dichas escuelas 
sin religión el país seguirá conservándose cató- 
lico, ó no. Si Vd. afirma lo primero, le diremos 
que el remedio propuesto es inútil; ya que sien- 
do, según Vd., la ignorancia de estas tierras hija 
legítima del Catolicismo, claro está que nunca 
estas poblaciones podrán ser literatas mientras 
quedaren católicas. Si afirma lo segundo, enton- 
ces Vd. confiesa de su propia boca lo que de- 
seábamos, y hemos repetidas veces proclamado; 
á saber, que esas escuelas sin Dios no sirven, 
para otra cosa sino para arrancar la fé del cora- 
zón de los pueblos. 



Quinta Carta al Sr. G. W. Riten. 

Amable Señor: Esta vez nos presentamos á 
Vd. con corazón humillado y arrepentido, pi- 
diéndole sinceramente mil perdones por el des- 
aire que le hicimos en la última carta dando á 
entender que no había estudiado ó leído Vd. 
mas historia, que los Diccionarios de Domínguez 
y Salva. Nos equivocamos: mas historia ha de- 
bido leer Vd.; pero ha debido ser la historia del 
folleto, del diario, del almanaque, del drama, de 
la novela y hasta quizá de la Enciclopedia fran- 
cesa. Así es, que sus conocimientos de Vd. 
aunque muy vastos, no son proporcionadamente 
profundos; y están salpicados por aquí y acullá 



de las mismas sustancias químicas de líjereza, 
superficialidad, incoherencia, error, disparate, 
absurdidad, y otras de que estaban impregna- 
das las fuentes donde tuvo Vd. la desgracia 
de beber. 

Vamos á una prueba. Habla Vd. por tercera, 
cuarta, quinta, ó décima vez, pues no nos acor- 
damos bien, de la expulsión de los Jesuítas de 
todos los Estados civilizados, menos los Estados 
Unidos, y de su catástrofe final por la supresión 
que hizo de su orden el Papa Clemente XIV. 
Estas expulsiones, esta supresión son su aquíles 
de Vd., su caballo de batalla contra esa familia 
pestilente,, que parece no le deja respirar, ni 
cerrar los ojos, y acaso le tiene trastornado el 
juicio, lo que seria una verdadera lástima para 
la lógica, las letras y la "historia pasada y pre- 
sente." Tantos y tantos príncipes Católicos no 
han podido aguantar á los Jesuítas, dice Vd.; 
luego han de ser estos indudablemente la pe- 
sadilla del universo, la encarnación del malo. 
Examinemos este argumento: quizá tendremos 
otro destello de su robusta, aguda y aplastadora 
lógica. 

Hay en el mundo una urden poderosa, rica, 
influyente, numerosísima, conocida con el nom- 
bre de Masonería. Esta orden que hoy día im- 
pera gloriosa en todas las naciones, fué un tiem- 
po hostigada, perseguida, proscripta, condenada 
á vivir en tenebrosas cavernas como gavillas de 
ladrones y homicidas. Pues bien, ¿era inocente 
ó era criminal? Según nosotros, era lo que es, 
una muchedumbre de "sectas clandestinas, que 
con nombres diferentes conspiran en las tinie- 
blas contra la autoridad de la Religión, contra 
las leyes de la Iglesia, contra la potestad de los 
príncipes legítimos, y en una palabra adversus 
omne quod dicitur Deu$,' ) como la define un bri- 
llante escritor católico. Pero Vd., Sr. Ritch, 
Masón de tomo y lomo, no admitirá por cierto 
tal definición. Para Vd. la Masonería será una 
sociedad secreta, cuyo objeto es la beneficencia 
mutua y el estudio de las virtudes sociales. En- 
tonces ¿porqué fué perseguida? ¿porqué la 
proscribieron de sus estados, y fulminaron con- 
tra ella edictos y leyes tantos príncipes y go- 
biernos? — Porque eran tiranos, dirá Vd. Eso es 
falso: pero bástanos para nuestro intento. Sr. 
Secretario: los perseguidores de la Compañía de 
Jesús fueren todos tiranos. 

No hablamos del Papa. Clemente XIV no 
fué perseguidor; fué víctima de los perseguido- 
res, que le pusieron entre la espada y la pared. 
Los perseguidores fueron un tigre portugués: 
— Pombal: un pisaverde francés: — Ohoiseul: 
un zorro español: — A randa: los tres Filósofos: 
los tres miembros de la gran conjuración fra- 
guada para aplastar al infame, ya signifícala 
esta palabra Jesucristo, ó ya la Iglesia. 

Vd. es Maestro en Israel ¿é ignora estas cosas? 



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-20 



Vd. hace alarde de tanto conocimiento histórico 
¿y todavía presume afirmar que las sucesivas 



expulsiones de los .Jesuítas (tóbense á su "trai- 
ción á !os gobiernos?' - ' Escuche Vd. á unos his- 
toriadores <|ue no son Jesuítas, no son Católicos: 
sen Protestantes como Vd., pero algo mas doc- 
tas que Vd. y mas imparciales, por no decir mas 
honrados. 

ScHLOSSJHR, profesor de historia en la univer- 
sidad de Heidelberg, escribe en el T. J de su 
Historia da las revoluciones políticas y literarias 
d Europa en él sigh XVIJJ: "Habíase jurado 
un odio irreconciliable á la Religión Católica, 
incorporada con el Estado desde hacia siglos.*** 
Para llevar á cabo esta revolución interior, y 
para quitar al antiguo sistema religioso y católi- 
co su apoyo principal, las diversas cortes de la 
cusa Borbon, ignorando que con ello iban á po- 
ner la educación de la juventud en manos bien 
diferentes, se coligaron contra los Jesuítas. " 

Schcell, otro Protestante, se expresa así: 
'Una conspiración se había formado entre los 
antiguos Jansenistas y el partido de los Filóso- 
fos: ó mas bien, tendiendo esas dos facciones al 
mismo objeto, trabajaban con una armonía que 
se hubiera podido creer concertaban entre sí los 
medios de conseguirlo. Los Jansenistas bajo las 
apariencias de un celo religioso, y los Filósofos 
ostentando sentimientos de filantropía, trabaja- 
ban juntos para el derribamiento de la autori- 
dad Pontifical. Fué tal la ceguedad de muchos 
hombres bien intencionados, que hicieron causa 
común con una secta que hubieran aborrecido si 
hubiesen conocido sus intentos. Esas especies de 
yerros no son raras; cada siglo tiene los su- 
yos.*** Mas a' fin de derribar el poder eclesiás- 
tico era menester aislarlo, privándolo del sosten 
de esa falange sagrada que habíase dedicado á la 
el fónsa del trono pontifical, á saber, los Jesuí- 
tas. Tal fué la verdadera causa del odio que se 
juró contra esa Sociedad" (Curso de Historia de 
los Estados ¡'Jaropeos, t. xliv). 

Venga en seguida Ranke, asimismo Protes- 
tante: "Eq todas las cortes formáronse, en el 
si lo decimoctavo, dos partidos, de los que uno 
hacia la guerra al Papado, á la Iglesia, al Esta- 
do, y el otro procuraba mantener las cosas así 
como estaban y conservar la prerogativa de la 
Iglesia universal. VM" último partido era repre- 
sentado sobre todo por los Jesuítas. Esta Orden 
apareció como el mas formidable baluarte de 
los principios católicos: contra ella dirigióse in- 
mediatamente la tempestad" (Historia del Papa- 
do, t. iv). 

Sr. Riten, esos Protestantes alemanes hablan 
de esta manera porque no hacen consistir su 
erudición histórica en las definiciones de los 
iouarios, ni en las solemnes impostaras de 
escritorzuelos casquivanos, empujados por la 
sed del oro, ó de su popularidad, á vender su 



propia conciencia y traficar con la ajena: por- 
que, como dice el ya citado historiador Schcell, 
"odiar y perseguir*" á los Jesuítas "llegó á ser 
un título que daba el derecho de llamarse filó- 
sofo. ;: 

Según esos historiadores, que nada tenian que 
ganar ni que perder confesando la verdad, la 
persecución librada á la Compañía de Jesús no 
nació de ningún crimen ni de ninguna "traición 
á los gobiernos," sino al contrario de su inmo- 
bilidad en los "principios católicos,"' de su fide- 
lidad "al Papado, á la iglesia, al Estado." 

Sin embargo, pasarán siglos, y la vieja calum- 
nia no morirá. Después de G-. W. Iíitch, sur- 
girán otros para propagarla, y quizá sabrán ha- 
cerlo aun con mas talento. 

Hemos dicho que nuestros perseguidores fue- 
ron tiranos. Y es un hecho innegable que 
en la lista muy larga de nuestras expulsiones no 
se halla ni una sola que se haya hecho en las 
formas jurídicas establecidas cu los diversos 
países para proceder contra los criminales. 
Siempre la arbitrariedad, siempre la violencia, 
siempre las medidas excepcionales. ¿Cuándo se 
nos ha oído? ¿Cuándo ó dónde se nos ha permi- 
tido defendernos? Aun en nuestros dias de ilus- 
tración, de tolerancia, de igualdad universal de- 
lante de la ley ¿dónde están los procesos instrui- 
dos contra nuestra orden? ¿quiénes han sido 
nuestros jueces y nuestros abogados? ¿Qué tri- 
bunales nos han juzgado en Alemania y en Ita- 
lia,? Así lo quiero Yo Bismarck, en nombre del 
a ¡gusto Emperador Guillermo. Así lo mando 
Yo Garibaldi, en nombre del Rey caballero 
Víctor Manuel: y quizá oiremos mañana: Así lo 
ordeno Yo G-ambelta, patriota por los codos, en 
nombre de la República Francesa, lié aquí los 
códigos, los tribunales, los jueces, los jurados, 
los abogados ios testigos: helo aquí todo. Sic 
voló, sic jabeo, sfal pro raiione voluntas. 

¿Y Vd., Sr. Ilifch, Vd. (pie se jacta del nom- 
bre de libre, y de ciudadano Americano, y apre- 
ciador entusiasta de las instituciones patrias, 
Vd. tiene ánimo de admirar esos procedimien- 
tos, y quemar incienso ante sus autores, y atri- 
buir esos actos de despotismo barbaresco á la 
civilización de los paises donde se cometieron? 
¡Ay tic América si todos sus ciudadanos se pa- 
reciesen á Vd.! Vd. nos dice (¡ue los Estados 
Unidos han conservadlo su libertad á despecho 
de los Jesuítas. Xo señor: á despecho de Vd. 
y de sus parecidos los Know-noihings de otro 
tiempo y modernos, han conservado los Estados 
¡."nidos y conservan esa libertad. Y por eso 
mismo que los deletéreos esfuerzos knoic-notlt- 
ingistas han sido impotentes para destruir esa 
libertad, por eso cabalmente no han sido expul- 
sados nunca de esta tierra los Jesuítas; ni hay 
miedo (pie lo sean, mal (pie le pese á \'d.. mien- 
tras aquellos liberalisimos y tohrantisimQs, patrio- 



-21- 



tas no logren hacer pedazos la Constitución, en- 
mendándola á su modo, ó sustituyan la arbitra- 
riedad a la ley común, y el incendio y el niotin 
á la majestad de los tribunales. 

Otra palabra y concluiremos con esta carta, y 
con ella la revista de toda su "historia pasada'' 
de Vd., Plonorable Sr. Secretario. A proposito 
de Clemente XIV, dice Vd.: "Un escritor espa- 
ñol atribuye el asesinato de este Papa á los Je- 
suítas. "' De estas palabras el lector debe inferir 
que Glanganelli murió asesinado y que los ase- 
sinos fueron los Jesuitas. Ahora bien aquel Pa- 
pa murió de muerte natural; y el sentido común 
de la pobre humanidad le pone á Vd. y al "es- 
critor español" esta simple pregunta: Si los Je- 
suitas podian y querían matar al Papa ¿porqué 
no lo hicieron antes que este pusiera su firma al 
Breve de la supresión de la orden? Sabían de 
antemano que Clemente iba á lanzar el rayo ex- 
terminados les era tan fácil detener aquel brazo 
enemigo, eran tan brutos que ningún escrúpulo 
tenían de hacerlo, ¿y no lo hicieron? ¿y espera- 
ron á cuando ya de nada les podia servir su de- 
lito? A r erdaderamente su astucia proverbial les 
hizo falta en la ocasión mas solemne de su vida. 

Eso es lo que le dice á Vd. el sentido común, 
Señor Secretario. Vd. le contestará acaso que 
es un imbécil, un estúpido, un loco: pues no 
sabe que, en tratándose de Jesuitas, lo natural y 
lo propio es lo que hay de mas inverosímil, de 
mas absurdo, de mas monstruoso; pero el bueno 
del sentido común no queda satisfecho con esa 
contestación, y pide una á la historia, y hé aquí 
lo que esta le responde. 

Federico II, Rey de Prusia, Protestante y 
filósofo, pero que no admiraba todas las especu- 
laciones de la filosofía de otras tierras, escribía 
á d'Alembert en 15 de Noviembre de 1774: 
"Le ruego á Vd. de no prestar fé lijeramente á 
las calumnias esparcidas contra nuestros buenos 
Padres. No hay nada mas falso del rumor que 
ha cundido sobre el envenenamiento del Papa." 
Niega igualmente el hecho Beccatini en su His- 
toria de Pió VI, t. i; niégalo Cancellieri; niéga- 
lo el conde José de Gorani, ardiente fautor de 
la Revolución Francesa, y decidido enemigo de 
la Iglesia y de los Jesuitas; y en sus "Memorias 
secretas y críticas de las cortes y gobiernos de 
Italia" rechaza con desden esta fábula. Los 
Doctores Salicetti } r Adinolfi, el primero médi- 
co del palacio apostólico, el segundo médico 
ordinario del Papa, abrieron el cadáver, exa- 
mináronle, y redactaron un informe con fecha 
del 11 de Diciembre 1774, donde dan un men- 
tís solemne y oficial á la calumnia del envene- 
namiento: pero la calumnia no murió', ni morirá: 
¡tan verdadero es el axioma Voltairiano: Men- 
tid, mentid; algo ha de quedarsel 

Sr. Ritch, bueno seria estudiar un poco de 
historia antes de hablar de ella. Adiós. 



Eesignacion y confianza 

Hé aquí una hermosa página salida de la pluma 
de un escritor distinguido, y en la que respira la mas 
pura resignación Cristiana, y una confianza del todo 
filial en la Divina providencia. Erase una noche de 
invierno; el viento soplaba recio y la nieve había cu- 
bierto de blanco los tejados. Bajo uno de estos, es- 
taban sentadas en un angosto aposento y trabajando 
una mujer de cabello blanco y su única hija. De vez 
en cuando la pobre anciana calentaba á la lumbre de 
un braserito, sus manos descarnadas. Una lámpara 
de argila iluminaba esta humilde morada, y un rayo 
de la lámpara venia á expirar sobre una imagen de 
la Virgen, colgada á la pared. La tímida doncella 
alzando los ojos, miró en silencio un breve rato á la 
anciana, y después le dijo así: "Madre, Vd. no ha 
sido siempre tan pobre" y había en su voz una ter- 
nura inexprimible. Y la anciana respondió: "hija 
Dios es el dueño: todo lo que hace está bien hecho. 
Habiendo dicho estas palabras, calló un instante: 
después continuó así: "Cuando perdí á tu padre, ex- 
perimenté un pesar que yo creí sin consuelo: sin em- 
bargo me quedabas todavía tú, pero entonces yo no 
reparaba mas que en mi dolor, Después he pensado 
que si él viviese todavía, al vernos en tanta penuria, 
se le quebrantaría el alma de congoja: así he recono- 
cido que Dios habíase mostrado bueno con él." La 
doncella no contestó nada; pero inclinó la cabeza, y 
algunas lágrimas, que procuró esconder, cayeron so- 
bre el lienzo que tenia en las manos. La madre aña- 
dió: "Dios que se ha mostrado bueno con él nos ha 
dado también á nosotros muestras de su cariño. ¿Qué 
nos ba hecho falta, mientras tantos y tantos carecen 
de todo? Es verdad que hemos debido acostumbrar- 
nos á lo poco, y ganar eso mismo con nuestro trabajo: 
pero, ¿acaso no nos basta ese poco: ¿y no han sido 
condenados todos los hombres desde el principio á 
vivir de su trabajo? Dios, en su bondad, nos ha 
dado el pan de cada dia: y ¿cuántos no le tienen? 
Nos ha dado una casita: y ¿cuántos no saben adonde 
retirarse? Además El me ha dado á mí una bija 
como tú: ¿de qué podría yo quejarme? A estas úiti- 
mas palabras, la buena doncella, íntimamente con- 
movida, postróse á las rodillas de su madre, le cogió 
las manos, las cubrió de besos y reclinó la cabeza 
sobre su seno derramando lágrimas. Y la madre, 
haciendo un esfuerzo para levantar la voz: "hija, le 
dijo; la felicidad no consiste en poseer mucho, pero 
en esperar y amar mucho. Nuestra esperanza no 
está puesta en las cosas de aquí bajo, como tampoco 
lo está nuestro amor; ó si algo lo está, esto es sola- 
mente de paso. Después de Dios, tú lo eres todo 
para mí en este mundo; mas el mundo desaparece 
como un sueño, y por eso mi amor levántase con- 
tigo hacia otra tierra. Cuando yo te llevaba en mi 
seno, un dia rogué á la Virgen con mas ardor, y ella 
aparecióme durante un sueño, presentándome con 
una sonrisa celestial una niñita. Yo tomé la prenda 
que ella presentábame, y cuando la tuve en mis bra- 
zos, la Madre Virgen piísole sobre la cabeza una co- 
rona de rosas blancas. Unos meses después naciste 
tú; y la dulce visión estaba siempre presente á mis 
ojos." Diciendo esto, la pobre anciana rebosando 
de placer apretaba á su hija contra su corazón. Poco 
tiempo después, un alma santa vio subir al cielo dos 
luminosas figuras, y un tropel de ángeles que les a- 
compañaba y hacia resonar los aires de sus cánticos 
de alegría. 



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5»V^\^. Ji^WBtíLi 



-22- 



Cosas del día 

(idímanogue ¡fe /w.« amigos de Pió IX) 

— Oye, Autoüio. 

— ¿Qué quieres, Paco? y mira, no me entretengas. 
— Pues, eso quiero, que me digas á dónde vas tan 
apresurado. 
— Voy á misa. 



A. misa! 



— Nada mas natural: es dia do precepto, ya es tar- 
de, y no quiero quedarme sin misa. 

— ¡Que cosas tienes Antonio! tú siempre con tus 
rancias ideas. 

— Y ¿qué quieres, Paco? así me educaron mis pa- 
dres, asi crio yo á mis hijos, y así confio que enseña- 
rán á mis nietos. 

— No me hables de hijos, Antonio; estoy á causa 
de los mios que se me puede ahogar con un cabello. 

— Pues no parecían malos, hombre. 

— No lo parecerán; pero ¡ay! tienen unas ideas. . . . 

— Ideas ¿oh? 

— Disolventes. 

— Lo siento, chico. 

— Nada respetan. 

— Ya me hago cargo. 

— En nada creen. 

— Hacen muy mal. 

— De todo se burlan, y... ¡mi aflicción es muy 
grande, Antonio! ¡es indecible! 

— ¡Ay Paco! cree que te compadezco, mas á nadie 
acrimines por lo que te sucede. Mis amantes hijos 
se han educado de otro modo que los tuyos, y entre 
los divinos preceptos tienen muy presente el de "Hon- 
rar padre y madre." Y digo que de pequeños el Vi- 
contito sabes que era muy voluntarioso y algo des- 
cuidado en las prácticas religiosas, pero tú ya cono- 
ces á mi mujer: es muy buena; mas pata ciertas co- 
sas se ha mostrado siempre inflexible; y resultado, 
quo hoy Vicente es el modelo de sus hermanos; no se 
acostará sin pedírnosla bendición, y aquella está. . . . 
hombre .... en fin, que no coge en el pellejo. 

— Ya lo creo, Antonio. 

— Está remozada y hecha una chiquilla. 

— Pues la mia parece que tenga sesenta años de 
aviejada y enfermiza: ¡ya ves, con estos chicos que 
son una continua pesadumbre! 

— Habéis tenido descuidos lamentables, Paco, y 
pagáis las consecuencias. Hoy solo os resta sufrir y 
confiar en el cielo. 

— f Habes lo que he pensado, Antonio? 

—Tú dirás. 

— Que to acompaño á misa. 
— Tendré mucho gusto en ello. 

— Siento un peso en el corazón quo me ahoga. 

— Nada podrá aliviarte tanto como una fervorosa 
plegaria y una buena confesión. 

-Tienes razón, Antonio, y querría quo me dijeran 
luis perniciosos consejeros á dónde acude un padre 
atligido quo llora el desvío de sus hijos idolatrados' 
do sus hijos faltos de creencias. 

— Ton valor, Paco, y no te apoques de ese modo: 
esos (pie tú chas se encogerían de hombros, pero yo 
te digo: acudo al que lodo lo puede, y ten confianza 
y resignación. 

— Vamos á la Iglesia, Antonio, y perdóname quo 
de tí me. burlara, siquiera porque ahora to digo: ¡ben- 
dita la hora en quo te he encontrado! 



EL DIA DE REYES. 



— — — ■ -^- w -^ ■ 

(Segunda' parte de La Noghe DE NAVIDAD). 

— ¡Con dinero mo queréis pagar! exclamó indignada 
la viuda, ¿a mí. (pie fie testado de cuanto tengo en fa- 
vor de mi hijo adoptivo? . Así es (pie no me lo podéis 
arrancar sin causarle un gran perjuicio. ¿Dónde, señor, 
lia de estar el niño e.mo á mi lado? 

— Al lado de su padre, señora, (pie ¡í la fuerza lo ha 
de querer mas. Ven, hijo mió de toda mi alma, que soy 
tu padre. 

El militar qnisolsoger al niño en sus brazos, pero es- 
te asustado se asió con fuerza al cuello de su madre. 

— Ya lo veis, exclamó esta, ya lo veis que no quiere 
dejarme. 

— Será preciso, repuso el militar exasperado. 

— Pues procuradlo por justicia, y pleitearemos, por- 
que solo á la fuerza me lo (potareis. 

— V ¿qué tribunal no otorga su hijo á un padre que 
lo reclama? 

— -El de la conciencia, el de la justicia, señor, que no 
deben reconocer el derecho que tiene á una cosa aquel 
que la abandonó y arrojó de sí. 

— ¡No fui yo, por vida mia! 

— El niño estaba á mi puerta arrecido, gimiendo y 
abandonado. 

Mientras esta acalorada y aflictiva contienda tenia 
lugári habia llegado Florín, que en el patio absorto la 
escuchaba con la lia Pavona. 

— Aquí de Salomón, dijo esta al alguacil. 

— Tía Pavona, contestó este, siempre sucede así: en 
aquello «pie tiene uno puestos los ojos, viene el diablo 
y se lo. lleva: lo propio me sucedió cuando se murió mi 



os! 



mujer. 

— ¡Toma! ¡y á mí con mis mj< 

Entre tanto el militar habia dado unas vuelta.- por el 
cuarto. El alejamiento que le habia demostrado su hijo, 
habia hecho correr poH aquellas atezadas mejillas dos 
lagrimas, quizís las dos únicas que en su vida huí 
vertido: de repente paró de. ante de la viuda. 

--Señora, dijo volviendo ;¡ su tono marcial, ni vos 
queréis soltar al muchacho, ni vo me lie de avenir á 
quedarme sin mi hijo; pues, señora, vamos ¡i parcería, y 
<pie sea de los dos: si quiere V. al nifio por hijo, tome 
Y. al padre por marido. 

Al oir hablar de marido, la viuda hizo un gesto y 
una exclamación de repulsa. 

— ¡rlesus! ¡Jesús! ¡Casarme! No lo permita Dios. 

— Pues venga el niño. 

— Dejadme, por Maria Santísima, y vivid la" casa de 
junio. 

—¡Pues no! ¡Tendría que ver! ¡Pe visita vendría yo 
á ver ;i mi hijo! ¡de plantón á la puerta hasta que me 
la abriesen! Nada de eso: ó entro yo, ó sale él. 

— l'ues vengase Vd. ;¡ vivir acá, sin que sea preciso 
por eso casarnos. 

— ¿Alojado? No. señora, no quiero patrena, (pie quie- 
ro mujer; y si \'d. no quiere ser la mia. busco otra, y 
madrastra tendrá el niño. 

— ¡"Maria Sautí .-ima! ¡.Ni que Vd. lo piense, mal pa- 
dre! ¡Hijo de mi alma y de mi corazón! 

— l'ues sea Vd. su madre con mil de á cala, 
maldito lo que creo en ese cariño. N<> le haga Vd. tan- 
to feo á un marido, señora, que la ■ casadas Be van á la 
gloria por el mismo camino y con la misma mortaja 
negra que las viudas, porque en cuanto á la palma vo- 
laverunl. 



23- 



avóna. ¡Qué Labia de 
mató el francés! ¡Mal 



— ¡Jesús! señor, que me está Vd. poniendo entre la 
espada y la pared. 

— ¡Cabales! Así escoged, en la inteligencia que esta 
espada está bien templada, que nunca ni se sacó SIN 

RAZÓN, NI SE GUARDÓ SIN HONOR (1). 

— Pero caso que me echase las bendiciones, como 
tanto me cuesta el dejar el estado honesto, me parece 

— Nada de simulacros, señora, interrumpió el militar 
Vd. se casa para ser mi mujer, ó yo me llevo á mi hijo, 
y hasta del lugar me lo había de llevar, si no fuese este 
mi pueblo. 

— ¿Pues qué? ¿sois de aquí? 

—Sí, señora, aunque falto de nú casa desde treinta y 
dos años; y después de hallar á mi hijo*, voy en busca 
de mi madre, que lo que es mi padre ya sé que murió, 
en gloria este. 

— Pues. . .¿cómo se llama Vd.? 

— Andrés Pavón, para lo que Vd. guste mandar. 

— ¿Hijo de mi tio el carpintero de baseo, Mateo Pa- 
vón? 

— El mismo, en propia persona. 

— ¡Tia Pavona! ¡tia Pavona! gritó Beatriz; acuda Vd. 
que aquí tiene Vd. á su hijo! 

La tia Pavona entíó, y Beatriz repitió la frase. 

— ¡Anda á paseo! dijo la tia, I 
ser mi hijo, si entrambos me ios 
dito sea! 

— Señora, dijo el militar dirigiéndose á su madre: ¡yo 
soy Andrés, yo soy Andrés! 

— Oiga, melitar, repuso con muy mal gesto la tia Pa- 
vona, diviértase su merced con el rabo de un gato, y no 
con una mujer respetuosa. Sobre que todo lo quiere su 
merced ser: padre del niño, - marido de Beatriz, y por 
último hijo mió. ¡Vaya con. el guasón! 

--Pues.. . dígole á Vd. que estamos bien, exclamó 
con impaciencia el militar; ni mi hijo me quiere recono- 
cer por padre, ni mi madre por hijo. Señora V. se llama 
Andrea; mi padre (E. P. D.) Mateo, mi hermano José. 
y yo Andrés. Usted siempre fué mas cascarrabietas que 
un sordo; y mi padre, que era su merced chilindrinero, 
le habia sacado una cantinela que le cantaba con un 
sonsonete, dando con el martillo en el banco: 

Andrea. . . 
Mala ralea. 
Muda te vea! . 

Al oir estas vil timas señas mortales, la tia Pavona 
convencida se echó al cuello de su hijo hecha un mar 
de lágrimas. 

— ¡Hijo mió! ¿pues no te mató el francés? repetía en- 
tre sollozos. 

— Señora, ¿quiere Vd. que le enseñe la fé de vida? 
Ahí la traigo, que la necesito para cobrar la paja. 

— Pero. . .¿cómo escapaste del francés, hijo de mis 
entrañas? 

— Matando al que me quería matar á mí, sin andar- 
me con aquí las puse. Ea, pues, todo está bien y á la 
trinca; tocio me lo. hallo encasa, madre, hijo y mujer, 
porque ha de saber Vd., madre, que me caso con Bea- 
triz, y cate Vd., añadió señalando el niño, el Padre cura 
que nos casa. Bien ve Vd. que en esta casa hacia falta 
un hijo, un padre y un marido, Todo lo traigo en una 
pieza, como quien dijera el fusil, la baqueta y la bayo- 
neta. Y sepan Vds. que el que aquí se presenta, tiene 
bien ganadas y bien adquiridas una charretera, una cruz 
y cien mil reales. 

(1) Loma de las antiguas espadas hechas en Toledo. 



La tia Pavona se puso á persignarse con ambas ma- 
nos y á bizquear de los dos ojos. 

— ¿Con que. ese niño es hijo tuyo? 

■ — Y de Vd. nieto en línea recta y legítima, como 3-0 
su hijo, respondió el militar abrazando con entusiasmo 
al niño, que con su vestido de ángel aparecía ahora co- 
mo el de la paz entre los dos contrincantes. 

— ¿Qué tal,' Mae Pavona, dijo Beatriz, si no hubiese 
yo recogido al niño aquella noche? 

— ¡Ay! cogtestó la feliz vieja: ¡qué bien te dijeron cu 
aquella ocasión, que quien Lien Jiace, para sí hace! 

Ni un terromoto hubiese conmovido mas á aquel pa- 
cífico pueblo que la cuádruple alianza de noticias que 
como un pájaro de lijeras plumas salió á volar por el 
lugar. 

Primera. Habia llegado un teniente capitán. 

Segunda, Era este el padre del niño de la tia Bea- 
triz. 

'Tercera. Era igualmente el hijo de la tia Pavona. 

Cuarta. Y era además marido para la viuda incasa- 
ble. 

La barriga del alcalde tuvo un movimiento de oscila- 
ción muy marcado. Intentó protestar contra esta toma 
porasalto.de una plaza que él tenia pacíficamente si- 
tiada desde doce años, pero se contuvo pensando que 110 
era ni prudente ni patriótico poner en lucha abieita las 
pretensiones 3^ derechos civiles con los militares. 

Se hizo una boda (pie fué sonada. En la cena hubo 
brindis, cantos é improvisaciones. 

El barbero compuso un trobo ó romanee, en que de- 
cía, que si el Niño Dios le deparó un niño desnudito y 
pobre como él á la viuda, los Reyes, por premiarle la 
buena obra de haberlo recogido, le depararon un mari- 
do que traía una gran parte de la plata del Perú, v un 
corazón abrasado en llamas, como una barrica de alqui- 
trán en la noche de san Juan. 

El vino puso al teniente capitán muy alegre, y al al- 
calde mivy sentimal. 

Cuando le tocó su vez de cantar, rebosó su melanco- 
lía en esta copla; 

Confórmate, corazón, 
A padecer y penar, 
Pues quisiste á un imposible. . . 

El militar acabó la copla, con una voz como una cor- 
neta, con estás palabras: 

Que se llevó un militar. 

-Añadiendo en seguida esta otra: 

.¡Qué lastima de carita, 
Que fuese para un paisano, 
Pudiéndosela llevar 
Un soldado veterano! 

— ¡Qué demonio de hechizo tiene la gente de tropa, 
— decía, con un suspiro que hizo vacilar la Mama del 
velón, el alcalde á la recien casada viuda, — que no ha- 
cen mas que llegar y pegar! . . . 

Andrés Pavón, (pie lo 03 - ó, contestó muy pronto con 
esta copla: 

Es táctica 3' no es hechizo, 
Es el saber atacar, 
Y aunque manden retirada. . . 
No hacer caso, y avanzar, 

La tia Pavona fué tanto lo que gozó aquella noche 
en ver unidas á las dos personas que mas quería, que se 
rejuveneció como el Fénix, vivió veinte años mas, y 
murió ha poco de noventa y cuatro años, dejando á 
Florín veinte duros. 

Fernán Caballero. 



J 



> 



-24 



JL-J- 



LA POBRECILLA DE OASAMAÉL 



(Continuación — Pág 599-600 .) 

La otra calló; pero no dejó de mirar á todos lados 
asombrada del pavoroso espectáculo que todo eu su 
derredor se oírecia. Y eu efecto era para erizar los 
cabellos el hallarse de noche al borde de aquellos es- 
pantosos precipicios, al resplandor de la luna, que ex- 
tendiendo sus rayos por aquellas estrechas gargantas y 
esmaltando con un tinto argentino aquellas escarpa- 
das alturas, concluía por apagar su luz en la profun- 
didad de aquellos abismos. — Valor, hija mia, le volvió 
á decir la segunda quo habia Labiado; andemos, pues 
puedes resfriarte. — Y tomándola por la mano tanto 
la animó que llegaron por fin á la boca de la gruta al 
lado de la que estaba edificada la capilla de Nuestra 
Señora. Después de dar un profundo suspiro; ambas 
se pusieron de rodillas é invocando con las lágrimns 
en los ojos el amparo de la poderosa Consoladora de 
afligidos empezaron á rezar en voz baja el rosario. 

Caro lector, es probable que ya reconocieses en es- 
tas dos nocturnas romeras y quizás en la mas tímida 
á la pobre huérfana de Peregrino, á la que ha tiempo 
habías perdido de vista. 

Justamente era la misma. Y aquella que la acom- 
pañaba y que le servia de guia, ¿queréis saber quién 
era? Era su nodriza la buena Catalina, que en Vero- 
li con amor mas propio de hermana que de criada 
l'.abia asistido durante tres meses en su enfermedad á 
Juana, enjugándole los sudores de la agonía, cerrán- 
dole los ojos y acomodándola en la caja mortuoria. 
¿Y quieres saber también de dónde venían? De Colle- 
pardo, que era un miserable villorrio situado al Sud- 
oeste de la Cartuja, conocido solo por su maravillosa 
gruta de estalactitas. Lo demás ya lo sabrás mas 
adelante. 

Concluidas sus oraciones besaron el suelo, y pues- 
tas eu pié permanecieron aun rezando cada una en 
lo íntimo de su corazón. Si se exceptiía el sordo cru- 
jido de las alas de los murciélagos que por allí revol- 
teaban, los tristes ayes de un mochuelo, el lejano 
bramido del torrente que se precipitaba en el fondo 
del abismo, y el suave susurro del arroyuelo que na- 
cía en la caverna, era tal y tan profundo el silencio 
que reinaba que la una sentia respirar á la otra. 

En esto la campana do la Cartuja dio los primeros 
toques del alba y su eco se repetía entre aquellas es- 
oarpadas peñas hasta dos, tres, cuatro veces.— Ea, 
hija, dijo Catalina, separándose de la boca de la cue- 
va; vamonos quo podemos no llegar á tiempo. 

— Sí, marchemos; respondió temblorosa la joven, a- 
quien aquel melancólico toque parecía una voz do 
muerte, que le renovaba la memoria de sus caros di- 
funtos, llorados por ella con lágrimas inagotables. 

Caminando casi á tientas, trepando y agarrándose 
á cualquier asidero que se les presentase, llegaron 
pi ir lin á un sendero quo serpenteaba entre dos hileras 
lie espinos y otros arbustos silvestres, pero al buscar 
el paso para entrar en un prado quo á su vista so 
ofrecía todo iluminado por la luna, vieron á corta 
distancia unes bultos que se movían y que al parecer 
les saliau al encuentro. Licúas de espauto se para- 
ron, so pegaron Ja una á la otra, y estremecidas y 
convulsas sin mas ánimo quo para invocar á Dios, so 
esforzaban per reconocer los objetos que se les acer- 
caban. No tardaron en ver (pie eran dos hombres; 
quisieron dar un grito; pero les faltó el aliento. En- 
tonces uno do aquellos desconocidos, causa de tanto 
terror, dio un paso atrás, dijo una palabra al oido do 



su compañero, descubrió una linterna sorda que lle- 
vaba y adelantándose rápidamente hacia las mujeres, 
lanzó sobre sus rostros todo el reflejo de la luz. Las 
infelices á aquel repentino resplandor creyeron ver 
brillar una espada, y que se les apuntaba una pisto- 
la. — ¡Por Dios, no no¡¿ matéis! gritaron con todas sus 
fuerzas. 

XLVI. 

Que Peregrino habia muerto, que la hija habia 
desaparecido repentina y misteriosamente de la casa 
de Vito y Filomena, y que como unas cuatro sema- 
nas después, al dirigirse de noche desde los barrancos 
próximos á Trisulti. al monte Castello en compañía 
de su nodriza habia tenido un aterrador encuentro, 
nuestros lectores lo saben; pero solo al vuelo; por lo 
que creemos que no será fuera do propósito, que de 
estos sucesos les demos mas detalladas noticias, an- 
tes de proseguir con el hilo de nuestra narración. 

Solo oncexlias sobrevivió Peregrino á aquella visi- 
ta de Trajano en que tantas promesas, ofertas y 
seguridades se cambiaron en favor de Maria Flora, 
quien perdido el padre quedaba huérfana sola y aban- 
donada en medio de un campo. Penosísimos fueron 
para Peregrino aquellos dias, y sin embargo él desea- 
ba que se prolongasen, no para otra coso, quo para 
proveer á la salvación de su hija; por lo que no cesa- 
ba de abrirle su pecho y de suplicarle con las lágri- 
mas en los ojos, que tan pronto como él muriese so 
fuese á Roma y se acomodase en casa de aquel señor 
tan bueno y tan religioso, que le seria como otro pa- 
dre, así como en la mujer encontraría una segunda 
madre y en las hijas otras tantas hermanas. Maria á 
estos consejos y á estas afectuosas súplicas, que 
el padre venia inculcándole siempre que el mal 
le daba alguna tregua, contestaba fríamente y 
esquivaba toda respuesta categórica procurando mu- 
dar de conversación. Le parecía que su padre en 
aquellos instantes no estaba en su cabal juicio; y 
ciertamente Peregrino después de aquel gran susto 
que sufrió cuando fué la invasión de Casamari, no se 
habia vuelto á reponer y á cada paso caiaen deliquios 
y hasta hablaba con gran dificultad, porque íc le ha- 
bia hinchado la lengua. 

Una noche (y fué la que precedió al ataque de 
Bauco) ya bastante tarde, al tiempo que Maria antes 
de acostarse, se acercó á la cama del padre para dar- 
lo de beber y arreglarle las almohadas, este ponién- 
dose á mirar para ella fijamente á la luz de un farol 
quo tenia al lado; ¡Dios te bendiga! comenzó á balbu- 
cear con el semblante vivamente conmovido; sí, te 
bendiga por el amor que me has demostrado hasta lo 
último, y por la asistencia quo me has prestado. Bien 
lo ves, hija mia, yo estoy al fin de mis sufrimientos y 
muy próximo á entregar mi alma al Señor: quisiera 
alegrarme por esto; porque después do haber pasado 
48 años entre espinas, anhelo las rosas de la terui- 
dad. Poro 

— Y las tendréis; ¡oh! de esto estoy muy segura; lo 
interrumpió limpiándole la frente con una punta do 
la sábaua y pasándolo al mismo tiempo la mano pol- 
los cabellos como para acariciarle. Vos, la pobre ma- 
má y Guido, seréis allá arriba nuestros ángeles, ¿no 
es verdad? 

— No pensaremos masque en tí, en Félix y cu Oto- 
lio v no haremos mas que pedir á Dios que so digno 
aplacarse y quo os perdone á vosotros. ¿Mas tu has 
de hacer mi voluntad, has do ir á Roma á donde to 
he dicho y esperar allí las disposiciones de mi prima, 
tu madrina? 

( Se coniinuará.) 



-S-=££§^ 



Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 



18 de Enero de 1879. 



3. 






SO 



SUMARIO. 

Cbónic.s. General— Sección Piadosa: Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Semana— San Canuto Rey y mártir. — Actualidades: — 
Palabras de James A. Bennett acerca de los Indios— Acompaña- 
miento de los Jesuitófobos— ¿Cómo estamos de embriagnsz?— Nue- 
va táctica— Charlatanería— Un bonito argumento — Intenciones 
pacíficas de León XIII — Adelantos ferrocarrileros— .Glfi.ds.toue ñau- 
sa á la Iglesia Católica — Un psso atrás— Sexta Carta al Sr. G. W. 
Kitch — Un consejo á propósito de un hecho — Una Misión en Be- 
lén, N. M. {comunicado) — Correspondencia do París {al Propága- 
tela- Caiholique) — La Pobrecilla de Casamnri. 



K 



Honras Fúnebres. — Muy solemnes fueron las 
que se celebraron el Martes de esta semana en nues- 
tra iglesia parroquial por el eterno descanso de la 
finada Da. Dolores Sandoval de Baca. La Iglesia 
estaba profusamente iluminada, el catafalco adornado 
con mucho gusto, y el concurso de la gente crecido y 
escogido. 

Ásniío. — La noche del dia seis del corriente una 
banda de Indios asaltó el Fuerte Cummings y des- 
pués de haber matado á dos hombres, lleváronse una 
manada- de caballos del Sr. S. F. Lyons. Se telegra- 
fió inmediatamente al Fuerte Bayárd, y luego salió 
un piquete de soldados en pos de los malhechores. 

líesén-den esa las Vegas. — La noche del Sá- 
bado once del corriente cuatro individuos de los 
recién llegados, armados y enmascarados penetraron 
en la habitación donde dormían apaciblemente nueve 
otros emigrantes, y los amenazaron á todos con la 
muerte si no entregaban inmediatamente lo que te- 
nían. En esto uno de ellos se adelanta para registrar- 
los, mientras los demás con las armas en las manos 
guardaban una posición amenazadora. El resultado 
de esa acción tan heroica fué el robo de ciento cin- 
cuenta pesos que quitaron á aquellos infelices. Se 
presume que el autor principal de ese crimen haya 
sido un desconocido quien había recibido de los mis- 
mos, á quienes robó, varios beneficios durante el ca- 
mino. 

El dia siguiente el autor de ese robo fué acusado, y 
habiéndosele hallado culpable fué puesto bajo fianzas. 

Oís*© €lesoa*i3eii esa Saasta IFé. — Del Sentinel 
de Santa Fé sacamos que el dia cuatro por la noche 
un cierto Charles Martin, fletero americano, descargó 
su pistola contra un Felipe Trujilló. Según Martin, 
él fué acometido por Felipe con un golpe de piedra y 
por esto usó de su arma. Felipe al contrario afirma 
que él fué herido antes que echase ninguna piedra. 
Según el Sentinel, la verdadera causa de este desorden 
fué la acción del Whiskey. 

Mas vale íaa*i!e «pse Baaaaaea. — El emperador 
Guillermo reconoce que la disminución del espíritu 
religioso en el pueblo es, al meuos en parte, causa de 
los peligros en que hállase al presente el imperio 



germánico, y dice que es preciso introducir reformas 
en este sentido. Así lo declaró en el Beiclistag prusia- 
no y sus palabras fueron recibidas con aplausos por 
el centro católico. 

La "libré Síalir.** — En el parlamento italiano 
se ha presentado un nuevo provecto de ley proveyen- 
do que los matrimonios deben contraerse delante 
de la autoridad civil antes de ser solemnizados por la 
Iglesia. Los sacerdotes, que osasen celebrar un ma- 
trimonio sin haberse antas cerciorado que los contra- 
yentes han cumplido ya con lo que prescribe esa ley, 
serian por la primera vez castigados con una multa 
que no exceda 100 pe ios, y en lo sucesivo con una 
detención en la cárcel que no pase de seis meses. 
Asimismo los que se atreviesen á contraer su matri- 
monio delante de la Iglesia, antes de contraerlo 
delante de la autoridad civil, estarían sujetos á mul- 
tas, y en caso que el matrimonio no se celebrase mas 
ante la autoridad civil los hijos serian considerados 
como ilegítimos. 

MiisiofiBes. — Acaban de darse en Chicago dos mi- 
siones por tres padres de la Compañía de Jesús. En 
la primera hubo dos mil comuniones y en la segunda 
unas tres mil. Diez y seis protestantes abjuraron sus 
errores. — Otra misión se ¿lió en Eeaven Church de 
Boston, la que predicaron los PP. Dominicos y hubo 
2,700 comuniones. 

«faisíieia esa Tasa°c$aa£a. — Gracias al apoyo 
prestado á los católicos de Erzeroun (Turquía) por 
los representantes de Inglaterra, Francia y España, 
se cree que serán castigados los musulmanes que han 
atropellado á varias poblaciones católicas de aquella 
provincia. 

Alesaíaíl© de fi'obo. — El dia 28 de Diciembre 
tres salteadores pararon el coche en la Jornada del 
Muerto, veinte millas al norte del Fuerte Selden. Re- 
husándose el conductor satisfacer á las injustas pre- 
tensiones de los agresores, empezaron estos á hacer 
fuego hiriendo algunas de las muías. Afortunadamen- 
te hallábase en el coche el capitán Bynerson y, gracias 
á un buen fusil que llevaba consigo, pudo sostener un 
fuego tan continuo que dejó suficientemente chamus- 
cados á los ladrones y los ahuyentó. 

Seaaáetaeiaslo ai aaa'iaes'se. — En la corte de dis- 
trito de Pueblo, Víctor Nuñez, asesino de Luis Ras- 
cón, ha sido convicto de homicidio en primer grado, 
y por lo tanto condenado á muerte. Si no hay indulto 
de parte del gobernador, la sentencia deberá ejecutar- 
se el viernes veinte y cuatro del corriente. 

r¥evaalas. — Los torbellinos de nieve han sido 
muy frecuentes en el Este. En varias partes los 
trenes han quedado bloqueados por la mucha canti- 
dad de nieve y no han podido ir adelante sino des- 
pués de unas cuantas horas de detención. 

lieeepeioaa esa el Vaíáeaaaa. — El Santo Pa- 
dre recibió en el pasado Diciembre á una di] litación 



-8tt- 



de la Asociación Romana por los intereses católicos. 
Al discurso leido por el príncipe Rospigliosi contestó 
c.m palabras llenas de dulzura; manifestando el sumo 
consuelo do (pie rebosaba su corazón al verlos en su 
derredor, para atestiguar su amor y sumisión al Vica- 
rio de Jesucristo en esos tiempos tan críticos para la 
Iglesia. Después exhortó á todos los miembros á la 
unión la cual produco la fuerza, y por lo mismo ase- 
gura la victoria, y finalmeute, habiéndoles encomen- 
dado muchas obras buenas, y en especial la educación 
cristiana de la juventud, el apoyo á la prensa católica 
y el restablecimiento de las prácticas de piedad en 
medio de la clase obrera, dio á todos su apostólica 
bendición. 

¡i*oí>:*e ¡Haíia! — La condición de Italia es ver- 
daderamente muy alarmante. Los internacionalistas 
parecen determinados á una revolución. Se dice que 
tienen ya cuantiosas sumas de dinero y muchos miles 
de rifles. Las bombas y motines de Pósaro, Genova, 
San Sepulcro, Bolonia y de otras muchas ciudades 
manifiestan demasiado sus malas intenciones. En 
liorna tuvieron que tapiarse las ventanas del Palacio 
del Ministerio del Interna para asegurarlo contra las 
explosiones de dinamite tan familiares á los interna- 
cionalistas. 

$$$«**iraiiJisiiio •Bí'sagátfieo. — Los Padres Je- 
suítas de Chicago están levantando un suntuoso edi- 
ficio del valor de treinta mil pesos cerca do su Iglesia 
de la Sagrada Familia para biblioteca y sala de lectura 
en beneficio de las congregaciones que ellos dirigen 
en aquella ciudad. 

Xíiaiírsasíao.- — El Emüy B. Somier que salió de 
New York el dia ocho de Diciembre para Turks Island 
y Santo Domingo naufragó á la distancia de dos dias 
de New York. Todavía no se sabe nada de los pasa- 
jeros y oficiales del equipaje, mas los pocos marineros 
que se salvaron piensan que los demás se ahogaron 
todos. 

Misiones <le África. — Se ha establecido en 
las vecindades de New York un colegio para la for- 
mación de misioneros irlandeses destinados á llevar 
la luz de la fé en medio de los salvajes de África. El 
colegio ha sido confiado á los cuidados del Rev. Pa- 
dre OTIaire sacerdote celoso y ejemplar, y se espera 
que encontrará las simpatías de todo buen católico, 
siendo esa obra destinada á uno de los mas nobles 
fines que la Iglesia pueda proponer á sus devotos 
hijos. 

Congreso católico. — A fines de Diciembre se 
celebró en Lila (Francia) un congreso católico presi- 
dido por el ilustrísimo obispo Monseñor Mermillod y 
honrado con el concurso de muchos miembros de la 
Aristocracia francesa. Entre otras cosas do mucha 
importancia trató de la santificación de los Domingos 
y de la educación católica de la juventud, tomándose 
sobre una y otra cosa sabias resoluciones para con- 
trapesar las tendencias antireligiosas de nuestro 
siglo y favorecer todas las buenas obras que se están 
llevando á cabo en Francia para el triunfo de la cau- 
sa católica. 

Cuidadlo con el azúcar. — El dia 21 del pasa- 
do Diciembre el Presidente Chandles reportó á la 
comisión sanitaria de New York haber él hallado en 
dos onzas do azúcar blanca y amarilla una cantidad 
do metal, aunque no pudiese asegurar si esa cantidad 
es suficieuto para hacerla peligrosa. 

fl^esasf r«*s. — Tres locomotoras salieron de las 
rodadas en la linea de New- York y Oswego cerca do 
Faltos y quedaron muertos dos empleados. — El 
Baokwaier do Faltón inundó los arrabales do faltón. 
So dice cpio unas cien familias se verán obligadas á 
abandonar sus casas. 



VA E'apa y Alemania. — El Osservalore ii>, ma- 
no publica una carta del Papa dirigida al Arzobispo 
de Colonia. El Papa afirma que desde el principio 
de su pontificado él ha deseado ardientemente la paz 
entre los príncipes seglares, el pueblo y la Iglesia. 
Asegura además que en modo especial él tiene dirigi- 
dos sus pensamientos hacia la noble nación alemana 
que continuará hacia ella la conducta que hasta aho- 
ra ha tenido; exhorta á los obispos á que se conformen 
con todas las leyes que no son contrarias á la fé cató- 
lica y concluye haciendo votos al cielo para que Dios 
lleve al noble y poderoso emperador de Alemania y á 
sus consejeros á disposiciones mas conformes á su 
buena voluntad. 

itnsia y Turquía. — Corre la voz que están en- 
tablándose negociaciones definitivas de paz entre Ru- 
sia y Turquía. Parece que la Rusia está dispuesta á 
contentarse con la promesa de una futura indemniza- 
ción. Apenas será firmado el tratado de paz las tro- 
pas rusas abandonarán el territorio turco. 

Saicidio. — James A. Dixon ex-ministro evangé- 
lico en New Albany atentó suicidarse por medio de la 
estricnina. En su cuarto halláronse varias cartas 
escritas antes de atentar á su vida por las cuales 
consta que el haberse determinado á tan desesperado 
exceso es debido á unos rumores que corrían tocante 
su intimidad con una señorita de New Albany. La 
vida del ex-ministro está todavía en peligro. 

Tristes Pronósticos. — El año nuevo 1879 se 
presenta muy triste en Europa. La condición de la 
clase industrial en Inglaterra es muy deplorable y la 
de los artesanos no es nada halagüeña. La Alemania 
se halla en una muy triste posición pues el descon- 
tento popular es muy grande y universal. La liga 
internacional de asesinos políticos continua su infame 
trabajo. El Emperador de Austria hasido amenazado 
de muerte y sus oficiales se han visto obligados á 
tomar medidas extraordinarias para asegurar su vida. 
En Italia el ejército parece ya sobornado y si un 
nuevo atentado á la vida del rey Humberto tiene lu- 
gar la repííblica se proclamará. 

Conversiones ai Catolicismo.-— Anuncian 
de Inglaterra la conversión simultánea de treinta mi- 
nistros de la Iglesia auglicana. Muchos de ellos 
renunciaron ricas prebendas para vivir pobremente 
en el seno del catolicismo. Se anuncia además la con- 
versión al catolicismo de lord Alejandro Gordon Sen- 
nox, hermano del duque de Richmond y Gordon 
ex-ministro de la reina. Un joven ministro auglicano 
el Rev. George AVhitefield hizo asimismo su abjura- 
ción en manos del Rev. M. Feuton Párroco de S. Juan 
de Jerusalen, en Londres. El ilustre general Mac- 
Gowan que tanto valor demostró en la guerra de la 
India, después de haberse convertido al catolicismo, 
ingresó en la Compañía de Jesús y también uno de 
los mas sabios ritualistas ingleses el Sr. M. Orby 
Shipley hizo su abjuración y entró en la Iglesia cató- 
lica. 

Xiaevo arreglo. — Se habla de un nuevo arreglo 
con Inglaterra, y de un tratado con Francia. Con ese 
nuevo arreglo Inglaterra adquiriría en propiedad la 
isla do Chipre y un protectorado mas directo sobre 
Armenia, comprometiéndose los ingleses á defender 
la soberanía del Sultán en el Asia Menor. El tratado 
con Francia tendría por objeto resolver diversos difi- 
cultades que han surgido en Asia. 

Crisis ministerial en Dtfalia. — Después de 
una discusión muy animada la cual duró seis dias, el 
gabinete Cairoli ha tenido que sucumbir ante una ma- 
yoría de 263 votos contra 189. 



-27 



FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo.— Pascua de Pentecostés, 1 Junio. —Corpus Cnristi, 
12 Junio.— Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio.— Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
ENERO 19-25. 

19. Éomingo II después de la Epifanía. La fiesta del Nomeke 
Santísimo de Jesús. San Canuto, rey de Dinamarca y mártir. 
Santas Pia y Germana, mártires. 

20. Lunes. San FabiaD, Papa y mártir, y San Sebastian, capitán, 
mártir. 

21. Hartes. Santa Inés, virgen y mártir. San Fructuoso, obispo. 

22. Miércoles. Los Santos Vicente y Anastasio, mártires. Santa 
Germana, mártir. 

23. Jueves. Los Desposorios de la Santísima Virgen. San Clemen- 
te, obispo y mártir. 

24. Viernes. San Timoteo, obispo y mártir. Santa Evodia, discí- 
pula de San Pablo. 

25. Sábado. La conversión de San Pablo, Ap. San Proyecto, 
obispo y mártir. Santa Elvira, virgen y mártir. 

SAN CANUTO, REY, MÁRTIR. 

Canuto IV, hijo de Suenon Estrice, rey de Dina- 
marca, y nieto de otro Canuto que sujetó la Inglater- 
ra, fué un gran santo y un gran rey. Apenas hubo 
subido las gradas del trono, fué su primer cuidado 
purgar su reino de los desórdenes y vicios que en él 
se habian introducido. Habiendo alzado bandera de 
rebelión los pueblos bárbaros que habitaban la fron- 
tera del Norte, marchó á domarles, buscóles en sus 
mismas guaridas, vencióles y conquistóles para Jesu- 
cristo. Cuando no tuvo enemigos que domar, dedicó- 
se todo al bien de sus vasallos. La reforma de las 
costumbres, la corrección de los abusos, la integridad 
de la justicia; en una palabra, la felicidad pública fué 
el único objeto de todas sus leyes justas y prudentes. 
Reedificó muchos templos arruinados, y enriqueció- 
los con su liberalidad. Fundó nuevos hospitales, 
agotando muchas veces su tesoro en alivio de los 
pobres. Un dia se despojó de todas las insignias de 
la dignidad Real, y depositándolas á los pies de Cris- 
to crucificado, declaró altamente ser su voluntad que 
la Religión reinase con el mayor lustre en toda Di- 
namarca. Su extraordinaria piedad, sus penitencias 
y su vida ejemplarísima le hacían respetar romo mo- 
delo de perfección. Su hermano Olao, dominado por 
una ambición desmedida, se conjuró contra él con los 
grandes del reino, ofendidos del Santo porque habia 
reprimido sus vicios y sus insolencias. Persuadióse 
desde luego á que no guardarían el respeto que de- 
bían á su rey los que se lo perdían á su Dios en el 
mismo templo. Hincóse de rodillas junto al altar, y 
ofreciéndose al Señor como inocente víctima, le rogó 
por sus enemigos, quienes le atravesaron con una 
lanza, y en este martirio dio su alma al Criador el 
7 de Enero de 1077. 



ACTUALIDADES. 

En su discurso á la Sociedad histórica de 
Long Island, el Sr. James A. Bennet, hablando 
de los Indios Chibehas decia, que no se acor- 
daba ni siquiera de un solo asesinato cometido 
por ellos, en el discurso de casi diez años. El 



ex-Cónsul de los Estados Unidos en Bogotá aña- 
dia: "cuando consideramos la civilización y el 
crimen de nuestro país, y comparamos nuestra 
condición moral con la de esa nación india, ¿no 
será conveniente investigarla causa de nuestra 
deterioración" (When we lookat the civilizatiou 
and crime of our couutry, and compare our mo- 
ral condition with that of tbis Judian nation is 
it not pertinent to inquire what has caused 
our deterioration)? ¡El latigazo es terrible! 
Nosotros no osaríamos hablar así, de miedo que 
nos tomaran por enemigos del nombre y de la 
sociedad americana; pero, ya que todo un ex- 
Co'nsul de los Estados Unidos habla de este modo, 
y, lo que es mas aun, públicamente, esperamos 
no excitar la ojeriza de ninguno de nuestros lec- 
tores refiriendo lo que otro dijo, y exponiendo 
nuestra opinión acerca de lo que puede ser la 
causa de tanto menoscabo. A nosotros, pues, 
nos parece que la causa es indicada por la unión 
de aquellas dos cosas, civilización y crimen, que 
si se notan estar en un país en razón directa, la 
una de la otra, no puede ser por otro motivo 
sino parque la una engendra la otra. Ahora 
bien, una civilización que lleva dentro de sí el 
crimen es una civilización materialista y atea. 
¿No será esta la civilización, hacia la cual qui- 
sieran dirigir á nuestras poblaciones neo-mejica- 
nas unos pelagatos bien conocidos, por desgra- 
cia suya y gracia nuestra? ¡Ojalá no tuviésemos 
todavía que deplorar algunos efectos de dial 
Neo-Mejicanos, ¡alerta! 



— ^g>-^<5£*— 



La hueste de los jesuitófohos, dice el New 
Mexican, "hállase en la mejor compaííía del mun- 
do, y tiene la aprobación de la gente mas buena 
y mas ilustrada de todas las naciones, inclusos 
muchísimos Católicos Romanos, clérigos^ segla- 
res eminentes," etc. etc. — Sí señor, sí señor: todo 
lo tenéis, bondad, ilustración, eminencia, todo, 
todo: menos un Breve de Canonización. En 
tres siglos no ha salido de esa vuestra respeta- 
bilísima hueste uno solo que valiera un San Fe- 
lipe Neri, un San Carlos Borromeo, un San Ca- 
yetano Thiene, un San Juan de Dios, un Santo 
Tomás de Villauueva, una Santa Teresa, un San 
Luis Beltran, una SantaMariaMagdalena.de 
Pazzis, un San Félix de Cantalicio, un San Ca- 
milo de Lelis, un San Francisco de Sales, una 
Santa Francisca de Chantal, un San Vicente de 
Paul, un San Alfonso de Liguori, etc\ etc. etc., 
todos amigos afectísimos déla Compañía de Je- 
sús, sin hablar de nuestros propios Santos y 
Beatos. Conqne, quedaos con los vuestros: nos- 
otros nos quedaremos con los nuestros. Leed, 
empero, estas lineas de Kekx, profesor de Go- 
tinga: "Los talentos más grandes y los corazo- 
nes más nobles se han mostrado en todo tiempo 
favorables á los Jesuítas. Por eso Federico el 



9HHA2 



-*: 



Grande contestó á los que le pedían su expul- 
sión: 'No conozco maestros mejores que ellos 
para mis subditos católicos'. . . .Catalina, Fran- 
cisco Bacon, Hugo (1 roció, Pedro" Bayle, Lcib- 
nitz, Lessing, Herder, Ranck, Beckedorf, se lian 
declarado todos en favor de los Jesuitas, mien- 
tras que los ingenios y hs almas viles los han 
atacado siempre con encarnizamiento." 



Varios médicos y boticarios se van ocupando 
actualmente del remedio con que curar el vicio 
de la embriaguez. Dejando á los peritos en el 
arte la composición de fármaco tan benéfico, 
nosotros preferimos llamar la atención de las 
autoridades del país, para que pongan algún re- 
paro eficaz contra los malos efectos de la borra- 
chera. Uno de ellos es, sin duda, la poca se- 
guridad en que viven los ciudadanos pacíficos, 
cuando una población es dominada por ese vicio. 
Aun pocos dias ha, estábamos por deplorar un 
desastre de este género en la persona de un dig- 
no Sacerdote, recien llegado á este Territorio 
con el intento de restablecer su salud. Los Ofi- 
ciales del Condado tendrían que mostrar tanto 
mas energía, cuanto mayor es el peligro en que 
versa hoy esta población de Las Vegas, á causa 
del aumento siempre creciente de inmigrantes 
de toda condición y nacionalidad, hasta chinos. 
No pertenece á nosotros señalar el remedio, 
como quiera que no somos nosotros los encarga- 
dos del bienestar público; nos basta indicar el 
mal, } r confiar en la buena voluntad de aquellos 
á cuyo cuidado corre la paz, la tranquilidad y 
el buen nombre de este poblado. El negocio es 
de mucho interés; se proceda luego con activi- 
dad, ya que suele decirse: "al peligro con tiento 
val remedio con tiempo.'' 



"La astucia de la sede del saber y periodismo 
Jesuítico allende los montes da otra papirotada 
en la ortografía de la palabra lechery. Habla esta 
vez de le&ckery." Eso dice el veracísimo é intc- 
gérrimo New Mexican. Y se acuerdan nuestros 
lectores que quien did la papirotada fué cabal- 
mente el New Mexican y su Sr. Hitcli. Es el jue- 
go del saltimbanquis que hace pasar una alhaja 
cualquiera al bolsillo de su embaucado oyente, 
y dícele luego: Ladrón! esa alhaja es mia: me la 
robó Vd. i ¡Si no da asco tratar con esa q-ente! 



La charla es el vicio principal del siglo XIX, 
y es lástima que cutre tantas cosas buenas de 
este siglo deba haber esa que es muy mala, por- 
que la charla puede matar el mundo. La charla 
es como la peste: porque así como la peste 
propaga entre millares y millares una enferme- 



dad que todos ven y nadie sabe lo que es; así 
también con la charla se llega á popularizar á 
veces una idea de la que nadie sabe dar cuenta. 
Hoy dia la charla ha propagado en el mundo la 
idea de las escuelas non-seclarian. Todos hablan 
de ellas: no se oye otra cosa mas. Ni solamente 
en Nuevo Méjico, "grupera del mundo," como 
llamó estas tierras un chistoso y agudo amigo 
nuestro Mejicano, sino que en todos los países 
charla la gente y se desgañifa por esas escuelas 
que se han Mamado non- sedarían, y son las mas 
sectarias, y de la peor ralea que se pueda con- 
cebir, siendo invención y propiedad de la so- 
berbia secta de los racionalistas. Pues bien, 
entre tantos que charlan y gritan pidiendo á 
voz en cuello esas escuelas, cuyo verdadero 
nombre aunque duro y mal sonante, es escuelas 
irreligiosas, impías, ateas, ¿hay alguno que co- 
nozca su íntima naturaleza, y haya estudiado 
sus causas, y nos las sepa explicar? ¿Hay quien 
sepa decirnos sobre qué bases descansa este 
nuevo sistema de educar la juventud, descono- 
cido de nuestros padres de toda nación y fé po- 
lítica y religiosa? ¿Hay alguien que pueda per- 
suadirnos porqué de ho} T en adelante el mucha- 
cho no ha ele oír en la escuela nadado Dios, del 
alma, de la vida futura, del principio del hom- 
bre y de su fin sobre la tierra? ¿Hay quien pue- 
da demostrarnos que esto es prácticamente po- 
sible? Hasta ahora nosotros no hemos visto nin- 
guna contestación satisfactoria á todas esas pre- 
guntas y varias otras (pie se nos ofrecen natural- 
mente, porque, como dijo un filósofo, "La natura- 
leza dio al hombre un ingenio curioso.' El ins- 
tinto intelectual nos empuja á investigar las 
causas de todo cuanto vemos y oimos. A ver, 
pues, cual de los muchos patronos y favorecedo- 
res de las escuelas non-sectarian nos hará el fa- 
vor inapreciable de ilustrarnos y aclararnos so- 
bre este asunto de tan grande importancia. 



"Todo que Voltaire sabia de Cristianismo 
lo había aprendido de la iglesia Romana y el 
clero Romano, y esto le hizo un blasfemador:"' 
palabras textuales, hasta los acentos y comas, 
de la Evangélica del mes de Noviembre. El Mi- 
nistro discurre, como siempre, con los talones. 
¿Qué os parece de este otro raciocinio: Todo lo 
que Judas sabia de Cristianismo lo había apren- 
dido de Jesucristo mismo, v esto le hizo un 

■ 

traidor deicida? ¿Fluye el discurso? ¿Y este 
otro: Todo lo que sabe el Ministro acerca de 
cuanto escribe lo aprendía en la escuela del Pro- 
testantismo, por eso no hay en todo el Terri- 
torio quien desembuche mas necedades y sim- 
plezas que él? 



-29- 



tí"" 1 



En la última carta del Papa al Arzobispo de 
Colonia, publicada por el Osservatore Romano, 
León XIÍI volvía á decir que desde el principio 
de su Pontificado había deseado la paz entre los 
Príncipes, los pueblos y la Iglesia. Sus cuida- 
dos fueron dirigidos con preferencia hacia la 
noble nación alemana; mas Dios solo conoce si 
sus esperanzas conseguirán, un dia, el objeto de- 
seado. Además declara que continuará mar- 
chando por la senda seguida hasta ahora, y ex- 
horta á los Obispos de Alemania para que obe- 
dezcan á todas las leyes que no fueren contra- 
rias á su fé y á su conciencia. Concluye, en fin, 
con estas palabras: "Debemos rogar á Dios á 
fin de que lleve al noble y poderoso Emperador 
de Germania, junto con sus consejeros, á mos- 
trar mas disposición de buena voluntad." 



Ya corre un ferrocarril de aire comprimido 
entre las calles 96 a y 129 a de Nueva York. 
Una máquina colocada en la calle 126 a provee 
de aire el aparejo del carruaje, que puede lle- 
var cien personas. Mediante dicha máquina, el 
aire se condensa en el aparato hasta la presión 
de 350 libras sobre una pulgada cuadrada. Seis 
cilindros de acero están situados debajo, y con- 
tienen juntos 160 pies cúbicos de aire compri- 
mido, que es capaz de impeler el vehículo por 
el espacio de seis millas, pudiéndose regular la 
velocidad á la proporción de treinta millas la 
hora. Multiplicándose los cilindros, pueden ha- 
cerse viajes de cualquier distancia. Los miem- 
bros de la Compañía se han propuesto de tener 
prontos seis carruajes de esta suerte por el pri- 
mero de Febrero, que correrán desde la calle 
96 a hasta Harían River. 



El Sr. Gladstone es incansable en atacar la 
Iglesia Católica. Su queja mas reciente es que 
los escritores católicos han hecho muy poco para 
atajar el torrente del escepticismo que está ala- 
gando el mundo. Claro está la culpa de todos 
los males del universo la tienen los Católicos. 
Lo cierto es que, aunque los Católicos no hubie- 
sen escrito nada contra los cscépticos de todo 
tinte, y sobre todo en materia de religión, su 
sola fé, considerada como sistema religioso, que- 
daría siendo el dique mas poderoso contra ese 
torrente devastador que acarrea por doquiera la 
duda y el indiferentismo. ¿Dónde, ho} r dia, 
sino en el Catolicismo, se mantiene incontrover- 
tible el principio de la unidad de pensamiento en 
cosas de fé? ¿Y no es esto precisamente lo que 
por siglos enteros se ha echado en cara á la I- 
glesia Católica, y no se deja de repetir ahora 
mismo en todos los tonos, á saber que la Iglesia 
Católica repudia el progreso de las ideas, enclavi- 
ja la mente, combate la libeiiad del pensamiento, 



y otras chocarrerías por el estilo? Pero es falso 
que los Católicos no hayan escrito sino muy 
poco contra el esceptisismo moderno. Por su- 
puesto el Sr. Gladstone no tiene tiempo para 
leer lo que sale de la prensa católica todos los 
días y en todas las formas, desde el folleto hasta 
los mas voluminosos y-doctos tratados de filoso- 
fía y teología. Bastaría sin embargo hojear uno 
cualquiera de los periódicos católicos de toda 
nación para encontrarse á cada paso con ejem- 
plos de esta guerra incesante librada por nues- 
tra Iglesia contra los escépticos de esta edad, ora 
se llamen Racionalistas, ó indiferentistas, ora 
Yiejo-católicos ó Católicos liberales. Sin duda 
el Sr. Gladstone quiere combatir el escepticis- 
mo á su manera, dando de vez en cuando, por 
medio de los periódicos mensuales, un empujón 
contra la firme Roca de San Pedro: quiere po- 
ner un dique al torrente abatiendo el único obs- 
táculo poderoso que este encuentra en su marcha 
arrasadora. 



-♦— <-^>— e- 



La noticia de que Yacoob Khan habíase ren- 
dido al ejército inglés, es desmentida por el si- 
guiente despacho desde Lahore al Times de Lon- 
dres: "Hay peligro que cu Inglaterra se dé de- 
masiado interés á la partida del Emir de Cabul, 
y se considere como concluida la campaña. Va- 
rias personas aquí creen que la fuga del Emir es 
debida al miedo de ser cogido en la red, en caso 
de que hubiese permanecido en Cabul durante 
el invierno. Los caminos de este lado de Ca- 
bul son comunmente transitables en la primave- 
ra, antes que los del otro lado de la Capital: de 
manera que si el Emir hubiese quedado en Ca- 
bul, nuestro ejército podía haber adelantado sin 
dejarle tiempo para ponerse en salvo. Bajo este 
punto de vista su evasión puede tomarse por 
una retirada á un lugar mas seguro, de donde 
intenta prolongar la resistencia sin correr el 
riesgo de caer cautivo, en la eventualidad de una 
derrota. El tiene aun catorce ó, según otros, 
diez y siete regimientos en Herat; así es que, 
excepto el caso de un pronunciamiento contra 
él, la oposición puede ser todavía formidable," 
etc. De este mismo despacho se saca también 
que no es verdad, la abdicación del Emir en fa- 
vor de su hijo Yacoob Khan. 



Sexta Carta al Sr. (I. W. Itítch. 



Muy Honorable Señor: En nuestra última 
acabamos con lo que X(\. llamó la ''historia pa- 
sada" de los Jesuítas: vamos ahora á lo (pie 
apellidó 'historia presente:'" historia de críme- 
nes los mas atroces, por supuesto, como que es 
¡a historia de "esos conspiradores, esos proscrip- 
tos, esos desterrados de sus casas y país, 1 ' por 



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^•^A*«w .:'-\ ♦• ' 



30 



los cuales no hay nada demasiado vil ó crimi- 
nal, calándoles es de obstáculo para sus intentos.'' 
Veamos, pues, esos crímenes abominables; y, 
para do gastar tiempo ni palabras, tomemos los 
lechos citados por Yd., y dejemos las charlas. 

Primero. "Poco tiempo después de su llegada 
(la llegada de los Jesuítas al Nuevo Méjico) 
Gasparri junto' el populacho cerca del lugar 
donde tenia sesión en Mora la Corte de justicia, 
que examinaba una causa de divorcio; hizo una 
arenga y procuró incitar el pueblo á la violen- 
cia, porque, decia él, la Corte estaba chocando 
con los derechos de la Iglesia." Estas son sus 
palabras, Señor Secretario. Pues bien, si es Yd. 
caballero, si tiene honor, si le importa á lo me- 
nos no dejar sepultado en la ignomia ese nombre 
de Secretario, Vd. se retractara, se desmentirá, 
y harálo con la misma publicidad con que ha 
avanzado esotra acusación; o' bien se empeñará 
Vd. en probar lo que asevera hasta la última 
circunstancia: porque nosotros afirmamos que no 
hay en todo ello ni sombra de verdad. El P. 
Gasparri llama por testigos contra Vd. á todos 
los habitantes de Mora. El P. Gasparri, si algu- 
na vez se halló en Mora durante las Cortes, ni 
por sueño, pensó en enterarse de qué se trataba 
en ellas, ni se acuerda haberlo oido jamás si- 
quiera de paso. E^te primer hecho pues de la 
"historia presente'' es un cuento, una fábula, 
una calumnia, (pie pesa toda sobre Vd. solo. 
Mientras tratábase ele paparruchas inventadas 
por viejos faranduleros, Vd. tenia alguna excu- 
sa: — Está escrito, podía decir Vd.; se halla en 
el Diccionario de Salva, ó de Domínguez — Y 
aunque este argumento: Está escrito; luego es 
verdad — no sea un argumento digno de un es- 
critor de tomo y lomo cual es Vd., ni manifieste 
una lógica muy "robusta aguda y aplastadora" 
que digamos, sin embargo, de alguna excusa po- 
día servirle, á lo menos con los lectores papana- 
tas. Mas la historíela de la arenga del P. 
( 5 aspan-i al populacho de Mora y del incita míen lo 
á la violencia es toda de invención de Yd. 
Pruébela, pues, ó desdígase: de lo contrario su 
probidad y su entereza volavérunt. 

Segundo crimen jesuítico de la "historia pre- 
sente:" la guerra á las Escuelas Públicas. — 

Determinemos bien el delito. ¿De (pié Escue- 
las Públicas habla Vd. amabilísimo Sr. Secreta- 
rio? De las (pie llaman Vde. los iluminados, 
Escuelas nonrsectarian, es decir donde no se 
ensena religión ninguna? 

Pues sí; estas escuelas serán siempre el objeto 
de nuestra guerra, aunque no las combatamos 
sino con las mismas armas legales que hemos 
empleado hasta ahora las armas de la palabra 
pública, de la discusión pública. ¡Ah Señor 
Ritch! esas escuelas sin Dios, (pie para Yd. y 
rauchos otros son lo ideal del sistema de la en- 
señanza pública, han dado ya materia de grave 



reflexión y cuidado á hombres, cuyo juicio pesa 
mucho en la opinión del país, y que sin embargo 
están lejos de ser jesuítas: ni Católicos son. El 
Timen de Nueva York ha dicho repetidas veces 
(pie con esc sistema se educa la inteligencia sin 
educar el corazón: y (pie, por consiguiente, solo 
se trabaja por la formación de picaros mas per- 
niciosos á la sociedad y mas temibles — picaros 
inteligentes — picaros educados. El otro 'Times 
de Filadelfia, después de una estadística estre- 
mecedora de los reos del Estado de Pcnusylva- 
nia, en la que llevaban la palma, por su propor- 
ción numérica, los picaros educados, exclamaba 
indignado: "Algo debe haber muy vicioso 
en este sistema" de enseñanza con el que se 
"recluta el grande ejército de los holgazanes y 
facinerosos." Quedan indelebles en nuestra me- 
moria las palabras conque el Hon. Kandall re- 
chazó la petición del Sr. Elkins quien habia 
pedido fondos para la educación de nuestros 
Indios. El Hon. ex-Delegado creyó que ade- 
lantaría su causa exponiendo al Congreso la 
entereza de costumbres de nuestros indios, como 
casi un título que hacíalos acreedores á la libe- 
ralidad del Gobierno General. "Sr. Elkins," 
repuso el Presidente de la Cámara, "aquí, don- 
de educamos, la criminalidad es atroz ( IIere r 
where we edúcate, crime is nnnpanfj-." y concluía 
que bien podían los indios quedarse en su di- 
chosa ignorancia. Seguro: si la enseñanza pú- 
blica ha de ser sinónimo de instrucción atea, la 
consecuencia del Sr. Kandall es justa y legítima. 

The Poison Fountain es el título de un libro 
que enriqueció la literatura americana hará 
ahora un par de años. Su autor, el abogado 
Montgomert, no nos dice si es Protestante ó 
Católico, pero, sea lo que fuera, su obra nos re- 
vela en él á un pensador eminente. ¿Sabe Vd. 
Sr. Ritch, cuál es el objeto de aquel libro? De- 
mostrar con las estadísticas oficiales á la mano, 
y desde un punto de vista de! todo seglar, (pie 
la institución de la juventud, tal como se hace 
ahora en las Escuelas Públicas, es un semillero 
de crímenes. No lo cree Yd.? Se rie? Pues pro- 
cúrese el libro: léalo: examine sus razones, y 
confútelo si puede. Bu cuestiones de importan- 
cia vital, como es osla, es sumamente impru- 
dente y aun criminal el que obra de ligero. 

Ahora bien, cuando hay en América tantos 
hombres inteligentes y concienzudos que, aun 
prescindiendo del lado religioso, denuncian y 
condenan el sistema presente de la Enseñanza 
Pública ¿qué quiere decir toda esa colora con- 
tra unos cuantos Jesuítas que profesan paladi- 
namente (pae (dios también hallan graves obje- 
ciones contra ese sistema? Esto es para nosotros 
inconcebible, á no ser (pie acudamos á una ex- 
plicación (pie no es de este lugar. Vamos pues 
adelante. 

Tercer crimen de la "historia presente" de 



-Si- 



los Jesuítas es el de haber arruinado las Escue- 
las Publicas del Condado de San Miguel, y cau- 
sado el desperdicio de sus fondos. . Sr. Ritch, 
esa manera de escribir la "historia presente" 
acaso le proporcionará alguna diversión á Vd. 
y sus compinches, que en viendo a goodjoke á 
cargo de los Jesuítas, no reparan en otra cosa 
mas; pero hay un género de bromas que acarrea 
infamia á sus autores, y esta es una. Nosotros 
negamos resuelta y decididamente el osado y ca- 
lumnioso aserto de Vd. Nosotros desafiamos á 
los "respetables caballeros," en cuya palabra se 
apoya Vd., á que se manifiesten y enseñen las 
pruebas ele cuanto afirman. Acepten el reto: 
hablen: ó quédense con la tacha de miserables 
calumniadores. 

A este propósito recordaremos otra. Se nos 
dijo que esta misma estolidísima paparrucha de 
haber nosotros causado la ruina de las Escuelas 
ele este Condado y el despilfarro de sus fondos 
estaba consignada en el Informe Oficial sobre la 
Enseñanza pública, que Vd. en su cualidad de 
Secretario del Territorio, envid a Washington. 
Nosotros no hemos tenido el honor de ver ese 
informe, pero confesaremos ingenuamente que 
nos ha sido difícil creer lo que se nos dijo. Para 
creerlo era menester haber perdido hasta el úl- 
timo rastro de fé en la equidad natural de nues- 
tra pobre humanidad: porque hasta el último 
rastro de probidad hubiera debido perder el 
empleado público que abusara de su posición 
para calumniar tan villanamente á otros en un 
acto oficial. ¿No se servirá Vd. aclararnos so- 
bre este punto, y sacarnos de una duda que le 
es tan injuriosa á Vd., enviándonos una copia 
de ese Informe? 

En el tercer crimen de los Jesuítas incluye 
Vd. otro. En otros condados, dice Vd. "se mal- 
barata el fondo de las escuelas para mantener 
las escuelas de los Jesuítas y otras escuelas par- 
roquiales de la Iglesia Católica Romana." Tam- 
bién aquí no hay mas que falsedades: porque 
Vd., con una imperdonable mala fé, con un evi- 
dente abuso de palabaas, que no está justificado 
por ningún Diccionario, llama Escuelas de Jesuí- 
tas y 'parroquiales las que en realidad de verdad 
son Escuelas Públicas de Condado. 

Digamos algo sobre el cuarto crimen de la 
"historia presente," y concluyamos esta sexta 
carta. 

Los Jesuítas han dicho que educar á la juven- 
tud en escuelas sin Dios no puede menos de pro- 
ducir infaustos resultados, que, tarde ó tempra- 
no, podrán ocasionar la muerte de esta Repúbli- 
ca. Tal es el cuarto crimen. Pero, querido Sr. 
Secretario, esos mismos infaustos resultados 
los han, no solamente pronosticado, sino visto y 
señalado con el dedo tantos otros escritores y 
periódicos Americanos, que no tienen que ver 
con los Jesuítas mas de lo que Vd. ó nosotros 



tengamos que ver con el Emir de Afghanistan. 
Hemos citado algunos periódicos y añadiremos 
á aquellos el Alta California, el Morning Cali, el 
New England Journal qf Educa tion, etc., etc., to- 
dos protestantes, además de todos los periódicos 
católicos del país sin excepción ninguna. A buen 
seguro esta censura del afamado "sistema" de 
parte de escritores Protestantes y Católicos, de 
seglares y clérigos, no puede ser motivada pol- 
los buenos frutos que haya producido este deli- 
cioso árbol de las actuales Escuelas públicas, ni 
por los mejores que se esperen en el porvenir. 
Ahora bien, si dice Vd. que todos esos repre- 
sentantes de la prensa Americana, algunos de 
los cuales son de los mas ilustrados, son todos 
igualmente reos como los Jesuítas de Nuevo Mé- 
jico, entonces nosotros y todos los hombres de 
juicio sano no haremos mas caso de su fallo de 
Vd. del que haria Vd. mismo del fallo de un 
juez beodo ó chirlomirlo. Pero si no se atreve 
Vd. á condenar á nuestros cómplices en el cri- 
men de lesas Escuelas Públicas, entonces el 
condenarnos á nosotros no es mas que otro efec- 
to de su aguda, robusta y aplastadora lógica. 

Insta Vd. que no obstante nuestros pronósti- 
cos acerca de los pestíferos resultados de la en- 
señanza sin Dios, "se encontró en este mismo 
gobierno suficiente estabilidad y sensatez para 
componer una dudosa causa presidencial sin re- 
volución ni ensangrentamiento." — No prueba 
Vd. mucho, noble Secretario. Cabalmente por 
estos días nos refieren los diarios del Este que 
un tal Dr. James A. Dixon, Ministro Protestan- 
te, tomó una fuerte dosis de estricnina con el 
intento de suicidarse; sin embargo no se murió. 
—Luego la estricnina no mata. — ¿Qué le parece 
de esta consecuencia, Sr. Ritch? ¿Es consecuen- 
cia de lógica aguda, robusta, aplastadora? Pues, 
mudada la materia, es la lógica que ostenta Vd. 
en ese raciocinio. Añádase que, aunque la na- 
ción tenga motivo de agradecer al Señor el ha- 
ber salido de un terrible apuro "sin revolución 
ni derramamiento ele sangre," con todo ningún 
motivo tiene de estar ufana de sí misma por una 
solución que, si bien pacífica, instaló á un Pre- 
sidente reconocido de todos por el primer Pre- 
sidente fraudulento de los Estados Unidos: pun- 
to redondo. 

Conque hemos examinado los primeros cua- 
tro crímenes de la "historia presente" de los Je- 
suítas. Cerniendo la harina no encontramos mas 
que meras falsedades, ó meras charlas. Vere- 
mos los otros en otro número. 






Un consejo á propósito de un hecho. 

A despecho de cuantos no quisieran que acon- 
sejáramos á nuestros católicos Neo-Mejicanos, 



" *<rMT*iY m i¡-~irT9 míwtmmm í 



z&mw. 



-32- 



un consejo les queremos dar que les podrá servir 

de provecho á su tiempo. 

De aquí á poco este país, como ya tantos 
otros, disfrutará él también los beneficios que 
Mielo traer consigo la facilidad de comunicar las 
diversas naciones entre sí. Una vez cruzados 
nuestros valles por el ferrocarril, no [tocos ex- 
tranjeros se trasladarán á estas tierras para pa- 
ta r aquí los años de su existencia. Aumentán- 
dose de este modo la inmigración, no cabe duda 
que tomará un nuevo incremento así la industria 
como el comercio, con las demás cosas que tanto 
hacen á la prosperidad de un pueblo. 

Nosotros lejos de oponernos á todo eso, nos 
ü legramos de corazón por todas esas mejo- 
ras con que, en uu porvenir tal vez no lejano, 
se aventajará este país; mas un peligro nos ins- 
pira temor, y es el riesgo que podría correr la 
fe" de nuestras antiguas poblaciones, (irán parte 
tic los inmigrantes no profesarán el misino credo 
que, gracias á Dios, profesa hoy la grande ma- 
yoría de los Neo-Mejicanos: de aquí es que, tar- 
de ó temprano, acontecerá en este Territorio lo 
que ha sucedido en otros Estados y Territorios 
de nuestra OonfederaoioD, donde los habitantes 
hállanse divididos en un sinnúmero de religio- 
nes, contraria la una á la otra. Atendida una 
til diversidad de creencias religiosas en uu país, 
los peligros á que encuéntrase expuesta la fé de 
los Católicos son multíplices, según la experien- 
cia demuestra. Uno de ellos procede, sin duda, 
de la ocasión harto frecuente que se les presen- 
ta á los Católicos de contraer relaciones matri- 
moniales con los de sectas disidentes. Contra un 
peligro semejante (ploremos prevenir aquí á 
nuestros buenos Católicos, dándonos oportuni- 
dad para ello un hecho acontecido, poco ha, en 
Inglaterra. 

Es ya cosa conocida que la Iglesia aunque 
permita, en dadas circunstancias, esta clase de 
matrimonios que llámanse mixtos; manifiesta sin 
embargo muy á las claras sus recelos con ros- 
poeto á ellos, y no deja de hacer lo posible para 
disuadir á sus hijos de tales casamientos. El 
motivo que tiene la Iglesia para obrar así, es 
aquel mismo que debiera retraer á todo Católico 
cuerdo de semejantes enlaces. La Iglesia, im- 
partiendo su bendición á los recién casados, 
mira por la í'é de aquella prole con que Dios 
hará fecunda la unión de los nuevos esposos. 
Desea la Iglesia que sean suyos aquellos hijos, 
que Dios oreará para que fueren ciudadanos del 
Cielo; y esto deseo de la iglesia tendría que sor 
el deseo también de una madre ó de un padre 
católico. Ahora bien, ¿no se opone, en parte á 
lo menos, al cumplimiento de dicho deseo la di- 
ferencia de cultos entro él padre y la madre de 
un hijo? Es verdad que el casamiento de un Ca- 
tólico con un disidente no suele permitirse por 
!a [glesia sino bajo condición de que los hijos 



serán bautizados y educados católicamente; con 
todo, aun suponiendo que se cumpla una tal con- 
dición, ¿no quedará siempre un peligro para la 
fé de un hijo, el ver (pie los mismos autores de 
su existencia no oslan de acuerdo por lo que 
toca á la religión en (pie se le quiere criar? Añá- 
dase á esto que muchas veces, después de con- 
seguido el casamiento que deseábase, es echada 
en torpe olvido la impuesta condición, como, 
entre otros muchos, lo comprueba el siguiente 
acontecimiento que nos trae el Catholic Review 
de Brooklyn. 

La Señora Stonor es hija de uno de los cató- 
licos Pares de Inglaterra. Lord Camoys. Cuan- 
do su mano fué pedida por el Sr. Agar-Ellis, no 
se presentó otra dificultad fuera de la diversi- 
dad do religión, siendo el pretendiente de la 
iglesia protestante. A pesar de esto, el propues- 
to matrimonio fué aceptado bajo condición <]ue 
él diese su palabra de honor, no solaineute á la 
futura esposa sino que á sus parientes de ella, 
de hacer educar en la fé católica á todos los hi- 
jos que nacerían de su unión. De primero Mr. 
Agar-Ellis vaciló, pero viendo, á cabo de dos 
años, que no le era posible casarse con Miss 
Stonor de otro modo, admitió la condición. La 
promesa fué hecha con el conocimiento de sus 
parientes protestantes, la mayoría de los cuales, 
sea dicho en honor de ellos, han reprobado fuer- 
temente su manera subsiguiente de proceder. 
Puesto que, apenas nació el primer hijo (pie el 
padre retractó su promesa, é insistió en que 
fuese bautizado y educado en el Protestantismo. 
La madre naturalmente creyó tener derecho 
para no quererse someter á esta violación del 
contrato, y la criatura, así como las otras tres 
que vinieron á luz después, fué bautizada é ins- 
truida en la fé y las prácticas de la Iglesia Ca- 
tólica. El único hijo varón murióse á la edad de 
ocho años, mas las tres niñas viven todavía y 
cuentan respectivamente diez, once y trece 
años. Parece que el padre ha buscado constan- 
temente los medios para echar á perder la en- 
señanza de la madre, bien que durante la cama 
hayase mostrado que en cierta ocasión, cuando 
una de las hijas hallábase en peligro de muerte, 
fué él mismo á llamar á un Sacerdote católico. 
Convenciéndose de que todos sus esfuerzos se- 
rian inútiles mientras las niñas quedaran con su 
madre, la manifestó su intención de enviarlas 
para su educación á la casa de un ministro pro- 
testante, y de impedirla toda comunicación con 
ellas, á no sor que prometiese de no hablarlos 
nunca, sobre materias de religión. La Señora 
rechazó, como era conveniente, una condición 
tan repuguante ai corazón de una madre católi- 
ca; así es que el negocio fué llevado en fin de- 
lante do las cortes, las cuales decidieron que la 
promesa., dada por Mr. Agar-Ellis antes del ca- 
samiento, era nula y (pie los hijos debjan de ser 



-33- 



educados según la comunión de la iglesia angli- 
cana. 

La madre apelo; pero no consiguió otra cosa, 
sino que fuese confirmada, en cuanto á la sus- 
tancia, la sentencia primera. En efecto, el tribu- 
nal superior, por boca de Lord Justice James, 
declaro' que el derecho de un padre sobre sus 
hijos menores, y la dirección que debe darse 
á su educación, es un derecho tan sagrado que 
nada puede quitárselo, menos el caso de que su 
inmoralidad ó irreligión le hicieren incapaz 
de ejercerlo. Los jueces, mientras por un lado 
dieron esta sentencia, se abstuvieron por otro, 
de seguir enteramente aquella que previamente 
había dado el Vicecanciller Malins. Evitaron 
de tomar sobre sí la responsabilidad de afirmar 
que los hijos deben abrazar el culto de la iglesia 
de Inglaterra como establece la ley, fundando 
así todo el peso de la decisión sobre la autori- 
dad paterna. Además hicieron notar al padre 
que no habian querido examinar las niñas con 
el intento de averiguar sus convicciones religio- 
sas en las que podia haber sido peligroso entre- 
meterse, y procuraron halagarle tratando á su 
mujer de obstinada y desobediente. Por fin le 
avisaron que, antes de hacer uso de los dere- 
chos que le habian asegurado, depusiese toda 
idea inexacta que acaso pudiese tener acerca de 
la sentencia fallada, y que no la considerase co- 
mo una victoria reportada en una lucha perso- 
nal. Acabaron con expresar su confianza de 
que Mr. Agar-Ellis, elevándose sobre todo sen- 
timiento mezquino, no mirara á otra cosa sino á 
lo que juzgara ser de provecho espiritual para 
sus hijas. 

Es fácil concebir cual ha} r a sido la pena de la 
Sra. Agar-Ellis, en consecuencia de este resulta- 
do infeliz de su pleito. No ha de ser pequeño el 
dolor de una madre católica al verse privada 
del medio mas eficaz, cual es la educación de 
los tiernos años, para procurar á su prole aquel 
bi«a que su corazón materno le desea. Pues 
bien, ¿el solo peligro de poder incurrir una igual 
desdicha no bastará, para infundir en una joven 
ó un joven católico un justo horror por los 
matrimonios de esta clase? El primer cuidado 
de un padre ó de una madre católica ha de ser 
el de conservar intacta la fé de sus hijos; de 
suerte que por amor á esto debiera sacrificarse 
cualquiera otra cosa. Pero este cuidado deja 
con anticipación de ser el primero en el corazón 
de un padre ó de una madre católica, cuantas 
veces se condesciende, ora por esta ora por otra 
razón, á juntarse en matrimonio con quien pro- 
fesa otro credo que no es el suyo. En verdad, 
¿cómo tendrá el primer lugar en el corazón de 
un padre ó de una madre dicho cuidado, si la fé 
de los hijos se la expone previa y voluntaria- 
mente á tamaño peligro? Desgraciadamente an- 
tes de casarse muchas cosas suelen verse por 



brújula; y esta será, pensamos, la razón porque 
no se evitan á veces por los Católicos estos en- 
laces con personas de otra religión. Escúchese 
luego el consejo, para que no se llore después 
en vano. Si á lo por hacer ha} r consejo, á lo 
hecho no hay remedio. 



Uhíi Misión en Belén, N. M. 

(Comunicado) 

En esta parroquia, á instancias del Eev. Párroco 
E. Paulet, se dio una misión en el pasado mes de Di- 
ciembre, por los PP. Gasparri y D' aponte, S. J. La 
misión duró quince dias, y gracias á Dios tuvo los 
mejores resultados. Principió el Domingo 15 del 
mes en la Iglesia Parroquial, predicándose tres veces 
al din, una vez por la mañana después de misa y dos 
en la tarde después del Rosario. Desde el primer 
dia el concurso fué grande, y aun mayor después. La 
Iglesia se veia mañana y tarde literalmente atestada 
de gente, la cual como no hay plaza en Belén, sino 
solamente casas dispersas á diferentes distancias de 
la Parroquia tenia que hacer muchas veces en el dia 
largos trechos y los mas á pié para asistir mañana y 
tarde á los ejercicios. Para las demás localidades de 
la Parroquia la dificultad era mayor y con todo acu- 
dieron en la casi totalidad para ganar los beneficios 
de la misión. Hombres mujeres niños y niñas se su- 
cedían alternativamente, ó volvían asiduamente sin 
detenerse por lo largo del camino, por el frió de la 
estación, ó por la falta de casas en donde hospedarse 
por el medio dia ó por la noche. En la vigilia de la 
Noche-buena se hizo la primera Comunión de niños 
y niñas á quienes se había preparado á parte en los 
dias anteriores. La función de la media noche fué 
brillante y el concurso inmenso: la misa fué cantada 
en música por las Señoritas que forman el coro de la 
Iglesia, y la Comunión fué numerosísima. Para ma- 
yor satisfacción de la gente, los Padres visitaron en 
los dias siguientes las poblaciones de los Jarales y 
Pueblitos don de tuvieron igual concurso y bastantes 
confesiones délas personas que habian quedado. Las 
confesiones subieron por todo á 1.350, esto es á la 
casi totalidad de la parroquia. La conclusión se hizo 
el Domingo 27 del mes por la mañana, y se dio la 
Bendición Papal. El Eev. Cura E. Paulet que des- 
de cerca 23 años administra aquella Parroquia con 
tanto celo, quedó altamente satisfecho de los buenos 
resultados. La gente lo quedó igualmente, y si del 
empeño puesto en asistir á la misión podemos argüir 
algo, el fruto parece que durará largos años. Los 
Padres salieron de la Parroquia llevando afectuosos 
ó indelebles recuerdos tanto del celoso Padre, como 
de aquellas buenas poblaciones. 



Correspondencia de París 

(al Propagateur Catholiquc) 

París 10 de Diciembre de 1878. — En los dias de ir- 
religión que atravesamos, en los que la fé se ve men- 
guar en todas partes, causa una grande alegría el 
presenciar el importantísimo acontecimiento, que se 



i *m-M?rs*^*fm*M¿smjmmi m\'¿£&\rá.~¿L. \*,. 



-U 



ha verificado en Lille, cu el congreso católico qne 
tuvo lugar eu esta ciudad. La sola iniciativa de ese 
c ingreso es uu hecho muy significante; pero las no- 
bles frases que fueron pronunciadas en él, concebidas 
con tanta osadía y tan llenas do útiles enseñanzas, 
tendrán un eco en todo el mundo. Esta asamblea 
general de los Comités del Norte y del Paso de Ca- 
lais se reunió bajo la presidencia de Monseñor Mer- 
millod, el Obispo mártir proscrito de Ginebra. Siem- 
pre perseguido y siempre invencible, Monseñor Mer- 
inillon se halla en todas las brechas, lucha en todas 
1 is batallas, en las que la religión se ve en peligro, y 
bajo la cuchilla misma del gladiador, tiene unos de 
esos arranques divinos, que hacen caer la espada de 
la mano del verdugo. Hallándose refugiado en Fran- 
cia, recorre nuestros departamentos, comunicando en 
todas partes su celestial ardor, y arrojando en su paso 
una muy fecunda semilla, que dará el fruto cuando 
llegue su tiempo. El, en un discurso difícil de re- 
producir, pues no fué mas que una acalorada impro- 
visación, exclamó, dirigiéndose á la asamblea llena 
cíe entusiasmo: "¡Vosotros formáis uu Parlamento! . . 
jSí, un Parlamento de luz y de edificación!" 

Estas palabras quedaron grabadas en todas las me- 
morias, pues tienen uua fuerza que las ha hecho lle- 
gar como flechas á los corazones de los fieles reuni- 
dos. 

El Sr. Chesnelong, senador, explicó el objeto de la 
reunión; y dibujó muy al vivo los progresos de la re- 
ligión en el departamento del Norte. Después acome- 
tió un sujeto del mayor interés, y probó que los Comi- 
t 's católicos no debían quedar extraños á la polítea, 
con la cual la religión está muy íntimamente, eulaza- 
c a, y estigmatizó la revolución francesa, la enseñanza 
1 rlcal y el actual régimen. En un arranque exclamó:" 
La Iglesia se halla oprimida por los Césares de Alema- 
nia, como lo fué por los de Roma; pero sus enemigos 
i efecerán. . . .El Protestantismo ya se halla en coui- 
} leta disolución, el filosofismo está expirando, el jaco- 
binismo deshonrado y . . . ."Aquí el orador se detuvo 
derepente, su silencio fué tan elocuente y su gesto tan 
expresivo, su mirada tan penetrante, (pie cada uno 
] ,i do acabar la frase por sí mismo, refiriéndose á la 
próxima caida del régimen radical. Estallaron en- 
tonces unos aplausos entusiastas. Aunque la Fran- 
cia esté tan abatida y postrada, Dios la sanará, dijo 
el Sr. Chesnelong; pero es preciso que so deje rege- 
nerar por el genio cristiano; y la primera condición 
pira su salud es que conserve las universidades cató- 
licas. 

El programa de Romans, expuesto por Gambetta, 
causaba al Sr. Chesnelong alguna inquietud: anunció 
que era necesario hacer resistencia, y resumió esta 
i o cuatro puntos. 

1 Fórmese un consejo de jurisconsultos y de hom- 
bres eminentes, que tenga la misión de dilveidar las 

tiones sublevadas por las proposiciones de leus 
cu las cámaras legislativas. 

2 Sosténganse, por medio de este consejo todos 
los derechos atacados por la interpretación de esas 

1 "> vs - 

3 llágase un llamamiento á todos los católicos del 

país, para que influyan con su apoyo. 

4 Publíquese un boletín periódico de los trabajos 
do la sociedad. 

¡Mano á la obra! prosiguió el orador, dirigiéndose 
é los padres de familia. Es muy vergonzoso para 
i osotros católicos, que donde quiera se cierra una 
CSCuela religiosa, en seguida se le sostituye una libro. 
me opondrá la ficticia mayoría que está contra 
nosotros: pero esta no os uua mayoría consistente, y 



y de consiguiente no merece el nombre de mayoría. 
Si los católicos se entienden entre sí, nadie podrá 
oponérseles. 

El efecto producido por este discurso ha sido in- 
concebible. 

Después se presentó el Vizconde de Labroue de 
Vareilles - Sommieres, deán de la Facultad de De- 
recho de la Universidad católica de Lille, é hizo la 
profesión de fé, que produjo un efecto conmovedor. 
Dijo que los católicos deben obedecer á todas las le- 
yes, menos las que mandan el mal, y que de consi- 
guiente no merecen ser llamadas leyes. 

Estas palabras, salidas de los labios de un dcan 
de la Facultad, al principio causaron estrañez; pero 
luego después la asamblea comprendió todo el valor 
y sabiduría práctica que en ella se encerraban, acom- 
pañándolas con prolongados aplasusos. 

Este congreso en Lille es un hecho de mucha tras- 
cendencia que resplandece sobre toda la Francia, y no 
dejará de llamar la atención de las demás partes del 
mundo. 

Los católicos no se bailan dispuestos á dejarse por mas 
tiempo engañar por los impíos: entrarán en la lid y ha- 
ciendo brillar en el campo de batalla la luz que llevan 
en sus manos, obligarán á que sé abran les ojos de los 
hombres, y que "llegue el reino de la justicia. 

La prensa radical se lia irritado basta el masan» pun- 
to. 

¿Un instituto católico y romano se ha abierto en lio- 
rna? ¿V en él se enseñarán Derecho, Historia. Liloso- 
tia según la creencia cristiana? ¿Y el hermano mismo 
del Papa León XIII es uno de sus profesores? — De 
abí los furores. 

¡Miren Vds.! ¡El hermano del Papa se presentí! como 
un hombre instruido! 

A nosotros es de sumo placer ver una escuela que 
pueda atraer á sí la juventud de iodo el mundo. Este 
seria un bellísimo ejemplo y de muy halagüeñas espe- 
ranzas ver á unes jóyenes míe. despees de acabar sus 
estudios universitarios, fuesen á completar sus estudios 
pasando algunos meses en esta escuela de Roma, centro 
del catolicismo. Tertuliano dijo que el alma humana 
es naturalmente cristiana. 

Roma, que posee va escuelas especiales de Aries, de 
Teología y de Arqueología, dele tener también su es- 
cuela de Ciencias filosóficas y Sociales, en que se for- 
men los políticos cristiano?. 

Los dos hechos que acabo de citar nos hacen mas lle- 
vaderas las penas que nos afligen, y explican los otros 
dos hechos que p mgo ú continuación. 

El Sr. Doreste Chavanne, director de la Academia de 
Lyon, lia sido destituido. Su crimen ha sido el de no 
haber ofrecido su acudido a la apertura de los cursos de 
la Faoultad: es acusado de haber disminuido el brillo 
de la apertura de los cursos de las Facultades laicas. 
¡Qué horrible falta! Nadie había reflexionado en este 
hecho. El concurso que hubo á la primera ceremonia, 
faltó para la siguiente 

El otro hecho es que el Prefecto de [seré, después 
de haber recibido un brutal aviso del consejo munici- 
pal, que sostituia la escuela religiosa con una laical, ha- 
bía conservado por este año, como indemnización la 
pensiona los profesores religiosos. El Consejo de Es- 
tado lia anulado la decisión del Prefecto. ¡Va no hay 
ni BÍquiera filantropía! 

PlERRE ST. ANGE. 



35 



LA POBRECILLA DE OASAMAEL 



( Continuación — Pdg 24. ) 

— ¿A. Roma, tranquilizaos que iré; es verdad que sien- 
to muy grande repugnancia en hacer de criada en ca- 
sa de señores; sin embargo por respeto á vos serviré? 
— -Te engañas. El señor Trajano me ha jurado que 
te tendrá como hija y que su mujer seria para tí co- 
mo una madre mientras mi prima no viniere á bus- 
carte. 

— Esas son buenas palabras, repuso la joven me- 
neando la cabeza; madres, no puede haber mas que 
una. Pero os repito obedeceré, iré y serviré. 
— ¿Y cuando? 

— Esto ya lo veremos. Yo espero que Dios os con- 
servará la vida hasta que podáis abrazar á Otello y 
recibir por su medio noticias de Félix, si es que vi- 
ven. Entonces se tomará el partido que mejor os 
plazca. 

— No sabes cuanto me he consolado con lo que 
acabas de decirme. De mí sucederá lo que Dios quie- 
ra; á todo estoy dispuesto, tanto á vivir un mes como 
á morir mañana. Lo que me conturba é interrumpe 
los momentos de sosiego que la enfermedad me deja, 
es tu suerte, la de Félix y la de Otello. No puedo 
pensar en tí y en los dos sin que me desgarre el cora- 
zón; pues yo temo que vosotros estéis aun al princi- 
pio de vuestras penas y que os sobrevengan desgracias 
y peligros, que os acarreen vuestra perdición en este 
mundo y en el otro. 

La conversación terminó aquí; porque al enfermo, 
que estaba debilitado y casi desfallecido, le faltaron 
las fuerzas para proseguirla. Por lo tanto la hija des- 
pués de animarlo tan cariñosamente como pudo para 
que se tranquilizase, le dio las buenas noches y se 
retiró á su cuarto. No sospechaba Maria que estas 
habían de ser las iiltimas palabras que oyese de la 
boca de su padre. 

En efecto, á la mañana siguiente el retumbar de 
los cañonazos disparados contra Rauco á corta dis- 
tancia estremeció de tal manera al pobre Capitán y 
lo llenó de tal terror, que perdió el habla y el senti- 
do, y después de una convulsión cayó en un estado de 
parasismo, que le duró todo el dia. Ni hubo modo 
de aplicarle remedio alguno, ni de buscar médico, ni 
de llamar sacerdote que le pusiese la Santa Unción y 
le recomendase el alma, pues efecto del estruendo del 
próximo combate, tal espanto y confusión se había 
estendido por todas aquellas aldeas, que todos pare- 
cían fuera de sí, v en el contorno no se oían mas que 
gritos y lamentos, ni se veían mas que turbas de fugi- 
tivos que huian desolados y jadeantes hacia Yeroli ó 
hacia los bosques de Scifelli. Por todo el oro del 
mundo no se encontraría quien se hubiese atrevido á 
salir al descubierto, sino para huir y alejarse de los 
piamonteses. Así fué que mientras Vito con las dos 
hijas se refugió en Monte San Glovanni, su mujer 
como poseída de un vértigo se unió á un tropel de fu- 
gitivos que se dirigían á Colliberandi, abandonando á 
la ventura casa, joven y enfermo. 

La angustia, el sobresalto, la agonía de aquella 
infeliz criatura, sola para asistir en sus viltimos mo- 
mentos á su padre moribundo, imagínelos quien pue- 
da. Para formarse alguna idea baste saber, que 
cuando siendo ya noche cerrada llegó el amo de casa, 
al entrar en la estancia de Peregrino, se estremsció 
de espanto al ver á este con todas las apariencias 
de un cadáver y á la hija desmayada á sus pies. Con 
el auxilio de dos aldeanas la hizo volver en sí; pero 



para presenciar la escena mas terrible que pudiese 
lastimar su pecho. Corre á la cabezera de su padre 
y en aquel instante lo ve exhalar trabajosamente lo?; 
últimos alientos, con un ronquido, que oprime el co- 
razón el oírlo; luego besar el Crucifijo que le acerca 
á la boca y volver hacia ella sus ojos empañados y 
vidriosos y en seguida contraer los labios, torcer ha- 
cia un lado la cabeza y expirar. — ¡Dios mió, ha muer- 
to! exclamó Maria en el colmo de su aflicción y diri- 
giéndose á Vito que con las dos aldeanas estaba 
i'ezando por el agonizante.- ¡tres! son en dos meses. — 
Y esto dicho cayó de rodillas con el rostro sumergidu 
entre las manos. 

XLVII. 

Pocos días antes que- tuviese lugar tan triste acon- 
tecimiento habia pasado por allí aquella Catalina 
que tanto habia socorrido á la familia del infortuna 
do Capitán en los apuros que á su tiempo hemos 
descrito. Dirigíase a Collepardo en busca de un refu- 
gio, que la pusiese á cubierto de la persecución de 
algunos malvados paisanos suyos, que llevados de su 
odio y deseo de venganza la habían acusado come 
encubridora de los brigantes y cómplioa de la rebelión 
contra loa piamonteses. Para evitar, pues, las mucha?; 
molestias, que con este motivo se ocasionaron tant< 
á ella como á sus parientes, juzgó oportuno dejar su 
país y retirarse al mencionado pueblo en donde tam- 
bién tenia algunos conocidos. Mas al lucer este via- 
je no pudo menos de dar una vuelta por Casamari 
para saludar al enfermo y á la hija, á quien ella ama- 
ba tiemísimamente. En esta triste visita que fué 
muy corta ambas quedaron en reunirse por algún 
tiempo en caso de que Peregrino llegase á faltar, an- 
tes que Otello volviese y se tuviesen noticias de Félix. 
De esto hicieron alguna, indicación al enfermo, pero 
en aquel momento estaba tan alterado, que nada en 
tendía de lo que le decían. Sin embargo en esta 
inteligencia se separaron y el último adiós que Cata- 
lina dijo á la joven fué: — Mirad, que yo os quiero en 
mi compañía y si tenéis que ir á Roma quiero tam- 
bién acompañaros, entendéis? Acordaos de que doña 
Juana os encomendó primero á Dios, después á mí. 
Era por tanto muy natural que la desconsolada 
huérfana después de los funerales de su padre volvie- 
se los ojos á aquella mujer, que sabia era la única 
persona en cuyos brazos poclin entregarse con toda 
conñanza. Aguijoneábala además el deseo de adqui- 
rir alguna noticia de Félix y Otello, de los que tam- 
bién Catalina habia sido nodriza y á quienes amaba 
como madre. Tomada pues esta resolución, procuró 
llevarla á cabo cuanto antes y recatándose lo mejor 
que pudo del ama de casa, eu cuya boca sabia que 
pocos secretos estarían guardados. Desapareció pues 
de la manera que Filomena habia contado al depen- 
diente de Trajano, no llevando consigo mas que un 
pequeño lio de ropa y 102 luises de oro-, que eran el 
resto de los 150 que en Roma habia dado á su padre 
su madrina. No era á la verdad muy prudente el que 
una joven se aventurase á hacer sola un viaje de cer- 
ca de cinco leguas por caminos montuosos y desier- 
tos, en aquella ocasión y llevando consigo tanto dine- 
ro; pero el temor y el amor no siempre se dejan guiar 
por la prudencia. 

Sin embargo Dios y su Ángel custodio ampararon 
á esta inocentísima imprudente, la cual antes de ar- 
riesgarse en aquel intrincado laberinto de senderos 
que conducen á la falda de las Scalelle entró eu la, 
iglesia de Casamari y allí oró, lloró y se fortificó con 
el pan de los ángeles, no decidiéndose á salir mien- 



-- ^ ^- -r.sAsa»í-fc^rsp^«iw.^- ^M?*VWL'-£&lMi 7 Jm.X'^ 



36- 



tras uo se sintió interiormente satisfecha y segura 
con la protección del Cielo. 

Y en efecto apenas so hubo internado por entre los 
espesos matorrales de Scifelli, encontró un grupo de 
abruzeses entre los que iban tres mujeres y dos ni- 
ños, que se dirigían á Vico, aldea cercana á Collepar- 
do. — ¡Dios os guarde! buena hija; le dijo la mas an- 
ciana de aquellas montañesas, así que la vio. 

—El Señor sea con vosotros; respondió tímidamen- 
te la joven. Y sin mas exordio trabaron conversación 
y resolvieron marchar en compañía hasta donde lo 
permitiese la dirección que cada uno llevaba. 

Llegados á la aldea de Scifelli, se detuvieron delan- 
te de una casa, á cuya puerta estaba sentada hilando 
una ágil y aguda vieja. 

— Buenos dias Inocencia, ¿qué se hace de bueno? le 
dijo uno de los hombres, entrando con los demás en 
la casa. 

— Vamos viviendo; contestó la vieja dejando la 
rueca. 

— ¿Y qué hace nuestro Luis? repuso el otro hacien- 
do una maliciosa guiñada. 

— Ya ha tiempo que no se vé; pero no debe tardar 
en aparecer. 

Se trataba de almorzar; y los viejos se pusieron á 
hincar animosos el diente en el pan y queso, que uno 
de los hombres habia sacado de un saco. Maria, in- 
vitada á participar de aquella frugal comida, mas por 
110 parecer descortés, que por apetito que tuviese, 
aceptó un poco de queso, que fué mascando con tra- 
bajo. Terminado el almuerzo todos se despidieron de 
la mesonera y emprendieron de nuevo el viaje. 

Si la hija de Peregrino hubiese sido menos reserva- 
da y estuviese menos absorta en sus tristes pensa- 
mientos, habría podido conseguir de aquella vieja 
algunas noticias, que le tendría cuenta el saberlas; 
pues Inocencia era una, facciosa de tomo y lomo, pro- 
veedora prudentísima de Chiavone y toda su partida. 
A pesar de contar ya sus ochenta años, todos los dias 
iba con su asno á Veroli á buscar pan y víveres para 
los realistas, que campaban por aquellas montañas. 
Además de esto tenia sus espías para observar todos 
los movimientos de los piamonteses del lado de allá 
de la frontera, y dar parte seguidamente á Chiavone, 
y en su casa se reunían algunas noches los chiavo- 
niauos para descansar ó celebrar entre los vapores 
del ron y el humo del cigarro ó al son de la guitarra 
las huzañas del dia. 

Pero de nada de esto hubo ocasión de hablar du- 
rante el camino, Maria se separó de sus compañeros 
de viaje sin adquirir mas noticias; y con el auxilio do 
Dios llegó sin novedad á Collepardo, estando ya para 
ponerse el sol. 

XLVIII. 

Apenas se avistaron Maria y Catalina corrieron á 
echarse la una en brazos de la otra, prorumpiendo en 
amargo llanto. Al recordar la prematura muerte del 
Capitán. 

— Y tú, querida mia, que vas á hacer tú, sin padre, 
sin madre, sin persona que te conozca y te quiera, si- 
no soy yo, que aquí soy forastera y vivo en casa de 
arriendo con el trabajo de mis manos? exclamó Cala- 
liua en aquel impetuoso desahogo, cu que procuraba 
derramar todo el afecto de su corazón sobre el de su 
hija de leche. 

— Haré la voluntad de mi pobre padre é iré á Ro- 
ma; pero no tan pronto. Yo me entrego á vos para 
aue antes me procuréis, si es posible, alguna noticia 
e Félix y ütello. 



—¿Y en dónde quieres, hija mia, que los busque? 
¿Cómo tener noticias, si ambos están en Gaeta? 

— ¡Quién sabe, Félix, sino lo han matado, debe es- 
tar; pero Otello! 

— ¡Otello también está allí; á que dudarlo! 

—¿Y si no pudo entrar, y si los piamonteses lo han 
cogido y fusilado? ¿ó, como es mas verosímil, consi- 
guió salir de la ciudad y andan ahora por estas mon- 
tañas en busca nuestra, desesperados de encontrar- 
nos? 

— ¡Ah, querida mia, tu te consuelas hasta con las 
espinas! Quien penetra en una fortaleza como Gaeta, 
queda encerrado, puedes estar segura, como el ratón 
en la trampa. 

Esta diversidad de opiniones en nada alteró la dis- 
posición de los ánimos, ni estorbó que Catalina con 
la mayor buena voluntad se prestase á tomar noticias 
de quien con toda seguridad podía dárselas; que no 
era otro que Chiavone ó alguno de los de su partida; 
pues en caso de que Otello hubiese vuelto de Gaeta, 
no tendría otro refugio que entre aquellos guerrille- 
ros. Pero Alouzi después de la derrota de los pia- 
monteses en Bauco, no volvió á dejarso ver por 
aquellas alturas, que eran su guarida inexpugnable, 
ni nadie podia darse cuenta de su repentina desapa- 
rición. 

— Ten paciencia, hija mia; repetía á Maria Flora 
Catalina; esperemos que vuelva Chiavone. Para ani- 
marla un dia le decia: — Sabéis, esta manan i en la 
feria de Guercino unos mulateros dijeron que Chiavo- 
ne se habia dejado ver entre Campodimele y Roca- 
guglielma; y me lo han confirmado unas polleras de 
Alatri que encontré en el camino. Otro dia anadia: — 
La mujer del hojalatero de Pofi le contó á la tendera 
de Ripi que entró en Vallecorsa y que unos leñadores 
de Pico tropezaron con su partida, y que se componía 
de 36 hombres, y llevaban presos á diez milicianos. 
Por fin una mañana le dijo: Chiavone cenó anteayer 
en Strangolagalli. Poco debe tardar en acercarse; 
tengamos paciencia, que luego lo veremos por aquí. 

Así iban pasando los dias; pero las conjeturas, ó 
mas bien los augurios, con que la atribulada Maria 
se esforzaba por confortar su corazón, se desvanecían 
como el humo. Dos domingos seguidos, subió con 
Catalina á Trisulti, no tanto por oir allí misa, pues 
esto bien podían hacerlo en Collepardo, como para 
ver si allí se sabia algo de los movimientos do los 
realistas. Nada sin embargo pudieron averiguar en 
estas dos excursiones. Mas no por esto vacilaba Ma- 
ria en su esperanza que cada dia so arraigaba mas en 
su ánimo; de manera que cada vez que el sol nacía 
sentía ella renacer en su pecho un nuevo rayo de es- 
peranza, augurando que aquel dia seria el que con su 
dulce voz le traería los consuelos por que tanto suspi- 
raba. Y dese»gañada á la noche, ponia su esperanza 
en el dia siguiente; y burlada de nuevo en este, todo 
lo esperaba del otro; ¡tanto es verdad! 

¡Que es la esperanza un sueño de la víspera! 

Entre tanto Gaeta vencida, no por el valor de sus 
sitiadores, sino por los rigores de una enfermedad 
contagiosa y por la perfidia de alguuos felones, se 
habia rendido perdiéndolo todo menos el honor. El 
rey Francisco, la reina Solia y los jóvenes príncipes 
so refugiaron en Roma; la valiente y leal guarnición 
quedó prisionera de guerra y el tan rico y hermoso 
reino do Ñapóles presa de un feroz conquistador, que 
le exprimía durísimamento el oro y la sangre. 



(Se continuara.) 



e publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 



25 de Enero de 1879, 



SUMARIO. 

Cbóníca GeseeíIi— Sección Piadosa: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Semana — San Policarpio Ob. y Mr. — Actualidades: — 
Discurso del W. H. Platt — El Sciehtifia American— Sentencia clara 
— Un legato de Pió IX á la Iglesia de Chile — Felicitación — A plea 
for Free Sohools — Al fin nos entendemos — Pero no nos entiende el 
Sentinel — Séptima carta al Sr. G. W. P.itch— Regocijo y esperanzas 
de El Espejo— Las escuelas Públicas— La Pobrecilla cíe Casamari. 



'eal. — El telégrafo marino de Europa 
anuncia los desposorios de Rodolfo príncipe heredi- 
tario de Austria con la princesa Matilde, hija mayor 
del Príncipe de Sajonia, y sobrina de Alberto rey de 
Sajonia y nieta de Maria de Gloria reiua de Portugal. 
El príncipe Rodolfo tiene veinte años, y la princesa 
Matilde diez y seis. 

Uflü elaase© «le los ^'iej©-(Daíóli©©s. — Un 
parte telegráfico de Giuevra dice que, habiendo la 
autoridad eclesiástica dado permiso á los católicos 
suizos de tomar parte en las elecciones para cura 
párrocos, los Viejo- Católicos perdieron el .monopolio 
que hasta ahora habían tenido, y la iglesia parroquial 
de Saigelgier en el Bernés Jura fué confiada á un sa- 
cerdote católico. 

ftIo:s:3^aeaií© ú Pao I5£. — En la ciudad de 
Puebla (Méjico) está erigiéndose un hermoso y rico 
monumento en honor de Pió IX. Esta obra es pro- 
movida ppr la Asociación Católica, de la cual es pre- 
sidente el Sr. D. José Ignacio Benitez. 

láscasela Caí «Sica para los la&dios. — El 
Lakepórt Bee dice que el Arzobispo Alemany y el 
Obispo O'Connell han comprado un rancho en las 
vecindades de Kelseyville, con el objeto de levantar 
en él una escuela católica en favor de los Indios. La 
escuela está ya en via de erección y será muy grande 
y elegante. 

Éa¡ asaiisy loaMe.— El Señor Teodoro A. Have- 
meyer, impelido únicamente por el deseo de sosegar 
la agitación ptíblica por causa de la falsificación del 
azúcar, ha enviado á la comisión sanitaria de New- 
York la suma de quinientos pesos, suplicando á los 
miembros de dicha comisión, los pusiesen á la dispo- 
sición del sabio químico Ohandler,. para alcanzar de 
él un análisis completo y exacto del azúcar que se 
vende en los comercios de New- York, y ofreciéndose 
á dar aun mas si la suma ofrecida no fuese suficiente 
para cubrir los gastos necesarios. 

131 €¿esíea*aE &Js*aaa£ y la el tallad «le Coa*k. 
— Sacamos del Sun de New York que apenas llegado 
el General Grant á Dubliu, el Sr. Richmond cónsul 
americano de Cork dio aviso al consejo municipal que 
el General se proponía visitar la ciudad de Cork. 
Por tanto se reunieron los miembros del consejo para 
deliberar si convenia dispensar al General los hono- 
res hospitalarios de la ciudad, y á unanimidad de 



votos fué decidido que no; y esto por ser el General 
anticatólico, por haber propagado doctrinas contra 
el Papado, por no haber hecho caso de los Irlande- 
ses, y por haberse servido de su influjo en contra de 
la religión católica. 

JPeregioFlttMiel. — El tniéivoles de esta semana á 
las 7 y 30 p. m. se celebró ''ti nuestra iglesia parro- 
quial el casamiento del Sr. D. M piano Perea, hijo de 
D. José Leandro Perea, con la Señorita Nina Hub- 
bell hija del Sr. Sydney A. Hubbell. Presidió la 
ceremonia el Rev. P. Jopó Maria Coudert, Cura Pár- 
roco de las Vegas, y asistía un numeroso concurso de 
parientes y amigos. Deseamos á los novios larga vida 
y completa prosperidad. 

fULoanerfa ú I^osis-iles. — El duque y la duquesa 
de Norfolk, acompañados de un séquito de veinte y 
ocho personas, han hecho últimamente una peregri- 
nación á Lourdes. Antes de abandonar el devoto 
santuario, hicieron una espléndida ofrenda á la Vir- 
gen, en prueba de su devoción hacia su Inmaculada 
Concepción. 

Cosaca!!© vaaSeaEB©.-- Entre otras noticias trans- 
mitidas á los Estados Unidos por el telégrafo marino 
hay esta; que su Santidad el Papa León XIII se pro- 
pone continuar el concilio ecuménico vaticano. — El 
mismo telégrafo anuncia que el Papa ha enviado una 
carta encíclica á todos los Obispos, tocante el estado 
presente de la Iglesia, impeliéndoles al propio tiempo 
a combatir con los sanos principios de la Iglesia las 
doctrinas de los socialistas, de los comunistas y de 
los internacionalistas. 

l£ieeei©sies Seíaas'os'áalle?* en Fra sacia. — 
El día cinco del corriente tuvieron lugar en Francia 
las elecciones para Senadores, en las que quedaron 
vencedores los republicanos. De 37 senadores con- 
servadores, cuyo término había acabado ya, solamen- 
te 13 fueron eligidos otra vez. El resultado general 
de la elección es de 15 Senadores conservadores y 64 
republicanos. En los departamentos de la Haute 
Garonne y Landos debe hacerse una segunda vota- 
ción. 

Moaieasi al ^as-roie. — Moncasi, el asesino del 
rey D. Alfonso XII, fué en fin sentenciado á muerte y 
ejecutado. El rey vencido por las lágrimas de la es- 
posa y del hijo del culpable, se inclinaba ya á la cle- 
mencia, mas luego prevalecieron los inconvenientes 
ponderados por ios ministros, y el rey tuvo que dejar 
libre el curso á la justicia. Él reo estuvo en capilla 
veinte y cuatro horas y se confesó. El dia cuatro de 
Enero oyó misa á las cinco de la mañana, y antes de 
subir al cadalso, se dice que reveló cosas de mucha 
importancia, las cuales fueron luego comunicadas al 
rey. ' 

'Bíii'ers!e22 fatal. — Mientras en una aldea del 
departamento del Orne (Francia) divertíanse hones- 
tamente cincuenta y dos muchachos, deslizándose 



>~ .«»*.• -JV* ^ -¿'.¿tmim* 




38- 



sobre la superficie helada de un muy hondo estanque, 
quebróse repentinamente el hielo, y cuarenta y ocho 
de ellos cayeron en el fondo, quedando todos víctimas 
de la muerte. 

IOS re.v de Holanda y la princesa Sana. 
— Uno de los iiltimos partes telegráficos anuncia el 
real enlace del rey de Holanda con la princesa Erna 
de Waldeck. Fueron testigos el duque de Sajonia y 
el príncipe de Wurtemberg. 

La vaeSía del mnnd» en US dia*. — El 
Señor de Hars cónsul de América en Alejandría, en 
G8 dias ha rodeado todo el mundo. En veinte dias 
hizo el trecho de Alejandría á San Francisco, pasando 
por Bríndisi, París, Londres, Liverpool y New York. 
Otros veinte empleó para ir de S. Francisco á Yoko- 
hama y Hong-Kong, luego en diez dias fué de Hong- 
Kong á Ceylau, y después de doce dias llegó á Suez, 
de donde en pocas horas volvió á Alejandría. 

Los estudiantes de I&ieff y Siarkofií'. — A 
consecuencia del levantamiento sedicioso de los estu- 
diantes de Kieff y Karkoff, el gobierno ruso ha hecho 
cerrar la universidad de Kieff hasta nueva orden. 

(¿aieiTa An^lo-ASghaua. — El General Ro- 
berts ha entrado ya en Khost cuyos habitantes se 
sometieron luego á su gobierno. — Un parte telegráfico 
del Virey de India dice haber sido informado de que 
Jacoob Khan, viéndose desprovisto de fuerzas sufi- 
cientes en Cabul, estaba preparándose para seguir á 
Shere Ali, Emir del Afghanistan, en su retirada hacia 
las fronteras rusas, y que todos los jefes de Guilzai, á 
excepción de Azmatullah Khan, le han enviado amis- 
tosos mensajes. Se dice además que las columnas de 
los generales ingleses Stewart y Kiddulph están de- 
lante de Kandahar, pero según parece, el governador 
del distrito se prepara á una vigorosa resistencia. 
Por otra parte los soldados de Mahoud Waziris, des- 
pués de una excursión hecha en el territorio inglés, 
en la que saquearon á los habitantes y quemaron 
muchas propiedades, fueron derrotados en los cerros 
en donde se habían retirado, quedando cortados y 
dispersos con graves pérdidas. Con todo se teme mu- 
cho que los merodeadores del Afghanistan no can- 
sen á los soldad >s ingleses y tengan muy dificultosa 
situación. El ejército inglés es acompañado por tres 
sacerdotes católicos como capellanes para recibir de 
ellos los auxilios religiosos. 

IOS Santo Padre León XIII y el 1*. Pa- 
leiy.i S. .1. — No hace mucho el Santo Padre reci- 
bió en audiencia particular á los Superiores y Pro- 
fesores de la Universidad Gregoriana dirigida por los 
Padres de la Compañía de Jesús. Habia entre ellos 
el Padre Francisco J. Patrizi, hermano del Cardi- 
nal Vicario y profesor un tiempo del mismo Papa. 
Después del breve discurso leido por el P. Cardella, 
los padres so adelantaron hacia Su Santidad para 
tenor la dicha de besarle el pié. En esto reconoce el 
I 'apa á su viejo profesor, y queriéndole dar una prue- 
ba de cariño, se levantó do su silla y abrazólo con 
tierno afecto, declarando al propio tiempo delante de 
todos, cuan grato era para su corazón el recuerdo de 
liabcr tenido un tiempo la ventaja do oir sus leccio- 
nes. 

Munificencia Peal — El rey de Portugal ha 
concedido la gran cruz de la Orden de Torre y Es- 
pada al ministro italiano Benedetto Cairoli, por ha- 
ber con peligro de su vida preservado al Rey Hum- 
berto contra el atentado de Passanante. 

Misiones del .lapon — El CathoMc Mirror ha- 
bla de una carta de Su Santidad León XIII al Muy 
llov. Padre General de la Compañía de Jesús, tocante 
la oportunidad de enviar misioneros de la Compañía 



al Japón. Parece que la investigación de este impor- 
tante negocio ha sido confiada al Kev. P. Provincial 
de la provincia de Veuecia, y en caso que el resultado 
sea favorable al Japón, la misión quedaría á cargo 
de su provincia. 

BOi Padre Seeehi y la Academia Tiheri- 
«»a. — La noche deldia 12 de Diciembre la Academia 
Tiberina tuvo una reunión extraordinaria, en honor 
de su último presidente el Padi - e Secchi S. J. de san- 
ta memoria. Una estatua colosal del famoso astró- 
nomo, obra del acreditado escultor Leopoldo Braco- 
ni, ocupaba el lugar mas distinguido de la sala, 
teniendo á su lado dos hermosas imagines de la Reli- 
gión y de la Ciencia. Entre otras personas de alto 
rango se notaban los Cardenales Nina, Chigi, Gian- 
nelli, D'Avanzo, DeFalloux, du Coudrav, el Patriarca 
de Constantinopla, .Mgr. Latoni auditor del Papa, 
Mgr. Cretoni subsecretario de Estado, el conde Paar, 
embajador de Austria, el Barón D'Araguaya, minis- 
tro del Brasil, el Marqués De Lorenzana, ministro 
de Costa Rica, el Príncipe Rospigliosi y el General, 
Kanzler. 

101 matrimonio en Carolina.— Sacamos del 
Cathólic Univers que en South Carolina antes de la 
guerra no se permitía el divorcio, luego, gracias á 
ciertos legisladores amantes del progreso, se formu- 
laron leyes aptas á favorecerlo. Ahora finalmente 
una legislatura mas justa ha abrogado la ley del di- 
vorcio, y el matrimonio queda como antes una insti- 
tución divina. 

I{)staldecimientos religiosos. — El New Or- 
leans Star dice que el gran jurado de Ncvv-Orleans, 
después de haber visitado minuciosamente la casa de 
las Hermanitas de los Pobres y otros establecimien- 
tos de pública beneficencia dirigidos por corporacio- 
nes religiosas, como son el City lnsane Asytum y el 
Louisittna Betreat, quedó sobremanera contento, y 
mostró vivos deseos de que los inquilinos de otros 
asilos de beneficencia confiados á personas seglares, 
fuesen trasferidos á los de las corporaciones religio- 
sas, yeso á causa del grave contraste que existe entre 
ambos establecimientos. 

¡Itennrticioii impareial! — Se ha publicado 
en New-York el boletín de la distribución del dinero 
colectado á favor de los establecimientos de pública 
beneficencia. Según ese boletín, los Católicos han 
recibido $32,415, y los Protestantes $79,150. Sabido 
es sin embargo, quo los establecimientos Católicos son 
sin comparación mas numerosos que los Protestan- 
tes. Y después so tiene aun el atrevimiento de llenar 
los aires con el evangélico grito de quo los Católicos 
reciben mas que los Protestantes. 

Fallecimiento doloroso. — El dia 11 de Diciem- 
bre murió de un violento ataque de apoplejía el 
Comentador Estanislao Sterbiui. Nació cu Roma de 
ricos y nobles padres el dia 2 de Diciembre de 1802} 
en 1850 fué nombrado director general de las adua- 
nas en los Estados Romanos, las que dirigió con 
extraordinaria integridad y con mucho acierto y es- 
mero hasta la ocupación de Roma por los soldados 
italianos en 1870. El Santo Padre León XIII en 
premio de sus virtudes, y por los muchos servicios 
rendidos á la Santa Sede, le nombró Soalce Segreto y 
honróle repetidas veces con su particular confianza. 



39 



SECCIÓN PIADOSA. 



FIESTAS MOVIBLES DE ESTE ANO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 2G 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del_ Se- 
ñor, 2'¿ Mayo.— Pascua do Pentecostés, 1 Junio. —Corpus Christi, 
12 Junio. — Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. —Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
ENERO 2G-FEB. 1. 

2G. Domingo III después de la Epifanía. San Policarpio, Ob. y 
Mr. Santa Paula viuda romana. 

27. Lunes. San Juan Crisóstomo, Ob. Conf. y Doctor. Santa An- 
gela Merici, Vg. 

'28. Martes. San Flaviano, Mr. Santa Margarita de Hungría, Vg. 

29. Miércoles. San Francisco de Sales, Ob. Conf. y Dr. Santa Ba- 
degundis, Vg. 

30. Jueves. Santa Martina, Vg. y Mr. San Hipólito, presbítero 
y Mr. 

31. Viernes. San Ciro, Mr. Santa Marcela, viuda. 

1. Sábado. San Ignacio, Ob. y Mr. Santa Brígida de Escocia, Vg. 

SAN POLICARPIO, OBISPO ¥ MÁRTIR. 

San Policarpio, discípulo del Apóstol y Evangelista 
San Juan, y ordenado por él Obispo de Esmirna, fué 
uno de los mas distinguidos varones de las Iglesias 
de Asia, como que habia tenido por maestros á vatios 
de los Apóstoles y otros de aquellos que babian dis- 
frutado la dicha de ver al Señor y conversar con El. 
A causa de algunas cuestiones que se levantaron 
acerca del dia de Pascua, Policarpio fué de Esmirna 
á Roma, siendo Emperador Antonino Pió, y rigiendo 
la Iglesia el Sumo Pontífice Aniceto. Allí convirtió 
á la fé á muchísimos de los primitivos Cristianos, en- 
gañados ya por los antiguos herejes Marcion y Va- 
lentín. Encontrándose un dia por casualidad con 
Marcion, díjole este: ¿No me conoces? y contestóle el 
Santo: Sí, conozco al hijo primogénito del demonio. 
Luego, durante el reino de Marco Antonino y Lucio 
Aurelio Cómodo, en la cuarta persecución después de 
Nerón, fué entregado á las llamas en el anfiteatro de 
Esmirna, por odio á la fó que predicaba, y en presen- 
cia del Procónsul y de una multitud ele pueblo em- 
brutecido é idólatra, que clamoreaba de bárbaro gozo 
á la vista del suplicio. Escribió una carta á los 
Eilipenses, la que es leida hasta hoy dia en las Igle- 
sias de Asia, con mucha utilidad de los fieles. 



-^»»4^¡B. 



Publicamos en este número un extracto de 
un discurso del Rev. W. H. Platt, Ministro 
Episcopal de Grace Church en San Francisco 
(California) contra el presente sistema de Escue- 
las Públicas. Lo que dio ocasión á ese discurso 
fué el haberse descubierto ciertos fraudes escan- 
dalosos en la dirección y manejo de las Escuelas 
Públicas del Estado, descollando por su torpeza 
el vil mercado que se hacia de las cédulas de 
profesorado. El Sr. Platt habla á este propósito 
como hablan todos los Católicos. Los que se 
jactan de pertenecer á nuestra Iglesia, y sin 
embargo tratan de intolerante y falto de sano 
juicio al Catódico, ó al Cura que no opina comp 
ellos sobre las escuelas falsamente llamadas non- 
sertarian, bien podrían reflexionar qué significa 



eso que aun Protestantes de mérito y talento se 
pronuncian en contra de ese fementido "siste- 
ma" de excluir á Dios de la educación de la 
juventud. Añádase al Rev. Platt el Rev. Wood- 
bridge: añádase el periódico irresbiteriano el Oca- 
clent, todos de California y todos acordes en 
lanzar, con esta ocasión, anatemas contra la en- 
señanza de Dios. El /St. Louis Times, cuyas 
palabras daremos en otro lugar ú otro número 
de la Revista, acomete también ese sistema, y 
pide cuando menos que sea reformado. Por 
doudequiera se experimentan ya los aciagos 
efectos de esa manera de educar, y se levanta 
contra ella el grito de la gente sensata; y con 
todo, el Nuevo Méjico, que está todavía exento 
de este azote, el Nuevo Méjico debe sucumbir á 
sus golpes! Y la razón clara y neta es porque 
de lo contrario en las Escuelas Públicas se ense- 
ñaría aquí el Catecismo Católico, lo que enojaría 
á los Protestantes. Pero, señores, ¿porqué no 
pueden las Escuelas Públicas ser denominaciona- 
ks, como lo son en Inglaterra, en Canadá, y en 
aquellas partes de las católicas Francia y Aus- 
tria donde hay Católicos y Protestantes? Esté 
es el único medio de satisfacer á todos. Con las 
escuelas sin Dios, ó no sectarias, solo se agradara 
á unas sedas, las sectas de los incrédulos, de los 
racionalistas, de los deístas. Ni seria menester 
poner en todas partes esas escuelas denominado- 
nales, sino solo donde lo pidiere la existencia 
suficientemente numerosa de familias de ambas 
denominaciones. Este plan es el que mas corres- 
ponde á las instituciones del ¡tais. El Gobierno 
debe respetar la conciencia religiosa de todos. 
Es así que no la respeta sino que la atropella 
miserablemente cuando nos compele á educar á 
nuestros hijos en escuelas que repugnan á nues- 
tras creencias, cual son esas llamadas n&n-sécta- 
rian. Luego no puede obligarnos á ellas. Por 
consiguiente ó no debe cuidarse de la instruc- 
ción, ó debe darla conforme á nuestra conciencia. 
¿Qué se dirá contra ese simple y claro raciocinio? 

El Scientific American nos envió las muestras 
de los colo'res que es capaz de dar la Uranina, 
la mas fluida da las substancias químicas cono- 
cidas por la ciencia. Es notable su poder de 
colorir, pues un solo grano es bastante para te- 
ñir cosa de quinientos galones de agua. Uno 
de los mas curiosos experimentos, y que todos 
pueden hacer, consiste en rociar algunos átomos 
de esta substancia sobre la suj cificie de un vato 
de agua. Cada uno de los átomos echa inmedia- 
tamente á través del agua lo que tiene aparien- 
cia de una pequeña raíz; y luego después clelí- 
neanse en todo el vaso los perfiles de plantas 
hermosas. Poco á poco las pequeñas raices em- 
piezan á dilatarse y combinarse, hasta que ío 
consigue tener una masa de líquido verdeante: 
Si seguirá á través de la luz, el color tira á un 



-3%¡fc#3V?Jk* 



— *¡».^ m^-^j 



' ■ 



-40- 



vivo amarillo, seguí) la posición que se dé al 
vaso. 



"Dais vuestro hijo á un esclavo, para que le 
eduque," decía un antiguo filósofo á cierto padre 
rico: "muy bien: en vez de un esclavo tendréis 
dos."' Así El Espejo ele Bernalillo. "Dais vues- 
tro hijo á mi ateo, para que le eduque,"' dicen 
otros filósofos á todos los padres, ricos y pobres: 
"muy bien: en vez de uu ateo teudreis dos.*' 
Así la Revista Católica de Las Vegas. 



Los diarios de Chile han publicado la carta 
del Cardenal Simeoni al xVrzobispo de Santiago, 
con la que Su Eminencia le informa del don, le- 
gado por el finado Pió IX i la Iglesia Metropoli- 
tana de la República: "Mi muy ilustre y Reveren- 
do Señor — El Sumo Pontífice de santa memoria, 
quo visitó el Chile y moró en él algún tiempo, 
quiso en su testamento atestiguar la grata me- 
moria que conservaba de ese país, legando á 
Vuestra Iglesia Metropolitana un gran Crucifijo 
de brouce con la peana de marmol. Después 
de haber cumplido con las formalidades necesa- 
rias para la ejecución de la última voluntad del 
augusto difunto, yo pongo á la disposición de 
Vuestra Señoría Reverendísima, en nombre de 
los Eminentísimos herederos Monaco y Marte], 
el mencionado Crucifijo, rogándola se sirvia 
nombrar la persona en cuyas manos deberá de- 
positarse el precioso regalo," etc. 



No podemos menos de alabar la iniciativa to- 
mada por nuestro actual Juez de Pruebas, el 
Sr. Carlos Blanchard, para tutelar el bienestar 
público con una policía cuidadosa y atenta. El 
mantenimiento del urden públieo en una socie- 
dad fué siempre considerado de primer interés; 
pero este interés sube de punto con el aumento 
de los habitantes en una población. Este es el 
caso en que hállase hoy el poblado de Las Ve- 
gas con la próxima llegada del Ierro-carril. Es- 
peramos que todos favorezcan la idea del Sr. 
Blanchard, no* poniendo estorbos jara su ejecu- 
ción. Cuantos vivimos aquí nos debiéramos em- 
peñar en el feliz resultado de una tal medida: el 
provecho no sera* pequeño, quedándonos así, en 
gran parte asegurada aquella paz y tranquilidad 
que todos los ciudadanos honestos han de promo- 
ver. 



Declaración de un infiel El Sr. Dyer D. Lnm 

escribe en el 1/"// periódico radica) de New 
York. "Uuo dclos efectos mas notables de la 
incapacidad de loa protestantes para dirigir el 
progreso social, es la manera como ellos miran 



las instituciones de beneficencia pública. Don- 
dequiera que se discutan con alguna amplitud 
las cuestiones sociales, el protestantismo marcha 
hacia la decadencia. Apenas Inglaterra se se- 
paró de la Iglesia de liorna, olvidó la caridad, 
confiscó las tierras de la Iglesia, la tercera ó 
cuarta parte de cuyo producto estaba consagra- 
da al sosten de los pobres, y dio origen al pau- 
perismo. En Alemania, en dónde las cuestio- 
nes sociales absorben en gran parte la pública 
atención, la reforma religiosa es derrotada y 
vencida por completo. Las leyes de las nacio- 
nes protestantes tocante á los pobres, son una 
consecuencia de su sistema de fe, y una desgra- 
cia permanente! Si los mil años del dominio 
de los Papas pueden llamarse edad del oscuran- 
tismo, sin duda los trescientos y cincuenta años 
de la Reforma se han hecho acreedores al nom- 
bre de Edad sin corazón''' 1 



A Pleafor Free Schools, es el título de un ar- 
tículo del Independent del 4 de Enero. Ese cu- 
rioso "alegato por las escuelas libres'' parece es- 
tribar en una pretendida necesidad de abolir 
todo cuanto hay de "disposiciones y hábitos/' 
"prejuicios religiosos," y "usos inmemoriales," 
de cada pueblo particular. Todo eso ha de ser 
subrogado por disposiciones, y hábitos, y senti- 
mientos religiosos, y usos, limitados ahora aun 
reducido número de seres privilegiados, qua ba- 
tíanse exentos de !a "laxitud y depravación del 
instincto moral," y de la "arrogante soberbia 
del espíritu," y de los "antojos de una imagina- 
ción indisciplinada," y de las "extravagancias 
á las que pueden ser llevadas las inteligencias 
mal guiadas," etc. Si entendemos bien al In- 
dependent, tenemos aquí el plan de la Masonería, 
ó del Racionalismo, ó de la Incredulidad moder- 
na: llamadla como queráis. Esos señores, por 
culpa de la educación (pie han recibido, no cre- 
en en nada mas que en lo visible, lo palpable, lo 
natural, y extrañan que haya todavía tantos 
que admitan por cierto, y mas cierto que todo, 
lo invisible, lo insondable, lo sobrenatural, y á 
tenor de eso guien su vida. Tal conducta la 
juzgan ellos una locura, una aberración, uu pre- 
juicio, y quisieran verla extinguida, y aun so li- 
sonjean que no está lejos el dia cuando "serán 
arrebatados juntamente el idólatra y su ídolo 
de bronce." ¿Cuál es el medio de conseguirlo? 
Las leyes no sirven de nada. Las leyes se lian 
de conformar necesariamente á los usos, mane- 
ras, costumbres y hasta prejuicios de un pue- 
blo, si hun de ser eficaces: porque es axioma de 
jurisprudencia que /a* leyes sin fas costumbres no 
,«>,/ de provecho ninguno, según aquello del poeta: 
t Quid leges sim moribus prosuniP Luego (aquí 
viene la gran consecuencia) el Estado se debe 
apoderar de los niños y ensenarles él loque es 



-41- 



necesario para, realizar esa regeneración de los 
pueblos, según las ideas de la Masonería y délos 
incrédulo?. Creemos que el Independen!, desean- 
do hablar sin chocar abiertamente con los "cie- 
gos prejuicios y las idiosincrasias" de la gente, 
no podia darnos á entender mas claro el fin á 
que miran esas escuelas que llaman "libres." 
Nada nuevo para nosotros. Solo quisiéramos 
saber por qué medio el Estado se ha de apode- 
rar de los niños; con qué derecho podrá hacerlo. 
Los niños no pertenecen al Estado: pertenecen 
á la familia: y la familia es elemento del Estado; 
no es su vil } T ciego instrumento. Y si las leyes 
de nada sirven sin las costumbres? con qué pru- 
dencia y cordura hará el Estado una ley de en- 
señanza que contradiga á los "prejuicios religio- 
sos," es decir, á la conciencia religiosa de las 
familias? antes bien con qué derecho? ¿Puede una 
ley afectar á los niños y no afectar las familias? 
Todo ese "alegato," pues, es otra prueba de cuan- 
ta falta hacen en esta parte de la tierra los es- 
tudios sólidos, aun entre aquellos que se precian 
de ser los mas ilustrados. 



Los soberanos de esta tierra comienzan á sen- 
tir la necesidad de que los pueblos de sus do- 
minios reconozcan socialmente á un Dios, y ad- 
mitan prácticamente una Providencia, suprema 
reguladora de los eventos de este mundo, y de 
las condiciones de los hombres. No lo extraña- 
mos, atendidos los últimos acontecimientos que 
parecen haber enseñado á los príncipes, una vez 
mas, cuan terrible sea un pueblo sin Dios y una 
sociedad sin religión. El Czar de las Rusias, 
en su discurso pronunciado en Kremlin, decía: 
"confio en vuestra cooperación, para impedir 
que la juventud siga en la senda peligrosa por 
donde quieran llevarla los malvados. Dios nos 
ampare y me otorgue á mí la consolación de ver 
que la paz y el carden prosperen en este país, 
pues esto es lo que puede asegurar al imperio 
el esplendor que todos le deseamos." La Reina 
Victoria de Inglaterra ha dicho á los represen- 
tantes de la (Irán Bretaña: "pongo en vuetras 
manos los intereses de mi Corona, y ruego á 
Dios Todopoderoso á fin de que os bendiga y so- 
corra en vuestras deliberaciones." El Empera- 
dor de Alemania empezó su mensaje á la Dieta 
prusiana con ciar gracias á la Divina Providencia, 
y añadió': "que las llagas sociales recientemente 
descubiertas en sus Estados no podían sanarse, 
sino por la aplicación constante de 1a. ley." La 
Providencia de Dios y una policía cuidadosa, 
hé aquí las esperanzas de Guillermo I. Los dos 
jóvenes Soberanos de Italia se dejan ver visi- 
tando iglesias, asistiendo á la Santa Misa y prac- 
ticando públicamente otros actos de piedad cris- 
tiana. Umberto I y su esposa la Reina Marga- 
rita se habrán acordado que, cuando los Reyes 



de Casa Saboyá hacían lo que ellos han empe- 
zado á hacer, no se hablaba de socialismo entre 
sus subditos, ni corrían peligro de ser acometidos 
en las calles por un Passanante. 



El Sentinel del 1 6 de Enero nos hace el honor 
de traducir el primer articuüto nuestro del 28 
Dic. del '78; y en muy buen inglés lo traduce. 
Un solo quidproquo hemos notado: será culpa 
quizá del poco conocimiento del español. En 
seguida el Sentinel, imitando al Hon. Ritch. 
amontona palabrotas contra los Jesuítas, y prue- 
ba cuanto afirma con tres Diccionarios. Con- 
cluye que todo otro argumento contra nosotros 
está perdido. Nos alegramos: señal que también 
la causa del Sentinel está perdida. 



Sétima Carta al Si*. G. W. llitcli. 



Inapreciable Señor Secreíario: Habíamos es- 
crito y entregado á los impresores nuestra sexta 
carta, y hasta corregido las primeras pruebas ele 
la misma, cuando el título que encabezaba una 
columna de un periódico americano despertó 
vivamente nuestra atención: The School Scandal 
in California — Opinión s of (lie Protestará Pulpit 
and Press — tai era el título. Puede Vd. supo- 
ner si lo leimos iodo ávidamente, y si, á medida 
que adelantábamos en la lectura, nos dijimos 
para nuestros adentros: Lástima que no viéra- 
mos esto tres dias antes. Allí se atacaba de la 
manera mas terminante, sin rodeos, sin tapujos, 
el presente sistema de Escuelas sin Dios. Se 
vituperaba su torpe manipulación, se estigmati- 
zaba su inmoralidad é impiedad, se presagiaban 
sus peligros para toda la nación; se hablaba en 
fin, como hablaron "esos conspiradores, esos 
proscriptos, esos expatriados," para quienes no 
hay "nada vil ni criminal cuando les es de obs- 
táculo á sus designios," los Jesuítas del Nuevo 
Méjico. ¡Y los que así hablaban eran mini-tros 
Protestantes! 

"Por cuanto ha sido posible," decia el Rev. 
W. H. Platt, "Dios ha sido excluido de la cul- 
tura de estas tierras, y si la historia se repite á 
sí misma, Dios nos visitará por estas cosas. No 
hay mas que una cuestión de tiempo. La des- 
trucción es cierta, y, si nos podemos fiar en las 
señas, no está muy lejos." 

¡Qué horror! ¡Qué escándalo! "La destrucción 
es cierta." ¡The country going to the demnilion 
bow vowsf ¡Y el profeta es esta vez todo un mi- 
nistro Episcopal! 

¿Y en qué funda el Rev. Platt sus negros pro- 
nósticos. Pues, señores: En la "podredumbre 
de nuestro sistema de Escuelas." Traidor! cons- 
pirador! hipócrita! Jesuíta! 

"Yo confio," de este modo empezó el ministro 



('' 



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T~~>ir*k,+ 



-42- 



de Gráce Church, "Yo confio en que las recien- 
tes revelaciones de la particular podredumbre 
(rottenness) de nuestro sistema de escuelas me 
garantizan completamente para volver á hablar 
del peligro que el pueblo de esta república 
tiene delante." Y entra en la batalla con un de- 
nuedo, que ni un ejército de Jesuítas. Como se 
echa de ver por lo que acabamos de citar, no es 
esta la primera vez que el Rev. W. H. Platt di- 
rige su fuerte y vibrada palabra contra ese in- 
sidioso y mortal enemigo de la sociedad, la En- 
señanza sin Dios. Nosotros dimos el año pasado 
gran parte de un discurso suyo sobre el mismo 
asunto, y nos tomaremos ahora el trabajo de 
traducir unos trozos de estotro. Vd., Sr. Ritch, 
podrá leerlos, ó no: poco nos va. Vd. no busca 
la verdad; y esperamos que sea porque presume 
poseerla. Juzgúele el Señor: que no nos perte- 
nece í nosotros juzgar á los hombres, aunque 
sepamos que estén en el error. 

Sin embargo, no podemos abstenernos de in- 
dicarle de nuevo el hecho luminosísimo de que 
nosotros no somos los únicos hombres que detes- 
tan con todo su corazón la educación puramente 
intelectual de los niños, y que no ven en ella sino 
serios y desastrosos peligros para las generacio- 
nes venideras. ¿No era este el cuarto crimen de 
los Jesuítas de Nuevo Méjico según la "historia 
presente"? Y sin embargo este crimen va to- 
mando proporciones alarmantes en los E. U. 
Vamos al quinto delito. 

El 17 de -J unió de 1870 la Revista Católica 
publicaba un artículo sobre este que llaman sis- 
tema americano de las Escuelas. Era aquella 
la época de los ruidosos y colosales fraudes des- 
cubiertos en las mas elevadas regiones del go- 
bierno nacional. Belknap y Babcock, los gran- 
des corifeos de aquel drama de malversación y 
verdadero robo gigantesco de la fortuna pública, 
habían escandalizado á todos los honestos ciu- 
dadanos, y desacreditado el país en el Extran- 
jero. Aludiendo á todo eso decia la Revista: 
"Muchas veces se afirma que este 6 aquel par- 
ido es causa de tamaña ruina. A nosotros nos 
parece que no es ningún partido como partido, 
sino mas bien es el sistema, son los principios, 
que tal vez uno y otro ha adoptado.'' Heos aquí 
lo que constituye el cuerpo del delito No. 5 de 
los Jesuítas del N. M. según la "historia pre- 
sente." 

Preguntamos ahora nosotros, no á Vd. señor 
v dueño amable, sino á los demás lectores nues- 
tros: ¿Han entendido Vds. lo que significa que 
la causa de aquellos pasmosos robos no era 
"|)ingun partido como partido," sino "el siste- 
ma," "los principios," adoptados tal vez por 
ambos partidos? ¡Que han de haber entendido! 
tío es muy fácil. Pero la culpa no la tiene la 
Revista, sino su fidelísimo y escrupuloso traduc- 
tor el Sr. (i. \\\ Ritch, quien penad acaso que 



tres asteriscos ( * * :;: ), intercalados con el texto 
mutilado, bastaban y sobraban para explicar lo 
(pie él juzgara deber omitir, por amor de la bre- 
vedad, ya se entiende. Nosotros empero somos 
de opinión que todo estará mas claro poniendo 
en el lugar de aquellas estrellitas las palabras 
(pie estaban, y son las siguientes: "Ese sistema 
estriba en que la religión ha de excluirse del 
todo de la educación, de las escuelas, del go- 
bierno, de la política: esos principios son ins- 
trucción laical, irreligiosa, atea; abstracción de 
la religión en todo lo que concierne á la políti- 
ca." Con eso se podrá quizá entender lo que 
significa que la causa de los dolos y fraudes pú- 
blicos no es ni este ni aquel partido, sino los 
principios adoptados tal vez por los dos. Se 
podrá entender (pie, según la Revista, la causa 
de la iniquidad que ella deploraba consiste en 
haber excluido á Dios y su religión de todo lo 
que se llama vida social: consiste en otras pala- 
bras en afirmar que no puede haber moralidad 
donde no hay religión. Pues bien, el haber 
dicho esto constituye el quinto horrible delito de 
los Jesuítas de estas tierras. Sr. Ritch, Wash- 
ington afirmó la misma cosa cuaudo dijo: "An- 
demos cautos con admitir la hipótesis que se 
puede mantener la moralidad sin religión*" Si 
viviese aun G-eorge Washington, á buen segu- 
ro que algunos de sus compatriotas le denuncia- 
rían al Congreso y le mandarían ahorcar por 
traidor y jesuíta, 

Todo lo que añade Vd. para encarecer y le- 
vantar á la cuarta ó quinta potencia ese horro- 
roso delito, no es mas que inútil palabrería. 
¿(¿ué nos va contando Vd. de los remedios y 
modelos de gobierno que habíamos de proponer 
nosotros para salvar el país de su demnition how- 
vows? Verdaderamente se parece Yd. en la ma- 
nera de evadir una cuestión, á aquel amable, 
gentil y melindroso Mr. Mantalini del Nichoías 
Nid-lehy, cuyo peculiar idiotismo imita Yd. que 
es un primor. Estábamos diciendo que la causa 
de tantas escandalosas dilapidaciones, cometi- 
das por los primeros Ministros del Gobierno, 
era la falta de religión, y pide Yd. que le pro- 
pongamos por modelo y remedio alguna de las 
Repúblicas hispano-americanas, ó Ñapóles, ó el 
Nuevo Méjico antes de la ocupación, o' el con- 
dado de Rio Arriba. Pero. Señor, ¿estaba A'd. 
en sus quicios, cuando escribía esas cosas? El 
remedio está en aquello cuya ausencia es causa 
del mal. Sed religiosos. Respetad á Dios y sus 
derechos sobre la humanidad. Respetadle en la 
infancia, en la juventud, en la familia, en la le- 
gislación, en la política. De Dios no se prescin- 
do. Las Repúblicas y los imperios dependen de 
El como los individuos, como las hormiguillas 



* Lat ns with cmitúm indulge the supposition, tlmt noraUty can 
be mnintained without r» lini<>n (fhi 



-43- 



del campo, como el último grano de arena de 
los océanos. El modelo es la Constitución. 
Adherios á ella. No la pisoteéis, no la corrom- 
páis, no la interpretéis según los caprichos de 
una mano de incrédulos, que quieren para sí so- 
los lo que es patrimonio de cuantos pisan esas 
tierras. 

Sexto crimen de los Jesuítas: el haber afirma- 
do que la Legislatura civil no debe meterse en 
negocios de Iglesia. Pues sí; ahora será preciso 
decir que la Legislatura civil debe 6 puede me- 
terse en negocios de Iglesia. No, ilnstrísimo Se- 
cretario: no lo diremos jamás; y, si Vd. lo dice, 
es Vd. traidor á la Constitución en uno de sus 
artículos fundamentales. 

Viniendo al caso particular, vuelve Vd. á ul- 
trajar con su hediondo lenguaje, el honor y sen- 
timiento de los Católicos, diciéndonos que la 
Legislatura Territorial de 1876 quiso "prohibir 
el matrimonio entre abuelos y nietos y otros in- 
cestuosos matrimonios." '"¡Entre abuelos y nie- 
tos!" ¿Se puede concebir mayor desacato ni mas 
torpe descaro? Las lej^es prohibitivas, según en- 
tendemos nosotros, versan sobre abusos exis- 
tentes, ó que á lo menos pueden existir. Su 
lenguaje de Vd. pues, tiende á indicar que exis- 
tían en el Nuevo Méjico matrimonios "entre 
abuelos y nietos," ó que á lo menos podían exis- 
tir en vigor de los cánones de la Iglesia Católi- 
ca: porque, en resumidas cuentas, esos cánones 
se trataba de restringir, por mas que la hipo- 
cresía oficial haya dicho, ó diga en contra. 
Ahora bien, ¿dónde estaban esos matrimonios 
"entre abuelos y nietos"? ¿Cuando dispensó 
nuestra Iglesia del impedimento de consangui- 
nidad en línea recta? ó ¿cuál de sus cánones 
hace presumir que pueda hacerlo? 

"Y otros incestuosos matrimonios." Ya: ma- 
trimonios que solamente ha hecho ilícitos é in- 
válidos el impedimento eclesiástico, y que por 
lo tanto son lícitos y válidos cuando la misma 
Iglesia ha quitado el impedimento, porque ni la 
ley positiva de Dios, ni la ley natural los pro- 
hibió jamás, esos matrimonios sigue Vd. llamán- 
dolos "incestuosos," solo por la impotente rabia 
que le roe al ver la oposición hecha á aquella ley 
hija de Vd. "Smith y Co." ¡Matrimonios "entre 
abuelos y nietos y otros matrimonios incestuo- 
sos!" Oh! Sr. Ritch! no pensábamos que uu Se- 
cretario, á fin de desahogar su fanatismo puri- 
tánico, se rebajara hasta el punto de herir el ho- 
nor de familias las mas respetables, y, lo que es 
peor, su misma Religión, usando un lenguaje di- 
sonante, indecente, grosero, propio de gente 
soez y zafia, y de personas ajenas de educación 
y pundonor. 

Basta con eso: nada diremos de las leyes de 
entierro, las mas ridiculas, impróvidas é inep- 
tas que se hayan decretado aquí desde que te- 
nemos una Legislatura. Por lo demás los Ma- 



trimonios y los entierros son negocios de Iglesia. 
Tocábale á Vd. probar lo contrario, y no lo ha 
hecho, y no lo hará. Hasta mas ver. 



» « <& « * 



liegocijo y Esperanzas de "El Espejo. 1 



Si nos halláramos en otra época podríase cul- 
par El Espejo de informal, inconstante, y no 
sabemos si decimos veleta, en vista de sus artí- 
culos que parecen andar á la greña, el uno con- 
tra el otro. Pero, gracias á la regeneración, 
estamos en el tiempo en que todo es nuevo, y en 
que la literatura al revés, la religión al revés, 
las cabezas al revés, la conciencia al revés, y 
todo el mundo al revés nos dispensan de ciertas 
reglas y miramientos, cuya infracción solia es- 
pantar á los que vivieron en siglos muy remotos 
del nuestro. 

Al presente, pues, esto de decir hoy una cosa 
y mañana otra, ser hoy verdad una proposición 
y haberse mudado mañana en error de marca 
mayor, dejarnos traer de aquí para allí por 
cualquier tontería y antojo, y conducirnos de 
manera que nunca sepamos donde estamos de 
pies, ni cual es el viento que sopla, se ha vuelto 
tan común, que no hay zoquete quien entrando 
en estas modas no logre el título de lógico afa- 
mado. La razón de esto será, creemos, que en 
otros tiempos los hombres nacían sin saber cosa 
alguna, y, aun después de muchos trabajos, se 
morían apenas habiendo gustado lo que es cien- 
cia y quedándose á media miel; de suerte que 
hasta el filósofo Sócrates, á la hora de morir, 
vióse obligado á exclamar: no saco de este mun- 
do otra ciencia sino que nada sé. Mas ahora es 
el caso de pensar que todos vienen al mundo 
sabiendo ó algo ó mucho, y que, sin largos estu- 
dios ni graneles cuidados, cualquier pisaverde 
llega á ser un fenómeno de sabiduría. 

Puesto, luego, que nuestro entendimiento tan- 
to mas ideas es capaz de recibir, cuanto mas 
posee; no es extraño si, con suma facilidad, tenga 
hoy cabida en él aun lo que es opuesto y contra- 
dictorio. Y como, por otro lado, no se vacía 
por el lenguaje sino lo que ya se encuentra en 
las cabezas, ¿qué maravilla si la misma contra- 
dicción que hay en los cerebros salga á luz, 
dejándose ver en los salones y en las calles, en 
las fondas y en la plaza, en las tertulias y en 
las cortes, en las concurrencias públicas y en los 
escondrijos, en las secretarías de Estado y en 
las oficinas de los gacetilleros? 

Los elogios tributados por el órgano de Ber- 
nalillo á la enseñanza y educación, dada por 
los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 
aquella población, podían tomarse por una de 
las tantas mañas políticas con que suele darse 
una en el clavo y otra en la herradura. Sin em- 
bargo, haciendo uso de indulgencia, era peripi- 



x *. ^ 



'««ffltSiiV^ ' \ . • «- 



-44 



i : : entenderlos en bnena parte, 6 interpretarlos 
como una retirada del campo á que El Espejo 
había salido. En otras palabras, habiéndonos 
dicho El Espejo cuan bien está dirigida por los 
Hermanos la Escuela Pública de Bernalillo, y 
cuan contentos están todos con ella; nos era lí- 
cito esperar que al mencionado periódico le 
hubiese pesado el famoso artículo del 21 de Di- 
- i ibre, y que los Editores de aquel papel 
hubiesen reconocido su yerro, hecho un acto de 
contrición sincera y confesado implícitamente 
sus desatinos. Mas, ¡ay! toda sombra de espe- 
1 tuza consoladora desvanecióse, con la lectura 
i e "Aquel Artículo" del 4 del corriente. Por 
"Aquel Artículo" échase de ver que El Espejo 
no está arrepentido, no se ha dado golpes en los 
I echos ni entonado el mea culpa; antes está gus- 
1 iso. alegre y satisfecho de aquella fullería que 
quiso dar á engullir á sus lectores. 

Por cierto, dado caso que se hubiese arrepen- 
tido, El Espejo avergonza ríase de refrescar la 
memoria de aquellas truhanadas, deseando mas 
bien que fuesen sepultadas en un sempiterno ol- 
vido. Mas no, señores: el sabiondo de Bernalillo 
está de fiesta, salta de júbilo al recuerdo de los 
aplausos recogidos y apresúrase á manifestar su 
contento, de haber visto "Aquel Artículo'' co- 
mentado por el sesudo Centinela de Santa Fé, y 
elogiado por el anfibio contemporáneo de Las 
Vegas. Ni solamente agradece nuestro ilustrado 
los encomios recibidos por haber dicho, defen- 
dido y magnificado lo que á otro buen Católico 
le sacaría los colores al rostro; sino qué remacha 
el clavo añadiendo á su error primero otro, y 
queriendo encomendar su desacierto de antaño 
con otro desacierto. ¡Tal para cual! 

Pero, gracias á Dios, que en este mundo si 
siempre ha habido quien se empeñara á cambiar 
lo negro en blanco, poner las tinieblas en el 
grado que corresponde á la luz y engañar con 
supercherías á los sencillos; tampoco lia fallado 
quien, estocada aquí revés allí, latigazo acá cos- 
corrón acullá, tajo por esta parte y porrazo por 
íi otra acometió el embuste, é hizo que el dispa- 
rate saliera disparate-, la tramoya tramoya, la 
mentira mentira, volviendo la verdad á relucir 
con toda su hermosura y brillantez. 

Vengamos, pues, á lo que nos cacareó El Es- 
fejo 'Mi "Aquel Artículo" de! dia 4 de este mes. 
primero él pretende darnos á tragar que el 
espíritu y los sentimientos de su chachara del 
21 de Diciembre, son mucho mas entretenidos 
por la población nativa de nuestro Territorio 
que lo que se cree. 

Cm per loa de vnesa merced, os diremos, Es- 
pejo siu mancilla, qué á vos os ha sucedido lo 
mu • la historia cuenta haber sucedido á uno de 
pelafustanes que, por castigo de nuestros 

p •<• i |03, h ÍU3e visto en tO'do liempo bajo la ca- 
pa leí cielo, Ese caballero, erudito á la violeta, 
no había nunca en sn vida leido un solo libro de 



ciencia, sino es por ] u cubierta; esto no obstan- 
te, se picaba de astrónomo sin igual en el siglo 
en (pac vivía, no sabemos precisamente cual. 
Eugreido como estaba de su imaginada sabidu- 
ría, se presentó en una Universidad de las mas 
célebres de aquellos dias, solicitando cátedra de 
astronomía. Fué admitido á examen. Le pre- 
guntaron ¿que cuantas veces seria el sol mayor 
que la tierra? Nuestro astrónomo, haciéndose 
aire y con gran desenvoltura, contestó con un 
niego el supuesto; y. poniéndose luego en acti- 
tud magistral quiso dar razón de su respuesta 
diciendo, que el sol era mucho mas chico que la 
tierra. Los de la Facultad soltaron la carcajada, 
y retozando la risa en el cuerpo dieron el nego- 
cio por despachado. Por una contestación de 
esc jaez les había salido fácil á los señores exa- 
minadores apercibirse, que al presumido cate- 
drático le seria mas barato enseñar á rebuznar, 
que á discurrir sobre planetas y estrellas. El 
pobrecito del astrónomo entendió por aquí el 
disparate de grueso calibro, con que habría 
atronado los oídos de sus examinadores; con 
todo no quiso darse poi vencido, y, con el en- 
tendimiento revuelto por la vergüenza, añadió: 
señores, ¿porqué reís? esta mi opinión es la 
opinión de otros muchísimos. Hasta aquí la 
narración. 

Esté parece haber sido vuestro caso. Espejo 
ilustre. Sintísteis allá, quizás, en vuestros aden- 
tros vergüenza de lo que habíais escrito: mas no 
quisisteis desdeciros, y os hicisteis ilusión de 
poder salir del apuro afirmando, que vuestros 
sentimientos y opiniones son mas comunes en 
Nuevb-Méjico (pie lo que se piensa. ¡Pampirola- 
da peor que la primera! 

Para que las opiniones y sentimientos, expre- 
sados en "Aquel Artículo," fueran tan generales 
entre los Neo-Mejicanos, como El Espejo quiere 
damos á entender, seria menester que estas 
poblaciones hubiesen en gran parte, renegado 
de su fé; ya (pie, ni mas ni menos, opiniones y 
sentimientos de un renegado eran aquellos. Has- 
ta el mas zopenco de los papeluchos evangélicos 
podía haber entendido eso. ¿Quién es? Puede 
ser (pie (d Presbítero Y ogaño lo conozca. Vol- 
vamos á nuestro asunto. Decíamos (pie entonces 
podrían aquellas opiniones y sentimientos atri- 
buirse tan generalmente á los naturales del país, 
cuando estos hubiesen apostatado ó comenzado 
á apostatar de su bautismo. Ahora bien, gracias 
á Dios, los hechos están en contra de una tal 
suposición. Dejemos los demás: eitenji s uno (pie 
parece está haciendo reventar de rubia á los 
trompeteros de la ilustración masónica y protes- 
tante. ¿Cómo es, decidnos, (pie donde quiera 
(pie se abre una escuelo 6 colegio catdlico se yo 
inmediatamente tan relleno de alumnos, que á 
,, veces aun quedan cortas las previsiones de sus 
Directores? Tal vez se dirá: esto acontece por- 
que no hay otros establecimientos de educación, 



45- 



en ciertos poblados, sino católicos. Falso. ¿No 
hay otros en Santa Fé, no hay otros en Las Ye- 
gas, eh? Además de esto: ¿cuál es el motivo 
porqué existen en el Territorio colegios y escue- 
las católicas, y en varios puntos no las hay sino 
católicas? Varaos, Espejo: no es necesaria mucha 
literatura ni mucha filosofía para responder. El 
motivo es precisamente la voluntad de este pue- 
blo que Vd. se encasquetó en denigrar, hacién- 
dolo pasar por perjuro é irreligioso. Ataréese 
Vd. cuanto quiera; no encontrara otra razón de 
la existencia de dichas escuelas, fuera de la se- 
ñalada. Las escuelas católicas existen en Nue- 
vo Méjico, ó porque el mismo pueblo las pide, ó 
porque el mismo pueblo las confia á quien las 
dirija católicamente, ó porque el mismo pueblo 
las conserva y hace florecer con numerosos dis- 
cípulos. Si el pueblo no las quisiese no las pe- 
diría; si el pueblo no las quisiese, no las pondría 
en manos de Sacerdotes y Religiosos; si el pue- 
blo no las quisiese, los padres de familia no en- 
viarían sus hijos á ellas. ¿Qué le parece? ¿Po- 
dría ir adelante una escuela, y sobre todo un 
colegio católico sin un número adecuado de 
alumnos? Y hé aquí un medio muy eficaz, para 
deshacerse de ciertas escuelas y colegios católi- 
cos, caso que el pueblo los mirara de reojo. Sin 
discípulos una escuela ó colegio católico tendría 
que cerrarse, por mas que sus Maestros y Di- 
rectores se obstinaran en lo contrario. Por otra 
parte, una vez aniquiladas las instituciones de 
educación católica, no faltaría quien proporcio- 
nara á los Neo-Mejicanos aquella educación y 
enseñanza sin Dios, de la cual, según el perió- 
dico de Bernalillo, están deseosos. 

Concluye El Espejo "Aquel Artículo," expre- 
sando la esperanza ele "poder pronto registrar 
la prensa territorial en favor de estas escuelas." 
Señor Espejo, la prensa -protestante, la prensa 
masónica, la prensa irreligiosa, la prensa de la 
pedantería y del mas abyecto servilismo estará 
siempre con vos, así en esta cuestión como en 
otras afines; pero la prensa verdaderamente ca- 
tólica no se alistará jamás bajo vuestra bandera. 
¿Sabéis porqué? Porque, dejando á un lado otras 
razones, el periodismo católico en el Territorio, 
no se hará nunca el vil instrumento de mas vi- 
les intereses; sino que sentiráse siempre obliga- 
do á servir de intérprete á los sentimientos de 
un pueblo, el cual por ser, en su grande "mayo 
ría, eminentemente católico, no abandonará á 
Cristo para servir á un Pilatos que le condena. 



LAS ESCUELAS PUBLICAS 



Discurso <le! Ilev. W. H. Platt. 



En Grace ChurcJi de San Francisco, Cal., el 
Rcv. W. H. Platt pronunció un sermón ocasio- 



nado por el descubrimiento de fraudes y enre- 
dos cometidos en el Departamento de las Es- 
cuelas Públicas de aquel Estado. El Sr. Platt 
es un Ministro de la Iglesia Episcopal. Nosotros 
hemos traducido para beneficio de nuestros lec- 
tores los extractos de aquel sermón que pone- 
mos á continuación. 



Estoy seguro que las recientes revelaciones, acerca 
de la corrupción de nuestro sistema de escuelas, no 
me desmentirán, ahora que vuelvo á referirme al pe- 
ligro que corre el pueblo de esta república. 

Dios ha sido alejado, tanto como ha sido posible, 
de la civilizcion de este país, y según enseña la, 
historia de lo pasado, Dios nos visitará por esto,, 
tarde ó temprano. La destrucciones cierta, y según 
las señales no muy lejana. Este fatal principio, de 
abandonarlo todo á la sola razón humana, fué en- 
señado por Condorcet y ensayado en Francia. Lo 
que se siguió fué que el entendimiento humano deja- 
do sin riendas se desvaneció, se levantaron montes 
de cráneos y esqueletos, fué entronizada la prostitu- 
ción, y adorada cual diosa: el entendimiento alcanzó 
sus saturnales. Líbrenos Dios de experimentar otro 
tanto. 

Echemos una mirada en primer lugar á la fuente 
de nuestra autoridad enseñante: el pueblo. La inmo- 
ralidad de los maestros y superintendentes es igual á la 
de aquellos que los eligen. El agua, nunca so levanta 
sobre su nivel; así cuál es el pueblo tales son los 
maestros. 

Mientras por un lado se pretende instruir al pue- 
blo, por otro laclo se coloca á las codiciosas miradas 
el corruptor espectáculo de un millón y medio de dol- 
lars, cuyo brillo no puede menos que fascinar una 
multitud de ociosos, que viven de manejos políticos. 
En cada ciudad se halla siempre buen número de 
politiquillos, que de año en año viven de módicos ofi- 
cios. Estos con mucha frecuencia no tienen dinero 
ni conciencia; de consiguiente se ven obligados á ser- 
vir de instrumentos á personas de mayor influjo, y 
que explotan en grande escala la pública truhanería. 
¡Se han de levantar edificios, se ha de comprar made- 
ra, se han de hacer contratos en grande de cañe- 
rías, de albañilería, ó de cualquiera otra clase, de li- 
bros de escuelas y papel; esos hombres, que siempre 
están alerta para cualquiera ganancia,)' estiman como 
una hazaña el engañar al prójimo, se hallan siempre 
muy interesados en hacer una treta para manejar á su 
antojo esa cuantiosa suma de dinero. El principio 
de nuestro Sistema de Escuelas es el dinero — el dine- 
ro, el dinero. ¿Y extrañaremos que los menos edu- 
cados, los menos concienzudos, los menos idóneos 
en toda la linea arreglen las cosas de manera que 
caiga en sus manos todo el sistema? 

El presupuesto de escuelas corrompe el Sistema de 
Escuelas; corrompe las elecciones de la Junta de Es- 
cuelas, la elección del Superintendente, el manejo de 
todos los contratos. La abyecta maña de exámenes 
empieza con el falso sistema, é irracional, de los exá- 
menes escritos. Todo el sistema es falso de pies á 
cabeza. El pueblo es incompetente para elegir la 
Junta de Escuelas. El whiskey influye en los resul- 
tados mas que la ilustración y la moralidad. Cuan- 
to mas respetable es el carácter social de vuestros 
candidatos, tanto mas cierta es vuestra derrota. La 
educación no se confía á los educados; no se confía 
la enseñanza de la moralidad á los que son morales; 
á la verdad no se confía á nadie. Las heces del pue- 
blo son una verdadera potencia en la elección de la 



í— >WB»J 



*Má>*SL> 




-46- 



Junta de Escuelas, y quieren dominar el resultado y 
lo dominan. Los Médicos se hacen nombrar y ele- 
gir á fin de anunciar su profesión. Los libreros pue- 
den gastar muchos miles de pesos en las elecciones á 
fin de asegurar la venta de sus libros de escuela. El 
incrédulo busca también él un puesto á fin do secu- 
lizar la educación y excluir de ella á Dios y la reli- 
gión. 

"¡T TV" VÉ - 7Í 

Este es un día de secularismo. Las obras de cari- 
dad, que estallan una vez en las manos de la Iglesia, 
i stán ahora en manos de Políticos do. la Olla. Los asi- 
los, los hospitales, las Casas de Pobres, todo es secular, 
y qué secularismo! ¿Podrá haber corrupción mas vasta, 
mas obstinada, ni mas vergonzosa? No parece sino (píe- 
la raza de gente que busca el manejo de esas institucio- 
nes, búscalo solo para poder ganar la vida y los demás 
provechos que puedan sacar de ellas. Los robos, las 
combinaciones fraudulentas, la perversión de los fines 
de estas obras de caridad son, según dicen, enormes y 
constantes El amor de la patria se fué, y la polí- 
tica es un comercio. 

# * * -sí- 

De consuno con todo ese secularismo ó ateísmo, anda 
frecuentemente, y puede decirse quizá que comunmente, 
el rumor de que los hombres de influjo y poder 
hacen entrar á sus amas en esas corporaciones enserian 
tes. Sea eso verdad ó no, ello es cierto que convendría 
librar de esa sospecha, engendrada por la enseñanza lai- 
cal, ¡i todas las mujeres buenas y virtuosas que se ven 
precisadas á buscar un empleo en las escuelas. Esas 
mujeres han de enseñar á las niñas destinadas ;í ser las 
esposas y madres de nuestra civilización. Y es impo- 
sible que se disipe la desconfianza demasiadamente co- 
mún acerca de la pureza de nuestras maestras, mientras 
la Junta de Escuelas es elegida por gente de tendejón, 
y por consiguiente entra en la dirección de nuestras es- 
cuelas un tal cuál número de mujeres irreligiosas. 

Habiendo oido que una muchachita estaba instruyen- 
do -i sus compañeras de juego á no creer ni en el Cielo, 
ni en el infierno, ni en el juicio final, ni en la responsa- 
bilidad moral, yo procuré verla y hablarle: y habiendo- 
le prometido que no la enredaría con su maestra, supe 
de ella que la señora maestra habia dicho á su claseque 
no hay ni juicio final, ni Cielo, ni infierno. Yo sé el 
nombre de esa maestra y Dios le perdone su horrible 

| icado Pei'o, aquí nace la cuestión: /liemos de 

sufrir nosotros los contribuyentes esa desastrada per- 
versión de nuestras contribuciones? Si el dinero que 
pagamos no nos ha de dar enseñanza religiosa, tenemos 
ciertamente el derecho de estar exentos de e.-a corrup- 
ción y atropello déla enseñanza Tenernos ¡i lo 

menos el derecho de (pie esos Niquilistas guarden su 
incredulidad para sí mismos, ó que solo la saquen á 
plática cuando se hallen en la amable compañía de 
aquellos (pie los colocaron en su posición. 

El Orador siguió diciendo que todo el sistema tiende 
;'; dar una mala Eormacion al carácter de los niños, so- 
breponiendo el saber ¡i la virtud, el buen éxito al méri- 
to, las apariencias á la realidad; y oonolny ó proponiendo 
por remedio de! nial el sistema denominncional, como 
existe en Inglaterra. Nosotrcs nos adherimos al Sr. 
I'latt: admitimos francamente SUS vistas, y no sabemos 
l i 'pie se puede replicar en contra. Los adversarios por 
¡apuesto no razonan sobre este punto tan impórtense. 
Proponen su voluntad, y esta ha (le ser la ley, y caiga 
(d mundo. 



El Leñador y su Mujer. 

i Revisto Papular} 

Un Señor inmensamente rico se extravió en un 
bosque mientras cazaba. Cuando hacia todos los es- 
fuerzos posibles para hallar el-eamiuo, oyó dos voces, 
y acercándose vio á un leñador y su mujer que corta- 
ban leña. La mujer que no debía estar muy satisfe- 
cha con su suerte, decia: 

— Es preciso confesar que nuestra madre Eva fué 
bien golosa comiéndose la manzana. Si no hubiese 
desobedecido los mandatos del Señor, no nos vería- 
mos en la necesidad de trabajar todos los dias para 
vivir. 

Su marido le contestó: 

— Si Eva fué una golosa, en cambio Adán fué un 
bestia y un calzonazos muy grande por acceder á lo 
que ella le pedia. Si estuviese en su lugar y tú qui- 
sieses obligarme á comer el fruto prohibido, en vez 
de ser condescendiente, te daria una fuerte paliza. 

El cazador se divirtió mucho oyendo aquella con- 
versación, y después de reflexionar un momento se 
presentó á ellos, y les dijo: 

— ¡Pobres gentes! ¿pasáis, pues, muy mala vida? 

— Sí, señor, le contestaron; trabajamos como ne- 
gros durante todo el dia, y auu así apenas pedemos 
comer. 

— Venid conmigo, les dijo el potentado, y os man- 
tendré con mucho regalo sin que tengáis que traba- 
jar. 

El matrimonio, lleno de gozo, siguió á su bienhe- 
chor, y llegaron pronto á los aposentos lujosos que 
les tenia destinados en su palacio. Una vez instala- 
dos, les dio trajes muy hermosos, una carretela para 
pasearse, criados, y todos los dias abundancia de gui- 
sados exquisitos en la mesa. Al cabo de un mes, les 
sirvieron mayor número do platos; y en medio de la 
mesa colocaron una fuente muy bien tapada. 

Apenas la mujer la vio, llena de curiosidad quiso 
saber lo que contenía; pero uno de los criados le dijo 
que el amo de la casa habia prohibido que tocaran a- 
quella fuente, y tampoco quería que nadie supiese lo 
que contenía. 

Tan pronto como los criados salierou, el marido 
vio que su esposa no comía y estaba triste. Pregun- 
tóle la causa, y ella le contostó que el amo era un ti- 
rano excitando de aquel modo su curiosidad, y que 
ella no estaría satisfecha ni comería hasta saber el 
contenido de la misteriosa fuente. El marido no qui- 
so disgustarla por tan poca cusa, y para que quedara 
satisfecha destapó la fuente, de la cual se escapó un 
ratón. Corrieron los dos para cogerlo, pero el ligero 
roedor se metió en uu agujero y desapareció en i 1 
momento en que el dueño de la casa entraba en el 
comedor. De una ojeada comprendió todo lo que 
habia sucedido, y entonces dirigiéndose al leñador, 
le dijo: 

- — ¿Sois vos el que decíais que en el puesto do A- 
dan hubierais dado una paliza á Eva para enseñarla 
á no ser curiosa ni golosa? pues, bien pronto ñapéis 
cambiado de parecer. Y vos (continao dirigiéndose 
á la mujer; disfrutabais como Eva de una infinidad 
de cosas buenas, y no os han parecido bastante: ha- 
béis querido comer del plato (pie os habia prohibido. 
Id, desgraciados, volved á trabajar al bosque, v no 
echéis tanto en cara á nuestros primeros padrea su 
pecado, puesto que habéis cometido una tontería 
igual á la que ellos cometieron. 



1 



47- 



LA POBRECILLA DE OASAMAEI. 



*-*»ofí=. 



( Continuación — Páy 35-36 J 

El anuncio de esta suprema calamidad de los na- 
politanos se extendió como una chispa por todas 
aquellas quebradas comarcas. Al estupor que en los 
primeros momentos se apoderó de todos, se siguió un 
vértigo de terror en aquellos que teniau hijos, ó her- 
manos ó parientes en la guarnición de Gaeta, particu- 
larmente después que empezó á extenderse el falso 
rumor de que todos los defensores de la plaza habían 
sido pasados por las armas. 

¿Cómo podría una inexperta joven permanecer fir- 
me y tranquila cuando veía á todos en toruo suyo 
titubear, palidecer, gemir y anonadarse? En efecto 
María sintió que poco á poco le iba faltando el valor 
y se iba apagando aquel rayo de esperanza que la 
sostenía en medio de sus angustias. La infeliz en su 
imaginación coutaba en lugar de tres hasta cinco el 
número de sus difuntos y con los ojos marchitos por 
el continuo llorar. — Ea, llévame á Roma, decía á Ca- 
talina, para que también yo descanse en paz donde 
mi padre me ha ordenado que vaya á morir. 

— ¡Oh, Virgen Santísima! amparadme, para que no 
caiga en desesperación y me condene; borbotaba Ca- 
talina no poco preocupada con el abatimiento de la 
joven, que no hallaba medio do consolar. 

La tarde del 3 de Marzo al retirarse ambas á casa 
tristes, taciturnas y agitadas por sus crueles perpleji- 
dades, un hombre moreno y poblado de barba, que 
estaba hablando con otros delante de una taberna 
saliendo al encuentro de Catalina. — ¡Buenas noticias! 
le murmuró al oido deteniéndola; esta noche los ami- 
gos acamparán en la cima del Castello. Ya hemos 
mandado las muías con el pan. ¡Silencio, que no lo 
sepa el aire! 

— ¿Es verdad? exclamó Catalina llena de sorpresa 
y alegría. 

— Es; te lo digo yo y basta. 

Era un primo suyo, á quien ella habia pedido que 
averiguase el paradero de los realistas, y que le avi- 
sase cuando supiese que aquellos se acercaban á 
Trisulti; servicio que él podia prestarle fácilmente, 
pues estaba en los secretos de la partida. 

De noche bien cerrada salieron de Collepardo, se 
dirigieron á las Cese, y visitando el santuario se en- 
caminaron paso á paso al monte Castello. Lo que 
después pasó, ya lo saben nuestros lectores. 



XLIX. 



No te olvidarás, lector, que hemos dejado á D. Fe- 
lipe en su estudio sentado á una frugal mesa prepa- 
rada por él mismo en compañía de un joven, que á la 
vista de un hermoso perfil al claro oscuro, se conmo- 
vió, de manera que parecía haber salido fuera de sí; 
por lo que el ingenioso pintor comenzó á chancearse 
cantando versos sobre el perpetuo sueño, que es nues- 
tra vida. La broma sin embargo no se prolongó 
mucho; pues que el joven ruborizado á aquella burlo- 
na cantinela, clavó los ojos en el plato y se calló, 
demostrando con su taciturno rubor, que sus penas 
no eran tan lijeras, que pudiesen ser objeto de broma. 
D. Felipe como discreto que era, no tardó en hacerse 
cargo y así cortó en lo mejor su alegre tarantella. 

En lo restante de la comida se habló poco, y esto 
en frases cortadas; ya que, si el joven estaba avergon- 



zado, melancólico y pensativo, D. Felipe se mostraba 
cada vez mas deseoso de investigar en el semblante y 
en los gestos de su convidado el misterio de la pasión 
que debia roerle dentro ó insensiblemente consumirle 
hasta las raices la fior tan fresca y hermosa de su 
juvmtud. Mas no era este problema fácil de resolver; 
máxime ignorando quién era este desconocido, de 
que país, de qué condición, cómo habia llegado allí. 
y por qué se mostraba tan reservado y circunspecto 
en todas sus maneras; por lo que D. Felipe, que sen- 
tía mas ternura, cuanto mas consideraba aquel miste- 
rio, se propuso arrancarle con arte el secreto de su 
boca, y despedirlo después contento, aunque tuviese 
que darle el cartón de regalo. 

Terminada, pues, la mesa, nuestro pintor tomó del 
brazo á su convidado, en el momento en que este se 
volvía para acariciar con otra ojeada aquel perfil, que 
al parecer le tenia arrobado, y lo condujo á la estufa, 
en donde presentándole una petaca llena de fragantes 
cigarros de España. — Amigo mío, servios; le dijo en 
tono casi artificialmente cordial. 

— Yo os doy gracias; estoy malo del pecho y el hu- 
mo del cigarro para mí es un veneno; me haría estar 
tosiendo toda la tarde. 

— ¡Cosa extraña! Yo como esté constipado no ten- 
go remedio mas eficaz para calmar la tos, que el ci- 
garro y la pipa. 

— ¡Ah! pero vos, señor, no habréis recibido balazos 
en el pecho, ni arrojado saugre á cuartillos. 
— No, por favor del cielo. 
— Y yo sí por mi desgracia. 
— ¿Y en dónde? 

— Al pié de los muros de Gaeta. 
Don Felipe abiertos desmesuradamente los cijos lo 
estuvo mirando un momento de alto á bajo, y viva- 
mente afectado exclamó. — ¿Vos herido en Gaeta. en 
Gaeta vos? ¿Sois por ventura soldado de mi dulce 
patria, de Ñapóles? 

— Justamente; he militado hasta el mes pasado en 
las banderas de Francisco II; y por él y por la inde- 
pendencia de su reino he derramado mi sangre, y 
quizá pierda dentro de poco la vicia. 

— ¡Oh, caro! ¡Oh hermano! gritó el pintor arroján- 
dosele al cuello, estrechándole entre sus brazos y 
estampándole un beso en la frente; sentaos aquí, 
cuéntame, clime de qué parte del Reino eres, cómo te 
llamas, cuáles son tus desventuras; habla, desahógate 
con D. Felipe, que no te pesai í. 

Entonces el joven cogiéndolo por las manos y mi- 
rándolo con tal vehemencia de afecto, que toda la 
fuerza de su alma parecía concentrada en sus pupi- 
las. — ¡D. Felipe! le dijo con voz y actitud suplicante; 
vos disminuiríais en su mitad la intensidad de mis 
sufrimientos, si pudiereis indicarme en dónde está 
esa que habéis retratado en aquel cartón. ¡Oh! vos 
pondríais en mi mano el hilo para salir de un laberin- 
to, que sin duda acabará conmigo. 

— Hijo, ya te lo he dicho; no se quién es, ni dónde 
habita, ni por qué motivo vino aquí esos dos domin- 
gos. Si te dijese otra cosa, mentiría. ¿Pero quién te 
finges tu pueda ser? 

— ¿Fingir? ¡ah! soy capaz de jurar que es la misma, 
mi única hermana, y aquella que la acompañaba de- 
bia ser mi madre. Veinte dias hace que ando por 
todas partes buscándolas, y no me ha sido posible 
hallar el menor indicio: [Ah, den Felipe, qué cruel 
juego de la fortuna este de hallarse uno quizá á po- 
cos pasos de su familia fugitiva é indigente y desha- 
cerse en deseos de encontrarla sin poder dar con su 
rastro! Y dicho esto el joven se echó de bruces sobre 
un caballete v ocultando el rostro entre las manos 



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-48- 

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prorumpió en tan amargo llanto, que D. Felipe se 
sentía arrancar el corazón. 

— Escuchadme, replicó el maestro esforzándose 
para consolarlo; lo que no se lia hecho puede aun 
hacerse. Yo, amigo mió, os prometo que no dejaré 
piedra por mover hasta que consiga alguna noticia 
de esas dos personas. Calmaos, bravo joven, y no 
(i miéis que esto queda ahora de mi cuenta. ¿Por fa- 
vor cómo os llamáis? 

— Mi nombre es una burla, es un sarcasmo. En la 
pila del bautismo me pusieron el de Félix y así me 
han llamado siempre; pero de la felicidad jamás he 
gustado, ni aun el olor. 

- Félix mió, cree á D. Felipe que no te engaña si- 
no que te habla el puro lenguaje de la verdad santa. 
Levanta los ojos; ¿no ves aquel bosquejo de una esce- 
na pastoril á la aquarela? ¿Qué lees abajo? 

La montaña de la vida. 

—Pues bien; antes que tu me cuentes la epopeya 
de tus males quiero esponerte la filosofía simbolizada 
en aquella montaña, en aquel rebaño, en aquel ria- 
chuelo y en aquella llanura. Juzgo que será para tí 
una lección muy oportuna. Como no me gusta enga- 
lanarme con plumas ajenas, te advierto que esa ale- 
goría, la arranqué de cuajo de la Buechereide de 
Bellini. Puedo asegurarte, amigo mió, que siempre 
que me paro á considerarlo con alguna atención, ca- 
da vez se arraiga en mí la persuasión que lo que en 
esté mundo llamamos felicidad está muy lejos de 
valer lo que cuesta. Vuélvete y mira: todas las villas 
humanas; así las felices como las desgraciadas tie- 
nen que concluir por sumergirse en aquel mismo arro- 
yo y dejar sus despojos en aquel mismo valle. Hay 
una sola diferencia ¿sabes cuál es? Que las que caen 
de mas alto en la escala de la felicidad hacen mas 
ruido al sumergirse en el agua. 

Hermosa alma, ahora que por tu bien te hice esta 
lijera advertencia y que estás un poco mas sosegado, 
habla y cuéntame tus penas, que yo seré todo oidos 
para escucharte, así como soy todo corazón para 
compadecerte. 



Este joven era de carácter enérgico, altivo é impe- 
tuoso y de imaginación tan impresionable, que le era 
muy costoso el dominarse, y no prorumpir en pala- 
bras ó actos mas ó menos inconvenientes cuando 
llegaba á acalorarse. Pero como contrapeso á esta 
natural impetuosidad, estaba dotado de una índole 
tan dócil y delicada, que apenas se advertía alguna 
falta, no titubeaba un instante en desdecirse y en 
confesar su culpa con tal ingenuidad, que le concilla- 
ba la estima y el aprecio de todos. Por lo que echan- 
do á buena parte la corrección que le dio el pintor, 
bajó la frente y después de escusarse con sus terri- 
bles afanes, que á veces le arrancaban palabras 
indignas de una alma generosa y cristiana, comenzó 
la relación de sus males, que compendiaremos en es- 
íos desaliñados párrafos. 

Quién en realidad fuese este Félix, no hay necesi- 
dad de decirlo á nuestros lectores, quienes desde un 
principio habrán reconocido en él al hermano mayor 
de María Plora. Ya hemos dicho que después de la 
retirada del ejército napolitano de la desembocadura 
del Garillano, Félix había quedado al pié do la forta- 
leza de (¡aita en el octavo batallón de cazadores de 
6 pi<", que tanto se había distinguido desde id princi- 
pio de esta guerra. Dicho batallón con otros cuatro 
de infantería y id regimiento de á oaballo, fué aposta- 
do en el istmo de Monteseco, á fin de impedir que el 



enemigo se acercase á la plaza, mientras tanto no 
estaban terminadas las obras de defensa. Una vez 
allí el primer pensamiento de Félix fué adquirir noti- 
cias del paradero de su padre y de Otello, el cual 
debia hallarse entre los cazadores de á caballo, que 
estaba» acampados en el istmo. Del padre no tardó 
en saber que había entrado sano y salvo en los Esta- 
dos Pontificios por la via de Terracina; y en el fondo 
de su corazón se alegró, porque además de amarlo 
tiernísimamente, conocía que no estaba para soportar 
las fatigas de un sitio. Pero de Otello nadie pudo 
darle otra noticia, siuo que habia desaparecido en un 
encuentro de las avanzadas. La separación del que- 
rido compañero de su infancia, á quien amaba como 
á un hermano, le fué muy dura, especialmente por la 
dolorosa incertidumbre ele sí habría quedado muerto 
en aquella escaramuza. 

Pocos dias después, esto es, el 12 de Noviembre se 
empeñó una reñidísima acción entre los piamonteses 
y los napolitanos que querían conservar á toda costa 
sus posiciones del collado Lombone y del monte de 
Santa Ágata, que protegían la entrada de! istmo. 
Diez horas duró el combate y los napolitanos aunque 
inferiores en número y mal dirigidos por oficiales 
pérfidos y cobardes, hubieran obtenido una brillante 
victoria, á no haber sido vilmente vendido el 15 . ba- 
tallón de cazadores que defendía el Lombone. desdo 
el cual los piamonteses pudieron cañonear impune- 
mente á las tropas legitimistas. 

En este combate Félix recibió en el pecho dos ba- 
lazos, uno casi en seguida del otro; pero como las 
balas habían perdido mucha de su fuerza y velocidad, 
no hicieron mas que aturdido y dañarle algunas cos- 
tillas; por lo que pasados los primeros momentos de 
aturdimiento continuó combatiendo con el mismo 
ardor hasta cerca de las tres de la tarde. Sin embar- 
go el pecho no dejaba de dolerle y á la noche se vio 
acometido de vómitos de sangre acompañados de una 
fuerte calentura. Hubo necesidad de trasladarlo á 
un hospital de la ciudad, y al cabo de seis s< manas 
pudo levantarse y entrar en la convalecencia de aque- 
lla penosa enfermedad tanto mas grave, cuanto im- 
portantes eran las visceras afectadas. Para entretener 
el ocio solicitó primero alguna ocupación en el servi- 
cio do las baterías y como esto se le negó pretendió 
ser empleado como enfermero. Las fatigas que volun- 
tariamente soportó en aquel cargo, anidas a la oculta 
fiebrecilla que interiormente lo devoraba, lo redujeron 
á tal estado de debilidad, que los médicos lo declara- 
ron tísico consumailo y lo contaron entre los enfer- 
mos á quienes, antes que la nave francesa se n liraso 
y permitiese á los piamonteses estrechar á la plaza 
por mar so habia determinado trasladar á Terracina 

En efecto en los primeros dias de Enero se le noti- 
ficó su próximo traslado á uno de los hospitales de 
Terracina. El pobre Félix tanto se contristó con tal 
noticia, que prorumpió en amargo llanto _\ en aquel 
momento de ira nc pudo contener algunas palabras 
inconsideradas, cuya inconveniencia le hizo ver con 
toda dulzura una hermana de la. Caridad, quien le 
consoló y animó á entregarse tranquilamente en las 
manos de Dios. 



( Se continuará.) 




A CA 




Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 



1 de Febrero de 1879. 



SUMARIO. 

Crónica Gbseual —Sección Piadosa: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Semana — San Blas, Obispo y Mártir. — Actualidades: — 
No mas Beecherism en la Carolina del Sur — "Radicalmente vicio- 
so." — Aun con los diccionarios — La cosecha americana — Presu- 
puestos militares — Andrassy y el Valeriana — Guerra civilizada — ■ 
La estación del ferrocarril — Homenaje á León XIII — Jesuítas! — 
Aniversario de la muerte de Pió el Grande — Octava carta al Sr. W. 
G. Eitcli — Sentimientos nobles de Pió IX — Espíritu de la agricul- 
tura — La Pobreeilla de Casamari. 



t 



Necrología. — -Anunciamos con verdadero dolor 
la muerte del Rev. J. M. Finotti, Cura-párroco de 
Central City, Coló. La noticia nos ha sorprendido 
por ser del todo inesperada. Nos reservamos hablar 
en otro número de este digno y celoso Sacerdote. — 

R. I. i*. 

«JTssiita en las Vegas. — El dia 20 del pasado 
se celebró en las Vegas una junta pública con el ob- 
jeto de asegurar á la plaza la estación del ferrocarril 
Attíhison, Topeha and Santa Fé. El resultado fué I o . 
ofrecer á la Compañía del A. T. and S. F. R. R. un 
terreno bastante extenso para una estación, almace- 
nes, oficinas y demás dependencias, en el trecho de 
una milla y media desde el centro de la plaza, con 
tal que la estación se haga entre los límites de dicho 
terreno. 2 D . nombrar una comisión de siete personas 
para tratar el negocio con la Compañía. 3°. asegurar 
á los comisionados todo el apoyo posible, y contribuir 
cadauno á cubrir los gastos que se hicieren para lle- 
var á cabo ese negocio tan importante. 

Noble después de muerte. — No hace mucho 
un cierto Foster, antiguo criado del Duque de Ne- 
mours, hallándose enfermo y en perfecto juicio, reco- 
noció los errores de su secta, abrazó el catolicismo, 
fué bautizado, y pocos minutos después de haber 
recibido la Extrema-Unción murió. Sus funerales 
fueron honrados con la presencia del Duque de Ne- 
mours, de la Princesa Blanche de Orleans, del Prín- 
cipe y de la Princesa Czartoryski y del Conde y de 
la Condesa de Eu. 

Muerte pre anadiará. — El dia veinte del pasa- 
do murió en las Vegas el niño Felipe García hijo del 
Señor Luis y de la Señora Ester Garcia de la plaza 
de los Alamos. Nos asociamos á su familia en el pe- 
sar que experimentó en tan sensible pérdida. 

Sigile Ba penuria en Inglaterra. — Se dice 
que la miseria toma cada dia nuevos incrementos en 
Inglaterra. Los compradores no quieren ya ofrecer 
precios correspondientes al valor de los objetos ven- 
dibles; los fabricante hallándose expuestos á graves 
pérdidas, ó disiniirayen el salario de sus oficiales, ó 
aumentar las horas de trabajo, y los obreros exaspe- 



rados se declaran en huelga. Además de esto las 
quiebras se hacen mas frecuentes tanto en el comer- 
cio como en la hacienda, y los establecimientos de 
pública beneficencia, á pesnr de ser allí tan numero- 
sos y ricos, se hallan ahora en la imposibilidad de 
auxiliar á todos los que se acogen á su amparo. 

13! Cardenal Asquini, — '¿\ dia 24 de Diciem- 
bre murió en Roma el Cardenal Fabio Ma. Asquini, 
de la Orden de los Presbíteros. Nació en Fagaguo 
de familia patricia el dia 11 de Agosto de 1802. An- 
tes de ser elevado á los honores de la púrpura de- 
sempeñó los importantes cargos de Prolegado Apos- 
tólico en Ferrara y de Delegado eu Benevento. Gre- 
gorio XVI le ci-eó Cardenal el dia 21 de Abril de 
1845. 

Intersiacionalístas aprisionados.— La po- 
licía española habiendo sorprendido á un comité de 
siete internacionalistas, los echó á la cárcel, y se apo- 
deró de unos documentos de suma importancia. 

Nueva, sociedad de beneficencia. — Con el 
título de asociación católica protectora de los espa- 
ñoles y americanos necesitados se ha fundado en 
París una nueva sociedad, cuyo objeto es proteger y 
socorrer en sus domicilios á las familias españolas y 
americanas necesitadas. Además de aliviar la mise- 
ria corporal, la sociedad se propone también al bien 
espiritual de los necesitados. Por eso entre otras 
cosas se ocupa también en facilitar á los pobres los 
medios necesarios para casarse, y en legitimar á sus 
hijos naturales por si acaso tuviesen algunos. 

Republicanismo esa Francia. — Los repu- 
blicanos franceses, ufanos por la completa victoria de 
su última campaña electoral, han publicado su nuevo 
programa con el cual anuncian la destrucción comple- 
ta del elemento religioso en las escuelas, la enseñan- 
za obligatoria y la destitución de cualquiera magis- 
trado honesto que ellos en su lenguaje llaman reac- 
cionario. Hablase también de la dimisión forzosa 
del ministerio Dufaure, y se dice que en este caso el 
general McMahon se vería obligado á abandonar las 
riendas del gobierno y retirarse. 

Una leedora á las madres de familia. — 
Una Señora de Urbana en Oblo saliendo de casa de- 
jó solos á una muchacha de cuatro años y á un niño 
de pecho. Cuando volvió se le presentó la muchacha 
muy triste y desconsolada, y derramando lágrimas la 
informó que el niño se le habia caido de los brazos y 
quedado muerto. 

Rosna y Risanarck.— 
ciones entre Roma y Berlín. 

conformidad con su nueva política muéstrase muy 
favorable al plan de un arreglo con la Santa Sede, 
pues en caso contrario no podría contar con el apoyo 
del centro de la cámara tan indispensable para tener 
á la mayoría en su favor. Sin embargo los hechos 
muestran claro que no hay mucho que esperar del 



-Continúan las negocia- 
Al parecer Bismarck en 



-50- 



formidable canciller. Prueba de esto es el haber sido 
últimamente condenado otra vez el Cardenal Arzobis- 
po LedochoAVski á una multa de $4.500, ó á estar 
encerrado en la cárcel por dos años; el haber expul- 
sado de sus casas de educación á las religiosas Ursu- 
linas y el conceder el uso de esos mismos estableci- 
mientos á maestros ateos con injuria manifiesta de 
los católicos que con muchas iustaucias pedian se los 
alquilasen para uso de escuelas religiosas y literarias. 
Añádese que el convento de las Ursulinas d'Ahnveiles 
merecía alguna consideración, pues la reina Isabel 
cuñada del Emperador Guillermo halló en él un asilo 
segur© contra la revolución de 1848 que amenazaba á 
todos sin distinción. 

Clemencia Alemana. — El ministro del inte- 
rior ha revocado la orden que relegaba á la isla de 
Zingst el vicario Ruszhiev.-iez. Al propio tiempo se 
ha hecho entender al Vicario que el Gobierno no 
piensa ya pagarle pensión alguna, ni consiente en que 
vuelva á la Provincia do Posen su patria y more mas 
en su residencia legal. El vicario sin embargo no pue- 
de salir del lugar de su destierro por estar muy enfer- 
mo con el tifo. 

I„os ünclios piden misioneros católicos. 
— El Catholic Mirror dice que los Indios han manifes- 
tado una vez mas el deseo de ver en medio de ellos 
Sacerdotes Católicos. No hace mucho dos jefes de 
los mas eminentes Spottod Tail y Red Cloud, después 
de haberse quejado de no tener aun una escuela sufi- 
cientemente grande para la educación de los niños, 
afirmaron solídeseos de todos el que haya entre ellos 
sacerdotes católicos, no solo para enseñar á sus hijos 
los primeros rudimentos; sino también para ins- 
truirlos tocante á la religión y la moral. Se añade 
también que la generalidad de los indios mira la pre- 
sencia de los misioneros protestantes como inútil y 
hasta desmoralizadora. 

Otro inonnanenJo á Pío IX. — En la Iglesia 
catedral de Crema acaba de levantarse un lindísimo 
monumento á la memoria de Pió IX. La estatua, obra 
maestra del afamado escultor Quintilio Corbellini, 
representa al finado Pontífice revestido de sus orna- 
mentos pontificales, sentado en la silla gestatoria con 
el trireño en la cabeza y en ademán de bendicir á la 
cristiandad. La fiesta de la inauguración se celebró 
con extraordinaria pompa el dia 8 de Diciembre en 
medio de un inmenso gentío. Después de la misa 
pontifical el Obispo de Crema pronunció un discurso 
análogo á la fiesta, en el que después de haber dado 
gracias á sus diocesanos por la liberalidad con la 
cual habían contribuido á erigir aquel espléndido 
monumento, ensalzó con extraordinario acierto y elo- 
cuencia las virtudes del inmortal Pontífice. 

;3&clar<9o fatal! — McDonnel y Sharpe senten- 
ciados á muerte por el asesinato cometido en la per- 
sona de George K. Smith fueron ejecutados el dia 14 
del pasado en Mauch Chunk en Pensilvania. Un 
miuuto antes que acabasen de vivir llegó un parte 
telegráfico del Gobernador, con el cual seconcedia la 
gracia á los dos criminales. Mas antes que el indulto 
llegase en las manos del Alguacil la justicia había 
llevado á cabo su obra. Se dice que uno de los 
ajusticiados antes do morir manifestó su profundo 
posar por haberse alistado en la sociedad secreta 
Mollie Maguirc contra la prohibición expresa de la 
Iglesia. 

t'oiifcrcncia para los Obreros. — La ju- 
ventud católica de Madrid ha inaugurado en sus 
salas un curso do conferencias á los Obreros con el 
objeto de instruirlos acerca de sus deberes civiles y 
religiosos. Después de la primera conferencia hecha 



por el Sr. Godró, el Obispo auxiliar de Madrid que 
presidia la reunión habló con unción verdaderamente 
apostólica felicitando á la sociedad de la Juventud 
Católica por haber dado comienzo á una obra tan ex- 
celente, y condenando al propio tiempo la inactividad 
y pereza de muchos católicos que permanecen en una 
culpable indiferencia ante los esfuerzos destructores 
de los enemigos de la Iglesia. 

Los Draymen oía ¡melgas. — Leemos en el 
Propacjaieur Gatólique que los carreteros de New Or- 
leans, después de haber inútilmente acudido á las 
autoridades para la compostura del camino que lleva 
al puerto, viéndose en continuo peligro de quebrar 
sus carretas, se reunieron en junta pública y deter- 
minaron no trasportar ninguna clase de mercancías, 
mientras no se hiciesen los reparos necesarios. Sien- 
do este el tiempo en que se verifica el mas grande 
movimiento en los comercios de azúcar y algodón, no 
hay duda que si la huelga dura mucho se seguirán 
pérdidas muy graves. 

Kl Papa y Sos Polaco-Alemanes. — Los ca- 
tólicos Polaco- Alemanes han enviado al Santo Padre 
una ofrenda de 16:000 francos, y se preparan á rega- 
larle también una cruz pectoral como recuerdo de 
esotra muy pesada que ellos han llevado por el espa- 
cio de cien años. Se dice que la cruz es obra de los 
mas acreditados artistas de Cracovia. Además de 
esto las mismas personas han determinado juntar una 
contribución para mantener en Roma á un seminaris- 
ta en honor de S. Estanislao Obispo de Cracovia 
cuyo octavo centenario cae en este año 1879. 

Consecuencias «Se eus cigarrito. — El pre- 
sidente del consejo municipal d'Ekaterinoslav (Ru- 
sia) habiendo sorprendido á uno de los consejeros 
apellidado M. Shishkin en el acto de hacer un cigar- 
rito, rogóle se privase de fumar mientras estuviesen 
en sesión. No gustó al Sr. Shishkin la propuesta 
aunque legítima del presidente, y enojado se rehusó 
á obedecer, so pretexto de que lo incomodaban mu- 
cho las exhalaciones de cebolla y pan negro que se 
desprendían de algunos de sus colegas. Estas pala- 
bras no pudieron menos de provocar la indignación 
del consejo, quien pidió á voces fuese el culpable in- 
mediatamente expulsado de la sala, y suspendido do 
su oficio por el espacio de lo dias. Al discutirse la 
propuesta la ira se apodera otra vez del Sr. Shish- 
kin y hele aquí que se precipita sobre el presidente 
y le descarga un puñetazo en la cabeza. Incontinen- 
ti los colegas cebolleros se apoderan del atrevido, lo sa- 
can de la sala y lo entriegan á la autoridad compe- 
tente para juzgarlo. El pleito duró quince dias, 
después de los cuales no habiendo el Sr. Shishkin po- 
dido disculparse fué condenado á 15,000 rouhles de 
multa y á la privación de ciertos derechos cívicos. 

Siiñncion de Italia. — La condición de Italia 
es al presente sumamente crítica. Habiendo caido 
el ministerio Cairoli, ha sido forzoso confiar á Dcpre- 
tis el manejo provisorio de los negocios por el espa- 
cio de dos meses. Se dice quo el único cuidado del 
Gobierno en este momento es la conservación del or- 
den piiblico seriamente amenazado en varias provin- 
cias. Uno de los jurados nombrados para el juicio 

de Passanante ha declarado que no podrá prestar 
ningún servicio á la corte en dicha causa, por razón 
de que se le ha amenazado con la muerte de toda su 
familia en caso que acepte el encargo. En Guglione- 
si pequeña ciudad de la provincia de Campobasso, 
unos individuos después de haber cometido un ase- 
sinato, se juntaron con otros de la misma ralea, y 
habiendo sacado sus banderas florados, se pasearon 
por las calles principales, gritañuo ¡Viva PassancmtcJ 
¡Viva la República.' ¡Muerte al ¡teyl 



-51 



SECCIÓN PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. —Corpus Chi'isti, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
FEBRERO 2-8. 

2. Domingo IV después de la Epifanía. La Pubificacion de Nues- 
tra. Señoea. San Cornelio, centurión, Ob. y Mr. 

3. Lunes. San Blas, Ob. y. Mr. Santa Celerina, Mr. 

4. Martes. San Andrés Corsini, Ob. y Conf. Santa Juana de 
Valois, reina. 

5. Miércoles. Los Santos Pablo, Juan y Santiago, jesuítas, már- 
tires del Japón. 

6. Jueves. Santa Águeda, Vg. y Mr. San Amando, Ob. 

7. Viernes. San Romualdo, Abad. Santa Juliana, viuda. 

8. Sábado. San Juan de Mata, Conf., fundador de los Trinitarios. 

SAN BLAS, OBISPO Y MÁRTIR. 

La nombradla de las virtudes cristianas que a-dor^- 
naban á este ilustre varón de Sebasta en Armenia, le 
hicieron nombrar Obispo de aquella ciudad. Durante 
el tiempo en que Diocleciano, desapiadado enemigo 
del nombre cristiano cebaba su rabia cruel en la san- 
gre de los Mártires, Blas quiso evadir la persecución 
del feroz tirano y fuese á esconder en una cueva del 
monte Argeo, y allí permaneció hasta que fué descu- 
bierto por algunos soldados del Presidente Agticolao, 
que iban á caza. Habiéndole llevado preso delante 
del Presidente, mandóle este arrojar en una cárcel 
cargado de cadenas. Peí o allí se manifestó el poder 
de Dios en su siervo: porque habiendo sanado mila- 
grosamente á algunos enfermos, empezaron inmedia- 
tamente á acudir á él de todas partes los que sufrían 
de alguna dolencia, y todos quedaban sanados por 
las oraciones del Santo Obispo. Hubo entre otros un 
niño que teniendo atravesada en la garganta una es- 
pina de pez iba á morirse sin remedio. Con una seña 
de cruz le libró el siervo del Señor; y es por esto 
invocado ahora por los fieles cual Protector de los 
que sufren de males de garganta. Conducido Blas 
delante del Presidente y no pudiendo este persuadir- 
le á sacrificar á los falsos dioses ni con sus ruegos y 
promesas, ni con sus amenazas, mandó primero azo- 
tarle, y después rasgarle las carnes con peines de 
hierro, y finalmente cortarle la cabeza, logrando de 
esta manera el invicto soldado de Jesucristo la noble 
palma de Mártir el dia 3 de Febrero. 



La semana pasada dimos la noticia de la ley, 
votada por la Legislatura de la Carolina del Sur 
contra el divorcio, legalizado en la época de 
Moses Chamberlain. En su lugar base decre- 
tado una multa do $100 á $ 500 contra el 
Beecherism, la cual pena podrá conmutarse con 
la encarcelación, de seis meses á un año. Toda 
ley, que asegura la estabilidad y el decoro de 
las familias, merece los encomios de cuantos se 
interesan en el bien de la comunidad civil. A 
pesar ele sus opiniones radicalmente racionalis- 
tas, dice muy bien Mr. George W. Julián, en 



un reciente artículo al International Review, que 
una de las fuentes de los males actuales está 
precisamente en el poco aprecio que se hace, de 
mantener en su integridad la vida de la familia. 
Las naciones, continúa el mencionado escritor, 
prosperan y se fortalecen en la misma propor- 
ción, que florecen las virtudes domésticas. La 
casa es el principio de toda civilización: las lec- 
ciones recibidas cerca del hogar doméstico for- 
man la parte mas importante de nuestra educa- 
ción, y su influjo se manifiesta en todas las fases 
de la vida social. La familia es el fundamento 
del Estado; por consiguiente, á medida que se 
desprecian las obligaciones sagradas de aquella, 
peligran también las instituciones civiles. Pro- 
sigue Mr. George W. Julián, expresando su con- 
vicción de que las cárceles y las penitenciarias 
no hallaríanse tan pobladas, si no hubiese decaí- 
do esta guardiana de la infancia. Ahora bien 
dichas virtudes, cuya faltase deplora, no se ali- 
mentarán bajo el techo paterno si las relaciones 
de la familia no quedan bien firmes; mas una tal 
firmeza no se obtendrá, si la unión del hombre 
con la mujer no es cual Dios la quiso desde un 
principio; á saber, indisoluble. 



"En otro lugar d en otro número de la Revis- 
ta," dijimos la semana pasada que daríamos las 
palabras del Sí. Loui- Times Journal sobre el 
presente sistema de las Escuelas Públicas. No 
habiendo podido reproducirlas entonces "en o- 
tro lugar,'' las traducimos ahora. Helas aquí: 

"Algo hay radicalmente vicioso en cualquier 
sistema de educación que engendra la truha- 
nería y el manejo de las camarillas. Ya es im- 
posible ignorar que la preocupación contra las 
escuelas públicas va tomando creces. Hay por 
supuesto gente que está enteramente encontrada 
con las escuelas no-sectarias, y, si fuesen la ma- 
yoría, abolirían la instrucción pública, Reco- 
nociendo nosotros este hecho, insistimos en que 
se hagan en nuestro sistema de escuelas unas 
reformas que conserven todas las ventajas de la 
educación libre para los niños de todas las cla- 
ses, y descarten los abusos de que está lleno a- 
hora"el manejo de las escuelas públicas. No es 
cosa de poca monta el someter á nuestra juven- 
tud á un influjo que debe ser necesariamente 
malo. El manejo de las camarillas y los der- 
roches que siempre acompañan tales manejos, 
colocan inevitablemente en posiciones de mucha 
responsabilidad ?í hombres sin principios. Esos 
hombres no deberían tener voz en la formación 
de los jóvenes. Si el manantial es impuro, im- 
pura será también la corriente. Si los niños de 
hoy dia viven en una atmo'sfera que tiende di- 
rectamente á rebajar el nivel de la moralidad, 
los hombres y las 'mujeres de treinta anos más 
tarde no tendrán ningún principio fijo. El ne- 



-52 



gocio es tan serio que un pueblo inteligente de- 
bería buscar inmediatamente algún remedio.'' 

Ahí tenéis á un abogado de las Escuelas Pú- 
blicas, el cual admite que el sistema presente tie- 
ne algo "radicalmente vicioso;" "engéndrala tru- 
hanería;" necesita "reformas que conserven to- 
das las ventajas de la educación libre para los 
niños de todas las clases;" y pide remedios que 
"un pueblo inteligente debería buscar inmedia- 
tamente." Y sin embargo el New Mexican, el 
Sentinel, el Espejo, el Sr. Ritcb, etc. deben im- 
plantar ese sistema allí donde no existe! 

Nosotros no somos de aquellos que, "si fue- 
sen la mayoría, abolirían la instrucción pública." 
Tampoco pediríamos que la enseñanza fuese ex- 
clusivamente católica; pero, sí, diríamos: No se 
nos haga la injusticia, que se nos hace en tantos 
de los Estados; no se nos obligue á mantener, 
con dinero católico, escuelas que repugnan á la 
conciencia católica. 



"Los principales diccionarios de la católica 
España, Portugal, Italia, Francia, Alemania, 
Bélgica, etc. etc., por su más inmediata asocia- 
ción y familiaridad con los jesuítas, estaban mus 
al alcance de sus hipócritas y traidoras artes, 
que no podia estarlo Noah Webster cincuenta 
años ha." El New Mexican. — Conque Webster 
no pudo formar un juicio verdadero sobre lo 
que es un jesuíta, porque escribió solo cincuen- 
ta años ha. Pero el New Mexican, que escri- 
be cincuenta años mas tarde, ha podido for- 
marlo ese juicio. ¿Qué duda cabe? Además 
de (jue el New Mexican tiene á los Jesuítas tan 
cerquita! Y Webster, bien es verdad que hon- 
ró con su amistad y trato familiar á los Jesuítas 
de Massachusets; pero era un bendito, un tonto; 
y el New Mexican es tan agudo, tan fino, tan sa- 
gaz! 



La última relación del Departamento de Agri- 
cultura en Washington contiene los siguientes 
datos, acerca de las cosechas de los Estados U- 
nidos por el año de 1878. La cosecha del tri- 
go, el año pasado, fué mayor que la de 1877 
cosa de 30.000.000 hanegas (bushelsj. La de 
avena también excedió la del año precedente, } r 
fué la mas abundante que hayase conseguido ja- 
más en el país; bien que la media proporcional 
por cada un acre ha va sido menor (pie en 1877, 
y la cualidad inferior en una gran parte de los 
Estados. No hubo diferencia por lo que toca i 
la cebada, menos que en la California se sembra- 
ron 180,000 acres mas y casi duplicóse la cose- 
cha por cada uno de ellos. El producto total 
fué de 12,000,000 hanegas, habiendo sido de 
{$4,500,000 el año anterior, La cosecha del cen- 
leno fué casi una S3xta parte mas abundante 



que en 1877, pero de cualidad inferior en la 
Nueva Inglaterra, á excepción de Connccticut,y 
y en los Estados del Sur; mientras que se obtu- 
vo una cualidad superior en los Estados del O- 
este, Noroeste y de la vertiente del Pacífico, ex- 
ceptuando Illinois y Nebraska. La cosecha de 
las patatas ó papa?, comparada con la de 1877, 
fué mucho menos abundante; aunque la media 
proporcional haya sido casi la misma, siendo la 
diferencia menor de uno por ciento. El produc- 
to medio de todo el país es de 09 hanegas poi- 
cada un acre, habiendo sido de 94 en 1877; lo 
que da para el año pasado un producto total de 
124,000,000 hanegas, y por el año 1877 de 
170,000,000. La cosecha del heno fué mayor 
como de veinte por ciento. 



La oficina de estadísticas de Berlin publicó 
para el año de 1878 el siguiente cuadro de pre- 
supuestos militares según los diferentes Estados 
de Europa: 



Estados 

Dinamarca 

Alemania 

Inglaterra 

Francia 

Holanda 

Austria 

Portugal 

Rusia 

Suocia-Nor 

España 



Gastos anuales 

$3.006.200 

69.045.094 

109.144.400 

143.586. 41 

12.389.000 

44.380.000 

4.884.800 

122.666.200 

uega 5.541.400 

23.764.400 



Población Gastos por cabeza 

50 
50 



50 
50 



2.032.000 


7 


42.027.360 


8 


23.444.410 


16 


38.102.521 


20 


3.865.456 


16 


37.350.000 


6 


4.017.110 


6 


71.930.980 


8 


4.421.893 


7 


15.262.322 


7 



Exceptuando Portugal, Dinamarca, España 
y Suecia, solamente Austria paga menos que A- 
leraania, al paso que todos los demás Estados 
pagan mucho mas, sobre todo Francia, cuyos 
contribuyentes pagan mas (pie doble de Alema- 
nia por el presupuesto militar. 



Entre los politiquillos que escriben para escri- 
bir, y por consiguiente nunca miran mas allá 
de la superficie de las cosas, es muy común ha- 
blar de la decadencia de las razas latinas, y del 
movimiento siempre progresivo de las teutóni- 
cas y eslavúnicas. Donde irán á parar los pue- 
blos latinos y los teutónicos, bajo los gobiernos 
que dirigen ahora sus destinos, y bajo el influjo 
de los principios que los agitan á todos, es cosa 
que solo Dios sabe. Pero lo cierto es que, 
como dijo el afamado estadista ó historiador 
Protestante Giizot, 'las sociedades están en- 
fermas.'' En el momento del triunfo de Rusia 
sobre Turquía, un periódico francés, Les Debuts, 
si no nos equivocamos, exclamó "No hay mas 
Europa,'' y abulia á la egoística impasibilidad 
con que las potencias europeas habian mirado el 
destrozo del Imperio Otomano. El Congreso 
de lierlin (pliso persuadir al mundo que sí, que 



-53 



hay Europa; y el Conde ele Andrassy, ufano al 
parecer del resultado de aquel congreso, decía 
recientemente que hace poco tiempo se afirmaba 
que no existia Europa, y que en realidad todas 
las potencias estaban aisladas; pero que hoy el 
acuerdo de Europa es un hecho. En eso el Va- 
terland, comentando la declaración del Sr. Con- 
de, dijo: "Estas palabras serian consoladoras, 
si fueran ciertas; si, en efecto, hubiera cesado el 
aislamiento entre las grandes potencias; pero el 
conde de Andrassy se muestra en ellas mas op- 
timista que exacto. El hecho de haberse reuni- 
do los representantes de Europa en Berlín, no 
prueba ni mucho menos que estén de acuerdo 
en todos los asuntos, y ni aun en los insignifi- 
cantes. Los cataclismos que ha presenciado 
nuestro siglo, han producido tales desconfianzas, 
han dado origen á tales odios y celos, que la 
fuerza oculta de las cosas puede más que la bue- 
na voluntad de los hombres de Estado, supo- 
niendo que exista esta buena voluntad. Europa 
ha perdido toda su fuerza de equilibrio, y busca 
en vano su centro de gravedad, y hasta que la 
encuentre, las palabras del ministro son, mas 
aun que grandemente exageradas, radicalmente 
falsas." 



El Sun de N. Y., que se ocupa tan raras ve- 
ces de este Territorio, traía el dia 11 de Enero 
ese suelto que traducimos: "Otra brillante victo- 
ria han alcanzado, al parecer, las fuerzas mili- 
tares del Nuevo Méjico. Un tal Capitán Tupper, 
á la cabeza de un cuerpo de caballería cayó so- 
bre una banda de Indios del Ojo Caliente, y 
mató á un hombre (sin duda algún viejo chocho 
ó algún tullido) y once mujeres y niños, aprisio- 
nando también trece mujeres y niños. Esto es 
lo que se llama guerra civilizada, para distin- 
guirla de la otra, en que los Indios mataran á 
un solo hombre y once mujeres y niños blancos, 
lo que, si jamás sucediera hoy en dia, se llama- 
ría una carnicería de salvajes." 



Los Veganos han andado algo alarmados por 
estos dias. No sabemos cómo, cundió el rumor 
de que Las Vegas después de tantas esperanzas 
concebidas, se quedaría al cabo sin ferrocarril; 
y que la estación seria establecida en Ojos Ca- 
lientes, á cuatro ó cinco millas de Las Yegas. 
Lo que dio margen á este ruido no lo sabemos 
por cierto; pero parece haber sido ocasionado 
de que la Compañía del ferrocarril compró los 
manantiales ú ojos de agua caliente que clan el 
nombre á aquella localidad; y de que algunos 
propietarios de Las Yegas han tratado ele ad- 
quirir tierras en el mismo paraje. Estos argu- 
mentos por supuesto no son despreciables, pero 
tampoco convencen plenamente el entendimien- 



to. Por supuesto, aun si la estación no se pone 
en Ojos Calientes, sino en Las Yegas, Los Ojos 
no podrán menos de ser un punto cuya adquisi- 
ción debe importar muchísimo ya sea á la Com- 
pañía del ferrocarril, ya sea á otros propietarios. 
Nadie, pues, hasta que haya mejores pruebas 
en contrario, debe perder confianza en la Com- 
pañía de Atchison, Topeka y Santa Fé, que has- 
ta ahora ha dado pruebas de aborrecer la cos- 
tumbre de edificar dondequiera nuevas pobla- 
ciones para arruinar las viejas; pues nosotros 
opinamos que tal seria la suerte de Las Yegas, 
con el término del ferrocarril y la estación en 
Ojos Calientes. En la Crónica referimos lo que 
han hecho los Yéganos para precaver este pe- 



-♦-*»- 



Sea cual fuere el resultado de la tentativa de 
Su Santidad, León XIII, para conseguir la paz 
con el Imperio alemán, quedará siempre cierto 
que la buena voluntad no ha faltado de parte 
del Yaticano. El mismo Ministro Falck ha teni- 
do que confesarlo en las Cámaras de Berlín, 
diciendo que el Padre Santo desea la paz reli- 
giosa en Germania. Si, luego, las negociaciones 
no alcanzaren el término anhelado, podráse 
fácilmente decidir la cuestión de quien haya 
tenido la culpa. Reguemos á Dios á fin de que 
el reinante Pastor de la Iglesia Universal pueda 
llevar á efecto sus pacíficos intentos, tan propios 
cl,e su misión en la tierra. Abrigando la espe- 
ranza de que llegará el dia en que se cumplan 
dichos designios, también el Fígaro ele París ha 
tributado su homenaje de admiración al Padre 
común ele los fieles. Confia el mencionado pe- 
riódico que León XIII recorrerá en sentido 
opuesto el camino de la cruz. Pió IX pasó del 
Hosanna de 1848 al Crucijige de los años sucesi- 
vos; León XIII, al revés, pasará del Crueifige de 
1878 al Hosanna de los años venideros. Cuan- 
do Príncipes y pueblos hayan conocido á sus 
verdaderos enemigos y visto que tan solamente 
el Yicario de Jesucristo puede ser su sosten y 
amparo; en ese dia todos unánimemente ensal- 
zarán á este Apóstol de la verdadera civiliza- 
ción, y le bendecirán como á Aquel que vino, en 
nombre del Señor, á traer paz á los hombres ele 
buena voluntad. 



Eso que va á continuación queda dedicado al 
Nexo Mexican y atóelos los pájaros de su pluma- 
je. Está tomado del N. Y. Sun, y es el principio 
de una revista del libro de Paul Féval, " Jesuí- 
tas. " Dice el escritor: "Es extraño que tantas 
personas instruidas y bien intencionadas *, acos- 
tumbradas á hablar de cosí todo con circunspec- 

* Cuidado con suponer que se habla del New Mexican y Co, 



-54 



cion y candidez, se dejen llevar habitualracnte á 
asertos tan inconsiderados acerca de los Jesuí- 
tas. Parece como si los miembros de esta com- 
pañía no deban tener lugar en el tribunal de la 
opinión protestante §, y el carácter de su orden 
es dado perentoriamente por res dijudkata. 
Epítetos, insinuaciones, cargos, opiniones que 
suponen ya decidido el debate y su valor, pasan 
por moneda corriente en el habla común, } r se 
toman por hechos averiguados por la historia. 
Hombres que no tienen escrúpulo en someter al 
análisis mas sutil las doctrinas de la religión re- 
velada y los primeros principios de la ética, 
muestran á menudo, si se los examina, que no 
tienen otro motivo de aversión á la Compañía 
de Jesús sino algún mote sutil de las Cartas 
Provinciales de Pascal, ó* algún epigrama pun- 
zante atribuido con mas ó menos razón á Vol- 
taire. Pero es ya tiempo por amor de la equi- 
dad y de la sana erudición dar á lo menos un 
reto á ese tallo arbitrario, á fin de oir algo mas 
que el testimonio de un partido." 

En Nuevo Méjico hemos oido "algo mas:" la 
"historia presente" del Sr. Ritch. 



Aniversario de la muerte de Pío, el 
Grande. 



El viernes de la presente semana nos traerá 
á la memoria el dia aniversario de la muerte de 
un Papa que supo tan fielmente representar som- 
bre la tierra á Cristo nuestro -Jefe, y guardar el 
honor de aquella Iglesia en que tuvimos la dicha 
de nacer. El dia 7' de Febrero, un año ha, Pió 
IX acababa su carrera mortal, y con el postrer 
aliento del Gran Pontífice, poníase término á un 
Papado, que con razón tomaríase cual argumen- 
to en favor de las promesas de Jesucristo, cuan- 
do dijo: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra 
edificaré mi Yglesia, y las puertas del Infierno 
no llevarán ventaja contra ella." 

El primer pensamiento, que se asoma al es- 
píritu en vista de su tumba, es aquel mismo (pie 
despiértase, todas las veces, en el ánimo de 
quien contempla la urna mortuoria de algún 
personaje ilustre de este mundo. Este pensa- 
miento es el de un profundo homenaje al poder 
irresistible de la muerte, bajo cuyo dominio to- 
da cerviz háse de doblar, y toda grandeza, de 
desaparecer. Mas dicho pensamiento no preva- 
lece delante del sepulcro de Pió IX. Para que 
prevaleciera, seria menester ó haber olvidado 
la historia de la vida de Pió IX. ó (pie Pió IX 
no hubiese sido aquel Papa (pie fué. 

Entonces tan solamente puede predominar la 
¡dea del poderío de la muerte sobre las grande- 
zas de este mundo, cuando el hombre, que acabó* 

Jola de la opinión prot< Btanti ? ,< (jala! 



su vida, no fué claro sino porque tal fué su posi- 
ción en la sociedad, y no ya por haber sido él 
mismo ilustre en un empleo igualmente distin- 
guido. 

Una excelencia cualquiera en medio de los 
hombres, con todo el brillo de la gloria y los 
aplausos del renombre, es hoy, y mañana ya no 
será; es al amanecer, y al ocaso ya no existe, 
porque es debida, quizá á los derechos de la 
herencia 6 al fanatismo de un partido; í eventos 
de que es difícil muchas veces dar razón, y á 
circunstancias del momento. Pero, caso (pie la 
superioridad de un hombre ante la sociedad es 
el fruto de su propio mérito y virtudes: su glo- 
ria y nombradía no fenecen con el fenecer de la 
vida. 

En otras palabras, si Pió IX no hubiese sido 
insigne sino porque fué Papa, que es la primera 
dignidad de este mundo, si Pió IX no hubiese 
sido célebre sino porque debía necesariamente 
ser conocido dondequiera el nombre de uno que 
mandaba sobre los confines mas remotos del Or- 
be; á estas horas, hubiérase ja. desvanecido la 
gloria del mas longevo entre los Sucesores de 
San Pedro. Mas no: Pió IX no solamente fué 
ilustre por ser ilustre la Cátedra de Poma, que 
ocupó en el discurso de casi 32 años; Pió IX no 
tan solo fué glorioso por haber regido subditos 
sobre toda la redondez del (i lobo; sino que fué 
insigne, pues á la sublimidad de su posición cor- 
respondió con la nobleza de su ánimo, y la fama 
de su nombre fué acompañada por el esplendor 
de sus virtudes. Así es que, ajuicio de todos, 
el Papa Pió IX sostuvo con su mérito la ele- 
vada dignidad, á que por divina disposición ha- 
bía sido ensalzado. 

El corresponder con sus obras á la preemi- 
nencia de un puesto en la sociedad no es de 
todos, bien que sean enriquecidos con grandes 
dones de la naturaleza: mucho menos fuera de 
lodos ellos el corresponder á la mas alta de las 
posiciones sociales, cual es precisamente aquella 
á que fué levantado Juan María Mastai Ferretti, 
quien después de haber subido al trono de S;in 
Pedro tomó' el nombre de Pió. 

Según la historia demuestra, para muchos hu- 
biera sido una dicha el no haber ocupado Jamás 
empleos muy honoríficos, quedando cu una esfe- 
ra, en la (pie, si bien inferior, su mérito de ellos 
podía haber sido mejor apreciado. ¡Ay. cuán- 
tos fueron juzgados mas aptos para un puesto, 
una. presidencia, una corona, y aun, lo diremos 
ciin franquea, para la Silla de San Pedro en 
Poma, antes de haber sido investidos con digni- 
dades semejantes, (pie no lo fueron después de 
haberlas conseguido! Si el nombre de muchos, 
aun dotados con prendas particulares de talento, 
quedó* afeado en los anales de la historia, y fué 
pronunciado con desden por las generaciones 
que les siguieron; la verdadera razón está en 



-55- 



que ascendieron á un grado social, donde no 
alcanzaban las prerogativas, tal vez nada vulga- 
res, ele su ánimo. 

De suerte que, habiendo la opinión común da- 
do su fallo sobre el mérito del difunto Pontífice, 
y dicho que esc estuvo en armonía perfecta con 
la mas esclarecida de las posiciones sociales; ya 
la figura de Pió IX resplandece con tanta luz, 
que nunca la mano devoradora del tiempo podrá 
borrarla, ó hacer que se oculte bajo la losa de 
un sepulcro. No: antes bien, esa figura colosal 
de nuestros dias seguirá descollando en la histo- 
ria ele los Papas á través de los siglos, y perma- 
necerá siempre cual es en realidad; á saber, la 
de un Supremo Pastor que, haciendo las veces 
de Cristo en la tierra, á Cristo tomó por mode- 
lo y á Cristo por guia. 

No perdiente» jamás de vista un dechado tan 
perfecto, cumplió Pió IX con la misión, confiada 
por el Salvador de los hombres á San Pedro, 
cuando le dijo: "Pedro apacienta mi rebaño." 
De aquí fué que, en todo su largo Pontificado, 
el finado Pontífice mostró siempre un carácter 
tan elevado, que no parecía sino un reflejo lumi- 
noso del carácter del mismo Cristo. 

Este temple característico del Pontífice de la 
Inmaculada dióse á ver sobre todo en la mas 
fatal de las adversidades, con que quiso Dios 
probar su largo reinado. ¿Cuál fué el ánimo 
mostrado por Pió IX en aquellos dias aciagos, 
que corrieron desde el 20 de Setiembre, 1870, 
hasta el 7 de Febrero de 1878, último dia de su 
vicia? Den la contestación aquellos misinos que 
contra él se rebelaron. Pió IX está encerrado 
en su Palacio Vaticano, no tiene armas ni sol- 
dados, encuéntrase desamparado de los que dí- 
cense los poderosos del siglo; con todo, la sola 
palabra de ese Anciano cautivo excita fuertes 
inquietudes, y produce alarma en los gabinetes 
de Gobiernos que pueden levantar numerosos 
ejércitos, y disponer ele una fuerza material que 
hubiera parecido fabulosa á nuestros antepasa- 
dos. El desasosiego que ese Anciano cautivo 
engendra con sola su palabra es tal, que hasta 
deséase por sus enemigos la hora de su muerte. 
La razón de esto no es otra sino que Pió IX, 
aun desposeído de sus Estados y abandonado de 
los Magnates de este mundo, aun quebrantado 
por los años y confinado en un rincón ele Roma, 
habla palabras que revelan un carácter y cora- 
zón semejante al carácter y corazón del mismo 
Cristo, quien hizo temblar y caer postrados en 
el suelo á los que hablan ido para prenderlo: ele 
aquel Cristo que, hasta después de su muerte, 
inspiró temores desde la tumba á los que lo ha- 
bían crucificado. 

No es extraño, luego, si el Pontificado del 
último Pió haya despertado las simpatías del 
mundo entero, y atraído hacia sí la admiración 
.de todos los hombres pensadores, sin distinción 



de partido ni diversidad de creencias. ¡Fenóme- 
no singular! Si jamás ha habido lucha contra 
el principio de autoridad, ha sido precisamente 
en nuestra época; y sin embargo nunca, como en 
nuestros dias la primera autoridad de esta tier- 
ra, cual es la autoridad de los Soberanos de 
Roma, había ejercido tan fuerte influjo en me- 
dio de la humanidad. Verdad es que se tra- 
bajó para contrastar y destruir ese influjo, pero 
fué forzoso sentirlo. Los hombres pretenden 
sustraerse de toda autoridad y declarar su in- 
dependencia absoluta; y el Pontificado del Gran 
Pío constituyese centro vivo, hacia el cual la 
sociedad toda entera es impelida. Esto realizó 
el Papado glorioso de Pió IX; y hé aquí la ra- 
zón porque se hizo acreedor á los encomios de 
cuantos no han perdido el uso de un sano dis- 
cernimiento. 

Esta gloiia no se extinguirá con el trascurrir 
de los años y ele las vicisitudes humanas; sien- 
do así que es el resultado genuino de la virtud, 
cuya memoria es eterna. Los restos mortales 
ele Pió descansarán en la humilde tumba que sn 
ánimo generoso le hizo desear; mas esa tumba, 
bien que humilde, quedará un monumento im- 
perecedero de gloria así para el Pontífice que 
gobernó la Iglesia en dias sumamente azarosos, 
como para la Iglesia á quien fué enviado por 
Dios en tiempos difíciles un Pastor tan digno ele 
su corazón. De este modo, la gloria de Pío IX 
sei'á ia gloria ele la Iglesia Católica en el sia'lo 
diez y nueve, y la gloria ele la Iglesia Católica 
en el siglo decimonono será la gloria de Pió el 
Grande. 



Octava Caria al Sr. O. W. Kitcli. 



Muy señor nuestro y de todo nuestro apre- 
cio: En el New Mexican del 9 de Nov. del año 
pasado, leíamos lo siguiente: 

"El Rev. Padre Don Agustín Truchard, que 
por mas de diez años ha sido el Cura Párroco 
de Santa Fé, se retiró el domingo pasado por 
motivo ele mala salud .... El padre se despidió 
de sus feligreses de una manera tierna y elo- 
cuente que conmovió á todos los que le oian y 
les hizo derramar abundantes lágrimas de do- 
lor.... Nos unimos al sentimiento general que 
se abriga por la retirada ele este digno párroco, 
recordando las muchas virtudes que le adornan, 
su zelo por el progreso de la religión y el bien- 
estar espiritual de sus feligreses, su ejecución 
fiel, concienzuda y escrupulosa de los deberes 
arduos que le corespondian y su ardiente cari- 
dad para con los pobres,"' etc. 

¿A qué viene todo eso? Viene, Hou. Sr. Se- 
cretario, para decirle á Vd. que no entendemos 
cómo á ese mismo Rev. P. Truchard se atreve 
Vd. á tratarle de sanguinario! y asesino/ Viene 



-r>(i- 



para desenmascarar á Yd. y á su New Mexican, 
que pretenden entrambos que no hacen la 

guerra sino á los Jesuítas, esa "organizada 
hipocresía" esos "traidores del gobierno" y de 
la religión. Si el Rev. Truchard, ese sacerdote 
intachable, amado entrañablemente y venerado 
de todos por su virtud y doctrina, ha de pasar 
por sanguinario y asesino, ya no sabemos á 
quien respetará Yd. entre los Católicos. 

A la verdad Yd. no nombra al Rev. Tru- 
chard: quizá no le convenia para sus fines. Pero, 
sí, menciona Yd. La Contestación dada por él á 
la carta del Ministro Presbiteriano Smilh, pu- 
blicada dos años ha en el Eoening Post de Nue- 
va York. Y queriendo citar un poco de aquella 
Contestación, dice Yd.: 

"En la que el reverendo señor llamó su con- 
testación á esa carta, hé aquí como desahoga su 
blando y humilde corazón con verdadera san- 
guinolencia GASPAKRIANA (WITH TRUE GASPAR- 
RIAN SANGTJINARJNESS)." 

Algún consuelo será para el P. Gasparri sa- 
ber que en fin y al cabo su sanguinolencia es 
la que caracteriza también al Rev. Truchard. 

Luego cita Yd. esas palabras sanguinarias: 
"Pero, antes de comenzar, debo avisar a los 
Nuevo-Mej ¡canos que no es mi mente, en esta 
contestación, vengarlos de los muchos insultos 
que con tanto descaro el ministro Smith echa en 
cara de sus buenos paisanos. Dejo, pues, á cual- 
quiera di ellos el cuidado de cumplir con este deber 
sagrado. 

Estas últimas palabras las pone Vd. en bas- 
tardilla: porque, va se ve, allí está toda la san- 
guinolencia gasparriana; allí hay el ofrecimiento 
de un galardón á quien asesinare al Ministro 
Smith.— un bidding for assassination, dice Yd. 
O buena ié de nuestro Señor Secretario, ¿por 
qué valles ó montes andas rodando? pues á 
buen seguro ya te escapaste de su puritánico 
pecho. 

Comentemos un poco, Sr. liitcli, esas palabras 
sanguinarias, "Antes de comenzar/' dice el 
Rev. Truchard. Pero, ¿qué va á comenzar? — A 
escribir, por supuesto. "Debo avisar á los Nco- 
Mejicanos que no es mi mente, en esta contcs- 
tacion, vengarlos." ¿Qué es lo que no quiere ha- 
cer? Yengar á los Neo-Mejicanos escribiendo; 
pues dice: "en esta contestación." ¿Cuál es, 
pues, el sagrado deber que deja á cualquiera de 
los Neo-Mejicanos? Es el que no tiene intención 
de cumplir él mismo: es decir, vengar escri- 
lo. ¿Qué tiene que ver, pues, con todo eso 
< 1 bidding for assassination". ¡El R. Truchard 
tachado de asesinol 

No nos hemos parado" en este sublime episo- 
dio del poema de Yd., para defender al Rev. 
Truchard. El no lo tiene menester, y sabría ha- 
cerlo por sí mismo mejor que nadie. Pero co- 
i eran todos una vez más qué ralea de gente 



nos ataca á nosotros, y pretende con todo ser 
tenida en estima de noble y grande y despre- 
ocupada y la flor y nata de la ilustración y de 
la caballería. 

Después de ese episodio, nos repite Yd. las 
vergonzosas historietas del Sr. Smith sobre las 
crueles exacciones de los Curas: y se poue Yd. 
gozoso con el recuerdo de aquellas leyes, que 
suprimieron de un golpe los derechos que Yd. 
llama robados (stoknfees). Señor querido, ha- 
bla Yd. como si nada se hubiese dicho sobre 
este asuuto, y en eso obra según su costumbre. 
Pero "La Contestación" del Rev. A. Truchard 
todavía no ha recibido ninguna réplica. 

Asimismo ninguna réplica ha recibido el men- 
tís formal dado por "Un Protestante'' á las ini- 
cuas y monstruosas fábulas enviadas de Taos al 
New Mexican por uno que se llamó "Un Cató- 
co," y sabe el Señor si de Católico tiene 
mas que el nombre. Ku nuestra Revista del 23 
de Marzo apareció un Comunicado en el que "Un 
Protestante" hablaba al pretendido "Católico" 
en estos términos: "¿Qué dice? — Que en la misma 
Iglesia de Taos, mientras se cavaba un sepul- 
cro, se encontró un cuerpo entero, que un hom- 
bre tronchó } T tiró afuera. Oh. miserable Cató- 
lico ¿y llamas tú esas verdades, y crees que ta- 
les mentiras las puedes hacer creer á personas 
que conocen todo lo contrario?" etc. Pero una 
negación formal no le amilana á Yd. Sr. Ritch. 
Yd. sigue impertérrito repitiendo la misma osa- 
da y ruin paparrucha, como si fuese un hecho 
incontrovertible. ¡Así escribe Yd. la "historia 
presente!" 

Vamos acabando el largo examen de su in- 
mortal cartazo, Sr. Secretario. ¿Qué queda mas? 
De primero, ahí va otra contra el mismo Rev. 
Truchard por su oposición á la enseñanza sin 
Dios; y no sabemos porqué AM. deba gozar el 
derecho de pelear con todo su poder á favor de 
esa enseñanza, y otros no han de gozar, á lo me- 
nos tanto como Yd., el derecho de decir y repe- 
tir (pie, excluyendo á Dios de la educación de 
la juventud, se socaban sorda, pero cierta y rá- 
pidamente los cimientos de la misma sociedad 
civil. 

Y ¡ene luego un pescozón para uno (pie ya 
no anda por este mundo, á lo menos con aquel 
nombre y traje de otro dia. Ni á los muertos 
respeta Vd. Sr. Ritch. ¿Quién hubiera pensado 
(pie hasta el difunto Explorador de Trinidad. 
Coló., había de caer bajo la maldición de Vd.? 
Pues eso sucedió. La ¡arista había dicho una 
vez cuatro palabras de alelo al bueno de El 
Explorador-, eso bastó para que este papel que- 
dara como inficionado de jesuitismo: << ¡esser 
print qf ihe same stripe (pie el chief jesuit print. 

O Explorador! ¡dichoso dia y dichoso momen- 
to aquel en que dijiste adiós á tu pesada y tra- 
bajosa vida! ¡Cuántas ventajas te acarreó tu 



-57- 



muerte! Cubriste bajo la losa sepulcral la man- 
cha oprobiosa que te imprimiera con sus impor- 
tunos elogios la Revista Católica; y, sobre todo, 
aprendiste á vivir! Así es que cuando el poder 
de la Pitago'rica me te m psicosis te hizo reapare- 
cer entre los mortales con el nombre de Espejo, 
aprovechándote de las lecciones de la tumba, 
supiste levantarte á las alturas de las ilustracio- 
nes del siglo y hablar el lenguaje que hablan 
ellas. 

Ahora, Sr. Ritch; quisiéramos saber cuál es 
el delito que hemos cometido "en un arranque 
de mutua admiración con una hoja menor del 
mismo jaez" que nuestro periódico? Nosotros 
decíamos allí á El Explorador: "Di< hosos de ha- 
llarnos al abrigo de un gobierno, cuya Constitu- 
ción fundamental es una prenda de orden y 
prosperidad, no anhelamos sino á disfrutar de 
las ventajas que se nos derivan de su amparo, 
sin perder aquellas de que gozábamos antes de 
la unión. La Religión y su libre ejercicio, he- 
rencia que apreciamos mas que nuestro ser; la 
lengua del país, la majestuosa, abundante, y so- 
nora lengua castellana; las costumbres y virtudes 
patrias, como la hospitalidad, la sencillez, el decoro 
y el recato, la frugalidad, el amor de la familia, el 
respeto mutuo entre las clases de la jerarquía so- 
cial son los bienes por cuj'a conservación 

es forzoso lidiar con todo el denuedo ele nues- 
tros espíritus." Pues bien, parécenos que todas 
las cualidades morales, expresados en esas li- 
neas subrayadas, merecen muy bien ser conser- 
vadas, aunque su conservación costare el "lidiar 
con todo el denuedo de nuestro espíritu." Pero 
á Vd. se le subid la sangre á la cabeza, porque 
nombramos, entre otras cosas, la lengua caste- 
llana; y esto hace resaltar mas que todo en la 
traducción inglesa de nuestras palabras, supri- 
miendo por supuesto lo que nosotros reproduci- 
mos aquí en cursiva. Amable Secretario, si á 
Vd. no le gusta el castellano, no hay razón de 
enojarse con aquellos á quienes les gusta. De 
gustos no hay nada escrito. Mucho menos hay 
razón de ver en ese gusto un delito de lesa na- 
cionalidad: á no ser que estemos aquí en la es- 
clavizada Polonia, donde el poderoso Empera- 
dor de todas las Rusias persigue y proscribe, 
con el mas eccéntrico encarnizamiento, hasta la 
lengua de los míseros Polacos. 

Motus infine velocior: á ver si con cuatro ren- 
glones más nos libramos del pesado y abruma- 
dor examen de su filípica. 

Lo que significa el Sed Mejicanos, que tanto le 
ha hecho gruñir á Vd., está explicado en la Re- 
vista del 16 de Febrero del año pasado. Si Vd. 
no lo quiso entender entonces, tampoco querrá 
entenderlo ahora: luego no hay que perder tiem- 
po. Acuérdese solo que el año pasado nuestro 
texto fué vergonzosamente falsificado por el tra- 
ductor, y solapadamente mutilado; y que Vd, lo 



falsifica y mutila de la misma manera en su car- 
ta al Tribune, á pesar de nuestros reclamos del 
año pasado. 

Viene finalmente nuestro último pecado capi- 
tal: el haber afirmado que el influjo del Protes- 
tantismo en la política y en la legislación ha 
producido funestos resultados. Sr. Ritch, Vd. 
ignora a3aso que hay volúmenes enteros escri- 
tos para demostrar esta tesis: Balmes, Perrone, 
Segur, Margotti, Nicholas, y el mas reciente de 
todos el Barón de Haulleville. Le incumbía á 
Vd. el deber de probar lo contrario, y no lo ha 
hecho. ¿Porqué se enfada si no podemos nos- 
otros los Católicos opinar diversamente? 

Al parecer, no puede Vd. comprender cómo, 
admitiendo esta tesis, pudimos estimarnos "di- 
chosos de hallarnos al abrigo de un gobierno, 
cuya Constitución fundamental es una prenda de 
orden y prosperidad." Citadas estas palabras, 
exclama Vd. arrebatado de colérico estupor: 
"Oh! 'Neapolitan adventurers'! Oh! eonsisteney! 
etc. etc." 

Oh! querido Secretario de nuestra alma! Oh! 
agudeza de punta de colchón! Como si la Cons- 
titución fundamental de los Estados Unidos hu- 
biese sido inspirada por el Protestantismo, y no 
fuese un edificio levantado por la Equidad Na- 
tural, á despecho del Protestantismo! 

Conque hemos concluido. Prometimos en la 
primera carta que recorreríamos con toda la pa- 
ciencia que nos seria menester su largo artículo 
al Denver Tribune del 8 de Nov.; que examina- 
ríamos sus asertos de Vd. y los cotejaríamos 
con los nuestros, con los hechos, y con la histo- 
ria que no fuera masónica: hemos cumplido con 
nuestra promesa. Parécenos haber demostrado 
que de cuantas ha dicho contra nosotros no ha 
acertado con una sola verdad. Sin embargo no 
dudamos de que, cuando vuelva Vd. á ocuparse 
de jesuitas, dirá las mismas é idénticas cosas. 
Esperaremos, pues, aquella ocasión para rema- 
char alguno que otro clavo; y, hasta entonces, 
páselo Vd. bien. 



Sentimientos Nobles de Fio IX. 

Mil anécdotas sublimes se lian contado durante su 
vida y después de su muerte. Citemos una á lo me- 
nos en esta semana que nos recuerda su dolorosa 
pérdida para la Iglesia y el mundo. 

Un caballero rico, padre de dos hijos, Labia re- 
suelto legar al mayor toda su fortuna, sin otro motivo 
que un capricho lamentable, dejando sumido á su dó- 
cil y obediente menor en humillante miseria. El hijo 
que habia de ser heredero tuvo conocimiento de la 
determinación del inconsiderado padre, y no pudien- 
do ocultar sus fraternales sentimientos, no guardó en 
secreto su noble resolución de partir con su hermano 
los bienes que por la muerte del padre le provinie- 
sen. 
' El padre, á cuyo conocimiento llegó la generosidad 



-58- 



del hijo, quiso burlar tan digno propósito, negándole 
á su vez la herencia. Escribió un nuevo testamento, 
que depositó en manos de un funcionario civil, por 
el que legaba su inmensa fortuna al sacerdote que el 
dia de su entierro celebrara primero la misa en el 
templo donde se celebrarau sus funerales. 

Difunto el padre, el testamento fué abierto por el 
depositario, quien, fluctuando acerca del partido que 
le convenia tomar, resolvió consultar al Padre San- 
to. Oida la consulta, Su Santidad dijo al depositario 
del testamento. 

— Dejadme el testamento: yo me cuidaré de su eje- 
cución. 

El dia siguiente, apenas hubo amanecido, Pió IX 
se dirigió al templo donde habían de celebrarse los 
funerales por el alma del difunto padre. Las puer- 
tas le fueron abiertas inmediatamente, como es de su- 
poner; y celebró en seguida el santo sacrificio, que- 
dando heredero del rico señor. 

No tardó mucho Pió IX en llamar á los hijos del 
difunto, á quienes con frases llenas de ternura y cari- 
ño entregó los títulos de los bienes de que el padre 
quería caprichosamente privarles. 



Espíritu de la Agricultura. 

(Gaceta agrícola del ministerio de Fomento de .Madrid). 

Condensar en dos páginas máximas y principios 
agrícolas que sirvan al labrador de guia, es el fin que 
me propongo. 

1. Ayuda á la naturaleza. 

2. Observa y sabrás los secretos de la agricultura. 

3. Todo terreno ha de descansar do una planta 
tanto tiempo como le ha ocupado. 

4. La secreción de un vegetal es perjudicial á los 
de la misma especie. 

5. Siempre que tengas que hacer alguna planta- 
ción, piénsalo y medítalo, porque en agricultura nada 
se improvisa. 

G. Ño hay terreno improductivo si se sabe escoger 
el vegetal. 

7. Trasplanta los árboles mientras duermo la 
savia. 

8. No plantes el árbol sin despuntar primero las 
raices machacadas. 

9. No asientes el árbol sobre terreno firme. 

10. Cuando plantes el árbol, menéalo para que no 
cu 'le aire entre sus raices. Al plantar el árbol no 
pongas estiércol cutre sus raices. 

11. La vid es la tabla de salvación de la agricul- 
tura española. 

12. Planta almendros donde no puedas poner 
otro árbol. 

L3. No asocies los cereales con los olivos. 

14. Labra profundo y siembra claro si quieres co- 
ger mucho. 

15. Las raices del árbol tienen relación y guar- 
dan proporción con las ramas. 

16. No cortes raices, porque ellas buscan el ali- 
mento para el vegetal. 

17. Malo es no podar, pero es peor hacerlo con 
esceso. 

18. Ten en cuenta al podar que las ramas no han 
de ser tan orgullosas que miren al ciclo, ni tan hu- 
mildes que se inclinen á la tierra: las primeras no fruc- 
tifican, las segundas no vegetan. 

I 1 .'. El sol vivifica las plantas, y en donde no hay 
Bol i¡') cuaja la flor. 

20. Al despampanar la vid y al podar, acuérdate 



que las hojas son los pulmones de la planta, y el la- 
boratorio de la savia. 

21. Separa la corteza seca, porque en ella anidan 
los insectos y perjudica á la vegetación y fructifica- 
ción del árbol. 

22. Sin agua no hay vegetación posible, y sin bos- 
ques no hay agua. 

23. liiega el árbol autes que florezca, mas no du- 
rante la infancia del fruto. 

21. Si quieres que la planta resista al frió, ten la 
planta bien regada. 

25. El mejor modo de emplear el capital es com- 
prando abonos. 

'26. No es el estiércol el vínico abono, porque los 
hay vegetales, minerales y químicos, que los sustitu- 
yen con ventaja. 

27. Analiza tus tierras y sabrás el abono que les 
falta. 

28. Devuelve á la ' tierra los principios químicos 
que do ella ha extraído la planta. 

29. Coloca los abonos en donde goteen las extre- 
midades de las ramas. 

30. La planta nunca es ingrata, siempre agradece 
al agricultor sus cuidados. 

31. La planta lo primero que hace es vivir, lo se- 
gundo fructificar. 

32. Todo árbol pai - a producir necesita descansar, 
esto es, reponer la savia que ha perdido en la fructi- 
ficación. 

33. La producción es proporcional á la mayor 
suma de tiempo que la savia invierte en llegar á las 
ramas. 

31. Cuando el fruto está maduro, cógele; no espe- 
res que caiga del árbol. 

35. No golpees el árbol, porque nunca es digno 
de castigo. 

3G. Cuando la cepa va á mover la savia, florecer 
y madurar los racimos, trasiega el vino. 

37. No te asusten las hojas amarillas, porque el 
sulfato de hierro se encargará de devolver á la planta 
su verdor. 

38. El pulgón lanígero no matará tus manzanos 
si los lavas con aguardiente alcanforado. 

39. Las hormigas llevan á. los pulgones á comer 
al árbol y el aceite te librará de ellas. 

40. Los liqúenes ó manchas amarillas de los ár- 
boles los quitarás con facilidad si primero los hume- 
deces. 

41. Si rayas la corteza do los árboles jóvenes fa- 
cilitarás su desarrollo. 

42. El hombre las más veces tiene la culpa de los 
males que sobrevienen á la agricultura. 

43. Las calamidades de nuestra agricultura son 
debidas á la falta de bosques y de pájaros. 

14. Ama al pájaro, que te alegra con su cauto y 
te libra do los insectos. 

45. Cuando veas que el insecto destruye la co- 
secha, acuérdate del pájaro. 

U). No oreas que los pájaros granívoros no te son 
beneficiosos , pues también so alimentan de huevos 
de insectos y malas semillas. 

47. Causa más daño al agricultor el que mata los 
pájaros y aves insectívoras, que el que roba sus fru- 
tos. 

48. La ley del trabajo es de Dios }• ennoblece y 
enriquece. 

■19. En el campo encontrarás la salud y la tran- 
quilidad ipie has perdido en las ciudades. 

50. Seamos agricultores antes que políticos, }• Es- 
paña recobrará su perdida prosperidad. 

ANTONIO DE M.UilüÑ \. 



59- 



LA POBRECILLA DE OASAMAEI. 



( ' Oontinuacion — Pl'uj á7-48.J 

El dia anterior á su embarque la reina Sofía, que 
diariamente visitaba los hospitales de sangre y con- 
solaba á los enfermos con sus palabras, con sus rega- 
los y hasta con sus servicios, se acercó á su lecho, lo 
saludó afablemente y le regaló algunos confites y una 
caja de pastillas. Félix como conmovido por en re- 
sorte se sentó impetuosamente y no pudo contenerse 
sin tomar la mauo de real bienhechora, imprimir so- 
bre ella un beso, regándola al mismo tiempo con sus 
lágrimas y exclamar: ¡Ah Majestad, vos sois un án- 
gel! y yo mientras viva me doleré siempre de no ha- 
ber derramado toda mi sangre por vuestra corona, 
por el rey y por la salvación de mi patria. La reina 
le contestó con una amable sonrisa y al separarse, él 
continuó exclamando con la voz entrecortada por los 
sollozos: ¡Viva Francisco II! ¡Viva María Sofía! 

En el hospital de Terracina solo permaneció el 
tiempo necesario pava recobrar algunas fuerzas, las 
bastantes para ir á Sora en donde él creia que iria á 
refugiarse su familia en casa de Catalina, según lo 
que le habia indicado el padre, al tiempo en que am- 
bos estuvieron acampados en las márgenes del Vul- 
turno. Y como fundadamente suponía que los suyos 
debían estar necesitados de dinero y aun de lo indis- 
pensable para la vida, ahorraba cuanto podia de los 
últimos quince ducados que le quedaron, cuya suma 
quería llevar intacta al seno de sus indigentes padres; 
siendo este el principal motivo de su estudiada re- 
serva. 

Llegado á Sora á principios de Febrero, después 
de agotar todos los medios, no pudo averiguar el mas 
mínimo indicio del paradero de su familia, ni tampo- 
co del de Catalina; por lo que se resolvió pasar la 
frontera para continuar sus pesquisas; y viendo que 
también allí eran inútiles todos sus esfuerzos, decidió 
finalmente esperar que la estación se templase para 
ir á Boma, en donde un secreto presentimiento le de- 
cía que había de encontrar á las prendas de su cora- 
zón, por las cuales vanamente se fatigaba por las 
agrestes comarcas de la Campania. Entretanto para 
satisfacer su ansiedad escribió varias cartas á sus 
padres, dirigiéndolas unas á Roma y otras á las prin- 
cipales poblaciones de la provincia. ¡Cuan lejos esta- 
ba el desgraciado de pensar que va era huérfano y 
que sus padres y su hermanito Guido yacían en tres 
diversas tumbas no muy distantes del suelo que él 
pisaba! 

En el hueco de aquellos despeñaderos que por la 
parte de Oriente dominan las alturas de Trisulti, ha- 
bía un leñador llamado Jocundo que tenia su vivienda 
en una caverna abierta bajo un enorme peñasco. Su- 
cedió un dia que Félix perdido en el laberinto de 
aquellos espesísimos matorrales se encontró con el 
leñador y quedó tan prendado de su cordial sencillez 
y buenos modales, que determinó plantar por enton- 
ces sus reales en un rincón de la caverna, que Jocun- 
do sabedor de la condición y cualidades de su hués- 
ped, le cedió de muy buena voluntad. Acomodado 
allí como pudo, para no tocar al dinero que tenia 
reservado para su familia bajaba todas las mañanas 
á recoger la limosna que los monjes daban á los po- 
bres á la puerta del monasterio. 

Tal fué en compendio la historia que D. Felipe oyó 
de los labios del desventurado joven, y que tanto' lo 
conmovió, que su rostro tomó sucesivamente los colo- 



res de sus paletas y sus ojos comenzaron á gotear 
como dos manantiales. 

Mas ya es tiempo de que volvamos á nuestras noc- 
turnas romeras detenidas en aquel sitio; y á aquella 
hora por aquellos dos fieros desconocidos. 

LI. 

A los gritos aterradores, que dieron María y su 
nodriza al verse de repente sorprendidas por el refle- 
jo del reverbero y por el brillo de las armas, — ¡Ola, 
quién sois vos! contestó una voz sonora y ahuecada 
detrás de el que tenia la linterna y la pistola. 

— Pobres mujeres: madre é hija que vamos á nues- 
tros asuntos. ¡Ah, María Santísima de las Cese! re- 
plicó Catalina, esforzándose por recoger el aliento 
que le faltaba. 

Pero como el que habia hablado se adelantaba con 
el acero desenvainado y estaba tan arropado que 
parecía un fantasma, así, tanto Catalina como su 
jóven compañera vencidas por el miedo se abrazaron 
la una á la otra y se acurrucaron entre las breñas. 

— ¡Alto! no temáis, añadió el que blandía el acero; 
suavizando su vozarrón, no queremos hacer mal á 
nadie. ¿Decidnos, quiénes sois? 

— Ya os lo he dicho, unas pobres madre é hija que 
vamos á nuestros asuntos; repuso íatigadamente Ca- 
talina tentando tímidamente levantar la vista hacia 
su terrible interlocutor; ¡ah! por amor de Dios qui- 
tadnos de ía vista esas armas que nos hacen estreme- 
cer de miedo y por las almas de vuestios difuntos 
dejadnos marchar en paz. 

— Ea, valor; no temáis, porque nosotros no somos 
asesinos, sino hombres de bien; replicó el desconocido 
envainando el estoque y haciendo señal al otro para 
que retirase la pistola, — ¿Buena mujer; continuó dan- 
do á su voz una inflexión cada vez mas suave; cómo 
estáis vos aquí en esta montaña, á esta hora y con 
una muchacha? 

— Señor mío, ya se sabe que nosotros los pobres 
tenemos que ir á donde nos llamen nuestros asuntos. 

— ¿Pero á donde? 

~ A buscar á mis hijos. 

— Levantaos y marchad, nosotros no os estorbare- 
mos. 

Las dos mujeres se levantaron por mas que batían 
diente con diente y apenas tenían sentido en especial 
María, que no se tenia en pié sino agarrada á la es- 
palda de Catalina y escondía su rostro hasta la mitad 
entre los pliegues de su pañuelo. Entonces el de la 
linterna se acercó al que tenia el estoque, de modo 
que los dos se hallaron casi cara á cara con las des 
mujeres las cuales por la falta de aliento, y por el 
temblor de los miembros apenas podian moverse. 

— ¡Ay qué susto! dijo como por burla al verlas el 
de la linterna que por su trage y maneras parecía un 
campesino: ¡parecen dos difuntos, ni que un rayo las 
hubiera cogido! 

— ¡Si, eh! replicó Catalina; el caso no era, . 

— ¡Pobrecillas! exclamó el otro golpeando el suelo 
con su bastón; la broma fué algo pesada, y ciertamen- 
te siento haberla dado. Pero en estos tiempos quien 
quiera viajar de noche tiene que armarse hasta los 
dientes é ir preparado para todo evento. Ahora so- 
segaos y en compensación del susto tomad. Y al 
decir esto se desabrochó el pecho y sacó algunos ba- 
yocos, que recogió Catalina. A este acto también 
María quiso dirigir una tímida mirada de reconoció 
miento al desconocido; pero el descubrirla este y 
prorumpir en un sonoro signo de admiración quedan- 
do mirándola con la boca abierta fué todo uno. 



-60- 



— ¡Qué! ¿la conocéis vos? le preguntó Catalina para 
sacar del apuro á la joven oprimida y llena de confu- 
sión bajo el peso de la mirada de aquel hombre. 

— ¿Sí la conozco? volvió á exclamar él; ¡oh, sí, la 
conozco y reconozco! Buena mujer, sed sincera y des- 
cubridme toda la verdad. Vos sois una doña Juana 
ó una aldeana de Sora, ¿no es verdad? 

— ¡San Antonio! ¿quién os lo ha dicho? repuso Ca- 
talina, comenzando á perder de nuevo la coufianxa 
que habia adquirido: yo doña Juana: está en el cielo. 

— ¿La madre de esta joven que está con vos? 

— ¡Virgen de las Cese! ¿pero, señor, cómo lo sa- 
béis? 

— Responded ingenuamente: ¿sois ó no sois? 

— Bien, sí; yo soy del condado de Sora. 

— ¿Y os llamáis Catalina, no es verdad? 

— ¡Santo Dios! ¿cómo lo sabéis? sois por ventura 
algún espíritu, alguna alma del otro mundo? 

— No, no; replicó el desconocido, no sin una sonri- 
sa que no pudo contener; yo soy un hombre en carne 
y hueso y para que no creáis que quiero bromearme, 
os dfré que soy el pintor de Trisulti, que vuelvo de 
visitar á ver si adivináis á quién. 

— ¿A. quién? prorumpió involuntariamente Maria, 
que lo escuchaba con gran ansiedad. 

— ¡Ah, pobre muchacha! tu corazón quizá te lo 
pronostique. Vengo de visitar á tu hermano Félix. 

El asombro que se apoderó de las dos mujeres al 
oir esta noticia, las exclamaciones en que prorunipie- 
ron, el ansia con que en seguida oprimieron á su 
interlocutor con interminables preguntas, son imposi- 
bles de describir, por lo que pasaremos á informar á 
nuestros lectores de lo que ocurrió después de aquel 
afectuoso abocamiento que tuvo Félix con D. Felipe. 

La familiaridad entre los dos por la mutua comu- 
nicación de afectos en el breve espacio de algunos 
dias llegó á ser tan íntima que Félix pasaba horas 
enteras en el estudio de su compasivo amigo, y este 
no sabia lo que le faltaba cuando al tiempo señalado 
no lo sentía abrir el cancel de la verja y llamar á la 
puerta con los tres golpes de consigna. Esta solici- 
tud del pintor nacia sobre todo de su deseo de sumi- 
nistrar á su amigo un alimento mas confortante y 
mas adecuado á su complexión tan debilitada. 

En los dias 2 y 'S de Marzo Félix no apareció en 
el estudio de D. Felipe, por lo que este, que anduvo 
buscándolo largo rato por las cercanías de la Cartuja 
estaba de mal humor, con tanta mas razón cuanto 
que tenia que comunicar á su joven amigo, el éxito 
de algunas diligencias que habia practicado, y que á 
su juicio debían poner á aquel en camino do encon- 
se con la joven perfilada en el cartón consabido. 

En la noche del dia 3 llamaron á la puerta de la 
verja; sale D. Felipe y vé á un montañés que después 
do saludarle reverentemente le dice que D. Félix está 
enfermo de nebro y que deseaba de todas veras hablar 
algunas palabras con él. — ¡Ya mo lo figuraba, excla- 
mó el pinto]' cruzando las manos; tu eres el leñador, 
¡eh! 

— Para serviros; D. Félix vive conmigo. 

— Pues bien, ve á la botica, lleva las medicinas que 
el boticario te indicará, y á las tres de la madrugada 
espérame á la entrada del bosque, que allí llegaré sin 
falta. A las tres, ¿entiendes? 

— Entiendo. 

A la hora señalada D. Felipe acompañado de un 
aldeano do su confianza, provisto de una linterna y 
de un revolver, envuelto en un gran gabán de castor 
\ i ii una ancha bufanda de lana y armado de un lar- 
go estoque de Campobasso se dirigió á la caverna de 
Jocundo. Este les esperó en efecto on el sitio seña- 



lado y guió á la gruta á D. Felipe que se entretuvo 
mas de dos horas con Félix. 

Quien diria a D. Felipe que á la vuelta habia de 
encontrar á dos mujeres y que á la luz de la linterna 
habia de descubrir en una de ellas á aquella jovenci- 
11a, que él habia retratado furtivamente y que el ami- 
go juraba ser su hermana? 

LII. 

La sinceridad y franqueza de las respuestas de 
aquel desconocido dieron á Catalina y á Diaria la 
seguridad de que no las engañaba y de que en reali- 
dad debia ser el pintor de la Cartuja, de quien habían 
oido hablar tan bien en Collepardo. Cada vez por 
tanto mas animadas le pidieron á una voz, que si era 
tan bueno como todos decían, tuviese compasión de 
ellas, y las guiase á la caverna, en donde Félix staba 
oculto. D. Felipe apenas se tenia en pié, se sentía 
abrumado por el sueño y estaba tiritando de frió; sin 
embargo no tuvo valor para negarse á las vivísimas 
instancias de aquellas dos pobres mujeres. Sacando 
el reloj y mirando á la luz de la linterna, que hora 
era. - Gabriel, dijo al montañés que le acompañaba: 
¿te encuentras dispuesto á volver atrás conmigo para 
complacer á estas pobrecillas? 

— ¿Y porqué no he de estar dispuesto? A donde va- 
yáis vos señor D. Felipe, irá también Gabriel. 

— Bendito seáis y la madre que os crió! exclamó 
Catalina estrechando las manos contra el pecho; esta 
es una obra de caridad, que solo Dios puede premia- 
rosla. 

—¡Animo, pues, y adelante! dijo el pintor enrro- 
llándose al cuello la bufanda. 

Al principio caminaban todos en silencio; Gabriel 
iba algunos pasos delante con la linterna tapada; se- 
guía D. Felipe arropado hasta los ojos y apoyando 
fuertemente el estoque sobre el suelo; y detrás mar- 
chaba Catalina llevando del brazo á Maiia violenta- 
mente agitada por tan fuertes impresiones y en parti- 
cular por la noticia del paradero de su hermano. Y 
sin embargo ella ignoraba cual era el verdadt.ro esta- 
do de Félix, porque con toda intención nada le habia 
hablado de esto D. Felipe. Tal era el motivo del si- 
lencio del pintor, que iba ideando la manera mas 
suave de prepararlas á la tristísima nueva de que en 
aquella cueva á donde las guiaba, vacia Félix pade- 
ciendo una enfermedad, cuyo término á su juicio era 
muy dudoso. 

Preocupados por tan amargos pensamientos cami- 
naron hasta llegar á una extensa pradería alumbrada 
per la luz de la luna. D. Felipe como tocado por 
aquel hermoso resplandor volviéndose á las dos mu- 
jeres.- — Buen ánimo, les dijo; con la ayuda de este 
faro, que resplandece sobre nuestras cabezas á las 
cuatro estaremos en el sitio. 

— ¡Loado sea Dios! respondió Catalina con uu pro- 
fundo suspiro; cuanto me tarda ver á ese mi querido 
hijo! cada momento me parece un año. ¡Oh, Virgen 
Santa de le Cese, quien nos lo diria ayer noche cuando 
salíamos de Collepardo! Esto es un milagro hecho 
por intercesión de las almas de doña Juana y del 
Capitán. 

— Ciertamente, pues la Providencia á todos alcan- 
za. Yo no sé si encontrareis á ese amable joven en 
el estado en que se hallaba cuando se alistó de sol- 
dado. 

— ¡Que decís cuando se alistó de soldado! Trece 
años hace, señor pintor, que no he visto á Félix y 
ahora trabajo me costará el reconocerlo; pero esta 
pobrecilla lo reconocerá á cien leguas. 

( Se continuará.) 





Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. Sí 



8 de Febrero de 1879. 



SUMARIO. 

Cbünic\ Gexeríl — Seccioh Piadosa.: Fiestas Movibles — Calen- 
dario déla Semana — Santa Apolonia, Vg. y Mr. — Actualidades: — - 
Dos documentos eclesiásticos --Rendo. José Finotti — La cuestión de 
las escuelas religiosas— El Cardenal de Malinas y la'< escuelas reli- 
giosas — Nuevos estudios sobre el Nilo — Carta Pastora!, para el 
año da 1879 — Aviso oficial á la prensa de Nuevo Méjico— Un mila- 
gro de tres siglos — Conversión singular— El Condensador cantan- 
te— 

CRÓNICA GENERAL. 



Méjico y el Vaticano. — Un parte telegráfico 
de Roma afirma que dentro de poco tiempo el Vatica- 
no tomará las medidas necesarias para restablecer las 
relaciones con el Gobierno de Méjico. En caso que 
las negociaciones no tuviesen un buen resultado, el 
Vaticano proveeria á las necesidades de la Iglesia 
católica en Méjico sin intervención alguna del Gobier- 
no. 

Gaévi'a &íigl©-Affgliam&. — Escriben deEdin- 
bnrg que el gobierno inglés, por miedo de los desastres 
que pudieren causar á sus tropas las nieves del Af- 
ghanishan, tan abundantes en Febrero, lia hecho tele- 
grafi ir al Virey de India de parar la marcha de las 
tropas, y de no dejarlas salir de Candahar y Jelala- 
bad. — - 

l B ai*¿°leMio eaa Mewark. — Leemos con sumo 
horror ea el Sun de New York, que un cierto Martin 
Coleman, de 22 años de edad, en un arrebato de cole- 
ra ajustó una herida en el brazo de su propio padre, 
la que habiéndole cortado dos arterias le causó la 
muerta. El infame parricida se fugó inmediatamente 
para eludir la justicia, mas sus remordimientos son 
tales, que hablando con un amigo le confesó que no hay 
ley que pueda infligir castigo mayor del que le hace 
sufrir el gusano de la conciencia, viltiinas noticias 
aseguran que Martin Coleman ha caido ya en las ma- 
nos de la justicia. 

¡ImportaBate! — Sabemos por el Las Vegas Ga- 
zette que el dia 2á del pasado, en la cámara de los Re- 
presentantes de Washington, pasó el bul con el cual 
el Senado habia abrogado y anulado el acto de Incor- 
poración de los Padres Jesuítas de Nuevo Méjico, 
votado el año pasado por las dos Cámaras territoria- 
les. — Deo Gratias. 

Exposición esa Ba*ia§eBas. — Los periódicos 
hablan ya de una exposición internacional en la ca- 
pital de Bélgica para el año venidero. Primero se 
pensaba diferirla á otro año, por recelo de que el re- 
cuerdo todavía fresco de la reciente y lucida exposición 
de París pudiera ofuscar la de Bruselas, pero después 
de uua madura deliberación, el gobierno ha decretado 
que se hiciese; y ya se hacen los preparativos. 

¡gaajsasjáieiá increíble! — Con este título el Os- 
ser valore i2oma?i,o]llainá¿ja atención pública sobre un 



hecho que ha sucedido últimamente en Roma. El 
inmortal Pió IX, llevado por su inagotable caridad, 
hizo comprar en 1867 dos cientos mil francos de trigo 
para repartirlo á los pobres. El encargo fué dado al 
Marqués Cavalletti entonces Sanador de Roma. Aho- 
ra bien, el gobierno liberal de Italia, considerándose 
legítimo sucesor de Pío IX, pi\ t.nde que ese acto de 
generosa caridad no fué mas que un préstamo hecho 
al municipio de Roma, y por lu mismo quiere que le 
sea devuelta dicha suma. Y para mostrar que dice 
de veras, ha rehusado pagar una deuda de ciento 
ochenta mil francos que tiene con dicho municipio, 
poniéndolos en cuenta de los doscientos mil que se le 
deben por el trigo que prestó á Pió IX en 1867. 

CoBBÍlBaaaa el hambre en China. — El Volks- 
freund de Ratisbona dice que el hambre sigue hacien- 
do estragos en China, contándose á millares los que 
diariamente sucumben ante el terrible azote. El P. 
Edel S. J. víctima de su celo y caridad, dos dias an- 
tes de morir escribía al Padre Fezerstein. "Es cosa 
verdaderamente lastimosa ver á tantos pobres chinos 
secos como esqueletos, con los huesos cubiertos de 
una piel seca y hedionda, que á veces taladran y ras- 
gan. Hace pocos dias que administró la Extrema- 
Unción á un viejo; el pobre habia perdido ya toda la 
piel de las espaldas, hasta el punto de poderse ver las 
articulaciones del brazo, y me decia que lo restante 
del cuerpo estaba de la misma manera. Con todo, el 
pobrecito no se quejaba, sino que repetía en voz baja: 
Jesús y María, tened compasión de mí. Señor, salvadme 
así como salvasteis cd santo Job." Se afirma que hasta 
ahora las víctimas del hambre suben á doce millones. 

Un Obispe ale C'aEaaslá cbe los altares. — ■ 
El Rev. T. E. Hamel superior del Seminario de Que- 
bec acaba de publicar la siguiente circular aprobada 
por un Arzobispo y por siete Obispos del Canadá. 
lí El Seminario de Quebee, en conformidad á los de- 
seos de sus Señorías Ilustrísimas ios Obispos de la 
provincia, están dando los pasos necesarios para in- 
troducir el proceso de Beatificación de Monseñor 
Francisco de Laval, Obispo de Canadá y fundador 
de dicho seminario. Plenamente convencidos de que 
la glorificación de ese gran siervo de Dios acarreará 
al Canadá y á todas las Américas nuevos raudales de 
bendiciones, el Superior y Directores del Seminario 
de Quebee encomiendan el buen éxito de esta causa 
á sus oraciones de Vd. y á las de su diócesis. Todos 
los que se juntaren á ese acto de filial devoción ten- 
drán parte en las oraciones del Seminario, y además 
disfrutarán del fruto de la Misa, que desde la fecha 
de la presente hasta el dia en que será introducida la 
causa se aplicará una vez al mes por ellos y por sus 
intenciones. 

Digno 4le sanáíacaoía es el acto de caridad 
de una pobre criada. Con sus ahorros Inbi i lo- 
grado juntar la suma de 20 francos, mas al oír los 



-62 



estragos que cansaba en China el hambre, los envió 
inmediatamente al director do las misiones católicas 
belgas, acompañándolos con estas palabras: "Le remi- 
to 20 francos que yo habia destinado para comprar- 
me un vestido nuevo; pero después de tener conoci- 
miento de la inmensa penuria que sufren los ham- 
brientos de China, creeria faltar gravemente si me 
permitiera eso objeto de vanidad." 

Preciosa confesión. — Un protestante alemán, 
escribiendo al Hessischen Blactter, dice que la perse- 
cución hecha á los católicos por el gobierno de Ber- 
lín fué uu grandísimo error y un mal cálculo. Su 
objeto era debilitar la jerarquía católica, y sin embar- 
go el resultado ha sido del todo contrario, pues entre 
los protestantes, todos los que adhieren de corazón á 
los principios cristianos, se han declarado en favor de 
los católicos. Además de esto, es cosa sabida de to- 
dos, que el gobierno no quisiera por ninguna cosa del 
mundo volver á decretar leyes semejantes, ni mucho 
menos confiar el encargo de formularlas á hombres de 
la ralea del Doctor Falk, y fácilmente se entiende que 
lo que ahora se busca es tan solo un puente de oro 
para retirarse con honor. 

SSaiutf idos en Slacedoaaia. — Escriben de Mo- 
nastir, que el país está completamente asolado por 
una muchedumbre de bandidos, que constituidos en 
cuadrillas asaltan, roban y á veces matan también. 
Últimamente un cierto Niko llega con sus compañeros 
á una aldea llamada Koutteske, se dirige á la casa de 
un honesto ciudadano y le intima la orden de desem- 
bolsar inmediatamente la suma de quinientos pesos. 
No pudiendo aquel satisfacer luego á esa orden por 
falta de dinero, ríiko hecha mano á dos de sus hijas 
y se las arrebata, amenazándole de enviárselas muer- 
tas, si al dia siguiente no le hace entregar el dinero. 
Habiendo salido los bandidos, los parientes, amigos y 
vecinos juntan todo el dinero que pueden, y logran el 
dia siguiente poder enviar á Niko la suma de 250 pe- 
sos, quien en cambio devolvió una de las niñas viva, 
y la otra muerta y cortada en pedazos. 

rSiíí'vo fieíoáiai esa liieiT.— Se anuncia que los 
estudiantes de Kieíf llenos de enojo contra el gobierno 
por haber hecho cerrar la universidad, se juntaron 
en una casa fuera de la ciudad y determinaron pro- 
testar en contra de semejante orden. Dicho hecho, 
se dirigen hacia la Universidad desarman con viva 
fuerza á la policía, entran adentro, y cuelgan 
en las paredes una enérgica protesta contra los 
procedimientos arbitrarios de las autoridades de la 
Universidad. En esto llegan dos compañías de sol- 
dados y procuran dispersarlos; mas no queriendo 
estos obedecer, se entabló una fuerte lucha, en la que 
hubo unos ochenta entre muertos y heridos de ambas 
partes. 

Catolicismo cbb los liados Sacamos del 

< 'athdic lieview la siguiente estadística. En 1840 ha- 
bia en los Estados Unidos 1.270 católicos, con 10 
Obispos y 487 sacerdotes. En 1878 los católicos su- 
bieron a[ crecido número de G.000,000, con 68 Obis- 
pos y 5,;~¡ 18 sacerdotes. 

31iacB*dc lanada. — Leemos en el Propagateur Ca- 
tliólique algunos pormenos de la muerte verdadera- 
mente cristiana del general francés de Saliguac-Féne- 
lon. Informado del inminente! peligro de morir, envió 
luego por el Arcipreste de Saint-Etionne. Después 
de haberse confesado pidió él mismo el viático y la 
Exhuma- Tiidon; luego cruzando los brazos sobre el 
pecho ofreció á Dios el sacrificio do su vida, supli- 
cándolo al propio tiempo lo perdonase sus pecados, y 
tuviese misericordia de la católica Francia. Final- 
mente habiendo recomendado á su afligida esposa el 



cuidado de la familia, murió en el beso del Señor te- 
niendo colgada al cuello una medalla de Ma. SS. y á 
sus lados las imágenes de S. Francisco de Sales y de 
Pió IX. 

lí! B£piscopato ISel&a y Sa educación. — 
Gracias á la victoria do los líltimos diputados anti- 
católicos, el gobierno belga ha empezado ya á mani- 
festar tendencias favorables á la educación sin Dios. 
Pero los Obispos, capitaneados por aquel ilustre 
campeón do la fé el Cardenal Descha uips, han dirigi- 
do á la nación entera una pastoral, en que se procla- 
man y defienden admirablemente los derechos que 
tiene la iglesia en la educación de la Juventud, sobre 
todo en Bélgica, donde el Estatulo á la par que prohi- 
be al Estado hacerse propagador de irreligión, asegu- 
ra á los belgas la libertad de conciencia y á los cató- 
licos el libro ejercicio de su culto. La carta termina 
con un llamamiento á los Belgas, para que pidan á 
Dios que alumbre el entendimiento de los que tienen 
el poder en sus manos, para que conociendo por una 
parte, cuan perversos é impíos son los proyectos que 
intentan ejecutar, y por otra la grave obligación que 
que tienen de mirar por el bien de la nación Belga, 
le ahorren los males que indudablemente le acarrea- 
ría la ejecución de esos inicuos proyectos. 

Crisis ministerial caá l'Vaneia. — Leemos 
con gusto en los diarios del Este que en Francia el 
ministerio ha alcanzado un voto de confianza con una 
mayoría de 223 votos contra 121. Con todo se teme 
mucho que después de algunas semanas, los que se 
llaman republicanos no se aprovechen de la primera 
ocasión favorable, para ganar con ventaja lo que apa- 
rentemente han perdido ahora con ese voto de con- 
fianza. 

Xncva Iglesia en el .lapoaa. — El dia quince 
de Agosto del pasado año, fiesta de la Asunción de 
Nuestra Señora, en Yedo capital del Japón se cele- 
bró con extraordinaria pompa y solemnidad la dedi- 
cación de una nueva iglesia bajo la invocación de S. 
José. El edificio es de ladrillos, tiene tres naves y es 
de estilo gótico. Concurrió á dar mayor brillo y real- 
ce á la fiesta la presencia de dos Obispos, la del cón- 
sul de Francia y de otras personas eminentes. La 
iglesia estaba literalmente atestada de Japoneses 
católicos y paganos. Por la tarde, después de víspe- 
ras, se hizo una bellísima y larga procesión, cuyo 
recuerdo quedará por luengos años indeleble en la 
memoria de los habitantes de Yedo. 

gBBdnii'o subrepticio El Hon. F. W. Pitkin 

Gobernador de Colorado acaba de conceder un indul- 
to de 49 dias en favor de Víctor Nuñez, cuya pena 
capital debia haber tenido efecto el dia 24 del pasa- 
do. Hablando do ese indulto el Chkfiain de Pueblo 
dice que ha sido concedido en consideración de una 
nueva evidencia que el abogado Eichmond ha procu- 
rado torcer en favor de Nuñez, mas que en realidad 
destruye completamente el alibi que el mismo Nuñez 
abogó en el último término de la corte do distrito. En- 
tonces, para probar su inocencia, procuró hacer eviden- 
te por medio de un testigo que, la noche del crimen él 
estaba en Pueblo enfermo en la cama, y ahora con la 
nueva tvidoncia se intenta probar que aquella misma 
noche Nuñez estaba lejos de Pueblo en camino hacia 
el Rancho del Sr. J. J. Thomas, en donde llegó muy 
do mañana el dia siguiente. 

4nÍTersaHo de I'io IX. — Escriben de Roma 
á la Lombardía que el aniversario de Pió IX se cele- 
braría el dia 7 del corriente en la Iglesia do S. Pedro 
en Roma, con asistencia no solo de los Cardinales y 
Prelados de Roma, pero también de otros Obispos 
de Italia. So dice también que el Santo Padre toma- 
ría parte en la enerada funciou y daria la absolución. 



-63 



SECCIÓN PIADOSA. 



FIESTAS MOVIBLES DE ESTE ANO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 2G 
Febrero. — Pascua de Insurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua' de Pentecostés, 1 Junio. — Corpus Christi, 
12 Junio. — Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio.- — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
FEBRERO 9-15. 

9. Domingo de Septuagésima. Santa Apolonia, virgen y mártir. 
San Alejandro y 38 comps. mrs. 

10. Lunes. Santa Escolástica, virgen. San Jacinto, mártir. 

11. Martes. La Oración del Señor en la huerta de los olivos. El 
B. Juan di Brito, josuita, mártir. Santa Victoria, mártir. 

12. Miércoles. San Damián, soldado y mártir. Santa Eulalia, vir- 
gen y mártir. 

13. Jueves. Santa Catalina de Rieci, virgen. San Benigno, mr. 

14. Viernes. San Valentín, presbítero y mártir. Los Santos Vidal 
y Zenon, también mártires. 

15. Sábado. Los Santos Faustino y Jovita, hermanos, mártires. 
Santa Georgia, virgen. 

SANTA APOLONIA, VIRGEN ¥ MÁRTIR. 

Nació en Alejandría, y fué toda su vida la venera- 
ción y el ejemplo de los cristianos de aquella ciudad. 
Yivia eu un sumo retiro, en un continuo ayuno, en 
oración perpetua, y en la mas exacta práctica de to- 
das las virtudes. Era ya muy anciana cuando el em- 
perador Decio movió una terrible persecución contra 
los cristianos. En Alejandría vieron estos sus casas 
entregadas al saqueo y destrucción, pareciendo mas 
bien una plaza tomada por asalto y entrada á sangre 
y fuego por los enemigos. Apolonia fuá hallada en 
su casa, donde se estaba ofreciendo continuamente 
al Señor para .víctima inocente en sus sacrosantas 
aras. Llevada ante los ídolos para que los adorase 
y renegara de su fé, su única respuesta fué el despre- 
cio, y anunciar muy alto que ella no podia adorar 
mas que á Jesucristo, verdadero Dios. Por esta res- 
puesta, y viendo lo inquebrantable de su resolución, 
arrancáronle muelas y dientes con una piedra, y con 
la misma le abollaron después todo el rostro. En- 
cendieron una hoguera, y fué amenazada nuevamente 
con ser quemada viva, si persistía en no querer ado- 
rar los ídolos; contestando á sus verdugos que estaba 
dispuesta á sufrir la muerte por la fé de Jesucristo: 
y encendida del amor divino que abras iba su alma, 
con gran sorpresa de sus enemigos, escabullóse de 
sus manos y se precipitó en el fuego para dar ese 
testimonio á los gentiles, de que no solo era volun- 
tario, sino alegre su gustoso sacrificio. Su cuerpo 
fué consumido en breve, y su purísima alma voló al 
cielo á recibir la eterna corona del martirio, el dia 9 
de Febrero del año 252. Sus cenizas se veneran en 
Tortona, ciudad de Lombardía. 



la mayor importancia. La falta de espacio nos 
prohibe hacer por ahora ningún comento. 



o. 

Dos documentos recibidos de Santa Fé ocu- 
pan una gran parte de nuestro número de hoy: 
el primero es la Carta Pastoral de Su Señoría 
Ilustrísima para la Cuaresma de 1870: el segun- 
do es un comunicado que con el título de Aviso 
Oficial nos ha remitido el Sr. Vicario General 
del Arzobispado, el Rcv. J. A. Truchard. Los 
Católicos de Nuevo Méjico leerán estos docu- 
mentos, estamos seguros, con el maj'or interés: 
pues se refieren á cuestiones de actualidad y de 



Al anunciar la dolorosa muerte del Rev. José 
Finotti, dijimos la semana pasada que nos reser- 
vábamos hablar en la presente dé este digno y 
celoso Sacerdote. Es esta una deuda de la mas 
sincera gratitud que pagamos á su memoria con 
todo el afecto de nuestro corazón. Quien fué 
el Rev. Finotti sábenlo todos nuestros lectores. 
Su intrépido arrojo en arrostrar por la justicia y 
la verdad las iras de los enemigos de la Iglesia 
Católica le habían hecho célebre también en Nue- 
vo Méjico. Sin haber conocido nunca personal- 
mente á ninguno de los Jesuítas de este Territo- 
rio, ni ser conocido de ellos, el buen P. Finotti, 
espontáneamente, sin interés alguno, movido de 
su solo afecto á la Compañía de Jesús, cuyo hijo 
había sido en otro tiempo, salió á nuestra defen- 
sa, contra toda "'la prensa infiel" del Territorio, 
y sus pobres trompetas fuera de él. La defensa 
de la compañía por parte de quien desde tantos 
años yn habia salido de su seno, redunda en ma- 
yor alabanza de ella. Si el Rev. Finotti era ese 
"taimado pecador," cual le describió nuestro ho- 
norable Secretario, ¿porqué dejó la Compañía de 
tantos otros "traidores," "hipócritas," etc? Y 
si no era del mismo pelaje de ellos ¿porqué los 
defendió, puesto que habia de conocerlos? Bien 
sabemos que á veces hasta los picaros riñen y 
se separan; pero halladnos un solo caso en que 
los picaros queden amándose; no buscan al con- 
trario sino su mutua ruina. Dicen que por mo- 
tivos de salud dejó la Compañía el P. Finotti. 
Aunque no conozcamos la verdadera causa, po- 
demos asegurar que no es esa. Mas ¿cuándo ra- 
zonarán los sátrapas de nuestra prensa anti- 
jesuítica? Dejémosles, pues, en su mal talante. 
Cuantos han conocido al Rcv. Finotti han admi- 
rado en él á un hombre de una piedad singular, 
de gran talento, vasta erudición y doctrina, y 
una energía de carácter nada común. Pertene- 
cía á una ilustre familia italiana, cuya casa fre- 
cuentaba Pío IX, de dichosa memoria, cuando 
Obispo de Imola, y siendo á la sazón el Rev. 
Finotti todavía joven estudiante. Cursó en las 
primeras Universidades de Italia; entró en la 
Compañía; fué ordenado Sacerdote y enviado á 
América. Como Sacerdote seglar, desempeñó 
en varias partes y por muchos años el oficio de 
Párrocco: fué Catedrático en el Seminario de 
Mount Saint Mari/; granjeóse dondequiera la es- 
tima y el afecto de sus feligreses ó discípulos. 
Ardoroso é incansable para el estudio, salió es- 
critor vigoroso y elegante, aun en la lengua in- 
glesa, tan diferente de la suya materna. El 
Gra/pliic de Nueva York puso su nombre en una 
larga lista de autores Católicos Americanos. 
Nosotros le pondremos en e! catálogo de los que 
"sufren persecución por la justicia.'' Acabó su 



-64 



virtuosa vida el dia 10 de Enero 1879, á los 62 
anos de su edad. 



^ > < a <-«»- 



La cuestión de las escuelas públicas está con- 
moviendo de un cabo al otro los Estados Uni- 
dos. En tanto no es pequeña satisfacción para 
nosotros los católicos el ver, que nuestras opi- 
niones sobre el asunto encuentran eco entre los 
de otras denominaciones, y hasta en las esferas 
gubernativas. El lenguaje, con que el Gober- 
nador Robiuson lia denunciado en su último 
mensaje el sistema prevaleciente en el país, no 
es menos enérgico que el empleado por los edi- 
tores de cualquier periódico católico. Según él, 
las tasaciones para llevar adelante esc sistema 
son un robo legalizado, que no se puede menos 
de condenar. Dice además que un tal sistema 
rebaja el sentiiniauto déla moralidad, y estra- 
ga la opinión pública en lugar de retinarla. En 
el mismo discurso es llamado una grande embus- 
tería el argumento, que á veces propónese en 
favor del sistema establecido; á saber, que di- 
chas escuelas públicas son un beneficio para los 
pobres. Si los escritores de la Revista Católica 
se expresaran de este modo, no faltaría quien 
levantara la voz en cuello, y los acusara de trai- 
dores de la nación, enemigos del pueblo, fauto- 
res de la discordia y perjuros á la Constitución, 
con toda la taravilla de costumbre. No demos, 
pues, ocasión á que se les recargue la calentura 
á los señores, á quienes parece se les que- 
ma la sangre en las venas, á la sola aparición 
de esta pestífera Revista de Las Vegas. Con- 
tentémonos con repetir lo que todo un Goberna- 
dor ha dieho,y añadir algún que otro consejo 
para nuestras poblaciones. El consejo que íes 
queremos dar esta vez es el que acaban de dar- 
les otros papeles del Territorio; por consiguien- 
te, no haremos otra cosa sino remachar el clavo. 
Se escojan buenos Maestros, ha dicho la prensa 
de Nuevo Méjico; y esto decimos, sin mas ni me- 
nos, también nosotros. Pero, á fin de que con- 
siga su efecto este consejo, juzgamos les será 
útil ponderar los puntos siguientes, que aquel 
profundo pensador de Inglaterra, Herberl Speu- 
cer, propone en forma de preguntas: 1 ? ¿Qué cone- 
xión hay entre el saber deletrear d leer y un sen- 
timiento mas elevado del deber? 2° ( ;í)c qué ma- 
nera podrá la Tabla úo multiplicación } r la des- 
treza de sumar ó dividir refrenar el instinto de 
atropellar los derechos ajenos? 3? ¿Cdmo podrá 
la exactitud de pronunciar y analizar fortalecer 
la conciencia de lo justo? Con estas preguntas, 
el sabio escritor nos da á entender cual es el 
(demento principa! de una buena educación. Por 
otro lado, si se admite (pie la buena educación 
consiste principalmente en el formar los ánimos 
:í la moralidad. Be concederá' también que á esta, 
mas que á otra cosa, debe atenderse en la elec- 
ción de los .Maestros y Pedagogos. V aquí, 



¡cuidado! Acuérdense todos que no hay verda- 
dera moralidad sin religión. 



Se acordarán nuestros lectores de lo que dijo, 
el año pasado, el Ministro de la pública Instruc- 
ción, en el Senado Belga. En nuestro número 
del dia 12 de Octubre referíamos, que el Sr. 
Vanhumbeeck quería fuesen excluidos de las es- 
cuelas los mandamientos de Dios y de la Iglesia, 
y fuese puesta en su lugar la enseñanza de aque- 
llos principios que constituyen la moral univer- 
sal. Esa inicua pretensión del diplomático ra- 
cionalista dio margen á que Su Eminencia, el 
Cardenal de Malinas, compusiera una obrita en 
forma de cartas, que Monseñor Dechamps dirige 
á los jefes de las logias masónicas de aquel país. 
El celoso y docto Prelado de Bélgica muestra, 
con la historia á la mano, que esa moralidad uni- 
versal es una quimera, y, apelando á la antigüe- 
dad, hace ver las contradicciones en que solían 
incurrir los pueblos, llevados por la sola luz de 
la razón. De aquí pasa el digno escritor á de- 
clarar, que de hecho no hay una moral inde- 
pendiente del dogma, es decir de toda verdad 
divinamente revelada. Esta tesis hállase con 
maestría desarrollada en cinco cartas, y apoya- 
da- en los argumentos siguientes: 1? Porque la 
moral verdaderamente universal, á saber la mo- 
ral que enseña al hombre la universalidad de 
sus deberes en el estado actual deia naturaleza 
humana, no encuentra sino en el dogma sus mo- 
tivos y su vida; 2? porque los medios de obser- 
var dicha moralidad no son plenamente indica- 
dos sino por el dogma revelado; 8? porque un 
influjo eficaz de la ley moral no es ejercido sino 
por la revelación. Basta el haber dado noticia 
de estos puntos de demostración, para que se 
vea la solidez de principios y la profundidad de 
ideas de esta obiita, con que el Cardenal De- 
champs acaba de enriquecer los tesoros de la 
literatura. 



La gran maravilla del Egipto, el rio Nilo, sin 
el cual todo el país seria un desierto, ha vuelto 
á ocupar la atención de los ingenieros ingleses. 
El plan actualmente discutido es de fertilizar 
la Nubia, la Libia y el Sondan no tan solo con 
las aguas de sus inundaciones periódicas, sino 
también con el limo que, en gran parte, es lle- 
vado por la corriente al Mediterráneo. A este 
fin se propone un sistema de trabajos mecáni- 
cos, merced á los cuales una porción de la cre- 
ciente, junto con el lodo, iría á fecundar aquellas 
tierras inhospitalarias. Créese (pie un tal pro- 
vecto podrá ponerse por obra, mediante la erec- 
ción de apropiados diques y compuertas en va- 
rios puntos del Nilo. Dichas construcciones ser- 
virían también á mejorar las condiciones de la 
navegación sobre ese rio. 



-65- 



nii m itwtth 



POR I-A CUARESMA DE 1879. 

JUAN BAUTISTA LAMY, 

Por la misericordia de Dios y el favor de la San- 
ta Sede Apostólica, Arzobispo de Santa Fé: Al 
clero y fieles de nuestra Diócesis Salud y Ben- 
dición en el Señor. 

Venerables hermanos, amados hijosi 

Año por año os dirijiraos alguna exhortación 
en ocasión del tiempo de Cuaresma. No son co- 
sas nuevas las que os anunciamos; mas bien son 
tan antiguas como nuestra religión: pero nos 
enseña la experiencia que estas verdades nos 
lian de ser recordadas frecuentemente. La Igle- 
sia conoce bien la debilidad de nuestra natura- 
leza viciada que nos hace olvidar pronto las 
verdades mas sagradas y mas importantes, á no 
ser que nos sean repetidas á menudo: pues á 
pesar del cuidado que uno pueda tener, el pol- 
vo, y el cieno de este pobre mundo en el cual 
vivimos se pega á nuestros corazones mas ó me- 
nos. Muy á propósito entonces ha sido institui- 
do este tiempo de oración y de penitencia para 
darnos la oportunidad de reconciliarnos con 
Dios. Ahora lograremos este beneficio gran- 
de si hacemos los debidos esfuerzos con sinceri- 
dad y de todo corazón, para limpiar nuestras 
conciencias por medio del Sacramento de la pe- 
nitencia y una digna recepción de la santa co- 
munión. 

En primer lugar os recordaremos la obligación 
que tenéis de adheriros con la mas grande fir- 
meza á la enseñanza y á los principios de vues- 
tra santa religión. Como cristianos, hemos de 
quedar bieu persuadidos de que la fé es el don 
mas precioso que Dios nos ha hecho. Teniendo la 
dicha de poseer este don divino bien arraigado 
en nuestras almas nos conduciremos no solamente 
como hombres de bien bajo todos respectos, 
pero también como cristianos, cuyas acciones 
serán aprobadas y recompensadas por el Dios 
del cielo que conoce la intención y el mérito de 
cada uno, y que lo pesará todo en su justa ba- 
lanza. Viviendo con amor y temor de Dins, no 
teniendo deseo mas grande sino de agradarle y 
obedecerle, lograremos una grande paz de con- 
ciencia, y un dulce consuelo al tiempo de pare- 
cer delante del Juez Supremo. Sí, Hermanos 
mios, sepamos apreciar nuestra fé, y para mere- 
cer la gracia de no perderla, no nos descuidemos 
en la práctica de sus máximas saludables. Insis- 
timos sobre este punto, porque por desgracia en 
estos tiempos de infidelidad, se encuentran mu- 
chos que nos dicen: poco importa lo que uno 
cree; siendo buena su vida, todo va bien. Re- 
mos de desechar con horror esta máxima fatal; 



porque es una blasfemia por la cual uno se atre- 
ve á negar toda revelación de parte de Dios, 
hecha al hombre para enseñarnos su santa vo- 
luntad. La vida del hombre es buena solamen- 
te, cuando él cree todo lo que Dios ha revelado, 
y cumple con todo loque Dios ha mandado. To- 
dos los pretextos de aquellos que no profesan 
religión ninguna no son mas que sofismas de una 
infidelidad mal fingida, ó cuando menos un des- 
cuido culpable para deshacerse de todo remor- 
dimiento de conciencia, á fin de poder alcanzar 
una pretendida paz de espíritu (la que seria un 
castigo de Dios), y de este modo dejar las rien- 
das sueltas á sus desordenadas pasiones. Dios 
ha manifestado á los hombres y no deja de ma- 
nifestar por medio de la Iglesia lo que hemos de 
creer y de hacer; y no podemos salir de esta 
regla sin menospreciar á nuestro Criador, y ex- 
ponernos á perder nuestras almas. Lástima he- 
mos de tener á tantos que viven como si no tu- 
viesen un alma que salvar, ni que dar cuenta á 
Dios de sus hechos; y hemos de rogar por su 
conversión. Es verdad que la prevención mas 
grande en contra de nuestra religión por parte 
de los que no tienen fé, ó que la desprecian, es 
el pretexto de la vida escandalosa de muchos 
de los hijos de la Iglesia. Sin embargo ellos 
han de reconocer también que muchísimos de 
los católicos llevan una vida ejemplar, y que 
solamente los que se descuidan, y que se apar- 
tan de la práctica de sus deberes, dan lugar á 
que sea blasfemado el nombre de Dio?, y su 
Iglesia agraviada. 

Ahora cuando en la sociedad actuni no se ha- 
bla mas que de progresos materiales, como Mi- 
nistros de Dios es preciso que levantemos la 
voz, y que digamos con N. S. Jesucristo "mas 
importa el alma que la comida"' S. Lucas 12:23: 
y con el Apóstol S. Pablo: "El Reino de Dios 
no consiste en beber y comer." Rom. 14: 17. 
Es una verdad cierta que tenemos un alma que 
salvar, y si nos descuidamos con respecto á este 
punto capital, aunque en las cosas exteriores pros- 
peráramos, todo lo perdemos, según lo asegura 
Nuestro Señor, "deque le servirá al hombre 
ganar todo el mundo, si pierde su alma?" Mat. 
16:26. 

Hermanos Mios, no dejaremos pasar esta 
oportunidad sin hacer algunas observaciones 
que consideramos de la mayor importancia. 

La Ira. es tocante á las Escuelas. Aunque en 
otras ocasiones os hayamos dicho lo que nos en- 
seña la Iglesia en este asunto, volveremos ahora 
á repetiros que como Católicos no podemos te- 
ner las opiniones erróneas que parecen estar de 
moda en estos tiempos calamitosos, "que en las 
escuelas no se ha de enseñar á los niños nada 
con respecto á Dios, ó á las cosas de religión." 
Los que tienen estas pretenciones se dejarán lle- 
var por falsos principios, no mirando que que- 



-6G- 



rer educar la juventud sin los principios reli- 
giosos es negar la importancia de la religión; es 
tanto como decir, "al cabo la religión es de poca 
importancia." Entonces quieren que sus hijos se 
eduquen como pagauos, sin ningún freno para 
sujetar sus pasiones nacientes. O bien lo liacen 
con todo conocimiento y malicia, persuadidos 
de que, si pudiesen lograr que la juventud se 
educara sin principios religiosos, pronto el muu- 
da se dispensaría de toda creencia en Dios, en 
la inmortalidad del alma, en una vida venidera, 
donde la virtud será recompensada y el vicio 
castigado. 

Pero la educación bien entendida abraza la 
formación de todo el hombre, su mente y su co- 
razón. La cultura moral, se completa solamente 
con la educación religiosa. 

Si consideramos quienes son ios autores de 
este nuevo sistema de educación, quedamos jus- 
tificados en la desconfianza que él nos inspira: 
pues este sistema se halla patrocinado por todos 
los enemigos de la religión, y de consiguiente 
por los enemigos de todo bien moral y social. 

La 2 a observación es con respecto á los cam- 
posantos, y á algunos abusos escandalosos que 
suceden en algunas partes de la diócesis. ¿Quién 
pudiera creer, que en este país se hallan algu- 
nas familias que tiran sus muertos en cualquiera 
lugar? y sin embargo esto ha sucedido con gran- 
de escándalo de los vecinos que lo han visto ó 
sabido. 

Es meuester haber perdido la fé, cuando se 
olvida el respeto que se debe á un cuerpo hu- 
mano, y el deber de darle sepultura en un lugar 
conveniente. Mayor honor todavía es debido al 
cuerpo ele los cristianos. San Pablo los llama 
"templos del Espíritu Santo," "miembros de 
Cristo" y herederos de su gloria 1 Cor. 0, 15, 
18. Efeso 5. 30. Un cuerpo cristiano es partíci- 
pe del alma en todas las obras del drden sobre- 
natural. El cuerpo es purificado con el agua 
del bautismo mientras que el alma queda limpia. 
Es alimentado con la Sagrada Eucaristía, mien- 
tras el alma es fortalecida con la gracia. Estas 
dos cosas, el alma y el cuerpo, siendo compañe- 
ros en sus acciones y trabajos, no pueden ser 
separados en su recompensa. La fé nos enseña 
que si por un decreto divino en contra de sus 
criaturas rebeldes, estas han de ser reducidas á 
polvo, es solamente para esperar una gloriosa 
resurrección ¡í una vida mejor en el cielo. Por 
lodos estos motivos liemos de tener el mas gran- 
de respeto por los cuerpos de los muertos, y es- 
peramos (pie en adelante no se verán los abu- 
sos (pie hemos referido. 

En \\\\ faltaríamos á nuestro deber si no hicié- 
semos alusión á otro abuso que por desgracia es 
demasiado eommi en algunas pinzas. Queremos 
baldar de los Penitentes. En tiempos pasados 
habíamos aprobado las reglas de estas cofradías 



con la condición expresa de que no se haría 
ninguna penitencia sin contar con el párroco 
respectivo, y bajo su dirección. Pero desafor- 
tunadamente los jefes de estas sociedades no 
han hecho caso de nuestras órdenes; antes bien 
ellos han seguido sus prácticas y costumbres 
crueles en partes retiradas, y de noche, dándose 
azotes tan terribles que muchos no solamente se 
han enfermado á consecuencia de estas peniten- 
cias, sino que también algunos se han muerto. 
Por otra parte en estas cofradías se hace pres- 
tar juramento á unos tiernos jóvenes con que 
ellos se obligan á seguir sus reglas. Todos estos 
son abusos grandes que la Iglesia reprueba en 
lugar de aprobarlos. Os exhortamos encareci- 
damente á no dejaros alucinar por una falsa 
especie de devoción, que lejos de agradar á 
Dios mas bien le ofende porque no se hace se- 
gún la obediencia que se debe á la Iglesia y la 
hacen despreciar. En las parroquias mas arre- 
gladas que pudiéramos mencionar no existen 
estos abusos ni tampoco estas cofradías. Imitad 
sus ejemplos } T comportaos como hijes obedien- 
tes de la Iglesia. Y tened bien presente esta 
máxima del Espíritu Santo: "La obediencia vale 
mas que los sacrificios." Sí, la obediencia á la 
autoridad de la Iglesia en todo lo que ella man- 
da y prohibe de parte de Dios, os valdrá mas que 
todas aquellas penitencias que practican algu- 
nos fuera del orden y con rigor excesivo, de las 
cuales Dios no les tendrá cuenta, porque no se 
hacen según la obediencia; á mas de que han 
dado y dan lugar á hacer blasfemar de nuestra 
religión. Pudiéramos añadir que muchos de los 
mas celosos de estas cofradías no se comportan 
como cristianos ejemplares. 

En fin procuremos todos "seguir una conduc- 
ta digna de Dios, agradándole en todo, produ- 
ciendo frutos en toda especie de obras buenas, 
para podernos presentar santos, sin mancilla é 
irreprensibles delante del Señor. Colos. 1. 10: 
22. 

Tal vez tendréis gusto de saber II. M. (pie se 
han resumido los trabajos de la catedral, y que 
todo el producto del diezmo y de las dispensas 
será gastado en esta fábrica, á mas de una gran 
parte de los auxilios (pie nos manda la Propa- 
gación de la. Fé. También por razón de los 
tiempos duros, se ha simplificado el plan de tal 
modo, que los costos de esta fábrica serán en 
gran parte reducidos. Esperamos que muchas 
de las familias (pie tienen proporción, seguirán 
ayudando como lo han hecho, para poder conti- 
nuar y llevar á término este edificio que es la 
iglesia madre de esta diócesis, y que será un 
monumento para la posteridad. 

Las reglas de la cuaresma son las siguientes: 
Todos los dias de la cuaresma, menos los do- 
mingos, son dias de ayuno para los (pie ticueu 
21 anos cumplidos. 



-67- 



Está permitido el uso de carnes fuera de los 
viernes, las cuatro témporas, el miércoles de 
ceniza, y los tres últimos dias de Semana Santa. 

Las personas que por enfermedad, pobreza, 
trabajo duro, ó viajes, ó que cuidan ganados, no 
están sujetas á estas reglas, suplirán con algu- 
nas oraciones. 

El tiempo para la comunión pascual empieza 
con el primer domingo ele cuaresma y acaba el 
Domingo de la Santísima Trinidad. 

Se leerá esta pastoral en la misa mayor el 
domingo después de su recepción. 

Dada en Santa Fé, el dia 9 de Febrero de 
1879. 

►£ J. B. LAMY, 
Arz. de Santa Fé. 



Aviso Oficial á la Prensa de Nuevo 



En estos últimos años la prensa secular de 
Santa Fé y del Nuevo Méjico en general, se ha 
entregado á una polémica tan inútil como fasti- 
diosa contra nuestras escuelas católicas y con- 
tra los Padres Jesuítas. La persistencia con 
que se sostiene todavía esta guerra injusta ha 
disgustado sobre manera la porción mas sana y 
mas despreocupada de nuestro pueblo, y espe- 
cialmente á nuestro limo. Señor Arzobispo, Don 
Juan Bautisa Lamy, quien no obstante su pru- 
dencia y moderación bien conocidas de todos, 
se ve impelido hoy dia á hacer una protesta for- 
mal contra los indignos procederes de la prensa 
infiel; esperando que por este medio se pondrá 
un término á la elucubración de estos artículos 
escandalosos que siguen llenando las columnas 
de sus órganos mas acreditados. 

Comenzando por nuestras escuelas públicas, 
¿qué dicen sobre ella la prensa secular y sus 
fautores? Quieren absolutamente que no sean 
sectarias; esto es, que en ellas no se miente aun 
el nombre de Dios; que en ellas no se haga si- 
quiera una corta oración para invocar las luces 
de su divino espíritu; que en ellas no se enseñe 
palabra ni se vea indicio de religión; en una pa- 
labra, que no sea mas cuestión de religión para 
educar la juventud, que para educar una muía. 
Y nos dicen cada dia, y nos aseguran, y nos re- 
piten y vuelven á repetir que nuestras escuelas 
sectarias ó religiosas no valen nada y están con- 
denadas por la Constitución de los Estados Uni- 
dos. Escuchemos antes sobre este asunto al 
Nuevo Mejicano, del 18 de este mes de Enero 
en un artículo encabezado Iteración y Reitera- 
ción. 

"La enseñanza de dogmas sectarios, dice, á 
costa de los fondos públicos es la violación di- 
recta de la ley fundamental del país; y está en 
conflicto directo con los verdaderos principios 
por los cuales los oprimidos y amantes de la li- 



bertad, de todo país y de toda nación, pelearon 
y se establecieron en este nuestro país que tan 
justamente se precia de ser un país de libertad, 
y no tiene derecho á la mas mínima considera- 
ción." Esto sí que es hablar claramente. 

Como estas palabras del Nuevo Mejicano en- 
cierran el fondo de la doctrina masónica sobre 
escuelas públicas, haremos un buen comentario 
de ellas. "La enseñanza de dogmas sectarios á 
costa de los fondos públicos, es la violación di- 
recta de la ley fundamental del país. Enseñar 
dogmas sectarios contra la voluntad y concien- 
cia de los pupilos, es violar la ley fundamental 
del país, concedo. Enseñar dogmas sectarios en 
conformidad con la voluntad y la conciencia de 
los pupilos es la violación de esta misma ley, 
niego. Es muy claro que si quisiéramos usar 
de los fondos públicos para enseñar dogmas ca- 
tólicos á niños protestantes ó judíos, iríamos di- 
rectamente contra la ley fundamental del país. 
Pero ¿acaso no podrán los católicos enseñar 
dogmas católicos á sus propios hijos, á costa de 
los fondos que ellos mismos habrán juntado? 
¿En qué lugar, en qué página, en qué artículo, 
en qué párrafo de la Constitución se prohibe la 
enseñanza religiosa aun en las escuelas públicas? 
Si los protestantes, si los judíos, no quieren que 
los fondos para escuelas sean invertidos en la 
enseñanza de dogmas sectarios, déseles una par- 
te de estos fondos proporcionada con el número 
de niños que pueden enviar á la escuela, tengan 
sus escuelas separadas, como se observa en In- 
glaterra y en otras partes; pero, no vengan á 
imponernos un sistema de escuelas que está en 
conflicto directo con el espíritu de la Constitu- 
ción, puesto que destierra la religión de los lu- 
gares donde habia sido enseñada hasta ahora, 
en virtud de la misma Constitución. 

Y si fuera algo mas que un sistema lo que 
quieren imponernos; si fuera la solución verda- 
dera de este problema tan arduo de la educa- 
ción nos gustaría adoptarla; pero no pasa de ser 
un simple sistema, que cada uno es libre de 
adoptar ó desechar, á no ser que sea impuesto 
por alguna ley tiránica. Un sistema que ha 
sido condenado y reprobado por muchos hom- 
bres eminentes de toda creencia; un sistema 
que no nació de la Constitución, sino que es el 
hijo legítimo y el hijo gordo de la impiedad; un 
sistema, en fin, que produjo ya muchos frutos 
dignos de su noble alcurnia, si debemos dar cré- 
dito á los periódicos que refieren dia por dia los 
escándalos á que dio lugar en los Estados U/ni- 
dos y particularmente en California donde los 
candidatos para la enseñanza de las escuelas 
públicas han podido, durante largos años, com- 
prar á bajo precio las cuestiones sobre las que 
debían ser examinados y recibidos como maes- 
tros, no obstante su incapacidad notoria y la ba- 
jeza de su carácter moral. L T n grito de iudig. 



-68- 



nacion se levantó últimamente en los pulpitos 
protestantes y en la prensa de San Francisco, 
para denunciar para abominar las infamias de 
este sistema impío. 

Y os este sistema monstruoso que quieren 
irnos hombres prevensados implantar en medio 
de nuestras poblaciones católicas del Nuevo 
Méjico! No señores, no lo queremos, lo rechaza- 
mos lejos de nosotros! Si os gastan las escuelas 
no-sectarias, establecedlas entre protestantes y 
judíos, mas no entre católicos. Quedaos con 
xuestras escuelas sin religión y dejadnos quie- 
tos con las nuestras: tanto mas que enseñamos 
en ellas todo lo que enseñáis vosotros en las 
vuestras, sin exceptuar aun vuestra famosa 
Academia de Santa Fé. Nos echareis en cara 
tal vez el estado deplorable en que se hallan la 
mayor parte de nuestras escuelas públicas; pero 
esto no es debido á la enseñanza religiosa, sino 
bien á otras causas que nos proponemos explicar 
t n otra ocasión. Bástenos por ahora declarar 
ante todos los órganos de la prensa infiel que 
nada será capaz de hacernos admitir un sistema 
de escuelas que está positivamente condenado 
por la Sta. Iglesia Católica, Apostólica, Roraa- 
ra. 

Unas pocas palabras ahora acerca de los Je- 
suítas. 

Sabido es de todos, que en estos tres últimos 
años, estos Venerables Religiosos han sido el 
blanco de los tiros de una prensa venal y sin 
pudor. No pretendemos defenderlos; bien pue- 
den defenderse por sí mismos, y lo hicieron ya 
con toda la facilidad y con todas las ventajas 
que les aseguraba la justicia de su causa. Lo 
T aico que pretendemos es desengañar á aquellos 
que piensan poder envilecer á los Jesuítas sin 
ofender á la iglesia Católica. Os equivocáis en 
tillo y por todo, Señores: todo lo que decís é 
inventáis contra el honor de los Jesuítas, toda 
la malicia, todos los cargos, todos los delitos, 
t >dos los crímenes que les injustaís, recaen sobre 
la iglesia Católica que los tolera en su seno, y 
mas particularmente sobre el primer pastor de 
esta diócesis, que, en el año 1807. fué hasta 
Roma, en persona, para pedirlos al (í enera] de 
la Compañía, y trajo los primeros de ellos á 
este país, para que le ayudaran en el desempeño 
de nuestros deberes sagrados (pie no podia des- 
empeñar el ciero secular damasiado reducido. 
Dejaron pues su país natal y se vinieron ú este 
país lejano, no para, seguir su antojo sino bien 
para obedecer las drdenes expresas de superior. 
Otros vinieron después de la misma manera. 
Luego es una infame calumnia tratarlos "de aven- 
ture,- ipi (ulanos, " como lo han hecho el cx- 
G-obernador y sus acolitas. Durante su corta 
estancia eacl Nuevo Méjico, los padres Jesuítas 
han dalo ya no picas pruebas del talento y 
icia, del celo y d virtudes que distinguen 



á los discípulos de Loyola. De manera que el 
Jesuitismo en el Nuevo Méjico es el mismo que 
en San Luis, que en (íeorgetown. que en Balti- 
more, que en Nueva York, que en San Francis- 
co, que en todo el mundo, esto es, el espantajo 
de la prensa impía y el apoyo firme de la Igle- 
sia Católica. Así lo contempla el Ilsimo Señor 
Arzobispo Lamy, que queda enteramente satis- 
fecho con el clero de su diócesis tanto secular 



como regular. 



J. A. Ttuchard. 
Vicario General. 



Un milagro de tres siglos. 



Conforme anunciábamos á fines del año pasa- 
do, el dia 3 de Diciembre de 1878 fué abierto 
en Goa, antigua capital de las Indias Portugue- 
sas, el sepulcro glorioso del esclarecido Apóstol 
San Francisco Javier, y su cuerpo expuesto á 
la contemplación y veneración de los innume- 
rables fieles que, tras la invitación de Su Seño- 
ría Ilustrísima Dora Ayres de Ornellas e Yas- 
concellos, Arzobispo de Goa, acudieron con sus 
Obispos de diferentes puntos de las indias á la 
antigua Metrópolis de aquellas Iglesias. 

El objeto de la imponente peregrinación era 
conocido de todos. Acudían á Goa para robus- 
tecer su fe con el espectáculo grandioso de un 
milagro que ha durado va tres siglos y veinte v 
siete años: la incorrupción del cuerpo de Fran- 
cisco Javier, aquel hombre extraordinario, sus- 
citado por el dedo de Dios á fin de reparar en 
Oriente los estragos causados por herejía en 
Occidente. Fai diez años de portentoso aposto- 
lado Javier habia ganado para Jesucristo mas 
almas que no le había arrancado con su apoeta- 
sía Martin Latero. Dios glorificó á su siervo. 
No solo la memoria de Francisco Javier que- 
dó bendecida por la posteridad, sino que su 
mismo cuerpo, por una causa que la ciencia no 
podrá explicar, y consiguientemente por un ver- 
dadero milagro, queda todavía exento de la ley 
inexorable de la corrupción. Tres veces ya fué 
abierta la urna que encierra el precioso depósi- 
to, y tres veces ofreció á los ojos de los asom- 
brados espectadores, no un puñado de polvo, 
no los restos fie pocos huesos carcomidos, ni 
tampoco un desnudo esqueleto, sino el cuerpo 
entero con su piel, sus músculos, sus nervios, 
todo libre de la nías remota seña de corrupción. 

Bien es verdad (pie aquel cuerpo, templo vivo 
que fué de Jesucristo, lleva impresas las señas 
de los tres siglos de tiempo que han trascurrido: 
sus carnes no son frescas y mórbidas, sino que 
poco á poco se han ido secando, endureciendo y 
arrugando, y aun perdiendo el color primitivo: 
p o o, descomposición no la lia habido, id la hay. 
Y sin embargo el primer cuidado de los que 



-69- 



asistieron á la muerte del santo Apóstol fué el 
de accelerar esta descomposición por medio de 
los agentes químicos mas poderosos que tuvie- 
ran á su alcance. 

Javier murió el 2 de Dic. de 1552 en la de- 
sierta isla de Sancian, á las puertas de la China, 
adonde le traia su inextinguible sed de almas; y 
su cuerpo fué colocado luego en un ataúd lleno 
de cal viva, con el intento de consumir cuanto 
antes las carnes y trasladar cómodamente los 
solos huesos á Malaca, á la vuelta de los Portu- 
gueses. 

¿Cuál maravilla se apoderara de todos, cuan- 
do abriendo de nuevo la caja, el dia 17 de Fe- 
brero ele 1553, se halló el cuerpo del todo inal- 
terado; y mus, cuando, haciéndole una incisión 
en el muslo, se vio manar copiosamente sangre 
viva; y otra vez, cuando, el 23 de Marzo del 
mismo año, al poner el cuerpo debajo de una an- 
gosta bóveda fuera de la Iglesia de Nuestra Se- 
ñora de Malaca, recibió una lijera herida y ma- 
nó mas sangre; y finalmente cuando el 3 de 
Noviembre de 1615 se le amputó el brazo dere- 
cho por orden del Sumo Pontífice Paulo V, que 
quiso tener en Roma el brazo que tantas Igle- 
sias había edificado en el Oriente, vióse poi 
tercera vez correr de la herida sangre fresca y 
abundante? ¿Cómo se explican estos fenómenos, 
que son hechos probados históricamente mejor 
que la existencia de Alejandro de Macedonia y 
Julio César? ¿Quien impidió la acción de la cal 
viva sobre un cadáver? Otros cadáveres, á pe- 
sar de ser embalsamados, y sepultados en las 
condiciones mas favorables para la mas larga 
preservación posible, no pueden resistir á la 
fuerza de la descomposición espontánea. Sus 
elementos entran en disolución desde el momen- 
to que carecen de vida; y las sustancias aromá- 
ticas y antipútridas de que los llenan solo po- 
drán retardar por un tiempo la putrefacción á 
que está inevitablemente condenada la materia 
organizada falta de su principio vital. El cuer- 
po de Francisco Javier, al contrario, no em- 
balsamado nunca, antes bien puesto en cal viva, 
y sepultado en lugar húmedo, no conoce toda- 
vía la corrupción. 

Hemos dicho que tres veces fué el cuerpo de 
San Francisco Javier expuesto á las piadosas 
miradas y á la veneración del pueblo Cristiano. 
La primera vez fué en 1782, del 9 al 12 de 
Febrero. La segunda vez, desde el 3 de Di- 
ciembre 1859, hasta el 8 de Enero 1860. La 
tercera vez fué, como dejamos dicho, el dia 3 
de Diciembre del año pasado. 

La invitación del Arzobispo de Goa habia 
atraído, entre otros á los limos. Sres. Obispos 
León Meurin, S. J., de Bombay, Bonjean de 
Jafna, y Barbero de Hyclrabad con el Rev. P. 
Pagani Pro-vicario Apostólico de Mangalor, el 
Rev. Colgan, Vicario General de Madras y un 



sinnúmero de otros sacerdotes y fieles católicos. 

No nos detendremos en describirlas solemnes 
funciones sagradas, ni la imponente procesión por 
las despobladas calles de la decaída Goa, em- 
porio una vez de las riquezas de Oriente, ni las 
impresiones de los devotos peregrinos al pisar 
los mismos caminos que recorriera en su vida el 
Apostólico Javier. Pero no podemos abste- 
nernos de citar algunas de las hermosas pala- 
bras con que un hermano de religión del glorio- 
so Apóstol, el Obispo Meurin, describe el acto 
del último descubrimiento del cuerpo milagrosa- 
mente conservado. 

"Me dicen" escribe Mons. Meurin, "que fué 
un espectáculo conmovedor y grandioso, cuando 
nosotros los cuatro Obispos, * en mitra y capa, 
alzamos la tapadera que escondía á la vista de 
los fieles el cuerpo del Santo, milagro permanen- 
te, y así lo expusimos á los ávidos ojos y cora- 
zones de los miles que atestaban la nave de la 
iglesia abajo y sus galerías arriba. Yo no obser- 
vé la muchedumbre: sino que me quedé por un 
rato con los ojos clavados en la cabeza, las ma- 
nos, los pies, únicas partes descubiertas, pues 
una rica casulla bordada con oro y perlas cubría 
lo restante del cuerpo. Yo le miraba, como hi- 
cieron otros tres siglos antes, y estaba convenci- 
do de que era este aquel cuerpo, tabernáculo una 
vpz de aquella alma santa y noble, escogida do 
Dios para la salvación de millones y millones de 
almas. Yo besé con humilde rendimiento los 
pies de aquel que predicó el Evangelio de paz; 
y luego fui retirado de aquel lugar privilegiado, 
para obedecer al orden del dia, que era el de 
conceder á cuantos mas fieles fuera posible la 
dicha de contemplar las maravillas de Dios en 
su Santo." 

La noche del mismo diay délos cuatro siguien- 
tes el Arzobispo admitió á los tres Obispos y 
otros á una visita privada del prodigioso depó- 
sito. Mons. Meurin tomando en eus manos los 
pies, el brazo y la cabeza del Santo, lo examinó 
todo detenidamente, y todo lo halló en el estado 
de conservación atestiguado por los historiado- 
res del Santo. "En ninguna parte habia seña 
alguna de corrupción" . 

Verdaderamente Dios es grande en sus San- 
tos. Verdaderamente es ciega la incredulidad 
y la herejía que no ven en estos hechos su acusa- 
ción y su condena. Dios solo puede ser el autor 
de un milagro tan brillante y tan verdadero, y 
Dios no puede obrar un milagro que tendería á 
mantener sumidos en el error millones de almas. 
Ahora bien la incorrupción del cuerpo de S. 
Francisco Javier es un milagro que coufirma la, 
doctrina predicada por él, es decir el Catolicis- 
mo; lueo;o es la condenación de toda increduli- 
dad y de toda iglesia que no sea la Católica, A- 
postólica, Romana. 

* El Arzpbispo de Goa, y los tres Obispos ya mencionados, 



70- 



Gonversion Singular. 

La carta que aquí traducimos del inglés fué escrita 
á Su Señoría el Obispo O'Connell, y publicada en el 
Monitor de San Francisco: 

Ukiah City, Cal., 28 Nov. 1878. _ 

Ilrno. Señor: A petición del Padre Sheridan eseri- 
biré ¡í V. S. este pequeño bosquejo de la vida y de la 
muerte de mi pobre bajita. 

Emma Dixie Porter nació cerca de Bodega Cor- 
ners el 3 de Junio de 1870, y desde niña fué extraor- 
dinariamente buena. A los cinco meses de su edad 
yo me trasladó á Petaluma. Cuando estuvo bastan- 
te graudecita para aprender la enviamos á la escuela, 
y ella quedó siempre contenta con su maestra y sus 
compañeras. No hemos oido nunca de que ha}-a te- 
nido alguna desavenencia con ellas, ni que en su vida 
haya andado en cuentos. 

Yo fui criado por padres Baptistas, y mi mujer por 
padres Metodistas del Sur. Yo tenia todos los pre- 
juicios posibles contra la Iglesia Católica; y si á ve- 
ces mi pobrecita Dixie decia algo á favor de la Igle- 
sia, yo le decia que estaba mal hecho, y á menudo la 
reñia. Al ver pasar algún cura Católico, ó algunas 
de las Hermanas, ella nunca dejaba de saludarlos; y 
si algo le decia yo acerca de eso, me contestaba, "Papá, 
si son tan buenos." Algunas veces yo la veia persig- 
narse y me enojaba. 

Pues bien ¿dónde aprendió todo eso? Nunca había 
ido á ninguna escuela católica ni Escuela Dominical 
de los Católicos; sino que al revés habia ido toda su 
a ida, casi, desde los cinco años, á la Escuela Domi- 
nical Metodista y á escuelas Protestantes. 

Yo vine á esta villa el dia 7 do Enero de este año. 
El 10 de Febrero Dixie se puso mala, y el 18 se mu- 
rió. 

Durante toda su vida fué singularmente buena y 
llevó su eufermedad } T sufrimientos con gran pacien- 
cia. El dia antes de morirse me dijo: "Papá, quiero 
me bauticen," y mientras hablábamos entró en el cuar- 
to el líev. Sr. Hayden, ministro Metodista del Sur. 
Entonces le dije yo á mi hija, "Mira, Dixie; aquí vie- 
ne cabalmente el Hno. Hayden que te va á bautizar." 
lilla me contestó, "No, Papá." Acercóse á la cania 
el Ministro y dijo, "Dixie, yo la bautizaré á Yd. si 
Yd. quiere."' — "No hay mas que un solo bautismo," 
contestó ella, "y os el (pie yo quiero; quiero ser bau- 
tizada por el cura Católico." Su madre le dijo, "Di- 
xie, déjate bautizar por el Huo. Hayden; el cura no 
( stá aquí, y así que venga te bautizar;! él, si quieres." 
'No Mamá," dijo Dixie, ' basta con un bautismo." 
Su madre le dijo que entretanto so podría morir an- 
tes que llegara el cura. "Está bien,'' replicó ella, 
'•entóneos confiare en mi fé;" y me hizo prometer á 
mí que, cuando ella recobraría, iria yo con ella á la 
Iglesia Católica, y me haría bautizar; pero yo enton- 
ces no tenia la mas remota idea de hacerlo. 

En toda su enfermedad no perdió un solo momento 
el uso do la razón. El dia de su muerte, mientras se 
estaba acabando, nos llamó á todos cerca de sí; nos 
besó, nos dijo adiós, y díjomc á mí, "Papá, no lloro. 
Cuando Jesús venga á juntar sus piedras preciosas, 
yo seré una joya refulgente de la corona del Salva- 
dor." 

Ahora, Ilustrísimo Señor, si Dixie hubiese sido una 
muchacha de una inteligencia ordinaria, yo acaso me 
hubiera comportado diferentem< nte; pero ese! casoque 
era una niña extraordinaria. Los vecinos nos Bohan 
i muy á menudo que no la criaríamos que tenia 
demasiado talento. Y si durante su eufermedad hu- 



biese visto á alguuas de las Hermanas Católicas, ó 
también á alguien que hablara á favor de las creen- 
cias católicas, yo no me extrañaría tanto. Todo al 
revés. Una señora de la casa contigua á la nuestra 
procuró trastornar, pero en vano. En la fé católica 
vivió, y en la fé católica murió. Cuando ya su len- 
gua no pudo hablar, me miró con una sonrisa, me dio 
un beso, y en un instante ya no existia. 

Después de su sepultura, he estado pensando en 
toda su vida; y habiéndome procurado algunos libros, 
particularmente uno, me puse á estudiar hasta con- 
vencerme deque la fé Católica es la verdadera. Aquel 
libro fué la Biblia. Así que, después de haberlo pon- 
derado todo madura y debidamente, yo y toda mi fa- 
milia, á saber mi mujer y mis hijas Josie, de 14 años 
y medio, y Bell, de 'ó años y medio, fuimos á la igle- 
sia católica y recibimos el Bautismo de la Iglesia 
Santa, Católica y Apostólica por manos del Eev. 
Sheridan, uno de los mejores hombres que viven en 
esta tierra. 

Y ahora estoy resuelto, limo. Señor, no obstante 
las burlas y mofas que me tocará sufrir, á vivir el res- 
to de mis dias en la f¿ Católica, que cada dia apreció 
más y más y más. El P. Sheridan nos regaló á to- 
dos unos libros de rezo muy hermosos, en los que ha- 
llamos tan grande alivio. S03', limo. Señor, con todo 
respeto, Su seguro y obediente servidor 

J. E. PoiriT.it. 



El Condensador cantante. 

Dico un diario do Milán del 19 del último Noviem- 
bre: 

El Condensador cantante es la última palabra de la 
ciencia. No es una invención propiamente dicha, 
sino una aplicación de descubrimientos antiguos y re- 
cientes. No tiene ni siquiera nombre de autor, por- 
que debería tener muchísimos. El Sr. Nigra nos lo 
hizo ver y oír ayer noche. A la verdad lo que se ve 
y se oye es poca cosa. Pero el Condensador cantante 
está todavía en su primer paso: es niño; crecerá, se 
perfeccionará y entonces andará mucho camino. Dia 
vendrá acaso (¿quién podría negarlo?) que estando en 
casa arrellanados descansadamente sobre una butaca, 
podremos oh? la música y canto del teatro. 

El Condensador cantante es una especie de libro en 
octavo, cerrado con cubiertas de madera, una de las 
cuales está vistosamente horadada. Entre las cubier- 
tas hay unas hojas de papel y de estaño. Del modo 
como están colocadas esas hojas el Sr. Nigra hace un 
misterio: es el secreto de fábrica. Lo cierto es que 
aquellas hojas cantan, es decir repiten fielmente la 
melodía que se canta á distancia. Dos alambres te- 
legráficos ponen en comunicación dos botones de la- 
tón exterioros do esta especie de libro con tres pilas 
y una bobina multiplicadora que están en una cajita. 
Un micrófono es también instrumento esencial de este 
nuevo descubrimiento. Antes bien se canta en el mi- 
crófono, y el sonido, comunicándose á los alambres, 
pasa, so repite en el libro, y sale por los vistosos 
agujeros. 

Ayer noche se cautarou entre los bastidores del 
teatro, en voz baja, de modo que no se oyeran los can- 
tores, unas piezas di' la Norma y del Riiy Blas, y el 
condensador cantante las repetía. Las señoras toma- 
ban ese libro volante, y se lo oian cantar en sus ma- 
nos. Todo eso tiene algo de primoroso y de mágico. 



3Í 



LA POBRECILLA DE OASAMARI. 



(Continuación — Pág 59-GO.j 

— ¿Cuanto tiempo ha que no lo habéis visto? pre- 
guntó clon Felipe dirigiéndose á María. 

— Desde que se alistó entro los cazadores deI"Bey; 
¿pero está muy desmejorado? 

— Os diré; cuando estuvo en Gaeta quiso excederse 
en el cumplimiento de su deber y por eso. contrajo 
una enfermedad, de la que vino mas bien convale- 
ciente que curado. Quizás cre}'ó que el aire de estas 
montañas le seria saludable para cortar una fiobreci- 
11a que le molesta bastante. Pero como dice el refrán, 
mientras hay vida, hay esperanza, y eoaao decia el 
médico de mi abuelo (Dios lo tenga en gloria que 
murió de 80 años) "jóvenes, mueren algunos, viejos 
no escapa ninguno." 

— ¿Oís? prorumpió María estrechando con ambas 
manos el brazo de Catalina y exhalando un doloroso 
gemido; también Félix está enfermo. Bien decia pa- 
pá que nosotros tenemos la maldición en casa y que 
él, mamá y nosotros tres habíamos de ser víctimas 
de pecados ajenos. Cuanta razón tenia el desgracia- 
do. Ahora comprendo porque éste señor titubeaba, 
cuando le pedia que nos condujese á esa caverna. 
Sin duda le horrorizaba el llevarnos á dar sepultura 
á un cadáver. 

— No, alma mía, no hables así, que me crucificas; 
replicó tristemente Catalina; tu tienes la imaginación 
lastimada, y en todo no ves que cadáveres y sepultu- 
ras. Solo Dios sabe cuanto te compadezco. 

— ¿Qué quieren decir esas reconvenciones? repuso 
el pintor, fingiéndose un tanto ofendido; ¿titubear yo, 
daros yo por vivo á uno que sabia que estaba muer- 
to? ¡Ah! hermosa joven, vos no conocéis á D. Felipe: 
es tan dulce como el almíbar. Lo que tengo en la 
lengua, es ni mas ni menos que lo que tengo aquí 
dentro; comprendéis? 

■ — O.s suplico, señor, que me dispenséis, contestó 
María, tímida y llorosa; no era mi ánimo ofenderos 
en lo mas mínimo; ¡Dios me libre! ni aun me quejaría 
de que me hubieseis ocultado la verdad; porque esto 
no era sino efecto de vuestro buen corazón. 

■ — Nada de eso; el buen corazón no lo pongo yo en 
engañar á las personas. En uua palabra; ¿me creéis ó 
no me creéis? 

■ — ¡Y nos preguntáis, señor pintor, si os creemos! 
exclamaron ambas á la vez; para nosotros sois como 
un ángel que hubiera bajado del cielo, añadió Cata- 
lina. 

— ¡Bien está! Pues la verdad es que Félix tiene 
una fiebre bastante fuerte, que si no es curada á 
tiempo, puede traer malos resultados. 

— Nosotras, nosotras lo curaremos, prorumpió la 
hermana con cierta impetuosidad; nosotras lo llevare- 
mos sobre las espaldas á Collepardo y allí le prodi- 
garemos toda clase de remedios. Dejadnos á noso- 
tras; como esté vivo! 

— De esto no dudéis, os lo repito; pues me ofende- 
ríais. Lo encontrareis muy desfigurado, pero vivo. 

— ¡Ah Félix mió! cuanto habrás padecido, comenzó 
á exclamar afectuosamente Catalina; cuando era niño 
j lo tenia en mis brazos estaba grueso y rollizo como 
un rollo de manteca, que todos me lo envidiaban; y 
ahora! . . . 

— Esto es lo menos; replicó D. Felipe; el caso es 
salvarle la piel que después ya vendrá la carne. 
En estos razonamientos atravesaron varios mator- 



rales y barrancos basta que llegaron á un estrecho 
sendero, que con suave declive conducía á una cima 
cubierta de árboles tan espesos, que proyectaban 
profunda oscuridad en todo aquel sitio. D. Felipe 
para animar á las dos mujeres se volvió á ellas y les 
dijo que no temiesen, que no se separasen de él y que 
ya no tardarían en llegar al término de su viaje. 

— ¡Así lo esperarnos; y el Señor nos asista! contes- 
tó María en tono dubitativo y con voz temblorosa. 

— Y bien; replicó el pintor; ya que veo, buena jo- 
ven, que no acabáis ele persuadiros de la verdad de 
lo que digo, quiero que me creáis y que aprendáis á 
conocer á D. Felipe y cual es su modo de pensar en 
achaques de lealtad. Escuchadme atenta estos ver- 
sos que valen un tesoro, y que exponen exactamente 
todas mis convicciones en esta materia. Dicho esto, 
se puso á cantar algunas octavas de Fortiguerri; pero 
al ilegar á aquellos dos últimos versos de una de 
ellas: 

La menzogna del diavolo é figlioula, 
E con esso va sempre ovunque vola. 

Catalina no pudo menos de prorumpir: — Dichoso 
vos, señor pintor, que sabéis tocias las habilidades y 
estudios! Ya habia oido decir en Collepardo que vos 
sabéis de memoria todos los libros, el año cristiano, 
la historia de Barlaam, la Cartilla grande y toda 
cuanta caución hay. ¡Dichoso vos! 

Don Felipe al oir esta ocurrencia de la sencilla 
Catalina, iba á soltar la carcajada, pero los descom- 
pasados gritos que de repente dio Gabriel, que iba 
delante, le quitaron la gana de reír. 

Lili. 

Después de los gritos se sintieron como pisadas de 
gente que corriese en tropel y crujido de armas que 
chocasen entre sí: en seguida la linterna de Gabriel 
se iluminó; y se vio que él daba la vuelta y venia en- 
tre Guatro armados de sables y fusiles con la bayone- 
ta calada. Nuestro pintor que al primer grito habia 
desenvainado su estoque hasta la mitad, comprendió 
al instante que en aquella ocasión estaba mal fuera 
de la caña y así haciendo, como suele decirse, de las 
tripas corazón, comenzó á gritar con voz que mal de 
su grado se iba apagando: — ¿Qué hay, Gabriel? 
¿quién es, sois amigos ó enemign.s? 

— Lo que os plazca, respondió uno de los cuatro 
armados con la arrogancia ele un soldado; 3- ahora 
firmes y respondednos: ¿quién vive? 

— Dios, y nuestro Bey. 

—¿Qué Bey? 

— El que manda en este país; aquí estamos en las 
tierras del Papa, viva pues Pió IX, respondió animo- 
samente don Felipe. 

— Viva el Papa y Francisco II, replicó el otro; 
¿cuantos sois? 

— Yo, este hombre, y estas dos mujeres, quo acom- 
pañamos á ver á un enfermo. Ea, bravos jóvenes, 
estad seguros de que somos personas. . . 

— ¿No os lo he dicho yo? añadió Gabriel; es el se- 
ñor pintor que está con los frailes de la Cartuja. 

— ¡Silencio! gritó el que parecía jefe y tomando la 
linterna de mano de Gabriel, la acercó al rostro de 
D. Felipe y habiéndole reconocido de pies á cabeza. 
— ¡Que barba de francmasón! murmuró entre dientes. 

— Lo erráis, amigo; esta mosca 3" estos bigotes son 
á lo Guido Beni. 

El armado no contestó, sino que dirigiendo la lin- 
terna. á las dos mujeres, que apenas se tenían en pió 
agarradas á los biazosde D. Felipe las miró y remiró 
hasta que lleno de un repentino estupor— ¡Catalina, 



-72- 



vos aquí! exclamó dando un paso atrás, qué es esto? 

— ¡Santa María del Buen Consejo! ¿y quién sois 
vos? preguntó ella sin atreverse á mirarlo. 

— Angiolino, el Rojo, aquel amigo de Otello, que 
fué tantas veces á Veroli á llevaros recados de parte 
de él; ¿no os acordáis? 

En aquel momento cambió del todo la escena. Las 
dos mujeres que antes estaban poco menos que muer- 
tas, al oir aquellos dos nombres sacudieron de sí el 
miedo y se reanimaron como por encanto; D. Felipe 
frunció las cejas lleno de asombro; Gabriel respiró, y 
en una palabra cesó toda desconfianza y unos y otros 
tomaron juntos el camino conversando familiarmente. 

Aquellos armados mandados por el Rojo eran una 
avanzada de la partida de Chiavone, la cual estaba 
acampada entre aquellos matorrales preparando el 
rancho. D. Felipe que no tardó en conocer que aque- 
llos eran realistas y que por consiguiente nada tdnia 
que temer, se tranquilizó; si bien mucho le llamaba 
la atención la familiaridad con que Catalina y la jo- 
ven hablaban con aquel guerrillero, y el interés con 
que preguntaban por Otello. Así anduvieron como 
un kilómetro escaso hasta que por entre el ramage 
percibieron el resplandor del fuego. Entonces An- 
giolino se detuvo y les preguntó si querían saludar á 
Chiavone. 

— Muchas gracias, se adelantó prontamente el pin- 
tor, no tengo el honor de conocerlo y nos urge el lle- 
gar cuanto antes á nuestro destino. 

Lo mismo respondieron las dos mujeres, de las 
cuales se separó cortesmente Angiolino prometiéndo- 
les que iría sin falta á Collepardo á visitarlas y á 
llevarles noticias de Otello, si las hubiese. 

— Cuidado con faltar, insistió la joven. 

— Confiad en mí. 
„ -—Tan pronto como sepas alguna, ponte á caballo 
y ven q> escape á decírnosla; que nosotros te pagare- 
mos la caballería. 

— Descuidad. 

— No te decimos adiós; sino hasta vernos, eh? 

— Vivid seguros y hasta vernos. 

Tan pronto como se hubieron separado — ¡Ay Don 
Felipe, exclamó Gabriel, qué trago me habéis hecho 
pasar! por poco me ensartan con las bayonetas como 
á un pichón. 

— Vaya, vaya, tontarrón, replicó el pintor; marcha 
delante, que no estamos para chacharas. Lo que ha 
pasado, ha pasado. 

— Bueno va; ensartarlo como un pichón; murmuró 
Catalina, que no podia oir hablar mal de los realistas; 
piensa que esos mozos son asesinos y son los mejores 
hombres de nuestro país. 

— Pero qué significa, buena inujer esta intimidad 
vuestra con los brigantes; preguntó D. Felipe. 

-^-¡Quó brigantes, ni brigantes! Brigantes son los 
bribones que así llaman á estos pobres jóvenes; repu- 
so ella fuertemente alterada. O por ventura vos os 
entendéis con los carbonarios? Esos pobres mozos 
son soldados del Rey y los llamáis brigantes? Escán- 
dalo me dais con esas palabras. Dicen que sois tan 
bueno, poro si habláis así, vo os pierdo el respeto. 

— Cáspita, que elocuencia. Entenderme con los 
carbonarios, yo que me honro con la cruz de comen- 
dador de Fernando II, yo que como cristiano rezo 
todos los dias, mañana y tarde, el Credo, que aprendí 
sobre las rodillas de mi madre; yo . . . 

— ¿Pues ontonces como dais ese nombre á los que 
combaten por el Rey contra los piainouteses? 

— Para entendernos. Brigantes los llaman todos; y 
hngantes los llamo también yo. Además el nombre 
¿qué importa? 



—Importa y mucho. Si alguno en vez de llamaros 
señor pintor, os tratase sin mas ni mas de desvergon- 
zado, aguantaríais tal villanía. ¿Qué diríais? 

—Si diría que ese tal era un deslenguado; y sino 
fuese mujer, como sois vos, lo despacharía con un 
par de bofetadas, que le harían las rosas á la cara 
hasta la primavera. 

— Perdonad mi rusticidad; yo soy una aldeana y 
no entiendo de letras; pero en la iglesia siempre he 
oido predicar que lo que no queremos para nosotros, 
no debemos hacerlo á los demás. 

En este altercado, que aun duró un buen rato Ma- 
ría Flora no tomó parte alguna. Su alma estaba to- 
da absorta pensando en Félix, al que temia encontrar 
mas muerto que vivo, y en Otello, del que hacia cua- 
tro meses que no se tenia noticia alguna en la parti- 
da. Por esta razón caminaba silenciosa, abstraída y 
sin fijarse en lo que los demás hablaban; y D. Felipe 
respetando su silencio, si bien deseaba vivamente 
saber quien era aquel Otello, sin embargo se abstuvo 
de hacerla hablar. 

Con tales disputas dieron vista por fin á la roca, á 
un extremo de la cual se abría la boca de la caverna. 

LIV. 

— Qué hace el amigo? ¿duerme? preguntó ansiosa- 
mente el pintor á Jocundo, que habiendo oido el sil- 
bido de Gabriel se habia asomado á la entrada. 

— Vos aquí ¡habéis vuelto! 

— Ya lo veis; pero traemos con nosotros ce mpañía. 
Dime pronto, ¿qué hace nuestro Napolitano? 

— Hará como un cuarto de hora que quedó dormi- 
tando. 

El maestro pidió á las dos mujeres que esperasen 
un momento en un hueco que formaban las peñas á 
la entrada de la cueva y ordenó á Gabriel que se 
quedase fuera haciendo centinela, y él precedido del 
leñador que llevaba la linterna se internó en la gru- 
ta. 

¡Cuan penosa fué á la pobre María esta nueva. tar- 
danza! Catalina que se habia sentado en un ángulo 
saliente de la roca, pasándole la mano por la frente 
procuraba confortarla con alguna devota jaculatoria; 
pero al fin vencida ella también por la impaciencia, 
— Quien sabe cuanto nos hará esperar este bendito 
pintor! comenzó á murmurar entre suspiros; es un 
hombre tan raro! siempre quiere tener la palabra y 
la razón! bien que todos los señores y lo? letrados 
son así. ¡Ah, quién te lo diría, pobre Félix cuando te 
arrullaba en mis brazos! ¡Oh, Santo Domingo de la 
Cogulla, os prometo ayunar tres dias á pan y agua y 
visitaros á pié descalza si me lo sanáis! A estas ex- 
clamaciones, la joven que estaba también sentada á 
su lado respondía solo con ligeros gemidos y con di- 
rigir sus llorosos ojos á la boca de la caverna á tra- 
vés de la que se descubría el cielo estrellado. Aquella 
boca vino á ser como un respiradero por el que la 
desdichada desahogaba la intensísima angustia que 
oprimía su alma. Por esto cruzadas las manos sobre 
las rodillas y con la cabeza recostada sobre un hom- 
bro do Catalina se puso á contemplar aquel palmo de 
azul, aquel grupo de estrellas, y en tal actitud quedó 
como inmóvil y casi sin aliento. 

■ — Sí, hija mia, descansa hasta que ese charlatán se 
canse de romper la cabeza á Félix y de tenernos aquí 
batiendo los dientes; le dijo su nodriza estrechándola 
amorosamente contra su pecho y juzgándola rendida 
por el sueño. 

( Se continuará.) 





*¡&£<í«=:- 



Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 



15 de Febrero de 1879. 



SUMARIO. 

Crónica Gsheríl — Sección Piadosa: Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Semana — San Simeón, Obpo. y Mr. — Actualidades: — 
Hay quien nos dé razón — Efecto:, de la Encíclica de León XIII 
contra el Socialismo— Una evidencia oscura— El Obispo Spaldirig 
sóbrela educación — Compañía de seguridad para los Soberanos — 
El Jesuitismo en Nuevo Méjico— Los Judíos en Alemania— Quejas 
y profesión de fé del Espejo— Una ley de un año— Agudezas y- cál- 
culos presbiterianos — Forma de documento (ecZesúísíico)— León 
XIII y su devoción á S. Francisco de Asís — Sentencias escritúra- 
les— La pobrecilla de Casamari — 



CEONÍCA GENSSAL. 

Cairaelfm lírmligiosa. — Parece que también 
en Nuevo Méjico, Dios quiere glorificar el nombre 
del inmortal Pió IX. Luz Armijo esposa de Julián 
Montoya de San Pedro, en el Condado del Socorro, 
padecia desde nueve años diferentes enfermedades, á 
pesar de liaber consultado á muchos doctores del 
Fort Craig, Socorro, y de Albuquerque, donde últi- 
mameatj se trasladó para curarse, no experimentaba 
ningün alivio. En Albuquerque unas personas piado- 
sas la aconsejaron tomar una medalla del Santo Pa- 
dre Pió IX y hacer al mismo tiempo una novena á 
María Stna. implorando su intercesión. Es el caso 
que haciéndolo la paciente principió desde luego á 
restablecerse rápidamente. Ella y su esposo que nos 
comuuican la noticia lo atribuyen á una curación 
prodigiosa', y bien puede serlo. Valga esto para exci- 
tar la confianza de otros en la intercesión de María 
Sma. y del gran Pontífice de María, á quien Dios es- 
tá glorificando en tantos lugares con bechos extraor- 
dinarios. 

El íia-eeaiílio ha destruido el Convento de las 
Ursulinas cerca de Columbia, Carolina del Sur. Las 
autoridades han abierto una suscrision al Congreso 
para que se les conceda una subvención de cien mil 
pesos para indemnización. Además de las propieda- 
des, se lamenta la pérdida de cuatro ó cinco religio- 
sas, que expusieron sus vidas para salvar á los demás. 

También se ha anunciado la destrucción del cole- 
gio St. Mary's cerca de Kansas. 

ES ¡Mariscal MacMahbn ha resignado su 
presidencia de la República francesa, pjr no acceder 
á la propuesta de cambiar los Generales del ejército, 
y le ha sucedido en el cargo el Sr. Grevy. 

El C^lsisp© de Soissoaas ha alcanzado la con- 
mutación de la pena de muerte, sancionada contra el 
asesino del Cura Leredde, con la de los trabajos for- 
zados por toda su vida. 

I ..©§ PP. PasSoiaistas, Agustín, Carlos y An- 
drés, han salido hace unas semanas de su Convento 
de Holy Cross, Cinciunati, para establecer una nueva 
residencia de su Orden en Louisville. El Obispo Mc- 
Closkey les ha confiado la administración de la Igle- 
sia de Sta. Cecilia, en su ciudad episcopal. 



ES P. CjhsilIoiBo misionero en Mandehouria, Co- 
rea, escribía á las Misiones Católicas que el Vicario 
Apostólico de Corea, Mñr. Kidel, fué puesto en liber- 
tad en Julio. El dia 10 de ese mismo mes, el P. Gui- 
llon tuvo la dicha de recibir ?.l digno Obispo, y los 
cristianos acudieron en tropel para obsequiar al ilus- 
tre confesor, que habia pasado cinco largos meses en 
la cárcel. No se referían mas noticias de los otros 
cuatro misioneros que quedan en ti país. 

E! üsservaíoa'e Roinanó desmiente oficial- 
mente la noticia de una circular enviada á los Obis- 
pos, poniendo en su conocimiento que los Católicos 
habían sido autorizados á tomar parte en las votacio- 
nes políticas, y rechaza todo reconocimiento del 
Comité electoral católico, que ha sido propuesto por 
el conde Masino y uno ó dos mas fautores del extre- 
mo derecho, y en el cual se defiende el principio de 
los Conservadores. 

Progreso eaa África» — Hace ya años los PP. 
de las Misiones de África establecieron la segunda 
misión en Portonovo, en la costa occidental. Los 
misioneros vivían al principio en unas chozas de ma- 
dera; pero ahora tienen una hermosa casa de ladri- 
llos, con una escuela para niñas, dirigida por religio- 
sas, y otra para niños bajo la dirección de los Misio- 
neros. El año pasado el superior de la misión mandó 
derribar la antigua iglesia de barro, para levantar 
otra mejor y mas proporcionada á las exigencias de 
los fieles. 

Asalaria y Pi'bsia. — El Obispo de Linz ha pu- 
blicado una protesta muy enérgica contra la aserción, 
liltimamente hecha en el Eeichstag por uno de sus 
miembros, llamado Schoverer, en la cual se afirmaba 
que los Alemanes del Imperio Austríaco aspiraban á 
la anexión de Prusia. El Sr. Obispo Radiger refuta 
esta aserción del diputado Schonerer con indignación 
y brio. 

r¥sieyoé mosáieos se han descubierto en Poma 
el último del pasado Diciembre, en las excavaciones 
verificadas en la Via Nazionale. Estos componen un 
magnífico pavimento de diferentes colores, y se ha- 
llan á seis metros de profundidad debajo del piso de 
la calle. El lugar exacto de este descubrimiento es 
en la esquina de la Via dei Golonnesi y Via degJi Ar- 
chi della Pihua. El color de los mosaicos es hermoso 
y variado de rojo, verde, 'amarillo y otras tintas com- 
puestas. Todo este pavimento será llevado al Capi- 
tolio, así que sea enteramente desenterrado. 

El Obispó SaíaSdisag - reunió en Peoría el sínodo 
diocesano, el dia 14 de Enero, y asistieron cincuenta 
sacerdotes. En él se eligieron por escrutinio los Jue- 
ces de las Causas, según las últimas instrucciones 
venidas de Roma; resultando elegidos los PP. Hurley 
y Baak de Peoría, el P. Toner de Champaign, el P. 
Maynihan de Priuceville y el P. Fanning de Fairbu- 
ry. El P. Maher de Peoría fué nombrado por el 



-76- 



gorio VII:, y de Inocencio IV. Cuando esta 
voz rompe á hablar, todos los hombres, el Pro- 
testante y el libre-pensador, lo mismo que el 
Católico Romano, no tienen opción sino para 
escucharla." Y poco antes habia dicho el mis- 
mo juicioso periódico: "Nosotros tenemos en 
esta ciudad (de Nueva York) á muchos doctos, 
piadosos, celebrados y venerables clérigos; sin 
embargo si el mas influyente ele ellos escribiese 
mañana una carta á sus religionarios, exponien- 
do sus teorías sobre los males del dia y sus re- 
medios, muy pocos la leerían Algunos 

de los diarios le echarían una ojeada y pasarían 
á otros asuntos. No se hablaría de ella fuera 
de este país, y aquí mismo pronto seria echada 
en olvido. Esta encíclica, empero, irá del Va- 
ticano á todos los ángulos del mundo Los 

Reyes y sus cancilleres la estudiarán con cejas 
fruncida?, y los Misioneros del Asia y de las 
mas remotas selvas occidentales ojearán cada 
una de sus sentencias. ¿Cómo se explica esto?" 



"Alguna Evidencia Sobre lo que se Busca" 
es el encabezamiento de un largo guirigay de 
El Espejo en su número del 25 de Enero; y nos- 
otros, acabándolo de leer, nos hemos pregunta- 
do: ¿qué es lo que se pesca? Además de una que- 
ja á la que, junto con otras, satisfacemos mas 
adelante, y de esa antigualla de epítetos con que 
nos han siempre honrado todos los caballeros de 
ciencia y conciencia; no nos fué dado desenre- 
dar otra cosa de entre aquella maraña. Una 
anédocta nos vino mientras pasábamos la vista 
por aquel escrito, y no podemos menos de con- 
tarla. Sucedió pues, que habiendo sido acusa- 
do de no sabemos que bellaquería, y llevado de- 
lante de las Cortes uü escribano por nombre 
Perico; este gastó mucha saliva en presencia 
del juez, sin responder, empero, jamás á propó- 
sito. Concluida la causa, le preguntaron sus 
camaradas porqué no habia dicho alguna otra 
cosa, que mas hiciera á su disculpa. Compa- 
dres, contestó tio Perico: por cien motivos. El 
primero porque no tenia nada que decir: el se- 
gundo Basta, basta replicaron todos: por 

ese primer motivo dispensamos los otros noventa 
v nueve. 



Un modelo sobresaliente, para discurrir lógi- 
camente sobre el asunto de la educación, halla- 
mos en el precioso artículo que ofrece á sus lec- 
tores el American Catliolic Quarierly Review de 
Filadelfla. Es admirable la sensatez con que 
Su Señoría, el Obispo Spalding de Peoría, re- 
suelve la cuestión. A la pregunta, dice el in- 
signe Prelado, de cómo débese educar á un niño, 
no se puede contestar sin haber previamente 
respuesto á esta otra: ¿qué ha de ser y qué cosa 



ha de hacer ese niño? En otras palabras una 
vez determinado el fin del hombre, queda defi- 
nido el blanco á que debe mirar el educador, y 
señalado el camino que ha de seguir para lograr- 
lo. Si la vida humana no se considera durade- 
ra mas allá de la tumba, es absurda toda clase 
de educación que supone una tal hipótesis. Se- 
ria una inconsecuencia garrafal el sostener, por 
un lado, que no hay Dios ni un alma inmortal, 
y defender, por otro, teorías acerca de la edu- 
cación, fundadas en la existencia de un Supre- 
mo Legislador y en la inmortalidad de nuestro 
espíritu. Pero, si se admite á un Infalible Rc- 
munerador y la existencia imperecedera del al-^ 
ma del hombre; es un ultraje á la saua razón, 
adoptar un sistema de educación, que práctica- 
mente no haga caso de ambos á dos estos prin- 
cipios. "Si Dios existe, El es ante todo y en 
todo; si hay un alma, ella vale mas que cual- 
quiera civilización y progreso" If God is, Se 
is first, He is all in all; if the soul is, it is more 
tlian civilization and progress). 



^ f < i 4E * ^' 



El Journal de Geneve nos hace saber que se 
entablaron negociaciones entre Alemania, Italia, 
Rusia y España para proteger la vida de los So- 
beranos contra las asechanzas socialistas. Esta 
noticia de la prensa suiza nos es confirmada por 
los diarios de Francia, los cuales nos dicen que 
desde algún tiempo á esta parte se hallan en 
París agentes especiales de la policía europea. 
Según la opinión del periodismo de allende el 
Océano, dichos emisarios están encargados de ve- 
lar sobre las tramas y conjuraciones de ese ene- 
migo encarnizado de los tronos. Pues bien, que 
la Europa llegaría á tal grado de trastorno so- 
cial, y que los Príncipes serian amenazados por 
tamaños peligros, habia sido ya predicho por el 
Papa de santa memoria desde el año de 1849. 
Dirigiéndose á las Autoridades de este mundo, 
Pió IX les hacía notar, en su famosa Encíclica 
del mes de Diciembre Wostis et ISÍobiscwn, que 
las ofensas hechas á la Iglesia Católica eran o- 
tros tantos atentados contra las Monarquías, y 
que merced á las rapiñas de los bienes eclesiás- 
ticos hubiéranse propagado siempre mas los 
principios del Socialismo y Comunismo, que aco- 
meten la propiedad de los individuos. En aque- 
llos dias de su destierro, el finado Pontífice de- 
cía á los Royes: — Vosotros dejais que se atente 
libremente contra la Corona del Papa, y mas 
tarde correrá peligro la Vuestra. Vosotros con- 
sentís que se estorbe la paz de los Conventos, y 
tarde que temprano, en fuerza de las mismas 
máximas, se sacudirán los cimientos de la fami- 
lia y de la sociedad civil. Vosotros permitís 
que se roben y malgasten las propiedades de la 
Iglesia, y dia vendrá en que buscaráse dilapidar 
el caudal de los facultosos. Entonces los Príu- 



-77- 



cipes taparon sus oídos a la voz ele un Padre 
que les amonestaba; mas ahora les es forzoso re- 
conocer la verdad de presagios tan funestos. 
¡Ojalá esta triste experiencia del pasado les acon- 
sejara á escuchar con docilidad la palabra del 
Sucesor de Pío IX, quien aun últimamente, con 
su Carta sobre el Socialismo, les exhorta á va- 
lerse del poderoso amparo que la Iglesia de Ro- 
ma les ofrece! 



El New Mexican anuncia que "se puede ob- 
tener gratis el Jesüitism iü New México, pidién- 
dolo por correo ó personalmente á W. Gr. Ritch, 
Santa Fé, N. M." Este anuncio está encabeza- 
do, "Leed ambas partes" (Readboth sidesj. Si 
nosotros tuviésemos dinero que echar á rodar, 
haríamos una edición bilingüe del Jesüitism in 
New México, seguido de Ocho Cartas al Sr. W. 
Gr. Riten, y la regalaríamos á todos nuestros 
suscritores y amigos, y á cuantos nos la pidie- 
ran "por correo ó en persona;" y entonces po- 
dríamos decir con toda verdad: "Leed ambas 
partes." 



El imperio Alemán que desde su formación 
fué mirado por los Protestantes mas entusiastas 
como el baluarte del Protestantismo en Euro- 
pa, lleva trazas de que llegará á ser, algún dia 
que otro, el baluarte del Judaismo. Hay en 
Prusia un hebreo por cada 73 habitantes. En- 
tre los 81,000 alumnos de los gimnasios y otras 
escuelas superiores, se hallan casi 9.000 hebreos, 
es decir 1 por cada 9. La mayor parte de es- 
t)3 se dedican á la medicina y á la jurispruden- 
cia; de modo que, dentro de diez años, el tercio 
6 el cuarto de los médicos, jueces y abogados 
serán hebreos. No hay que hablar de la ha- 
cienda que por la mayor parte es suya, siendo 
hebreos tres cuartos de los banqueros, y estan- 
do el Banco Nacional del Imperio en manos de 
11 hebreos, y 4 Cristianos. Dígase lo propio 
de la prensa: no existe en Alemania un solo dia- 
rio de esos que llaman liberales que no cuente 
con uno ó más hebreos entre sus colaboradores 
y propietarios. Según eso, los Hebreos no ne- 
cesitan comprar la Palestina para fundar un Im- 
perio ú otra cosa suya: ya lo tienen: el Imperio 
Germánico se podría llamar muy bien el impe- 
rio Hebraico. Vengan ahora aquellos Protes- 
tantes, eternos detractores de las naciones Cató- 
licas, y dennos, como criterio de la superioridad 
de una religión respecto á otra, las riquezas, el 
poder, el influjo social, en una palabra, la Mam- 
mona iniquitatis. 



♦ • ♦ 



Quejas j profesión de fé (le "El Espejo." 

En su número del 18 de Enero, Él Espejo re- 
clamaba que le hiciéramos justicia con la misma 
prontitud, con que solemos pedirla de aquellos 
que nos atacan. Nada tan conforme á razón co- 
mo volver por su propio honor, constreniendo 
al ofensor á que deshaga el agravio. De aquí es 
que nos sentimos correr la obligación de pagar 
de contado lo que debemos, aquietando las que- 
jas de nuestro contemporáneo; á fin de que no 
se nos pueda echar en cara el refrán: "justicia, 
señores, mas no por mi casa." Satisfacción, 
pues, le daremos, procurando que sea á su gus- 
to cumplidamente. Mas, dado caso que no cor- 
responda llena y enteramente á sus deseos y á 
nuestra deuda, rogamos se nos haga saber y se 
nos indique lo que faltare; ya que, convencidos 
del adagio "paga lo que debes y sabrás lo que 
tienes," estamos resueltos á cubrir las cuentas 
hasta el último céntimo. Esto supuesto, vamos 
en derechura al asunto. 

Hecho el análisis de aquel proceso contra la 
Revista Católica, las querellas de El Espejo pue- 
den reducirse á tres. La primera es de haberle 
imputado sentimientos que no ha expresado, 
tratándole de renegado por haber dicho lo que 
ya antes había afirmado, discordando de nues- 
tra opinión, que no es infalible, sobre, la cues- 
tión de las escuelas libres. No cabe duda que la 
acusación es de mucha entidad; mas ¡cuidado 
que no se vaya tocia en humo! 

Por nuestra fé, Espejo, bien que no seamos 
infalibles, tampoco somos tan ciegos que no 
veamos por tela de cedazo, ni sepamos distin- 
guir lo blanco de lo negro. Que su ánimo de 
Vd. al enlbnar aquella canción, que tomada de 
boca en boca nos está atolondrando los oidos en 
estos dias, no haya sido el de insultar la reli- 
gión católica ni de acometer las creencias de 
sus compatriotas, sea lo que fuere: ya le dijimos 
á Vd. que no nos metíamos en las intencionas. 
Pero eso de querernos, vender gato por liebre 
es demasiado atrevimiento. No vaya á pensar 
que entre bobos ande el juego, y que seamos de 
los que caen en las trampas sin dar pié ni pata- 
da. Acuérdese Vd. que "la verdad adelgaza 
pero no quiebra." 

¿No ha confesado Vd. de su boca que, cuando 
en su primer número declaróse en favor de di- 
chas escuelas, no citó ninguna de esas razones 
que quiso meter después en la cabeza de sus 
lectores? Pues bien, á las razones de cartapacio 
alegadas por Vd. esta vez, y no á su tesis gene- 
ral sobre las escuelas non sedarían hemos alu- 
dido, diciendo que nuestro ánimo de Católicos 
indignábase al oir palabrotas, que huelen de 
suyo á negación de la " fé profesada en el santo 
bautismo. Esas razones llevábamos también en 
vista cuando escribimos, que Vd. nos parecía 



-80- 



tendidas intrigas de un jesuíta. El veto del furi- 
bundo Gobernador parecía estribar casi exclu- 
sivamente sobre la ruindad de los hombres, 
cuya sociedad se trataba de incorporar; y los 
Legisladores conocían á esos hombres y su so- 
ciedad mejor que el Gobernador, quien no sabia 
ni siquiera si éramos Católicos. Por otra parte 
el Estatuto, citado casi como por añadidura al 
estupendo cúmulo de ridiculas sandeces contra 
la Compañía de Jesús y sus individuos, presen- 
taba un sentido cuando menos dudoso, y 
ciertamente en contradicción con leyes vigentes 
del Territorio; ¿y será extraño si los Legislado- 
res, ofendidos en lo mas delicado, é irritados 
por un lenguaje desaforadamente calumnioso y 
ultrajante, pasaran á la segunda votación del 
acto á despecho del veto? 

Tal es la verdadera historia del modo como 
fué votada la Incorporación de los Jesuíta?. 
Oid ahora como explica el hecho aquel enamo- 
rado paladín de la verdad, el New Mexican. Ci- 
temos y comentemos algunas de sus palabras: 
habrá de que reírse. 

1? "Los jesuítas," ("pérfidos éxpatriados ita- 
lianos y conspiradores y refugiados del Nuevo 
Méjico," cuya historia es un "carnaval de sangre, 
asesinatos, traiciones, opresión, tretas y abyec- 
ta astucia") "se sirvieron del pulpito arengando 
desde allí, y levantando la opinión popular, y 
denunciando las leyes liberales y justas cíela 
Legislatura de 18G5-G" — Parémonos uu tantico 
aquí. Preguntadle al New Mexican en qué pul- 
pito, y en qué dia, y qué Jesuíta hizo todas esas 
barbaridades; y veréis que el paladín de la ver- 
dad so quedará mudo como un pedazo de alcor- 
noque. Preguntadle también si esas leyes que 
llama así, en globo, "liberales y justas," son 
aquellas mismas de las que el inteligentísimo y 
sabísimo Sr. Axtell dijo que algunas necesitaban 
ser enmendadas, y otras debian ser abrogadas; 
v os contestará el New Mexican del 8 de Abril 
ele 1876., 

Prosigamos: "é inculcando al pueblo aquel 
dogma destructor de toda libertad, la suprema- 
cía de la iglesia sobre la ley civil." — Despacio, 
señorito: En materias religiosas: sí, sí, sí: la 
Iglesia es todo; la ley civil no es nada: porque 
la ley civil no tiene nada que ver con la con- 
ciencia de los hombres. En materias no religio- 
sas, como por ej. la incorporación de los Jesuí- 
tas: no, no, no: la iglesia no pretende supremacía 
ninguna. ¿Es claro eso? ¿habéis entendido? ¿Y 
es este "el dogma destructor de toda libertad"? 
6 es su mas seguro é infalible apoyo contra la 
más desapiadada de las tiranías humanas, la ti- 
ranía de las conciencias? 

2° ¿Qué mas hicieron los Jesuítas á fin de 
ganar los voto? de la 28? Legislatura? Escuchen 
todos: allí va lo mas bonito: "Habiendo sido 
escogidos los miembros déla Legislatura catorce 



meses antes de la sesión, no hay duda ninguna 
de que se los habia visto á todos.'' ¿"No hay 
duda ninguna"? Sí que la hay: sino fuera por 
otra razón, bastaría esta de afirmarlo Vd.: por- 
que está comprobado por la experiencia que 
quien dice y piensa lo contrario de cuanto dice 
y piensa Vd.; acierta con la verdad 999 veces 
sobre 1000, cuando menos. 

Prosigue el paladín: "Algunos (legisladores), 
probablemente, habían sido hechos Jesuítas de 
noviciado" (Risum teneatis?) "y otros que por 
escrúpulos de conciencia se opusieron, por no 
violar sus juramentos, fueron tranquilizados, se- 
gún el sistema de los Jesuítas, con una absolu- 
ción dada de antemano, si fuera menester." — 
¿Diréis que no estaba de chirinola, y quizás 
también alegre de cascos el que pudo echar tan- 
ta chocarrería? 

Por supuesto, grande ha debido ser la alga- 
zara y muy divertida la jarana entre los jesuitó- 
fobos de Santa Fé. El New Mexican está hecho 
un azucarillo. Se felicita á sí mismo, felicita á 
sus camaradas y compadres, felicita sobre todo 
á aquel invicto é invencible héroe que fué Don 
Samuel B. Axtell. Felicitárnoslos también noso- 
tros; y de todas veras. Al cabo nadie necesita 
ser felicitado mas del que alcanza un triunfo en 
medio del infortunio. ¡Qué tristes y amargos 
correrían, para el buen viejo Axtell, los dias 
que aun le quedan de esta trabajosa vida, sin 
este tan fausto, feliz y afortunado acontecimien- 
to! Utah! Nuevo Méjico! tetros recuerdos! nom- 
bres malhadados! Esta tierra, en particular, 
nunca quizá se le asomará á la fatigada imagina- 
ción, sino acompañada por la sombra negra é 
importuua de un Ángel extermiuador, que in- 
vadiendo las aulas del "palacio," le arroja de 
sus umbrales inexorablemente; y por ventura, 
en medio de tan desgarradores fantasmas se 
rinde al dolor aquel espíritu acibarado. Pero 
hay uu antídoto, un consuelo, un recuerdo dulce 
cual azúcar almibarado: la victoria del 24 de 
Enero 1879. Con esta, cuando venga la hora, 
podrá cerrar en paz sus cansados párpados, y 
exclamar con César: /Satis vel natura' v el glorien 
vixif Felicitárnosle, pues; y esperamos que tam- 
bién el New Mexican, y toda la santa herman- 
dad, recibirán un reflejo siquiera del brillo que 
deberá alegrar y embellecer por un momento el 
deslucido astro del lejano Ohio. 



Agudezas y Cálculos Presbiterianos. 



El redactor de la Revista Evangélica sale de 
nuevo al campo del honor, y en primer lugar 
acomete esta vez al terrible gigante de la Infa- 
libilidad Pontificia. Ya no le falta una buena 
honda á ese David de nuevo cuño, pues todos 
conocen el descomedimiento de sus palabras: 



81 



pero se le ha olvidado al infeliz recoger unas 
cuantas piedrecitas para dar en tierra con su 
formidable adversario. Querer meter en contra- 
dicción entre sí á algunos de nuestros Pontífi- 
ces, cuando ya de la Bula "Unigenitus,' 1 ya de 
la misma carta de Pió VI., citada por ese señor, 
sácase evidentemente que el uno no condena lo 
mismo que el otro aprueba; ¿no será esto, agitar 
la honda sin proyectil y sin el menor peligro de 
herir á nadie? Luego no hay necesidad ninguna 
de que el humilde redactor venga á decirnos 
con palabras textuales: " Yo no sé nada. Yo soy 
un ignorante) 1 pues todos sabemos muy bien 
que la elocuencia de los hechos vale infinitamen- 
te mas que la de las palabras. 

Vaya ahora una prueba de su gazmoñería y 
mala fé. Al leer un parrafito de la última en- 
trega de su papelucho, podría suponer algún 
tonto que el Ministro está tan engolfado en el 
estudio del admirable Catecismo de SHORTER 
que nada sabe de lo que agítase al rededor de 
su Evangélica morada. Sin embargo, en el fondo 
de su misterioso escondrijo, le ha susurrado al- 
gún angelito que hay una escuela pública en Las 
Vegas, y que esta escuela hállase "en el edificio 
de los Jesuítas." ¡Oh, Señor Ministro! ¿para 
qué viene eso de hacerse el mojigato? ¿No se 
acuerda Vd. que al juntarse en Las Vegas los 
comisionados de escuela, Vd. fué el primero á 
quien se ofreció la escuela pública? ¿Se le ha 
olvidado á Vd. que habiendo su merced rehusa- 
do la proposición, se le dijo terminantemente 
que se iba á hacer la misma á los Jesuítas? ¿Y 
no leyó Vd. en nuestra Revista de aquella se- 
mana que nosotros habíamos aceptado lo que 
Vd. á pesar de sus predilecciones para las es- 
cuelas públicas, había tenido á bien rehusar? 
Sin embargo, Vd. concluye diciendo: "Si nos- 
otros pretendiésemos tener una escuela pública 
en el edificio de la escuela protestante,....- 
grande seria el alboroto muy presto." ¿Qué al- 
boroto ni ocho cuartos? Si Vd. fué el primero 
en recibir la propuesta de dicha escuela. Sí, 
puede aguantarse que un ministro sea "un igno- 
rante;" pero que sea también aficionado á chis- 
mografía, esto nadie se lo podrá perdonar. 

En la parte inglesa de su periodiquillo el Sr. 
Ministro no es tan misterioso, y conviene en que 
"pocas semanas atrás," y quería decir quizá 
dos meses atrás, cuando menos, se le ofreció la 
escuela pública para los niños protestantes, } r 
él no la quiso. Allá se las haya. Pero ¿porqué 
no dice lo mismo en la parte española? ¿Por 
ventura no quiere que le entiendan todos? 

Luego entra en cuestiones de economía social; 
y, haciéndonos saber que él es "algo matemáti- 
co," empieza á echar cuentas, y llega al resulta- 
do de que el maestro de la Escuela Pública 
debe percibir al menos mil pesos ($1.000) por 
su salario! Veamos si es verdad, La Comisión 



de Escuelas no ofreció mas que cincuenta cen- 
tavos ($0.50) al mes por cada alumno. Pues 
bien, el primer mes hubo unos GO alumnos; el 
segundo y tercero hubo de 70 á 80. Pero, su- 
pongamos que hayan sido siempre 80 cabales; 
supongamos que quedaran formando este núme- 
ro todo el tiempo que durare la escuela; y su- 
pongamos que la escuela dure nueve meses, 
desde el dos de Diciembre cuando se abrió, has- 
ta fines de Agosto, cuando se habrá de cerrar 
absolutamente. En tales hipótesis, 80 alumnos, 
á $0,50 cada uno, por 9 meses, no pueden for- 
mar sino un salario de $360. Y el Sr. Ministro 
pretende que son $1.000! ¡Matemáticas subli- 
mes! Añádase ahora que los alumnos no queda- 
rán siendo 80 hasta el último. Todos saben que 
apenas empieza la siembra, la mayor parte ha 
de dejar la escuela, necesitándolos sus padres 
para las faenas del campo. Entonces será me- 
nester continuar enseñando, aunque no haj'a 
mas que quince ó veinte discípulos, es decir por 
la enorme suma de 7 ó 10 pesos al mes. Añáda- 
se que la Comisión se declaró que no podría 
mantener la escuela sino por un plazo muy corto: 
quien sabe si llegará á 5 ó 6 meses; y véase lo 
que se hace de la redonda y gorda cifra de 1.000 
pesos, que, en virtud délos cálculos presbiteria- 
nos, se echará en el bolsillo el jesuíta que ense- 
ña en la Escuela Pública de Las Vegas. Señor 
Ministro Reverendísimo, bien puede ser que Vd. 
sea "algo matemático," según le dijo su amigo 
de Taos; pero, cuando hace cálculos, ha de par- 
tir Vd. de datos seguros y ciertos, y no de los 
que hubiera soñado en alguna noche de desaso- 
siego y pesadilla. 

Vd. por cierto no quiso encargarse de la Es- 
cuela Pública, y en vista de las condiciones del 
salario con que fué ofrecida, creemos que muchos 
otros le hubieran imitado á Vd., si no hubiesen 
tenido otro móvil que el dinero: no exceptuamos 
ni siquiera á los jesuítas, á pesar de su descomu- 
nal y devoradora codicia. El Rev. W. II. Platt, 
Ministro Episcopal de San Francisco ha dicho: 
"El principio de nuestro Sistema de Escuelas es 
el dinero — el dinero— el dinero." Sin ser Papa 
infalible, dijo una verdad incontrovertible. Los 
non-sectarian no miran mas que al dinero. Si 
queremos atraer el capital, hemos de tener es- 
cuelas non-sectarian: hé aquí su poderoso argu- 
mento tan decantado ya. Y, como piensa el 
ladrón que todos son de su profesión, así no 
atinan á acertar por qué otra razón los Jesuítas 
admitieron tan prontamente la sublime y lucrati- 
va Cátedra de pedagago público! 

Finalmente dice el Ministro: "Quien sea el 
maestro, no lo sabemos. Quien le nombrara, no 
lo sabemos." Pues de esta ignorancia se sale 
muy fácilmente dirigiéndose á los Señores Co- 
misionados de Escuela. 



' 



-82- 



Forma de Documento. * 

por el cnal los Católicos suelen vender y traspasar 
á la Autoridad Eclesiástica iglesias, capillas y otras 
propiedades. 



Territorio del Nuevo Méjico, 
Condado de 

Sepan todos como por empresente documento, nos- 
otros los abajo firmados, residentes de esta plaza 
de Condado arriba dicho, y legalmente nombra- 
dos y autorizados para representar á todo el pueblo 
de esta misma plaza, por y en consideración de la 
suma de. . . . (cualquiera) cuyo recibo es por este acu- 
sado, vendemos, otorgamos y traspasamos á su Seño- 
ría Ilsima. Dn. Juan Bautista Lamy, Arzobispo de 
Santa fé, todos nuestros derechos de propiedad pre- 
sentes y venideros. 

1" Sobre una cierta iglesia (ó capilla) dedicada á 

Nuestra Sra. de ó á San .... y situada en esta 

misma plaza de (Indicar aquilas dimensiones 

del edificio y del terreno en contorno). 

2 U Sobre el solar- de un cementerio ó camposanto, 
situado también en esta misma plaza de. . . .Condado 
arriba mencionado (Señalar las dimensiones y los 
linderos del cementerio). 

Proveído que la dicha venta, otorgamiento y tras- 
paso se hace bajo las condiciones siguientes: 

1" Que los abajo firmados ó sus herederos se obli- 
gan y comprometen á tener la iglesia y cementeiño 
arriba mencionados siempre á la disposición del Sa- 
cerdote enviado por su Señoría Ilsima; a mantener 
la casa de Dios bien aseada y reparada y á proveerla 
de ornamentos y de todas las cosas necesarias al cul- 
to divino. 

2" Que el Señor Arzobispo ó sus legítimos suceso- 
res no podrán nunca destruir, vender ó enajenar las 
propiedades ante dichas, sino que deberán conservar- 
las siempre para el culto de Dios y para el bien es- 
piritual del pueblo de esta plaza. 

3 U Que en caso de ser destruidas las dichas propie- 
dades por alguna centella, incendio, avenida, ó por o- 
tro accidente, será el deber de los abajo firmados ó de 
sus herederos de restaurarlas cuanto antes, en el mis- 
mo lugar ó en otro inmediato, y de hacer un nuevo 
documento para asegurar á la Autoridad Eclesiástica 
la Jurisdicción y posesión de las nuevas propieda- 
des. 

Hecho y pasado el presente documento en esta pla- 
za de .... hoy dia .... de .... de este año del Señor 

mil ochocientos 

( Siguen la s firma s) 

N. B. Esta forma de documento ha sido aprobada 
por el Ilsimo Sor. Arzobispo de esta Diócesis, y ha- 
llada conforme á los requisitos do la ley civil por un 
licenciado competente en el asunto. 



León XÍSI y su devoción ii San Francisco 

de Asín. 

(Do lia Cruz de Madrid) 
Bastanto antes de la muerte del gran Pió IX, la 

1 Enviada ú la Revista Gitólica, para publicarla, por ¿1 Si?. Vioa- 
rio General del Arzobispado Bev. J. A. TvuoluU'd. 



interesante Revista El Eco de San Francisco, que se 
publica en Ñapóles, se expresaba así: 

"Entre todos los ilustres Terceros actuales, sin me- 
noscabar por esto á nadie, podemos decir que el 
que más se gloría, después de Pió IX, de pertenecer 
á dicha Orden, y el que pone todo su corazón y celo 
para activar la propagación do la Orden Tercera., es 
ciertamente S. Emilia, el Cardenal Pecci. Para él, 
como confesaba el Cardenal Vitri, el escapulario de 
la Orden Tercera es mas querido que la púrpura de 
la Iglesia, teniendo además á gran gloria el llevar el 
cordón seráfico. Se honra grandemente de ser hijo 
del pobre de Asís y miembro de una de sus tres Orde- 
nes, de que especialmente hizo decir un dia que todo 
el mundo es franciscano. 

"Mas este amor del Cardenal hacia San Francis- 
co no podia estar encerrado en su corazón. Era ne- 
cesario que su celo, como el del Apóstol, estallara y 
se extendiera en su derredor. Se hizo, pues, propa- 
gador activo de la Orden Tercera, y obtuvo del Sobe- 
rano Pontífice poderes de director. Por su iniciativa 
se estableció una hermandad en la iglesia de San Fe- 
lipe, en Perusa, que, gracias á sus esfuersos, aumen- 
ta de dia en dia y hace nuevos progresos en el fervor 
y espíritu seráficos. 

"De Perusa á Asís es muy corta la distancia, y por 
eso nuestro celoso Arzobispo iba á menudo á visitar 
la tumba del Patriarca. El mismo tuvo la dicha de 
asistir en 185 p al feliz descubrimiento del cuerpo de 
Santa Clara. Allí, en Asís, fué donde se desarrolló 
su amor por la Orden franciscana, y sabido es que no 
pudo prescindir de ser, no solamente el protector del 
monasterio de Santa Clara en Asís, sino también el 
Cardenal protector de la Orden Tercera regular. 

Sin embargo, la Providencia habia puesto en las 
manos del futuro Papa otros medios de manifestar su 
devoción y celo por San Francisco. Como Obispo 
debia, en cumplimiento de su ministerio, dar á su 
pueblo el alimento de la predicación, ya oral, ya es- 
crita, usando con frecuencia de las dos. En el espa- 
cio de cinco años publicó lo menos tres Cartas Pas- 
torales sobre este objeto, que, á su modo de ver, tan- 
ta importancia tenia. 

Recibiendo León XIII á un sacerdote francés, M. 
H. Sallat, cura de Are-les-Gray, en el Franco-Conda- 
do, le preguntó: 
- — ¿Qué camino tomará V. para regresar á Francia? 

— El de Loreto, Santísimo Padre. 

— ¡Ah! Bien; hay que pasar por Asís y detenerso 
allí, donde todo corazón cristiano se conmueve y for- 
tifica. 

— Yo iria con mucho gusto, pero el tiempo 

— No se trata de esto. ¿Pertenecéis á la Orden 
Tercera? 

— No, Padre Santo. 

— Pues bien: id á Asís y decid al P. Guardian del 
convento de San Francisco que el Papa le ordena os. 
reciba en la Orden Torcera. 



Sentencias Escritúrales. 

Quien cierra susoidos al clamor del pobre, clamará 
también, y no será oido. P/w.XXI. 13. 

No miente el testigo fiel: el testigo falso no profie- 
ro más que mentiras Prov. XIV. 5. 

El detractor oculto es semejante á la sierpe, que 
pica sin hacer ruido. IjJcle. X. 11. 

Mas vale ser reprehendido del sabio, que seducido 
con las lisonjas del necio. //>/</. VIL (¡. 



gy&^w njw i tfc» juwi'M m w.» ww. ■ ^nyw a 7<" y - 'g ^ »« 



LA POBRECILLA DE OASAMARL 



(Oontimiacion — Pág 71-72. j 

No era sueño lo que tenia Mafia, antes bien su es- 
píritu estaba completamente desvelado y sus ojos 
brillaban como las estrellas que contemplaba á través 
de aquella abertura. Eran estas tres y naturalmente 
este 'número trajo á su memoria el recuerdo de aque- 
llas almas, también tres en número, que la habían 
dejado en el mundo huérfana y abandonada. De la 
identidad del número pasó á considerar la semejanza 
de la condición, pensando que este su dulce terno te- 
nia también su morada en la serena región de los 
astros; y de repente inflamada por un movimiento ele 
su corazón, abrasada por el fuego de su fantasía, 
trasformó las tres estrellas, que distinguía con los 
ojos en las tres almas que anhelaba su amor. Este 
inocente juego de su imaginación la sedujo de tal 
manera, que se abandonó á él quedando como está- 
tica. 

Figuraos, lector amable, que ella estaba tan per- 
suadida de la realidad de esta amorosa ficción, que 
habría jurado descubrir claramente en la primera de 
las estrellas la forma y ser de su padre, en la segunda 
la de su madre, y en la tercera, que era mas pequeña, 
la de Guido. Las estrellas así fantásticamente con- 
vertidas en aquellas suavísimas prendas de su ternu- 
ra, todas tres le hablaban á un tiempo; y ella á 
todas tres entendía á la vez; pero ni aquellas pronun- 
ciaban sonidos, ni ella las entendía por medio del 
oído. De la misma manera ella les respondía y se 
sentía comprendida; pero ni sus palabras tenían so- 
nido, ni le salían de los labios; eran pensadas, no arti- 
culadas. Mas no era esto solo. Una fuerza oculta le 
impedia manifestar en aquel mental coloquio lo que 
mas á ella interesaba. Ella se consumía por hablar 
de sí, de Félix, de Otello y comunicarles sus amar- 
guísimas penas; y juzgaba que así ya lo hacia; pero 
al cabo se encontraba con que solo hablaba de sus 
interlocutores y no les comunicaba mas que gozo del 
gozo que olios tenían. ¡Singular estrañeza! Y sin em- 
bargo, lo repetimos, Maria no dormía, sino que esta- 
ba con los ojos abiertos y con la mitad del cuerpo 
aterida de frió. Prueba manifiesta de que á veses 
estando despierto se sueña. 

Y este, si así os place llamarlo, soñar en vela le 
sirvió de gran refrigerio; pues le impedió sumergirse 
en el mar de amargura que inundaba su alma y le 
infundió un no sabemos qué do mitigativo, con el 
que respiraba con mas libertad. Sin embargo no tar- 
dó en resonar por las bóvedas de la caverna la voz 
conmovida del pintor, acompañado del leñador con 
una luz. — ¡Ah, señor pintor, cuanto habéis tardado! 
dijo Catalina sacudiéndose y haciendo volver en sí á 
la joven, que dio un salto, como si se sintiese invadi- 
da por una corriente eléctrica. 

— ¡Y esta aun regaña! exclamó D. Felipe encendido 
por la conmoción y enternecimiento. ¿No debia yo 
preparar á Félix para recibir vuestra visita? Aun así 
y todo está casi sin sentido por el estupor. 

Catalina, invocados los santos de su devoción y 
precedida de Jocundo que llevaba la luz empezó á 
internarse en la cueva, llevando en pos de sí á Maria, 
que apenas podía andar, efecto del temblor que le 
produjo la conmoción. D. Felipe que iba detrás tra- 
taba de tranquilizarla con sus dichos y ocurrencias; 
pero en vano, tal era el pasmo que de ella se habia 
apoderado, que caminaba pié ante pió mas bien ar- 



S3-- 

rastrada por Catalina que de su propio movimiento. 
Después de haber atravesado algunos de aquellos 
senos negros, húmedos y tortuosos, llegaron por fin á 
una garganta, mas allá de la que se percibía algún 
resplandor. — ¡Aquí está! gritó con voz apagada Cata- 
lina. 

— ¡Ay, Dios mió! ¿y vive? dijo entonces la hermana 
volviéndose temerosa hacia D. Felipe. 
— Un paso mas y me lo diréis. 
Desde aquella garganta se pasaba á un espacio 
bastante desahogado en forma de elipse. En el fondo 
á la mano izquierda del que entraba, estaba Félix 
tendido sobre un jergón de paja y envuelto en una 
manta de pelo de cabra. Sobre un ángulo que forma- 
ba la pared tenia á su derecha un pequeño farol 
encendido: mas arriba estaba colgada una alacena con 
algunos trastes de cocina y en el suelo en un rincón 
un cántaro de barro y unas tazas sin asas para be- 
ber. Al entrar en este sepulcro, Jocundo levantó 
la luz, para que Félix pudiese reconocer mas fácil- 
mente el rostro de las dos mujeres que venían detrás. 
— ¡Ah! Flora, ¿eres tú, eres tú? gritó en aquel mis- 
mo momento el enfermo saltando de aquel cubil y 
arrojándose con los brazos abiertos hacia la entrada. 
Aquí á Catalina se le atravesó como un nudo en la 
garganta, dio un grito, se estremeció y quedó inmó- 
vil; pero María al sentirse llamada por su hermano 
impulsada por una fuerza extraña empuja y aparta á 
su compañero, lanza una mirada de frenético amor en 
aquel subterráneo y en menos de lo que se dice, se 
halla delante de Félix, que por la conmoción, por la 
fiebre y su extremada debilidad cae como uu tronco 
entre sus brazos; de modo que para hacerlo recobrar 
el sentido hubo que volverlo á su jergón y rociarlo 
con agua fría. 

Lector, no os suponemos tan indiscreto; que pre- 
tendáis de nosotros una descripción cualquiera que 
fuese de los actos, de las caricias, de los lamentos, de 
las exclamaciones, de los tiernísimos extremos que 
se sucedieron con celeridad suma en aquellos prime- 
ros desahogos de afectos inenarrables. En la media 
hora que duró el choque y confusión de tanta pala- 
bra cortada, de tanta queja, de tanto sollozo, podríais 
haber visto al leñador que fijo como un palo á la en- 
trada del aposento contempla lleno de asombro y 
compasión á la vez aquel grupo que se podría creer 
de tres delirantes; y á D. Felipe que recostado contra 
la pared Observaba también y hacia suyos los dolo- 
res, las alegrías, las angustias de aquellos pobres co- 
razones, á quienes él contemplaba en su natural ama- 
bilidad y belleza. Ni él podia darse razón de si sentía 
mas gozoso por haberles proporcionado aquel mutuo 
consuelo, ó mas pasmo por presenciar escenas, que 
expuestas en el papel parecerían caprichos de poetas 
ó pintores, pero que eran reales y muy reales. 

— Hacia el mediodía Félix cabalgando sobre un 
pollino, conducido por el leñador y acompañado de 
su hermana llegó á Collepardo. y se apeó á la puerta 
de la casa de Catalina, la cual ya habia salido antes 
para prepararle la cama. Pero estaba tristísimo y 
lloraba, porque durante el camino pudo arrancar de 
los labios de Maria la verdad sobre la muerte del pa- 
dre, de la madre y del hermano. A su vez la joven 
estaba no menos triste; porque á sus antiguas penas 
tenia que añadir ahora las crueles sospechas que ha- 
bia despertado en su ánimo Félix al anunciarle que 
Otello á lo que él supiese no habia aparecido en Gae- 
ta. Y sin embargo Otello habia salido de Veroli á 
principios de Diciembre. De esto era muy natural 
inferir que ó habia perecido en el mar, ó habia eaido 
en manos de los enemigos. Esta nueva angustia y el 






-84- 



pesar de ver á su hermano tan desconsolado y enfer- 
mo fueron dos punzantísimas espinas, que no le de- 
jaban un momento de descanso. Ni las caricias de 
Catalina, ni las gracias ingenuas y afectuosas de las 
pocas aldeanas amigas que la visitaban, podian nada 
para confortarla. El pintor mismo, á pesar de que 
tratándose de recrear los ánimos nadie podría supe- 
rarle fácilmente, no pudo conseguir levantarla de su 
abatimiento, por lo que viendo que todos sus esfuer- 
zos eran inútiles en las frecuentes visitas que hacia 
al enfermo, se contentaba con repetirle á menudo: 

Lo que el Cielo quiere 

Querer conviene. 

LV. 

Entre los proverbios llenos de prudencia cristiana 
que corren en boca del pueblo, hay uno que debiera 
estar profundamente grabado en el corazón de todos; 
y es el que dice: "El que bien hace para sí lo hace." 
Pensando en Trajano, muchas veces se nos vino á la 
memoria dicho proverbio; pues en nuestro buen roma- 
no se cumplió tan al pié de la letra, que él puede ser- 
vir de ejemplo. 

No es necesario que recapitulemos aquí todo el 
bien que ya en Casamari, ya en Veroli, ya en la casa 
campestre á la falda del monte San Juan, hizo á la 
pobre joven napolitana, á la madre agonizante y por 
último al desgraciado Peregrino, que estando cercano 
á la muerte recibió gran consuelo con su inesperada 
visita. Este bien, que hizo á impulsos de su corazón 
generoso y caritativo, le devolvió otro incomparable- 
mente mejor, que él en un principio no reconoció 
claramente, pero que sentía obrarse dentro de sí por 
ciertos movimientos que se sucedían de continuo en 
su ánimo, tan vivos, tan pertinaces y tan profundos 
como nunca los había sentido. Le hubiera sido difí- 
cil decir si estos movimientos tenían mas de amargo 
que de dulce, ó tendían mas á remorderle que á satis- 
facerle; pero el resultado era que no le dejaban sosie- 
go; y unas veces se avergonzaba, otras se alegraba, 
otra se arrepentía y por fin siempre concluía, que era 
necesario tomar un partido, arrancarse la careta y 
aparecer al exterior aquel hombre honrado; que él 
verdaderamente era y quería ser ante su conciencia. 
De aquí que en premio de haber hecho aquel poco de 
bien material al prójimo, se acercaba casi inadverti- 
damente á su verdadero bien, que es el del alma y de 
la virtud. 

Nuestros lectores ya saben que Trajano huyendo 
de los piamonteses se había refugiado en Veroli, de 
donde la mañana siguiente partió á todo escape para 
Jioma. A su casa llegó sumamente alterado y rendi- 
do; por lo que tuvo que sangrarse y recobrar con un 
sueño tranquilo el descanso perdido. Y en efecto 
después de aquel sueño volvió á su habitual estado 
sin perder nada de su facundia; pues desde que des- 
pertó hasta la noche tuvo pendientes de sus labios á 
su esposa Magdalena, á su hija menor y á su herma- 
no el padre Eusebio, hablando siempre de Peregrino 
y comentando las peripecias de la historia de su casa; 
historia que le habia quedado grabada mas fuerte- 
mente do lo que él pudiese imaginar. 

— ¡Juicios de Dios! repetía á cada paso el P. Euse- 
bio, levantando los ojos y la mano derecha hacia el 
cielo; ¡Juicios de Dios, inescrutables pero adorables! 

— ¡Todos debemos temer al Señor! añadió Magda- 
lena mirando furtivamente para Elaminia, que tam- 
bién estaba en la habitación, pero seria y sin despe- 
gar los labios; ¡ay, del que no teme á Dios! no solo 
hace mal Á sí mismo, sino que atrae también sobre 



los suyos la indignación del cielo ¿no es verdad P. 
Eusebio? 

— ¿Quién lo duda? repuso el fraile pasando por en- 
tre los dedos los nudos de su cordón; bien claro lo 
veis en esa desgraciada familia. 

— ¡Demasiado! exclamó Magdalena, exhalando un 
profundo suspiro y dirigiendo á su marido ciertas 
miradas, que lo hacían palidecer. 

Trajano con tales reflexiones y especialmente con 
las exclamaciones y miradas de su esposa, que él 
bien sabia á donde iban á pasar, se retorcia, se mor- 
día los labios, se pasaba la mano por la I rente como 
para alejar una idea molesta; y para hacer girar la 
conversación sobre otra materia menos espinosa vol- 
vía á hablar del compromiso en que habia quedado 
con el Capitán con motivo de la hija, compromiso 
que él protestaba querer guardar con el mayor escrú- 
pulo; por lo que dirigiéndose á Magdalena — Prepára- 
te, pues, le decia, para hacerle una buena acogida y 
tratarla como á una hija, ¿entiendes? Yo no puedo 
mudar de propósito. 

_ — Sí, sí, mamá; hagásmola venir pronto y tratadla 
bien; yo os doy la palabra de que cuando la pobreci- 
11a esté en nuestra casa, no habéis de tener queja de 
mí. Veréis cómo ella me ha de hacer buena, instaba 
Elaminia en tono humilde y suplicante. 

— ¡Venga cuando quiera! respondía la madre no 
sin dejar de admirarse de la repentina ternura de la hi- 
ja; yo la trataré como á tí, y mientras esagran señora 
su madrina no venga á buscarla, en vez de dos haré 
cuenta de tener tres hijas, pero . . y suspiraba. 

— ¿Pero qué? le preguntaba Trajano. 

¡Nada, nada! replicaba Magdalena mirando afligi- 
da á su cuñado; ¡qué recuerdo tendremos siempre 
delante de los ojos! Esa inocente criatura tan desgra- 
ciada, tan atribulada por pecados que no fueron su- 
yos, será una lección elocuente para nosotros. ¡Oh, 
Virgen mía, yo tiemblo de pies á cabeza! ¡Pensar en 
la calamidad que son las excomuniones! ¡Dios nos 
libre de ellas! ¡Dios las tenga á cien leguas do noso- 
tros! 

— ¡Bien, siempre dando en el mismo clavo! Ya se 
sabe que las excomuniones son una maldición para 
quien tenga la desgracia de provocarlas; pero no es 
de creer que se trasmitan de padres á hijos, ni de 
abuelos á nietos como el pecado original; ¿no hablo 
bien, Eusebio? 

— ¿Qué quieres que diga? repuso el fraile con acen- 
to un tanto grave; con las censuras de la Iglesia no 
debe jugarse. Yo no diré que las excomuniones ten- 
gan por efecto infalible la ruina temporal de aquellos 
que en ellas han incurrido, ó la de sus descendientes. 
Esto no se puede afirmar, porque Dios no siempre 
hace justicia en este mundo, y á veces con un buen 
arrepentimiento se saldan muchas cuentas. Sin em- 
bargo así en general te diré francamente que hay 
ciertas excomuniones, que con frecuencia abrasan 
también en esta vida y hacen como la uva, que comi- 
da por el padre da dentera á los hijos; tales son las 
que se incurren por escandalosas injurias hechas á 
sacerdotes, á Obispos y mucho mas al Papa, ó por la 
injusta adquisición de los bienes de la Iglesia. De 
esto hay ejemplares en abundancia y ejemplares muy 
recientes. 



( Se continuará.) 






Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 



22 de Febrero de 1879. 



SUMARIO. 

Ceónicv Gbneuíl —Sección Piadosa.: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Semana — San Pedro Damián, Cardenal y Doctor — ■ 
Actualidades: — El Thirty-Fouv — Un parrafito del mismo— Un 
desengaño — Un reloj parado dio la una— Repetición de vina co- 
media— Nos acercamos á Méjico— Pánico por la peste— ¡Cómo se 
miente! — ¡Revolución! — Un folleto ante un. 1 triste realidad— Son 
doce contra dos— León XIII y los Jesuítas — La Pobrscilla de Ca- 
samari — 



i consagrada 



Lfi'áfiíosBio de D. Manuel S. Salazar y 
Dña. Manuela Delgado se celebró en Santa Fe el 
dia 7 del corriente. Felicitamos á los esposos y les 
deseamos un largo y dichoso porvenir. 

ILa Catedral de í¥ew York 
el próximo mes de Mayo. El mármol para el altar 
mayor está llegando de Italia. El Obispo Eyan, de 
S. Luis ha sido invitado para predicar en esta oca- 
sión. 

¡El 9 <ie SMcienalare recorre el vigésimo quinto 
aniversario de la definición del dogma de la Inmacu- 
lada Concepción. La Unione de Bolonia ha pirblicado 
uua proclama del Consejo Superior de la Juventud 
católica, invitando á todos los católicos para que 
concurran á celebrar según conviene este primer ju- 
bileo. Se proponen unas peregrinaciones; hacer reu- 
niones piadosas para la conversión de los pecadores, 
la paz del mundo, la exaltación de la Santa Iglesia, 
la conservación de León XIII: festejar de un modo 
especial el dia 8 de Diciembre; finalmente una colec- 
tación del dinero de San Pedro para sostener al Pa- 
dre Santo. 

Wfiss Sleleaa Cowles ha sido recibida en el gre- 
mio de la Iglesia Romana. Es segunda hija de Mr. 
E iward Cowles, Editor del Cleveland Leader, Presi- 
dente de la Union Americana de los Know-notlángs y 
enemigo declarado de la Religión. 

Sosa sF'mUces camnaruvai en la Arquidiócesis de 
Boston los llévelos. J. B. Smith, Rector de la catedral, 
Wm, A. Blenkinsop, de la Iglesia de S. Pedro y Pa- 
blo, John Flatley, de Cantón (Massachusetts,) Michael 
O'Brien, de Lowell (Mass.,) y el P. Brady, de Ames- 
bury, (Mass.) 

ILas fSe^naaaaas^de Caridad de Hildesheim, 
que habian dirigido por mas de veinte años el asilo 
llamado la Pequeña Bethlehem, han sido expulsadas á 
fines del año pasado. La propiedad del instituto era 
de ellas; y sin embargo ellas lo han cedido al munici- 
pio para que no quede desamparada esa obra de ca- 
ridad. 

JLa Pesie se ha manifestado en el Volga, á unas 
setenta millas de Wetlianka, y dícese también en O- 
dessa. 

El Czar ha mandado que sean incendiadas todas 
las poblaciones, en las cuales se ha manifestado el 



azote, y cuanto se contenga en ellas, para atajar el 
contagio. 

El origen del contagio se atribuye aun cosaco, que 
de vuelta de la guerra, regaló un chai á su esposa. 
Este regalo causó la muerte de ella y de toda su fa- 
milia. 

El pánico causado por la epidemia ha causado una 
muy sensible disminución eu él comercio, especial- 
mente en el trasporte de los cereales. 

Ea Helare amarilla se ha declarado en el 
Brasil. 

Pe Afgüaan se anuncia que Yakoob Khan quiere 
defender Caboul, y que el Emir Shere Ali ha sido 
envenenado. 

Una parte de la ciudad de Caboul se ha levantado 
contra Yakoob Khan, eligiendo á Chandol por su je- 
fe. 

Religiones esa Miir&pa. — Según el censo del 
Statisiicaí Talles of áll the Countries qf tlie Earth del 
Sr. Hubner, hay. 

En Alemania 25,600,000 Protestantes; 14,900,000 
Católicos; 28,000 Cismáticos; 512,200 Judíos; 6,000 
de otras sectas ó ateos. 

En Austria y Hungría 23,900,000 católicos; 3,600,- 
000 protestantes; 7,220,000 cismáticos; 1,375,000 Ju- 
díos; 5,000 entre Mahometanos y de otras sectas. 

En Francia 35,390,000 católicos; 600,000 protestan- 
tes; 118,000 Judíos; 21,000 entre Mahometanos y de 
otras sectas. 

En Inglaterra ó Irlanda 26,003,000 protestantes; 
5,6()0,000 católicos; 26,000 cismáticos; 46,000 Judíos; 
6,000 entre Mahometanos y de otras sectas. 

En Italia 26,660,000 católicos; 96,000 protestantes; 
100,000 cismáticos; 36,000 Judíos; 25 entre Mahome- 
tanos y de otras sectas. 

En España 16,500,000 católicos; 180,000 de otras 
sectas. 

En la Rusia Europea 56,100,000 cismáticos; 7,500- 
000 católicos; 2,700,000 Judíos; 2,600,0 n entre Ma- 
hometanos y ele otras sectas. 

En Bélgica 4,920,000 católicos; 13,000 protestan- 
tes; 2,000 Judíos; 3,000 de otras sectas. 

En Netherlands 2,"01,000 protestantes; 1,235,000 
católicos; 64,000 Judíos; 4,000 de otras sectas. 

En Suecia y Noruega 4,162,000 protestantes: 4,000 
cismáticos; 2,000 Judíos; el número de los católicos 
no es conocido oficialmente, créese que 
1,000. 

En Pekín los católicos tienen una hermosa cate- 
dral; las procesiones salen por las calles con aproba- 
ción del gobierno; en el Seminario hay 40 estudian- 
tes, antes mandarines ó letrados chinos, que han 
abrazado el catolicismo. 

ES Itey de SíaSaosné ha concedido al P. De- 
voucoux solar para edificar uua escuela, poniendo 
su mano derecha en sus oidos y sobre su pecho, lo 



lleguen á 









— MB pM HMBjM 






cual quiere decir que. oia sus palabras y le era grato 
acceder á su demanda. 

Más'íires chinos. — El Rev. Chouzy, escribien- 
do á Mñr. Lions, Vicario Apostólico de Kouy-tcheou, 
refiere la muerte de varios chinos, por odio á la te 
católica. Entre ellos se cuentan un hombre á quien 
ya habían amenazado con la muerte, pero él quiso 
exponer su vida para sostener la fé de los neófitos; 
un cristiano que ayudaba á los misioneros en sus mi- 
nisterios por nombre Tchen-tien-paou; un carpintero 
infiel y su hijo, que habian trabajado en una de las 
misiones y habian oido algunas instrucciones, se de- 
clararon cristianos y fueron asesinados; dos niños, 
uno de 12 y otro de 8 años; y otros que fueron mata- 
dos sumariamente ó después de la explícita declara- 
ción que no querían apostatar. Todos fueron once y 
solo uno había recibido el bautismo. 

l T n iiseesHÜio en Columbus ha destruido la Se- 
cretaría del Condado. En ella se han perdido veinte 
volúmenes de registros de documentos de propieda- 
des y traspasos y otros muchos documentos oficiales. 
Créese que la causa fué una criminal intención. Entre 
otras circunstancias se halló abierta la puerta del 
cuarto en que se hallaban los documentos, y que ha- 
bía sido construido con la expresa condición de pre- 
servar de todo percance dichas escrituras. 

El I*. llaman goole ha comprado el solar, en 
que se halla la Iglesia protestante de S. Bartolomé, 
en New York por el valor de $69,000. El quiere de- 
molir el edificio, y levantar otro para asilo de niños 
pobres y expósitos. La suma ha sido suministrada 
por la Sociedad de S. José. 

Si»s K.nights ofJSonor han sido oficialmente 
condenados por el Obispo de Covington, por ser una 
verdadera sociedad secreta, y de consiguiente prohi- 
bida por la iglesia. 

lBigíísátói°s*a y Portugal han convenido en 
obrar de acuerdo para impedir el comercio de los es- 
clavos entre Mozambique y Madagascar. 

Hay Huelga de millares de obreros en las mi- 
nas de Pennsylvania, por disminución de pago. 

fiíaa Venezuela, se habia verificado apenas la 
ele3cion del Presidente, sucesor de Alcántara, estalló 
la revolución que todavía no ha sido suprimida, aun- 
que las tropas han alcanzado mas de una ventaja. 

JSíl túnel de S. Gotardo, — La Nueva Gaceta 
de Zurigo anuncia que el 5 de Enero los trabajos de 
uno y otro lado habian llegado á una longitud total 
de 12,241 metros, lo que da un aumento de 21 metros 
sobre los trabajos en el Moncenisio. Quedan 2679 me- 
tros, que, según prometen las ventajas del año pasado, 
podrán ser perforadas en el trascurso de Enero del 
próximo año. 

Revolución en los colegios.— Los estudian- 
tes del colegio de Mondoví, (Italia) se dice que hacia 
fines de Enero se habian sublevado contra sus supe- 
riores, y habian abandonado el colegio. 

En Pisa los estudiantes tuvieron una junta y ex- 
presaron el deseo que se cerrara la Universidad, con 
motivo de agresiones verificadas por gente de partido 
contra ellos. 

€'ongrcso católico <le Bolonia.— El 20 de 
Enero se inauguró el Congreso católico. Se hallaban 
presentes el Arzobispo de Genova, y los Obispos de 
Torfcona, Savona, Yentimiglia y Albenga. El Arzo- 
bispo manifestó la importancia del objeto de los Con- 
gresos y Reuniones religiosas, alabadas por el Padre 
Santo; dijo que este habia sido de grande utilidad 

Sara los católicos indiferentes, tímidos y desalenta- 
os; finalmente les notificó la bendición que el Papa 



enviaba á los asistentes, lo que motivó los entusiastas 
aplausos que resonaron en la sala. 

La Congregación «le I&iíos. por orden del 
Padre Santo, ha publicado un decreto, en el cual se 
recuerda á todos los cristianos el deber que les impo- 
ne no hacer de las reliquias de los Santos un objeto 
de comercio, ni aun so pretexto de redimirlos, y que, 
si algo supieren contrario á este decreto, sean obliga- 
dos á manifestarlo á sus Ordinarios. El decreto lleva 
la fecha del 21 de Diciembre xíltimo pasado. 

Sil proceso contra los internacionales 
en Florencia, (Italia) instituido con motivo de la 
bomba que estalló en la Via Nazionale, adelanta con 
mucha lentitud; pues es muy considerable el número 
de los que se hallan implicados mas ó menos en él. 
Los que ya han sido detenidos son 14, y aun no son 
todos, pues algunos se fugaron inmediatamente des- 
pués de la explosión. 

Una conjuración contra la vida del Empera- 
dor de Austria ha sido notificada á la policía de Vie- 
na por las de Ptsth. Dícese que hállanse en Londres 
unos quince Húngaros que aspiran á la República 
universal. Tienen dinero y con él han procurado 
unos pocos desesperados, prontos á hacer lo que se 
les mande con promesas y amenazas. 

Monseñor* Ooethals 7 Vicario Apostólico en 
Bengala occidental, hizo su entrada solemne el lunes 
6 de Noviembre en Calcuta. La recepción fué muy 
brillante; el concurso inmenso se componia de los 
fieles y de muchísimos protestantes é infieles. Lle- 
gado el Arzobispo á la catedral, se cantó el Te Dcum; 
después recibió el homenaje del clero, de los misio- 
neros y cofradías; al que contestó con un discurso 
muy tierno. Después hubo recepción en la sala del 
palacio Arzobispal; la noche hubo una espléndida 
iluminación. 

Sil Patriarca de Venecia 5 habiendo sabido 
que un moribundo habia despedido á dos sacerdotes, 
que habian ido á asistirle, inmediatamente entró en 
una góndola, y fué derecho á verle. Este acto de 
celo, fué retribuido por el Señor; pues el moribundo 
sin dificultad admitió ásu Sría., y recibió los auxilios 
de la religión. Todos, hasta los enemigos de los cu- 
ras, han alabado, aunque no tanto cuanto merece, 
esta conducta del Prelado. 

Flotas mercantiles. — El Burean Veritas da 
el siguiente orden, en que se hallan, por su importan- 
cia, las flotas mercantiles de las diversas naciones. 
Inglaterra — Estados Unidos — Noruega— Italia — Ale- 
mania — Francia — España — Rusia — Suecia — Holanda 
— Grecia — Austria — Dinamarca — América del Sur — 
Portugal — Turquía — Egipto — Asia — Bélgica — Améri- 
ca central — África. — Esta clasificación coincide con 
la del Ghhe marine insurance Company, menos en que 
este pone la Rusia en el puesto de la Holanda y vi- 
ceversa. 

S..U'/. eléctrica. — El Journal des Debáis refiere 
que la luz eléctrica ha sido empleada en Austria para 
alumbrar una linea de ferro-carril, lo que permitía 
distinguir los obstáculos á mucha distancia, en las 
noches mas oscuras. El aparato es invención del Sr. 
Whithead, y se coloca sobre la locomotiva. Un inglés 
escribía, no ha mucho, á un periódico de Londres, 
para que se colocase la luz eléctrica en la prua de los 
navios. Esta propuesta ha sido adoptada por una 
compañía de navigacion de Brema; y no hace muchos 
dias, uno de sus vapores recorría el Támesis de noche 
con la máxima velocidad. 



-87 



SECCIÓN PIADOSA. 



FIESTAS MOVIBLES DE ESTE ANO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Eesurreceion, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. — Corpus Ckristi, 
12 Junio. — Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
FEBRERO 23 -MARZO 1. 

23. Domingo de Quincuagésima. San Pedro Damián, Ob. y Conf. 
Santa Romana, virgen. 

24. Lunes. San Matias, Apóstol. Santa Primitiva, mártir. 

25. Martes. San Cesario, médico y Confesor. San Victorino, mr. 
-26. Miércoles de Ceniza. San Néstor, Ob. y Mr. San Porfirio, Ob. 

y Conf. 
'27. Jueves. San Leandro, Obispo. San Procopio, Confesor. 
"28. Vletnes. La Corona de espinas del Señor. San Macario, mr. 
Síj&.'ta Ela, virgen. 
-1. i&bado. El B. Miguel Carvalho, mártir del Japón, de la Comp. 
'de Jesús, Santa Antonina, mártir. 

SAN PEDRO DAMIÁN, CARDENAL ¥ DOCTOR. 

Nació en Ravena, de linaje humilde. Guardó reba- 
ños, y tuvo mucho que sufrir en su niñez. Muertos 
sus padres, uno de sus hermanos le recoge y le ins- 
truye. En Parma hace rápidos progresos en las cien- 
cias, se conquista la admiración de sus mismos maes- 
tros, y las enseña después con mas provecho. Joven 
aun, viósele en el corazón del invierno echarse en el 
hielo para mejor dominar sus pasiones, yendo después 
á visitar algunos Santuarios rezando los Salmos. Sin- 
tiendo vivamente los deseos de practicar la caridad, 
se dedica á consular á los pobres y asistirlos en sus 
enfermedades. Deseando tener una vida mas perfec- 
ta, entra en la Orden benedictina, distinguiéndose 
muy pronto por su austeridad, sus heroicas virtudes 
y su elocuencia. A pesar de su resistencia, el Papa 
Esteban IX le nombra Cardenal y Obispo de Ostia. 
Pedro, con sus virtudes y sus obras, llena cumplida- 
mente su misión. Combate sin tregua la herejía 
simoníaca y la de los nicolaitas. Reconcilia la Igle- 
sia de Milán con la Santa Sede. Une con su esposa 
á Enrique IV, rey de Germania. Por espacio de 
treinta años presta los mayores servicios á la Santa 
Sede de concierto con el célebre Hildebrando, mas 
tarde Gregorio VIL El fué el propagador del ayuno 
de los viernes, en honor del misterio de la Cruz, y del 
pequeüo Oficio de la Madre de Dios, como asimismo 
de su culto en el sábado. Después de una vida de 
santidad, de doctrina, de milagros y de grandes he- 
chos, cuando volvia de la legación de Ravena entregó 
su alma al Criador en Faenza á la edad de ochenta 
y cuatro años. 



El Thirty-Four es un papelito inglés que sa- 
lió á luz en Las Cruces, N. M., liará cosa de 
8 ó 9 semanas. Mil perdones pedimos al Thir- 
ty-Four por no haberlo anunciado antes. Aho- 
ra, empero, nos impele á hacerlo el deber de 
rectificar alguno que otro aserto suyo, que nos 
atañe muy de cerca. Ese papelito es uno de 
los doce apóstoles del Territorio que piden á voz 
en cuello las escuelas no-sectarias, que nosotros 
llamamos con mas propiedad, "sin Dios," y allá 



se las haya. Como dicen que nosotros siempre 
andamos buscando cinco patas al gato, no hu- 
biéramos ni nombrado siquiera al Thirty-Four ) 
contentándonos con sostener nuestra tesis con- 
tra chismógrafos ya conocidos. Pero entrando 
también él en aquel baile de que habló un dia 
otro diario, Thirty-Four quiso dar unas cuan^ 
tas piruetas originales, quizá porque de lo con- 
trario nadie le hiciera caso, y empezó á desbar- 
rar, por este estilo: "En este negocio (de las 
escuelas 710- sectarias) no debe haber política. 
Opónganse los Jesuítas ú otros, si quieren; pero 
el pueblo ha de juntar diestra con diestra y en- 
señar á la beatería que Nuevo Méjico ha roto 
ya sus grillos. No teman los Demócratas de 
perder el influjo de los Jesuitas al juntarse con 
los Republicanos en esta cuestión. Si por eso 
los Jesuitas abandonan nuestras filas ¿adonde 
irán? No por cierto á las del partido Republica- 
no. Eso seria caer de la sartén en las brasas. 
En otros puntos ellos están aliados más bien al 
partido democrático que al republicanismo, y 
aunque el asunto de las escuelas públicas es a- 
quel que ahora más les importa, sin embargo, 
cuando no hay ningún partido político que re- 
presente sus ideas en esta cuestión, deben for- 
zosamente estar con aquel que las representa 
mas de cerca en otros asuntos, ó bien formar un 
tercer partido independiente de los otros dos. 
Pero, pasó ese tiempo ele Maricastaña. Ya que 
el ferrocarril entró en el Territorio, la inmigra- 
ción que empieza á inundarnos va á ser un jaque 
mate para la supremacía del partido clerical," 
etcétera. 

¡Cuánto habría que decir! Dejémonos de lo 
que esos señores llaman "beatería" y 'grillos 
rotos" y "supremacía del partido clerical." y 
preguntémosles de donde sacaron que los Jesuí- 
tas son más bien Demócratas que Republica- 
nos, y cuales son los puntos en que el partido 
democrático representa más de cerca las ideas 
de los Jesuitas. Cómo! á poco no se nos ha 
crucificado, porque el año pasado dijimos: "¿Qué 
Demócratas ni qué Republicanos? Sed Mejica- 
nos." dicho que permaneció tan famoso, y que 
tanta bilis hizo arrojar al noble Sr. Ritch. y a- 
liora viene el Treinta-y-Cuatro ó Thirty Fqur á 
decirnos que estamos aliados con los Demócra- 
tas! No señor; os equivocáis de parte en parte. 
Hemos dicho y repetido más de una vez que de 
los partidos políticos no nes importa ni un co- 
mino; y que lo único que deseamos en los hom- 
bres de uno y otro partido es que tengan con- 
ciencia, honor y verdadero patriotismo. No te- 
nemos filas que abandonar, ni ningún tercer 
partido que formar. Las tilas en que únicamen- 
te militamos son las de la Iglesia Católica. Apos- 
tólica, Romana, y estas no las abandonaremos 
jamás, cueste lo que costare. Mientras los par- 
tidos políticos permanecieren cu su propia es- 



-88- 



fera, nos hallarán del todo neutrales; pero si 
atrepellando los límites de sus poderes, quisie- 
ren atacar aquellos principios de la Constitución, 
que garantizan la existencia y libertad de todas 
las creencias religiosas, entonces nos hallarán ne- 
cesariamente enemigos; y sean ellos Demócratas 
ó Republicanos, no miraremos sino á la causa 
que nos incumbe defender. 



En su número 8 el Thirty-Four trae esotro 
parrafito: "La Junta de Escuelas del Condado 
de San Miguel publicó no ha mucho un aviso que 
este año no habría escuela pública en aquel con- 
dado, y que el fondo de escuela había sido divi- 
dido entre las escuelas de las Hermanas y de 
los Jesuitas, donde se recibirían todos los niños 
que pidiesen el privilegio de la enseñanza libre. 
Nosotros no nos hemos apercibido que el Qazet- 
te haya ni siquiera protestado contra esta viola- 
ción manifiesta del espíritu y de la letra de la 
ley." — Como se hecha de ver, el Treinta-y- Cua- 
tro tiene un modo particular de presentar los 
hechos. La Comisión de Escuelas avisó que "no 
habiendo fondos suficientes para abrir escuelas 
en cada precinto," habría dos en Las Yegas, de 
las que una seria dirigida por las Hermanas, y 
otra por los Jesuitas. Pero, según la opinión 
del Treinta-y- Cuatro, la escuela no es pública si 
el maestro es un Jesuíta, ó la maestra una Her- 
mana; y sí, seria -pública, y libre si el maestro fue- 
se un caballero por el estilo de aquel jefe del 
Central High School de San Luis y cien otros, 
destituidos por su conducta inmoral con los dis- 
cípulos; y si la maestra fuese una señora como 
aquella Ingersolian teacher de California que en- 
señaba á su clase que "no hay cielo, ni infierno, 
ni responsabilidad, ni juicio final." 



Se nos quiso dar á entender que el Catolicis- 
mo es causa de ignorancia, y que sin escuelas 
ateas no puede un pueblo ser literato. Ya diji- 
mos que era menester haber visto el cielo por 
embudo para engullirse tamaña patochada; pero 
como nosotros no somos infalibles, no háse de 
creer una cosa tan solo porque la afirmamos. 
Examínense luego los datos que ponemos á con- 
tinuación sobre las bibliotecas de varias nacio- 
nes de Europa: ellos son el resultado de las úl- 
timas pesquisas, hechas por un viajero america- 
no y consignadas en una correspondencia al 
Broohlyn Daily Eagle. La Italia, pues, nación 
católica y que hasta estos últimos años no ha- 
bía disfrutado los beneficios de una enseñanza 
sin religión, puede gloriarse de poseer, en me- 
dia proporcional, 10.5 volúmenes por cada cien 
habitantes. Otra nación sobrepuja bajo este res- 
pecto la Italia, y es la Baviera, que ofrece 24.4 
volúmenes por cada cien habitantes; pero nóte- 



se que también ese país es católico. Siguiendo 
la misma proporción, la católica Francia tiene 
11.17; la Prusia luerana 11; la angiieana Ingla- 
terra 6; y la cismática Rusia 1.8. En cuanto á 
la Italia, ella posee 212 bibliotecas con el in- 
menso tesoro de 4,149,284 libros. De estas bi- 
bliotecas 1G4 son públicas y 40 privadas: 25 
están dedicadas á objetos de Estética; 11 á es- 
tudios literarios y científicos; y tres á las artes 
bellas. Entre las catorce provincias italianas, 
la Emilia es la mas rica por lo que concierne á 
esta clase de preciosidades; siendo así que po- 
see 28 bibliotecas, en las que se encuentran 
1,123,889 volúmenes. La Lombardía cuenta 17 
bibliotecas con 794,567 volúmenes; y en cuanto 
á la Toscana, la Campania, la Sicilia y el Pia- 
rnonte, cada una posee de 300.000 á 400,000 
volúmenes. 



El Independent desea que alguien le diga cuan- 
do pasó por el Congreso la ley de incorporación 
de los jesuitas de Nuevo Méjico. Admiramos 
su agudeza y nos alegramos que haya contesta- 
do finalmente á uno de los ocho puntos, pro- 
puestos humildemente á sus filosóficas medita- 
ciones, en nuestra última entrega del mes de 
Diciembre. Ahora que soltó á hablar, quizá 
se dignará responder también á los otro siete 
puntos. 



Se acordarán nuestros lectores de aquellos fe- 
ligreses malcriados de Mount Pisgah en Fila- 
delfia, que con una gaznatada hicieron se le tra- 
bara la lengua al poorecico del ministro Cham- 
bers, mientras les iba ú predicar desde la cáta- 
dra de la verdad metodista. Consignamos a- 
quella narración cu el número 51 del.878;yase 
entiende, con todos lo^ accidentes reales de re- 
funfuñadura y bullicio, de zancadillas y zapata- 
zos, de cachetes y empellones, de porrazos y so- 
plamocos, que también se ajustarían á ciertos 
apóstoles de bolchacos y faltriqueras. Ese acon- 
tecimiento, de que nosotros referimos la pura 
historia, ha movido á otros hermanos á que imi- 
taran en sus templos respectivos las mismas ce- 
remonias de culto. La escena, esta vez, ha te- 
nido lugar en Amityvi/h\ Long Jslcnul. El Rev. 
A. C. Ackworth había sido encargado de aquel 
rebaño durante la última primavera; y todo pre- 
cedió á pedir de boca hasta el otoño. Cuando 
he aquí que unos calaveras empezaron á sem- 
brar cizaña, y malear á los que antes estaban 
concordes y amigos con su buen ministro. ¿Y 
cómo? ¡Caso funesto! Toda la paz de la fami- 
lia echóse á perder por aquel tunante de Tilo- 
mas Burton, quien hizo cargo á Mr. Ackworth 
de doctrinas erróneas y de falsas citas escritu- 
rarias. Tanto basto' para que se difundiera el 



-89 



mal humor entre una gran parte délos cofrades; 
y, madurándose á su tiempo las brevas, á fines 
de Enero las cosas tomaron un aspecto de muy 
malo agüero. Con todo nada descorazonado 
por la persecución que sufría, el bíblico misione- 
ro quiso subir al pulpito por el domingo tercero 
después de la fiesta de Reyes. Pero ¡válganos 
Dios! le fué imposible al orador llegar al último 
escalón; ya que uno de esos farautes, que nunca 
faltan entre gente de cierta ralea, le corto' loa 
pasos, corriéndolo, no sabemos precisamente si 
á empujones ó á puntapiés, hacia la puerta de la 
santa morada. Antes de concluir, es bueno no- 
tar que según algunos fidedignos el verdadero 
motivo de la sedición, fué que el ministro Ack- 
worth encasquetóse en tomar por mujer á una 
sacerdotisa, que por desgracia no era del gusto 
de todos. Sea lo que fuere de esto, lo cierto es 
que Mr. Ackworth juzgó ser cosa prudente to- 
mar las de Villadiego, y refugiarse en Nueva 
York con todo el bagaje, por supuesto, de una 
Reverencia protestante. 



Fué siempre feliz la idea de conservar rela- 
ciones ele armonía entre dos paises limítrofes. 
Estrechados los víuculos de amistad entre dos 
naciones que confinan la una cor la otra, esta- 
blécese inmediatamente aquella rútila conmuta- 
ción de bienes, que ha de redundar necesaria- 
mente en beneficio de ambas a dos las partes 
concurrentes. Cada país íier.e sus propios 
productos y preciosidades; de aquí es que 
no es pequeña la ventaja de poder el uno parti- 
cipar á las riquezas del otro. Esta idea parece 
guiar á varios Senadores y Representantes de 
Washington. La proposición hecha, el dia 3 de 
este mes, por el Hon. Señor Matthews puede 
reasumirse en los tres puntos siguientes: 1? de 
nombrar tres Comisionados áfin de que traten con 
el Gobierno de Méjico el modo, como facilitar el 
comercio entre los Estados Unidos y la vecina 
República; 2 o de adelantar la conmutaeiou de los 
propios productos entre las dos naciones herma- 
nas; 3? de solicitarla inversión del Capital Ame- 
ricano en la constricción de caminos de hierro 
y la explotación cle'.as minas. 



Ha llegado á colmo el espanto causado en 
Rusia por la peste asiática. El pueblo pide con 
instancia se cierren todas las comunicaciones 
entre la parte ya inficionada y lo restante del 
país. Se han organizado cuatro cuarentenas en 
Sarepta, Iwanowha, Otrada y Zaritzín. El pá- 
nico es tal que hasta inspira temores el papel-mo- 
neda, de miedo no venga de las regiones in- 
fectas del Imperio. La Gaceta médico-quirúr- 
gica de Vieua relata del modo siguiente los prin- 
cipios del contagio. Un Cosaco volviendo de la 



guerra turca á Wetlianka, trajo consigo un chai 
para una señorita. La joven apenas lo hubo 
usado dos dias que se puso enferma con todos 
los síntomas del mal. y acabo de poco tiempo 
murió. En el discurso de cuatro dias sucesivos, 
fallecieron de la misma enfermedad los demás 
miembros de aquella familia. Luego después 
comenzaron los estragos á meter la asolación en 
el villorrio; pero las autoridades locales no cui- 
daron de tomar las cautelas debidas, hasta que 
no hubo perecido la mitad de la población. Lie- 
gadas las noticias déla calamidad á San-Peters- 
burgo, adoptáronse inmediatamente las medidas 
necesarias, á fin de impedir la difusión del a- 
zote. Háse colocado un doble cordón para cor- 
tar cualquier comunicación y atravesar el paso 
de uu poblado con otro. La línea sanitaria se 
extiende desde Samyanovvska, á lo largo de am- 
bas las orillas del Volga, hasta Batagnaska. Se- 
gún los despachos del dia 3 de este mes, el Em- 
bajador de Alemania en San-Petersburgo había 
notificado á su Gobierno que el mal iba crecien- 
do, y tomando proporciones siempre mas alar- 
mantes. En consecuencia (le esto los ferrocar- 
riles rusos no pueden pasar las fronteras. Pre- 
cauciones análogas fueron decretadas por el Go- 
bierno de Austria-Hungría. 



Como se miente. El Sentinel del G de Febre- 
ro copia con inexprimiblc complacencia suya, 
como es de presumir, un papelón de algún au- 
tor de mala muerte que publicólo en el Bostón 
Daily Advertiser, y del que entresacamos entre 
muchas el siguiente hato de mentiras. 

"Los Mejicanos son por la mayor parte igno- 
rantes, supersticiosos y con poco discernimiento 
y simpatía de las formas particulares de nues- 
tras instituciones de gobierno, educación y liber- 
tad religiosa." 

"Los Americanos, siendo la minoría, no pue- 
den tener influjo en la legislación, que está di- 
rigida principalmente por una colonia de Jesuí- 
tas desterrados de Italia por Víctor Manuel á 
causa de sus pérfidas tramoyas." 

"Esos hombres han adquirido un gran ascen- 
diente sobre la población Mejicana, y son capa- 
ces de modelar la legislación del gobierno ter- 
ritorial como se les antoje á ellos, y por supues- 
to no se Jes antoja sino traer el agua á su pro- 
pio molino." 

"Gasparri entró el año pasado en la Cámara 
legislativa, se puso ele pié al lado de la silla del 
presidente de la Cámara, é impuso á la fuerza 
la votación del Acto de Incorporación." 

"El objeto de esta ley era concentrar en el 
cuerpo de los Jesuítas todas las fuerzas de la 
educación territorial." 

"Hay pocas escuelas ahora en el Territorio, 
y casi tocias en Jos Condados de Grantv Colfax, 






-90 



donde viven los Americanos. En las otras par- 
tes los niños están creciendo en la mas crasa ig- 
norancia." 

"Los Jesuítas han llevado tan lejos su opre- 
siva dominación, de muchas maneras, que ya se 
echan de ver los síntomas de una revolución." 

¡Así se miente! á los viejos embustes se aña- 
den otros nuevos más falsos, y más descarados: 
se envían á los mas remotos puntos de la Union, 
donde se presume que nadie se levantará para 
interpelar al calumniador, diciendo: ¿Ha visto 
Yd. cometer esos crímenes? ¿Conoce, de vista 
siquiera, las personas, cuya reputación restrega 
en el lodo? 

Entre tanto la calumnia cunde: la ilustrada 
credulidad aplaude: no hay policías que soplen, 
ni jueces que marquen castigo, ni leyes que pe- 
nen al calumniador. La calumnia vuelve al lu- 
gar de donde salió: allí el cinismo la coge en 
palma de mano, osténtala á la multitud como 
perla de mares desconocidos, y entre tanto ríe 
para su capote, y guiña y fisga y chúpase los 
dedos. 



¡Revolución! Un tal Rev. B. Gr. Gibbs, Pas- 
tor de una Iglesia Baptista de Nueva York que- 
ría excluir de su Escuela Dominical á una de 
las maestrillas, cuya conducta no era un modelo 
de santidad, habiendo sido convencida de cierto 
coqueteo con un hombre casado. Es el caso que 
el superintendente, los profesores y alumnos de 
la escuela no querían perder la maestrilla, y el 
Pastor, los Elders y otros no querían aguantar- 
la. Hubo una junta, y se resolvió rogar al super- 
intendente que diera su dimisión. Peor! los maes- 
tros y discípulos empezaron á gruñir y dijeron 
que nones. El Domingo siguiente el Pastor en- 
tra en la escuela y anuncia que el superinten- 
dente y los maestros todos están destituidos y 
reemplazados por otros; y aquí estuvo lo mas 
lindo de la jarana: se marchó el superintenden- 
te; se alborotaron los maestros y se fueron; se 
fueron los alumnos, y sobre todo se fué el teso- 
rero de la escuela, llevándose la bolsa con todo 
su contenido. — Ahora entendemos porqué los 
protestantes no saben hablar de un Cura sino 
como de un tirano y un verdugo: será porque 
en su opinión las ovejas han de guiar al Pastor 
y no el Pastor á las ovejas. 



Un folleto auto una triste realidad. 



Los periódicos de Europa nos traen la dolo- 
rosa estadística de las vacantes en la iglesia 
Católica de Alemania, merced á la persecución 
noblemente sostenida por nuestros correligio- 
narios de aquel Imperio. 

En 788 Parroquias ha cesado todo servicio 



religioso; los Católicos se ven obligados á em- 
prender largas jornadas para eucontrar á un Sa- 
cerdote que les administre los santos Sacramen- 
tos, y les dé la oportunidad de asistir al vene- 
rando Sacrificio de los Altares. Y pueden to- 
davía reputarse afortunados aquellos, á quienes 
de este modo cabe la dicha de participar á las 
consolaciones de la religión; siendo así que á 
muchos ni siquiera les es permitido, ora por una 
razón, ora por otra, de llenar tan piadosos de- 
seos. Los Arzobispos de G-nesen y Colouia, así 
como los Obispos de Paderborn, de Munster, 
de Limburgo y de Breslavia, continúan en el 
destierro; las Sedes de Fulda, Tré veris y Os- 
nabruck han quedado sin pastor desde la muer- 
te ele los Prelados Koett, Eberhard y Beck- 
mann, acaecida mientras decretábanse las ini- 
cuas leyes de Mayo, que parecen haberles ace- 
lerado el término de su carrera. 

Los Sacerdotes ordenados en los dias aciagos 
del Culturkampf viven fuera de su patria, espe- 
rando la hora de su redención; los Seminarios 
están cerrados, los bienes eclesiásticos son ad- 
ministrados por el gobierno; y todas las Orde- 
nes y Congregaciones de Religiosos tuvieron 
que emigrar, en consecuencia de las famosas 
le} r es de 1873 y 1875. En cuanto á los conven- 
tos de Religiosas, fueron suprimidas las comu- 
nidades siguientes: las Benedictinas de Bonn y 
Wiersen; las Clarisas de Aquisgran, Colonia y 
Neuss; las Hermanas de Nuestra Señora ele 
Essen; las Religiosas del Salvador de Mulheim; 
las Ursulinas de Aquisgran, Duren, Dusseldorf, 
Hersen, Colonia y Moníjoie; las Hermanas del 
Santo Niño de Aquisgran con veinte sucursales; 
las Hermanas ele Sau Carlos Borromeo de Du- 
ren, Aquisgran, Crefeld, Steinfeld } r Colonia; 
cinco Monasterios de las Hermanas de Caridad, 
con la Casa-madre ele las Franciscas de la San- 
ta Familia; las Hermanas de San Francisco de 
Wilich; las Hijas de la. Cruz de Colonia, Bilk, 
Malniedy y Rath; dos conventos de las Herma- 
nas de San Vicente de Colonia, Deutz, Norf, 
Mulheim, Neuss, Dnssel, Fischeln, Hardenberg 
y Holzheim. Además varias sucursales fueron 
reducidas, y desterradas todas las Religiosas 
que en la Diócesis de Colonia dedicábanse á la 
enseñanza en los institutos, en las escuelas ele- 
mentales, en los asilos infantiles, en los estable- 
cimientos de orfandad, etc. Ni esto es todo. 
Poco ha el Ministro Falk, jactándose en las Cá- 
maras de Berlín ele haber ya destruido 701 co- 
munidades religiosas destinadas á la educación, 
hacia saber que las demás serian sacrificadas el 
dia primero del próximo Mayo. 

Sobrada razón, pues, tenia Su Santidad, León 
XIII, de escribir al Arzobispo de Colonia que su 
corazón no podía hallar descanso al ver. cení in- 
menso menoscabo de las almas, á los Pastores 
apartados desús rebaños; á los Sacerdotes im- 



Si- 



pedidos en el ejercicio de sus ministerios; á los 
Religiosos desterrados, y la educación de la ju- 
ventud aun eclesiástica sustraída del cuidado 
■y vigilancia de los Obispos. 

En vista de tantas ruinas, acaba de dar á luz 
un nuevo folleto el Conde Arnin contra su acér- 
rimo enemigo, el Príncipe de Bismark. El fin 
que se propone el ex-embajador de Prusia cer- 
ca del Vaticano, es el de mostrar al mundo lo 
que él hubiera hecho para que la disensión en- 
tre Alemania y Roma no tomara las proporcio- 
nes descomunales de un Culturkampf. 

Con mucha cordura la Germania de Berlín 
califica esta obrita del relegado Conde como 
una charla tan inútil, cuanto lo seria el fanta- 
sear sobre las condiciones políticas de Europa, 
dado caso que Napoleón I, en lugar de pasar 
los últimos dias de su vida sobre el escollo de 
Santa Elena, hubiese sido proclamado Rey de 
Jerusalen y ele todos los Judíos. A más de esto, 
el mencionado diario hace ver que no es sino un 
juego de palabras el modo, como el diplomático 
escritor quisiera se hubiese procedido en Ger- 
mania con respecto á la Iglesia de Roma. En 
efecto nos parece una jugarreta, poco diferente 
de la usada por el Señor de Bismark, el artificio 
propuesto por el Conde Arnin para evitar la 
contienda. Según él la situación no seria tan 
desgraciada y de tan difícil salida, si, luego des- 
pués de la definición del dogma de la Infalibi- 
lidad Pontificia, el Estado hubiese proclamado 
que la antigua Iglesia Católica habia dejado de 
existir. A fé nuestra, no vemos prácticamente 
ninguna diversidad entre la pretendida procla- 
mación y la mala pasada, con que el actual Can- 
ciller del Imperio ha vejado á los subditos del 
Papa Infalible. Esta manera de considerar el 
fantástico proyecto nos es confirmada por las 
palabras del mismo Conde, quien pretende que 
en tal hipótesis el Estado tenia el derecho de 
confiscar las propiedades de la "vieja Iglesia," 
y "darlos á disfrutar á solos aquellos Obispos y 
Sacerdotes que le hubieran quedado fieles." "A 
nosotros no nos extrañan, concluyela Germania, 
las zumbas del Conde Arnin, desde que juzgó 
ser cosa conveniente, en su calidad de represen- 
tante de Prusia cerca de la Santa Sede, entrar, 
á lado de los Generales Cadorna y Bixio, y por 
la brecha de Porta Pia, en la Capital de los 
Papas, y legitimar, por su parte, la mas injusta 
expoliación de la Potencia mas legítimamente 
constituida en el mundo. Dicho Conde obraria 
con mas sensatez, si para guardar su honor se 
abstuviera de dar á su poderoso adversario la 
satisfacción de decir: ved que bien hice cuando 
alejé del servicio del Imperio Alemán á ese 
hombre que gasta el tiempo en chacharas seme- 
jantes." 

Bien que todo esto sea verdad, y hagamos 
nuestra la opinión del órgano católico de Berlín; 



un pasaje, sin embargo, hallamos en el citado 
escrito que nos parece ser el fallo mas acertado 
que pueda darse sobre la política bismarkiana. 
Según los sentimientos expresados por Enrique 
Arnin, nadie como él puede estar tan convenci- 
do de que el Culturkampf ha de acabar en un 
chasco. No se puede dudar, nos dice, que los 
perseguidores de Roma, á pesar de que al em- 
pezar la lucha estuviesen ciertos de la victoria. 
se han embarcado una vez mas en una nave, la 
cual, después de haber sido el juguete de los 
vientos, irá á estrellarse contra la roca Irme de 
la Iglesia. Aguardábase un combate de héroes, 
y en vez se nos ha ofrecido el espectáculo de una 
riña sin dignidad. Además el desterrado Conde 
nos asegura, que sus ideas sobre este punto son 
comunes á cuantos hombres de Estado le honra- 
ron con su amistad, mientras, en estos últimos 
años, visitaba las diversas naciones ele Europa. 
Sin distinción de partido ni ele religión, todos le 
mostraron que reprobaban la táctica seguida por 
los gobernantes del nuevo Imperio. Para con- 
firmar con un ejemplo su aserto, nos refiere la 
siguiente conversación que tuvo con Adolfo 
Thiers, el finado ex-Presidentc de la República 
francesa. "Admito sin la menor contradicción, 
dijo Mr. Thiers, poco antes de abandonar su si- 
lla presidencia], que el Señor de Bismark es un 
hombre notable. Mas lo que no puedo entender, 
bajo ningún punto de vista, es su política reli- 
giosa. El se arrepentirá fuertemente de sus 
hechos; sí, él se arrepentirá. Tenga Yd. la bon- 
dad de escribirle de mi parte — no, no le escriba, 
pero dígaselo cuando se vea con él, que él está 
fuera de camino. Y á este propósito le quiero 
narrar un cuento. Estando para terminar la 
batalla de TVaterloo. Napoleón hallábase como 
desesperado. Entonces fué que Mr. Ouvrad 
acercóse al Emperador, y comenzó á hablarlo 
con una humorada de esta clase:— Majestad, le 
dijo; los Ingleses han perdido un gran número 
de soldados. Sí, replicó el Emperador, pero yo 
he perdido la batalla. Así tendrá un dia que 
exclamar el Señor de Bismark: La Iglesia ha 
sufrido graves pérdidas, pero } t o he perdido la 
batalla. El se arrepentirá; sí, no cabe duda, él 
se arrepentirá." 

Estos presagios del Magistrado-historiador em- 
pezaron á averiguarse; y una prueba de lo que 
afirmamos nos parece descubrirla en aquella 
misma veleidad de reconciliarse con Roma, que 
el Canciller Alemán afecta de vez en cuando, 
para no exasperar siempre más los ánimos de 
los Católicos. Mas estos, conducidos por el noble 
Herr Windthorst, se muestran ahora decididos 
á forzar al Príncipe de Bismark á que por ñ\\ 
manifieste sin disfraz sus intenciones. Hace ya 
cosa de seis meses que los órganos oficiales van 
llenando el airo con acentos de paz; } T , esto no 
obstante, en realidad de verdad las vejaciones 



92 



continúan del mismo modo que antes. Así es 
que los Católicos están cansados de tantas vayas, 
y desean que se ponga un término á todas las 
tergiversaciones. El medio mas expedito que 
ellos ven, á fio de que reine otra vez la concor- 
dia entre los hijos de la gran patria alemana, es 
el de volver, sin mas ni menos, á la antigua 
Constitución prusiana, cual existia antes de las 
leyes de persecución; y esto es lo que ellos uná- 
nimemente piden. El dia 23 del pasado mes, 
Rerr Windthorst hizo la moción de restablecer 
tres artículos de la Constitución que tocan las 
relaciones entre la Iglesia y el Estado. Pero 
inmediatamente fué presentada por el Señor 
Aegidi otra proposición en sentido contrario, 
que fué adoptada por la mayoría. De aquí, como 
también del tono que mantiene el Ministro Falk, 
échase de ver que la hora de una reconciliación 
verdadera está todavía bastante lejos. 



¡Son doce contra dos! 



El coro está formado; y es completo, formal, 
unánime. Doce cantores tiene el Nuevo Méjico, 
y todos cantan la misma tonada: "Escuelas no- 
sectarias queremos: escuelas sin catecismo, sin 
cura, sin ministro." Contra ese magnífico, y ar- 
monioso coro nc hay mas que dos voces: la de la 
Revista Católica y la de la Revista de Albuquer- 
<jue, que forman un dúo de oposición, pero, sabi- 
do es que, en un país ele sufragio universal, dos 
contra doce son como si no fueran: luego está del 
todo conforme á razón no hacer maldito el caso 
á lo que canten las dos Revistas, y considerarlas 
como importunos moscardones que pretenden 
estorbar con su enfadoso zumbido la grandiosa y 
encantadora melodía de los doce coristas, los 
únicos en este país, que gocen el imprescriptible 
derecho de ocupar los oídos de cuantos no sean 
sordos y quieran música. ■ 

Pues, señores; nosotros no somos sordos y 
queremos música: cantad: os escucharemos. 

¿Es posible que en toda esa venerable asam- 
blea periodística de nuestro Territorio no se 
halle quien sepa darnos, á favor de su tan mi- 
mado sistema de escuelas sin Dios, una sola ra- 
zón que se resista á la crítica? ¿Es posible que 
la ñor y nata de la inteligencia y de la ilustra- 
ción no posea una sola cabeza capaz de soltar 
una dificultad? ¿Es posible que dentro de tanto 
papel como se garrapatea, dentrode tantas colum- 
nas de vara y media como se llenan semana tras 
semana, no hayamos de encontrar mas (pie uno 
ú dos pobres sofismas nadando en la hinchada 
mar de una retumbante palabrería? 

Pocas semanas ha pedíamos á los fautores de 
la enseñanza sin Dios (pie nos declararan sus 
razones y el fundamento en que hacen estribar 
su tesis. Al ver el ahinco con que la sostenían, 



esperábamos nos saldrían al encuentro con un 
ejército de argumentos ineludibles, contra cuya 
fuerza y pujanza quedarían desbaratadas las 
razones y la autoridad de sus adversarios, Cato'- 
licos y Protestantes. No hubo tal. Se unieron 
en coro, y si se exceptúa la consabida retahila 
de palabrotas como las de ' "hipócritas," "traido- 
res,'' "payasos,' - '' "intolerantes," "opresores," 
"embaucadores," "faltos de sano juicio," "ecle- 
siasticismo," "civilización latina," "sostenedores 
de la ignorancia," etcétera, etcétera, etcétera; 
de toda aquella sabiduría colectiva no ha salido 
mas que el viejo relumbrón de "tal es el gran 
sistema americano:" "lo contrario es una viola- 
ción de la Constitución:" y, sobre todo, "quere- 
mos el capital: no vendrá el capital, si no tene- 
mos escuelas no-sectarias. 11 Ahora bien, todo 
eso ha sido confutado ya mas de una vez, implí- 
cita o' explícitamente; y fuera de eso, desafiamos 
al mas pintado á que halle otra razón, que tenga 
visos de plausibilidad, en el piélago de palabras 
en que se ahogan los non- sedarían. 

¡Y arman tanta bulla! ¡y se ponen tan engreí- 
dos, porque son doce contra dos! Si la enseñan- 
za sin Dios no tiene otros abogados, está hundida. 
Si no pueden defenderla, sino por el estilo con 
que los Escribas y Fariseos defendieron su plei- 
to contra el Cristo, bien podrán salir con la 
suj^a, y clavar en la cruz la enseñanza religiosa 
y la pobre juventud del Nuevo Méjico: pero el 
buen éxito no será prueba del buen pleito. 

— ¿Qué tenéis que decir contra este hombre? 
preguntó Pilatos á los Fariseos. 

— ¿Qué tenemos que decir? Si no fuese un 
malhechor no le llevaríamos delante de tí. 

— Pero ¿qué ha hecho? 

— Ha sublevado el pueblo: ha prohibido pa- 
gar el tributo al César: lia dicho que era Hijo 
de Dios, etc. 

— Yo no le hallo ningún crimen — repuso el 
Presidente después del examen.. „ 

— ¡Ningún crimen! Yaya! ningún crimen! Cru- 
cifícale: crucifícale. 

— Pero, señores; yo no puedo crucificar á un 
inocente. ¿Qué mal ha hecho este hombre? 

— Crucifícale: crucifícale: lié aquí el mal que 
ha hecho. 

¡Si no discurren del mismo modo los non-sec- 
tarian! Les preguntáis: ¿Qué tenéis que decir 
contra la enseñanza religiosa? 

— Si no la desechamos no vendrá el capital. 
—Pero, ó esc capital es religioso, y entonces 
no se opondrá á la enseñanza religiosa: 6 es ir- 
religioso, impío, ateo, y entonces no tiene dere- 
cho á (pie se satisfaga á sus antojos irreligio- 
sos á expensas de un público religioso, y con 
detrimento y mengua del mismo. 

— El capital, el capital: no viene el capital si 
no establecemos las escuelas no-sectarias. 

- — Pero mirad que antes del capital va la mo- 



93- 



raudal y la religión del pueblo, bases primarias 
é indispensables de toda grandeza social: mirad 
que si la juventud no se educa cristianamente, 
el Cristianismo se va de esta tierra: mirad que 
la cultura intelectual sin la cultura religiosa solo 
es capaz de producir picaros inteligentes, pica- 
ros refinados, mas temibles que los picaros ig- 
norantes. 

— Nada, nada: Escuelas no-sectarias quere- 
mos. Queremos el gran sistema americano. 

—¿Qué americano, si América nacid y medró, 
y fué grande y respetada y envidiada de todas 
las naciones de la tierra, cuando no conocia to- 
davía ese sistema? ¿Qué americano, si la parte 
mas sana del pueblo americano, representada 
por tantos periódicos de primera línea, está gri- 
tando y protestando, de un cabo á otro de la 
nación, contra ese método de enseñanza "radi- 
calmente vicioso," y que "recluta el grande 
ejército de los facinerosos y haraganes?" 

— Ah! hipócritas! eso es violación de la Cons- 
titución: es atropello de la ley. "La enseñanza 
de dogmas sectarios á costo público es en direc- 
ta violación de la ley fundamental." 

"¡Dogmas sectarios!" "¡á costo público!" Pero 
señor, ¿de qué bolsillos sale el dinero para esta 
enseñanza? ¿No sale acaso de bolsillos sectarios? 
¿Y queréis apropiaros el dinero de los sectarios 
para una educación no-sectaria? ¿Es eso otra 
cosa mas que "un robo legalizado?" El sectario 
os habla así: "Me quitáis aquel dinero con que 
yo educaría á mis hijos, y me decís: Nosotros 
nos cuidaremos de educarlos — Está bien; pero 
yo los quiero educar cristianamente — Ah, no: 
eso no podemos hacerlo nosotros — No podéis? 
pues venga acámi dinero: los educaré yo;" y 
¿qué se le contestará á quien hablare de esta 
manera? ¿Acaso que debe sacrificar su dinero al 
bien público? Os replicará que sí, que al bien 
público lo sacrificará todo de mil amores: no 
solo su dinero, sino su vida misma, si necesario 
fuere; pero que la escuela sin Dios no es sino 
"un sistema que engendra la truhanería y el 
manejo de camarilla;" lejos de ser un bien pú- 
blico, es el principio de la ruina y subversión 
pública; y el patriotismo oblígale á no concurrir 
á ella con su dinero. Quitárselo es, pues, un 
"robo legalizado." 

— ¡Jesuítas! ¡traidores! La ley fundamental 
ele este país respeta todas las religiones; luego 
no debe favorecer ni proteger ninguna en par- 
ticular. 

— Respeta tocias las religiones ¿y por eso vos- 
otros queréis proscribir y vedar el primer acto 
propio y esencial de cada religión? ¿Sabéis cuál 
es el primer acto fundamental de cada reli- 
gión? Es el enseñar sus dogmas y su moral á to- 
dos sus afiliados, grandes y chiquillos: sin esta 
enseñanza no hay religión posible. El gobierno 
.no protege, ni favorece á ninguna religión en 



particular, si á todas las que quieren les deja 
enseñar lo que han de creer y obrar los de su 
fé. 

— Que se lo enseñen en la Iglesia: pero uo en 
la escuela. 

— No, señores: en todas partes, pero princi- 
palmente en la escuela. La escuela es el tem- 
plo, es el santuario de la niñez. O sino ¿porqué 
decís vosotros mismos que en la escuela pública 
se hade enseñar "el patriotismo, la reverencia 
por la Deidad, la honestidad, la moralidad, el 
respeto mutuo por los derechos de cada uno?' 1 
Vosotros confesáis que allí, en los umbrales de 
la escuela, donde casi únicamente el niño vive 
de su vida espiritual, allí es menester desvelar- 
se principalmente para labrar y pulir esa pie- 
dra tosca y dura del corazón humano, y escul- 
pir en él todos los nobles sentimientos que for- 
man al hombre y le elevan sobre la materia y 
sobre sus instintos animales. ¿Y todo eso inten- 
táis lograr vosotros, sin la religión revelada? 
¿con el solo tenue reflejo de la luz racional, ofus- 
cada por (antas y tan fieras pasiones? A buen 
seguro os creéis mas afortunados que los mas 
famosos é insignes filósofos de la antigüedad. 
A buen seguro no os ha enseñado nada Ja de- 
sastrosa historia del gentilismo; nada, la torpe 
historia de la revolución francesa; nada, las lla- 
gas de los errores sociales que asolan ahora tan 
grande parte del orbe civilizado, bajo las ense- 
ñanzas, ó mejor dicho, las fatales aberraciones 
del filosofismo moderno divorciado de la Reve- 
lación. 

¿Qué patriotismo, que reverencia por la Dei- 
dad, qué honestidad, qué moralidad, qué respe- 
to mutuo por los derechos ele cada uno podréis 
fundar sin la religión positiva del Cristianismo? 
¡Vanas utopías! ¡sueños é ilusiones de entendi- 
mientos livianos, que nunca han hondeado la 
malicia y feroz perversión de las pasiones hu- 
manas! Ah! con todo y la religión revelada; con 
todo y la voz de un Dios que manda, de un 
Dios que promete dichas interminables, de un 
Dios que amenaza con eternos castigos, con todo 
y el ejemplo de un Dios hecho hombre y muer- 
to en una cruz para enseñarnos la seuda de la 
virtud y atraernos á ella, tantos hay en quienes 
la ciega pasión se resiste, se rebela y vence; ¿y 
vosotros esperáis refrenarla y subyugarla con 
que así lo manda un Aristóteles, ó con que así 
lo dicta la idea de lo justo? Sí! será la autori- 
dad de un Aristóteles de mas peso que la auto- 
ridad del Criador y Señor Eterno del mundo! 
será mas eficaz que la enseñanza, la vida y la 
muerte del Salvador de los hombres! ¡Se aman- 
sarán en el siglo XIX y se rendirán finalmente 
á la fría idea de lo justo esas fieras indomables 
y crueles, la venganza, el odio, la desespera- 
ción, la ambición, la lujuria, la codicia, á las que 
ningún otro siglo pudo hacer conocer y respetar 



-94- 



lo justo! ¡A. la verdad la experiencia confirma 
esas esperanzas tan halagüeñas! ¿Por ventura 
no ha sido desterrado de la tierra el crimen, 
desde que tenemos escuelas 710 -sectarias? Oh! 
callémonos! las estadísticas nos darían un atroz 
y formidable mentís. ¿Y qué repone á todo eso 
el coro de los doce? — Argucias! casuitismo je- 
suítico! sofistería! Tal es la última palabra de 
nuestra prensa territorial. 

Señores! antes del número, oponednos bue- 
nas razones. A ver si aceptáis un reto: os desa- 
liamos á* que deshagáis nuestros argumentos á 
favor de las escuelas religiosas y las réplicas 
que ofrecemos á los vuestros. Si lo conseguís, 
podréis jactaros justamente de ser doce contra 
dos, y felicitaros del buen éxito de lo que con 
tan arrogante locuacidad estáis llamando "la 
discusión." Si no lo conseguís, acordaos que el 
número, por sí solo, no dice ni significa nada. 
Si algo significase, la ventaja ele toda disputa 
estaría siempre del lado de los necios, porque 
"el número de los necios es infinito." Ecl. I. 15. 



y manera de enseñar las ciencias sagradas y filosófi- 



cas. 



León XIII y los Jesuítas. 



El telégrafo empieza otra vez á divertir la gente 
sobre las enemistades entre el Papa y Jos Jesuítas. 
El discurso pronunciado por su Santidad el 27 de 
Noviembre último, en una recepción que dio á los 
Jesuítas de la Universidad Gregoriana, echará un 
poco de luz sobre este asunto. 

Muy grato, por cierto, es para cada amante del estu- 
dio la memoria de aquel tiempo, en que su mente, 
ávida de conocimientos, ejercitábase en el palenque 
de las ciencias y de las letras; ni pueden recordarse 
sin placer la sede de la primera educación, ni los va- 
rones esclarecidos que con sus cuidados, madurez y 
diligencia, instilaron en el alma las doctrinas mas 
elevadas y sanas. Por lo tanto no ha sido poco el 
gozo que hemos tenido en veros aquí presentes y es- 
cuchar vuestras palabras, siendo que así habéis des- 
pertado en nuestra alma el recuerdo de aquellos tiem- 
pos felices, en que nos hallábamos entre los alumnos 
dol Colegio Eomano. Y á la verdad huélgase el áni- 
mo al recordar el dulce sosiego de aquellos días, el 
ahinco en promover los estudios y la sabiduría y li- 
beralidad de nuestro Predecesor, León XII, que ha- 
bía ya devuelto el Colegio Eomano á los Padres de 
la Compañía de Jesús. El mismo placer experimen- 
tamos en llamar á la memoria aquel crecido número 
de alumnos, aquellos exámenes públicos, aquellas so- 
lemnes disputas, y aquellos ilustres y valientes Cate- 
dráticos que las presidian, como Juan Curio, Juan 
Perrone, Francisco Manera, Andrés Garata, Antonio 
Ferrarini, Juan Bautista Pianciani y otros, á quienes 
tuvimos por maestros y amigos. Asimismo declara- 
mos públicamente y de buen grado que, desde aquel 
tiempo, nos quedamos tan sinceramente afectos á a- 
quellos hombres eminentes y á vuestro Ateneo, que 
nuestra afición ni lia disminuido ni podrá disminuir 
jamás. 

Tampoco podemos disimularos el consuelo que he- 
mos tenido al ver con qué docilidad y cuan plenamen- 
te habéis aceptado nuestras ideas acerca del método 



Y á la verdad, todos estáis convencidos de lo muy 
importante que es hoy dia el que los jóvenes, y so- 
bre todo los que deben ser la esperanza de la Iglesia, 
sean instruidos en doctrinas sólidas y sanas; no sola- 
mente, para que puedan refutar los muchos errores 
que cunden por doquiera ya contra las verdades re- 
veladas, ya contra las mismas bases de las verdades 
naturales; sino también para que opongan así una 
doctrina sólida, y de todo punto conforme con la fé y 
con la razón, á la que sola en nuestros dias pretende 
merecer el nombre de ciencia, y que, hostilizando la 
fé á la par que la razón, ha llegado ya casi á ejercer 
el primado. 

Sin embargo, si hay doctrina verdaderamente acre- 
edora á ese noble título de ciencia, esta no nos pare- 
ce ser otra que la que, hallándose esparcida en 
los libros de los Santos Padres, ha sido por los Doc- 
tores Escolásticos, y principalmente por su ilustre 
Jefe Santo Tomás, reducido á un solo perfecto cuer- 
po de doctrina; doctrina colmada de las alabanzas 
sea de los Concilios ecuménicos sea de los Pontífices 
Eomanos; doctrina que por muchos siglos ha dado 
la ley y el tono en las universidades y colegios cató- 
licos. Por lo tanto, queriendo, para el resplandor y 
el bien de los estudios, devolver á esta doctrina su 
primera dignidad y atribuciones; no podemos menos 
de dirigir nuestras miradas á la Universidad Grego- 
riana; porque, aunque veamos con mucho sentimien- 
to nuestro que ella haya sido desterrada de sus anti- 
guas aulas, y que, por culpa de los tiempos, hállese 
reducido el número de sus alumnos; sin embargo, ta- 
les son todavía su importancia y celebridad, que mu- 
cho podrá ayudar para la restauración y el buen nom- 
bre de los estudios. 

Ni puede caber duda que vosotros, como lo habéis 
prometido, pondréis todo esmero en llevar adelante 
ese mismo intento. Porque esto exigen de vos- 
otros la rendida obediencia, que en fuerza de vuestro 
Instituto, profesáis hacia la autoridad Pontificia, y 
las mismas Constituciones de vuestra Compañía, las 
cuales han sabiamente mandado que, en vuestras es- 
cuelas, ias ciencias teológicas y filosóficas se enseñen 
conformemente á las doctrinas y método de Santo 
Tomás. Esto también exigen ele vosotros la índole 
y condiciones de la Universidad Gregoriana; en la 
cual juutándose jóvenes de varias naciones, para ser 
educados, más fácil y prontamente podrán esparcirse 
por el mundo las sanas y verdaderas doctrinas, cuan- 
do ellos mismos ¿las tengan aprendidas y grabadas 
profundamente en su espíritu. 

Con esta esperanza en el alma, encarecidamente 
rogamos al Dios de las misericordias y Padre de las 
luces, que alumbre vuestros entendimientos con sus 
divinos esplendores, y os dé cada dia mas fuerzas en 
medio de las luchas que sostenéis por la verdad y 
ahora, para que tengáis una prenda de esos celestia- 
les favores á la par que un atestado de nuestra bene- 
volencia, damos de todo corazón la bendición Apos- 
tólica á vosotros, á toda vuestra Compañía y á todos 
los jóvenes que se educan en vuestras escuelas. 



95 



¿♦ M^ É W ^Hl O M 



LA POBRECILLA DE CASAMARI. 



(Continuación — Pag 83-8I.J 

— ¡Demasiado! bastan los que nos contaba nuestro 
buen padre corno aeaecidos en su tiempo y que yo 
tengo muy presentes en la memoria. ¡Cáspita! y ¿cómo 
quieres que Dios no se ofendiese do un perseguidor 
de la Iglesia como Napoleón I, que llenó los castillos 
de sacerdotes, obispos y cardenales y hasta puso sus 
manos en el Santo Pontífice Pío VIÍ, que era un cor- 
dero de mansedumbre? Lo mismo debe decirse de 
los compradores de bienes de la Iglesia. De estos ya 
lie visto á muchos quedar por puertas; y les estuvo 
bien empleado. Peí o yo no hablaba de esta raza de 
excomulgados; pues yo, gracias á Dios, no he tocado 
ni en un pelo á nadie ni á clérigo, ni á lego, ni creo 
que posea ni una paja, que hubiese sido de la Igle- 
sia; antes por el contrario, y no lo digo por alabarme, 
pero en mi casa mas bien se da á la Iglesia, que se 
quita. Todos estamos agregados á la sociedad de la 
Propagación de la fé; mis dos niñas están asociadas 
á la Santa Infancia; mi mujer forma parte de una 
congregación de caridad para socorrer doncellas me- 
nesterosas, yo, aunque indignamente, estoy alistado 
en tres cofradías, y además soines bienhechores de 
algunos conventos. .No lo digo por vanagloria, sino 
por manifestar la verdad; pero en mi casa sus cincuen- 
ta ó sesenta reales al mes se emplean en obras pia- 
dosas, antes mas que menos. Por esto puedes cono- 
cer que al cabo nosotros no tratamos como hijastros 
á nuestra Santa Madre Iglesia. 

— ¿Y quién duda de eso? yo siempre he dicho que 
justamente, porque no sois avaros con Dios, por eso 
gozáis de prosperidad en vuestros negocios. Pero 
¿qué tienen que ver esas justificaciones tuyas con lo 
de las excomuniones? 

— ¡Aquí hay su dificultad, P. Ensebio, la hay, la hay! 
prorumpió la esposa con ansiedad y no sin cierta ma- 
liciosa afectación. 

— Calla, charlatana; la interrumpió el marido mi- 
rándola ceñuda; yo te había hablado así, Eusebio, 
porque á mí me gusta ver las cosas claras. Figúrate 
que esta beata de mi mujer, desde que empezaron los 
cambios políticos en Italia todos los dias me está 
rompiendo la cabeza con sus ridículos discursos so- 
bre las excomuniones; yo no puedo decir que es lo 
que se le ha metido en la cabeza. A hacerle caso, 
quien ama á la patria, según se entiende hoy, es un 
renegado, es un turco y desgraciado de él; tiene sobre 
su tejado la bomba que le arrasará la casa hasta el 
suelo. Dime, todas estas ¿no son insignes tonterías? 
— No señor; yo no digo eso; replicó Magdalena 
levantándose con ímpetu y agitando el índice de su 
diestra delante de la cara del marido, lo que sostengo 
es, que todos esos bribones, que han arrebatado al 
Papa sus provincias y todos sus cómplices son ene- 
migos de Dios y están excomulgados y malditos; y en 
particular sostengo que esos pájaros del comité pia- 
montés de Roma son unos sectarios, unos francmaso- 
nes, unos desdichados, que se arruinan á sí y á sus 
familias y con el pretexto del amor á Italia hacen la 
guerra á Jesucristo en la persona del Santo Padre. 
Y por lo mismo todos los tontos, que pagan un tanto 
al mes á esos picaros, estañen grave peligro de incur- 
rir en las censuras de la Iglesia; porque tan ladrón 
es el que roba, como el que tiene el saco. 

—Basta, basta; gritó Trajano; si empiezas á tocar 
á esa tecla, tienes para rato. Mudemos de registro y 
hablemos de otra cosa. 



Aquella noche se mudó de registro y se habló de 
otra cosa. Sin embargo las preguntas que Trajano 
hizo al religioso con tanta espontaneidad; las escusas 
no pedidas que con tanta sencillez presentó; sus pa- 
labras embrolladas; las dudas, todo demostraba quo 
él estaba en balanzas y que la historia del desgracia- 
do Peregrino se le habia atravesado en el corazón 
como un agudo dardo. 

LVI. 

El dia siguiente comenzó á extenderse en Poma la 
noticia del incendio, saqueo y profanación de la aba- 
día de Casamari y cada uno la apreciaba á su mane- 
ra. Quien se negaba á prestarle fé; quien se encogia 
de hombros y permanecía mudo; quien (y eran loa 
liberales mas ardientes) gritaba: ¡Mentira, calumnia! 
invenciones de los enemigos de Italia; quien (y estos 
eran los liberales moderados) exclamaba — ¡Las tro- 
pas regulares, no es posible! si se tratara de las mes- 
nadas de Garibaldi no seria improbable. 

Trajano era de los que no sabían que opinión con- 
viniese manifestar. A todos sus amigos de cierto color 
les repetía que él mismo habia oido los cañonazos y 
aun se fingía pesaroso por no haber podido hallarse 
presente á la llegada de aquellos valientes campeores 
de la independencia de la patria. Pero también juz- 
gaba inverosímil, increíble, imposible que soidadoa 
tan valientes cometiesen aquellas atrocidades propias 
solo de bárbaros ostrogodos. 

Mas á las primeras noticias sucedieron las segundas 
ce n relaciones detalladas de todo lo hecho por los 
piamonteses en su excursión á la abadía; relaciones 
que estampó el Giornale di liorna y confirmaron el 
P. Abad de Casamari y otros muchos testigos ocula- 
res. En vista de esto ya nadie pudo dudar en Poma 
de la verdad de lo acaecido; de aquí que en todas 
partes no se oian sino críticas, sátiras é improp<rics 
contra los liberales, á quienes no cupo mas recurso 
para librarse de la tormenta, que encerrarse en sus 
casas, fraguando entre tantos nuevos embustes para 
esparcir en todos los periódicos de sus ideas y justifi- 
car de este modo á los valientes "que en Casamaii 
habían" vindicado el "honor de la nación." 

Pero este torpe manejo liberalesco de cambiar los 
papeles, absolviendo á los reos y condenando á los 
inocentes, no biüo buen efecto en Poma, en dondo 
hasta los liberalotes mas sencü'os, aun de los que es- 
tán acostumbrados á tragar ruedas de molino repro- 
baban aquellos horribles escesos. 

Y en verdad, nuestro Trajano era también de aque- 
llos que, después de cerciorados del hecho lo detesta- 
ban alta y poderosamente; y él con tanta razón, 
cuanto que temia que en medio de aquel trastorno 
alguna nueva desgracia hubiese alcanzado al capitán 
y á su hija; de la que ya casi se consideraba como 
tutor al menos provisional. Por esto hizo grandes 
diligencias para adquirir noticias de Peregrino y de 
Maria Flora; pero no habiendo conseguido nada en- 
vió un propio, que fué aquel que, habiendo ido á la 
casa de Vito, se encontró con la mujer que le dio las 
dos noticias que le trajo; esto es, que el capitán ha- 
bia muerto y que la hija habia desaparecido. 

— ¿Cómo desaparecido? preguntó Trajano doloro- 
samente sorprendido. 

— Aquella aldeana me ha dicho que no lo sabia; 
pero que sospechaba que algún soldado la habia ro- 
bado; porque, decia ella, entre aquella tropa habió 
diablos propiamente en carne. 

— Vete á paseo tú, ella y todos los bribones tus 
iguales, gritó Trajano encolerizado. ¡Robarla los pia- 






-96- 



monteses! ¿No conoces, pedazo de bárbaro, que aque- 
llos soldados son el honor de Italia y que es pecado 
mortal contra la caridad hasta sospechar que pudie- 
sen deshonrar sus insignias con tales infamias?-' 

— Perdonad, D. Trajano; yo si be hablado así, fué 
para repetiros lo que me ha dicho la mujer. Por lo 
demás poco cuidado se me da de esos hombres, que 
si entrasen en Poma harían saltar hasta la cúpula de 
San Pedro. Vayanse en hora mala, que maldita el 
ansia que se me da. Si vierais cómo pusieron el con- 
vento de Casamari, pongo cualquiera cosa que habla- 
ríais de otro modo. Los cristianos no incendian 
monasterios, ni saquean iglesias. 

— Tales atrocidades las habrá hecho alguna banda 
de forragidos, que se habrá unido á las tropas. ¿O 
piensas tú que hay que comprender á unos con los 
otros? 

Todas estas no fueron mas que palabras, que él 
profirió mas bien por un golpe de vano orgullo que 
por otra cosa. En efecto al comunicar después á su 
esposa y á Plamina las noticias que habia traído el 
propio y al oír sus lamentos, no pudo menos de mos- 
trarse persuadido de la posibilidad del hecho. Cuan- 
to mas pensaba sobre este asunto mas se arraigaba 
en su ánimo la persuasión, conmoviéndose al mismo 
tiempo hasta el punto de que, maldiciendo á los que 
antes ponia sobre las nubes, lloraba á lágrima viva, 
como si hubiese perdido una hija tiernamente queri- 
da. Y con él lloraba Flaminia, que no lo dejaba en 
paz, para que por todos medios procurase rescatar 
á la pobrecilla; y lloraba también Magdalena, que no 
perdía esta ocasión para separar á su marido de todo 
trato y amistad con los liberales, gente que, como 
ella decía, ni tiene paz para sí, ni la deja tener á los 
demás. 

Ni esta era ahora empresa difícil; pues, efecto de 
las razones dichas, se venia verificando en el ánimo 
de Trajano tal cambio de ideas y afectos, que él, aun 
sin las continuas baterías de Magdalena, estaba en 
óptimas disposiciones para romper de una vez con 
aquella pandilla, que él detestaba en el fondo de su 
corazón, porque conocía sus malas artes; pero á la 
que se habia mostrado siempre sumiso por poquedad 
de espíritu y por cierta ridicula vanidad, que quizá 
fuese el mayor defecto de su buen natural. Por todas 
estas cosas tan blando se mostró á los ruegos de su 
esposa y á los sabios consejos de su hermano, que 
un día puesta la nian.o sobre el corazón prometió 
romper todos sus tratos con los liberales: de cual- 
quiera matiz que fuesen; y en el afán de convencer á 
sus dos interlocutores tanto se enardeció; que toman- 
do en la mano el cordón del P. Eusebio. — ¿Queréis 
mas? llegó á decir; que me ahorquen con este cordón, 
si de aquí en adelante no echo en la caja del óbolo de 
San Pedro los tres escudos al mes, que antes entre- 
gaba á esos tragones del comité. 

— ¡Dios lo haga y San Francisco bendito! exclamó 
Magdalena cruzando las manos y elevando al cielo 
sus ojos arrasados en lágrimas. 

- ¡Bien, 'Trajano querido! dijo por su parte el her- 
manó abrazándolo cariñosamente; el Señor te conceda 
la santa perseverancia. 

— ¡Oh! veréis, veréis como sé ser hombre de conse- 
cuencia. 

El gozo do Magdalena por su inesperada victoria 
on aquellos primeros momentos fué indecible; sin em- 
bargo no haciendo gran caudal de la heroicidad d@ 
Trajano al despedir al padre; ¿Que decís, P'. Euse- 
pio?,' le interrogo en voz baja; ¿perseverará? 

— Esperémoslo así. 



— Pero está tan acostumbrado á decir una cosa y 
á hacer otra, que yo no puedo hacerle caso. 

— Esta vez esperemos que no hará así. 

— Y tendrá bastante valor para volver la espalda 
á esos glotones del comité! 

— Escucha Magdalena; el comité es hoy la fábula 
de Roma, porque toda Roma ve como dan con la ca- 
beza contra las paredes desesperados por no hacer 
mas que fiascos. No conoces que ahora mas va- 
lor se necesita para poner buena cara á esa turba de 
bribones, que para ponerla mala? 

LVII. 

— De cualquiera manera que sea persuadios, que 
ninguno de los amigos esperaba, que os retiraseis 
así. A este paso nuestro partido se desvanecerá co- 
mo el humo, y pronto quedaremos reducidos á «ero. 
¡Ah, D. Trajano, pensadlo bien! 

■ — Ya os he dicho .que lo tengo pensado y que no 
quiero que me vengáis á hacer perder los estribos. 
Además hoy no estoy para ocuparme de estf s cosas. 

— De modo que diré á los amigos, que ves en 

suma ¿qué les he de decir? 

— Que no puedo pagar los tres escudos; porque 
ahora mis intereses no me permiten echar el dinero á 
la calle. 

— ¡Echar á la calle! Lo que se gasta por la patria 
no es dinero perdido. 

— ¿Sí, por la patria eh? ¿Cuerpo de mi abuela? 
Hacedme el favor. . .no me obliguéis á decir lo que 
no quisiera. 

— Bien, bien; ya veo que esta mañana estáis de 
mala luna. Y ¿qué mas les debo decir? 

— Lo que me habéis oido; vos no sois sordo, ni yo 
he hablado en alemán. 

— En nuestro café diré, que vos ya no volvereis, 
porque habéis encontrado otro mejor; por ejemplo, el 
Veneciano, que es donde se reúnen todos los oscuran- 
tistas de Roma, ¿no es verdad? 

— Que Veneciano, ni Veneciano. ¡Por Baco! yo 
voy á donde mejor me place; y ni á vos, ni á nadie 
tengo necesidad de dar razón de mis hechos, ¿com- 
prendéis? Y tomad pronto la puerta antes que vayáis 
roda>ndo por las escaleras. 

— ¿Por que tanta cólera? Por caridad, D. Trajano, 
sosegaos. Al fin yo no vine aquí por cuenta propia. 
Considerad que quien me ha enviado no es ana per- 
sona cualquiera. Nuestro D. Pepe no es un hombre 
con quien se juegue, como vos estáis haciendo conmi- 
go. Es un gran talento; un gran literato, un gran 
político, á quien el Conde de Cavour estimaría tener 
á su lado en Turin. 

— Pnes que vaya á caballo del diablo, que ¡o lleve 
y que bese los pies al Miuistro Cavour, y á mi que me 
deje en paz. Y acabemos de una vez. 

— ¡Ah, D. Trajano, D. Trajano! basta. Si fueseis 
tan hombre de bien, como todos creíamos sin tantos 
ambajes diríais que sí, que habíais vuelto la casaca, 
que os habíais arrepentido de haber sido medio libe- 
ral y que ahora también vos sois papista. ¿Para qué 
fingir? Ese fraile que á cada paso viene á vuestra 
casa, os ha cogido en la red y os ha alistado cutre los 
sacristanes de la Tercera Orden, Va bien, bien. ¡Vi- 
va la farsa! Adiós. 

— Vete, insolente, que si vuelves á poner el pié en 
mi casa, no saldrás como entraste. 



( Se continuará.) 





Se publica todas las semanas, en Las Vegas ? N 



"Ti ÍT 

ifil 



1 de Marzo de 1879. 



SUMARIO. 

Ceóxicí Gssekax — Sección Píidosa: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Semana — Santos Ensebio y Celedonio, mártires — 
Encíclica de S. S. León XIII — Actualidades: — Efectos de una 
medicina — ¿En qué quedamos? ¿Hay 6 no hay nn sist orna de es- 
cuelas? — Recuerdos para los católicos — Parecer de la Revista Evan- 
gélica — Un consuelo — Programa del gobierno actual en Francia — 
¿Son ateas las escuelas non-sectarian?— La Pobrecilla de Casamari. ' 



CRÓNICA GENERAL, i 



íclilo, en Eoma el 11 de Enero, después 
de una muy corta enfermedad el muy Eev. Padre 
José María Rodríguez, vicario general de la orden de 
Nra. Sa. de la Merced, hombre de mucha piedad y 
que ha hecho en obsequio de su orden muy importan- 
tes servicio?. 

Mñr. Guibert. s Arzobispo de París, contestando 
á upa carta del P. Hyacinthe, en la cual este le daba 
noticia de que iba á inaugurar una Iglesia protestan- 
te en aquella ciudad, dice que el lo tiene en cuenta de 
un loco y que este es un ejemplo del castigo que Dios 
tiene reservado á su infidelidad. 
_ VeSuíc j €los Señora© católicas de las provin- 
cias del Ein, han dirigido al Emperador de Alemania 
una petiiíion en contra de la supresión del Convento 
de las Ursulinas t n Nonemvorth y Tihnvailer. 

filadla y TW^aBÍa, han convenido en un trata- 
do definitivo. Según este tocias las estipulaciones del 
tratado de San Steí'ano, serán mantenidas, según las 
modificaciones del Congreso de Berlín. Todas las de- 
más estipulaciones son reemplazadas por una indem- 
nización de 300,000,000 de rublos en papel. Debe 
todavía determinarse la indemnización por el mante- 
nimiento de los prisioneros turcos, que será pagada 
en veinte y uno plazos. Los Rusos evacuarán el 
territorio tarco dentro de cuarenta dias, comenzando 
de la notificación del tratado. 

Mñp. ffresprez, Arzobispo de Tolosa y Narbona 
ha sido promovido á la dignidad de cardenal. 

IKi HVesMeaíe CJreVy ha firmado un decreto, 
en el cual se nombran y reemplazan diez y ocho ge- 
nerales y doce comandantes del ejército. 

Además se aguarda la publicación de otro decreto, 
con el cual siete Procuratores Generales serán trans- 
feridos, y otros doce destituidos ó declarados cesan- 
tes. 

Finalmente dícese que serán trasíeridos otros cua- 
tro comandantes del ejército y otros nueve destitui- 
dos. 

IDel Paso, Méjico, anuncian que la semana 
pasada los apaches en numero considerable asesinaron 
á tres hombres _ y un niño, cerca del Presidio Viejo. 
Robaron también treinta animales, caballos y mu- 
las, pertenecientes á Don Jesús Domínguez. Inme- 
diatamente que se supo la noticia en el Carrizal, Don 



José Rodríguez salió con resenta hombres en perse- 
cución de los bárbaros. Asegúrase que después de 
dicha correría, el Sr. Rodríguez resguardará con sus 
soldados aquella linea. 

En la misma semana, una brnda de merodeadores 
téjanos robaron en el Distrito de Galeana, Chihua- 
hua, dos mil reses que estaban pasteando en la Lagu- 
na de las Palomas. (El Fronterizo.) 

€'©Biver§ií>!Ee§. — El día 19 de Enero, fiesta del 
Smo. Nombre ele Jesús, el Eev. P. GuidaS. J. recibió 
en el seno de la Iglesia Romana á la u uy respetable 
Señora- Croswell, viuda del Eev. William Croswell, 
Eector de la Iglesia del Adviento. 

No hace mucho que el Eev. Robinson, antes perte- 
neciente á la Iglesia Ritualista del Adviento, fué á 
Inglaterra y entró en el noviciado de la Compañía de 
Jesús. 

. La Srita. Kishingburg, Secretaria de la Asociación 
nacional de los espiritistas ingleses, ha abrazado la 
fe católica. La Señora Nichols, también una de las 
célebres espiritistas de Inglaterra, ha imitado su 
ejemplo. 

Mñw» Srace, Obispo ele St. Paul Minnesota, 
está preparando todo lo necesario, para edificar un 
Seminario diocesano. 

¡Hésesag-áüeiise! — El Muy Rev. P. Becks, ge- 
neral de nuestra compañía, en una carta á los Pro- 
vinciales escribe lo siguiente: 

"El público y la prensa se ocupan mucho, aunque 
con diferentes miras, acerca de la doctrina y conducta 
adoptada por la Compañía, relativamente á las varias 
formas de los gobiernos políticos. En este conflicto 
yo estoy obligado por mi oficio á recordar á los Pro- 
vinciales lo que quiere nuestra Compañía en este par- 
ticular. La Compañía de Jesús es una orden religio- 
sa, y por lo tanto no tiene otra doctrina ni sigue otra 
conducta que las de la Iglesia Romana, como lo de- 
claró en 18-17 mi predecesor el P. Eoothan. La ma- 
yor gloria de Dios y la salvación de las almas es 
nuestro propio blanco, al cual hemos de dirigir nues- 
tros trabajos, según el Instituto de S. Ignacio. En 
teoría y en práctica la Compañía se declara estraña á 
todos los partidos políticos, cualesquiera que sean. 
En todos los países, y bajo cualquiera gobierno, ella 
se concreta exclusivamente al ejercicio de su ministe- 
rio, mirando siempre á su fin, infinitamente superior 
á todos los intereses políticos. Siempre y en todos 
los países, cada miembro de la Compañía cumple fiel- 
mente los deberes de buen ciudadano, y fiel subdito 
del poder que rige la nación. Siempre y dondequiera 
la Compañía, con sus palabras y obras, dice: — Dad 
lo que es de César á César, y lo que es de Dios á 
Dios — Estos son los principios que siempre hemos 
profesado, y de los que nunca nos apartaremos " 

JLia Muelg-a eai laag-haíera'a. — Los trabajado- 
res de Liverpool han obligado á los empleados de ios 



' 



-98- 



arsenales á suspender los trabajos: 30,000 trabajado- 
res están en huelga. Los Dragones y la infantería 
están bajo las armas. Cierto número de embarcacio- 
nes se hallan detenidas por falta de hombres. El dia 
13 se continuaba la huelga y se aumentaba: los amo- 
tinados rechazan cualquiera paso pai'a la concilia- 
ción. 

En Londres se ha declarado una huelga de los 
constructores de calderas de vapor. 

La Peste. — Se tornan precauciones contra el 
azote en S. Petersburgo y sus alrededores. 

Reinan además en Rusia la enfermedad de Siberia, 
el tifus, la viruela, y la mortandad de los ganados. 

Contra los incendios. — Se ha descubierto 
por un químico francés un medio muy sencillo de 
apagar instantáneamente el fuego tan frecuente en el 
tubo de las chimeneas. Consiste en colocar un plato 
ó dos en el fogón y encender 100 granos de sulfuro 
de carbono, cuyo manejo no ofrece peligro. Los bom- 
beros de Papan han apagado instantáneamente por 
este medio, solo entres meses, cerca de trescientos in- 
cendios. El sulfuro de carbono se debe conservar en 
un frasco no completamente lleno porque es un líqui- 
do muy dilatable. Teniéndolo en las casas preventi- 
namente en la cantidad que hemos dicho se puede 
apagar el fuego de las chimeneas en breves instantes. 
(La Crónica). 

ILa tribu «le los Süaataas, en el Cabo de Buena 
Esperanza, aprovechándose de la ausencia de Lord 
Chelmsford y de una parte de las tropas, se arrojaron, 
no hace muchos días, sobre las demás tropas inglesas, 
que habían quedado en el campo y se componían del 
ler. batallón del regimiento 24 de infantería, una 
compañía del segundo batallón, unos 200 caballos y 
800 auxiliares del país. Calcúlanse en 20,000 los Zu- 
lus que acometieron. Las pérdidas dícese ser por los 
Ingleses, de 30 oficiales, 500 entre oficiales inferiores 
y soldados ingleses, y 70 entre oficiales y soldados 
auxiliares. Por los Zulus créese que lleguen á 2 ó 
3000 de los suyos. Se envían ya tropas para castigar 
á los rebeldes. 

Uaaa Hermana de Caridad. — El Loira, sa- 
liendo de madre, ha inundado completamente el pue- 
blo de Lavillette, cerca de Angers en Francia. En una 
casita que las aguas habían circundado, se hallaba 
una vieja casi agonizando. No había quien la socor- 
riera. Entonces vióse en una barquita una hermaua 
de caridad, la Hermana Matilde, que se acercó á la 
casa, subió al techo, bajó por una ventanita que en 
él había, y solo así pudo sustraer á la infeliz de una 
muerte inminente. 

Sil Sr. Rrazza. — La sociedad geográfica de Ita- 
lia se ha reunido en Roma en sesión extraordinaria 
y ha decretado se dé una medalla de oro al Sr. Sa- 
vorgnan de Brazza, oficial de la marina francesa pol- 
los resultados de su exploración en el África ecuato- 
rial, de donde ha vuelto, después de tres años de muy 
peligrosas investigaciones. 

!Jbi buen barbero.— El Sr. Bar , muy co- 
nocido en Milán, estaba en su gabinete contando una 
suma que acababa de recibir, cuando le dijeron que 
ahí estaba su barbero. Este entró y comenzó sus 
operaciones; pero á lo mejor tira en el suelo su nava- 
ja y echa á correr. Pudo ser alcanzado: y al pregun- 
tarle la causa de un proceder tan estraño, contestó 
que lo habia acometido una tentación tan fuerte de 
matar al Sr. Bar . . . . , á la vista de su dinero, que no 
tuvo mejor medio para vencerla qne tirar su navaja y 
huir. El Sr. Bar . . . . , para mostrar su agradecimien- 
to le regaló 100 francos. 



Aanérica eesiís'a!. — Una revolución ha estalla- 
do en los Estados Unidos de Colombia. 

En Nicaragua el General Zavala ha sido elegido 
presidente de la República. 

En el Brasil la viruela negra, la fiebre amarilla, la 
sequía y el hambre han llevado la provincia de Ceará 
á los mas duros extremos; el país queda casi despo- 
blado. 

En Venezuela los insurrectos habían proclamado á 
Guzman Blanco presidente de la República; ahora se 
anuncia que las tropas del Gobierno han disbaratos 
á los revoltosos en Vitoria el 4 del pasado Febrero, y 
entraron victopiosas en Caracas el 19. 

lixfíosieioís en AsasíraSia. — Será inaugurada 
á principios del próximo Agosto en Sidney. Los Es- 
tados Unidos parece tomarán mucha parte en ella. 
El buque Clara, bajo el mando del Capitán Nicholls 
ha salido ya con gran cantidad de productos y máqui- 
nas de toda clase. Espérase que dicho buque llegará 
en 90 dias, y será seguido muy pronto del Niobc, que 
llevará mayor carga. 

líos años á caballo. — El Coronel Tudor se 
propone de ir de Nueva York á Punta Arenas, el 
mas meridional de Patagonia, siempre á caballo. Cal- 
cúlase que empleará dos años en su expedición. El 
miércoles 12 de Febrero salió de la oficina del He- 
rald. Parece que su objeto es examinar las condicio- 
nes para establecer una grande casa de comercio en 
aquellos países. 

MI Sr. «ísiaia Míímoli, fotógrafo y oftalmista 
de Lodi (Italia) ha hallado un nuevo procedimiento 
para la fabricación de los quesos, que, dícese, traerá 
muchas ventajas. El todavía guarda el secreto, pero 
no se niega á mostrar los resultados á los que van á 
visitarle. La mayor ventaja parece que sea el dar á 
los quesos la propiedad de resistir á las temperaturas 
elevadas, que los deterioran y pudren. 

Falleció, el dia 17 de Febrero, en Santa Cruz 
de la Cañada, el P. José Miguel Vigil, después de una 
larga enfermedad de parálisis, á la una de la maña- 
na. Recibió todos los auxilios de la Religión, y unos 
dias antes de su muerte fué visitado por su Señoría 
Urna. Tenia mas de 60 años de edad y desde el 21 
de Enero de 1866 administró la Parroquia de S. Ilde- 
fonso. A su funeral, celebrado el 19 del mismo mes, 
acudieron el Muy Rev. Truchard, representando á su 
Señoría, y los PP. Seux de S. Juan, Courbon del Ri- 
to, Medina de Abiqurú, además del P. Remuzon Cura 
párroco de Sta. Cruz. Sus restos fueron depositados 
en S. José de Chama. R* I. 1*. 

Medicina singular. — En Alemania un médico 
habia agotado todos los remedios de su arte con un 
pobre trabajador, á quien por casualidad se le habia 
metido un moscón en un oido, y se lo habia dejado 
lleno de unos gusanitos, que le hacían padecer extra- 
ordinariamente. Entonces dijo al enfermo que se 
acostase y aplicase sobre el pabellón de la oreja una 
rabanada de queso de Holanda. Al dia siguiente se 
presenció el prodigio que los gusanos hormigueaban 
todos en el queso y el hombre se hallaba enteramen- 
te libre de ellos. 

Sifir. Foley, Obispo de Chicago, falleció á las 
3,35' de la mañana. Habia ido á Baltimora, para vi- 
sitar á su madre á principios del mismo mes, cuando 
se sintió acometido de un fuerte resfrío. Este dege- 
neró en pulmonía que, cuinplicada con una fiebre 
tifoidea le llevó muy pronto al sepulcro. Su pérdida es 
una de las mas sensibles para' los católicos de los E. 
U. Sus restos fueron llevados á Baltimora, después 
de los funerales celebrados para el eterno descanso 
de su alma. R. I. I*. 



-99- 



SECCÍON PIADOSA. 



FIESTAS MOVIBLES DE ESTE ANO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Hayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. — Corpus Christi, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 

Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
MARZO 2-8. 

2. Domingo I de Cuaresma. San Simplicio, Papa y Confesor. Sta. 
Secundila, mártir. 

3. Lunes. San Macario, soldado y mártir. San Emeterio y San 
Celedonio, mártires. 

4. Martes. San Casimiro, rey y Confesor. San Elpidio, mártir. 

5. Miércoles. San Ensebio Palatino, mr. 

6. Jueves. San Victor y San Victoriano, mártires. 

7. Viernes. Los clavos y lanza del Señor. Santo Tomás de Aqui- 
no, Confesor y Doctor. Santa Felicitas mártir. 

8. Sábado. San Juan de Dios, Confesor. Santa Herenia, mártir. 

SANTOS EMETERIO Y CELEDONIO, MÁRTIRES. 

Profesaron vida militar, sin que la licencia de las 
armas estorbase sus progresos en la virtud cristiana. 
Su padre, San Marcelo, mártir, capitán de una legión 
romana, les habia educado en las máximas del Santo 
Evangelio, y así no era extraño fuesen buenos cató- 
licos al par que valerosos militares. En una cruel 
persecución que se levantó en Calahorra contra los 
cristianos fueron presos, y después de padecer malos 
tratamientos y vejaciones, fueron degollados junto al 
rio Arnedo y sus almas volaron al cielo á recibir el 
premio debido. 



II fi SANTMAI Lili XIII 

por la Divina Providencia, Papa. 

A iodos los Venerables Hermanos. Patriarcas, 
Primados, Arzobispos y Obispos del Orbe Cató- 
lico que están en comunión con la Sede Apostó- 
lica. 



Venerables Hermanos: Salud y Bendición 
Apostólica. 

Como lo exigía de Nos la razón de nuestro 
cargo apostólico, ya desde el principio de nues- 
tro Pontificado no omitimos, Venerables Her- 
manos, el indicaros por Cartas Encíclicas á vos- 
otros dirigidas, la mortal pestilencia que se in- 
filtra por los miembros íntimos de la sociedad 
humana y la conduce a. un extremo peligroso; 
al mismo tiempo hemos mostrado también los 
remedios mas eficaces para que le fuera devuel- 
ta la salud y pudiese escapar de los gravísimos 
peligros que la amenazan. Pero aquellos males 
que entonces hemos deplorado han crecido hasta 
tal punto en tan breve tiempo, que otra vez nos 
vemos obligados a' dirigiros la palabra, como si 
resonasen en nuestros oiclos las del profeta: 
Clama, no ceses; levanta como una trompeta tu voz. 

Sin dificultad alguna conocéis, Venerables 



Hermanos, que Nos hablamos de aquella secta 
de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros 
nombres de socialistas, comunistas ó nihilistas, 
esparcidos por todo el orbe, y estrechamente 
coligados entre sí por inicua federación, ya no 
buscan sus defensas en las tinieblas de sus ocul- 
tas reuniones, sino que, saliendo á pública luz. 
confiados y á cara descubierta, se empeñan en 
llevar á cabo el plan, que ya ha tiempo conci- 
bieron, de trastornar los fundamentos de toda 
sociedad civil. Estos son ciertamente los que, 
según atestiguan las divinas páginas, mancillan 
su carne, desprecian la dominación y blasfeman de 
la majestad. 

Nada dejan intacto d íntegro de lo que por 
las leyes humanas y divinas está sabiamente de- 
terminado para la seguridad y decoro de la 
vida. Ellos niegan la obediencia á los poderes 
superiores, á los cuales, según amonesta el 
Apóstol, conviene que toda alma esté sujeta, y 
que reciben de Dios el derecho del mando, pre- 
dicando la perfecta igualdad de todos los hom- 
bres en los derechos y en las jerarquías, des- 
honrando la unión natural del hombre y de la 
mujer, que aun las naciones bárbaras respetan, 
y debilitando y hasta entregando á la liviandad 
este vínculo, con el cual se mantiene principal- 
mente la sociedad doméstica. 

Atraídos, por fin, de la codicia de los bienes 
presentes, que es la raíz de todos los males, y 
que, apeteciéndola, muchos abandonaron lafé, im- 
pugnan el derecho de propiedad sancionado por 
la ley natural, y por medio del mayor delito, 
cuando parece que atienden á las necesidades 
de todos los hombres y á satisfacer sus deseos, 
trabajan por arrebatar y hacer común cuanto se 
ha adquirido á título de legítima herencia, ya 
con el trabajo del ingenio ó de las manos, ya 
con la sobriedad de la vida. 

Y estas monstruosas opiniones publican en 
sus reuniones, persuaden en sus folletos y es- 
parcen al público en una nube de diarios. Por 
lo cual la venerable majestad é imperio de los 
Reyes ha llegado á ser objeto de £an grande 
odio del pueblo sedicioso, que los sacrilegos 
traidores, impacientes de todo freno, no una so- 
la vez, en breve tiempo han vuelto sus armas 
con impío atrevimiento contra los mismos prín- 
cipes. 

Mas esta osadía de tan pérfidos hombres, que 
ameuaza de dia en dia más graves ruinas á la 
sociedad civil, y que trae todos los ánimos en 
congojoso temblor, toma su causa y origen de 
las venenosas doctrinas que. difundidas entre 
los pueblos como viciosas semillas en épocas an- 
teriores, han dado á su tiempo tan pestilentes 
frutos. 

Pues bien sabéis, Venerables Hermanos, que 
la cruda guerra que se abrió contra la fé católi- 
ca, ya desde el siglo decimosexto por los nova- 



dores, y que se ha aumentado hasta lo sumo de 
dia en dia hasta el presente, se encamina á que, 
desechando toda revelación, todo orden sobre- 
natural, se abriese la puerta á los inventos, ó 
mas bien delirios, de la sola razón. Semejante 
error, que sin razón usurpo el nombre de racio- 
nal, impeliendo y excitando el apetito de sobre- 
salir, naturalmente infundido en el hombre, sol- 
tando las riendas á las codicias de todo género, 
por su propio peso se ha introducido audazmen- 
te, no solo en la mente de muchos hombres, 
sino también en la sociedad civil. 

De aquí que, con una nueva impiedad, des- 
conocida hasta de los mismos gentiles, se han 
constituido los estados sin tener cuenta alguna 
con Dios ni con el orden por El establecido. Se 
ha vociferado que la autoridad pública no toma 
el principio, ni la majestad, ni la fuerza del 
mando de Dios, sino mas bien de la multitud 
popular, que, juzgándose libre de toda sanción 
divina, solo ha permitido someterse á aquellas 
leyes que ella misma se diese á su antojo. Im- 
pugnadas y desechadas las verdades sobrenatu- 
rales de la fé como enemigas de la razón, el 
mismo Autor y Redentor del género humano es 
fuerza que sea desterrado paso á paso y poco á 
poco de las Universidades, Liceos y Gimnasios, 
y de todo el trato público de la vida humana. 

Entregados al olvido los premios y penas de 
la vida futura y eterna, el ansia ardiente de fe- 
licidad queda concretada al tiempo de la vida 
presente. Diseminadas por todas partes estas 
doctrinas, introducida en todas partes esta tan 
grande licencia de pensar y obrar, no es mara- 
villa que la gente de la íntima clase, cansada dé 
su pobrecita casa ú oficina, ansie volar contra 
las moradas y fortunas de los mas ricos; no es 
maravilla que ya no exista tranquilidad alguna 
en la vida pública ó privada, y que ya el mun- 
do haya llegado casi á la última perdición. 

Mas, en tanto, los Pastores de la Iglesia, á 
quienes compete el cargo de resguardar la grey 
del Señor ele las asechanzas de los enemigos, 
procuraron apartar con tiempo el peligro y pro- 
veer a la salud de los fieles, y en cnanto empe- 
zaron á formarse las sociedades clandestinas en 
cuyo seno se fomentaban ya entonces las semi- 
llas de los errores que hemos mencionado, los 
Romanos Pontífices Clemente XII y Benedicto 
XIV no omitieron el descubrir los impíos pro- 
yectos de estas sectas y avisar ¡í los fieles de 
todo el orbe la suma de males que ocultamente 
se tramaba. 

Pero después que aquellos que se gloriaban 
con el nombre ele filósofos atribuyeron al hom- 
bre cmrta desenfrenada libertad, y se empezó* á 
formar y sancionar un derecho nuevo, como di- 
cen, contra la ley natural y divina, el Papa Pió 
VII, de feliz memoria mostró' al punto 1a per- 
versa índole y falsedad de aquellas doctrinas 



en públicos documentos, y al propio tiempo 
anunció' con una previsión apostólica, las ruinas 
á que iba á ser conducido miserablemente el 
pueblo. Mas, sin embargo de esto, no habién- 
dose precavido por ningún medio eficaz que tan 
depravados dogmas se persuadiesen a los pue- 
blos de dia en elia, } r no resultaseu en axiomas 
públicos de los reinos, el Papa Pió VII y Lcon 
XII condenaron con anatema las sectas ocultas, 
y amonestaron otra vez á la sociedad del peli- 
gro que por ellas les amenazaba. 

A todos, finalmente, es manifiesto con cuan 
graves palabras y con cuanta firmeza y cons- 
tancia ele ánimo Nuestro glorioso predecesor, 
Pió IX, de feliz memoria, ha combatido, ya en 
Alocuciones, ya en Encíclicas dadas á los Obis- 
pos de todo el orbe, contra los inicuos intentos 
de las sectas, y señaladamente contra la peste 
del socialismo, proveniente de las mismas. 

De sentir es que acjuellos á quienes está enco- 
mendado el cuidado del bien común, rodeados 
de las astucias ele hombres malvados, y atemo- 
rizados por sus amenazas, hayan siempre mira- 
do á la Iglesia con ánimo suspicaz, y aun torci- 
do, no comprendiendo que los conatos de las 
sectas serian vanos si las doctrinas de la Iglesia 
Católica y la autoridad de los Romanos Pontí- 
fices hubiese permanecido siempre en el debido 
honor, tanto entre los príncipes como entre los 
pueblos. Porque la Iglesia del Dios vivo, que 
es columna y fundamento de la verdad, enseña 
aquellas doctrinas y preceptos con que se atien- 
de á la incolumidad y quietud de la sociedad, y 
se arranca ele raíz la planta siniestra del so- 
cialismo. 

Empero, aunque los socialistas, abusando del 
mismo Evangelio para engañar mas fácilmente á 
los poco cautos acostumbran á torcerles hacia su 
dictamen, con todo, hay tan grande diferencia 
entre sus perversos dogmas y la purísima doc- 
trina de Cristo, que no puede ser mayor. Por- 
que ¿qué participación puede haber de ¡ajusticia 
con la iniquidad, ó qué consorcio de ¡a luz con las 
tinieblas? Ellos seguramente no cesan de voci- 
ferar, como hemos insinuado, que tocios los hom- 
bres son entre sí, por naturaleza iguales, y por 
lo tanto sostienen que ni se debe el honor y re- 
verencia á la majestad, ni á las leyes, á no ser 
acaso las sancionadas por ellos á su arbitrio. 

Por el contrario, según las enseñanzas evan- 
gélicas, la igualdad de los hombres consiste en 
que tocios, habiéndoles cabido en suerte la mis- 
ma naturaleza, son llamados á la misma altísima, 
dignidad de hijos de Dios; y al mismo tiempo 
en que, decretado para todos un mismo fin, cada 
uno ha de ser juzgado según la misma ley para 
conseguir, conforme á sus méritos, ó el castigo, 
ó la recompensa. Mas la desigualdad de dere- 
cho y de potestad dimana del mismo autor de la 
naturaleza, por quien es nombrada paternidad en 
los cie/os y en la tierra. 



-101 



Pero los lazos de los príncipes y subditos de 
tal manera se estrechan con sus mutuas obliga- 
ciones y derechos, según la doctrina y precep- 
tos católicos, que templan la ambición de man- 
car por un lado, y por otro la razón de obede- 
cer se hace fácil, firme y nobilísima. 

Seguramente la Iglesia inculca constantemen- 
te á la muchedumbre de los subditos este pre- 
cepto del Apóstol: JSfo hay potestad sino de Dios, 
y las que hay de Dios vienen ordenadas; así, que 
quien resiste á la potestad, resiste á la ordenación 
de Dios; mas los que resisten, ellos mismos se 
atraen la condenación; pues en otra par- 
te nos manda estar sujetos necesariamente, no 
solo por la fuerza, sino también por la concien- 
cia, y que paguemos á todos lo que es debido; á 
quien tributo, tributo; á quien contribución, con- 
tribución; á quien temor, temor; á quien honor, 
honor. Porque, á la verdad, el que creo y go- 
bierna todas las cosas dispuso, con su próvida 
sabiduría, que las cosas íntimas lleguen por las 
medias, y las medias por las superiores, á sus 
fines respectivos. 

Así pues, como en el mismo reino do les cie- 
los quiso que los coros de los ángeles fuesen dis- 
tintos y unos sometidos á otros; así como tam- 
bién en la Iglesia instituyó varios grados de 
órdenes y diversidad de oficios, para que no 
•todos fuesen Apostóles, uo todos Doctores, no 
todos Pastores, así también determinó que en la 
sociedad civil hubiese varios órdenes, diversos 
en dignidad, derechos y potestad; es á saber: 
para que los ciudadanos, así como la Iglesia, 
fuesen un solo cuerpo, compuesto de muchos 
miembros, unos mas nobles que otros, pero to- 
dos necesarios entre sf* y solícitos del bien co- 
mún. 

Empero, para que los agentes de los pueblos 
usasen de la potestad que les fué concedida para 
edificación, y no para destrucción, la Iglesia de 
Cristo, oportunísitnamente amonesta también á 
los príncipes con la severidad del supremo jui- 
cio que les amenaza; y tomando las palabras do 
la divina Sabiduría, en nombre de Dios dice á 
todos: 1: Prestacl oidos vosotros, que enfrenáis 
las multitudes y os complacéis en la reunión de 
las naciones, que de Dios os ha sido dada á vos- 
otros la potestad y la virtud del Altísimo, el 
cual os hará cargo por vuestras obras y escudri- 
ñará vuestros pensamientos. Porque juicio du- 
rísimo se hará con aquellos que presiden; por- 
que no sustraerá Dios !a persona de ninguno, ni 
respetará la magnitud de ninguno: porque El ha 
hecho al pequeño y al grande, é igualmente tie- 
ne cuidado de todos. Pero á los mas fuertes les 
amenaza mas fuerte castigo."' 

Mas si alguna vez sucede que los príncipes 
ejercen su potestad temerariamente y fuera de 
sus límites, la doctrina de la Iglesia católica no 
consiente insurreccionarse contra ellos, no sea 



que la tranquilidad del orden sea mas y mas 
perturbada, ó que la sociedad reciba de ahí ma- 
yor detrimento; y si la cosa llegase al punto de 
no vislumbrarse otra esperanza de salud, enseña 
que el remedio se ha de acelerar con los méritos 
de la cristiana paciencia y las fervientes súpli- 
cas á Dios. 

Y si los mandatos de los legisladores y prín- 
cipes sancionasen ó mandasen algo que contra- 
diga á la ley divina ó natural, ¡a dignidad y 
obligación del nombre cristiano, y el sentir del 
Apóstol, aconsejan que se ha de obedecer á Dios 
antes que á los hombres. 

Por lo tanto, la virtud saludable de la Iglesia, 
que redunda en el régimen mas ordenado y en 
la conservación de la sociedad civil, la siente y 
experimenta necesariamente también la misma 
sociedad doméstica, que es el principio de toda 
sociedad y de todo reino. Porque sabéis, Vene- 
rables Hermanos, que la recta forma de esta 
sociedad, según la misma necesidad del derecho 
natura), se apoya primariamente en la unión 
indisoluble del varón y de la mujer, y se com- 
plementa en las obligaciones y mutuos derechos 
entre padres é hijos, amos y criados. Sabéis 
también que por los principios del socialismo 
esta sociedad casi se disuelve, puesto que, per- 
dida la firmeza que obtiene del matrimonio reli- 
gioso, es preciso que se relaje la potestad del 
padre hacia la prole, y los deberes de la prole 
para con el padre. 

Por el contrario, el por todos títulos honroso 
consorcio que en el mismo principio del mundo 
instituyó el mismo Dios para propagar y conser- 
var la especie humana, y decretó fuese insepa- 
rable, enseña la Iglesia que resultó mas firme y 
mas sagrado por medio de Cristo, que le confirió 
la dignidad de Sacramento, y quiso que repre- 
sentase la forma de su unión con la Iglesia. 

Por lo tanto, según advertencia del Apóstol, 
como Cristo es Cabeza de la Iglesia, así el varón 
es cabeza de la mujer; y como la Iglesia está 
sujeta á Cristo, que la estrecha con castísimo y 
perpetuo amor, así enseña que las mujeres estén 
sujetas á sus maridos, } r que estos á su vez las 
deben amar con afecto fiel y constante. 

De la misma manera la Iglesia establece el 
método de la potestad paterna y dominical, de 
modo que sirva á contener á los hijos y á los 
criados en su deber, sin que por esto se salga de 
sus límites. Porque, según las enseñanzas cató- 
licas, la autoridad del Padre y Señor celestial 
se extiende á los padres y á los amos; la autori- 
dad, por lo mismo, toma de El, no solo el origen 
y la fuerza, sino también recibe sinceramente 
su naturaleza y su índole. De aquí que el Após- 
tol exhorte á los hijos á obedecer á sus padi-es en 
el Señor y honrará su padre y á su madre, que 
es el primer mandamiento. Dios, en las prome- 
sas á los padres, les manila: También vosotros, 



102- 



padres, no queráis provocar á ira á vuestros hijos, 
sino educarlos en ¡a ciencia y conocimiento del Se- 
ñor. 

Asimismo á los siervos y señores se les pro- 
pone, por medio del mismo Apóstol, el precepto 
divino de que aquellos obedezcan á sus señores 
carnajes como á Cristo, sirviéndoles de buena vo- 
luntad como á Dios; mas á estos que no olviden 
sus amenazas, sabiendo que el Señor de todo está 
en los cielos y que no hay acepción de personas 
para con Dios. 

Todas las cuales cosas, si se guardasen cuida- 
dosamente, según el beneplácito ele la voluntad 
divina, por todos aquellos á quienes tocan, segu- 
ramente cada familia representaría la imagen 
del cielo, y los beneficios que de aquí seguirían 
no estarían encerrados entre las paredes monás- 
ticas, sino que emanarían abundantemente á las 
mismas repúblicas. 

La prudencia, bien apoyada sobre los precep- 
tos de la le}' divina y natural, provee á la tran- 
quilidad pública y doméstica por las ideas que 
adopta y enseña respecto al derecho de propie- 
dad y á la división de los bienes necesarios ó 
útiles en la vida. Porque mientras los socialis- 
tas, presentando el derecho de propiedad como 
invención humana, contraria ¡í la igualdad natu- 
ral entre los hombres; mientras, proclamando la 
comunidad de bienes, declaran que no puede 
• conllevarse con paciencia la. pobreza, y que im- 
punemente se puede violar la posesión y dere- 
chos de los ricos, la Iglesia reconoce, mucho mas 
sabiamente, que la desigualdad existe entre los 
hombres, naturalmente desemejantes por las fuer- 
zas del cuerpo y del espíritu, y que esa desigual- 
dad existe hasta en la posesión de los bienes. 

Ordena, además, que el derecho de propiedad 
y de domiuio, procedente de la naturaleza mis- 
ma, se mantenga intacto é inviolado en las ma- 
nos de quien lo posee, porque sabe que el robo 
y la rapiña han sido condenados en la Ley natu- 
ral por Dios, autor y guardián de todo derecho; 
hasta tal punto, que no es lícito ni aun desear 
los bienes ajenos, y que los ladrones, lo mismo 
que los adúlteros y los adoradores de los ídolos, 
están excluidos del reino de los cielos. No por 
eso, sin embargo, olvida la causa de los pobres, 
ni sucede que la piadosa Madre, descuide el pro- 
veer á las necesidades de estos, sino que, por el 
contrario, los estrecha en su seno con maternal 
afecto, y teniendo en cuenta que representan la 
persona de Cristo, el cual recibe como hechos á 
sí mismo los bienes concedidos hasta el último 
de los pobres, los honra grandemente, y de to- 
das las maneras posibles los sustenta; se emplea 
con toda solicitud en levantar por todas partes 
casas y hospicios, donde son recogidos, alimen- 
tados y cuidados, tomándolos bajo su tutela. 

Además, prescribe á los ricos que den lo su- 
pérfluo á los pobres, y les amenaza con el juicio 



divino, que les condenará á eterno suplicio si no 
alivian las necesidades de los indigentes. En fin, 
eleva y consuela el espíritu de los pobres, ora 
proponiéndoles el ejemplo de Jesucristo, que, 
siendo rico, quiso hacerse pobre por nosotros, 
ora recordándoles las palabras con las que les 
declaró bienaventurados, prometiéndoles la eter- 
na felicidad. 

¿Quién no ve que aquí está el mejor medio de 
arreglar el antiguo conflicto surgido entre los 
pobres y los ricos? Porque, como lo demuestra 
la evidencia de las cosas y de los hechos, si este 
medio es desconocido ó relegado, sucede forzo- 
samente, ó que se reduce á la mayor parte del 
género humano á la vil condición de siervo, co- 
mo en otro tiempo sucedió entre los paganos, ó 
la sociedad humanase ve envuelta en agitaciones 
continuas, y devorada por el brigandaje, como 
hemos podido comprobarlo, por desgracia, en 
estos últimos tiempos. 

Por lo cual, Venerables Hermanos, Nos, á 
quien actualmente está confiado el gobierno de 
toda la Iglesia, desde el principio de nuestro 
Pontificado mostramos á los pueblos y á los 
príncipes, combatidos por fiera tempestad, el 
puerto donde pueden refugiarse con seguridad; 
por eso ahora, conmovidos por el extremo peli- 
gro que les amenaza, de nuevo les dirigimos la 
apostólica voz, y en nombre de su propia, salva- 
ción y de la del Estado, les rogamos con las ma- 
yores instancias que acojan y escuchen como 
Maestra á la Iglesia, á la que se debe la pública 
prosperidad ele las naciones, y se persuadan de 
que las bases de la Religión y las del imperio 
se hallan estrechamente unidas; que cuanto pier- 
de aquella, otro tanto disminuye el respeto de 
los subditos á la majestad del mando, y que co- 
nociendo además que la Iglesia de Cristo posee 
mas medios para combatir la peste del socialis- 
mo que todas las leyes humanas, las órdenes de 
los magistrados y las armas de los soldados, de- 
vuelva á la Iglesia su libertad, para que pueda 
eficazmente desplegar, su benéfico influjo en fa- 
vor de la sociedad humana. 

Y vosotros, Venerables Hermanos, que cono- 
céis bien el origen y la naturaleza de tan inmi- 
nente desventura, poned todas vuestras fuerzas 
para que la doctrina católica llegue íil ánimo de 
tocios y penetre. en su fondo. 

Procurad que desde la misma infancia se ha- 
bitúen á amar á Dios con filial ternura, reveren- 
ciando á su majestad; que presten obediencia á 
la autoridad de los príncipes y de las leyes; 
que, refrenada la concupiscencia, acaten y de- 
fiendan solícitamente el orden establecido por 
Dios en la sociedad doméstica. 

Poned además sumo cuidado en que los hijos 
de la Iglesia católica no den renombre ni hagan 
favor ninguno á la detestable secta; que de ese 
modo con egregias acciones y con actitud siem 



103- 



pre digna y laudable, haremos sentir cuan prós- 
pera y feliz seria la sociedad si en todas sus 
clases resplandecieran las obras virtuosas y 
santas. 

Por último, así como los secuaces del socialis- 
mo se reclutan principalmente entre los prole- 
tarios y los obreros, los cuales cobrando horror 
al trabajo, se dejan fácilmente arrastrar por el 
cebo de la esperanza y de las promesas de los 
bienes ajenos, así es oportuno favorecer las aso- 
ciaciones de proletarios y obreros que, coloca- 
dos bajo la tutela de la Religión, se habitúan á 
contentarse con su suerte, á soportar meritoria- 
mente los trabajos, y á llevar siempre una vida 
apacible y tranquila. 

Dios piadoso, á quien debemos referir el prin- 
cipio y el fin de toda santa empresa, secunde 
Nuestro entendimiento y el vuestro, Venerables 
Hermanos. Por otra parte la misma solemnidad 
de estos dias, en los que se celebra el nacimien- 
to del Señor, Nos eleva á la esperanza de opor- 
tunísimo auxilio, pues, cierto, nos hace esperar 
á nosotros también aquella saludable restaura- 
ción que trajo al nacer para el mundo corrom- 
pido y casi conducido al abismo por todos los 
males, y nos promete aquella paz que entonces, 
por medio de los ángeles hizo anunciar á los 
hombres, puesto que no se ha encogido la mano 
del Señor para que ella no pueda salvar; ni se le 
lian entupido los oidos para 710 poder oír. 

Por tanto, en estos faustísimos dias, deseando 
á vosotros, Venerables Hermanos, y á los fieles 
de vuestras iglesias, toda clase de sucesos afor- 
tunados, rogamos con instancia al Dador de 
todo bien que de nuevo Dios nuestro Salvador 
manifieste su benignidad y. amor para, con los 
hombres, que, sacándonos de la potestad de nues- 
tro implacable enemigo, nos levante á la nobi- 
lísima dignidad de hijos suyos. 

Y á fin de que mas rápida y mas completa- 
mente consigamos Nuestro deseo, elevad vos- 
otros también, Venerables Hermanos, con Nos 
fervorosas preces al Señor, é interponed para 
con El el patrocinio de la Bienaventurada Vir- 
gen Maria, Inmaculada desde el principio, de su 
Esposo San José y de los Bienaventurados 
Apóstoles Pedro y Pablo, en cuya intercesión 
Nos ponemos la ma} r or confianza. En tanto, co- 
mo augurio de la divina gracia, con todo el 
afecto del corazón, á vosotros, Venerables Her- 
manos, á vuestro clero y á todo el pueblo fiel, 
concedemos en el Señor la Apostólica Bendi- 
ción. 

Dada en Roma, cerca de San Pedro, á 28 de 
Diciembre de 1878, año primero de Nuestro 
Pontificado. 

León PP. XIII. 



En ciertas localidades son muy usadas las se- 
renatas. Un partido político quiere obsequiar á 
su jefe, ó un amante alocado á la estrella de sus 
pensamientos, y reuniendo por la noche un coro 
de músicos bajo el balcón ó la ventena de su 
caudillo, ó del objeto de sus suspiros, rompen 
en canciones y cantinelas, que prolongan á ve- 
ces hasta la madrugada. Acontece á menudo 
que algún vcoino enfadoso, no pudiendo aguan- 
tar la algazara, porque desearía dormir, sale á 
su ventana y con un jarro de agua fría les da 
tal chapuz á los pobres músicos, que en un tris 
se disuelve la gresca entre las iras é impreca- 
ciones de los unos, y los "vivas" y "bien está" 
de los otros, igualmente deseosos de la paz y si- 
lencio nocturno. Pues lo mismo les sucedió á nues- 
tros buenos músicos de las escuelas no-sectarias. 
Jarro de agua fria fué para ellos la Carta Pas- 
toral de nuestro venerado Pastor, y el "Aviso 
Oficial" del Sr. Vicario. Al Sentinel parece se le 
ha ido la cabeza ; el New Mexican se contenta 
con publicar el "Aviso Oficial" en inglés, y, por 
todo comento, lo encabeza con estas palabras: 
"Como la Bula del Papa contra el Cometa;" el 
Thirty-Four promete ofrecer sus reflexiones en 
otro número, y oiremos mas tarde á los demás. 
No nos pertenece á nosotros responder por Su 
Señoría, cuya dignidad es vilipendiada solapa- 
damente de muchas maneras, ni por el Señor 
Vicario General. Pero no podemos menos de 
decir á los Católicos, Apostólicos, Romanos de 
El Espejo: Señores, vosotros hacéis sospe- 
char con vuestro lenguaje y vuestras caricatu- 
ras que os hacen falta las primeras reglas de la 
buena crianza. Se entiende fácilmente vuestra 
vanidad; pero de ningún modo se entiende vues- 
tro indecoroso y zafio chacoteo. Esto no indica 
ni "civilización latina," ni civilización sajona: 
indicará quizá civilización de Cafres, ó civiliza- 
ción india. 



Después de habernos aturdido con los altiso- 
nantes epítetos de "nuestro gran sistema de es- 
cuelas libres, " y "nuestro gran sistema america- 
no," salta el Neio Mexican á decirnos con toda 
su cachaza que no hay tal cosa; que "no existe 
en los Estados Unidos ningún sistema uniformo 
de escuelas públicas." Bueno que estamos acos- 
tumbrados á oirías de toda ralea. Pues ¿qué 
será entonces eso que llamáis "sistema america- 
no?" Responde el N. Mr. "Bien puede haber 
una práctica unidad de sistema, pero hay en él 
una vasta diversidad." Entonces ¿quién nos 
prohibe aquí establecer escuelas públicas como 
las ele Poughkeepsie, N. Y., donde la enseñanza 
es denominacional, y todos esíán contentos? A 
buen seguro tendríamos "una práctica unidad 






-104- 



do sistema," con "una vasta diversidad'' de sis- 
tema, y, sin embargo, sistema americano ten- 
dríamos. 



Hay Católicos sinceros y rectos, que no aca- 
ban de convencerse con que el sistema de es- 
cuelas que llaman non- sedarían está reprobado 
no solamente por la sana razón, sino también 
por la Iglesia á la que ellos se glorían de perte- 
necer. Después de las palabras de nuestro ilus- 
tro Arzobispo en su reciente Carta Pastoral, y 
después del Breve de Su Santidad León XIII 
al Vicario General de Roma, parece que debe- 
rla desvanecer cualquier duda de la parte de 
los buenos Católicos, y que ninguno de ellos de- 
bería tener por una simple opinión privada la 
que nosotros andamos exponiendo, y defendien- 
do por medio de la Revista. No es opinión pri- 
vada: es el juicio formal y explícito de la Igle- 
sia. El Syllabu*, ó sea aquel famoso "Elenco de 
los errores principales de nuestro siglo, conde- 
nados en Alocuciones Concistoriales, Encíclicas 
y otras Letras Apostólicas de Pió IX,'' contiene 
tres proposiciones sobre la enseñanza, que sue- 
nan de este modo: 

Prop. XLV. Todo el régimen de las escuelas 
públicas, en donde se forma la juventud de al- 
gún Estado cristiano, exceptuando de alguna ma- 
nera los Seminarios episcopales, puede y debe 
ser de la atribución de la autoridad civil; y de 
tal manera puede y debe ser de ella, que en nin- 
guna otra autoridad se reconozca el derecho de 
inmiscuirse en la disciplinado las escuelas, en el 
régimen de los estudios, en la colación de los 
grados, ni en la elección ó aprobación de los 
maestros — (Alocuciones del 1 Nov. 1850, y del 
5 Setiembre 1851). 

Prop. XLV II. La óptima constitución de la 
sociedad civil exige que las escuelas populares, 
concurridas de los niños de cualquiera clase del 
pueblo, y en general los institutos públicos, des- 
tinados á la enseñanza de las letras y otros es- 
1 ¡dios superiores, y á la educación de la juven- 
tud, estén exentos de toda autoridad, acción 
moderadora y entremetimiento de la Iglesia, y 
que se sometan al pleno arbitrio de la autoridad 
civil y política, al gusto de los gobernantes, y 
g - m la norma de las opiniones corrientes del 

1 '--(Epístola al Arzobispo de Friburgo, 14 
de Julio 1864). 

Prop. XLVIII. Los Católicos pueden apro- 
l ar aquella forma de educar á la juventud, que 
esté separada de la fé católica y de la potestad 
déla Iglesia, y mire solamente á la ciencia de 
las cosas naturales, y de un modo exclusivo, ó 
¡ or lo menos primario, los Qnes de la vida civil 
; terrena -(Epíst. al A.rzob. de Friburgo). 

Estas tres Proposiciones son condenadas en 
)us como ¡res de los "principales errores 
de nuestro siglo." El Syllabus ha sido aceptado 



por todos los Obispos de la Catolicidad. Véase, 
pues, si son simples opiniones privadas nuestras 
teorías sobre las escuelas que llaman no-sec- 
tarias. 



Aquella hoja mensual sin estilo, } t sin lenguaje, 
que se llama á sí misma Revista y revista E- 
vangélica, tiene el insigne honor de figurar en- 
tre los doce apóstoles de la enseñanza no-sectaria. 
En efecto esta señora se muere por las escuelas 
no- sectarias; pero quiere que sean al mismo tiem- 
po escuelas protestantes: porque pide que se lea 
en ellas la Biblia, la que por supuesto no seria 
ni la Biblia de los Judíos, ni la de los Católi- 
cos, ni la de los Hormones, sitióla de los Pro- 
testantes. ¡Oh, sabia Minerva! ¿porqué no nos 
amparas? pues pa récenos que esa sola hojita 
echa á perder el crédito de los demás once a- 
póstoles: porque en toda cuestión, "si el sabio 
ealla, malo; si el necio aplaude, peor"! 



La Revista de Albuqv.erque está combatiendo 
la buena causa con un talento y denuedo digno 
de mejor fortuna. ¡Cuántos ultrajes le es pre- 
ciso devorar! ¡cuántos dicharrachos y chufletas 
de la parte de aquellos que parece no saben ma- 
nejar armas más nobles! Ahora es la "cola del 
cometa jesuítico,' 1 ahora la "pata del gato jesuí- 
tico," ahora "brutal," ahora "kipócrita," y o- 
tras lindezas del mismo jaez. ¡Adelante, buen 
colega! ¡Somos dos contra doce! ¡Ay de nos- 
otros! estamos hundidos! Es menester animar- 
nos mutuamente, y nos ocurre áeste propósito 
una anécdota. Predicaba en un pueblecito de 
Francia un viejo misionero, y en uno de sus úl- 
timos sermones dio por decir cuatro palabras de 
satisfacción y cumplimiento á todas las clases de 
la jerarquía social del gran villorrio. Alabó al 
Cura, por su incansable celo; al Alcalde, por su 
fé y su franqueza en practicarla; al juez, por su 
conocida integridad; al médico y al boticario, 
por su caridad con los enfermos pobres; al her- 
rero, al sastre, al carpintero, al zapatero, por 
su fidelidad encerrar sus talleres los domingos: 
al tendero, por su notoria rectitud en los tratos: 
á los campesinos, por su paciencia en las duras 
labores del campo; á las mujeres, por su devo- 
ción y piedad: á todos, por la. diligencia con (pie 
habían acudido á los ejercicios de la misión. 
Solo de los gendarmes, ó policías, no dijo nada: 
los olvidó por completo. Los buenos gendar- 
mes lo sintieron en el alma, y fueron á quejarse 
amorosamente de esa omisión del misionero. 
quien les consoló y les prometió' que el dia si- 
guiente satisfaría á sus jastas quejas. En elec- 
to, el dia después, "Ayer," dijo el misionero, 
"ayer olvidé, hermanos mios, de hacer mención 
de otra clase de individuos de este noble pueblo 
católico: olvidé á esos valientes y generosos cus- 



105- 



todios de la tranquilidad y drden público, vues- 
tros gemía r ni es; y es menester reparar hoy el 
olvido. Pues bien ¿qué os diré á vosotros, mis 
queridos gendarmes? Eso solo os diré: Amaos 
los unos á los otros: porque á la verdad no os 
quieren los demás." 

Querida Revida de Albuquerque, quizá lo pro- 
pio nos diría á Vcl.y á nosotros aquel viejo mi- 
sionero francés. 



El plan de campaña del nuevo gobierno fran- 
cés abraza los puntos siguientes: 1? Abolición 
del Senado. 2 o Separación de la Iglesia y del 
Estado. 3 o Supresión de la irremovibilidad de 
la Magistratura. 4? Abolición de la Presidencia 
de la República. 5 o Abolición de la libertad 
de enseñanza paralas escuelas superiores. 6? Ex- 
pulsión de los Jesuítas. 7? Expulsión de todos 
los príncipes pertenecientes á las familias reales 
ó imperiales. 8? Reducción del servicio militar 
á tres años y supresión de los voluntarios ele un 
año. 9? Supresión de los Prefectos y sub-pre- 
fectos. 10? Supresión de todos los movimientos 
religiosos de todo y cualquier credo. 11? Vuelta 
de la Cámara á París. 12° Libre y plena am- 
nistía á todos los desterrados y presos políticos. 
Magnifico programa! El segundo artículo 
significa que el Estado, después de haberse a- 
propiado todos los bienes y posesiones de la I- 
glesia con la obligación de dar á sus ministros 
una miserable subvención, ahora intenta hacer- 
los morir de hambre, disfrutando por entero de 
su expoliación. El artículo quinto significa: 
Abajo las Universidades Católicas! El décimo: 
Abajo la Religión! El duodécimo: Viva el Co- 
munismo! 



«««zafc- » o=»- 



¿Son atoas las escuelas non-sectariaii? 



¡Bah! Después de haber gastado mucha 

jabonadura, recogido mucho viento y vuelto á 
darlo con tanta hinchazón de sus carrillos, que 
no parecía sino que iba á echar los bofes y re- 
ventar; esa "vieja'' de la Revista Católica no ha 
sabido ni siquiera levantar en los aires una bur- 
buja, que alucinara la vista con sus tintes por el 
mínimo espacio en qu3 se divide el tiempo. 

Sí señores: el Jesuitismo cansóse en balde, 
metiendo bulla y procurando ofuscar á voces la 
razón de la gente sencilla, llamando irreligiosas, 
impías y ateas las escuelas non- sedarían . 

Pero un sistema de escuelas non-sectarian no 
es lo mismo que un sistema de escuelas sin Dios. 
Queremos, sí, escuelas donde no se enseñe nin- 
gún catecismo y emancipadas de cualquier dog- 
ma positivo; mas no por eso pretendemos des- 
terrar á Dios de la enseñanza. Los editores de 
la Revista, no haciendo distinción entre una 
cosa y otra, hanse desgañitado en vano sin 



echarnos paja ni cebada. Su discusión fué una 
trapaza, para enmarañar á los incautos, una fan- 
tasmagoría, una batalla quijotesca contra moli- 
nos de viento. 

Estas son las coplas puestas en tono por los 
músicos del concierto; y que con toda la delica- 
deza del arte nos vienen cantando, llevando el 
compás aquel experto maestro de capilla el New 
Mexiean. 

Entre tan suave melodía combinada con ar- 
monía nos vienen también á nosotros las ganas 
de volver á cantar, aunque sea la misma canción; 
pues no somos de aquellos músicos que mudan 
mas papeles y tonadas que camisas en el vera- 
no. 

Sí, sí, mil veces sí: las escuelas non-sectarian, 
es decir, las escuelas, en que no se enseña nin- 
guna doctrina y moralidad revelada; las escue- 
las en que, así como no se profesa la religión 
católica, tampoco nácese profesión del Judais- 
mo ó Islamismo, del Presbiterianismo ó Meto- 
todismo; esas escuelas vienen á ser, sin escape 
ni efugio, escuelas ateas, escuelas sin Dios, aun- 
que se dé principio á ellas leyendo la biblia y 
haciendo una plegaria (areopenecl with hiUe-read- 
ing and prayer). 

A fé nuestra, ¿cuál es el motivo porque se 
juzga necesario, á lo menos por nosotros de la 
oposición, el que Dios domine la enseñanza do 
la escuela, y que su santo Nombre resuene ma- 
jestuosamente en el santuario sagrado de la ni- 
ñez y de la juventud? El motivo, sin duda, es 
para no separar con un tajo irracional y cruel 
su inteligencia de su voluntad; el motivo es para 
no cultivarla primera sin acostumbrar la segun- 
da á la adquisición de la virtud; el motivo es 
para que no se olvide la voluntad, concentrando 
todos los esfuerzos en la cultura del entendi- 
miento, y haciendo, de este modo, la instrucción 
un arma peligrosa en manos de malvados. 

Esto supuesto, preguntamos: ¿conseguiráse un 
tal intento, si tan solamente se cuidare que el 
niño conozca que hay un Ser universal, un Ser 
por esencia, un Ser que es principio y fuente do 
todo lo criado: en otras palabras, alguien que ha 
producido este mundo que vemos, y que notoria- 
mente no diuse el ser á sí mismo; alguien que 
ha de gobernar todo esto que tan bien goberna- 
do ancla; alguien que esté inmoble mientras que 
mueve la entera máquina del universo como ve- 
mos moverse; alguien en que ha de parar esta 
serie de causas subalternas las unas á las otras? 
Y, depurando siempre mas las ideas, ¿bastará 
para el objeto desearlo el que un joven tenga 
conocimiento de un Ser poderoso sin mezcla de 
flaqueza; sabio sin sombra de ignorancia; fuerte 
sin posibilidad de que se le resista; grande sin 
que en él quepa algo de pequeño; de -un Sereu 
el que se contiene todo lo bueno, lo justo y lo 
bello en el mas eminente y sobresaliente grado 
de perfección? Cierto que no. 



106 



Para que se alcance el blanco arriba mencio- 
nado y por el cual quiérese conservar á Dios 
en la escuela; es menester que el joven, desde 
su mas tierna edad, se habitué á la prosecución 
de aquel último fin que ha de hacerle dichoso 
con una bienaventuranza eternal. Pues bien; 
¿podrá esto lograrse sin que el niño empiece á 
conocer y á amar á su Dios, según el modo con 
que de hecho quiere Dios ser conocido y amado 
por sus criaturas en esta vida y gozado en la 
otra? En la hipótesis } r a realizada de una reve- 
lación sobrenatural; no hay otro camino para lle- 
gar á Dios, fuera del que Dios mismo nos ha ma- 
nifestado con su palabra: de aquí el terminante 
texto de San Pablo que dice en su Carta á los 
Hebreos: "Sin fé es imposible agradar á 
I)ios v XI. 6. Luego pretender por un lado dirigir 
hacia su Criador á un niño desde la escuela, y 
tenerle por otro celada la única senda que al 
Criador conduce, es una absurdidad. Esto es 
como si, queriendo encaminar á alguno hacia un 
paraje que ignorara, no le dijeseis ni hacia don- 
de cae la región de sus cuidados, ni cómo se va, 
ni cuál es el rumbo que ha de seguir, ni qué pe- 
ligros ha de evitar, y ninguna de aquellas cosas 
que es necesario saber y prevenir antes de em- 
prender un viaje para lugares desconocidos. 

Ni esto es todo: ¿sabéis señores, lo que habéis 
hecho en realidad, no instruyendo al niño sino 
con aquellas verdades religiosas que, absoluta- 
mente hablando, pudieran aprenderse con solo 
aplicar nuestra razón á la contemplación de 
la naturaleza? A ese niño dotado de un alma 
que es imagen de Dios, y destinado á conferir 
un dia esta imagen con su Prototipo; á ese niño 
que desea llegar al autor y término de su felici- 
dad, y busca el sendero para encontrarle; á ese 
niño, decimos, le habéis extraviado, poniéndole 
en un camino que á Dios no lleva y de Dios le 
aleja. La educación y enseñanza, que suminis- 
tráis á ese niño en la escuela, de por sí le con- 
duce al deísmo, que es el error de cuantos reco- 
nocen únicamente á Dios como autor de la natu- 
raleza, perosin admitirla revelación ni culto nin- 
guno dogmático. Esas primeras impresiónesele 
una religión meramente natural y falsa de hecho, 
fijaráusc en la imaginación y tierno ánimo de un 
niño; y será muy difícil no le sigan conmovien- 
do en lo restante de sus dias, no importa cual 
fuere la profesión de su fé. Y aun dado caso 
que, por una ú otra razón excepcional, el culto 
mantenido en la escuela no hiciera mella cu el 
corazón infantil de un alumno; este suceso feliz 
no excusaría en manera, ninguna la perversidad 
de un sistema, que tiende de suyo á infundir en 
los ánimos juveniles sentimientos opuestos á la 
Voluntad Divina en el orden existente de su 
Providencia. De aquí se ve que eso de querer 
hacer pasar por religiosa una enseñanza y edu- 
cación, tan solamente porque se nombrare á 



Dios en la escuela y se rezare alguna oración al 
Ser Supremo; es uno de los disparates mas gar- 
rafales que ha pronunciado la civilización de 
nuestro siglo: es querer que Dios sea menos sa- 
bio que el hombre: que la suma Santidad admita 
por obsequio un culto que ella ha rechazado. Sea 
dicho una vez para siempre. En la suposición 
ya verificada de una. revelación, que nos ha 
dado de nuestro Dios una idea tanto mas pro- 
pia, cuanto mas dista de todo lo que nosotros 
comprendiéramos y alcanzáramos con nuestras 
fuerzas naturales; y que nos presenta de su in- 
mensa grandeza uuos rasgos tan admirables y 
magníficos, que solo viniendo de un Dios, y 
anunciándolos un Dios, podemos creerlos: no 
puede haber otra educación verdaderamente re- 
ligiosa, sino es aquella que nos muestra el cami- 
no, y nos facilita los medios de esa felicidad con- 
sumada á la que estamos destinados. Una pa- 
labra mas y acabamos. 

¿De ateístas pasarán dichas escuelas non-sec- 
tarian á ser religiosas, en caso que en ellas 
se leyere la Biblia? En primer lugar decidnos: 
¿qué Biblia deberá leerse en una escuela en don- 
de el Judío esté sentado á lado del Protestante, 
y niños Católicos hállense mezclados con alum- 
nos cismáticos, etc? Escoged la qne quisiereis, 
señores defensores de las escuelas libres; no po- 
dréis menos de caer en una de las contradiccio- 
nes mas claras, que hayanse cometido jamás des- 
de que el mundo es mundo. Nos prometisteis 
escuelas libres, y en vez nos habéis regalado 
con escuelas altamente despóticas; ya que nos 
habéis dado escuelas donde, cual acto religioso, 
se lee un libro, que no está en conformidad con 
los sentimientos religiosos de todos los discípu- 
los. En segundo lugar deseamos se nos eontes- 
te á esta otra pregunta: ¿con qué intento y de 
qué modo deberá hacerse en una escuela libre 
la lectura de la Biblia? Una de dos: ó se lee la 
Biblia para imbuir los ánimos con sentimientos 
religiosos; ó solo para enterar á los alumnos de 
un libro á la par que se les instruye con la lec- 
tura de cualquier otro escrito de la antigüedad, 
bien que sea fabuloso. En el primer caso, que- 
réis que no queréis, incurrís en la misma con- 
tradicción que hacíamos notar mas arriba; en el 
segundo, no podréis purgar dichas escuelas de 
la nota de ateas con que las hemos calificado. 

Concluyamos: las razones, porque esas escue- 
las non-secíarian, son para nosotros y pueden 
llamarse ateas, se reducen á dos. La primera 
es porque no enseñan aquel camino queáe hecho 
lleva, á Diosen el orden actual de la Providen- 
cia divina; y la segunda porque antes bien apar- 
tan al niño de su Dios, habituándole á una, reli- 
gión falsa y que Dios mismo rechazó, desde que 
quiso elevarnos con una revelación sobrenatu- 
ral. 



-107- 



LA POBRECXLLA DE CASAMARI. 



(Continuación — Pcuj 95-96. J 

Así se terminaba, la mañana del domingo 14 de 
Abril en el escritorio de Trajano un borrascoso alter- 
cado entre él y un agente del comité, á quien el "Sr. 
Pepe" habia dado torpemente el encargo de conver- 
tir á nuestro buen romano. Hacia ya dos meses que 
este no se veia en las reuniones de los liberales, antes 
bien esquivaba con mal encubierto disimulo su en- 
cuentro en la calle, y lo que es mas se negaba á pagar 
la cuota mensual. Y aun no era esto solo; sino que 
en todos los viernes del mes de Marzo acompañado 
de su mujer é hijas asistia á la basílica de San Pedro 
á la hora en que bajaba el Santo Padre, para unir 
sus oraciones á las de los muchísimos fieles que acu- 
dían al templo y suplicar al Señor que librase á su 
amada Poma de verse convertí Ja, aunque fuese por 
por poco tiempo, en sede y capital de aquellos secta- 
rios. Cuanto esta conducta les hiciese escoser, se lo 
dieron á entender primero con oficiosas embajadas, 
luego con advertencias severas, después con anónimos 
y por último con señas, burlas é insultos en la calle 
que le llegaban á lo vivo; pero que él disimulaba per- 
fectamente haciendo oídos de mercader. 

— ¿Luego Trajano habia prometido de veras? se nos 
figura que nos interrumpirá algún lector. 

Ciertamente; mas no se crea que esta constancia 
era toda hija de su buena voluntad. En ella tenia 
también su parte un poco de amor propio y otro po- 
co de aquella natural timidez que en los débiles de 
espíritu suele fácilmente convertirse en ira, en despe- 
cho, en obstinación. Para él la dificultad no estaba 
precisamente en dar los primeros pasos atrás; sino 
en resistir á los halagos, á las lisonjas, á las acometi- 
das de toda clase que sin duda le harían los amigos 
para retenerlo en sus redes. Y en efecto si aquellos 
astutos sectarios no se hubieran precipitado, habrían 
conseguido su objeto y cogido al mirlo en el lazo. 
No era el alma de Trajano de tal temple, que pudie- 
se sostenerse por mucho tiempo contra aquellos al- 
hagos, aquellas adulaciones, aquellas dulces caricias 
que los liberales maestros en el oficio suelen emplear 
para hacer prosélitos. Mas en vez de valerse de estos 
medios, quisieron imponérsele con amenazas, burlas 
y villanías: por lo que Trajano altamente ofendido 
tuvo por cuestión de honra el sostenerse en su propó- 
sito, que quizá de otra manera hubiera abandonado, 
movido de una mal entendida condescendencia. 

Y Magdalena que conocía esta disposición de áni- 
mo de su esposo, no se descuidó de dar en el hierro 
mientras estaba caliente, y con aquella su elocuen- 
cia, que en tratándose de anatematizar á los franc- 
masones no tenia par, procuraba como mejor podia 
iufundir en Trajano. profundo aborrecimiento á las 
hipocresías, á las máximas, á los designios y á las 
maldades de tales sectarios. Procuró también que 
entrase en su casa La Armonía, excelente periódico 
de Turin; y para que hiciese mayor impresión en el 
ánimo de Trajano se lo daba á leer á Flaminia, quien 
tanto se entusiasmaba al recorrer los elocuentes artí- 
culos del periódico, que el padre la oia alelado, sin 
saber si admirar mas la valentía del escritor ó la gra- 
cia de su hija. 

— ¡Bendito sea Dios y San Francisco, que te inspi- 
raron los dos viajes á Veroli y Casamari! ¡han sido 
vuestra salvación! decia un día Magdalena á su ma- 
rido en presencia del P. Eusebio. Aunque no hubie- 



ras obtenido mas recompensa que esta por los bene- 
ficios que hiciste á esa familia napolitana yo me ciaría 
por bien pagada. 

— Ciertamente; aunque indigno he abierto los ojos; 
replicaba Trajano con la voz algún tanto conmovida; 
y yo seria un bruto si no reconociese que todo ha sido 
en premio del poco bien que hice á aquella desgra- 
ciada familia. Lo que siento es no haber podido sal- 
var la muchacha; no sé cuanto daria por resoatarla y 
eoronar así la obra según los deseos del pobre Capi- 
tán. 

— ¡Dejemos obrar á la Providencia! reponía el frai- 
le. Dios tiene cuidado de las hormigas y seguramente 
no abandonará á esa desgraciada. Además, ¿cómo 
sabéis que ha sido robada? Esto no fué mas que una 
conjetura de la aldeana, que la tenia en casa; y pu- 
diera ser muy bien que no fuese mas que una aluci- 
nación suya. 

— ¡Dios lo haga! pero cada vez que pienso en la 
canalla que mas allá de la frontera viste el uniformo 
de soldado, me inclino á creer que así sucediese. 

— Tienes razón, Trajano; continuaba Magdalena; 
cuando se trata de sectarios, por mal que se pienso 
siempre se acierta. Son capaces de todo; y si hoy 
viviese Nuestro Señor, ellos lo volverian á crucificar. 
¡Ah, Virgen Santísima! basta saber lo que dicen y 
escriben de su Vicario, que es el Santo Padre. Blas- 
femias de condenados, horrores. . .en fin, están poseí- 
dos del demonio, son verdaderos precursores del 
Antecristo. 

— ¡Dímelo á mí! añadía el marido; tu no puedes 
figurarte los horrores que les tengo odio conversando 
con ellos. ¡Dios me lo perdone! 

— ¡Infelices! exclamaba el fraile; sen de compade- 
cer, porque, como los que crucificaron á Cristo, no 
saben lo que hacen. 

— ¿De compadecer? grito Magdalena medio escan- 
dalizada; ¿de compadecer? ¡Esto sí que es bonito! do 
colgar, decid, y de limpiar de ellos al muudo como do 
una peste. 

— Vayamos con calma; la interrumpió el fraile; no 
quisiera que el odio del malos arrastrara á aborrecer 
á los malvados. Esto seria contrario á la caridad, que 
nos enseña á aborrecer el pecado, pero no al pecador. 
Además que no hay bribón por malo que sea, que con 
la gracia de Dios no pueda llegar á ser un santo. 

LVIII. 

Uno de los días memorables del pontificado de 
Pió IX será siempre el. 12 de Abril, que recuerda su 
vuelta triunfal del corto destierro de Gaeta, y su 
prodigiosa salvación al desplomarse el edificio de- 
Santa Inés, extramuros de Roma. Desde el año ante- 
rior de 1860 los romanos habían elegido este dia pa- 
ra celebrar extraordinarios festejos y protestar solem- 
nemente de esta manera contra los embustes y ca- 
lumnias esparcidos en Europa por los que pretendían 
hacer creer al mundo, que el pueblo de Poma estaba 
hastiado del yugo del Papa, y que ardía en deseos 
de nombrar por Rey al Galatuomo Víctor Manuel de 
Carignano. Por esta razón al aproximarse dicho dia 
en toda la ciudad reinaba una animación, un movi- 
miento, una actividad febril para preparar arcos, 
lienzos, inscripciones, trofeos y otros aparatos para 
la magnífica y esplendorosa, iluminación del desde 
entonces memorable 12 de Abril. 

Magdalena no perdió esta ocasión para poner í su 
marido en contradicción cada vez mas patente con 
los satélites d A comité; y Trajano que el año ante- 
rior se habia contentado con poner solo dos faroles 



»108- 



en cada ventana; este año dio carta blanca á su espo- 
sa, para que dispusiese Ja iluminación á su gusto. Y 
Magdalena, que no se hizo repetir las palabras del 
marido, se apresuró á tratar con el Sr. '.Vomasino, que 
era el tramoyista del barrio, de la composición de su 
iluminación. 

— ¿Entendéis, señor Tomasino? le repetía con vivas 
instancias; quiero una cosa que llame la atención. 
Cueste lo que cueste; lo que me importa es que nues- 
tra iluminación brille en toda la calle. 

— Dejadme á mi, doña Magdalena. 

■ — Los faroles que sean todos de los que tienen es- 
tampado: Uva el Papa Pe. Me gustan mas estos 
que los que tienen las armas y el retrato del Santo 
Padre. 

— Seréis servida. 

Y en efecto el Sr. Tomasino la sirvió, como ella no 
hubiera podido desear. En la noche señalada en ca- 
da balcón lucían ocho faroles, y sobre ellos formando 
pabellones, ardían farolitos blancos y amarrillos. Los 
batientes estaban marcados con líneas de luces en- 
cendidas en vasos de diversos colores y lo mismo los 
antepechos en todo su contorno, resaltando en el cen- 
tro el escudo de armas del Santo Padre, sobre el que 
se leia en letras de color de fuego esta divisa: Papa 
e Be; y debajo esta otra; Portam inimicos tuos scabel- 
lum pedum tuorum sugerida por el P. Eusebio, y es- 
crita en un cartel sostenido por dos genios. 

Bien entrada ya la noche Trajano salió con su es- 
posa ó hijas á recorrer la ciudad y á gozar del espec- 
táculo que ofrecía la iluminación. Al oir los elogios y 
las voces de aprobación que á su iluminación prodiga- 
ban los muchos curiosos que la contemplaban, tanto 
Magdalena como su marido no pudieron menos de 
sentirse huecos y engreidos; pero tomando un coche 
do alquiler se alejaron ávidos de contemplar á su vez 
las iluminaciones de los demás. 

Roma en aquella alegre noche irradiaba por todas 
partes torrentes de luz. Las calles y las plazas ape- 
nas bastaban á contener la muchedumbre, que como 
un mar en su creciente todo lo inundaba, pero con tal 
orden y tranquilidad que parecia una sola familia 
atenta á solazarse en la fiesta del común padre. Las 
imágenes de la Santísima Virgen que tan frecuentes 
son en las calles de Roma se veian adornadas de her- 
mosas iluminaciones dispuestas con exquisito gusto, 
en forma de templetes, coronas, escudos, etc. . .y con 
leyendas debajo que expresaban un solo pensamiento, 
un solo deseo, esto es, la paz de Italia, la restaura- 
ción de la justicia y el triunfo de la Iglesia en Roma 
y en el mundo. 

Por do quiera se veian símbolos y alegorías, estan- 
dartes y trofeos, cruces y tiaras, fuentes vertiendo 
perlas, portadas caprichosas, fuegos de Bengala y 
bandas de música. A la entrada de la calle Fraltina 
se levantaba un cuadro que figuraba el sueño miste- 
rioso del Salvador al tiempo en que estaba para su- 
mergirse la barquilla en que iban los Apóstoles. En 
la plaza del Panteón se ostentaba otro lienzo de mas 
complicada composición, que representaba las cinco 
partes del mundo ofreciendo al Santo Padre el óbolo 
de San Pedro. En la plaza Pía llamaba la atención 
una copia de la salida de San Pedro de la cárcel, quo 
Rafael pintó en una de las salas del Vaticano. Pero 
en la espaciosa calle del Corso la luz parecia compe- 
tir con la del sol, y so extendía con igual intensidad 
hasta la plaza del Popólo y deiüás calles vecinas con- 
centrándose como en su foco en el obelisco de Sesós- 
tris que brillaba como un colosal diamante finamente 
tallado. 

Grande era la complacencia con quo Trajano y su 



esposa, y en particular sus hijas pasaban de calle en 
cille y se recreaban con las hermosas y variadas 
perspectivas que á cada paso á su vista se ofrecían. 
Mas al pasar por delante de una callejuela poco dis- 
tante de la iglesia de San Luis de los Franceses, se 
sintieron tres detonaciones una en seguida de otra. 

¿Mamá? ¡qué hay! gritó Lucila, cogiéndose á un 
brazo de su madre. 

— Estaría bueno murmuró Trajano levantándose, 
que esos picaros del Comité 

— ¡Ahí vienen los gendarmes! gritó en esto el co- 
chero. 

En efecto el comité piamontés, ya que no podía 
impedir la iluminación; se propuso turbar al menos 
el contento y alegría de los romanos con petardos, 
voces y tumultos. Los gendarmes al desembocar de 
la callejuela traían en el medio dos muchachos cogi- 
dos infragranti, mas Magdalena no pudo contenerse y 
para tranquilizar á Lucila; — ¡A casa, á casa! gritó di- 
rigiéndose al cochero. 

— No; es muy temprano; gritaba por su paite Fla- 
minia; ¡adelante, adelante! no es nada; vamos á ver 
la iluminación de la Sapienza. Cochero á la Sapienza 
por San Eustaquio. 

He aquí trabada una de las acostumbradas con- 
tiendas entre la madre y !a hija. El padre bien hu- 
biera querido retirarse por no tropezar con otro 
tumulto; pero ¿cómo disgustar á Flamiuia, que le 
conjuraba con toda instancia que no la hiciese volver 
á casa á aquella hora? 

— ¡Sabes! dijo finalmente á Magdalena; vayamos 
hasta la Sapienza y después por la Torre Argentina 
volvemos á casa. 

Magdalena dio un suspiro, se mordió los labios, se 
puso á acariciar á Lucila y disimuladamente por 
amor de Dios y no armar nuevas disputas tragó la 
pildora. 

Al poco tiempo llegaron frente al vasto edificio de 
la Sapienza, que los alumnos de aquella Universidad 
habían embellecido con innumerables hachas, festo- 
nes, cornucopias, meandros, y estandartes combina- 
dos todos con la mayor elegancia en torno de un 
majestuoso busto del Pontífice, bajo cuya base so 
leia. 

INCOLUMI 

TÍO IX TONTIFICE ET REGE 

INCOLUMI ROMA. 

Apenas se paró el coche en seguida empezó á no- 
tarse una extraña agitación entre la muchedumbre, 
luego se vieron bastones al aire, carreras en distintas 
direcciones y gran confusión y tumulto delante de la 
puerta principal. Lucila vuelve á gritar con la cabe- 
za agazapada en el regazo de su madre, que se levan- 
tó para saltar á tierra con su hija. Trajano palidece, 
la detiene y con voz trémula manda al cochero que 
guie á escape hacia casa. Flamiuia se irrita, patea y 
se insolenta contra la madre. Esta pide á Dics que 
no le falte la paciencia; pero al ver que Fia minia 
quería dar de patadas á su hermana; no pudo conte- 
nerse y le descarga dos fuertes bofetadas que la hicie- 
ron saltar la sangre por las narices. Con esto se acabó 
el gozo y alegría de aquella noche. El padre vuelto 
á casa por no reprender á la esposa y dar la razón á 
la hija so cerró por dentro en el escritorio; Magdale- 
na con Lucila se encerró en otra habitación; y Fla- 
miuia rugiendo y furiosa como una hiena se fué á 
cama sin cenar. 

(Se continuará.) 






Se publica todas las semanas, en Las Vegas, 



( AV¿» 



8 de Marzo de 1879. 



SUMARIO. 

Cbónicí Gsneríl— Se joion Piadosa: Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Semana— Los XL Santos mártires de Sebaste— Ac- 
tualidades :— Una falta de reflexión — Confesión preciosa— Un des- 
engaño—Madama Hammond— El Conde Plator y los Católicos- 
Faltas de correos— Una conversión — El sabio muda de consejo- 
Sentencia de San Agustín— Un discurso de Lord Eipon -La Igle- 
sia y la Escuela Pública — Un enemigo leal — El Sr. Diego Archnle- 
ta y El Espejo — Un crimen intentado contra niños— Un consejo 
por dia— Tres misioneros — La Pobrecilla de Casamari — 



;eáó en la Joya, el dia 23 de Febrero el Sr. 
Matías Velarde, á la edad de 92 años. Nos juntamos 
en el sentimiento producido por esta pérdida á su fa- 
milia y á todos sus conocidos. Su funeral se celebró 
el dia siguiente, 24 del mismo mes, por el Kev. Seux, 
Cara- párroco de 8. Juan. II. I. I B . 

Catolicismo eii £¿apañia. — Las Misiones Ca- 
tólicas anuncian la bendición solemne de una Iglesia 
católica en Hammerfset. Esta es la primera iglesia 
católica en Laponia de Noruega. En Altengaard hay 
una sola capilla. Asistieron á la función unas mil 
personas y todas las autoridades de la ciudad. El 
Padre Santo envió su bendición apostólica para esa 
circunstancia. 

Cosaversiones. — En una misión, dada última- 
mente por los Padres Jesuitas en Fort Leavenworth, 
el primer Lugar-teniente, Fred. L. Dodge, del 23 re- 
gimiento, hizo formal profesión de la Fé católica, y 
fué recibido en la misma Iglesia. 

Mr. Ge xííVoi, Viejo-católico y cura de Courtmaiche 
en el Jura Bernés, ha vuelto á la Iglesia católica. 

feülii 8*f iüwaifk©e han sido nombrados por el Ar- 
zobispo Jueces de las causas los Rev. Kundig, Lalu- 
miere, Doiiaghoe, Conrad y Wissbaner. Dícese que 
los PP. Lalumiere y Donaghoe han resignado su no- 
minación. 

Ubi elsfl5»lle© ha sido concedido por el Papa, en 
ocasión del aniversario de su elección, acaecida el 20 
de Febrero del año pasado. Pronto veremos y dare- 
mos cuenta de la proclamación de este favor en las 
diferentes diócesis de este país. Este Jubileo comen- 
zará el 2 de Marz® y acabará el 1 de Junio, dia de 
Pentecostés. 

Moaaseñor Mostloí, Rector del Colegio Ameri- 
cano en Roma, ha sido nombrado por Su Santidad 
Camarero Secreto. Este honor concedido á su perso- 
na, en una edad no muy avanzada, muestra á todo 
el mundo, á la par que sus méritos, el afecto con que 
el Padre Santo mira á esta nuestra nación. (Catholic 
Revieto.) 

Nuevas secías. — Según las estadísticas de la 
Iglesia Rusa, el año pasado se manifestaron en ese 
país 137 nuevas sectas. Los prosélitos de una de ellas 



se dan el nombre de Leeches, y enseñan que los ni- 
ños recién nacidos sean bautizados y alimentados 
con sangre sacada de sus madres. Ellos son casi to- 
dos habitantes de la provincia de Vologda; y sus prác- 
ticas han sido motivo pava que se aumentara mucho 
la mortandad de las mujeres casadas. 

Las Séfioras del ÉEin, que habían dirigido una 
petición al Emperador Guillermo, han alcanzado que 
se suspendiera (aunque bajo ciertas condiciones) la 
ejecución del decreto, que mandaba cerrar los conven- 
tos de educación de las Religiosas de Abrusiter y de 
Mommenwerth. 

ILa Pesie. — Se anuncia, de Londres con fecha 19 
de Febrero: "El consejo de los facultativos regios han 
pedido al gobierno para que nombre una comisión de 
hombres de estado y de facultativos, con el objeto de 
estudiar la peste en Rusia. En S. Petersburgo se es- 
tá formando una comisión especial para cuidar del 
estado sanitario de las tropas." 

De S. Petersburgo con fecha 20: "A pesar del alar- 
ma general en los distritos inficionados, noticias pú- 
blicas y privadas anuncian que no se han presentado 
nuevos casos. 

De S. Petersburgo con fecha 21: "El General Me- 
hkoff anuncia que en todo su jurisdicción no hay un 
solo caso de epidemia. Los cordones que aislaban 
algunos lugares han sido abolidos; solo se mantiene 
el cordón general." 

De Berlín con fecha 21: <: En una sesión de facul- 
tativos, el Sr. Vierchoa ha pronunciado un discurso 
sobre la epidemia; y sostiene que la enfermedad, que 
se ha manifestado en Astrakan, es la verdadera peste 
asiática; añadió que las medidas tomadas por el Go- 
bierno alemán eran demasiado generales, y que debía 
principalmente tomarse de mira la necesidad de suje- 
tar á una inspeecion médica las tropas rusas, que 
vuelven de Turquía. 

JLa Maielg'a continua en Liverpool, y las tropas 
siguen bajo las armas, según las órdenes de las auto- 
ridades. Los obreros de la fábrica de Algodón de 
Bolton no quieren resignarse á una disminución de 
10 por ciento de su sueldo, y los de la fábrica de She- 
ffield se ven amenazados á perder del 5 hasta el 15 
por ciento. 

El 24 de Febrero los trabajadores en huelga han 
tenido una reunión en Ashton-under-Lyne. Eran 
unos 3,000; y todos menos unos cuatro se acordaron 
en mantener la huelga hasta morir de hambre. 

Uñ lle.y ■verslaag'O.— Un parte telegráfico, fecha- 
do en Calcutta 21 de Febrero, dice que en Mandalay 
el Rey de los Birmanes ha mandado asesinar á todos 
los príncipes de la familia real y sus familias, y ha 
reemplazado todos los ministros en fuucion con los 
que habían sido destituidos; lo que equivale á restau- 
ra el antiguo régimen despótico. Asegúrase que las 
víctimas han llegado al número de 86; los pormenores 



rios trenes. s6 ;ten , amoladoras 

* íSSai? wrs°- *=?* 

pecio. MtaWj» £ trabajadores vie os impe- 

que la Lompanid iu» u fTnfp siete semanas 

|eT^ria a tSr¿ dlTe sfreasumia e, 
tra tnS°terromotó ha sido sentido en Boma y en 

y algunos paisarios Febrero reeibi- 

aás P dé°cfaher^uS " el asesioato de Joseph 
latíase, ostras ££^$££4 £ 

robaron caforce paquetes registrados del co«eo. ? • 
r 4. j q -o- T filianman eu el condado de uin- 

^SlzBe^e^SS 

sfs en los Estados Unidos, para proveer alo que pide 

^ando deXtnell y Lonsdale haHan ten.do un en- 
cuentro con el enemigo en Kotke s Dntt del que n 
bian salido vencedoras. La columna del Coronel J* 
arson está muy segura en Ekaye. En JNatal no 
veian Zulus enemigos. . mfí . 

TC1 24 de Enero los Zulus, en numero de 4.ÜW, ata 
,aSn la columna del Coronel Wood. El enemigo se 
^centraba SaEko W e, donde se hallaba atrinche- 
rado Pearson. Cada dia se teme una acometida. El 
Coronel Wood, estaba retirándose para proteger i 
Utreoht. Dos embarcaciones con tropas para refuer, 

^^S^nstSmente a un incendio que 

rasadas en laB inmediaciones á la factoría, dejando á 
nueve familias sin un techo donde abrigarse. 

Avadad á vuestros taermanos.-Las her- 
mana negras de la Providencia apelan á la candad 



de los Caílico7en beneficio del ^¿**¡K 
qil e ellas dirigen, y que no tiene ^^¿ e a C d U " Unidos, 
generosidad de los católicos en los Estados £n 

Vitorias, por los ^tres ib r,os siguí Julio) una M isa cada 

sario y las Letanías de la Sma Virgen. 

Los\ue quieran enviar sus pendas d i , ^ 

la Revda. Madre Mary Louisa , JNoei o 

phanage. Forest and Chase ¿g. BaUxmore 1 ^ 

Ml»ioiies.-En la ^uidiocesj ae 
han dado dos Misiones, ^a primera en w g 
Sagrado Corazón comenzó el 9 f 1 ebuAO, y P 
mero destinada á las mujeres y des P^¿ a ^ zas del 

bres. Los ««^S^SSÍ S^S de aquella 
Eev. James J.hribzmaunce, cu n V Maguire , 

& ^í°S¿ S def ,££-. eoocorso 
Sa ín? fieles huvo veinte conversiones. 

Sft SSo Ve m t°'i g B aSo y eo ,os ¿os a U 



primera. 

Una Revolución 



...,.„ ha estallado en Antioquía, 

habido una refriega, 7» "^ m uertoB y 
llamado Olivares; en ella hubo jnoe^ein j 

los revolucionarios paree «han lleva do i p P 
El Gobierno general ha ^g°¿£\° mbreB pa ra en- 
ha mandado una ^^^fel orden sellaba 
viarlos á aquel estada Todavía el o egume 

P^bte^ 

ó mas. , , OQ j "Rfthrero llegando á 

Elidios.— El correo del 23 de Jíeoieiu, uj 3 

City, para impedir a la P*^» acometió b esta- 
sa de los atacados. Otra partí l « Bismarok, 

£íT pt:^\«Tos°Cbe y eles, q oe 

van á reunirse °on Sitting-JiuU. le diri _ 

El Papa, contestando á, un disowB. 1 

gieron los Cardenales, el ^^¿SuK i recon- 
ciliar con la Iglesia los *™J£» ¿/epentidos que ce- 

ffis% d S b Ar^VS,^eU0B 4 uel. 

atacasen. ratóUcos ._ E l ü/óto,- de Baltiinora 
Negros Católicos. ^ Neeros qU ese convier- 
constata que enesa ciudad los Ne^osq ^ 

ten al Catolicismo llegan, poi media, 

rS^feni: ^asUefaUueiada por los medióos. 



-111 



SECCIÓN PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero.— Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero.— Pascua de Eesurreccion, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio.— Corpus Christi, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 

MARZO 9-15. 

9. Domingo II de Cuaresma. Sta. Francisca Romana, viuda. San 
Paciano, Obpo. y Conf. 

10. Lunes. Los 40 mártires de Sebaste, soldados. Santa Berenice, 
mártir. 

11. Martes. Los santos Vicente y Ramiro, monjes y mártires. 

12. Miércoles. San Gregorio el Grande, Papa, Conf. y Doctor. 
Santa Sandia, princesa y virgen. 

13. Jueves. San Rodrigo, presbítero y mártir. Santa Teodora, 
mártir. 

14. Viernes. Las Llagas del Señor. Santa Matilde, reina. Santa 
Florentina, virgen. 

15. Sábado. El B. Leonardo y sus Comp. mártires de la Comp. de 
Jesús. Santa Lucrecia, virgen y mártir. 

LOS XL SANTOS MÁRTIRES DE SEBASTE. 

Esclarecido triunfo do la fé de Jesucristo fué el que 
recuerda la Iglesia el dia 10 de Marzo. Cuarenta sol- 
dados del ejército Romano que hallábase en Sebaste 
de Armenia fueron acusados de ser Cristianos. In- 
mediatamente fueron presos y echados en una cáreel 
horrible por mandato de Licinio y Agricolao. Luego 
durante la noche, haciendo á la sazón un invierno 
atroz, se los sacó desnudos al aire abierto y se les 
mandó entrar así en una laguna de agua helada, á fin 
de que muriesen traspasados con el frió. En esta 
condición una sola plegaria salia de sus labios: "Cua- 
renta entramos en la lid; haced, Señor, que cuarenta 
también recibamos la corona; no le falte ni unaá este 
número. Consagrado está este número por vuestro 
ayuno de cuarenta dias en el desierto, y por el ayuno 
de Elias, j por los cuarenta dias que moró Moisés 
en el monte." Así animábanse mutuamente á la 
constancia. Sucedió que durmiendo los guardas de 
la cárcel, el portero que velaba, vio treinta y nueve 
ángeles que bajaban del cielo trayendo cada uno una 
corona en las manos, y empezó á discurrir de esta 
manera: "Cuarenta son los que están en la laguna, y 
las coronas son treinta y nueve: ¿qué querrá decir 
esto?" Poco después, uno de los soldados, vencido 
por los tormentos del frió, salió de la laguna y echóse 
en el baño de agua tibia que habia sido preparado 
allí cerca, para el que renegase de la fé. Pero el in- 
feliz espiró á los pocos instautes. Entonces compren- 
dió el portero porque eran treinta y nueve las coro- 
nas. Y deseoso de ganar para sí la que habia per- 
dido el apóstata, despojándose de su ropa, se arrojó 
denodadamente entre los santos mártires de la lagu- 
na, clamando á grandes voces que era Cristiano. Vino 
la mañana, y estando los valerosos confesores de 
Jesucristo casi helados y muertos, mandó sacarlos 
del agua Agricolao y quebrarles las piernas á palos; 
y así acabaron de espirar, escuchando el Señor su 
oración. 



ACTUALIDADES. 

Padres y madres, que tenéis á vuestras hijas 
en Conventos de monjas, vosotros sois los ma- 
yores y mas fieros traidores de la República. 



Os lo dice El Espejo; nadie chiste. Verdad que 
el finado Jorge, Rey de HanóVer, y Protestan- 
te, tuvo á las monjas por "institutoras dignas 
del mayor aprecio;" pero qué tiene que ver el 
sabio Jorge con aquel abismo de sabiduría que. 
es El Espejo? Verdad que los Conventos de la 
Union están poblados de niñas de toda denomi- 
nación religiosa; pero qué saben sus benditos 
padres de los peligros á que exponen á sus ino- 
centes hijas y la misma República? Hasta ahora 
habíamos pensado que de atacar á los Jesuítas 
no se seguía, como necesaria consecuencia, ata- 
car las instituciones mas bellas de la Iglesia Ca- 
tólica. El Espejo nos ha desengañado. 



Confesión preciosa. "Bien se puede esperar 
que los Católicos harán oposición i las escuelas 
libres" (no-sectarias) "en medio de ellos, y el 
Tribune, de su lado, afirma que ellos tienen per- 
fecto derecho de hacer tal oposición; pero no 
el derecho de decir (pie no habrá escuelas li- 
bres sino bajo maestros Católicos" — (Denver 
Tribune, 18 Febr.). Perfectamente! Ni más ni 
menos decimos nosotros, y se nos tacha de anti- 
americanos. ¿Cómo se entiende eso? 



Uno de los diarios mas patrióticos de Alema- 
nia, el Berliner Bórsen Oourier, después de ha- 
ber dicho que las grandes esperanzas, concebi- 
das ocho años ha, desvaneciéronse para dar lu- 
gar á una condición de cosas sumamente (¡oloro- 
sa, añade: Se creía que estábamos á la víspera 
de una era dichosa; mas, apenas habíase levan- 
tado nuestro nuevo edificio político, que comen- 
zó otra lucha, la cual, si bien sostuvimos con las 
armas pacíficas (?) de la ley, fué sin embargo una 
lucha terrible y malhadada, es decir, el Cultur- 
kampf de triste reputación. Así fué que los sue- 
ños dorados de nuestra unidad y paz fueron 
luego estorbados por funestos presagios y las 
señales de un porvenir desastroso. Esos indi- 
cios de mal agüero fueron inmediatamente se- 
guidos por infortunios reales: disipáronse nuestros 
sueños de felicidad y grandeza, y en vez tuvi- 
mos la realidad de un ansia violenta y congojo- 
sa miseria. Nuestros sucesos de 1870 y 1871 
nos enajenaron; pero á nuestra alegría pronto 
sucedieron las dolencias de la pobreza y del 
luto. Estas palabras del periódico prusiano 
nos son confirmadas por los hechos. ¿Quién lo 
pensara? En 1877 mas de 200,000 personas 
fueron procesadas en Alemania por no haber 
satisfecho á los impuestos, y mas de 120.000 
embargos fueron ejecutados contra familias que 
no habían podido pagar el alquiler de sus casas. 
De todos los puntos de Gcrmania se levanta hoy 
el mismo grito de desolación; la miseria domi- 
na en todas partes, la falta del trabajo es gene- 






112- 



ral y la crisis económica es cosa que espanta. 
El Oficio de Beneficencia de la ciudad de Stras- 
burgo cuenta ya 3,000 familias á su cargo; lo 
propio puede afirmarse de la Lorena y de otras 
proviucias limítrofes. Hé aquí la bienandanza 
con que ha regalado el Imperio alemán aquel 
hombre de hierro que lo ha constituido: el quiso 
hacerlo fuerte; mas no salió feliz con su intento. 
Este coloso del nuevo Imperio al par de aquel 
de la Escritura Sagrada tiene los pies de barro, 
que son la pobreza de las masas y el malcon- 
tento de todos. El periódico arriba menciona- 
do espera para su país un médico hábil que acier- 
te con la enfermedad de su patria, y aplique un 
remedio saludable. Por lo que toca á nosotros, 
no vemos otro médico ni otro remedio fuera del 
señalado en la última Encíclica de nuestro Pa- 
dre Santo, y que hemos reproducido con la en- 
trega del dia primero del corriente. 



Madama Hammond es una viuda de treinta- 
y-cinco años y una predicadora del Evangelio 
puro. Cuando su pié pisa el sagrado pulpito es 
algo que arrebata. Oid, ó sino, como la descri- 
be uno de sus admiradores clericales: 

"Es de estatura por encima de la mediana, 
bien formada y de continente hasta robusto. Tie- 
ne cabello negro y abundante; y negros y expre- 
sivos son asimismo sus ojos y facciones que, por 
su animación, parecen hablar aun cuando sus 
labios quedan inmobles. Sus movimientos son 
eminentemente matronales, y su voz excelente. 
Cuando entra en el templo, y se va muy quedi- 
ta á su silla, su aspecto parece muy ordinario, 
pero cuando está sobre el tablado, "declamando 
su discurso, aparece brillante y casi hermosa. 
Llena, redonda, y franca, con su sencillo y os- 
curo vestido que tan bien le sienta, volviendo 
las hojas de su Biblia, ó teniéndosela delante en 
su manecita blanca y sin guante, mientras que 
levanta ó extiende la otra para dar énfasis á 
una sentencia, fulgurando al propio tiempo su 
rostro bajo la inspiración de su tema, ella es una 
personificación digna de ser vista, y una evan- 
gelista digna de ser oída.'' 

¡Cuadro encantador y sublime! ¿Qué Cura, ni 
qué barbudo Ministro podrá igualar á esa sacer- 
dotisa? ¿y qué pecador tan empedernido podrá 
resistirse á la magia de sus atractivos? Y sin 
embargo San Pablo manda á las mujeres que 
"no hablen en las Iglesias." Está visto; el 
Apóstol no era asaz "inteligente" y "progre- 
sista;" ó bien hemos de decir que, si viviese en 
nuestro siglo de ferrocarriles y telégrafos, refor- 
maría algún tanto sus ideas religiosas. 



El ilustre Conde Plater ha escrito una larga 
carta al Memorial Diplomatique, en la que toma 



la defensa de sus Católicos compatriotas, deni- 
grados injustamente por un corresponsal de San 
Petcrsburgo. Damos á continuación unas pocas 
palabras del intrépido Conde, deplorando al 
mismo tiempo que la noble nación polaca sea o- 
primida de tocias maneras por los enemigos ju- 
rados del nombre católico. Los Polacos, dice 
el Conde, han dado en todo tiempo pruebas ir- 
resistibles de su fidelidad á la Iglesia Católica. 
Ellos tienen por lema: Dios y Patria; mas nun- 
ca, como se les quisiera calumniar, han subor- 
dinado los intereses de la religión á la política. 
No es extraño si una nación, que aun en estos 
dias de indeferentismo é impiedad sigue aumen- 
tando el número de los Mártires, goce las sim- 
patías y la protección de la misma Iglesia. No 
es verdad que Rusia desea salvar el Catolicis- 
mo en Polonia; antes bien ella lo quiere destruir. 
Después de haber con la violencia abolido el 
rito griego-unido, trabaja sistemáticamente para 
extirpar el rito latino, lo que es muy bien cono- 
cido en Roma. En lo que atañe á nuestro re- 
nacimiento, de cuya esperanza se nos quiere ha- 
cer un cargo, él es un artículo defé para cada 
Polaco amante de su patria. En verdad, un 
país rico y que puede gloriarse de una historia 
luminosa no ha de perecer; tanto mas que dicho 
país es necesario á la Europa. La misma Ru- 
sia lo demuestra con sus hechos; pues tiene me- 
nester de echar mano de un terrorismo perma- 
nente; y de los medios mas inhumanos á fin de 
hacer fenecer la nacionalidad polaca. Le seria 
mas ventajoso á Rusia el seguir otro camino; ya 
que el mismo Imperio del Czar se ve hoy ame- 
nazado por un fuerte cataclismo, como lo vienen 
confesando sus mismos adeptos y partidarios. 
Estas últimas palabras del Conde Plater no son 
sino la expresión de la mas alarmante realidad. 
El movimiento nihilista va tomando allí siempres 
mas asoladores incrementos. Hasta se cree con 
fundamento que las tropas están en gran parte 
maleadas. El Prefecto de San Petcrsburgo está 
todo ocupado en reformar la policía; puede ser 
que á estas horas ya estuvieren desterrados va- 
rios Oficiales acusados de manejos nihilistas. 



¿Cómo andamos en negocios de correo? Va- 
rios de nuestros suscritores se nos quejan de 
que no reciben sus números. El enredo, volun- 
tario ó involuntario, en eso no entramos, causa 
perjuicios y desazones que todo estafetero con- 
cienzudo debería evitar cuidadosamente. Es- 
tamos frescos si por el despecho que nos tiene 
Fulano, ó por la culpable incuria de Zutano, 
los suscritores han de ver violados sus derechos, 
y tirar su dinero á la calle. 



t < tm > &■•»— 



¡Qué devoto se ha puesto el New Mexkan! 



113- 



Los Jesuítas. . . .nada: ni una palabra ya: como 
si el demonio se los hubiera llevado á todos en 
una sola noche. Al contrario: artículos sobre la 
Cuaresma: artículos sobre el Miércoles de Ce- 
niza: artículos sobre la Catedral de Santa Fé! 
Es una conversión radical. Quizá veremos un 
dia que otro al Nexo Mexican con un artículo de 
los mas elocuentes contra las escuelas no-secta- 
rias. Todo puede ser. 



Mas vale tarde que nunca, suele decirse: tal 
vez este aforismo habrá movido El Espejo á em- 
prender una tarea, á la que hubiera tenido que 
ciar principio mucho tiempo ha. Un ciudadano 
que se interese en el bien de su patria; un publi- 
cista que tome á pechos la causa de la verdad y 
de la justicia; un Católico que se desvele por la 
pureza de la fécristana, está obligado á poner lue- 
go el grito en el ciclo, cuando vea que corre peli- 
gro alguno de estos objetos de sus cuidados. Por 
consiguiente muy mal ha hecho Yd, señor El 
Espejo, de callarse hasta ahora y de no darse por 
entendido de lo que sabia. Hace ya diez años 
que los Jesuítas han venido á estas tierras, y 
viven y obran en medio de los Neo-Mejicanos; 
por otro lado El Espejo, ó, como se llamaba an- 
tes de su metempsícosis, El Explorador conocía 
cosas de estos malditos, y de los resultados de la 
educación impartida por ellos en sus colegios, 
que con sola su narración harian erizar los ca- 
bellos al mas intrépido: ¿cernióse entiende pues 
que solamente en esta año de 1879 acordóse de 
aclarar á sus compatriotas sobre un asunto de 
tanta importaueia? Sí, lo repetimos, muy mal 
ha hecho Yd de no desembuchar antes tan ven- 
tajosa erudición; y peor hizo todavía, cuantas 
veces atestiguó su respeto y veneración hacia 
una raza de gente, que por ser la peste del mun- 
do debiera, cuando menos, ser vilipendiada de 
todos y de todas maneras. ¿Y cómo su cora- 
zón de Yd, que parece rebosar de amor por este 
Territorio, pudo sufrir que los buenos Neo-Me- 
jicanos anduviesen engañados hasta la fecha? 
¡Podía Yd. alumbrarles tan fácilmente con sus 
conocimientos y en vez les confirmó en su error, 
diciendo repetidas veces que trataría á estos 
Padres siempre con miramiento! Pero en fin 
mas vale tarde que nunca, dirá Yd; esto es ver- 
dad, con tal que otro no pueda replicar: "tarde, 
mal y nunca," expresión con que se pondera lo 
mal y fuera de tiempo que se hace lo que fuera 
mejor que no se ejecutara ya. A fé nuestra, 
¿qué caso harán de sus palabras los Católicos 
genuinos de Nuevo-Méjieo, después que la Re- 
vista Evangélica le ha tributado á Yd elogios tan 
altisonantes; y dicho que no puede haber mas 
disputa entre ella y un hombre que hablare como 
Yd ha hablado? 



Leyendo en un periódico ciertas no sabemos 
si blasfemias ó locuras, y viendo que hablaba al 
mismo tiempo de tribulaciones del alma, nos ocur- 
rió una sentencia del penitente San Agustin, 
que debía tener de ella noticia experimental. 
Dice así: "Entre las tribulaciones del alma humana 
no hay ninguna mayor que la conciencia de sus 
delitos" (Enar. in Ps. 45). 



Un Discurso (le Lord Hipon. 



A pesar de las muchas desmentidas, ora por 
un lado y ora por otro recibidas, tomaráse 
siempre de boca en boca aquella vieja acusación 
contra nosotros los Católicos de que favorece- 
mos la ignorancia; deseando que los entendimien- 
tos queden en las tinieblas, á fin de que poda- 
rnos mas fácilmente dominarlos con nuestras su- 
percherías. Según esos, la religión católica 
huye de la luz, va en busca de las sombras, 
ama la oscuridad de la noche para ejercer, sin 
miedo de que se le resista, su tiranía sobre las 
conciencias de sus esclavos. Es inútil pedirles 
razones de lo qué afirman, en vano ¡es opon- 
dréis la historia, en balde se les citarán hechos 
en contra de sus asertos; nada, nada: despotis- 
mo, superstición, fanatismo, preocupaciones } r 
otros monstruos que presentan en su linterna 
mágica, es loque constantemente dicen que pre- 
tendemos. A su manera de ver, es imposible 
que reine de otro modo una religión en la que 
se exige la sumisión mas absoluta de nuestras 
inteligencias; en que se enfrenan todos los de- 
leites; en que se castigan todas las pasiones, en 
que se comienza por despreciar el mundo con 
sus bienes; en que ninguna cuenta se hace de 
las cosas visibles; en que solas las invisibles se 
anhelan; de una vez, en que se tiene por la ma- 
yor de las felicidades la mas dura y la mas pro- 
longada mortificación. 

Bien que estemos convencidos de que no hay 
peor tordo que el que no quiere oir, y que por 
consiguiente predicar á esos tales es como si se 
predicara en el desierto; sin embargo juzgarnos 
no ser fuera de propósito el asir la ocasión to- 
das las. veces que se nos ofrece, para remachar 
el clavo y poner las cosas en su luz verdadera. 

Esta vez nos da margen para lograr nuestro 
intento una arenga del Marqués de Ripon, diri- 
gida á un ilustrado auditorio en ocasión de una 
solemnidad escolar que tuvo lugar en el Colegio 
de la Compañía de Jesús en Liverpool. Se nos 
quiere achacar la culpa de promover la igno- 
rancia; pues bien el discurso del convertido 
Lord no es sino una sensata exhortación para 
inducir á los padres de familia á que se desve- 
len siempre mas por la educación de su prole. 
El tema escogido por el orador fué la necesidad 
apremiante en que hállase la juventud de núes- 



-— > 



114- 



tros días de acrecentar el caudal de sus conoci- 
mientos; deplorando al mismo tiempo el descui- 
do de muchos padres bajo este respeto. Aunque 
tome parte y empeño en todo lo que hace á la 
causa del Catolicismo; con todo parece que nin- 
guna cosa le conmueve tanto el corazón al in- 
signe Marqués como esta de una esmerada edu- 
cación de los jóvenes. La importancia de sus 
ideas sube de punto, como quiera que pueden 
considerarse cual fruto de la experiencia adqui- 
rida por un personaje de distinción en la socie- 
dad, y posee mas conocimientos que los comunes 
y ordinarios. 

El solícito miembro de la Comisión de escue- 
las para los pobres, y que ha hecho su tarea de 
predilección informarse de sus maestros, de 
sus métodos y de sus resultados; levanta por un 
instante sus miradas mas alto, dedicando su pa- 
labra y sus consejos á aquella clase de sus con- 
ciudadanos que fueron mas am píamente dotados 
por la Providencia divina. Sus observaciones 
pueden ser de provecho en todos los países, no 
excluido este para el cual escribimos; siendo 
así que no hay región civilizada sobre la faz de 
la tierra, donde no exista, bajo varias formas y 
por causas diferentes, un círculo de familias que 
por sus comodidades y conveniencias pueden al- 
canzar mas expeditamente un grado de cultura 
que no es el vulgar. 

Asentado, an^es de todo, el principio de que 
una buena educación ha de tener por base la re- 
ligión, teniendo que servir esta como de funda- 
mento en que estribe el edificio de la ciencia 
humana; pasa el orador á exponer los motivos 
que debieran compeler á los jefes de familias 
hacendadas á suministrar una educación mas 
cabal á sus hijos. El primero de dichos motivos 
es, por decir así, un motivo de interés material, 
pues mira á la conservación de una casa opu- 
lenta en la linea que lleno de bondad la señaló 
el Soberano dador de todos les bienes. Vivien- 
do en una época en que la instrucción va siem- 
pre mas difundiéndose; no pueden menos de 
quedarse atrás en el progreso general de la so- 
ciedad, y, tarde que temprano, bajar de catego- 
ría aquellos desgraciados hijos, que por culpa 
de sus padres no disfrutaron los beneficios del 
cultivo en las ciencias y letras. Este aviso del 
Marqués Ripon es oro de copela para ciertos 
padres de familia y aun para no pocos hijos, 
quienes muestran una suma indiferencia con res- 
pecto á todo lo que constituye la disciplina de 
la mente; pensando tener ya bastante copia de 
medios necesarios para vivir á gusto y con des- 
canso en los dias venideros. El engaño es fatal, 
y dia vendrá en que muchos quisieran enmendar 
su yerro; pero desventuradamente será demasia- 
do tarde. Los bienes de la fortuna, son tan in- 
ciertos como lo son las multíplices vicisitudes á 
que están sujetos: quien hoy es rico puede ma- 



ñana ser un menesteroso y falto de lo necesario 
para llevar sus dias, ó á lo menos que lo tiene 
con mucha escasez. ¿Y quien asegura que el hijo 
de un-padro adinerado no será en el discurso 
del tiempo un hombre infeliz, desdichado y tris- 
te mendigo que pide limosna de puerta en puer- 
ta? Por el contrario el capital de aquellos cono- 
cimientos que se adquirieron en la escuela es 
un tesoro, que el hombre lleva siempre consigo 
por desventuradas que sean las circunstancias 
de su vida. Merced á tan precioso tesoro aun 
el desvalido puede hacer frente á los golpes de 
fortuna adversa, y hallar un amparo en medio 
del desastre. 

Este primer motivo, aunque de suyo honesto 
y loable, no es el mas poderoso para un alma 
que elevándose sobre todo lo que es terrenal y 
perecedero,, coloca sus esperanzas en un Dios 
que ha de hacerla dichosa con una bienaventu- 
ranza inmortal. Así es que el noble orador 
luego después de haber con vigorosa elocuencia 
movido los sentimientos de corazones que se in- 
teresen en el bienestar de su casa y de su des- 
cendencia, inmediatamente llamó la atención de 
sus oyentes sobre un motivo tanto mas trascen- 
dental, cuanto mas dista de las cosas de la tier- 
ra y mas de cerca se refiere á la prosecución 
del fiu último por el cual el hombre fué puesto 
en este mundo. Dirigiéndose á los padres de fa- 
milia: "nosotros, dijo, no tan solamente estamos 
obligados á responder por el cuerpo y mente de 
nuestros hijos, sino también por sus almas; aho- 
ra bien, ¿en tiempos como los presentes, y en 
circunstancias como las nuestras, no correrán 
nuestros hijos algún riesgo para sus almas si 
salen en medio de un mundo que duda de todo, 
y todo lo examina, con facultades incultas, con 
las inteligencias desprovistas sin ser capaces de 
dar una respuesta á preguntas insidiosas, ó 
guardarse contra las zumbas de moda, con en- 
tendimientos que puedan quedar deslumhrados 
por la mas vulgar sofistería, y agitados por el 
mas rancio juguete?" 

Los peligros indicados en el precedente pa- 
saje, si verdaderamente existen para los jóvenes 
católicos de la protestante Inglaterra, no dejan 
de ser hoj^ dia menos reales para la juventud 
de este Territorio, así como de cualquier otro 
país. Atendidas las condiciones de la época 
que atravesamos; no hay nación donde los jóve- 
nes católicos no se encuentren á lado de com- 
pañeros que ó aborrecen ó, cuando menos, no 
simpatizan con la fé que ellos profesan. De to- 
dos los puntos de la sociedad en que viven se 
dirigen mas ó menos solapadamente, ataques 
contra sus convicciones religiosas: ahora es el 
escéptico y ahora el materialista, ahora el infiel 
y ahora el protestante que con sus dichos ó he- 
chos se vuelven para él ocasión de su daño y 
ruina espiritual, ¿Y qué diremos de esa prensa 



115- 



' 



insolenta que nos aturde todos los días con sus 
dislates? Son vaciedades, mentiras, añejos sofis- 
mas, rv petición de cosas á las que se contestó' 
ya quizá mil y mil veces: poco importa; si los 
jóVenes no están prevenidos y dispuestos peli- 
gran de quedarse con tanta boca abierta, con- 
fundirse y perderse. 



La Iglesia y la Escuela Pública. 



Curioso fenómeno es el que hemos visto en 
nuestro bienaventurado Territorio desde que su 
Señoría Ilustrísima el Arzobispo Lamy denun- 
ció esas que llaman escuelas no-sectarias, preca- 
viendo á los fieles de un sistema de enseñanza 
que " se Tirilla patrocinado por todos los enemigos 
de la religión." Acto continuo se despertó un en- 
tusiasmo religioso en todos aquellos órganos de 
la prensa seglar, que, en cuanto tales al menos, 
no profesaron hasta ahora religión ninguna, 
como si el ser seglar hiciera, á puños con el ser 
religioso y fuera su negación radical y absoluta, 
ó como si la religión no existiese cabalmente 
para santificar el siglo. Ahora se profesan pro- 
testantes: hablan de Jesucristo, y reprochan 
amargamente á sus Ministros que tan poco si- 
guen las huellas de los sublimes ejemplos de 
virtud que les dejara su divino Maestro. Sobre 
todo quieren ya. y claman á mas no poder, que 
la educación de la juventud sea eminentemente 
religiosa; y se indignan hasta dar en furibundos 
desmanes, que se les haya tratado de irreli- 
giosos y ateos por haber defendido un sistema 
de enseñanza "libre de todas trabas é influjos 
sectarios." 

No es nuestro intento revisar en este escrito 
las palpables contradicciones entre lo pasado y 
lo presente de nuestra ilustrada prensa territo- 
rial. Derecho tendríamos á preguntar: Caballe- 
ros! ¿qué es eso? Ayer, el influjo de una reli- 
gión en la escuela era llamado servilismo, escla- 
vitud, embrutecimiento, degradación, oscuran- 
tismo, trabas, cadenas, grillos: hoy lloráis á 
lágrima suelta porque los "Jesuítas y jesuiti- 
zantes" han hecho excluir de la escuela (así lo 
afirmáis vosotros) la lectura de la Biblia. ¿Qué 
es eso, pedimos? ¿Por ventura queréis decir que 
la escuela es esclavizada, embrutecida, degra- 
dada, trabada, encadenada, si el influjo religioso 
es católico, y es ennoblecida, emancipada y libre, 
si se lee la Biblia, acto principal del culto pro- 
testante? Extraña cosa, cierto: pero no es la 
que nos debe ocupar ahora. 

Lo que emprendemos á tratar aquí es otra 
cosa. Quieren los non-sedarian que la educa- 
ción sea religiosa: se sublevan airados contra 
quien afirma ó sospecha lo contrario: proclaman 
que no se hallará entre cientos de miles un solo 
padre ó madre que consentiría en hacer criar á 
sus hijos sin religión. 



Bien está: hemos llegado á avenirnos en un 
punto: la educación de la juventud ha de ser 
religiosa. Este es un paso inesperado pero 
grande. 

Sin embargo, aquí se levanta otra cuestión. 
¿Quién debe dar esa educación religiosa? ¿Quién 
tiene el deber y el derecho de enseñar religión? 
¿Quién ha recibido misión para ello? Es preciso 
pronunciarse sobre esta cuestión, y no hay sino 
dos contestaciones: el Estado ó bien la Iglesia. 

¿Diremos que pertenece al Estado enseñar Re- 
ligión? ¿Y de qué fuente sacará el Estado la Re- 
ligión que deberá enseñar, sobre todo en esta 
República Americana? No consideremos otras 
hipótesis: fijémonos en el hecho y derecho exis- 
tentes en estas tierras. Aquí el Estado no tiene 
religión suya propia. Las respeta todas, cuando 
no se oponen á sus leyes, pero no profesa nin- 
guna de ellas: se ha con todas neutralmente. 
Pues bien, Nadie da lo que no tiene: si el Estado 
no tiene religión suya propia; si no profesa nin- 
guna ¿cómo podrá darla ó comunicarla á los de- 
más? Eso es tan absurdo como si le exigieseis á 
un albañil que enseñara zapatería; ó como si 
fueseis al rio para buscar lumbre. 

Se dirá que el Estado tiene y profesa una es- 
pecie de religión natural, en cuanto admite la 
existencia de Dios, primer principio y último 
fin de lo criado; y que esta religión enseñará 
también en la escuela. Por vida vuestra, seño- 
res, la religión que se ha de enseñar al niño ha 
de ser la religión que deberá guiarle, regirle y 
acompañarle en toda su vida futura; ha de ser 
la religión que deberá dirigir todos sus actos y 
dictar leyes á su conciencia para obrar con rec- 
titud en todos los casos y circunstancias en que 
se hallare; ha de ser la religión que le intime 
clara y terminantemente con qué penas ó pre- 
mios están sancionadas las leyes, que se le im- 
pusieren como directoras de su libre albedrío; 
ha de ser la religión, que le suministre los me- 
dios para doblar en todo caso particular el ins- 
tinto á la razón, la pasión al juicio. Pues bien, 
con los solos principios religiosos que alcanza á 
descubrir la luz de la razón, es, ha sido, y será 
siempre imposible (pie la familia humana llegue 
á tener un código de moralidad completo, sin 
mezcla de errores, bien autorizado y debida- 
mente sancionado. ¿Qué vamos contando, pues, 
que el Estado enseñará la misma religión profe- 
sada por él, á saber la existencia de un Autor 
supremo, y sabio Dominador del universo? ¿Qué 
basta eso? Poned la muchedumbre en los millo- 
nes de casos prácticos y dudosos de la vida, en 
los que el vicio se le presenta con todos sus 
atractivos, adornos y embelesos; y la virtud, 
despojada de todo atavío, áspera, dura, repug- 
nante, y veréis lo que valen los solos principios 
generales de la religión natural. 

La indiferencia para con todas las religiones 



-11 (i 



es á veces inevitable para el Estado: no lo es 
nunca para el individuo. El Estado no podrá 
á veces ser Católico sin ofender los derechos ci- 
viles de los Protestantes, ó Judíos, y viceversa; 
pero yo individuo podré siempre ser Cato'lico, ó 
Judío ó Protestante, sin que ofenda los derechos 
civiles de nadie. Por esto la neutralidad del 
Estado en la lucha de las diferentes religiones 
es legitimada, en casos determinados, por razón 
de la justicia distributiva. Esta razón no existe 
nunca para el individuo. Luego la neutralidad 
en materia religiosa es para él un crimen, si no 
procura solícitamente salir de una indiferencia 
tan afrentosa á Dios que, si habla, habla para 
ser escuchado; si enseña una religión, la impone; 
si manifiesta dogmas, aun superiores á las luces 
de nuestro entendimiento, tiene derecho á ser 
creído, porque El es verdad infalible. ¿Cómo 
queréis, pues, que el individuo no aprenda otra 
religión sino aquella que la sola necesidad hace 
ser tolerable en el Estado; no aprenda sino 
aquellos principios universales y vagos, que no 
constituyen ninguna religión determinada, y 
solo sirven para marcar la linea de separación 
entre el ateísmo y la religión? 

No; puesto que la educación ha de ser reli- 
giosa, no puede darla el Estado. Pertenecerá, 
pues, a la Iglesia este sagrado deber. Y en 
efecto tal es la enseñanza de las Sagradas Es- 
crituras. El pueblo americano admite y acata 
como divina la autoridad de la Biblia. Escu- 
chen, pues, el Antiguo Testamento los que solo 
en él tienen fé. Allí se nos enseña que "en los 
labios del sacerdote ha de estar la ciencia, y de 
su boca se ha de aprender la Ley" (Malach. II. 
7.). Pero la parte mas numerosa del pueblo de 
América, que cree en el Antiguo y en el Nuevo 
Testamento, halla en este último pruebas irre- 
fragables de nuestro aserto. 

En el momento de subirse al cielo Nuestro 
Divino Redentor, mostrando á los Apóstoles to- 
dos los pueblos del universo y de lo porvenir, 
les dirigió estas palabras, que solo un Dios po- 
dia pronunciar: "A raí se me ha dado toda po- 
testad en el ciclo y en la tierra: id, pues, é ins- 
truid á todas las naciones .... enseñándolas á 
observar todas las cosas que yo os he mandado. 
Y estad ciertos, que yo estaré continuamente 
con vosotros hasta la consumación de los siglos." 
(Matth. XXVIII). 

Eutendedlo: á sus Apóstoles, no á los Jefes 
del Estado da Jesucristo la orden clara y preci- 
sa de enseñar la religión. Y esta orden viene 
de un Dios, á quien nadie puede resistirse. Re- 
yes y emperadores deben obedecerle. El 
Gi-obieruo, el Estado, debe respetar su voluntad. 
No tiene derecho de poner trabas al mandato 
(pie El da á sus Apóstoles; al contrario debe fa- 
cilitarles su ejecución y cumplimiento. 

La misión confiada por Jesucristo á sus Após- 



toles no tiene límites de lugar ni de tiempo: 
"Id, é instruid á todas las naciones. . . .Estaré 
continuamente con vosotros hasta la consumación 
de los siglos." Pero, no estaría hasta el fin del 
mundo con las personas de los Apóstoles, suje- 
tas á la ley común de la mortalidad; luego con 
sus sucesores, los Obispos. Los solos Obispos 
son, pues, los depositarios de la instrucción reli- 
giosa. Los representantes de la ciencia ó de la 
política no pueden disputarles este derecho ina- 
lienable y exclusivo; ni pueden coartárselo. Los 
Obispos han recibido el sublime encargo: á ellos 
pertenece cumplirlo. Les pertenece, pues, deter- 
minar la materia de la instrucción religiosa, el 
método de enseñanza, las precauciones indispen- 
sables para asegurar su eficacia, la elección de 
los auxiliares que fueren necesarios, la prescrip- 
ción de las reglas que estos deben seguir para 
combatir los vicios nacientes ó dominantes, y 
para inocular en los hombres los hábitos virtuo- 
sos: en una palabra, todo el régimen de la ins- 
trucción religiosa pertenece, de derecho divino, 
á los Obispos. Nadie, sea seglar, sea sacerdote, 
puede inmiscuirse en esté ministerio, si no ha 
recibido expresa delegación, y si no se somete á 
la inspección y autoridad de los Obispos. 

El precepto del Hombre-Dios de instruir á to- 
das las naciones, enseñándolas á observar todas las 
cosas que JE l mandara, abraza en su universali- 
dad á los hombres de todas las edades y de to- 
dos los tiempos: "Predicad el evangelio á todas 
las criaturas" (Marc. XYI. 15.). Como se ve, 
impone a la Iglesia la grave obligación de sumi- 
nistrar la instrucción religiosa á todos, y desde 
el momento mismo en que son capaces de com- 
prender la verdad; es decir desde el momento 
en que la inteligencia se abre, y engendra la 
responsabilidad personal. Sígnese de aquí que 
la misión de la Iglesia alcanza á la niñez y al- 
canza á la juventud, lo mismo que á las otras 
edades. Antes bien aquella misión se refiere 
principalmente á los primeros años de la vida, 
por la sencilla razón de que estos años están 
principalmente consagrados á la formación y al 
desarrollo de las facultades intelectuales y mo- 
rales del alma, y tienen una influencia decisiva 
sobre el resto de la vida. 

Establecidas estas verdades, el derecho de la 
Iglesia de intervenir en la escuela pública, para 
dirigir la instrucción religiosa de los que están 
confiados á su cargo, es un derecho tan evidente, 
que solo puede negarse, negando el Evangelio, 
y nuestros adversarios no quieren negarlo. La 
Iglesia no cederá nunca jamás sobre este punto: 
porque está segura de que baria traición á su 
divina misión en la fierra. El Estado que la 
contraría en esta parte esencial de su misión no 
es ya un Estado indiferente, neutral para todas 
las formas del Cristianismo: sino un Estado indi- 
ferente solo para aquellas formas que se rinden 



-m- 



en todo y por todo á su despótica voluntad 
(¡graciosa indiferencia!): es un Estado que podría 
muy bien llamarse el Imperio Germánico ó Ru- 
so, pero no la libre República de los Estados 
Unidos. 



Un Enemigo leal. 



El Thirty-Four posee una excelente cualidad: 
no es hipócrita. Discutiendo el "Aviso Oficial," 
no imita al Sentinel y al Espejo, que acometen 
con los más groseros baldones al Rev. Vicario 
General, al paso que ostentan el mas profundo 
rendimiento y respeto por el ilustre Prelado que 
rige esta arquidiócesis; como si los viles denues- 
tos lanzados contra el Vicario no hirieran indi- 
rectamente la dignidad del Arzobispo. El Thirty 
Four al contrario mira las cosas como son: el 
Vicario es para él lo que es en realidad, el re- 
presentante del Arzobispo; y sin descomedirse 
contra el uno ni contra el otro, expone franca- 
mente sus propias opiniones y sentimientos. A- 
labamos su franqueza: más vale un enemigo leal 
que un amigo traidor. 

Pero el Thirty-Four habla á trochemoche, se- 
gún nuestros principios, que pensamos poder de- 
fender contra adversarios aun treinta y cuatro 
veces mas fuertes. Efectivamente: 1? hallamos 
en él una confusión constante de las "Escuelas 
públicas," "Escuelas libres," "Escuelas popula- 
res," y las Escuelas anti-cristianas y anti-ame- 
ricanas que llaman "no-sectarias". La Iglesia 
Católica detesta y hostiliza las segundas; defien- 
de y favorece las primeras: antes bien ella fué 
la primera institutora de las escuelas "públicas," 
"libres," "populares," es decir abiertas al pue- 
blo gratuitamente, y con verdadera gratuidad: 
no imponía cargos y tributos para educar. 

2? El Thirty-Four habla de la escuela no-sec- 
taria eomo de una institución esencialmente a- 
mericana. Eso es falso. Tal escuela no es ame- 
ricana: no lo es de derecho, pues la Constitución 
ni una palabra tiene sobre la enseñanza, ni lo es 
de hecho, pues América nació y llegó á ser tan 
grande y rica, que era la envidia del mundo, 
antes que se inventara la educación no-sectaria 
de su juventud. Ahora mismo hay en América 
"una vasta diversidad" en el sistema de la ins- 
trucción pública, siendo en algunas partes deno- 
minacional, y en otras eminentemente protestante. 
Vamos más adelante, y sostenemos que la es- 
cuela no-sectaria no solo no es americana, sino 
que es anti-americana: porque la Constitución 
que garantiza el libre ejercicio de todas las re- 
ligiones, que no se oponen á sus estatutos, no 
puede poner obstáculos al ejercicio primario y 
fundamental de toda religión, que consiste en 
instruir en sus dogmas y moral á todos sus afi- 
liados, desde el alba de la razón hasta el ocaso 
de la vida. 



3? ¿Qué significa, pues, ese singular apotegma 
del Thirty-Four, "Sed Católicos; sed 'Protes- 
tantes; sed Judíos; pero, ante todo, sed Ameri- 
canos"? Bah! esas^ exageraciones tan bombás- 
ticas hacen mas daño que bien á vuestra causa 
de las escuelas no-sectarias, pues muestran cuan 
movediza y caduca es su base. A ver, á ver si 
nos diréis que no hubo Amé rica ni Americanos, 
antes que se excluyera de las escuelas al Dios 
de Moisés y del Evangelio. Pero, aun supo- 
niendo ese enlace indisoluble entre el non-secta- 
rianismo y el americanismo, ¿desde cuándo es el 
vínculo que liga al hombre con su país mas sa- 
grado é inviolable que el vínculo que le liga con 
Dios? Con ser Católico, con ser Protestante, con 
ser Judío, el hombre reconoce el vínculo que le 
une á Dios; con ser Americano ó tudesco, ó sui- 
zo reconoce el vínculo que le une á la tierra 
donde nació por mera casualidad ¿y es un víncu- 
lo terreno mas sagrado que un vínculo divino? 
¡Hé aquí el fruto de la educación no-sectaria\ Se 
llega á desconocer los derechos de Dios sobre el 
hombre ¿y os escandalizáis si á esa educación se 
la llama atea? 

4 o Muy poeo conoce á la Iglesia Católica el 
Thirty-Four cuando pretende amilanarla con sus 
amenazas de guerra contra todo lo que es cató- 
lico en Nuevo Méjico. ¡Oh oh! ¡Aquella Iglesia 
que desalió todos los tiranos de diez y nueve 
siglos, desde los Nerones hasta los Bismarck, se 
callará despavorida ante los amagos del Thirty- 
Fouñ No, caballero. Esta Iglesia podréis enca- 
denarla, pues sois la fuerza, pero no enmudecer- 
la. Proclamará sin cejar sus derechos; y hasta 
el Denver Daily Tribune nos concede el derecho 
de oponernos á vuestra escuela no-sectaria: ¡tan 
lejos está de mirarla como "la piedra angular 
de nuestras libertades" aquel periódico de cuyo 
patriotismo esperamos no os cabrá duda! 

5 o ¿No sabe el Thirty-Four que la mayor in- 
juria hecha á un Católico es la de ponerle en 
contradicción con su Iglesia? ¿A qué viene pues 
esa prodigalidad de epítetos de "inteligentes" y 
"progresistas," con que regala á los pobres Ca- 
tólicos que alaban lo que su Iglesia condena? 
¿Cree que ganará á muchos otros con ese poco 
de humo adulatorio? 

0? No es negocio temporal, sino del todo es- 
piritual, eso ele la instrucción religiosa de la ju- 
ventud, y aquí hacemos punto. 



El Sr. Diego Arclmlcta y "El Espejo." 

( Comunicado) 

Kio Arriba, N. M., Febrero 10. 1879, 

Señores EE. de la Revista Católica. 

Respetables Señores. Bien entiendo el objeto que 
Vds. han tenido, al establecer la redacción de sn 
periódico; y en igual inteligencia estarán todos aque- 
llos que tengan una mediana idea de lo que es elpr 



m- 



-118- 



cipio © baso de nuestra religión; es decir Vds. qui- 
sieron ejercer aquel poder que dimana de los prime- 
ros Apóstoles, ó mejor dicho, de Jesucristo Dios- 
Hombre, para predicar su Evangelio á todas las na- 
ciones. No excepciono á Nuevo Méjico, como parece 
lo entienden los sabios filósofos Editores del Espejo, 
en su Editorial de Enero 18. si tal nombre puede dár- 
sele á la aglomeración de desatinos que en él se ha- 
llan. Y como en ellos se inchvve mi humilde perso- 
na, no puedo menos de suplicar á Yds. tengan la bon- 
dad de dar publicidad á este mi Comunicado. 

Desde que los EE. del Espejo se declararon por 
las Escuelas sin Dios, hubo en este lugar un pobre 
ranchero que me trajo el tal papelucho, y me elijo, 
"mire, Señor Diego, 'hasta los gatos quieren zapatos, 
y los ratones calzones.' Yo conozco personalmente á 
los redactores de ese papel {El Espejo) y en particu- 
lar uno de ellos, pues no hace mucho que le vi, en el 
Condado de Taos (los Rincones) cosechando alberjon, 
y mírele ahora hablando sobre materias que él no en- 
tiende, con el riesgo de que se le caigan los dientes." 
Para satisfacer de pronto al dicho ranchero, le con- 
testé que, según la creencia de aquellos caballeros, 
todos los hombres éramos iguales en saber y discur- 
rir á nuestra anchura, teniendo ciencia infusa de Dios 
ó del demonio según el objeto á que nos dirigiése- 
mos. 

En primer lugar, afirman que son católicos apostó- 
licos Romanos, es decir que son y no son al mismo 
tiempo, pues escriben proposiciones ridiculas, las cua- 
les deshonran al Católico que las defiende. 

Segunda ridiculez: hállase en donde hablan y di- 
cen que en cuanto á la religión, sabido está, que la 
dejarnos adonde pertenece, á los ministros de ella. 
Yo, les pregunto ahora, sapientísimos filósofos: ¿la 
religión, no es más, que para los ministros que la en- 
señan? ¿Y los enseñados quienes son? en dónde es- 
t; ; n, incluidos Yds. que pretenden serlo, y los demás 
que de veras somos? 

En cuanto á lo que ellos no quieren ser de aquellos 
Mejicanos del calibre del que publicó una Carta del 
Rey Fernando Sétimo, de fecha 24 de Diciembre del 
año de 20, al Yirey de Méjico, estoy obligado, sin 
que entiendan que es vanidad, á enseñarles cual ha 
sido mi dicho calibre. 

En la administración Mejicana, en el año de 41, con 
el rango de Comandante de Escuadrón del ejército 
tuve una gran parte en la rendición de Texas; véase 
p ígina 217, de un libro titulado El Gabinete Mejica- 
no. 

El año de 44 y 45, representé este Territorio como 
Delegado al Congreso General de Méjico. El año de 
46, en el mes de Agosto, hice de segundo en Jefe del 
General Armijo, en laa fuerzas que este comandaba 
contra los E. U. 

Después de que este país, bajo un tratado de paz 
con Méjico, perteneció á los E. U. y que fué organi- 
zado como Territorio, he sido Representante por nuís 
de doce Sesiones en la Legislatura de dicho Territo- 
rio, 3 r a en la capacidad do Representante ya de So- 
nador, con el agregado de ser Presidente tanto de un 
cuerpo, como de otro. 

El año de 57, fui agente de indios nombrado por el 
presidonte Buchanau cuj'o empleo ejercí por cuatro 
años. 

El año de 61, cuando la rebelión del Sur, estuve 
por tres meses, con el comando de seis Compañías, 
con el grado do Tonicute-Coronel de los auxiliares 
en el Fuerte Union. 

Ahora, Señores EE. del Espejo, si Yds. quieren 
sor del calibre de aquellos mejioauos, de los que úl- 
timamente ha dicho su paniaguado Gobernador Ax- 



tell, que son hijos de soldados españoles y prostitu- 
tas indias, con su pan se lo coman y buen provecho 
les haga. 

Dispensándome Yds. Señores Editores de la Re- 
vista Católica, la molestia que les causo, créanme, con 
el mayor respeto, de Ydes. 

Su obediente Servidor 

Diego Abchuleta. 

Un crimen intentado contra los niños. 

Un dia san Yicente de Paul sorprendió á un mise- 
rable en el acto de torcer los miembros de un pobre 
niño, para estropearle, con el objeto, decia el infame, 
de que pudiese mover la compasión de los transeún- 
tes, y procurarle algunos beneficios con las limosnas 
que sacada de ellos. Indignado el hombre de Dios 
á la vista de semejante barbarie, le arrancó de las 
manos el pobre niño, dieiendole: "¡Infeliz: solo un 
monstruo puede hacer lo que tú haces." 

Hoy dia, acaso fuera difícil hallar un hombre capaz 
de cometer un crimen de este género, pero los hay, — 
y muchos, — que los cometen mayores aun. 

Y en efecto, ¿qué debemos pensar de esos hombres 
que trabajan con ahinco, con diabólica perseverancia, 
en pervertir á los niños, imponiéndoles una educa- 
ción prácticamente materialista y atea? ¿No son mil 
veces mas culpables que aquel que torcía los miem- 
bros de la pobrecita víctima arriba mencionada? 

Un consejo por dia. 

Del Fígaro de París traducimos el siguiente: 

¿Queréis tener rosas en invierno? 

Escojed los últimos botones de la planta, y en el 
momento en que van á abrir, cortadlos, cubridles los 
pedúnculos con lacre, y encerradlos en cucuruchos 
de papel bastante anchos para que las flores queden 
en el centro sin tocar las paredes, cerrad y pegad 
bien los cucuruchos para impedir que penetre el aire, 
y colgad las flores por los pedúnculos dentro de un 
armario. Cuando queráis hacer uso de las rosas, sa- 
cadlas de los cucuruchos, cortadles el pedazo cubier- 
to de lacre y ponedlas en agua fría: á las dos horas 
las tendréis abiertas. El Tiempo. 

Tres Misioneros. 

Habia en cierto pueblo católico un protestante, un 
deísta y un ateo. El primero decia: "Nada de Cato- 
licismo;" el segundo: "Nada de Jesucristo;" el terce- 
ro: "Nada de Dios." 

Pero envió el Señor una peste asoladora, y los tres 
cayeron heridos del terrible azote. 

La Iglesia, madre amantísima hasta desús mismos 
enemigos, á quienes siempre está esperando con los 
brazos abiertos, envió al lecho del protestante una 
Hermana de la Caridad, al del deísta un sacerdote, y 
al del ateo un niño. 

La Hermana veló treinta noches á la cabecera del 
protestante, le habló algunas veces de la santísima 
Yírgen. 

El sacerdote contó al deista, para distraerle, la 
vida de san Francisco de Sales. 

El niño relató la Doctrina al ateo. 

Poco á poco se fueron aclarando las inteligencias 
de los tres enfermos, sus corazones se conmovieron, y 
por último venció la gracia. 

— La Iglesia Calólica es obra de Dios, dijo el pro- 
testante. 

— Jesucristo es Dios, murmuró el deista. 

— Dios existe, murmuró el ateo. 



-HO- 



LA POBRECILLA DE OASAMAEL 



( 'Continuación — Párj 107-108J 

El domingo siguiente dos dias después Flaminia se 
levantó muy temprano y fué á misa aoompañada de 
la criada, para no tener que ir después con los pa- 
dres. 

Este mismo domingo fué el en que se presentó el 
enviado del Comité para seducir á Trajano; y por lo 
que llevamos dicho puede el lector calcular el humor 
que tendría nuestro romano para recibir á aquel 
mensajero. Luego que lo hubo despedido, se quedó 
hablando á solas y desahogando su cólera ó indigna- 
ción. — ¿Quieren los tres escudos al mes? decia que 
me los vengan á buscar. ¡Tonto do mí, en no romper- 
le una silla en la cabeza y no echarle á rodar por las 
escaleras! ¡Venir á insultarme en mi propia casa ese 
mamarracho! Eso no lo toleraré. Que vuelva, que 
vuelva. Y diciendo esto abrió de pronto la puerta y 
pasó á la sala en donde estaba Magdalena toda ape- 
sadumbrada por las insolencias y picardías de la 
bija. 

— ¡Oh, si volverá, volverá! exclamó esta creyendo 
que el marido reñía por causa de la hija, volverá por 
nuestra desgracia; y tu volverás á hacerla caricias. 
Otra cosa que mimos necesita esa desvergonzada. 

— No hablo de ella; respondió Trajano poniéndose 
á pasear de un extremo al otro de la sala; esa ingrata 
ya apréndela á conocer quién es su padre; si es ... . 
pero no hablo de ella. Ya nada quiero saber de esa 
insolente. Aunque se sepultó viva, su padre no der- 
ramará una lágrima. 

Debemos olvidarnos de ella, como si nunca la hu- 
biéramos tenido y dar todo nuestro amor á Lucila. 
Pero, repito no hablo de ella, que se haga monja, que 
entre en las capuchinas; antes hoy que mañana, ¡pron- 
to, pronto! que se saque de delante, y que dé gracias, 
si no le hice saltar los dientes. 

■ — Yo me contentaría con mucho menos; replicó la 
mujer limpiándose los ojos; me contentaría con que 
tu no la echases á perder con tanta caricia y que me 
dejases á mí domarla. 

—¡Ya! para ponerla tísica y acabar con ella. Pero 
no hablemos de esto. Ahora me preocupa otra cosa: 
esos bribones del comité. .., bien, bien; basta. Si ella 
no quiso ir hoy contigo á misa, de seguro que para el 
domingo siguiente irá con su padre; porque al fin 
tiene muy buen corazón, y con hijas de la índole de 
Flaminia, mas se hace con una gota de miel, que con 
un cántaro de hiél. 

— Por eso te tiene tanto respeto, que ayer te dio 
con la puerta en los hocicos, y te enfiló aquella leta- 
nía de respuestas, que á mí me hervía la sangre por 
deshacerle la cara al oírsela; aunque tu te quedaste 
parado como un imbécil. 

— ¿Qué quieres, Magdalena? Hablemos de lo que 
nos importa. Yo vine aquí para decirte que esos 
bribones .... ya se sabe, que al cabo yo soy su padre 
y no he de hacer de verdugo con una hija, que aun- 
que tenga sus defectos, tiene también escelentes cua- 
lidades, un trato tan afable, un ingenio tan culto .... 

— Bien digo yo, que tan pronto ella se presente tu 
te pondrás como un mandria; ella se encaprichará 
cada vez mas; y quien estará aquí de mas seré yo. 

En esto se abre la puerta y aparece Flaminia, la 
cual con el rostro encendido y los ojos humedecidos 
dijo con voz desmayada: — Ahí está la pobrecilla de 
Casamari. 



LIX- 

Aquel repentino anuncio dado con tanta ansiedad 
y sumisión fué para Trajano y Magdalena como ua 
rayo de sol á través de un denso nublado. 

— ¿Qué hay? preguntó el padre inmutándose y mi- 
rando para la hija entre desdeñoso y maravillado. 

— Os digo que ya ha venido; respondió Flaminia 
con mucha humildad; al subir ella la escalera con 
otra mujer, salí á recibirla. Ahora están aquí fuera. 

— Vamos allá; dijo la madre levantándose. 

Trajano se adelantó en pos de la hija y en seguida 
se encontró con la buena Catalina, que lo saludó lle- 
na de embarazo y confusión. 

— ¡Se me figura que os reconozco! replicó él; y 
¿dónde está? 

— Sí señor; también me parece que os conozco, 
porque si mal no me acuerdo, os vi aquella noche en 
Veroli .... 

■ — ¡Ah! sí; recuerdo, y ¿en dónde está ella? 

— En esta habitación, contestó Catalina; la pobre 
tiene mucha vergüenza; y si esta señorita no nos hu- 
biera introducido; quizá no nos hubiéramos atrevido 
á molestaros. 

Trajano, antes que la mujer concluyese de hablar, 
ya habia entrado en la habitación seguido de Magda- 
lena y Flaminia y de la hija menor, que también ha- 
bia acudido al ruido. 

No nos detendremos en contar la cordialidad de 
aquella primera acogida, ni el rubor de la pobre Ma- 
ría, que al verse tan bien recibida y tratada con tan- 
ta ternura, se sentía abrumada de vergüenza, y ape- 
nas se atrevía á levantar los ojos, para mira] ora á 
Magdalena, que la tenia cogida por las manos, ora á 
Trajano, que á boca llena le aseguraba que en su 
casa podia considerarse como una hermana de sus 
propias hijas. Mariaiba vestida con sencillez, aunque 
no sin elegancia; llevaba un vestido de lanilla negra 
y á la cabeza un pañuelo de seda también negro. 

La inesperada llegada de la pobrecilla de Casama- 
ri en aquella casa fué como el iris en lo mas horrible 
de una tormenta. Trajano, depuesto todo rencor se 
regocijó al verse libre de todo peligro y en su casa á 
la desgraciada joven. Magdalena profundamente 
conmovida á la vista de aquella pobre criatura, tan 
delicada, tan perseguida por el infortunio y tan de- 
macrada que parecía un esqueleto animado, presen- 
tía sin saber por que, que ella habia de ser un ángel 
de bendición para su casa; y que no sin un designio 
de su misericordia, Dios la habia conducido á su casa 
por medios tan estraños. Y Flaminia parecía olvida- 
da de sí, de sus enojos y rabietas y no pensar en otra 
cosa que en demostrar tiernísimo y sincero afecto á 
aquella desdichada, que ahora le correspondía con 
menor repugnancia que en el caserío de Vito, cuando 
se hablaron por primera vez á solas. Esto complaciá 
en gran manera á Trajano que no pudo contenerse 
de decir al oido de su esposa: Mira que corazón 
tiene Flaminia; siempre te he dicho, que como se se- 
pa llevar su pasta no puede ser mejor. 

— ¡Quiera Dios que la compañía de esta pobi*ecita 
chica la haga realmente buena! ¿Quién sabe? espere- 
mos. 

En aquella explosión de afectos tenia también gran 
parte la curiosidad. Todos estaban deseosos de on- 
de sus labios todo lo que le habia pasado con los mas 
circunstaciados detalles; así es que la abrumaban á 
preguntas, á muchas de las que difícilmente podia 
ella responder, porque le renovaban sus acerbos dolo- 
res. Catalina la sacó muy oportunamente de este 
martirio llamando aparte á Trajano y á su esposa y 









120 

l. B 



contándoles todo lo ocurrido desde la muerte del ca- 
pitán hasta entonces. — ¡Pobre hija mia! se interrum- 
pía ella á cada paso; no la hagáis hablar de sus pasa- 
das angustias; porque demasiado sufre. Conviene 
distraerla lo mas que se pueda, y no recordarle al 
padre, ni á la madre, ni á los hermanos ni á ninguno 
de los suyos; de otra manera 

— ¡Ca, y hemos de hacer eso! exclamaba Magdale- 
na; ni en lo mas mínimo le hablaremos de esto y le 
procuraremos todas las distracciones que podamos 
según nuestro estado. Esta por ahora es hija mia; y 
mientras esté conmigo, no lo dudéis, haré lo posible 
para que no eche de menos á su madre. 

— Dios os premiará esta obra de caridad, buena 
señora. Y dicho esto Catalina seguía con su narra- 
ción en breves pero conmovedoras palabras. 

Nuestros lectores ya están informados de estos su- 
cesos; basta, pues, que los pongamos al corriente de 
lo que pasó desde que Félix fué trasladado á Colle- 
pardo. A las dos semanas de haber llegado allí, lleno 
de resignación y asistido y consolado con todos los 
auxilios de la religión expiró en los brazos de su buen 
amigo D. Felipe, que hasta el último momento estuvo 
á su cabecera; y le cerró los ojos, y después sacó un 
perfil de sus facciones, que donó á su desconsolada 
hermana. El cariñoso joven poco antes de entregar 
ku alma á Dios, teniendo entre las suyas la mano de 
María, que con la otra le limpiaba el sudor de la ago- 
nía, señalándole al cielo se despidió de ella diciéndo- 
le con tranquila seguridad. — ¡Hasta vernos allá arriba 
y pronto! Despedida fué esta que le quedó profunda- 
mente grabada en la memoria y que le parecía resonar 
á cada instante en los oidos. 

Este vütiino golpe del invisible brazo, que le arre- 
bataba una á una las prendas mas tiernas de su amor 
no la abatió, no; pues ella aceptaba estas terribles 
pruebas como disposiciones de una suprema justicia 
que se mostraba severa en este mundo para premiar 
en el otro; pero lo que hizo fué despegar su corazón 
de todo cuanto la rodeaba y de tal manera, que ella 
se consideraba como una cosa, que ya no tuviese ra- 
zón de existir sobre la tierra; ni podia persuardirse 
de que Dios la hiciese sobrevivir aun por mucho 
tiempo al exterminio de todos los suyos. Por esto en 
todas sus conversaciones con Catalina no hablaba 
apenas de otra cosa, y en todos sus dichos daba á en- 
tender que el línico pensamiento que la preocupaba 
era el de tener que volar y muy pronto en pos de Fé- 
lix. 

— ¿Y quién te asegura que será tan pronto como tu 
dices? le preguntaba su amiga. 

— El último adiós de Félix; aquel pronto me lo ha 
pronunciado con tal vehemencia y lo ha acompañado 
con una mirada, que yo bien comprendí que no ha- 
blaba por inspiración propia. 

— ¡Oh! deja, hija mia, esos tristes pensamientos, 
que son supersticiones y tonterías propias de aldea- 
nas ignorantes como yo; ¿no sabes, que si no tratas 
de desvanecerlos podrá acarrearte realmente la muer- 
te? 

— ¿En ese caso dichosa de mí? no deseo otra cosa. 
¿Te parece que tendré yo repugnancia en ir á donde 
están mi madre, mi padre, Guido, Félix y Otello? 

— De modo que contigo, hija, no puede haber paz, 
ni tregua. No te basta que el Señor haya llamado á 
sí á estos, que realmente ha llamado; no, no te basta. 
Quieres que también haya llamado á Otello y ¡ay! de 
quien lo ponga en duda. Y por añadidura ahora te 
se ha metido en la cabeza, que también debes seguir- 
los y pronto. ¡Ah, Virgen Santísima de Cese! — Y 
prorumpia en llanto y sollozos. 



Por este estilo eran los coloquios que tenían á solas 
mientras hacían los preparativos para marchar á Po- 
ma. Maria que en un principio habia mostrado tan- 
ta repugnancia á este viaje por tener que parar en 
casa de gente casi desconocida; muerto Félix, lo de- 
seaba, pues como ella decia; — Es una dicha morir en 
Poma cerca de San Pedro, que tiene las llaves del 
Cielo. 

Por todo esto Catalina, que tanto la amaba, estaba 
muy preocupada; y por lo mismo apuró el viaje, para 
ver si con el cambio de aires y de método de vida se 
distraía y se le desvanecía aquella melancolía, como 
ella la llamaba. Sin embai'go esto no impidió que 
rastreasen todo lo que les fué posible para adquirir 
alguna noticia de Otello; pero todo fué inútil, porque 
ni los realistas de Chiavone, ni ningún otro les pudo 
dar el mas mínimo indicio. De aquí que la joven se 
retiró á Roma en la firme persuasión de que ¡^rabien 
Otello habia perecido. 

LX. 

— ¿Lo ves? esta vez he sido un profeta; decia Tra- 
jano á su esposa unos veinte dias después que la jo- 
ven napolitana se habia instalado en su casn. Lo que 
yo habia pronosticado se ha realizado. Estaba per- 
suadido de que Flaminia habia de hacerse mejor con 
la compañía de esta buena muchacha, hacia la que 
ella aseguraba que tenia vivísimas simpatías; pero tú, 
lejos de hacerme caso, me llevabas siempre la contra- 
ria, y ¿ves ahora como acerté? 

— Sí, no podré negar que Flaminia, desde que tra- 
ta con esa excelente joven no es tan diabólica. 

— ¡Oh, oh, tan diabólica! esto es demasiado, di me- 
nos desdeñosa, menos caprichosa, menos. . .que sé 
yo? Además que no debemos ser tan descontentadi- 
zos. 

— Bien; como te plazca: yo no quiero contradecir- 
te. Demos gracias al Señor por este poco que se ha 
obtenido, y pidámosle que la cosa no quede aquí. 

— Espera, da tiempo al tiempo; y verás tu que es- 
cuela ha de ser para Flaminia la compañía de este 
ángel; pues yo no puedo llamarla con otro nombre. 

— Tienes razón. En esto sí que yo soy contigo. 
Esta Flora es una verdadera flor del cielo; un ángel 
en carne humana. ¡Qué paciencia! ¡qué gracia! ¡qué 
educación! ¡qué modestia! ¡qué devoción! ¡qué exacti- 
tud en todo! ¡Jamás le saldrá de la boca una palabra 
altanera, ni pondrá el menor gesto! Todo lo toma á 
buena parte, por todo da gracias y nada pide sino 
trabajo, trabajo y trabajo. Y luego trabaja, cose y 
borda que deja muy atrás á Flaminia. ¡El pnn que 
come bien se lo gana! Pero sobre todo lo que me 
encanta en ella, es, que á pesar de estar educada con 
tanta fiuura y esmero, no tiene la menor pretcnsión. 
En todo se considera la viltima; y si no fuera porque 
se lo he prohibido, barrería las habitaciones, ayuda- 
ría en la cocina, haría las camas, y hasta limpiaría 
nuestro calzado. 

— Cuidado, Magdalena, con que lo haga. Esto no 
debes consentírselo por ningún pretexto. Piensa qué 
mortificación seria para mí y para tí, si esa gran se- 
ñora su parienta, cuando viniese á buscarla, llegase á 
saber que la habíamos ocupado en esas cosas. ¡Dios 
me libre de eso! Mira que hay que tratarla con mu- 
chas consideraciones; su tia es riquísima y no tieno 
herederos y puede darle una dote de millones. 

— Estáte tranquilo; que yo no he de dejar hacer 
ninguna de esas cosas. De su habitación, on que 
está casi siempre sola aplicada al trabajo, no mueve 
un pié sin que yo lo vea. 

( Se continuará.) 





8 



ca todas las semanas, en Las Vegas 3 



15 de Marzo de 1879. 



SUMARIO. 

Crónica. Generad— Sejoion Piadora: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Semana— San Patricio, Apóstol de Irlanda— Actua- 
lidades:— Historia de la Cavidad en Boma— Tolerancia y filantro- 
pía dal Thiriy-Fouv— Efectos de la Encíclica del Papa -El Algodón 
en los E. U. — Retrato de Bismarck— Comunicado de Galax — El 
Juez Prince— Prodigios de S. Francisco Javier— Víctor _ Hugo y el 
-Espejo— Un vano enojo— Otra conversión — Una predicción del In- 
dependent—'El nuevo Presidente de la República francesa— Contes- 
taciones y preguntas— Un Comunicado al Senünel — El Ciego y el 
Oculista— La pobrecilla de Casamari — 



[X¿D 



iEl Fe^'o^cara-SI. — Se espera oir muy pronto el 
silbido de la locomotora. La cuestión agitada la se- 
mana pasada fué la de una contribución en beneficio 
de la compañía, para la construcción de la esta- 
ción en los límites de la ciudad. De los $25,000, que 
pide la compañía, se lian colectado hasta la suma de 
$18,0)0; pero, como cada contribuyente pretende que 
la estación esté en su propio terreno, no seria estraño 
que los mas retiren su suscricion, cuando se trate de 
entivg ir el pago. 

&2í 'ffíiael del ratón se halla ya á la mitad de la 
montan i. Tiene 2010 pies de largo, 15 de ancho y 
19 de alto. Ochenta hombres trabajan en él y se es- 
pera veri") concluido el próximo mes de Agosto. 

r¥ra. Sí'iu. ele la Salélíe. — Los dias pasados 
se hablaba de ese Santuario, y se afirmaba que el 
Samo Pontífice habia reprobado el culto que en él 
se ofrece á la Virgen Inmaculada. Pero el Obispo de 
Grenoble ha publicado por medio del Univers de Pa- 
rís un decreto de Su Santidad, con fecha 19 de Febre- 
ro. Ei él explícitamente se declara: lo. que quedan 
en su fuerza los juicios dados por los Obispos, aun- 
que por ahora la Sta. Sede no dé su fallo: 2o. que se 
concede al Santuario el título de Basílica menor, y 
autoriza al Arzobispo de París, el Cardenal Guibert, 
para que proceda á la Coronación solemne de la Ima- 
gen de Nra. Sra: 3o. que, cuanto á las Imágenes, sin 
condenar las existentes, sean en lo sucesivo modifi- 
cadas conforme á las disposiciones de Urbano VIII, 
esto es que sean impresar, grabadas, ó esculpidas se- 
gún los modelos aprobados por la Iglesia: 4o. final- 
mente declara que no hay ningún sospecha en contra 
de la sinceridad y piedad de Sor Melania. 

Las católicos Belgas redoblan sus esfuerzos 
para resistir á las pretensiones de los liberales. Diri- 
gidos por sus valerosos Pastores están organizando 
una terrible cruzada en la lucha, que los francmasones 
han declarado contra la enseñanza religiosa. El 29 
de Enero tuvo lugar una junta de la Sociedad de las 
Escuelas Católicas en Gand: el Sr. Sitié, Secretario 
de la Sociedad, pronunció un hermosísimo discurso. 



El Bien Public ha envíalo al Padre Santo, en oca- 
sión del aniversario de su exaltación á la Silla Apos- 
tólica, las ofrendas recogidas bajo el título de obla- 
ciones natalicias, y que llegan á la suma de liras 46,- 
38419. 

El número de ios periódico-; belgas que ofrecieron 
sus homenajes al Papa en ese dia era de 57; todavía 
se aguardaban otras muchas adhesiones. 

C'osaveB s .é)iosie§. — En Cracovia ha muerto, no ha 
mucho, la Señora Condesa Arthur Potocka, mujer 
ejemplar y muy caritativa. Toda su vida fué cismá- 
tica, pero en su última enfermedad abjuró el cisma y 
fué recibida en la Iglesia católica. 

Ha sido recibido en el seno de la Iglesia católica 
el Rev. Mr. Cleves. de Columbus, Ohio. El dia 13 de 
Febrero pronunció un discurso en esa ciudad, en 
Naughton Hall; en él dio un resumen de su vida, y 
manifestó de qué modo y á pesar suyo la verdad se 
abrió un camino en su espíritu, hasta dejarlo conven- 
cido. Los periódicos, que han reproducido por exten- 
so sus discursos, en los que atacaba nuestra santa 
religión, no han hecho la mas mínima mención de es- 
te, en que él ha anunciado su conversión. (Catholic 
Mirror.) 

Los üiaiff'acanes eu el Sur de Francia y Norte 
de España se repitieron con mucha fuerza á fines de 
Febrero, arruinando á centenares de personas, que 
quedan sin mas recurso que la caridad de sus herma- 
nos. En España han perecido muchas personas, y 
han quedado destruidos algunos villorrios y granjas. 
En Coruña naufragó una embarcación, cuyo nombre 
no es conocido, pereciendo unas treinta personas. 

Los Agustinos en Ciüaüsisa» — La Congregación 
de Propaganda ha confiado á los PP. Agustinos de 
las Filipinas la Prefectura del Vicariato Ap.jstólico 
de Hun-nan. Estos Religiosos fueron los primeros 
que establecieron esta misión; pues los Franciscanos, 
que tentaron en el siglo catorce establecer una Mi- 
sión, no pudieron lograrlo. El primer misionero fué 
el Agustino, P. Diego de Herrera, que se hallaba en 
Manila, y que pudo penetrar en el Celeste Imperio, 
protegido por Felipe II de España. 

Los Chinos'; cuya existencia en estos países se 
veia amenazada, quedan con la libertad que tenían 
antes de emigrar y vivir entre nosotros; pues el bilí 
propuesto, con el fin de disminuir é impedir mas tar- 
de su emigración, ha sido devuelto al cuerpo legisla- 
tivo con el veto del Presidente Hayes. 

El C'ossgs'cs© -SU» de los Estados Unidos acabó 
con la sesión del 5 del corriente, que fué suspendida 
á las doce. 

La Orden S3«. de S. IFa'íancIsco» tan conoci- 
da por el número de sus miembros y por la práctica 
de las virtudes á que los obliga, ha recibido una prue- 
ba muy evidente del amor con que los mira el Padre 
Santo, que es también uno de ellos, enviando su apos- 



129- 



plWIUWJ ' MWWjlll ' iJW-U ' II W» » i | « ' 



1 J «f» - pg m J -^tcf^^-t '-^s*^—^---* 



tólica bendición á la redacción de los Aúnales Fran~ 
císcanos y á sus favorecedores. "Yo siempre he ama- 
do, decia Su Santidad, la Orden tercera, á la que 
pertenezco: siempre he creido que Dios fué el que 
inspiró esta institución á su santo Fundador, en una 
época en la cual la sociedad se hallaba muy necesitada 
de una institución de esta clase, para que volviese al 
fervor y á la mansedumbre." Después de recordar- 
los grandes bienes, conferidos por la orden, y los mu- 
chos Santos que la han honrado, el Papa acaba di- 
ciendo: "Esta persuasión y estos hechos me obligan 
á amar con particular afecto á la Orden tercera aho- 
ra que me veo colocado en la esta Silla Apostólica; 
pues de ella espero con confianza muchos saludables 
frutos para la sociedad cristiana, la cual se halla de 
nuevo al presente necesitada de algún extraordinario 
auxilio para levantarse, y enderezar sus pasos en el 
camino y práctica de la piedad. Por esto espero y de- 
seo que la Orden tercera se propague cada vez mas, 
y doy mi bendición á todos los que la protegen y fa- 
vorecen." 

íai prensa católica fue admitida á la presen- 
cia de León XIII el 23 de Febrero. Mil trescientos 
dos eran los representantes de las publicaciones ca- 
tólicas de Europa y América, y el Papa les habló de 
la Misión propia de ellos, é incidentalmente les hizo 
notar la necesidad indispensable en que se hallaba de 
su poder temporal. 

Católicos y Protestantes. — El Times de 
Philadelphia, del 17 de Febrero, da las siguientes 
cifras de los católicos y Protestantes que asistieron á 
los divinos oficios el domingo anterior. 

Católicos en la catedral 7,842 

en S. Patricio 6,718 



Total en dos Iglesias católicas 14,560 

Protestantes en Holy Trinity (Presbvt. Ep.) 552 

en Second Presbyterian 309 

en first Baptist ' 308 

en Arch "st. methodist church 380 

en la iglesia de la Epifanía 532 

en west Spruce st. presb. 271 

" en Evangélica» Lutheran 228 

" en Zion Lutheran 632 

" en third reformed 58 

en reformed church in America 178 

" en St. George methodist 127 



Total en once iglesias protestantes 3,575 



Amenazas ai Papa. — Cunden 



voces 



de que 



han sido enviadas al Papa unas cartas de amenazas 
de parte de unos socialistas alemanes, con motivo de 
la Encíclica en que los denuncia y condena á la faz 
del mundo. En su consecuencia se han adoptado al- 
gunas medidas de precaución. 

Ha fallecido el dia 10 del corriente la Señorita 
Cléofes Desmarais, á las 7 de la mañana, después de 
una enfermedad al parecer muy leve, y que sinembar- 
go la arrebató al cariño de su respetable familia en 
solos tres dias. Nos juntamos en el pesar á todos sus 
deudos, y llevamos firme confianza que el alma de la 
difunta joven se halla en estado mas digno de nues- 
tra envidia que de nuestras lágrimas. It. I. P. 

Plegarias publicas.— El Arzobispo de Mu- 
nich ordenó, no hace mucho, públicas rogativas, pa- 
ra alcanzar del Señor la concordia y paz entre la 
Alemania y la Iglesia Católica. Este bollo ejemplo 
ha sido imitado de muchos otros Prelados de Alema- 
nia. Esperemos que el corazón de Dios se deje con- 
mover por estas súplicas. 

Los Coimiui.slaM. — El Citladino de Módena 



dice: "Se habla de que en Mirándola se han verifica- 
do unos desórdenes de alguna gravedad. Trátase de 
un grupo alborotado de campesinos que gritaban pan 
y trabajo. Se decia que habían matado al síndico, 
pero luego se desmintió esta noticia. Solo es cierto 
que ha salido un destacamento de tropa y una parti- 
da de carabineros." 

¡Hucha hambre. — Se habla que ha llegado á 
Roma una nota del Gobierno Suizo, relativa á una 
sociedad que se ha establecido en Sottoceneri, con el 
aspecto de una Asociación masónica, pero en reali- 
dad para preparar la anexión del Cantón de Ticino á 
Italia. 

Mñr. Lichnowsky, Roberto Maria, Protono- 
tario Apostólico y Dean del siempre fiel Cabildo de 
Olmutz, ha fallecido en Roma, el 25 de Enero, des- 
pués de una muy larga y penosa enfermedad, habien- 
do sido asistido con todos los auxilios de la religión. 



s'anoso ejemplo. — La parroquia de Igovi- 
lle, en la diócesis de Evreux, en Francia, acaba de 
dar un gran ejemplo de fé y de generosidad que me- 
rece ser de todos conocido. El Cura, el alcalde y los 
parroquianos resolvieron reconstruirla. Se abrió una 
suscricion en la que todos los habitantes quisieron 
inscribir su nombre. Personas bienhechoras comple- 
taron la suma necesaria y se pusieron á la obra con 
valor. Igoville renovó las escenas tan conmovedoras 
de la Edad media. No se llamó ni arquitecto, ni co- 
misionista, ni obreros extranjeros. Fueron los mis- 
mos parroquianos quienes construyeron su iglesia. 
Las gentes del oficio de la misma parroquia dirigie- 
ron la obra, y mediante los esfuerzos y buena volun- 
tad de todos, pronto se vio elevarse el edificio, pu- 
diendo decirse con verdad que cada uno llevaba su 
piedra, y lo que es mas aun, sus sudores y su fé. 

Fs'aafos de tiaaa g'iierra. — De las estadísticas, 
publicadas sobre la guerra de Turquía con la Rusia, 
resulta que 129,471 soldados rusos se hallan sepulta- 
dos en la Península de los Balkanes. A estos deben 
añadirse otros 42,950 que han muerto en Rusia y que 
se hallaban comprendidos en los 120,950 heridos que 
volvieron á su país. De consiguiente el total de los 
muertos por motivo de la guerra llega á 172,400. 

Explosión. — Mientras se hallaban unas 200 per- 
sonas reunidas, para ver funcionar una nueva bomba 
impelente, en Stockton, California, por descuido del 
mecánico, estalló una caldera de vapor. Diez y seis 
personas perecieron en el acto, juntamente con el des- 
cuidado maquinista, y otros veinte y seis fueron mas 
ó menos heridos; de estos algunos han muerto y otros 
no podrán evitar la misma suerte. 

Cortes. — El Miércoles pasado se abrieron las 
Cortes de Distrito en este Condado. El Tribunal se 
compone del Hon. L. Bradford Prince, Juez de la 
Corte Suprema, del Procurador Hon. Henry L. Wat- 
do, del secretario Sr. John H. Thompson, del Algua- 
cil Sr. Desiderio Romero, y del Sr. José D. Sena in- 
térprete. 

Entre las muchas causas que han sido ya tratadas 
la de mas consecuencia es la de Giovanni Duchi, por 
el doble asesinato, cometido en las personas de Pier- 
re Buisson, francés, y Tomasa Gallegos, el dia 1 de 
Diciembre de 1877 en esta plaza, La sentencia del 
jurado lo condena á la pena capital por homicidio en 
primer grado. Todavía no se ha publicado la senten- 
cia del Tribunal. Créese que el reo quiera apelar. 

Se trató también y fué rechazada la causa de J. S. 
Chisum, por resistencia á la autoridad. La acusación 
contra Martin Kolowsld por asesinato fué desechada 
por falta de formalidades; pero fué por sentencia del 
gran jurado propuesta de nuevo. 



-123 



SECCIÓN PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1870. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 2G 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio.— Corpus Christi, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
MARZO 16-22. 

16. Domingo III de Cuaresma. San Agapito, obispo. Santa Julia- 
na, mártir. 

17. Limes. San Patricio, Obpo. y Conf., Apóstol de Irlanda. 

18. Martes. El Arcángel San Gabriel. Santa Faustina, virgen. 

19. Miércoles. San José, esposo de la Virgen SSma. patrón de la 
Iglesia universal. 

20. Jueves. San Anatolio, mártir. Santa Claudia, mártir. 

21. Viernes. La preciosísima Sangre del Señor. San Benito, confe- 
sor y fundador. Santa Fabiola, noble romana y penitente. 

22. Sábado. San Bienvenido, Obispo. Santa Lea, viuda. 

SAN PATRICIO, APÓSTOL DE IRLANDA. 

Siendo niño cayó varias veces en poder de los Bár- 
baros, que á la sazón devastaban la Europa, y fué 
por ellos condenado á guardar ganados. Lleno de 
fé, levantábase antes del amanecer, y á pesar de las 
nieves, del hielo y de las lluvias, ofrecía al Señor el 
tributo de la oración hasta cien veces durante el dia, 
y cien veces la noche. Librado de la esclavitud, co- 
menzó á educarse para el sacerdocio y habiendo sido 
elevado á aquella sagrada dignidad, predicó la fé en 
las Galias^en Italia y en las ínsulas del Tirreno, y 
finalmente fué consagrado Obispo por el Papa San 
Celestino, y enviado á Irlanda. Es imposible contar 
los trabajos, las adversidades y enemigos con que 
tuvo que luchar todo el tiempo de su apostolado: 
pero imposible fuera asimismo relatar los prodigios de 
la gracia obrados por su medio en aquella invicta 
nación. Irlanda hallábase entregada toda al genti- 
lismo, y por Patricio mereció el sobrenombre de la 
Isla de los Santos: tantos fueron los santos Obispos, 
sacerdotes, monjes, vírgenes y viudas que en ella flo- 
recieron. A su continuada solicitud por las iglesias 
que fundaba de dia en dia, Patricio anadia un ardor 
para la oración que parecía no tuviese otro cuidado 
en la vida. Nada diremos de sus multíplices visio- 
nes celestiales, ni de sus dones de profecía y mila- 
gros. La mayor gloria del Santo Apóstol es el ele 
haber engendrado á Jesuceisto un pueblo de héroes 
Cristianos. Los Irlandeses han pasado á través de 
las más duras y horribles persecuciones; han sufrido 
la esclavitud y la pobreza más horrorosas; sin que 
consiguieran jamás sus crueles tiranos el extinguir 
aquella fé que Irlanda recibió de su Apóstol Patricio. 



Ha visto la luz un precioso libro que es obra 
del Sr. León Lallemand, uno de los distinguidos 
compiladores del diario parisiense el Monde. Lle- 
va por título "Historia ele la Caridad en Roma," 
y es una verdadera apología y un monumento glo- 
rioso levantado al Poder Temporal de los Papas. 
Mientras que la Revolución, dondequiera triun- 
fante, promete una nueva era á los pueblos, que 
deberá regenerarlos de las pasadas miserias, es 
oportuno demostrar cuanto haya hecho en- favor 



de los menesterosos el Poder Temporal de 
los Papas, que son acusados de haber siempre 
mal gobernado á sus subditos; este es el punto 
de vista bajo el cual el Sr. Lallemand concibió 
el plan de su obra. Valiéndose de los numero- 
sos escritos, sobre el Gobierno Pontificio y la 
caridad de los Papas en Roma, de Tournon, 
Rayneval, Courcelles, Pablo Sauzet, de Monse- 
ñor Gerbet, de Monseñor Lacroix y otros varios, 
ha juntado y expuesto sus propias observacio- 
nes. El fué á la Eterna Ciudad con este intento, 
y en el discurso de tres años, siguiendo por 
guia al eminentísimo Cardenal Morichini en su 
clásico libro sobre los institutos de beneficencia 
en Roma, examinó personalmente todos los es* 
tablecimientos de un tal género, con que podia 
gloriarse la Capital del Orbe Católico. El volu- 
men del Sr. Lallemand no es tan solo un con- 
junto de datos estadísticos, que fuera difícil ha- 
llar reunidos en otras obras, sino que al mismo 
tiempo es una defensa victoriosa de la autoridad 
temporal de los Papas y de la Iglesia Católica. 
En verdad ¿quién no ha oido decir, sobre todo 
en estos últimos tiempos, que el Gobierno Pa- 
pal era causa de pobreza para el pueblo romano, 
cargándole con impuestos exorbitantes? Pues 
bien, el mencionado escritor muestra con docu- 
mentos y guarismos indubitables que las contri- 
buciones pagadas por los ciudadanos de Roma 
bajo los Papas apenas llegaban á ser una cuarta 
parte de las cargas de oíros Estados á la, 
misma época. En fin el libro del Sr. Lalle- 
mand ofrece informaciones de mucho interés 
para la sociedad actual, que es tan gravemente 
agitada por la cuestión del trabajo con respecto 
al capital; son dignos de estimación los datos 
que ha investigado el autor, acerca de la orga- 
nización práctica del trabajo adoptada por los 
Romanos Pontífices en la sociedad cristiana. 
Bajo un tal punto de vista, los hombres políti- 
cos leerían con provecho la obra del publicista 
francés: allí verian que, sin mucha palabrería, 
los Papas fueron siempre solícitos del bien de 
los pueblos, y que, si se hubiesen escuchado sus 
consejos, las naciones no se hallarían hoy dia 
en circunstancias tan deplorables y con un por- 
venir tan sombrío y problemático delante de su 
vista. 



El Thirty-Four, no comprendemos bien con 
qué intento, cita la ley Británica que expulsa 
del Reino Unido, so pena de esclavitud perpe- 
tua, á "todo Jesuíta y todo miembro de cualquier 
drden religiosa, comunidad, ó sociedad de la 
Iglesia Romana, ligado con votos monásticos ó 
religiosos." Si lo que se propuso aquel periódi- 
co fué el darnos un destello de su erudición en 
historia y jurisprudencia, confesaremos su buen 
gusto en acudir, para el logro de su fin, á los 









-124- 



dichosos dias en que la tolerancia y filantropía 
Protestante llegaron á su apogeo. Algo mas, 
sin embargo, podía añadir en cuanto á historia. 
Podia decir, por ejemplo, cuan osados fueron 
aquellos Jesuítas en desafiar la ley Británica 
desde los dias de la piadosa Isabel, y penetrar 
en el Reino Unido, bajo cien disfraces diversos 
y á través de mil peligros de la vida, burlando 
espías y arrostrando las asechanzas de fingidos 
amigos y asalariados asesinos, con el solo inten- 
to de confirmar en la fé los ánimos de los vaci- 
lantes Católicos, ó consolar con los oficios de su 
ministerio á los generosos que permanecían fie- 
les en medio de las apostasías. Tenían día y 
noche delante de los ojos los calabozos, los po- 
tros, las aceradas agujas que se introducían por 
entre las uñas y la carne de los mártires, sus 
dilacerados miembros, sus orejas mutiladas, sus 
frentes cauterizadas con la marca de los infames; 
y con todo rebosaban de júbilo y santo entusias- 
mo, renovando los prodigios de los primeros 
Cristianos. Campion, Donall, Soüthwell, 
Walpole, etc. etc. ¡cuánto debe á vuestro es- 
fuerzo la Iglesia de Inglaterra, y la misma civil 
libertad de conciencia que renació de vuestra 



sangre 



Pero el Thirty-Four nada sabe de todo eso, y 
piensa quizá que cada ley de proscripción es 
una prueba evidente de la bellaquería del pros- 
crito. ¡Pobres Apóstoles si así fuera! 



La última Encíclica del Padre Santo, que pu- 
blicamos dos semanas ha, parece haber puesto 
en zozobra el campo socialista. Por cierto la 
palabra enérgica de León XIII ha causado un 
grave daño á esos señores; y así como en Se- 
tiembre de 1877 declararon ellos ante el Con- 
greso de Gante (Bélgica) que habían logrado 
mucha ventaja con la persecución de la Iglesia 
Católica en Alemania, así hoy confiesan su der- 
rota por la importancia trascendental de la Car- 
ta del Romano Pontífice. Ni podia ser de otro 
modo; ya que la revolución atea de nuestros dias 
debía necesariamente asustarse á la voz solemne 
de un Papa, quien ha mostrado que no solo hay 
un Dios Señor del cielo y de la tierra, sino que 
de este Dios derívase toda autoridad; y al mis- 
mo tiempo ha declarado los deberes de los sub- 
ditos para con sus superiores, resolviendo por 
medio del precepto de la caridad cristiana el 
problema difícil que al presente ocupa la aten- 
ción de la sociedad. Ya en Octubre ele 1878 
uno de sus corifeos habia dicho en el Parlamen- 
to de Berlín; "los Ultramontanos, es decir los 
Católicos, son nuestros enemigos mas temibles." 
De aquí se ve cuan fuerte miedo habia de inspi- 
rarles la condenación de sus principios, hecha 
por el Jefe supremo de los Católicos. Delante 
de los Gobiernos actuales con sus máximas, de 



los pretendidos sabios con sus teorías deletéreas, 
los Socialistas pueden disculparse. A fé nuestra 
el Socialismo se reduce á la negación práctica 
de la autoridad y providencia divina; pues bien 
esta negación es la base en que estriba la cien- 
cia y la política moderna. Por el contrario el 
Papa, representante de Dios en la tierra, el Papa, 
padre común de los fieles, maestro universal y 
guia infalible en el camino del cielo, es con sus 
dogmas y moral la antítesis absoluta de todos 
los errores del Socialismo así como de todo sis- 
tema revolucionario. , 



La última relación del Departamento de Agri- 
cultura de Washiügton contiene los siguientes 
datos sobre la cosecha y el comercio de algodón. 
Antes de la guerra, en 1859 y 1860, el importe 
de esta nuestra mercadería en Inglaterra subia á 
i de la suma total. Durante la guerra fué me- 
nor de 2 0¡0. En 1866 la proporción era de 37 
010, la que vino siempre aumentándose, hasta 
que en 1878 los Estados Unidos ganaron bajo 
este respecto la misma posición que ocupaban 
antes de 1861. En el año, pues, que acabó con 
el primero de Setiembre de 1878, el total de di- 
cha mercancía exportado á los países extranje- 
ros ascendió á 3.340,000 balas, sobre una cose- 
cha de 4,750,000 balas. En tanto eí producto 
de un tal género parece actualmente muy gran- 
de, como échase de ver por la enorme abundan- 
cia, que hállase en todos los mercados y la re- 
ducción considerable de sus precios. Así es que 
en 1878 el caudal redituado calculóse en $194,- 
700,000, mientras que en 1877 habíase valuado 
en $240,000,000, no obstante de que el número 
de balas haya sido de 5,200,000 en 1878 y de 
4,750,000 en 1877. 



Un chistoso papel de Viena nos trae un satí- 
rico dibujo, que representa á Bismark ocupado 
en quebrantar un árbol que lleva encima el ró- 
tulo de la libertad. En lontananza se descubre 
al General Moltke que está de centinela con el 
uniforme de granadero prusiano. A los pies de 
la caricatura se lee el siguiente monólogo: "Es 
forzoso ó que este árbol se doble ó que se quie- 
bre; y, caso que yo no saliera con la mía, me 
haré ayudar por ese granadero que está allí de 
guarda.'' 



Nuestros lectores hallarán en otro lugar la 
traducción de un "Comunicado'' enviado al Sen- 
tinel y publicado por él en 27 de Febrero. El 
comunicado lleva por firma Gai.ax. Aunque 
no coincidamos con el autor en algunas de sus 
ideas, vemos verdaderamente con sumo placer 
que él establece en términos muy claros el dere- 



-125- 



cho de los Católicos á tener escuelas públicas 
que correspondan á los dictámenes de su con- 
ciencia. Gracias al Señor, háse finalmente le- 
vantado, también en Nuevo Méjico, una voz no- 
católica á favor de uno de nuestros mas sagrados 
derechos. ¡Y este derecho, defendido paladina- 
mente por Protestantes, deberá ser desconocido 
por aquellos á quienes pertenece! Y es poco 
desconocerlo: ¡deberá ser desechado, pisoteado 
é impugnado por gente que se profesa católica! 
Pero, de nada sirve discurrir con la pasión heri- 
da. Él noble desconocido, que se oculta bajo el 
nombre de G-alax, se ha hecho acreedor á las 
alabanzas y al agradecimiento de todos los Ca- 
tólicos de Nuevo Méjico, y de todos los verda- 
deros amigos de la niñez. El Sentineí, que pre- 
tende combatir nuestras ideas sobre el asunto, 
se sale ahora, con una lógica del todo suya, que 
las "vistas'' de Galax "son sanas," y que "su 
carta es digna de una lectura;" pero, añade, "ha 
equivocado en gran manera el argumento." En 
donde está el equívoco, se guardó bien de decír- 
noslo el Sentineí. 



» ♦♦»«• 



El Juez Prince, hallándose por estos días en 
Las Vegas, fué á honrar con su visita el Colegio 
é Imprenta de los Padres Jesuítas. Toda Las 
Vegas quedó sobresaltada, y temió por los dias 
del Honorable caballero al verle penetrar en 
aquella satánica manida de "forajidos/' "traido- 
res," "conspiradores," "perjuros," "homicidas," 
"polizontes," "hipócritas," "para quienes no 
hay nada vil ni bellaco cuando les es de estorbo 
para sus designios;" pero, gracias al Señor, no 
hubo nada siniestro, y el Juez Prince salió de 
aquella "fábrica de traidores" tan amable y ri- 
sueño como habia entrado. Dejando las bromas, 
nosotros quedamos íntimamente agradecidos al 
Sr. Juez por su atestado de cortesía y bondad 
hacia estas instituciones. 



"No se ha encogido la mano del Señor." Las 
historias recuerdan que siempre que ha sido ex- 
puesto á la veneración de los fieles el cuerpo de 
San Francisco Javier en Groa, Dios Todopode- 
roso quiso glorificar á su apostólico siervo con 
prodigios obrados sobre su tumba. Estos pro- 
digios no han hecho falta en la última exposi- 
ción del precioso depósito. Un diario de las In- 
dias dice lo siguiente: "Con respecto al hecho de 
Mr. Vanross, nosotros podemos asegurar que 
las circunstancias de su previa condición no son 
nada exageradas. Nosotros sabemos que él es- 
tuvo clavado en el lecho por varios años, y que 
á causa de su inhabilidad de moverse, ha tenido 
que abandonar su empleo en la Oficina de la 
Agencia Comercial de Ale pe. Sus amigos ase- 
veran que á duras penas podia alimentar- 



se: y á la verdad su desamparada condición 
movia á compasión á cuantos le miraban. El po- 
der ahora, después de su peregrinación al san- 
tuario de San Francisco Javier, tenerse de pié 
y andar libremente, es un hecho que demuestra 
que no se acabó todavía la edad de los milagros. 
Hay muchos que no pertenecen á la Iglesia Ca- 
tólica Romana, que han visto al Sr. Vanross en 
su desvalida condición, y están al corriente de 
lo sucedido. Atendiendo á su conocido escepti- 
cismo en materia de milagros, quisiéramos saber 
cómo explican el subitáneo recobro de sus fuer- 
zas físicas, después que los mas ilustres ciruja- 
nos del dia habían dado el caso como por des- 
ahuciado." 



Víctor Hugo acababa de pronunciar, un dia, 
en el Parlamento Francés, un discurso injurioso 
á la Iglesia Católica. Una salve de frenéticos 
aplausos, de parte de aquellos diputados, que 
ahora se llamarían en Nuevo Méjico: "Católi- 
cos inteligentes y progresistas," saludó al dis- 
tinguido orador, Acto continuo, levantábase el 
valeroso Conde de Montalembert, y pidiendo la 
palabra, decia: "El discurso que acabáis de oir, 
ITon. Señores, ha recibido, en los aplausos de 
esa parte de la Asamblea, su propio y condigno 
castigo." Con estas palabras estalló un huracán 
de indignación, clamores, ruidos, protestas; el 
Presidente de la Cámara tuvo que pedir al ora- 
dor que se retractara. El Conde, sereno y repo- 
sado en mediode la tormenta: "Me retractaré," 
repuso.; y siguió do este modo: "El discurso que 
acabáis de oir, Hon. Señores, ha recibido, en 
los aplausos de esa parte de la Asamblea, su 
propia y condigna recompensa." Y aquí, nueva 
indignación y furor y estruendo de voces y pro- 
testas mas enérgicas y ruidosas que antes: pero 
esta vez todo fué en vano. 

Señor Espejo, vuestro inverecundo artículo 
del 8 de Febrero ha sido copiado y alabado por 
El Independiente, el Treinta-y -cuatro etc. ¿Ha 
recibido, en los aplausos de estos señores, "su 
propio y condigno castigo," ó bien "su propia y 
condigna recompensa"? Escoged. 



Indígnase el Thirty-Four de que se haya lla- 
mado masónico el sistema de escuelas no-sectarias. 
Estudiando la historia de la Masonería, sobre 
todo desde fines del siglo pasado hasta nuestros 
dias; siguiendo sus pasos y los monumentos que 
ha dejado en su camino á través de todos los 
Estados de Europa y de la América del Sur; 
atendiendo á las declaraciones de impiedad, he- 
chas paladinamente por algunos de sus miem- 
bros mas insignes, particularmente en Europa; 
parece ser claro que el fin último de esa asocia- 
ción clandestina es el rechazar de la vida social 






-126- 



toda idea de lo sobrenatural y de una Revela- 
ción divina, destruyéndola por completo, si fuere 
posible, ó á lo menos reduciéndola á no ser mas 
que un mero sentimiento individual. Toda ins- 
titución imbuida del mismo espíritu, ó encami- 
nada al mismo fin puede, pues, con harta razón, 
ser llamada masónica. Es así que á eso tiende 
la educación no-sectaria de la juventud, como es- 
tá comprobado por una dolorosa y crecida expe- 
riencia; luego no vemos porqué se encoleriza el 
Thirty-Four, y pide que llamando el pan pan, y 
el vino vino, digamos que la doctrina de la en- 
señanza no-sectaria es doctrina Americana. Ko 
señores; no haremos nunca jamás tal afrenta al 
nombre Americano. 



Otra conversión. M Espejo nos deja en paz 
en su última entrega; y, en cambio, nos regala 
un capítulo de Granada sobre las Grandezas de 
Dios. Verdaderamente hay de que alabar al 
Señor por tanto fervor religioso. 



Una predicción del "Independen! 



11 



"La cuestión de las escuelas públicas en este 
Territorio ha sido discutida por algunos años, y 
últimamente ha ocupado mucho espacio en las 
columnas de la prensa nuevo-mejicana: "tal es 
el encabezamiento con que el Indepeñdent da 
principio á un artículo, en el que parece tomar 
por concluido el debate del periodismo sobre 
este asunto, dejando la solución práctica de la 
disputa en las manos de la próxima legislatura. 
Cuál será el desenlace de la contienda en el ter- 
reno de los hechos, no lo sabemos; el voto de 
las Cámaras de Santa Fé nos lo dará á conocer. 
Mas sea lo que fuere del fallo que pronunciarán 
los mandatarios del pueblo; no puede ser dudo- 
sa la sentencia de una razón sana é imparcial, 
después que se ha ventilado la controversia en- 
tre los diversos órganos del Territorio, y en que 
háse argüido por una y otra parte. 

A fé nuestra, basta recapacitar brevemente 
la historia de la cuestión sobre las escuelas li- 
bres en este país, para ver que á todas las razo- 
nes en contra no se ha replicado que con pueri- 
lidades y groserías; y si contestóse algo mas. se 
nos apunte. Antes, si algo se dijo que no mere- 
ce ser insertado en el catálogo de las sandeces, 
esta es una declaración que lejos de hacer en 
pro de los doce campeones del decantado sis- 
tema, echa completamente á perder la causa 
sostenida por ellos. Por cierto, ¿no se ha con- 
fesado descubierta y francamente que no existe 
en los Estados Unirlos un sistema general de 
escuelas públicas, sino que lo que hay es un 
práctico acomodamiento bajo este respecto? Pres- 
cindiendo aquí de que una tal confesión mani- 



fiesta cuan huecas de sentido fueran ciertas fra- 
ses pomposas con que se puso en las nubes el 
establecimiento de escuelas sin religión; sabeis¡ 
señores, lo que habéis logrado en realidad di- 
ciendo esto? Sin mas ni mas habéis dado armas 
contra vosotros. Cuando se trata de un ajuste 
sobre alguna cosa, toda razón pide que esta e&, 
haga según van ías circunstancias. ¿No es así? 
Ahora bien, ¿cuáles son las circunstancias de 
Nuevo Méjico relativamente á las creencias re- 
ligiosas? Verdad es que casi no hay secta que 
no Cuente alguno que otro prosélito eu este rin- 
cón del mundo; sin embargo la gran mayona, y 
aun diríamos la casi totalidad del país profesa 
la religión católica, apostólica, romana: á excep- 
ción de algunos pocos centros en que se ve un 
mayor número de disidentes, los poblados de 
este Territorio son poco mas ó menos exclusi- 
vamente católicos. Esto supuesto, ¿cómo se en- 
tiende que, debiéndose venir á un acomoda- 
miento sobre el sistema de enseñanza para los 
hijos del pueblo, se quiere á todo trance hacer 
prevalecer uno que es la negación perentoria 
de todos los requisitos necesarios, para que un 
convenio pueda decirse razonable? Si estuviése- 
mos en otro país, estado ó territorio, donde los 
habitantes católicos fueran una pequeña frac- 
ción, y la discordancia de las convicciones reli- 
giosas mucho mas considerable que no es en 
este nuestro; tal vez nos encogiéramos de hom- 
bros, llevando en paciencia y resignación un 
mal, aunque no sin chistar. Mas, ¡válganos Dios! 
aquí estamos en Nuevo Méjico, en un país, es 
decir, donde la religión católica es todavía la 
religión dominante; es preciso, pues, hacerse 
sordo á toda idea de justicia, para brindarnos 
con un ajuste sobre la pública instrucción, que 
no tiene cuenta ninguna de la fé ni de las obli- 
gaciones religiosas de la inmensa mavoría de 
sus conciudadanos. 

En vista de esto ¿cuál otro fallo podrá echar 
una razón sana é imparcial, fuera del que nos 
dé á nosotros de la oposición por vencida la 
causa? Pero el Independerá como quien hace 
chacota de nuestras ideas y sentimientos, nos 
predice que no veremos amanecer el dia "cuan- 
do los fondos de escuelas sean malgastados con 
ser distribuidos entre las varias denominacio- 
nes, y dispersados para enseñar dogmas secta- 
rios." Viniere que no viniere dicho dia, poco 
importa; sea cual fuere la decisión que tomarán 
nuestros legisladores, quedaremos satisfechos 
con haber sostenido una causa cuya defensa nos 
ha sido impuesta por la recta filosofía, por el 
nombre de que nos gloriamos, por la fé que pre- 
dicamos, por la conciencia inflexible del deber. 
¡Cuántas buenas causas no debieran abandonar- 
se porque ó no so aguarda un éxito feliz, ó si se 
aguarda es tan solo para hacer una amarga ex- 
periencia del desengaño! Aun votada en el Ca- 



-127- 



pitolio santafecino una ley de escuelas non-sec- 
tarian, irreligiosas y sin Dios; no por eso caerá 
nuestra tesis, pues quedará siempre cierto y 
evidente que á razonamientos inconcusos no se 
ha respondido sino con chacharas de vieja data, 
expuestas en frases y palabras indignas ele una 
tierra civilizada; de una vez, con una miscelánea 
de toda clase de necedades. Además atendida la 
mala fé con que á veces ha procedido el escua- 
drón de los doce y las pataratas con que algu- 
nos de ellos han procurado distinguirse en la 
lid, quedará puesto en claro el verdadero blan- 
co á que miran los deseos de ciertos regenera- 
dores, y por los cuales siempre hay algún zolo- 
cho que se deja engarbullar. 

Ese intento es el que de cuando en cuando 
hemos señalado hablando ele la multíplice pro- 
paganda sectaria así en este, como en otros paí- 
ses bajo la capa del cielo. Ni ha faltado quien 
aun últimamente sin tanto disfraz y con su acos- 
tumbrado descaro, nos ha confirmado en nues- 
tra manera de ver. Sí señores: aquel escrito im- 
pío el cual una que otra vez se nos presenta 
caudato, desapareciendo en algunos tiempos y 
dejándose ver en otros, bajo las varias formas 
ele papelito, papelucho y papelón, nos ha dado 
razón, quizás, sin quererlo. Amenazas de un 
Dios juez, y castigos ele la vida futura, doctri- 
nas y medios que nos ayuden á evitarlos, son 
cuentos de siglos pasados é historietas de cléri- 
gos y frailes: y salir con que vayamos á apren- 
der el catecismo en la escuela, es una locura. 
Se encaminen los niños a disuadirse de todo es- 
to, á holgarse, á coronarse de rosas, y á vivir á 
sus anchas, porque "corto y lleno de tedio es el 
tiempo de nuestra vida:" por cuatro dias que 
hemos de vivir, no faltaba mas sino que nos pri- 
vásemos ele nuestros deleites por la tontería de 
que por allá nos han de castigar. No va mas 
allá por ahora el atrevimiento del apóstata con- 
temporáneo; pero ya se entiende que todas las 
luces de esa nueva moral nos habrán de hacer 
familiares después con aquella admirable filosofía 
por donde los impíos descritos en el Libro de la 
Sabiduría, añadieron: "nacido hemos de la na- 
da, y pasado lo presente, seremos como si nun- 
ca hubiésemos sido .... desvanecerse ha como 
una nube que pasa, nuestra vida: y desaparece- 
rá como niebla herida de los rayos del sol, y 
disuelta con su calor. . . .venid pues y gocemos 
de los bienes presentes: apresurémonos á disfru- 
tar de las criaturas .... coronémonos de rosas 
. . . .uo haya prado donde no dejemos las hue- 
llas de nuestra intemperancia" (lí). 



El nuevo Presidente de la República 
Francesa. 



Francisco Pablo Julio Grévy nació en Mont- 
sous-Vaudrez el dia 19 de Agosto de 1813. 



Tuvo por padre á un agricultor; hizo sus prime- 
ros estudios en el Colegio de Poligny y los de 
le} T es en la Universidad de París. Tomó parte 
en las jornadas de Julio de 1830, combatiendo 
con los que se apoderaron de la caserna Baby- 
lone. Siendo abogado fué uno de los defensores 
mas indefatigables del partido radical y patro- 
cinó, en el proceso del 13 de Mayo de 1839, la 
causa de dos camaradas de Barbes. Plabiendo 
sido nombrado en 1848 Comisario por el gobier- 
no provisional, ejerció sus poderes con mucha 
moderación y prudencia, evitando las intrigas 
de partido y conciliánclose los ánimos de todos. 

Elegido por primera vez para la Asamblea 
Nacional en 1848, se distinguió por su elocuen- 
cia y fué luego escogido para vice-presidente 
de la Cámara. Bien que haj^a siempre votado 
con el partido de la oposición, no estuvo nunca 
de acuerdo con los socialistas. El fué quien 
propuso la enmienda á tres artículos de la Cons- 
titución relativamente á la cuestión ele la Presi- 
dencia; la cual enmienda fué rechazada en la 
sesión legislativa del dia 7 de Octubre 
del mismo año. La moción del Sr. Grévy su- 
gería que no hubiese un Presidente de la Repú- 
blica, mas tan solo un Presidente de los Minis- 
tros. 

Después de las elecciones del 10 de Diciem- 
bre Grévy se opuso al gobierno de Luis Napo- 
león, y á la expedición de Roma. Enviado una 
segunda vez por el pueblo á la Asamblea Nacio- 
nal, se mantuvo fiel á los principios republica- 
nos y fué uno de los principales adversarios ele 
la reacción monárquica. Apenas Luis Napoleón 
subió al trono de Francia, Grévy abandonó la 
vida política hasta el año ele 1868, cuando en 
. una elección parcial de su departamento fué 
nombrado diputado con 22,428 votos. 

A la caída del segundo imperio napoleónico, 
Grévy fué elegido diputado para la Asamblea 
de Versailles, la que le nombró su Presidente 
el dia 16 de Febrero de 1871. En Abril de 
1873 renunció á su empleo, pues no podia con- 
cordar con la mayoría anti-republicana que susti- 
yó en su lugar á M. Buffet. Su dimisión prece- 
dió de un mes la derrota de Mr. Thiers. 

En Noviembre ele 1877 fué reelegido Presi- 
dente de la Cámara de los diputados, y lo fué 
por tercera vez el dia 10 de Enero de 1878. 

Ahora, en fin, Julio Grévy se halla al frente 
de la nación francesa, ocupando el puesto emi- 
nente de primer Magistrado de la República. 
Mas, según la opinión ele los periódicos 
franceses y de otros periódicos de Euro- 
pa, el actual Presidente no disfrutará largo 
tiempo del honor que le ha sido conferido por 
los representantes del pueblo. Parece ser co- 
mún la idea de que su Presidencia será mas 
corta que la de sus predecesores, Thiers y Mc- 
Mahon. No falta quien opina que el próximo 
sucesor de Mr, Grévy -será el demagogo Gam- 



-128 



b itta. La elección del nuevo Presidente fué 
notificada á su Santidad León XIII por el Mar- 
qués de Gabriac, embajador Francés, quien fué 
recibido cordialmente por el Padre Santo el 
dia 23 de Febrero. 



Contestaciones y Preguntas. 



El Thirty-Four del 26 de Febrero, después 
d3 dirigir unas cuantas preguntas á la Revida 
Católica, dícele: "Contestad á estas preguntas 
candidamente, sin evasión ni sofisma." No po- 
demos disimular lo extraño que se nos hace el 
proceder de nuestro nuevo adversario de Las 
Cruces. Nosotros no podemos alcanzar el fa- 
vor de que ni él, ni ningún otro, conteste, ya 
candida ya evasivamente, á una sola pregunta 
nuestra, sea que la hagamos en términos inter- 
rogativos, sea en la forma enunciativa de un 
argumento ó raciocinio claro y sencillo; y sin 
embargo se nos pide, en tono solemne y magis- 
tral, que contestemos á las preguntas que ellos 
tuvieren á bien dirigirnos. Eso, quizá será efec- 
to de nuestra "abordada civilización europea," 
pero nos parece contener un no sé qué de poco 
cortés. 

Asimismo se nos enseñó, allende el mar 
Atlántico, cuando lampiños estudiantes de Dia- 
léctica, que era poco cortés el decir á un adver- 
sario: "Este razonamiento es un subterfugio, es 
un sofisma," si no se le enseñaba, al propio 
tiempo, donde estaba el sofisma y el subterfu- 
gio; 6 sea, si no se le descubría el equívoco que 
en buena fé ó adrede el otro había cometido en 
el discurso. Cuando el Thiríy-Four pide que se 
le conteste "sin evasión ni sofisma," ¿alude aca- 
so á alguno de nuestros razonamientos anterio- 
res? ¿á cuál ele ellos? Nosotros no pretendemos 
ser infalibles: podemos errar como el resto de 
los hombres. Pero los que nos tachan de sofis- 
tas deberían dignarse de señalarnos á lo menos 
el error y ele convencernos del mismo. De lo 
contrario podríamos inferir que la causa que sos- 
tenemos es tan fuerte, que, reclueiéndolos á la 
imposibilidad de replicar nada que valga, los 
compele á echarse á las espaldas toda razón, y 
salirse por la tangente, diciendo: "¡sofistería! 
¡casuitismo jesuítico!" 

Prometidas estas observaciones, veamos qué 
es lo que desea el Thirty-Four. Su artículo del 
26 de Febrero está encaminado á probar que 
"toda la guerra contra las escuelas públicas en 
Nuevo Méjico es librada por extranjeros, que 
(I o ) no tienen ningún interés en común con 
nuestro pueblo, que (2°) no profesan ningún va- 
sallaje al gobierno que quisieran reformar, que 
(:¡?) se ponen á criticar lo que ni entienden ni 
quieren investigar. Son generalmente oriundos 
de una abortada civilización europea, educados 



debajo de un régimen monárquico y de una ins- 
pección eclesiástica" '(¡gran tacha!), "y comple- 
tamente ignaros del genio de las instituciones 
republicanas. Y tales hombres (4?) se ponen á 
condenar gustosamente cualquier cosa que en 
nuestro gobierno no tiende á magnificar la or- 
den de los Jesuítas, y (5 o ) enseñan á la genera- 
ción creciente que el gobierno que les asegura 
'la vida, la libertad y la prosecución de la feli- 
cidad' no tiene derecho ninguno de esperar na- 
da de ellos, sino que es su enemigo natural, y 
que, como tal, debe ser hostilizado siempre que 
se ofrezca una ocasión para ello." 

¿Podia decirse nacía peor? Imposible lo cree- 
mos; y era de presumir que acusaciones tan 
graves estribasen sobre pruebas igual d propor- 
cionadamente graves. ¿Las da el Thirty-Four? 
Vais á verlo. 

Dice ese caballero: "Nosotros deseamos pre- 
guntar á la Revista Católica cuál entre los Jesuí- 
tas de este Territorio es natural Americano. 6 
aun naturalizado ciudadano de los Estados Uni- 
dos?" Primera pregunta.- — "¿Hay alguno entre 
los escritores de aquel papel, que haya mostra- 
do jamás por la tierra, que les ofrece un asilo, 
el respeto de aprender la lengua Inglesa y ser- 
virse de ella en su conversación con cualquiera 
que entienda el Italiano, ol Francés 6 el Espa- 
ñol?" Segunda pregunta. Hecha la cual ó las 
cuales preguntas, el Thirty-Four añade, como 
quien tiene en su mano la victoria: "Contestad 
á estas preguntas candidamente, sin evasión ni 
sofisma, y consolidareis la verdad de lo que nos- 
otros ahora afirmamos: que toda la guerra con- 
tra las escuelas públicas en Nuevo Méjico es 
librada por extranjeros" etc. etc., toda la retahi- 
la de amorosos piropos que dejamos referida 
más arriba. 

Conque, contestemos "candidamente sin eva- 
sión ni sofisma" á las preguntas del Thirty- 
Four, á condición, empero, que también él con- 
testará "candidamente sin evasión ni sofisma" á 
otras preguntas que es nuestro intento hacerle 
más allá. 

P. I. "¿Cuál de los Jesuítas del Territorio es 
natural Americano, 6 aun naturalizado ciudada- 
no de los Estados Unidos"? 

C. Natural, ninguno ahora: pero los habrá: no 
lo dudéis. Los hay de un extremo á otro de la 
Union ¿porqué no los deberá haber en el Nuevo 
Méjico? Naturalizado, muchos: no sabemos el 
número exacto: pero son muchos más de lo que 
se figura el Thirty-Four. 

P. II. "¿Hay entre los escritores de aquel 
papel fia Revista Católica ) alguno que haya mos- 
trado jamás por la tierra, que les ofrece un asi- 
lo, el respeto de aprender la lengua Inglesa" 
etc.? 

C. Sí señor: y más que "alguno;" y se han 
gervido de la lengua inglesa no solamente en la 



-129- 



conversación, sino también en la Escuela, en el 
Hospital, en el Orfanotrofio, en el Confesonario, 
en el Pulpito: dondequiera que los haya llama- 
do su ministerio sacerdotal. 

¿Son candidas esas contestaciones? hay eva- 
siones? hay sofismas? Pues bien, estas respues- 
tas debian ser el fundamento de todo el edificio 
de nuestro adversario. Si ningún Jesuíta del 
Territorio Neo-Mejicano era ciudadano de los 
Estados Unidos, ni por nacimiento ni por natu- 
ralización; si ninguno de los redactores de la 
Revista Católica habia mostrado respetar este 
país aprendiendo el inglés, y hablándolo con los 
que lo hablan, oh! entonces estaba demostrado 
matemáticamente, que los adversarios del siste- 
ma de enseñanza que llaman americano, eran 
enemigos jurados del nombre, del gobierno, del 
país, del habla, de todo lo que "no tiende á 
magnificar la orden de los Jesuítas." Es así que 
el fundamento ha resultado ser falso; luego, adiós 
edificio. 

Sr. Thirty-Four, hemos dicho la semana pasa- 
da que posee Vd. una cualidad excelente, la de 
no ser hipócrita, como algunos de sus colegas: 
añadiremos otra: juzgando por sus palabras, 
tiene Vd. patriotismo. Pero no abuse Vd. de 
esotra dote explotando un justo amor patrio pa- 
ra armar rencillas y excitar odios contra los que 
tienen la desgracia de no pensar como Vd. ¿Es- 
tá Vd. persuadido de veras que nuestra oposi- 
ción á su predilecto sistema de enseñanza tiene 
por único móvil ese aborrecimiento á las institu- 
ciones republicanas, y esa antipatía por todo lo 
americano? ¿Quién no sabe que el principio de 
la oposición es la doctrina de nuestra Iglesia? 
¿No son claras y luminosas las tres proposiciones 
del Syllabus sobre este asunto, citadas por noso- 
tros en nuestro N? 9? Los doscientos millones 
de Católicos esparcidos por todo el mundo, si no 
han perdido la chabeta, no tienen opinión dife- 
rente de la nuestra. Los seis millones de Católi- 
cos, que viven en los Estados Unidos, y cuj^os dos 
tercios son naturales Americanos, demuestran 
eon el kecho que no piensan de otra manera; 
pues, á lado de la Escuela no-sectaria 6 Protes- 
tante, erigen dondequiera la Escuela Católica, á 
costa de increíbles sacrificios, pagando dos veces 
por la educación de sus hijos. Se los acusará 
también á esos de ignorar "el genio de las insti- 
tuciones republicanas," y de "ponerse á criticar 
lo que ni entienden ni quieren investigar"? ¿Con 
qué derecho? ¿Es el Thirty-Four el ente omnis- 
cio, de quien todos los Americanos han de apren- 
der el espíritu y genio de sus instituciones? 
¿Quién le dio patente para ese magisterio uni- 
versal? 

Hé aquí una porción de preguntas á las que 
deseamos que conteste el Thirty-Four "candida- 
mente, sin evasión ni sofisma." Ni eso es todo. 
La oposición no se limita ni al Nuevo Méjico, 
ni á los extranjeros, ni á los Jesuítas, ni á los 



Católicos. Estamos ciertos que hasta en el cu- 
chitril de Las Cruces penetra algo de lo que se 
pasa fuera de él, y fuera del Territorio. Pero, 
por si acaso, sepa el Thirty-Four que el mal hu- 
mor contra ese que llaman "el sistema presente" 
cunde y se propaga en los Estados Unidos por 
todas las clases de todo partido político y de to- 
da denominación religiosa. Sus mismos favore- 
cedores y amigos mas acendrados confiesan que 
así como anda ahora el sistema es "radicalmente 
vicioso," "engendra la truhanerín," "recluta el 
grande ejército de los holgazanes y facinerosos," 
pide "reformas" y "remedios" prontos y efica- 
ces, es "un chasco de los mas desastrosos (amost 
disastrous failure);" ¿y en vista de tales hechos 
se afirma que la oposición en Nuevo Méjico na- 
ce de ignorancia, fanatismo, beatería, y odio y 
aborrecimiento á las instituciones Americanas? 

El Denver Tríbune del 18 de Febrero concede 
á los Católicos un perfecto derecho de hacer ojoosi- 
cion á las escuelas no-sectarias. Un G-alax ex- 
presa mas ó menos las mismas ideas en un comu- 
nicado al Seniinel de Santa Fé del 27 Febrero. 
¿Son esos también anti-americanos, fanáticos, 
ignorantes, ultramontanos, jesuitas etc. etc.? 

Conteste el Thirty-Four "candidamente, sin 
evasión ni sofisma;" y del mismo modo conteste 
á estotra pregunta con la que nos despedimos 
de él: ¿Cree nuestro adversario que el Estado 
tenga derecho de educar aun á un niño solo de 
una manera contraria á la voluntad y conciencia 
de sus padres, ó tutores, excepto el caso de una 
comprobada demencia ó perversidad de los mis- 
mos? Y si tiene tal derecho ¿en qué se funda? 
Conteste "candidamente, sin evasión ni sofis- 
ma," y habrá consolidado la tesis que nosotros 
tantas veces hemos afirmado, á saber, que la 
oposición de los Católicos, ó, como dice el Thir- 
ty-Four, de los Ultramontanos, á las escuelas no- 
sectarias, procede no solo de las doctrinas de su 
Iglesia, sino que también de los principios in- 
concusos de la Filosofía Moral. 



Un Comunicado al "Seisíincl.'"' 



Señores Kedactores del Sentinel: — En su entrega del 
13 del corriente, bajo el encabezado de "Un Docu- 
mento Extraordinario," da Vd. la traducción del es- 
pañol de un "Aviso Oficial á la Prensa de Nuevo Mé- 
jico." procedente de las autoridades de la Iglesia Ca- 
tólica. No es mi ánimo discutir ni la conveniencia, 
ni el buen gusto de esa forma de comunicación, pero 
deseo simplemente, con su venia de Vd., hacer algu- 
nas observaciones sobre la parte del documento rela- 
tiva á la controversia entre los abogados del sistema 
de Escuelas Libres y los de las Escuelas Católicas, ó 
Sectarias. Volviendo, pues, los ojos al documento, 
hallamos una enfática y arrambladora denunciación 
de las Escuelas Libres en general, y una firme pro- 
testa contra el intento de introducir entre la pobla- 
ción católica de este Territorio el sistema de educa- 
ción que llaman "sin Dios." Pues bieu, ellos no 
f>3 leyes, á otros que á sí mismos. 






'Si los 



-130- 



Protestantes, ó Judíos se oponen á la enseñanza sec- 
taria," dicen ellos, "tómense una justa proporción del 
fondo de escuelas, y establezcan escuelas de su pro- 
pio gusto;" pero ellos no las quieren, y demandan el 
derecho de enseñar sus propias doctrinas en las es- 
cuelas mantenidas con el dinero contribuido por ellos 
mismos. "Dadnos," dicen, "aquel razonable grado de 
libertad, que nos está garantido por la Constitución, 
•el derecho de seguir los dictámenes de nuestras exi- 
gencias." Difícil seria impugnar la verdad ó la jus- 
ticia de una posición como esta. Se objetará en con- 
tra que, debiendo el Estado proporcionar los medios 
de educación para todos sus hijos, de ninguna mane- 
ra se le podrá pedir que atienda á su cultura religio- 
sa; que la diversidad de las creencias hace tal cosa 
impracticable; que por consiguiente el invertir los 
fondos públicos en enseñar ó mantener una forma 
cualquiera de religión seria un abuso de confianza, y 
una injusticia manifiesta hacia otras denominaciones; 
y que, finalmente, es mucho mas propio dejar estos 
asuntos al cuidado de la familia ó de las mismas 
corporaciones religiosas. Pues bien, prescindiendo 
ahora de la cuestión mas general de separar por 
completo la educación del influjo de alguna que otra 
religión, se puede conceder que esos argumentos no 
están faltos de cierta fuerza, y que el sistema de Es- 
caelas Libres satisface, aunque inuy por encima á la 
verdad, á las exigencias de los acatólicos. Un Protes- 
tante ó un Judío puede enviar sus hijos á esas escue- 
las, y efectivamente los envia sin incurrir en ningún 
escrúpulo de conciencia; envíalos y da su dinero por 
na fin determinado, á saber, la adquisición de 
cierto grado de educación secular, y como, por lo 
común, es suficientemente correspondido, no tiene de 
que quejarse. Pero el Católioo, por eso mismo que 
es Católico, hállase en una posición de todo punto 
diferente. Es como si dijéramos sui genevis, y debe 
ser mirado desde otro punto de vista y juzgado se- 
giin otra norma diferente. El no puede separar la 
educación religiosa de la laical. La educación divor- 
ciada de la religión, es en sus ojos imperfecta é in- 
completa, y peor que el no recibir educación ninguna. 
Enviar á sus hijos á estas escuelas seria, para el, ex- 
ponerlos á los mayores peligros, y arriesgar su salva- 
ción. Y aunque él lo quisiese, él sabe que incurriría 
en la censura de aquellos á quienes está enseñado á 
mirar como á sus guias y directores en todo negocio 
del alma, los cuales todos, desde el Papa hasta el 
Cura-párroco, forman uua sola voz en condenar lo 
que ellos llaman educación sin Dios, y el confiar 
niños Católicos á educadores que no sean Católicos. 
¿Qué derecho tenemos nosotros de pedirles tal sacri- 
ficio? ¿Podemos nosotros, en buena fé, obligarlos á 
violar así sus escrúpulos de conciencia, y oponerse á 
la expresa voluntad de aquellos cuya enseñanza en 
estos asuntos ellos tienen por la enseñanza de Dios 
mismo? A buen seguro, eso seria infringir nosotros 
mismos el gran principio de la tolerancia religiosa, el 
que, si algo significa, si vale el papel cu que está es- 
crito, significa esto: que ningún individuo, ni agrega- 
do de individuos, tendrá que sufrir ninguna pena ó 
inhabilidad, á causa ó por motivo de sus creencias 
religiosas. Si so me dice que no so los forzará á en- 
viar á sus hijos á estas escuelas, contestaré que bien 
sg los forzara á pagar por las mismas, primero por 
a ¡'aellas á las que no pueden en conciencia enviar á 
s is hijos, y luego por aquellas á las que pueden, 
además do perder todas las ventajas de la escuela 
pública. ¿Qué otra cosa es eso, sino imponerles pe- 
nas é inhabilidades, hacer géneros vendibles de sus 
}■ [aciones religiosas, y poner la conciencia en la ta- 
rifa? A menos que no queramos retroceder de aquel 



derecho de libertad de conciencia garantizada por la 
Constitución, y echar á los vientos aquel principio 
de tolerancia religiosa que los Protestantes tienen 
tan á menudo en la boca, y tan raramente en la prác- 
tica, nosotros hemos de conceder á los Católicos 
aquella libertad que pedimos por nosotros mismos, y 
que, entre los límites necesariamente impuestos y 
guardados en toda sociedad civilizada, concedemos á 
todos los demás, Judíos, Protestantes de todo tinte, 
escépticos, libre- pensadores, Moimones, y hasta al 
Chino, adorador de sus abigarrados ídolos en una 
pagoda de San Francisco. Negarle este derecho es 
tratarle por indigno de gozar de la confianza y de los 
mas elevados privilegios de un pueblo libre, y some- 
terle á una tacha y á un baldón que ciertísimamente 
no ha merecido. Suyo, con todo respeto, Galax. 

El Ciego y el Oculista. 

(Almanaque de los Amigos de Pió IX. ) 

Un hombre privado de la vista desde que vino al 
mundo, no tenia idea alguna de la luz del dia. Oia 
hablar del sol sin saber qué era, y para él colores, 
perspectivas, matices, eran palabras vacías de senti- 
do. Peíase también cuando le hablaban de la belle- 
za de las flores y de la magnificencia de los cielos. 

Hallándose de paso un célebre oculista, fueron á 
consultarle y preguntarle si era posible la curación. 
El oculista examinó los ojos del desgraciado y ase- 
guró que podría recobrar la vista si se sometía á la 
operación de la catarata. 

Propusiéronlo al ciego; pero este exclamó riendo: 

— ¿A qué conduciría esto? ¿Qué me aprovecharía 
este sufrimiento?. . . .Habíanme, es verdad, de luces, 
de astros, de fuegos y de mil extravagancias por el 
estilo. Pero ¿qué viene á ser todo eso? Y ¿quién me 
garantiza que no son tonterías? 

— Sin duda conviene, contestóle el oculista, que 
antes de sufrir la operación se halle Vd. convencido 
de que existen todas estas cosas; mas para adquirir 
esta convicción es indispensable que admita Vd. los 
testimonios- de las personas que las han visto. 

El ciego resistió mucho tiempo, hasta que vencido 
por las instancias de sus amigos, se sometió á la cura 
del médico. 

Entráronle en un aposento oscuro, después de ha- 
berle sometido algún tiempo á un régimen severo. 
Luego con mano hábil y pulso seguro el oculista apli- 
có su instrumento sobre el humor cristalino, y al 
mismo instante el ciego exclamó: 

— ¡Ya veo! .... ¡ya veo! .... 

Instintivamente quiso precipitarse hacia la luz. 
Mas el sabio operador le detuvo, temiendo que el 
siíbito resplandor del dia le produjese uua nueva en- 
fermedad. Y solo después de mucho tiempo y de 
grandes precauciones le permitió contemplar el astro 
brillante cuya existencia había desconocido tan in- 
justamente. 

Así sucede con los pobrecitos ciegos en materia de 
religión. La admirable hermosura do ella, el consue- 
lo de sus sacramentos, la suavidad de su culto, la efi- 
cacia de sus máximas, no las comprenden porque tie- 
nen cerrados los ojos del alma. ¡Pedid á Dios por los 
pobres ciegos, pedid á Dios! Muchos de ellos en 
cuanto se vean libres do la fatal catarata, cantarán 
mejor que nosotros las grandezas de la fé. Recordad 
á Pablo, ciego un dia, y luego ¡qué apóstol! Pecor- 
dad á Agustín: ciego muchos años, y luego ¡qué gran 
Padre! Pecordad á Faber, Manniug, Newmau y tan- 
tos y tantos otros protestantes ilustres de nuestros 
dias, ayer pobres ciegos, hoy lumbreras espléndidas 
del Catolicismo. ¡Pedid á Dios por los pobrecitos 
ciegos, pedid á Dios! 



181 



rf— *W 



«tt^IXÍtít-ü»--**. 



LA POBRECILLA DE OASAMARI. 

( Continuación — Pú<j 119-120. ) 

— Lo que me extraña es su propensión á la sole- 
dad. 

— ¡Pobrecita! querrá estar sola para llorar y desa- 
hogar su corazón sin testigos. ¡Y vaya si llora! siem- 
pre está con los ojos húmedos y enrojecidos. Y no 
puede menos de ser así, después de tantas desgracias 
y tan terribles pérdidas. Yo la considero como una 
mártir y no puedo describir la veneración que siento 
hacia ella cuando al través de la puerta entreabierta 
me pongo á contemplarla sentada en su silla, toda 
afanada con la costura junto al velador, sobre el que 
tiene en un vaso cinco rosas, que me ha pedido le 
renueve cada tres dias. Me da tanta lástima, que no 
puedo menos de soltar las lágrimas. ¿No te he dicho 
ya, porque quiere tener siempre á la vista las cinco 
rosas? 

No me acuerdo. Poco caso hago yo de las tonterías 
de vosotras, las mujeres. 

— ¡Tonterías, hablas bien! ¡Pluguiese á Dios que tu 
Plaminia fuese capaz de comprender el significado de 
estas tonterías! Me dijo que quería tener siempre las 
cinco rosas para recuerdo de sus cinco difuntos; la 
memoria de los cuales, dice ella me recrea la vista y 
el olfato del alma, así como la belleza y la fragancia 
de estas rosas me deleitan los del cuerpo. ¡Mira qué 
pensamiento tan delicado! 

— ¡Por Baco, que es ingenioso de amor! 

—Y yo, desde que me lia manifestado este su deseo, 
no cada tres, sino cada dos dias le corto las cinco ro- 
sas entre las mas frescas y se las mando por Lucila, 
á la que ella llena de agradecimiento, abraza y le da 
cinco besos en la frente. Esta delicadeza de senti- 
mientos ni por sueño nuestra Fiaminia puede rete- 
nerlos. 

— Pues procura qud se roce todo lo posible con ella 
y aprenderá. Mas quería yo decir, ¿cómo ella conti- 
nua contando entre sus difuntos á su joven prometi- 
do, siendo así que yo me he esforzado para conven- 
cerla de que es mas probable que viva, que esté 
muerto? 

—¿Qué quieres? el corazón no razona y poco repa- 
ra en ciertas probabilidades, que son como aquellas 
esperanzas que los médicos dan cuando el enfermo 
está en la agonía. Desengáñate que si ese bravo jo- 
ven ha caido en manos de los piamonteses, ¡adiós! no 
hay probabilidad que valga; de seguro ellos le hicie- 
ron ya la fiesta. Pero demos que no sea así; yo no 
veo medio de persuadirla. Esta criatura está tan 
abrevada de amargura y la soporta con tan tranquila 
resignación, que yo envidio sus lágrimas y á veces 
quisiera verme en su lugar. 

— Cada cual tiene sus gustos. De todos modos tú 
procura que no se entregue á una tristeza excesiva, y 
que esté, en cuanto sea posible, de buen humor. 
Mándale á menudo á Fíaminia á su cuarto, y hazla 
salir contigo para que se distraiga; en fin á tí toca el 
pensar como has de tenerla animada y suministrarle 
los consuelos que vosotras las mujeres sabéis daros 
unas á otras. 

Tal era la condición de Maria Flora, durante las 
tres semanas escasas que llevaba en casa de sus nue- 
vos hospedadores; y hemos creído, que de ningún 
modo podríamos describir mejor sus principales cir- 
cunstancias, que insertando en compendio esta con- 
versación íntima de Magdalena con su marido. En 
efecto, Maria era allí tratada con cordial benevolen- 
cia y con todas aquellas consideraciones, que una 
familia bien educada sabe usar con una persona fo 



rastera, pero digna de respeto por el doble título da 
uua gran desgracia sufrida con tanto valor, y de un 
distinguido origen ocultado sin bajeza. Este trato 
excedió en gran manera á las esperanzas de la joven, 
la cual juzgaba que en aquella casa sería recogida 
como por caridad, al precio de no sabia cuantas y 
cuales humillaciones. Por esto es fácil deducirla gra- 
ta satisfacción que experimentaría Maria y el vivo 
reconocimiento que sentiría hacia sus bienhechores 
que la querían como la niña de sus ojos. Y por lo 
mismo para pagar en algún modo tanta bondad, no 
dejaba el trabajo de las manos, ocupadas siempre en 
servicio de Magdalena y de sus hijas. 

Esto en Guanto á lo que exteriormente aparecía; 
pues en cuanto á lo interior, seria cosa muy difícil el' 
bosquejarlo siquiera á graneles rasgos. Su corazón 
manando sangre sin interrupción por las cuatro heri- 
das, que la muerte había abierto en él en el corto 
espacio de cuatro meses; la terrible ansiedad en que 
vivia por no tener noticia alguna de Otello, al que sin 
embargo se debia unir su suerte; el verse obligada á 
entregarse en brazos de una tia, que había sido la 
ruina de su familia; el tener que estar á merced da 
sus favorecedores, los cuales un dia ú otro podrían 
echarle en cara el pan que le daban; los incesantes 
esfuerzos que tenia que hacer para dominarse y re- 
primir los espontáneos desahogos de las penas que 
destrozaban su pecho; la incertidumbre, las dudas, 
los sombríos temores sobre su porvenir; y por último 
el estar privada de un íntimo confidente con quien 
compartir sus dolores y amarguras; tocias estas cosas 
la colmaban de aflicción hasta el punto de no encon- 
trar descanso, sino en la esperanza de que Dios la 
haría sucumbir pronto bajo el peso de sus penas y la 
llamaría al seno de su eterna bienaventuranza. 

Mas hacia aquel mismo dia, en que Trajano y su 
esposa tuvieron la conversación que hemos referido, 
una nueva espina vino á aumentar el número de las 
que laceraban su corazón. Y fué una mal encubierta 
aversión que Fíaminia comenzó á manifestarle, que 
diariamente iba tomando mayores proporciones y que 
amenazaba terminar en enemistad declarada. Eu un 
principio la veleidosa Fíaminia era toda caricias, to- 
da halagos, toda ternura para Maria; pero pasado al- 
gún tiempo, que fué como la luna de miel de esta 
nueva amistad, su cariño se fué enfriando, y ella co- 
menzó poco á poco á mostrarse cada vez mas esqui- 
va y reservada, hasta que concluyó por abstenerse 
casi por completo de toda conversación con la huér- 
fana. Los padres y la hermana no notaron esta mu- 
danza, ó no hicieron caso: Maria, sí, la advirtió y la 
sintió no poco, mas que por otra cosa, por la duda y 
el tenor de haber dado margen á aquel cambio. La 
pobre huérfana, examinada su conciencia no encontró 
cosa alguna que la remordiese; porque si bien, como 
hemos dicho, sentía repugnancia hacia Fíaminia, ha- 
bía puesto todo su empeño para no dejar traslucir tal 
antipatía. Con todo ese buscaba la ocasión de re- 
conciliarse con ella; y la halló al hilbanarle un vesti- 
do que debia probarle. Fíaminia se acercó no sin 
hacer gesto y poner mala cara; 3^ mientras María con 
la mayor amabilidad le ajustaba el vestido, ella pro- 
rumpió en dicterios é insultos, tomando por pretexto 
los muchos defectos que á su juicio encontraba en el 
cuello, en el cuerpo, en las mangas y en tod ) lo de- 
más. María quedó atónita al oiría; mas recobrándose 
trató de tranquilizarla. Fué inútil, porque aquella 
víbora sacándose el vestido, y deshaciendo el hilban, 
lo tiró al suelo, lo pisoteó y gritó que de ningún mo- 
do lo pondría si no se daba á hacerlo á una modista; 
y dicho esto se retiró furiosa dejando á su amiga su- 
mergida en un mar de lágrimas. 



-1 



— Mas ¿qué mal había hecho María á Flamiu a, 
para que esta así la tratase? preguntará tal vez algu- 
na compasiva lectora. 

Ninguno. 

— ¿Qué clase de muchacha era, pues, esta Flami- 
nia, que pintáis ni mas ni menos, que si fuera criada 
entre las zarzas de un erial, ó en un nido de serpien- 
tes? 

LXI. 

Tenéis razón; es justo que os demos alguna idea un 
tanto detallada déla índole y educación de esta joven; 
y al hacer el cuadro no creáis que recargaremos las 
sombras, antes bien procuraremos apagar los colores 
aunque sea á riesgo de no alcanzar en todo la verdad 
del original. 

En su infancia Flaminia fué celosamente vigilada 
por el atento ojo de su madre, que no perdió medio 
de formar su espíritu con saludables máximas y exce- 
lentes ejemplos de virtud cristiana. Desde pequeñita 
descubrió un entendimiento muy agudo, comprensión 
superior á sus años y tal fuego y viveza que no podia 
estar un momento en reposo, juntamente con estas 
bellas cualidades despuntaban con no menos vigor 
todas las pasioncillas, que los antiguos moralistas 
reducían á la parte irascible, como la soberbia, la al- 
tanería, la terquedad, la ira, la envidia, la arrogancia, 
etc . . . En todas estas viciosas inclinaciones, el padre, 
que la amaba ciegamente, no veia sino gérmenes de 
las mas relevantes prendas; pero Magdalena mas sa- 
gaz y sensata descubría los indicios de un natural que 
habría de exigir mucha vigilancia 3 r mucho freno. Y 
la prudente madre mientras la tuvo á su cuidado no 
la economizó ni lo amargo de las reprensiones y cas- 
tigos, ni lo dulce de los premios y caricias para ha- 
cerla piadosa, amable, dócil, modosa; y con tan bue- 
nos resultados, que al tocar los nueve años, la hija ya 
daba muestras de su buena inclinación y comenzaba 
á llevar sin disgusto el suave yugo de la enseñanza 
materna. 

Pero Trajano, estimulado por un pariente suyo, se 
resolvió á llevar á su primogénita, á un colegio recien- 
temente abierto en Toscana, del cual dicho pariente 
le hacia los mas pomposos elogios, prometiéndole 
además procurar para la hija un puesto casi de gra- 
cia. Nada diremos de la repugnanciay quejas de Mag- 
dalena, que se opuso cuanto pudo á la marcha de la 
hija; pero el marido empeñado en dar á su Flaminia 
una educación superior á su estado y á poca costa, 
se hizo sordo á sus reflexiones y llevó á cabo su pro- 
pósito. 

El colegio, en que fué colocada esta entonces inge- 
nua niña, era laical; esto es, servido por maestras 
seglares y tenia por objeto dar á las alumnas una 
educación completamente nacional y en consonancia 
con el espíritu moderno. Lo dirigía una doña Hermi- 
nia, señora de edad y poco afable, pero de buenas 
costumbres, instruida en varias materias, poetisa ala- 
bada mucho en su juventud por ciertos periódicos li- 
terarios, y que conocía el latin y el griego, y poseía 
tres lenguas vivas. Tenia mucho mundo y según la 
fama lo habia adquirido en el Norte de Europa en 
donde habia sido aya de dos princesas. 

Bajo ella habia cuatro maestras, que en los seis 
años que allí estuvo Flaminia se renovaron cuatro 
veces: casi todas tenían ciertos nombres románticos 
como Fanny, Emina, Cloi inda, Oretta, Niní, etc. . . 
y todas ellas eran alegres tocadoras de piano, canta- 
trices, dibujantes, bordadoras, peritas ademasen geo- 
grafía, aritmética, historia, etnografía, botánica, orni- 
tología, ictiología y conquiología y algunas hasta 
geólogas y fotógrafas y otras filólogas, filósofas, etc., 
etc., de las llamadas de. primo cartello. No se decia á 



32- 

i» ■ 

las alumnas de donde fuesen para abrir los tesoros 
de la ciencia en aquel colegio, bastaba saber que eran 
italianísimas y que andaban muertas por la Italia re- 
generada. 

Fundamento de la educación que allí se daba era, 
según los anuncios, la religión y la moral; mas no se 
especificaba con claridad cuál religión fuese esta, si 
la católica ó la protestante; ni cuál fuese esta moral 
si la evangélica ó la socrática. Es verdad que el culto 
católico era el que allí se profesaba en los días festi- 
vos y nada mas, con la celebración de la misa en un 
oratorio sencillamente adornado ante un cuadro que 
representaba la Sacra-Familia; pero la misa era bre- 
ve, muy breve, como la que vulgarmente se llama de 
cazador. La celebraba cierto señor abate de grave 
presencia y de pelo cano, de traje y maneras asegla- 
radas que era confesor y padre espiritual de las cole- 
gialas y maestras. Preciso es advertir que este señor 
Abate no estaba en olor de santidad por sus máximas 
que eran bastante avanzadas en política y tenían po- 
co de sana Teología, por lo que no era mu} 7 acepto" á 
sus prelados ni á los buenos eclesiásticos, mientras 
los liberales le presentaban como modelo de sacerdo- 
tes italianos y regeneradores de la patria. 

Concluida la misa se cerraba con llave el oratorio 
y hasta el domingo siguiente no volvía á pensarse en 
religión, excepto para recitar por las mañanas y las 
tardes unas insípidas paráfrasis en verso sobre el Pa- 
dre-nuestro, el Ave María y el Credo, compuestas por 
la Directora. Verdad es que el señor Abate dirigía 
semanalmente su palabra á las educandas; pero ¡en 
qué estilo! ¡coa qué afectación! Generalidades que 
no llegaban al corazón de aquellas jovencitas y en 
las que ni se les inculcaba la práctica de las virtudes, 
ni les invitaba á la devoción de la Virgen y de los 
santos, ni se descendía á sugerirles piadosas industrias 
para conservar y aumentar la gracia de Dios, para 
resistir victoriosamente á las tentaciones ó para ven- 
cer los obstáculos que siempre se ofrecen al que quie- 
re obrar bien. Podia por cierto el tal Abate pronun- 
ciar sus conferencias en los Pórticos de Atenas, sin 
que siquiera llegase á sospecharse que era ministro 
de Jesucristo. Pero era un sacerdote amigo de la 
unidad de Italia, que combatía el poder temporal del 
Papa, declarándose enemigo de la que llamaba tira- 
nía de Roma y esto bastaba para que fuese querido 
de los liberales. 

Tales eran las prácticas religiosas de aquel esta- 
blecimiento y tal el director, á quien no obstante, 
consideraba doña Herminia como el quinto Evange- 
lista. ¡Pobres jóvenes! Allí se les hacían olvidar las 
tiernas plegarías que habían aprendido cu el regazo 
de su madre, en tanto que se calificaban de beaterías 
y supersticiones las prácticas cristianas y se predica- 
ba contra las monjas, contra los frailes y contra las 
congregaciones religiosas. Cualquier libro devoto, 
cualquiera objeto de piedad era desterrado de aquella 
casa como fomento de hipocresía. A una alumna de 
Genova se le quitó una imagen de Santa Teresa, por- 
que el hábito de carmelita desdecía del espíritu de un 
siglo ilustrado. A Flaminia no se le permiüó ni leer, 
ni conservar la vida de la Beata Mariana de Paredes 
recientemente elevada á los altares, porque l$s mor- 
tificaciones de ese bello lirio de castidad eran un ul- 
traje á los sentimientos de la naturaleza; j cerno la 
joven Flaminia apreciaba aquel libro por ser recuer- 
do que le habia enviado su madre, y por otra parte 
estaba ricamente encuadernado, una de las maestras 
le dio otro con una encuademación inglesa que con- 
tenia los cuentos de Pedro Timar. 

(Se continuará.) 





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las semanas, en Las Vegas. 



. M. 



22 de Marzo de 1879. 



Le JL£j§ 



SÜ31AR10. 

Crómica GsMBtiiL —Se jcion Piadosa: Fiestas Movibles — Calen- 
dario de la Símaaa — San Victoriano, Procónsul y mártir — Actua- 
lidades: — Una rectificación — Orfanatrofio de Cleveland — Gracias 
no merecidas— Dios es bueno y justo — Jubileo de León XTII — Sis- 
tema de escuelas según el Independerá — Frutos de la política de 
Bismarck— Noticias del Thirty-Four — Otras del índepe/itlent — Los 
males del divorcio deplorados por un ministro protestante — Otra 
defensa de las Escuelas sin Dios —Justicia y Eeligion — Méjico — 
Comunicado de Antonchico — La Pobrecilla de Casamari— 



Conversiones. — Dimos á conocer la semana 
pasada la conversión del Sr. Egbert Cleave. Ahora te- 
nemos que añadir que diclio señor se halla casi desti- 
tuido de todo lo necesario para su sustentación y la 
de su familia. Últimamente, para alcanzar algunos 
medios de subsistencia, ha dado una lectura al públi- 
co sobro el tema — "Porqué" me lie convertido al Ca- 
tolicismo" — mientras no halle alguna ocupación que 
le proporcione una honesta ganancia. 

El Jueves, 30 de Enero, fué recibido en el seño de 
la Iglesia Católica el Sr. Jacob Montagu Masón, 
rector de Silk Willoughby, en Lincolnshiie, Inglater- 
ra. Para dar este paso le ha sido preciso renunciar 
á una rent i anual de 700 esterlinas. 

También en Inglaterra ha renunciado á su benefi- 
cio, para ser admitido en la Iglesia católica, el Sr. 
Algerndn Stanley, que perteneció al Colegio de Cud- 
des Ion, Vicario que fué de la Iglesia de Santa Cruz, 
en St. Paneras. 

Las misiones de Noruega siguen prosperando. Se 
cuentan hoy en ese país catorce sacerdotes, ocho igle- 
sias católicas, trece maestros y un orfanotrofio con 
sesenta niños. Las conversiones en las clases eleva- 
das de la sociedad suman, en media, cincuenta por 
año. Ate adido que los principios religiosos son toda- 
vía vivamente arraigados en ese país, la gente ins- 
truida sigue el ejemplo de sus hermanos los Ingleses. 
El Protestantismo ya no satisface á sus sentimientos 
religiosos. Los Misioneros católicos son los mas que- 
ridos del pueblo; y sus Iglesias, cada Domingo, se 
ven llenas de Protestantes, deseosos de oir la predi- 
cación de los católicos. 

Mor. Ilwrgess, Obispo de Detroit, dícese que 
haya resignado su Obispado, después de haberlo ad- 
ministrado por nueve años, con muy felices resulta- 
dos para la religión. 

Los PP. Capuchinos han recibido del Gran 
Consejo del Ticino, en Suiza, la posesión que antes 
tenían de sus cuatro monasterios de Lugano, Bigorio, 
Locarno y Eaide. 

Los Jesuítas de Francia están para ser el obje- 
to de una de las primeras manifestaciones de intole- 
rancia é injusticia de parte del nuevo régimen. Una 
comisión preliminar ha adoptado ya la petición, que 



quiere sean expulsados de todo el territorio francés. 
El Sr. Casimiro Perire, nombrado relator, ha publi- 
cado su relación en favor de la demanda. 

Generosidad cristiana. — Las Señoras del 
Sagrado Corazón, al ver que los PP. Jesuítas y sus 
alumnos del Colegio de St. Mary's quedaron sin te- 
cho donde abrigarse, por el incendio que hemos refe- 
rido dias atrás, abrieron su instituto para recogerlos 
en él. Después de unos cuantos tilas les cedieron 
todo el edificio, y ellas se fuérV n con sus alumnas á 
Topeka. Debido á este noble acto de generosidad, el 
colegio ha podido seguir sin interrupción sus curses 
escolásticos. 

Santiago file» ConaposteSa. — El Porvenir de 
Santiago, España, anuncia que se ha hallado debajo 
de la Sacristía, á un lado del altar mayor de la cate- 
dral, una urna con los huesos de Santiago, y el sepul- 
cro de sus discípulos. El Cardenal Arzobispo, junta- 
mente con el Cabildo, ha mandado se cante un solem- 
ne Te Dewm, en acción de gracias por este feliz acon- 
tecimiento. Los restos de Santiago el Mayor fueron 
escondidos por los fieles el siglo nueve en un lugar 
hasta ahora desconocido, para salvarlas de las pes- 
quisas de los Moros, que bajo el mando de Almanzor 
pusieron á la ciudad de Santiago á sangre y fuego. 

KI Congres© 45 de los Estados Unidos, que 
acabó sus sesiones el día 4 de este, no dispuso nada 
acerca de las propuestas de ley concerniente á ura 
apropiación para el ejército y la legislatura. Con este 
fin se ha convocado una sesión extraordinaria para el 
18 del presente. 

La proclama del Presidente Hayes, con la cual 
convoca la sesión extraordinaria del 18 de Marzo es 
como sigue: 

"Siendo que el aplazamiento final del Congreso 
cuarenta y cinco de los Estados Unidos ha tenido lu- 
gar, sin que nada se determinara acerca del presu- 
puesto por los gastos legislativos, ejecutivos y judi- 
ciales (según lo piden la costumbre y la necesidad) 
de parte del Gobierno, para el año fiscal que acaba 
en Junio 30 de 1880, y sin determinar las necesarias 
y acostumbradas apropiaciones para el mantenimien- 
to del ejército, por el mismo año fiscal; la actual ex- 
traordinaria posición exige que el Presidente ejerza 
el poder que le concede la Constitución, para convo- 
car las Cámaras del Congreso con anticipación al dia 
fijado por la ley para su próxima reunión. 

"Por lo tanto, Yo, Üutherford B. Hayes, Presiden- 
te de los Estados Unidos, por el poder que me c¡ u- 
cede la Constitución, convoco las Cámaras del Con- 
greso, para que se reúnan en sus respectivas salas á 
las 12 del dia del Martes 18 de Marzo presente, para 
que examinen y determinen las medidas que juzgaren 
piden su saber, su deber y el bien del pueblo. En 
testimonio de lo cual pongo mi firma y he mandado 
se ponga el sello de los Estados Unidos. 



-131- 



Dado en la ciudad de Washington, este dia 4 dé 
Marzo, año de 1879 y 103 de la Independencia de es- 
tos Estados. 

K. B. Hayes. 
Por el Pres. William M. Ewarts, Sec. de Estado. 
Un ¡acentuó ha asolado el palacio real de 
Terouven, eerca de Bruselas, donde se hallaba la in- 
feliz viuda del Emperador Maximiliano. La Empera- 
triz fué socorrida en tiempo, y llevada al palacio real 
de Locken, también inmediato á Bruselas. 

Afgiíanisíau. — Shere Alí ha fallecido; su hijo 
Yakoob Khan será probablemente su sucesor. Estos 
acontecimientos prometen mayor facilidad para una 
composición entre Inglaterra y el Afghan. 

Ha habido un conflicto á Kushih Nokhun con Ali- 
zai Duranis; este fué repelido por el General Riddul- 
ph, que le causó una pérdida de 150 hombres. 

Después de la muerte de Shere Alí, se han levan- 
tado diferentes partidos para la sucesión del trono. 
Lo cual ha dividido las fuerzas del país. En un con- 
flicto que tuvo lugar entre los pretendientes, Yakoob 
Khan salió vencedor, pero se vio obligado á retirarse 
en Herat. 

El Profesor Seagei', que falleció no ha mu- 
cho, ha dejado 500 esterlinas á las Misiones católicas 
entre los infieles, en la siguiente proporción: .£353 á 
la Asociación de la Propagación de la Fé; =£50 al Co- 
legio de S. José de Mili Hill; £50 á la Asociación de 
la Santa Infancia; y £50 á las Misiones del África 
Central. 

En el Consistorio del 28 de Febrero el Papa 
elevó al Cardenal Nina, Secretario de Estado, al gra- 
do de Cardenal presbítero, y numbró Camerlengo del 
Sagrado Colegio el Cardenal Eduardo Borromeo, en 
lugar del Cardenal Ferrieri, cuyo término habia expi- 
rado. Han sido preconizados también treinta y cua- 
tro entre Obispos y Arzobispos; pero no hubo ningún 
nombramiento de Cardenales. 

Crisis en España — El Primer ministro Sr. 
Cánovas ha presentado al Eey la demisión del Gabi- 
nete, que ha sido aceptada. El mismo Cánovas for- 
mará el nuevo Gabinete. 

París. — Lepere ha sucedido á De Marcere en el 
Ministerio del Interior. Se aguarda la resignación 
del Ministro de Hacienda, León Say. 

ASarsnn. — Los partes telegráficos de Berlin anun- 
cian que hay alguna excitación por los triunfos de la 
izquierda en Francia, y por la vuelta de los comunis- 
tas, que no podrán menos que ayudar á los cofrades 
de Alemania. 

fia Silla Apostólica ha erigido una nueva Pre- 
fectura Apostólica en Afghan y la ha confiado á la 
Compañía de S. José del Sagrado Corazón. 

Wñv. José alaria, de los Menores Observan- 
tes, Obispo de Loja, en el Ecuador, ha vuelto á su 
diócesis, de la que habia sido desterrado por el go- 
bierno. 

Incendiarios.— La noche del 3 de Marzo hubo 
una tentativa de incendio para destruir todo el pue- 
blo de Chardon, Obio. Las pérdidas han sido muy 
considerables, y créese que ha sido con intento de ro- 
bar la ciudad. La misma noche se declaró una que- 
mazón en Butchell College, en Akron, Ohio, destru- 
yendo hasta el equipaje de los alumnos. La pérdida 
so calcula ser do $17,000. Seis bomberos fueron aun- 
que levemente heridos por un contratecho que se les 
vino encima. 

El dia 1 del mismo mes se produjo una grande 
alarma, por los manifiestos esfuerzos que se hacian 
por otros incendiarios para poner fuego á todo Colum- 
bus» Hubo incendios en seis puntos distintos. 



Ha fallecido el Cardenal Felipe Maria Guide, 
Obispo de Palestrina. Tenia 61 años de edad; fué 
creado Cardenal en 1863. 

l£aca-$cisa. — El Sábado pasado 15 del corrien- 
te, á las 7.2 p. m., sé celebró el enlace conyugal del 
Sr. Andrés Sena de Los Alamos y la Señorita Victo- 
riana Baca de esta plaza. El concurso de parientes 
y amigos fué muy numeroso, para felicitar á los nue- 
vos esposos. 

Cor íes. — El mismo dia por la tarde se cerraron 
las Cortes, sin que hubiese otras causas ruidosas de 
las referidas. El Duchi fué condenado á ser ejecutado 
el 11 de Abril. El ha apelado. 

Vicios* rVnñez, convicto de asesinato en la per- 
sona de Rascone, hace tiempo fué juzgado y conde- 
nado á muerte en Pueblo, Coló. Debia según la sen- 
tencia, ser ahorcado el 24 del pasado Enero, pero su 
ejecución fué diferida hasta el 11 del presente, en que 
fué cumplida. Esperamos que haya hecho una muer- 
te de cristiano, pues en los últimos dias, se resignó al 
fallo de la justicia, recibió los consuelos de la Religión 
y fué acompañado al patíbulo por el Rev. L. Monte- 
narelli, teniente de la Iglesia católica de Pueblo. 
R. I. P. 

3Iaírimonio real. — El 5 de este mes se aguar- 
daba en Londres la llegada del Príncipe imperial de 
Alemania, para asistir al matrimonio del Duque de 
Connaught con la Princesa Luisa Margarita de Pru- 
sia. La princesa debia llegar el martes siguiente 11 
del mismo mes. 

Profesión religiosa. — El New York TaUet 
refiere en todos sus pormenores la imponente y con- 
movedora ceremonia, que tuvo lugar en la Iglesia de 
S. Miguel, en ocasión de la profesión religiosa, en el 
convento de las Religiosas de la Presentación. Era 
la primera Americana, de nacimiento, que se consagra- 
ban en aquel convento. En el mundo era conocida con 
el nombre de Margaret Kiernan, que ha cambiado 
con el de Una. de Santa Rosa de Lima. La señorita 
Nagle, hermana del Rev. P. Nagle, llevaba la cruz, y 
la Señorita Katie Kiernan, hermana de la Hermana 
Rosa, la asistía en el oficio de ángel de la guarda. 

Falleció en Milwaukee el Vicario General Rev. 
Martin Kunndig, á las 10 de la mañana del dia 7 del 
corriente, en Lee House. Era Suizo de nacimiento y 
vino á estos países con el Obispo Henny. Permane- 
ció en Detroit hasta la época del cólera de 1831, y en 
ese tiempo prestó servicios extraordinarios á los ata- 
cados del contagio, gastando todo lo que tenia y su- 
jetándose á considerables deudas. Fué nombrado 
Vicario General en 1812 y permaneció en este empleo 
por 15 años. Los funerales, celebrados en la Cate- 
dral, han manifestado, por su esplendor y concurso 
de gentes, la alta estimación en que era tenido de to- 
dos. K. I. P. 

ülfiir. Salg>oiiííe. — Este digno ministro de la 
Iglesia Católica, siempre dispuesto para prestar sus 
buenos servicios á la humanidad doliente, acaba de 
emprender la muy loable tarea de la construcción de 
un hospital. El lugar que ha escogido es un pequeña 
eminencia al Oeste y cerca del Noviciado, cuyo pun- 
to se encuentra favorecido por el aire libre y sano, 
tan necesario para esa clase de establecimientos. 
Los trabajos se han emprendido ya, dirigidos per- 
sonalmente por el Sr. Obispo; quien con el mejor 
éxito y de una manera científica, ha terminado un 
camino carretero por entre los cerros que dominan 
el expresado lugar, y de unas dos millas de largo has- 
ta el cerrito de la Cantera, cuyo material se propone 
su Señoría utilizar en su benéfica obra. 



-135- 



SECCÍON PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 2G 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. — Corpus Christi, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. —Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
MARZO 23-29. 

23. Domingo IV de Cuaresma. San Victoriano, procónsul y mártir. 
Santa Pelagia, mártir. 

24. Lunes. San ¿tomillo, mártir. San Seleuco, Confesor. 

25. Marks. La Anunciación de Nu,estea Señoba y Encarnación 
del Hijo de Dios. 

26. Ulereóles. Santa Tecla, mártir. San Casiano, mártir. 

27. Jueves. San Alejandro, soldado y mártir. Santa Lilia, mr. 

28. Vürnes. La sagrada sábana del Señor. San Prisco, mártir. 

29. Sábado. San Cirilo, diácono, mártir. S. Eustasio, abad y conf. 

SAN VICTORIANO, PROCÓNSUL Y MÁRTIR. 

Victoriano era de Adrumeto en África. Dueño de 
inmensas riquezas, y uno de los principales señores 
del reino, Labia sido nombrado gobernador de Car- 
tago por Huuerico, que habia sucedido en el trono 
á su padre Genserico en el año 477. Aunque amano, 
aquel monarca se condujo al principio con modera- 
ción respecto de los católicos; pero sobreponiéndose 
luego el espíritu de secta á los naturales instintos de 
justicia, suscitó en 480 una nueva y cruel persecu- 
ción contra el clero y las vírgenes consagradas al Se- 
ñor; persecución que se hizo general cuatro años mas 
tarde. Hunerico, arriano furioso como su padre, en- 
vió un mensajero á Victoriano haciéndole seductoras 
promesas, si renunciando á la religión católica abra- 
zaba los errores y blasfemias de Arrio. La respues- 
ta que le dio Victoriano fué digna de un cristiano de 
los primeros siglos, "Dile al Rey, dijo, que si gusta 
puede condenarme á las llamas, ó á las fieras, ó á 
cualquier otro tormento; pero jamás, por nada ni por 
nadie, renegaré de la Iglesia Católica en que he sido 
bautizado." Es imposible pintar el furor que Sí apo- 
deró del Rey al oir semejante respuesta; mandó so- 
meter al generoso Confesor á los mas terribles tor- 
mentos que habia podido inventar la barbarie de los 
vándalos, y quiso que sintiera todo el peso de su in- 
dignación, tanto mayor cuanto mas le habia honrado 
antes. Pero Victoriano, sostenido por Aquel que sa- 
be comunicar un heroísmo superior á las flacas fuer- 
zas de la naturaleza, sufrió con invicta constancia, y 
hasta con alegría, suplicios de que no podemos for- 
marnos idea, y en ellos acabó su glorioso martirio. 



En su número del dia 8 "El Espejo" nos 
trajo una correspondencia de Roma al "Evening 
Post" de Nueva York, en la que se resume bre- 
vemente el debate sobre la enseñanza religiosa 
en las escuelas de Italia. Con la lectura ele 
aquella carta los lectores, que acaso no lo supie- 
sen todavía, quedan enterados del último resul- 
tado conseguido en Roma, donde ya no se im- 
parte , la instrucción del Catecismo, sino á los 
niños cuyos padres lo desearen. 

Para que sus abonados tuvieran una idea mas 
completa de todo lo que ha habido en la penín- 



sula italiana y sobre todo en Roma acerca de 
una tal cuestión, podía "El Espejo" haber aña- 
dido dos cositas mas en forma de comentario á 
la correspondencia del periódico americano. 
La primera es que los autores de esa ley han 
sido aquellos mismos que robaron al Papa sus 
dominios, y están persiguiendo con mas ó me- 
nos disfraz á la Iglesia Católica; la segunda es, 
que el soberano Pastor de las almas y Vicario 
de Jesucristo en la tierra ha tachado de ilusoria 
dicha determinación, según la cual concédese la 
instrucción religiosa solamente á aquellos niños 
cuyos padres, la piden expresamente. "No se 
puede, dice el Padre Santo, comprender cómo 
los autores de la desgraciada disposición no han 
visto la siniestra impresión que debe causar en 
el ánimo del niño ver puesta la enseñanza reli- 
giosa en condiciones tan diversas de las otras 
enseñanzas. El niño que para ser estimulado á 
un estudio tiene necesidad de conocer la impor- 
tancia y la necesidad de lo que le enseñan ¿qué 
empeño podrá tomar por una enseñanza hacia la 
cual la autoridad de la escuela se muestra ó fria 
ú hostil, tolerándola de mala gana? Y además, 
añade, si hubiese (como no es difícil que los ha- 
ya) padres que, 6 por maldad de ánimo 6 mucho 
mas por ignorancia ó descuido, no pensasen en 
reclamar para sus hijos el beneficio de la instruc- 
ción religiosa, quedaría gran parte de la juven- 
tud privada de los mas saludables documentos 
con extremo daño, no solo de aquellas almas 
inocentes, sino de la misma sociedad civil." 

"El Espejo" quizás nos dirá que si no lo ha 
hecho,, fué porque no juzgó necesario el hacerlo. 
Muy bien: así sea como Vd. dice. Sr. "El Espe- 
jo;" pero mucho menos necesario era decirnos 
que no desean educar una generación de ateos 
los Italianos aquellos, que abolieron délas escue- 
las toda enseñanza la cual "tiende á establecer- 
la supremacía de la Iglesia Católica Romana." 
¿Y sabe Vd. porqué no era necesario? Porque 
nunca fué juzgado necesario el decir cosas, que 
de por sí arguyen en él que las dice una gran 
falta de lealtad, una crasa ignorancia de lo que 
se pretende saber y una pérdida deplorable de 
fé y pundonor. 



En el Cleveland Herald del dia 3 de Marzo 
hallamos una descripción de lo que un relator 
de aquel diario vio en el Orfanotrofio de San 
Vicente de Paul de aquella ciudad. ¿Y qué 
dice esa descripción? Nada nuevo para un lec- 
tor Católico; acaso nada nuevo tampoco para 
cualquier Protestante, ó Judío, ó libre-pensa- 
dor, 6 Know-nothing: porque ¿quién hay en 
América, que no esté enterado de los prodigios 
de caridad que se ven en todas y cada una de 
las instituciones de beneficencia de la Iglesia 
Católica? Ciento ochenta niños, huérfanos des- 






136- 



amparados, crecen en el Orfanatrofio menciona- 
do, y tienen allí la casa, el vestido, el alimento, 
la instrucción, todo lo que debe hacerles ciuda- 
danos útiles á su patria, porque gozan de todo 
lo que puede formarles Cristianos fieles á su 
Dios. El Instituto, excusado es decirlo, pues 
su nombre lo indica, está bajo la dirección de 
las Hermanas de la Caridad, que, mas bien que 
"hermanas," son verdaderas madres para las 
desvalidas criaturas confiadas á sus cuidados. 
En cada parte del Establecimiento, en Cleve- 
land como en donde quiera, reina el urden, la 
limpieza, el aliño, la higiene, la más esmerada 
solicitud á fin de que todo influya en el desar- 
rollo de la inteligencia, de la virtud, de las 
fuerzas físicas. Pero lo mas notable de este 
Instituto y sus semejantes es el desprendimien- 
to heroico ele sus directoras. La vida de las 
Hermanas es una vida de sacrificio, del que solo 
la experiencia puede ciar una idea verdadera, y 
cuya sola imagen llena de horror y espanto las 
almas mundanas. ¿Qué recompensa esperan de 
sus arduos trabajos, desvelos y privaciones de 
toda suerte? Ninguna, en este mundo. Su sola 
remuneración es Jesucristo. El "hombre ani- 
mal" no alcanza á entender todo lo que eso en- 
cierra de sublime; hace mofa de lo que ve, y se 
envilece hasta el punto de denunciarlo por "el 
mayor peligro" déla sociedad. Afortunadamen- 
te el mundo no ha salido enteramente de sus 
quicios. 



-♦— <-^ — <►— 



"Gracias debemos dar á la Revista Católica 
por su gratuito anuncio de este papel" ( Thirty- 
Four. — No hay de que, caballero; mande Vd. 
siempre á su gusto. Pero ¿es eso? ¿es el "anun- 
cio gratuito" lo que buscaba con su "Jesuitismo 
y Ultramontanismo," o bien no alcanza Vd. á 
replicar otra cosa? En el primer caso yá empe- 
zamos á dudar de su buena fé; en el segundo, de 
aquella sublime "inteligencia," que infunde el 
Estado en "sus hijos," por medio de su escuela 

libre. 

>— ♦ — * 

Esa nueva teología por donde ciertos apósto- 
les de notoria probidad quisieran representar á 
Dios cual padre bondadoso, sin que fuera aquel 
severo juez que él mismo afirma de ser en la 
Sagrada Escritura, nos ha traído á la memoria 
una historia que vamos á contar. Había dis- 
currido admirablemente sobre la misericordia 
de Dios un elocuente predicador. Mas entre 
los que componían el auditorio hallábase un an- 
ciano de gran veneración y autoridad en toda 
la aldea, el cual mientras el sermón estuvo ob- 
servando que los oyentes cobraban mas ánimo 
de lo que convenia. Apenas pues salió el pre- 
dicador del pulpito, cuando metiéndose á la 
puerta de la Iglesia y llamando la atención ele 



todos, les hizo la siguiente plática: "Compadres, 
todo cuanto el señor cura ha dicho sobre la mi- 
sericordia divina es la pura verdad; pero no de- 
bemos olvidarnos de que nadie se la ha hecho á 
Dios, que no se la haya pagado." 



El reinante Pontífice, León XIII, siguiendo 
el ejemplo de sus predecesores; ha promulgado 
en 15 de Febrero el Jubileo universal que los 
Papas suelen conceder en los primeros tiempos 
dé su- elevación al trono de San Pedro. En su 
carta el Padre Santo apela á las oraciones, así 
como á las obras de caridad y penitencia de los 
fieles católicos, á fin de alcanzar del cielo el so- 
corro de la gracia divina en estos dias tan cala- 
mitosos, y en vista de un porvenir todavía mas 
desdichado. El plazo señalado para lograr dicha 
indulgencia plenaria empezó el domingo pri- 
mero de Cuaresma, y acabaráse el domingo de 
Pentecostés, el dia primero de Junio de este 
año. Las condiciones prescritas, además de la 
Confesión y Comunión, son 1? seis visitas, que 
habrán de hacerse según las circunstancias de 
los lugares y las disposiciones del Obispo; 2 o un 
ayuno con abstinencia ele carnes, de guardarse 
en otro dia que no sea de los ya mandados por 
la Iglesia; 3? una limosna en favor de los po- 
bres ó de alguna obra piadosa, según la devo- 
ción de cada uno. Merced á estos actos de ex- 
piación y á las plegarias de todo el orbe católi- 
co, el Soberano Pastor espera que Dios se acor- 
dará pronto de la tristeza de su pueblo, abrien- 
do para nosotros los tesoros de sus misericor- 
dias y de sus consolaciones. Ya que, según de- 
cía eí Papa San León, "si nos es dado, por la 
gracia de Dios, de corregir nuestras costumbres 
y vencer de este modo á nuestros enemigos es- 
pirituales, quedará también humillada la fuerza 
de nuestros enemigos temporales, y nuestra en- 
mienda abatirá el poder de aquellos que nues- 
tros pecados, y no ya su propio valor, hacia 
fuertes contra nosotros." 



«© -3 -«íí" ■ P- <*S=* 



Dice el Independent: "Race falta un sistema 
de escuelas — se necesita una ley de escuelas — 
que proporcione locales y acaudale fondos á fin de 
que todo niño } T niña del territorio logre una bue- 
na educación de escuela comunal. Una educación 
que forme un buen hombre de negocios, un buen 
trabajador, un buen obrero. Una educación que 
haga buenas mujeres, niñas industriosas, espo- 
sas frugales. Una educación que haga de cada 
niño y niña un adorno para la sociedad. ¿Qué 
tiene que ver con eso el Jesuitismo? absoluta- 
mente nada." — ¿Y qué tiene que ver con eso el 
Racionalismo de Mbnsieur el Independeiit? Ab- 
solutamente nada. ¿Y qué ha dicho ese caba- 
llero para demostrar que, á fin de tener buenos 



-137 



hombres de negocios, buenos labradores, bue- 
nos obreros, buenas mujeres, niñas industriosas, 
esposas frugales, es menester educar á los niños 
y á las niñas en la completa ignorancia de Dios, 
ó cuando mas en esa religión aérea, vaga, inde- 
terminada, sin autoridad ni sanción, rechazada 
de Dios desde el dia de la creación del hombre? 
¿Qué ha dicho para demostrar esto el Sr. Inde- 
pendent? Absolutamente nada. Acaso el colega 
tendrá por una impostura toda Religión revela- 
da, y particularmente la Iglesia Católica. Allá 
se las haya. Mientras no b aya persuadido á los 
Católicos de la exactitud y verdad de lo que él 
opina y cree, no los habrá persuadido tampoco 
de que pueden y deben prescindir, en la edu- 
cación de sus hijos, de lo que ellos opinan y 
creen. 



Ciián terrible sea la crisis industrial en el Im- 
perio creado por Bismark, se hace manifiesto 
por el hecho de que sobre 5,074 individuos ar- 
restados el año pasado en Basilea, Suiza, casi 
todos por causa de vagamundear, 4,251 son 
Alemanes. De la misma nacionalidad también 
es la gran mayoría de aquellos infelices, que la 
policía de otra ciudad de la República Helvéti- 
ca, Berna, vidse obligada á echar del país, en- 
tregándolos á sus gobiernos respectivos. Si la 
mano de Dios no se ha encogido para obrar aun 
hoy dia las maravillas de su Bondad infinita, 
tampoco ha cesado de apretar con sus castigos 
á los perseguidores de su Iglesia. 

Noticias de Treinta-y-Caaf.ro. "Tenemos en- 
tendido que el Padre G-aspar r i y otro Jesuíta de 

Lis Vegas" (Falso) "han estado en Mesilla por 
algunos dias, y están haciendo arreglos para es- 
tablecer allí un Colegio" (Falso), "además de 
echar planes para los trabajos de la Legislatu- 
ra del invierno futuro" (Falso). "Siendo ellos 
miembros de la hermandad editorial" (Falso), 
"deberían visitarnos y hacerse conocer" (La 
consecuencia sigue la naturaleza de las premisas). 



il El hombre y la Religión." Gran título es ese 
por lo que va á decir luego después el Indepen- 
dent, y es esto: "En esta tierra, entra el hombre 
en el mundo, y paga, ó sus padres pagan por él, 
de $3 á $25 para la ceremonia del bautismo." 
Muy mal enterado está de los negocios de sacris- 
tía el señor Independiente. Ni eso nos admira; 
como tampoco nos admira que se meta á hablar, 
sin estar enterado de lo que dice. Un solo peso, 
y no de 3 á 25, paga el hombre al entrar en el 
mundo, para la ceremonia del bautismo: á no 
ser que pida, ó sus padres pidan por él. ceremo- 
nias tan extraordinarias, que por esto quizá las 
llamaron "de lujo," 6 "ele pompa." Y estos 



bautismos "de pompa," ó "de lujo," son tan ra- 
ros que ni á uno por mil llegarán. De aquí la 
exactitud geométrica de la proposición univer- 
sal del Independerá, que por el bautismo se paga 
de $3 á $25.— Prosigamos: "Desde la edad de 
quince años" (de veras?) "hasta la muerte se 
exige de un nombre que mantenga la iglesia, 
compre campanas, haga pavimentos nuevos y cer- 
que camposantos." Cáspita! Si se consumirán 
las campanas, como las velas del altar! ó si se 
hará un pavimento nuevo cada vez que se ten- 
dría que barrer la iglesia! d si los muertos se tra- 
garán un cerco, ó una tapia, todas las sema- 
nas! — Finalmente el hombre "muere pobre, y á 
no ser que venga desde luego la suma pedida 
por el cura para el entierro, se deja podrir su 
cadáver." No lo entendemos: ¿por ventura, 
cuando viene "desde luego la suma pedida por 
el cura para el entierro," se impide la putrefac- 
ción del cadáver? ¿O quiere decir que se deja 
insepulto el cuerpo, si no se paga por el entier- 
ro? Cítese un caso, en que uno verdaderamente 
pobre haya quedado sin sepultura, por la sola 
razón de 'su pobreza, después de haber sido en- 
terado el cura ele su muerte y de su condición; 
y entonces la misma Religión dirá al cura, "Vd. 
es un bárbaro"; ni tendrá razón el Independent de 
encabezar sus críticas. "M hombre y la Religión: 1 



Los males fiel divorcio deplorados por im 
ministro protestante. 



Varios países así de América como de Euro- 
pa están reconociendo á pesar suyo las conse- 
cuencias funestas de los atentados, que desde la 
pretendida Reforma á esta parte vinieron diri- 
giéndose, ora de un modo y ora de otro, contra 
la inviolabilidad sagrada del matrimonio. No 
pocos gobiernos prefirieron tomar por norma de 
su conducta las máximas heterodoxas de los 
padres del Protestantismo; pero sus leyes al pa- 
so que fueron perjudiciales á sus autores, han 
causado un inmenso daño á la moral de los pue- 
blos y dignidad de las naciones. En cuanto á 
nosotros, no es pequeña la satisfacción que ex- 
perimentamos en vista de las multíplices confe- 
siones, con que de vez en cuando hácese justi- 
cia á los principios que defendemos; y nos glo- 
riamos de que estos no son otros, sino los prin- 
cipios de aquella Iglesia de la cual somos miem- 
bros y Sacerdotes. Aun poco ha, el Rev. A. N. 
G-ilbert, ministro protestante de Cincinnati, con- 
cluía un elocuente discurso sobre los males del 
divorcio con las siguientes enérgicas palabras: 
"Mas valiera sufrir por falta de genialidad que 
dejar se haga menos apreeio de las obligaciones 
del matrimonio" (better that thousands should 
sufferfrom want of congeniality than that thc pul- 



138- 



lie estímate of (he binding obligations of marriage 
shoidd be'lowered). "La grandeza del entendi- 
miento, continuaba el Rev. (jilbert, la fuerza de 
la mente y la nobleza del carácter harán mejor 
muestra cíe sí llevando con dignidad, paciencia 
y mansedumbre los efectos de un casamiento 
desgraciado, que rompiendo con violencia sus 
víuculos (grandeur of intellect, strengtli of mind, 
nohility of ' nature, luill befar more loftily exlábited 
in bearing with digniiy and patience and sioeetness 
an ill-assorted marriage, than in rudely severing 
its bondsj. 

No podemos menos de quedar de acuerdo esta 
vez con el orador disidente, pues no predicaría- 
mos otra cosa nosotros desde un pulpito católi- 
co. Mas aquí nos ocurre una pregunta, á saber: 
¿cuál es la causa de que la unión matrimonial 
no se considere tan inviolable como debiera 
serlo? ¿No es acaso la misma enseñanza de la 
iglesia protestante acerca de este asunto? Sí, 
cuando esos señores empiezan á declamar sobre 
los males que se derivan de la profanación del 
matrimonio, con todo derecho les podríamos 
decir: amigos, con su pan se lo coman. 

Por lo que toca á la Iglesia de Roma, ella no 
ha cesado nunca de sostener la doctrina del di- 
vino Maestro, y repetir, hasta contra las preten- 
siones de los magnates de este mundo, aquella 
palabra solemne de Cristo: "lo que Dios ha jun- 
tado no lo separe el hombre" (S. Mat. IX). Y 
si alguno quisiese invalidar con alguna falsa in- 
terpretación la fuerza de la sentencia llevada 
por el Hijo de Dios, luego la Iglesia Católica le 
opondría la explicación terminante del Apóstol 
San Pablo, quien por cierto entendía mejor que 
todos los novadores juntos los preceptos de Je- 
sucristo. Pues bien, ¿qué cosa les mandaba San 
Pablo á los casados? En ei nombre del Señor 
mandaba á la mujer que no se apartara de su' 
marido, y. caso que se apartase, quedara sin ca- 
sarse ó se reconciliara con él: además mandaba 
que los maridos no despidiesen á sus mujeres y 
concluía diciendo, que la mujer está atada por 
la ley mientras vive su consorte, no siendo libre 
de volverse á casar ?ino después de la muerte 
de su esposo (á los Cor. Vil). 

Esta ley de Cristo puede parecer demasiado 
ardua como en efecto les pareció á aquellos dis- 
cípuloi, quienes al oir el precepto arriba men- 
cionado exclamaron: á fé nuestra, si tal es la 
condición del hombre para con su mujer, mas 
vale no casarse. No cabe duda que es difícil 
dicha ley; pero deja mucho de su rigidez para 
un Católico genuino, quien cree que en la pre- 
sente economía el contrato nupcial ha sido ele- 
vado por el Redentor del género humano á la 
dignidad augusta de Sacramento. Merced á una 
tal elevación la unión de los cónyuges, que se- 
gún el orden de la naturaleza tiende á la pro- 
creación de la prole, es imagen de aquella otra 



unión admirable, con la que el Salvador se jun- 
ta divina y espiritualmente con la Iglesia, ha- 
ciéndola vivir una vida celestial y fecunda, de 
manera que coopere cen su Esposo á regenerar 
cual hijos de Dios los hijos de los hombres. Y 
así como la unión de Cristo con su Iglesia es in- 
disoluble y eterna, así el matrimonio cristiano, 
una vez que es consumado, subsiste mientras 
dura la vida de los contrayentes. A mas de 
esto, no siendo los Sacramentos de la nueva 
Ley símbolos vanos y elementos vacíos, queda 
puesto fuera de duda el que los esposos cristia- 
nos son fortalecidos con la gracia santificante, 
menos que de su parte pusieran obstáculo. Así 
es que ambos á dos podrán representar prácti- 
camente,, con la comunicación de su vida y el 
cumplimiento mutuo de sus deberes conyugales, 
las excelsas relaciones que .existen entre Cristo 
y su Iglesia. De este modo póriese de manifies- 
to la razón íntima de las nobles y sublimes amo- 
nestaciones del Apóstol San Pablo, cuando dice 
que las mujeres han de estar sujetas á sus mari- 
dos lo mismo que al Señor; siendo así que el 
hombre es cabeza de su mujer al par que Cristo 
es cabeza de su Iglesia. Insistiendo en estas 
máximas y desarrollando siempre mas su pen- 
samiento, sigue San Pablo exhortando á que, 
como la Iglesia es sujeta á Cristo, así también 
las casadas lo sean á sus propios maridos en 
todo: y dirigiéndose en seguida á los maridos 
les encomienda de amar á sus mujeres, como 
Cristo amó á la Iglesia, y entregóse á sí mismo 
por ella, á fin de santificarla, limpiándola con el 
bautismo de agua en la palabra de vida; para 
que la presentara á sí mismo Iglesia gloriosa, 
que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa seme- 
jante, sino que fuese santa y sin mancha. Así 
deben los maridos amar á sus mujeres, como á 
sus mismos cuerpos; puesto que el que ama á su 
mujer ama á sí mismo. Y como quien quisiere 
confirmar todo lo que antes lleva discurrido, 
acaba el gran doctor de las naciones por traer á 
la memoria el mandato primitivo del Criador, 
renovado después por Jesucristo en su Evange- 
lio y en virtud del cual deja el hombre á su pa- 
dre y á su madre y se junta á su mujer para ser 
los dos una misma carne (á los Efes. Y). 

Tal es la doctrina mantenida firme en todo 
tiempo y en todas las circunstancias, y con la 
que -la Iglesia nuestra madre ha puesto en salvo 
la inviolabilidad del matrimonio entre los Cris- 
tianos. Ni esto bastó; ya que para evitar cual- 
quier atentado contra las consecuencias de un 
dogma tan saludable, tuvo cuidado de declarar, 
sin dar cabida á tergiversación ninguna, que la 
dignidad de Sacramento no es una cualidad 
accidental añadida al contrato conyugal, sino 
que forma la esencia misma del matrimonio en- 
tre los Cristianos: de donde se sigue que dicho 
contrato en cuanto á la sustancia está inmedia- 



-1 39- 



tauiente bajo la jurisdicción eclesiástica. Pues- 
to que si el ser de Sacramento no es una cuali- 
dad del contrato, sino que es por disposición di- 
vina el mismo contrato; claro está, que el ma- 
trimonio cristiano se ha vuelto una cosa religiosa 
y sagrada por su naturaleza, y puesta en el nú- 
mero de aquellos medios de suyo eficaces, por 
los cuales se nos comunica la gracia y óbrase la 
santificación de los hombres. Ultima conse- 
cuencia de todo esto es que un tal matrimonio 
queda sustraído al poder civil, sea porque es 
una cosa sacra, sea porque es un verdadero Sa- 
cramento de la ley de gracia; y debe por el con- 
trario pertenecer absolutamente á la autoridad 
eclesiástica, á la que sola fué plenamente con- 
fiado por Jesucristo el cuidado de las cosas sa- 
gradas, y sobre todo la custodia y administra- 
ción de los Sacramentos. Si luego la ley civil 
no quiere contradecir á la doctrina de Cristo, 
ni ofender los derechos de la Iglesia, es menes- 
ter que, dejando en las manos de la Iglesia todo 
lo que constituye la misma naturaleza del con- 
trato matrimonial entre los Cristianos, no se 
ocupe sino de solos los accesorios y de aquellos 
efectos que suelen decirse civiles. 

A estos dogmas tan sublimes de la Iglesia 
Romana los Protestantes quisieron oponer los 
suyos propios y llevados del ansia de innovarlo 
todo, creyeron hacer una gran reforma seculari- 
zando, por decir así, el matrimonio, y decla- 
mando contra la terca intolerancia del espíritu 
de Roma con respecto á la inviolabilidad del 
matrimonio. Mas hoy que los mas sensatos de 
entre ellos comienzan á desear una mayor ga- 
rantía de tranquilidad para las familias y un fir- 
me reparo contra los gravísimos males que inun- 
dan la sociedad, podemos con santo orgullo er- 
guir la frente y preguntarles: ¿qué religión ha 
cumplido más exactamente con su deber sobre 
este punto? Si no fuera por el espíritu de parti- 
do y el fanatismo de la herejía, muchos de ellos, 
al paso que deploran en sus templos los tristes 
resultados del divorcio, tendrían que elogiar al- 
tamente la conducta de la Iglesia Católica; con- 
fesando con franqueza la sabiduría profunda con 
que han procedido los Romanos Pontífices, cuan- 
do se ha tratado de recordar á todo el mundo y 
muy en particular á los potentados: "serán dos 
en una carne, lo que Dios unió no lo separe el 
hombre." Además de haber cumplido con el sa- 
grado deber que les imponía el mandato de 
Cristo, los Jefes del Catolicismo hicieron una 
obra maestra en política, constituyéndose el ba- 
luarte del sosiego de las familias y del bienestar 
de los pueblos. El Protestantismo al contra- 
rio, despojando el matrimonio del augusto sello 
de un Sacramento, y proclamando que es lícito 
en ciertos casos el divorcio, de tal manera que 
se considere como disuelto el vínculo, y que 
cada uno ele los consortes pueda pasar á otras 



nupcias, se ha mostrado muy escaso conocedor 
del corazón humano, y ha quitado el dique mas 
seguro para contener el desenfreno de las pasio- 
nes. 

Otra defensa (le las Escuelas sin Dios. 



Peligrosa cosa es hablar del Thirty-Four: pe- 
ligrosa para nosotros, y peligrosa para aquel 
valiente periódico. Para nosotros, porque no 
sabemos cuál tremendo huracán va á descar- 
garse contra nuestra pobre existencia: lo cierto 
es que Thirty-Four se nos presenta, semana tras 
semana, en el ademan de otro viejo Eolo, tra- 
yendo bajo su sobaco el hinchado odre de los 
vientos y de las tempestades. Si suelta la boca 
del odre, nos aterra. Peligrosa para el Thirty- 
Four; porque podría envanecerse aquel caro co- 
lega, y perder así su mas bella cualidad: aquel 
armonioso é incomparable conjunto de modestia 
y majestad. Ya con las felicitaciones, con los 
encomios, con el citarle, con el copiarle, todo el 
mundo ha hecho barruntar á aquel periódico 
que poco le falta para adquirir una importancia 
trascendental en el mundo periodístico; y que 
pronto rayará el dia cuando ni el New York 
Herald, ni el Times de Londres, ni los demás 
¡eading newspapers de ambos hemisferios se atre- 
verán á dar su fallo sobre las cuestiones del dia; 
ni Bismark, Schouvaloff, Beaconsí-ield, Grévy ó 
Karl Schurz sabrán qué impulso habrán de dar á 
la máquina política, antes que el alambre telegrá- 
fico haya llevado de un cabo á otro loque piensa 
el oráculo de Las Cruces. Ya veis, pues, que el 
peligro de vanidad no es muy remoto para el 
Treinta-y- Cuatro, y nosotros tememos cooperar 
á que dé en el lazo que le ha tendido su pro- 
pio valor y mérito indiscutible. 

Sin embargo, á pesar del peligro que nos 
amenaza á nosotros, y á él, una fatalidad nos 
compele á hablar de eso esforzado defensor de 
las Escuelas que llaman no- sectarias. Esta se- 
mana es el solo que trata de la "Cuestión Prin- 
cipal," á lo menos entre cuantos periódicos del 
Territorio hemos visto hasta ahora. Por lo 
tanto, á fin de no abandonar ese asunto, con él 
nos la hemos de haber. 

Nada nuevo, en cuanto al fondo, dice Thirty- 
Four. Pero la forma tiene algo de bizarro; y 
como de noche todos los gatos son pardos, y 
para algunos parece que nunca es dia, no hare- 
mos mas que analizar una tras otra casi todas 
las proposiciones de Thirty-Four, con el mismo 
orden con que él las trae. 

1? "Los Jesuítas y el Arzobispo quieren dar 
á entender que la defensa de las escuelas no-sec- 
tarias incluye necesariamente una oposición á 
toda educación sectaria ó religiosa" fuera de las 
escuelas públicas. — Falso: los Jesuítas y el Ar- 
zobispo ni son tan lerdos ni tan belitres. Solo 



140 



"quieren dar á entender" que la "defeusa" esa 
quiere expulsar á Cristo de toda escuela públi- 
ca; lo que es un hecho. 

2? "La escuela denominacional es una cosa 
buena en su propio lugar.'' — Muchas gracias; 
pero ¿cuál es su propio lugar? Ahí está el busi- 
lis. A nosotros se nos hace que es cualquiera 
en donde haya niños que educar. Pruébese lo 
contrario. 

3 o '"Nosotros deseamos únicamente que los 
fondos públicos no se inviertan en el adelanto 
de secta ninguna. 1 ' — Excepto la secta vuestra; 
la mas abominable de todas; la que rechaza co- 
mo fábula de otros tiempos toda Religión re- 
velada; la secta, en fin, de los racionalistas ó 
deístas. 

4? "El Estado no tiene nada que ver con la 
instrucción religiosa." — Por eso se le pide al 
Estado que deje el cuidado de la "instrucción 
religiosa" á quien tiene misión para ella. Por- 
que tampoco puede permitir el Estado que la 
juventud crezca sin ninguna "instrucción reli- 
giosa;" y ya que no le pertenece á él el ciarla, 
que deje obrar á quien puede y debe. ¿Cómo? 
con las escuelas denominacionales. 

5? "Con la misma conveniencia podría (el Es- 
tado) enseñar á los niños á ser carpinteros 6 
maquinistas, corno enseñarles á ser Protestantes 
ó Católicos." — Ahí está la gangrena: mirar las 
religiones como otras tantas artes, oficios ó 
empleos que se ejercen para ganarse un cacho 
de pan. No es así, queridísimo Thirty-Four. El 
hombre no tiene ninguna obligación moral de 
ser "carpintero ó maquinista;" y tiénela sí, y 
muy imperiosa, é imprescindible, de profesar la 
Religión que conociere ser la palabra de Dios. 
El ser "carpintero ó maquinista;" zapatero ó al- 
bañil, depende de la inclinación, del talento, y 
del libre albedrío del individuo. El ser Católi- 
co ó Protestante depende de la convicción reli- 
giosa, (¡ue se impone al mismo libre albedrío. 
Sin violar mi conciencia, puedo yo dejar de ser 
pedagogo y meterme á gacetillero: pero, sin vio- 
lar mi conciencia, no puedo dejar de ser Cató- 
lico ó Protestante, y ponerme de libre-pensa- 
dor ó de Mormon. ¿Son verdaderas estas ob- 
servaciones, ó son meros sofismas? Sentado es- 
tos principios, sígnese de ellos que el Estado 
que no se cuida de la aptitud del niño para salir 
buen carpintero ó buen abogado, no le hace 
ningún agravio. Pero el Estado que no quiere 
permitir al niño salir buen Católico, ó buen Pro- 
testante, ó buen Judío, indudablemente ná- 
cele un agravio insufrible, y hácelo igualmente 
á sus padres ó tutores: pues atropella las leyes 
de la conciencia que mientras obligan á los pa- 
dres á dar una educación religiosa á su prole, 
obligan la prole á recibirla. 

6? "Al Estado no le importa mas pertenecer 
sus ciudadanos á una ú otra secta, que el 



aprender uno ú otro oficio."- — Sabérnoslo: pero 
si al Estado no le importa nada, les importa 
muchísimo á los ciudadanos pertenecer á esta ó 
á aquella religión, y les importa además que el 
Estado no viole los derechos que ellos tienen en 
este asunto, obligándoles á marchar contra su 
conciencia. 

7? "Pero le importa al Estado que el ciuda- 
dano sea inteligente." — Y algo mas; porque la 
sola inteligencia, ó instrucción, no salva una so- 
ciedad de los horrores, por ejemplo, del Conda- 
do de Lincoln. 

8 o "Si un padre ó madre quiere que su hijo 
salga carpintero, no le pone de aprendiz con un 
abogado, ni busca que el carpintero que le toma 
sea Protestante ó Judío." — Esa última cosa será 
verdad de aquellos padres y madres que hacen 
la vista gorda en tales asuntos. Mas sea como 
fuere: aquí tratase de formar un carpintero; en 
la escuela trátase de formar un hombre. Y si, 
para'formar al carpintero, basta enseñarle á 
'menear un cepillo y fijar un clavo;" para for- 
mar al hombre, no basta ni siquiera el meterle 
en los sesos todo lo escible humano. Si no le 
hacéis religioso, olvidaos de hacerle nunca hom- 
bre. 

9? "El Estado, ocupándose solo en negocios 
temporales" (y la educación está muy lejos de 
ser un negocio meramente temporal), "no se 
cuida de si el ciudadano es Católico, y se va al 
cielo en una aureola de gloria; ó es Protestante, 
y se va al infierno, según la comprobada teoría 
de los Jesuitas." — Los Jesuítas no son tan igno- 
rantes. Saben muy bien que hay Católicos, 
que no andan por el buen camino que conduce 
al cielo, aunque sean "inteligentes y progresis- 
tas;" y hay Protestantes que se van derecho al 
cielo porque su error es involuntario. 

10? "Negocio del Estado en educar á sus hi- 
jos" (¿el Estado tiene hijos?) "es solo el hacerlos 
buenos ciudadanos." — ¿Y pretende hacerlos 
buenos ciudadanos con solo enseñarles el abecé 
y cuatro guarismos? En tal caso ¡qué excelente 
y virtuoso ciudadano seria el asesino Nobiling, 
Profesor de Ciencias en una Universidad Alema- 
na! 

Sígnese una enérgica exhortación de Treinta- 
y-Cuatro á la Iglesia Católica: que atieuda á sus 
negocios espirituales, y no se meta en los tem- 
porales. Por supuesto que queda al sublime 
juicio de Treinta-y- Cuatro decidir qué negocios 
son espirituales, y qué temporales- ó mistos. Fi- 
guraos si la iglesia Católica no ha de regocijar- 
se y estar ufana de haber adquirido en Nuevo 
Méjico á un consejero del calibre de Treinta-y- 
Cuatro. 

Tras la exhortación á la Iglesia no podia ha- 
cer falta una amonestación paternal á los Jesuí- 
tas, y es del tenor siguiente, con alguna que 
otra palabra nuestra aclaratoria, que irá entre 



-141 

- '.■ ' -US 



paréntesis: "Otros gobiernos han sido forzados*' 
(por su amor entusiasta hacia la Iglesia Católi- 
ca) "á hacer leyes contra los Jesuítas" (y con- 
tra toda orden de religiosos, religiosas, sacerdo- 
tes y obispos), "y ellos podrán obligar los Es- 
tados Unidos" (cuando se junte en el Congreso 
una mayoría de sabios y patrióticos Know-noili- 
ings) "á expulsarlos fuera de sus fronteras. Si 
quieren evitar esa suerte" (la que parece que 
nunca los ha preocupado), "que se aprovechen 
de las lecciones de lo pasado" (empezando una 
vez, después de tres siglos, á abandonar lo que 
tan obstinadamente consideran su inviolable de- 
.ber); "esquiven la política" (según la entiendo 
yo, Treinta-y- Cuatro), "dediqúense á anatemati- 
zar las almas de los incrédulos, á vender indul- 
gencias á los fieles" (si no es este un infame em- 
buste de la descarada Reforma), y "á practicar 
tan solo aquellas doctrinas del recien llorado 
Loyola" (?!), "que no chocan con la idea Ameri- 
cana de la supremacía del Estado" (sobre la 
Iglesia; idea que tan lindamente se aviene con 
la otra idea americana de la separación en- 
tre la Iglesia y el Estado); "y nunca serán mo- 
lestados; y serán más afortunados, como orden 
religiosa, en este país protestante" (bautizado 
por mí, Treinta-y- Cuatro, gran sacerdote de la 
Iglesia de los E. U.), "que no lo fueron en el 
católico Méjico" (bajo aquel liberal, ilustrado y 
tolerantísimo gobierno que ha hecho de aquella 
República la nación mas dichosa del mundo). 
"Como políticos se han llevado chasco; aténgan- 
se, pues, á su escapulario y sobrepelliz." Como 
periodistas, los caballeros del Treinta-y- Cuatro 
están mostrando que, á pesar de la muy eleva- 
da posición, que ocupan en la estima de sí mis- 
mos, mas les valdría volverse á sus antiguas 
tareas de agentes de comercio 6 pedagogos 
públicos, 6 quien sabe qué: porque aquello de, 
Ne sutor ultra erepidam, fué tan precioso docu- 
mento en los dias del gran Apeles, como lo es 
en estos nuestros. 



Justicia y Religión. 



Los procedimientos de la Corte de Distrito en 
Las Yegas dan fundadas esperanzas de que ve- 
remos quizá reflorecer la Justicia en Nuevo Mé- 
jico; y que, con la restauración de la majestad 
de las leyes, tan fácilmente profanada en los pa- 
sados años, se devolverá á este pueblo aquella 
seguridad contra los agresores de la propiedad 
y de la vida, sin la cual todo verdadero progre- 
so es imposible, y todas las esperanzas de una 
buena y sana inmigración de ciudadanos pacífi- 
cos é industriosos quedarían dolorosamente frus- 
tradas. El Hon. Juez Supremo Bradfohd 
Prince y el Hon. Procurador General Waldo 
han desplegado una energía y lealtad en la pro- 
secución del crimen y eu la justa aplicación de 



las penas, á las que hacia tiempo no estábamos 
acostumbrados. El Juez Prince se recomienda 
además por los sentimientos religiosos de que 
da muestra, y que inculca siempre en sus alocu- 
ciones á los Jurados, recordándoles la santidad 
de sus juramentos. La sentencia pronunciada 
por él contra Giovanni Dughi, convencido de 
doble asesinato, es una espléndida prueba de 
esos sentimientos, y merece ser referida. Dijo, 
pues, el Hon. Juez: 

"Giovanni Dughi. vos habéis sido procesado 
por el más alto delito conocido por la lej*. Dos 
querellas han sido halladas contra vos por el 
Gran Jurado: una que os acusa del homicidio 
de Pierre Buisson, y otra del homicidio de To- 
masa Gallegos. 

"Por el primero de estos delitos vos habéis 
sido examinado por un jurado escogido con gran 
cuidado, de manera que fuese despreocupado, 
recto é imparcial. Habéis sido defendido con 
una solicitud y habilidad que os ha garantizado 
tocia seguridad conocida por la ley, y os ha su- 
ministrado toda la ayuda que podía sugerir á 
vuestro favor un consejo talentoso y experto. 

"El jurado cumpliendo con sus funciones de 
juez de los hechos, os ha hallado reo de homici- 
dio en primer grado, por el que la ley prescribe 
el castigo de la muerte. 

"Nada puedo decir yo para realzar la solem- 
nidad de este fallo, y de las circunstancias que 
ahora os rodean á vos. Cierto yo estoy lejos 
de querer añadir palabras que aumenten el pro- 
fundo sentimiento de dolor que debe llenar aho- 
ra vuestro pecho. 

"Permitidme solamente que os avise á servir- 
os bien y provechosamente de los pocos dias 
que, bajo las leyes de este Territorio, os quedan 
todavía de esta vida, á fin de que estéis prepa- 
rado, tan completamente como fuere menester, 
con un sincero arrepentimiento y una firme con- 
fianza eu el misericordioso perdón de Dios, á la 
vida de-éiTfü mundo que pronto ha de venir. 

"Y esperemos todos que este terrible ejem- 
plo de las resultas del crimen, esta prueba de 
que el brazo de la ley es fuerte para castigar al 
par que para proteger, servirá de escarmiento á 
los demás, alejándolos de un modo de vivir que 
puede llevar á semejantes terribles resultados. 
Solo me queda ahora el triste é impresionable 
deber de pronunciar la tremenda sentencia que 
la ley impone en vuestra causa, la cual es: 

"Que vos seáis llevado de aquí á la cárcel de 
donde vinisteis y seáis custodiado allí hasta el 
Viernes, dia 11 de Abril, de este año; que en 
aquel dia seáis llevado por el Alguacil de este 
Condado á alínin lugar conveniente dentro del 
Condado, y seáis allí, entre las horas 10 a. m. y 
2 p. m., colgado por el cuello hasta que estéis 
muerto; y tenga Dios misericordia de vuestra 
alma."' 



142- 



Como la calumnia no muere, así no es extraño que 
oigamos tan á menudo la vieja farándula que las ca- 
lamidades de la República ele Méjico sean de atribuir 
al espíritu y educación católica d ; sus gobernantes. 
Si así fuera, entonces quitada la causa, hubiera teni- 
do que desaparecer el efecto. Ahora bien, hace ya 
tiempo que los que dirigen los destinos de aquella 
nación viven de otro espíritu, y son guiados de otros 
principios, que el espíritu y los principios de la edu- 
cación católica. Méjico deberia, pues, hallarse ahora 
en un estado suficientemente próspero y floreciente. 
¿Cómo andan, empero, los negocios? El siguiente ar- 
tículo de la Voz de Méjico contestará á esa pregunta 

"¿Qué bienes, dice, ha tenido por fin la república- 
que sean un resultado peculio r de las teorías libera- 
les y reformistas, en mas de veinte años de domina- 
ción? Los periódicos liberales refieren y describen 
sentidamente la desmoralización creciente, la miseria 
progresiva, la decadencia de los giros productivos, el 
desorden administrativo, el aumento de malhechores, 
el desconcierto de los poderes públicos, la mala ad- 
ministración de justicia, el incremento del contraban- 
do, la ineptitud de los gobernantes, el pésimo régimen 
de los colegios civiles, y muehos otros daños mas que 
seria fastidioso enumerar; es decir, las contribuciones 
excesivas, el despojo progresivo, la caja de los parti- 
culares á disposición del gobierno, etc. 

"El actual sustancialmente no discrepa de sus pre- 
decesores. Algunps grados de templanza que estos 
no tuvieron, representan mas bien la índole de los 
que mandan, que la bondad de su política. . ." 

"Unas virtuosas mejicanas que, como medio de 
subsistencia, establecieron un colegio en la calle de 
Montón, han sido arrojadas de su domicilio por la 
fuerza militar siu motivo ninguno justificado, ni aun 
conforme á las leyes vigentes. Las denunciaron co- 
mo congregadas de comunidad religiosa, lo cual no 
está comprobado, ni jamás pertenecieron á ningún 
orden monástico. . ." (¡Siempre infamias!) 

"Con mucha razón el partido conservador y católi- 
co mantiene la posición segura en que se ha coloca- 
do; con razón se abstiene de complicarse en la políti- 
ca ele actualidad Para que su causa mejore y 

triunfe, le basta dejar á sus contrarios entregados á 
la fiereza ele sus odios, á su insaciable coelicia, á la 
iucompatibilielad de sus ambiciones, y á la incoheren- 
cia de sus programas .... y todos en un perfecto de- 
sorden. 

"Prueba de estos asertos, es la situación presente de 
la república. Volved á todas partes el rostro: donde 
quiera notareis las señales de una próxima confla- 
gración. 

"El descontento general, la anarquía en los Esta- 
dos, la fluctuación y elebilidad en el Gabinete fede- 
ral, los triunfadores ele hace dos años convertidos en 
elescontentos y acaso en conspiradores; los aspirantes 
á tlestinos, desesperados, falseando el voto popular; 
tropas ó gavillas sublevadas; bancarota en el Erario, 
f Utas ele pago de las listas civil y militar; desconfian- 
za y desprestigio en los poderes públicos, etcétera, 
etc." 

"En concepto de las gentes reflexivas y experimen- 
tadas, se acerca una nueva insurrección. ¿Quiénes la 
encabezarán? ¿Cuál será su programa? ¿Cuáles serán 
sus elementos de acción? ¿Con qué fines pondrán en 
agitación y en conflicto á los pueblos? ¿Cuáles serán 
los resultados prácticos si llegase á dominar? ¡Tre- 



mendas preguntas! ¿Quiénes las podrían responder?" 

"Solo se puede asegurar que la insurrección que se 
anuncia no ha de ser provechosa para la república 
.... Cualquiera insurrección inspirada por ideas an- 
ti-religiosas y anti-socialcs, ejecutada por hombres 
perdidos y enviciados, producirá calamidades peores 
que las presentes. . . 

"Para impedirlo se necesita una política diferente 
de la actual: se necesita un valor que no es dado á 
todos: se necesitan verdaderos principios ele gobierno, 
que no hay en los gobiernos hechuras del liberalismo 
y la reforma. 

"El gobierno no puede tener confianza en el ejército, 
porque no está pagado, y en lo general es de gente 
forzada; no está bien disciplinado; faltan las tradicio- 
nes de honor, ele moralidad y de obediencia, y abun- 
dan, por el contrario, las ideas desorganizaelas de la. 
revolución. 

"Menos pueele esperarse que el gobierno encabece 
la revolución, pues esta, como liberal, solo tiende al 
cambio de personas y á la adquisición de destinos, y 
entre los que los pretenden y los que los poseen no 
cabe transacción. En euanto á ideas, no hay eliíeren- 
cia. Y si la hubiese, seria en sentido mas irreligioso, 
mas anti-social, mas demagógico, mas anárquico: fa- 
langes ele indígenas que quieren elespojar á los hacen- 
dados; turbas elesmoralizatlas y codiciosas. . ." 

"En un tan funesto evento, los poderes actuales no 
podrán ni reprimir ni encabezar la terrible crisis que 
se inelica; se verán frente á frente de ella, lucharán 
con desventaja, porque no cuentan con el firme apo- 
yo de la nación, porque tales gobiernos son adversos 
á su fé, á sus principios, y prefieren la utilidael de su 
partido á la paz, al orden y prosperielad de los pue- 
blos." • 



Comunicado. 



Antonchico, N. M., Marzo 4, de 1879. 

Procedimientos de una Junta General, convocada 
por el Presidente ele la Comisión Permanente de la 
Merced de Antonchico, Don Pascual Baca, compues- 
ta de los dueños legales agraciados y agregados de 
dicha Merced, con el ñu de establecer resoluciones y 
reglas adicionales sobre el manejo y gobierno en ge- 
neral de los intereses de la Merced antedicha. 

Eesuelto: 

Que la Comisión Permanente nombrada el dia 7 de 
Enero de 1878 será reorganizada nuevamente, y son 
sus eleberes como sigue: 

El presidente reunirá todos los miembros ele la Co- 
misión, y en elección tenida entre sí, nombrarán un 
Tesorero, y un Secretario, y estos procederán bajo la 
dirección ele la Comisión. 

Resuelto además: 

Que la Comisión, bajo su Presidente, establecerá su 
oficina la cual será abierta, cada tres meses para aten- 
eler al desempeño de sus eleberes, en cuyo tiempo, to- 
dos los miembros se reunirán por sí mismos, y ningún 
asunto sometido á la consideración ele elidios comi- 
sionados será determinado, á menos que haya habido 
la concurrencia ele una mayoría de los mismos. Re- 
suelto en fin: 

Que ningún miembro do la comisión será descarga- 
do, á menos de muerte ó resignación, ó que sea halla- 
do faltando á sus deberes, y en tal caso, el Presidente 
de la Comisión investigará si tal miembro ó miembros 
faltaron, y pondrá avisos para una Junta para nona- 



148 



JLLLJ.Ul.UJlUUM-lULil.-J->.lJ.W— l UL W ' l^l UJJ — HU l — ■— W l Wl i ' ^W' III I T i l i l _J 

brar el miembro ó miembros que falten y llenar los 
vacantes. 

Eegla la. 

La Comisión se proveerá de uno ó mas libros de 
registros, cuyo dinero será apropiado del fondo de la 
Merced, para enregistrar todos los títulos relativos á 
terrenos de los dueños legales mercenados, y dará 
aviso á los dueños de tierras situadas dentro de la 
merced, que comparezcan con sus títulos á la oficina 
de registros para que los mismos sean enregistrados, 
y á toda aquella persona ó personas que no tengan 
títulos de sus terrenos, les serán dados por la Comi- 
sión. 

Eegla 2a. 

Que todo aquel terreno que no haya sido antes le- 
galmente repartido por los dueños legales, para fines 
de agricultura, será reconocido como propiedad comu- 
nal de la Merced; y que cuando quiera que alguna 
persona de hoy en adelante desee tener alguna por- 
ción de tierra, la tal persona estará obligada á diri- 
girse á la Comisión sobre la misma, y si á la satisfac- 
ción de la Comisión la persona que pide tal tierra es 
un ciudadano de los Estados Unidos, y dueño legal 
agraciado ó agregado, y que siendo un menesteroso, 
la tierra que pide es con el solo fin de subvenir al 
sustento de su familia, en tal caso la Comisión le con- 
cederá tal tierra no siendo en perjuicio de los intere- 
ses de la merced. 

Regla 3a. 

A. ninguna persona se le concederá terreno para 
fines de especulación privada, es decir, para especu- 
lar con el, y si alguna persona se hallare dentro de la 
Merced, tomando alguna porción de tierra sin el con- 
sentimiento de la Comisión, la tal persona será ex- 
pulsada, y responsable de los perjuicios originados. 

Regla 4a. 

Los pastos, leñas, y aguas, ó abrevaderos comunes, 
de cualquier clase que sean, serán reconocidos pro- 
piedades comunes de los dueños legales de la Mer- 
ced. Por abrevaderos comunes se entiende todos los 
caminos públicos de las plazas reconocidos por los 
habitantes, y todas las vertientes, lagunas, y estan- 
ques hechos por la naturaleza de los cuales ninguna 
persona tomará posesión privada, á menos que la Co- 
misión vea que tal vertiente, laguna, ó estanque sea 
necesario para la manutención de alguna familia que 
no tenga absolutamente en donde sembrar; y si á al- 
guna persona se le concediera alguna de las aguas 
mencionadas arriba, está obligada á cercarla, y úni- 
camente á lo cercado tendrá derecho y no impedirá á 
ningún transeúnte que pase por allí el uso del agua. 

Regla 5a. 

La Comisión deberá pasar á reconocer los linderos 
de la merced ya sea para sí ó por medio de otros, y 
fijará mojoneras visibles en todo el límite de la mer- 
ced, y tal reconocimiento será enregistrado en el li- 
bro de registros. En cuanto á trasquilas de ganados 
que no sean de los dueños de la Merced, la Comisión 
tendrá arreglos eon sus dueños, y permitirá ó no, co- 
mo sea el caso. En cuanto á las trasquilas de los 
ganados de los dueños de la Merced, estos siempre 
tendrán derecho de trasquilar en su propiedad perso- 
nal, y en caso que las trasquilas sean en la propiedad 
común de la plaza, será única siente con el consenti- 
miento de los habitantes. En cuanto al pasteo de los 
animales de frecuente servicio, la Comisión designará 
los límites que sean necesarios, y que los mismos sean 
respetados por los dueños de animales en mayor nú- 
mero. 

Regla 6a. 

Eq cuanto á las líneas férreas, en caso que surquen 



^P MÜ igW B r^rt *" WW W 



alguna parte del terreno mercanado, la Comisión pro- 
cederá á tener arreglos equitativos con los dueños do 
tales líneas, y asegurará primeramente la tranquilidad 
y bienestar de los habitantes de la Merced, y que los 
mismos no sean molestados en ningún tiempo en los 
derechos á ellos garantizados por el gobierno de Es- 
paña y Méjico, y aprobados por el Congreso General 
de los Estados Unidos. 

Regla 7a. 

Que la Comisión de tres, nombrada desde el dia lo' 
de Mayo de 1870, con el fin de repartir solares en 
la plaza de Antonchico, será la Comisión, de boy en 
adelante, de todo el terreno mercenado en relación á 
solares de casas, y será proveída por la Comisión 
Permanente de uno ó mas libros para enregistrar to- 
dos los títulos de los solares desde ese tiempo repar- 
tidos y los que se sigan repartiendo en lo sucesivo, 
y dará aviso á los dueños de casas antes construidas 
de comparecer con sus títulos para ser enregistrados 
en el libro de registros, y las personas que no tengan 
títulos de sus casas les serán dados por dicha Comi- 
sión; y en todo caso de conceder títulos tanto la Co- 
misión Permanente como la Comisión de solares exi- 
girán á las personas así intituladas de enregistrar sus 
títulos en la Corte de Pruebas del Condado de San 
Miguel. La Comisión de solares procederá de acuer- 
do y en común con la Comisión Permanente, en la 
misma Oficina y en el mismo tiempo; y sobre el modo 
de conceder solares y á quienes se deben conceder, 
observará las mismas razones de la Comisión Perma- 
nente. 

Resuelto. 

Estas resoluciones serán publicadas en la Revista 
Católica de Las Vegas, y una ó mas copias de ellas 
serán tomadas y depositadas en manos de la Comi- 
sión Permanente y de solares. 

En continuación una Comisión de 10 fué nombrada 
por el Señor Presidente, compuesta de los señores: 
Pedro Gouzales, Luis Romero, Fernando Baca, Ju- 
lián Baca, Julián Aragón, Plorencio Aragón, José P. 
Sandoval, Antonio F Baca, Santiago Trujillo, y José 
Aragón, con el fin de someter este Reglamento á su 
consideración, para su aprobación ó desaprobación ó 
enmendación; y todos unánimamente reportaron lo 
siguiente: 

"Señor Presidente y Caballeros de la Junta. El 
instrumento de resoluciones y reglas á nosotros con- 
ferido, ha sido por nosotros muy seriamente conside- 
rado, y mirando que en todos sus casos es sobrema- 
nera favorable para los intereses de esta Merced, lo 
hemos aprobado, y pedimos de Vds. su aprobación. 
La Junta unánimemente lo aprobó, y se determinó 
que este documento sea enregistrado en los registros 
de la Corte de Pruebas del Condado de San Miguel." 
Pedbo Gonzales, Presidente. 
Feknando Baca, Secretario. 



LA POBREGILLA DE OASAMAEI. 



(Continuación — Pág 131-132 .) 

En cuanto á los preceptos de moral que inculcaban 
las maestras á las jóvenes alumnas, se dirigían mas 
bien que á otra cosa, á sembrar secretamente en sus 
tiernos corazones ciertas máximas políticas no muy 
acordes con el catolicismo. La patria y la Italia li- 
bre eran la razón final de las virtudes que debían 
ejercitar. El mérito de la vida eterna, la posesión 
del paraíso, el amor de Jesucristo, ó no se recorda- 



tacion eran los "«£12 TJ™ "' P r ?P onia « * su imi- 

las vírgenes heré i, J t S??" ■ g ^ gaS ^ r ^^a.s; 

mas propias de sacrist Ú i ft? í g UneI,as ancosas 

los golpes laÍ rXefn. t P . Pasemos P°r alto 

areola magistral de amellas señoras™^, T° '" 
teman que aürenrW allí «, i hfcin01as ; -Lias alunarías 

nes rlp P-ivíc „ i ■ i ;. J a jos últimos neuri- 

sombreros" ^21^^*5^^^^ 

colegialas k quienes s oblSah/? T^? á ^ Ue laS 
conforme al Lamento dK* ■ Vestir . de Uü color 
« traje y ansTaf ™obt a^S^A^^ < 

alumnas con Lne &TJ&S "? ££? ^£- 

que habían vtto; y encCd an en ía% 7^° J de lo 
mos deseos de particW r d« Tn L ^ la ?, na8 Vlvísi - 
-gado. Ni dona S^t^^t¿£ , fl e,hl ^ 
para tener á raja á sus subordinada Lí fi " neza 
riendo impedir que fuesen Sw^ ^ q ? e qUe " 
queunade ellas se Sh£ * f °' COn motlvo de 
levantó tal tumulto Oueuna dff° f n Un CÓmico > 8e 
Pidió licencia pa a marehars í v n„ V T? qUedaban 
da, se dejó robar como la Elena de la ^ C ° QCedÍ - 
Teseo, que la llevó á Iníaterra T f°? K V o * " n 
que esto naturalmente ocasiona « '° eI . eSCandal ° 
vo á punto de cerTsey^nLZ" déla T ^ 
que era de treinta y seis bafó S i« «V al ™ as 

les de Flaminia, deduzcan l„, p¿ I8 f P ° 81010n ? s í iatura " 

tud y sin otra guia, ni consejo que su canri n T 
jano cuando venia de Roma para VP Ho P *" 

estaba por ella no hallaba lo? que nTraviS ; C °*° 
otra cosa que motivos para adirSSf t 5 '- DI V61a 
biduría. Cuando le ^JLSK ^ 7 sa " 
él ignoraba, de historia t'tnolog^ "de^X 
exóticas, de pái aros rio i m /,;„ i b ' , piantas 

nados, do «rfSí^fl^ M ^áLT ^ d,> , pes - 
tantas otras cosas, £S£¿g£. % Ttffi/ 

fiist sssS r-^s 

recibido de la ij rectora deh M ^TT q - U6 ****■ 

de la de lengua " franceíá ano 1^ f '* t an í m ° tíca . 
búa irancesa que le entregaba ella para 




entSs vXT BI ?l 0??Pañaba + Ma « dalena á Tra Í a »° 
contrasl de los atJ 1Ja ' 7 en í° nCeS era siü S u1 ^ el 

-adre d^te^eí ^ M LUÍsVa^ V? 

miraba y se 207a,™ Vil • i i " s - Lra J a ^o la ad- 

no entendía la pobre ^ *?' tantaS C0Sas ^ ue 
mente y se deshact p„T ? "! Iam , ectaba i»terior- 
Habladora! S de W° al 7 erla ta ^ üjera, tan 
labra, de lo que era íilS?^^ * 1 * eu " Da P a " 
Traiano idolahabaíí °i Sai0 de SU ^o; pero 

defasmaest Íyt W^^ 618 admirador 

ff=S5?:-;r-;¿£™=¿ 

entregado lieclia 1 S I ' a & H q " G ól les habia 

de obrar- perodd^hi] " ? dejab . a á ella en libel ' ta d 
ter para rffirrf 1», ■ Padran ° teniabastante.caráe- 
minia niáu ■ lntenci °nadas caricias de Fla- 

para a á p D od a e IZlTeZ" ITÍT H ^ ^ "™* 
que eran tnút ile T todoll" ^ J de ^ UÍ resultaba 
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contentaba eo decirle ñor t T' ** V ° hv ° ™ dve se 
palabras de un po'ulX^ «"«»»"«»» -tas 

Ha de llorar por sí mismo, 
el que a sus males da causa. 

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caoiou liberal de P s ° HtóSÍ"íw Í°" ' 'lf '" e<lu - 
en nuestra época se pooen aTL,íl *■ í'"' 3 T 6 

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no entreguéis vuestras ™„ r flMstras, para que 
bienes Fas eonTe^ Spl¿SS£ ,X; ' !0S * 

XLV. 

con desprecio, torcía el sembl mt * oidmano 

cuando se enéontr th, L o le pon-a serio 

oion, como diciéndolo: ¡Aid si „o fa, * '-'"'f " 

™ uhoi-a pidiendo liaros,. I?" ' ' ■ "":<" ¡t:l - 
en la miseria en los alr'eíedore's ^^Z!^'- 



( Se continuará.) 








Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M, 



29 de Marzo de 1879. 



SUKARIO. ■ 

Crónica G-eneeíé — Ssocion Pia.D3Sí': Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Semana — San Juan Clímaco, Abad — Actualidades: — 
El Catolicismo y las Repúblicas— Los Protestantes y las Escuelas 
Públicas — Danza y Biblia — Los res-altados del Cnlturkairmf— La 
libertad en Alemania — Lo que es un Jesuíta — La moralidad de las 
Escuelas Públicas — La política en Francia— Un Articulo del Sr. 
Eitcli — Una defensa inesperada — Un Modelo Divino — Los siete 
dolores (poesía) — La Pobrecilla de Casamari — 

CRÓNICA GENERAL. 



Amigos ííe los ©oa°ea*os es el nombre de una 
sociedad, que se está estableciendo en Barcelona, ba- 
jo la dirección del Sr. Obispo. Será útil presentar á 
los lectores el plan de esa obra, pues puede servir de 
modelo para otras semejantes. 

I. Bajo la protección de san José establécese en la 
ciudad de Barcelona una sociedad con el nombre de 
Amigos de los obreros. 

II E! objeto de ella será mejorar la suerte de los 
obreros. 

III. Sj compondrá de dos clases que tomarán los 
nombres de suscritores y suscritos "en coros de diez 
y nueve." 

IV. Során socios suscritores: 

lo. To los los que se comprometan á contribuir á 
dicho objeto con una cuota mensual que no baje de 4 
reales. '2o. Los facultativos que se comprometieren 
á asistir gratuitamente en sus enfermedades á los 
obreros. 3o. Los farmacéuticos que se ofrezcan á 
darles medicinas gratuitamente ó con muy considera- 
ble rebaja de su precio ordinario. 4o. Las personas 
qae se comprometan á visitarlos de dia y á velarlos 
de noche en caso de enfermedad. 5o. Los amos que 
se comprometan á ser instructores en las escuelas do- 
minicales y nocturnas ya establecidas y que funcio- 
nan bajo nuestros auspicios, ó en las nuevas que se 
crearen si fuere necesario. 7o. Los abogados que se 
ofrezcan á defender gratis á los obreros en sus pleitos 
y causas. 

V. Se admitirá como socio suscrito á todo obrero 
soltero, casado ó viudo, que prometa: lo. no trabajar 
el dia de fiesta; 2o. no blasfemar, y 3o. no ser hostil 
á la Religión. 

VI. La Sociedad será regida per una Junta com- 
puesta de un Presidente, dos Vice-p.residentes, un 
Subsecretario y un Tesorero. 

Passanante Giovanni, que atentó á la vida del 
Rey Humberto el pasado Noviembre, fué condenado 
á muerte el 7 de este; pero créese que le ¡será conmu- 
tada la pena con la de encarcelamiento perpetuo. El 
prefiere ser ejecutado. 

Obra católica — Las señoras catolicen de Ma- 
llorca y Barcelona están imitando el no>ble ejemplo 
de las de Bélgica, que hace años trabajan y gastan 



para proveer de ornamentos sagrados á las Iglesias 
pobres. El dia 7 de Febrero el Sr. Obispo de Barce- 
lona se dignó inaugurar y bendecir la obra en aquella 
capital, distribuyendo por su propia mano y en su 
capilla episcopal la santo Comunión á las iniciadoras 
de ella, que son varias distii güiras señoras. 

ILojola. — Los Padres de la. Compañía de Jesús 
han recibido autorización para instalarse de nuevo en 
su casa de Loyola (Guipúzcoa). 

Misiones. — El Obispo de Barcelona ha llamado 
á los PP. de la Compañía de Jes is para dar una Mi- 
sión á todas las clases de la ciudad, y los fieles han 
correspondido á su celo con un extraordinario con- 
curso, y fervorosas disposiciones. Los niños y niñas 
tuvieron su retiro acompañados por sus maestros y 
maestras, llegando al número de 15,000. Los PP. 
estaban repartidos en siete diferentes Iglesias. A la 
noche mucha parte de los que acudían se veian obli- 
gados á retirarse, no hallando lugar desde donde pu- 
diesen asistir á los sermones. El número de Comu-. 
niones distribuidas en las Misiones, sin contar los mil 
hombres que comulgaron el i'Jtimo clia de ejercicios 
de caballeros, que fué el primero de las Misiones, as- 
ciende á 72,355. 

I T@a ^SeíotIisía 5 según consta de la firma, ha en-, 
viado al Sr. Obispo Purcell una ofrenda de $25,00 
para aliviarle en sus apuros. 

121 Ai'KOÜsisp© «le París ha tenido conocimien- 
to que pronto se pondrá en ejecución la resolución 
del Municipio de París, para destituir todos los ma- 
estros católicos, y que dos ya habían sido reemplaza- 
dos. Esto anunciaba la Union, y anadia que los Ca- 
tólicos debían abrir nuevas escuelas, en las cuales los 
hijos de las familias católicas puedan sustraerse á las 
influencias de maestros oficiales y ateos. 

LrOS Claisaos, que ya han sido declarados libres 
para emigrar como antes, por el veto del Presidente, 
se hallan en California expuestos á nuevas medidas 
de rigor. La Constitución de ese estado, que será 
votada por el pueblo el primer viernes de Mayo, dis- 
pone que ninguna asociación, existente ó que pueda 
existir en California, no podrá emplear directa ó in- 
directamente á ninguna personado raza china ó mon- 
gola: que ninguno de ellos sea empleado en las ob as 
del Estado, condado, municipio ó de servicio público, 
excepto las que se hacen para castigo de crímenes: 
finalmente se dispone que se pongan todas las trabas 
para impedir su entrada en el Estado. 

IíOS ^aaSsss. — Las noticias del Cabo de Buena 
Esperanza, aunque algo contradictorias, anuncian 
que temíase una liga de las tribus de Transwaal con 
los Zulus. Por otra parto decíase que estos se halla- 
ban con pocas esperanzas de quedar vencedores y 
dispuestos á someterse. El Coronel Pearson fué aco- 
metido por el enemigo, pero le resistió causándole 
graves pérdidas, y lo persiguió hasta Entamida. 



-144- 



EI Coronel Mnoop, de la gendarmería rusa, 
ha sido estrangulado por los Nihilistas. 

yS;BiB!Ü>B*í*. — Una carta privada de la India refiere 
que las gentes de Casheniira "mueren de hambre como 
las moscas." Si esto sigue al fin del año el país que- 
dará un desierto. 

¡La pesie. — Se vuelven á oir los rumores de la 
epidemia en Rusia, y se afirma que en San Peters- 
burgo mismo ha habido unos casos de peste asiática. 
inundaciones. — Cerca de Szegedin (Hungría) 
el rio Theirs ha salido de madre, habiendo crecido 
sus aguas desmedidamente por el deshielo de las nie- 
ves y las abundantes lluvias acompañadas de furiosos 
vientos. Todo lo que se hizo para impedir la inunda- 
ción ha sido inútil. La ciudad fué inundada y las 
aguas iban siempre creciendo. Ya la mayor parte de 
las casas han sido derribadas y no tardarán en serlo 
muchas otras. Se cuentan por centenares los que han 
perecido: 60,000 personas han quedado sin techo 
donde abrigarse. El ferrocarril ha traspasado gratis 
10,000 fugitivos. La superficie inundada calcúlase 
ser de 100 millas cuadradas. Las siembras están per- 
didas. Es un desastre que no podrá remediar el go- 
bierno de Hungría, 

Añádanse á todo esto los varios incendios que han 
estallado en diferentes puntos, y que dan motivo de 
sospechar las mas siniestras intenciones, y tendráse 
un resumen de la horrorosa situación en que se halla 
Szegedin. 

Paz. — Se han entablado las negociaciones entre 
los Ingleses y Yakoob Khan. 

Fspaña. — El General Martínez Campos ha sido 
encargado por el Rey de formar un nuevo gabinete. 
Este General habia vuelto expresamente de Cuba, 
para pedir que se hicieran unas reformas necesarias 
para el gobierno de la isla. El ministerio se opuso, 
y el Sr. Campos se entendió directamente con el Rey, 
atrayéndole en su favor. Este fué él motivo de la 
dimisión presentada por el gobierno; la cual fué acep- 
tada y el General Campos encargado de constituir el 
nuevo ministerio. El Marqués de Molins ha sido 
nombrado ministro de los negocios extranjero. Pron- 
to se disolverán las Cortes, para una nueva elección. 
El nuevo Ministerio se hallaba constituido el 7 de 
este mes como sigue: General Martínez Campos; Mi- 
nistro de la Guerra y Presidente del Consejo — Mo- 
lins, Ministro de los negocios extranjeros — Silvela, 
Ministro del Interno — Ayala, Ministro de las Colo- 
nias — Pavia, Ministro de la Marina — Conde de Tore- 
no, Ministro de fomento — Marqués de Orovio, Minis- 
tro de Hacienda — Aunóles, Ministro de Gracia y 
Justicia. 

El Rey ha aprobado las nominas, y los Ministros 
han prestado el juramento. El General Campos ha 
sugerido al Rey de enviar á Cuba al General Blanco 
por Gobernador. 

Escuela católica.— El dia 9 de este tuvo lugar 
una imponente ceremonia en Nueva Orleans, para la 
colocación de la piedra fundamental de la Escuela 
dominical de S. Vicente de Paul. La procesión se 
componía lo. do los niños de la Congregación de los 
Santos Angeles, 2o. de los niños de la escuela, 3o. de 
las niñas de la misma, 4o. de las hijas de María, 5o. 
do las Señoras de la Congregación de la Buena 
Muerte, 6o. finalmente de los caballeros de la Union 
militante. Varios eclesiásticos seguían la procesión, 
entro ellos. los PP. Neithart y Miguot, que hablaron 
en inglés y francés al numeroso concurso. Se hará 
una lotería que tendrá, por objeto el cubrir los gastos 
de la obra, que por otra parte no pasaiá mucho los 
$2,000. 



Mario de tisis el 23 de Febrero, domingo: en la 
ciudad de Santa Fé, la Hermana Irene, hija de 
Francisco García y Manuela Romero, de Jemez. Te- 
nia 28 años de edad, de los cuales habia pasado 11 
en la religión. 14. 3. 1*. 

lia fallecido en La Joya, Condado de Rio ar- 
riba, el dia 16 del presente, la Señora Doña María 
Manuela Trujillo de Velarde, á la edad de 70 años. 
Sobrevivió á su esposo solo 22 dias. Deseamos que 
los lectores se asocien á los dolientes en su pena, y 
auxilien el alma de la difunta con sus oraciones. 
R. I. 1». 

Bien venida. — El Sr. Obispo Salpointe ha esta- 
do de paso en Las Vegas, y hemos sido honrados con 
su visita. Ha vuelto á salir para su Diócesis, donde 
lo llaman sus ordinarios trabajos y los extraordina- 
rios, que ha emprendido para contribuir al bien de 
sus diocesanos, en la obra del nuevo Hospital. 

Incendio. — En los llanos cerca de Abilina, 
Kansas, estalló un incendio, que se propagó á muy 
larga distancia por un fuerte viento. Las llamas lle- 
garon á la ciudad destruyendo muchas estacadas y 
dos caballos que se hallaban en los alrededores. Una 
persona, por nombre Lebold ha perdido siete mil fa- 
negas de maiz y diez mil de trigo, que se hallaban en 
un almacén fuera de la ciudad. Se considera que la 
pérdida total llega á $100,000. 

Mñr. Geemoui*, Obispo de Cleveland, ha pro- 
mulgado una pastoral al Clero de su diócesis, en la 
que condena al Irisli World por sus tendencias anti- 
católicas. En ella condena también las asociaciones 
que llevan el nombre de reuniones para el trabajo. 

Gambeítay Castellar. — Como hizo Gambetta, 
en Francia, está haciendo Castelar en España. Este 
último ha dirigido una proclama á todos los electores 
demócratas (alias francmasones) de la península, pa- 
ra que, imitando los ejemplos de los hermanos de 
Francia, envíen á las nuevas Cortes un buen contin- 
gente de republicanos. 

Quemazón. — También aquí en Las Vegas se 
pretende imitar en todo los demás Estados. El lunes 
pasado unos mal intencionados deshicieron una choza 
y el cerco del Sr. Green, cerca del Arroyo de Los 
Pecos; y hacia el amanecer se vio la casa del mismo 
hecha una hoguera. Apenas pudo salvarse el dueño 
con su familia. Se sospecha que haya sido por ren- 
cores particulares. 

Misión. — Hace unas tres semanas que se dio 
principio á una Misión en La Mesilla. Los pormeno- 
res, que han llegado á última hora, serán publicados 
en el próximo número. Solo diremos aquí, lo que 
nos refirió el Sr. Obispo Salpointe. Esto es, que los 
primeros dias tanto el Párroco como los PP. Misio- 
neros se vieron correspondidos con bastante frialdad; 
pero, insistiendo ellos en sus ministerios, tuvieron el 
consuelo de ver acudir mucha gente en los dias suce- 
sivos, hasta verse obligados á oir las confesiones has- 
ta la una de la mañana, sin poder tomar el descauso 
necesario á sus fuerzas agotadas. 

Falleció el dia 12 del presente, en Cincinnati, la 
Señora Kate Purcell, hermana del Sr. Obispo de la 
misma ciudad. Tenia 81 años de edad, habia nacido 
en Mallow, Condado de Cork, Irlanda, y era todavía 
joven cuando llegó á estos países. 

lu nifio extraviado..— El Sr, Miguel Lovato 
de Los Vallss de San Agustín, ruega encarecidamen- 
te á los que tuvieren noticia del hecho, que le den á 
conocer el paradero de su hijo Tomás Lovato, de 
cinco á seis años de edad, que han echado de menos 
en estos vitinios dias. Los que supieren algo diríjan- 
se á su p adre directamente ó á esta oficina. 



-H7 



SECCIÓN PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo Je Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril.— Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. — Corpus Christi, 
12 Junio. — Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
MARZO 30-ABRIL 5. 

30. Domingo de Pasión. San Juan Clímaco, abad y confesor. Santa 
Margarita, virgen, monja cartuja. 

31. Lunes. San Amadeo, duque de Saboya y confesor. Santa Bal- 
bina, virgen y mártir. 

1. Martes. San Hermeto, mártir. Santa Teodora, mártir. 

2. Miércoles. San Francisco de Paula, fundador y confesor. Sta. 
Teodosia, virgen y mártir. 

3. Jueves. San Pancracio, obispo y mr. San Ricardo, obispo y 
conf. 

4. Viernes. Los Dolores de la SSma. Virgen. San Isidoro, arzo- 
bispo de Sevilla. 

5. Sábado. San Vicente Ferrer, conf. Santa Irene, vg. y nír. 

SAN JUAN CLÍMACO, ABAD. 

Fué este Santo originario de Palestina, donde na- 
ció en el tiempo del emperador Justiniano I, por los 
años de 525. En su juventud mereció el título de 
Escolástico, que en aquel tiempo solo se daba á los 
que descollaban por su talento, elocuencia, erudición 
y profundos conocimientos en todas las ciencias. Po- 
día seguir una carrera brillante , y conquistarse con 
sus bellísimas prendas un nombre y una posición en 
la sociedad; pero obedeciendo á la voz del Señor, á 
la edad de diez y seis años se retiró al monte Sinai, 
donde muclios solitarios llevaban una vida angelical. 
Cuatro años empleó el fervoroso novicio en instruir- 
se y perfeccionarse en la práctica de todas las virtudes 
antes de liacer la profesión religiosa. Mas tarde, en 
560, abrazó la vida de anacoreta, retirándose á una er- 
mita al pié de la montaña donde se levantaba el mo- 
nasterio, cuyo abad era como el patriarca de todos 
los monjes que poblaban los desiertos de la Arabia. 
Dedicaba muchas horas á la lectura de los libros sa- 
grados y de las obras de los santos Padres, debiendo 
á ello, y aun mas á las superiores luces que Dios le 
comunicaba en la oración y contemplación, el ser uno 
de los sabios doctores de la Iglesia y una de las mas 
brillantes lumbreras de su siglo. El temor de perder 
el inapreciable tesoro de la humildad hizo que aquella 
antorcha, que podia despedir los mas brillantes res- 
plandores, permaneciese oculta en su celda por es- 
pacio de cuarenta años, hasta que fué elegido por 
unanimidad abad del monasterio. Su consumada 
prudencia, sus vastos y profundos conocimientos, su 
ardiente caridad, su humildad, le ganaron todos los 
corazones y le hicieron aparecer rodeado de una au- 
reola de santidad. Tendría unos setenta y cinco 
años cuando fué elevado á esta dignidad, que no se 
conferia sino al mas sobresaliente en piedad y fervor 
de aquel pueblo de santos. Compuso el admirable 
libro de la Escala del cielo, dividida en treinta gradas 
ó escalones, que contiene todo el curso ó desenvolvi- 
miento de la vida espiritual. Está escrito en forma 
de sentencias ó aforismos que en pocas palabras en- 
cierran profundos pensamientos. Cuatro años des- 
pués de ejercer el cargo de abad, que habia aceptado 
temblando y que miraba como una carga insoporta- 
ble, hizo renuncia de él y restituyóse á su antiguo 
retiro, entregándose con nuevo fervor á la oración y 
contemplación. Murió el 30 de Marzo de 605, á los 
ochenta años de su edad y sesenta y cuatro de vida 
eremítica. 



ACTUALIDADES. 

No hay duda que el Profesor Roswell D. 
Hitchcoek nos lia dado prueba de anclar muy 
equivocado, cuando quiso dar ¡í entender á su 
auditorio de Brooklyn que el Protestantismo se 
aviene mejor que el Catolicismo con aquellas 
instituciones políticas, que suelen considerarse 
como garantías de mayor libertad. "Francia es 
ya república, dijo él, y así quedara': Inglaterra 
volveráse tal; y apenas será crecida la yerba 
sobre la tumba de Bismark, que la república 
triunfará también en Al aman ia. La Europa se- 
rá un conjunto de repúblicas, y la religión para 
las masas bajo un gobierno republicano es la 
religión protestante." — Si quisiéramos decidir la 
cuestión por vía de autoridad, eckaríamos luego 
mano de la palabra de Mr. Guizot, á quien se- 
guramente no puede culparse de pocas simpatías 
por la pretendida Reforma. Hablando, pues, 
este célebre publicista de la Alemania protes- 
tante, nos dice en su historia general de la civi- 
lización europea que ese país, si no reclamó la 
esclavitud al momento de la gran revolución, 
tampoco "se quejó viendo desaparecer la liber- 
tad.'' Mus dejando á un lado toda autoridad por 
grave que sea, ¿qué nos dice sobre esto la histo- 
ria? A fé nuestra, nadie ignora el nombre y las 
glorias de las repúblicas de Genova, Pisa, Sena, 
Florencia y Venecia; nadie ignora que la Italia, 
centro del Catolicismo, y auna época en que era 
mas dominada por el influjo de Roma, fué la na- 
ción que pareció ofrecer un campo mas propio á 
las formas populares. Antes, como justamente 
observa Jaime Balines, el aumento del poder 
monárquico en Europa data cabalmente del na- 
cimiento del Protestantismo. En Inglaterra des- 
de Enrique VIII prevaleció un despotismo tan 
duro, que no valieron á ocultarlo todos los ardi- 
des diplomáticos. En Francia después de la 
guerra de los Hugonotes se presenta el poder 
real mas fuerte que nunca. En Italia comenza- 
ron á desaparecer las repúblicas para dejar la 
en Irada á este ó aquel Príncipe. En Alemania 
tuvo principio el reino de Prusia; y en Suecia 
subió al trono un Gustavo, desde cuya exalta- 
ción los Reyes ejercieron allí un poder casi sin 
límites. En España, en fin, vino siempre mas 
centralizándose el poder gubernativo con la abo- 
lición de las antiguas cortes de Castilla y Ara- 
gón, Valencia y Cataluña. 



"♦ ^B> '^" 



"Diré con franqueza, así habla el Obispo Me- 
todista Simpson, que yo miro de reojo los es- 
fuerzos que se hacen para establecer en el país 
escuelas dcnominacionales. Esas escuelas meten 
la división entre las diversas clases de la so- 
ciedad; y caso que un tal sistema prevaleciera, 
tendríamos aquí la misma desunión que hásc in- 



-148 



troducido en Europa." Muy mal informado debe 
de estar su Señoría lima, acerca de las verda- 
deras causas así de este, como de otros males 
que hoy en dia se deploran al otro lado del 
Atlántico. Mas, dejando esto por un momento, 
haremos notar que la opinión del Muy Rev. 
Simpson no parece del todo conforme á la de 
sus correligionarios. Ya que el mismo N. Y. 
Sien que nos trae las palabras citadas, nos hace 
saber que los órganos oficiales de aquella secta 
ponen el grito en el cielo amonestando á los pa- 
dres de familia de no enviar á sus hijos sino á 
colegios y academias metodistas, si no quieren 
con el tiempo llorar sobre su prole por la pérdi- 
da de su fé. Después en cuanto á eso ele los 
males que reinan al presente en Europa, le di- 
remos al Pastor metodista que su origen de 
ellos está en que varias de aquellas naciones 
cayeron por suma desgracia en manos de hom- 
bres por el estilo de los que describe San Pablo; 
á saber, que han conmutado en mentiras la ver- 
dad de Dios, y clan culto y sirven á la criatura 
mas bien que al Criador: de hombres que así 
como ellos por su conducta prueban que no co- 
nocen á Dios, también Dios prueba que no los 
conoce á ellos, y los entrega á su reprobo sen- 
tido. ¿Y saben ustedes, queridos lectores, cuál 
es el medio mas expedito á la vez y mas seguro 
para formar ciudadanos de esa ralea? El medio 
es educar la juventud con aquella educación sin 
Dios, que se proponen impartir los amantes de 
las escuelas libres. 



Cuatro señoritas Metodistas de Elizabethport, 
N. J. fueron acusadas á su Pastor, un tal Rev. 
Van Zandt, de haber danzado, y el Pastor quie- 
re expulsarlas de la iglesia si no prometen ele 
no danzar más. Así va el mundo de la Biblia: 
cada cual puede creer lo que le da la gana, pero 
no puede obrar conforme á lo que cree. Las 
señoritas aquellas habrán leído en su Biblia 
que el buen rey David "danzaba con todas sus 
fuerzas", y que hay "tiempo de llorar y tiempo 
de danzar"; y no sabrán porqué ellas no podrán 
danzar, ni qué derecho tiene su Ministro de en- 
señarles lo que es lícito y lo que es ilícito. 



El Príncipe Edmundo Radziwill, Prelado do- 
méstico del Padre Santo, Vicario de Ostrowo y 
miembro de las Cámaras de Berlín recopila del 
modo siguiente los resultados del Culturkampf. 
Estos so dividen en positivos y negativos. Los 
negativos son: la orfandad de las diócesis y par- 
roquias; la desmembración de los seminarios y 
otros institutos eclesiásticos; la condenación in- 
justa de millares de Sacerdotes; el destierro de 
religiosos y religiosas; la pérdida del respeto 
debido á las autoridades del imperio; la descon- 



fianza del pueblo en su Gobierno; la exaspera- 
ción de los Católicos y la oposición de los par- 
tidos. Los resultados positivos son: la consoli- 
dación de los principios religiosos; un aumento 
de amor hacia la Iglesia; unión siempre mas es- 
trecha entre el Papa y los Obispos, así como 
entre el clero y las poblaciones; progreso de la 
prensa católica; una fuerte organización política 
de los Católicos en favor de sus derechos, y vic- 
torias electorales de los ciudadanos católicos 
para el Reichstag; por fin una gran concordia 
entre todos los buenos perseguidos. 



La libertad civilcorre parejas con la libertad 
religiosa en el Imperio del Príncipe de Bismark. 
Berlín está en estado de sitio. HerrLiebknecht, 
por haber dicho en el Reichstag: "Si se estable- 
ce la República en Alemania — ", no pudo con- 
tinuar; tal fué el estruendo de voces que levan- 
tó; y el Presidente le amenazó de privarle del 
derecho de la palabra. Basta la sospecha de 
ser uno socialista para tener siempre en sus pi- 
sadas á algún corchete, y aun ser expatríado: en 
fin, todo anda á pedir de boca. 



Nunca ha estado menos marcial el Centinela 
de las Montañas Peñascosas, antes bien, nunca 
más divertido, ni más sabroso, que en su No. 
del 20 de Marzo, página 2? columna 2 a , artículo 
de "Las virtudes que distinguen á los hijos de 
Loj^ola." ¡Señor! si nos pareció asistir á una 
representación de la linterna mágica, ó á una 
muestra de animales traídos de los desiertos de 
África, Asia, ú Oceanía. Barnüm ha hecho uua 
fortuna embaucando á la gente con sus fingidos 
monstruos de londas } r páramos desconocidos. 
¡Hombre de bien! Si tomaba á un Jesuíta, y le 
cerraba en una jnula, y con él se echaba á cor- 
rer el mundo, llevándose de flautista, para lla- 
mar á la gente, á un tañedor como ese del Sen- 
tinel, no habría Rothsehild más rico que Bar- 
nüm; y sin embaucar á nadie, porqué ¿qué mons- 
truo habrá más real ni más de carne y hueso 
que un Jesuita. Oíd al de ¡as Montañas Peñas- 
cosas: Un hombre sin hombredad (aunque sea 
anticuada la palabra, hemos de resucitarla); sin 
voluntad, sin conciencia, sin razón, sin afición, 
sin nada de lo que distingue al hombre en cuan- 
to hombre; pieza ele una maquinaria; títere me- 
neado por acá y acullá con unos cordeles; ni 
varón ni hembra; híbrida progenie del caballo y 
del asno; no necesariamente malo, pero hacedor 
del mal en cuanto bien; anfibológico, casuistn, 
probabilista; cuanto más concienzudo tanto más 
peligroso; ya veraz, ya embustero; ya perjuro, 
ya leal; tramposo, solapado, jugador de voca- 
blos; entregado al diablo y su más poderoso ins- 
trumento: tal es el hombre-no-.hoínbre, el ani- 



-149 



mal-no-animal, el sér-no-sér, á quien llaman je- 
suíta! 

Moraleja: "Nunca nos podemos fiar de lo que 
dicen" los Jesuítas. 

Aplicación 'práctica: "Y esos son los hombres 
con quienes hemos de tratar en la discusión (!) 
de la cuestión de las escuelas públicas." 

¿Entiendes, lector amigo, donde le aprieta el 
zapato al Sentinel? Entró en la discusión (!). 
Dio palabras, y más palabras, y todavía pala- 
bras. Se le contestó con razones evidentes, que 
no admiten réplica. Pero, no; aquellas razo- 
nes parecen razones, y no lo son; parecen ver- 
dades, y no lo son; porque los Jesuítas saben 
disfrazar la mentira talmente, que "el lector 
inexperto" cree que dicen verdad, mientras ellos 
le están vendiendo gato por liebre. Así defien- 
de su causa ¡ <! el mayor y mejor papel del Sur- 
oeste"! 



-«»..».-«*_ 



Moráis in the Schools, ó la Moral en las Escue- 
las, es el título de un artículo que pareció no ha 
mucho en el Tribune de Nueva York, diario de 
los más importantes de aquella ciudad. Al leer 
algunos extractos de aquel artículo, tuvimos que 
exclamar para nosotros misinos: ¿Es este, pues, 
el espléndido y hermoso resultado de aquella 
educación, que sin ser sectaria, esculpe, sin em- 
bargo, en el corazón ele los alumnos los altos y 
universales principios de la religión y de la más 
pura moral? ¿Es este el patriotismo, la reve- 
rencia por la Deidad, el respeto de los derechos 
mutuos, la gratitud que debemos á nuestro Su- 
premo Hacedor, el sentimiento de la responsa- 
bilidad personal, y todas las demás bellas vir- 
tudes que inspiran en el ánimo de los jóvenes 
nuestras escuelas no-sectarias? El Tribune, en el 
artículo mencionado, citaba las siguientes pala- 
bras del Sr. Ohadbourne, Presidente de Wil- 
liams College,en un discurso á los Profesores de 
Massachusetts: "Si toda educación moral y re- 
ligiosa es descuidada, nosotros nos veremos tra- 
gados por la corrupción. * * * La educación no 
consiste en dominar los lenguajes, sino que se 
halla en la enseñanza práctica de aquella moral 
que se extiende más allá de la clase, llegando á 
la plaza de juego y á la calle, y que infunde en 
el ánimo juvenil la idea de que hay algo más in- 
noble que el equivocarse en una recitación." 

Esas recomendaciones del Sr. Chadbourne 
serian superfinas si reinara en las escuelas no- 
sect-irias esa alta moralidad tan decantada por 
nuestro Sentinel, JSfeto Mexican, etc. etc. Pero 
el Tribune añade sus observaciones á las pala- 
bras del Presidente de Williams College, y dice: 
"Si es un consuelo hallar á un presidente de un 
colegio que toma interés en las escuelas comuna- 
les, es boble. consuelo el oír de sus labios la ex- 
posición de lo que máximamente necesitan aque- 



llas escuelas (subrayamos esas palabras y las si- 
guientes). Porque á buen seguro no hay nada 
que al presente haga en ellas más falta que la en- 
señanza simple y práctica de la moralidad. *** 
Más vale aquel rigidísimo y acérrimo Puritanis- 
mo de ciento y cincuenta años atrás, que ese 
efímero sentimiento de honor, esa elástica idea 
de veracidad que nuestros críticos atribuyen, 
con demasiada razón, á la América moderna." 
¿Oís, ó ilustrados campeones de la enseñanza 
no-sectaria? Ahora bien, si la enseñanza religio- 
sa y moral ha de ser práctica, y tal que se ex- 
tienda á toda la vida, decidnos á fé vuestra, 
cómo podrá prescindir de ser denominacional. 



En Francia la política se enreda cada dia 
más. Los Radicales no están contentos con to- 
das las victorias alcanzadas con la dimisión de 
MacMahon. Piden otro Ministerio. La France 
dice que el Ministerio actual "ya vivió;" y que 
ha perdido tedo predominio sobre Ja mayoría. 
La Liberté declara que el Gabinete presente no 
tiene ningún programa serio, ni político, ni in- 
ternacional, ni económii o. "Tenemos Ministros, 
pero no Gobierno", exclama la Lberté. Por 
otra parte La Presse teme que el poder pase 
del Centro Izquierdo á la Extrema Izquierda. 
El National no ve otra esperanza de alejar el 
advenimiento de un Gabinete radical que la re- 
sistencia unida del Gobierno con la parte con- 
servadora de los Republicanos, unión que al 
National se le hace improbable. La RépidM- 
que FrangaUe, órgano de Gambetta, afirma que 
todo iría bien si la Asamblea no estuviese tan 
superexcüada por efecto de las recientes discu- 
siones. Es el caso que los Radicales llaman á 
Gambetta al poder, para subir luego ellos, y 
Gambetta quisiera dominar, pero no servir de 
escalón á los demás. 



Un artículo del Sr. W. G. Biích. 



A buen seguro que el Sr. W. G. Ritch no se 
contenta con la fama de historiador. A este tí- 
tulo quiere que la posteridad añada el de juris- 
perito y estadista. En el Sentinel del 13 de 
Marzo publicó un artículo sobre la Constitución 
y la Enseñanza. Es de presumir que quiso dar 
la última palabra de la jurisprudencia sobre este 
asunto tan agitado de un extremo á otro de la 
nación. Pero, nos es imposible hallar cosa al- 
guna que no hayamos oido ya ad nauseam. 

Su escrito se divide en tres partes. En la 
primera asienta los principios que determinan 
las relaciones entre la Iglesia y el Estado bajo 
la Constitución de este país. En la segunda 
deplora los males de Nuevo Méjico y propone 
sus remedios. En la tercera 'establece la ley 



150- 



suprema de los Estados Unidos. Sigámosle par- 
te por parte. 

I. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado 
van expresadas en la cláusula siguiente: 

"El Congreso no hará ninguna ley que 
mire á establecer una religión, ó á prohibir el 
libre ejercicio de la misma'' (Amend. Const. U. 
S. A., Art. I). Con esto nos basta. La perfec- 
ta neutralidad del Gobierno de los E. U. hacia 
cualquiera de las religiones; la perfecta libertad 
de los ciudadanos para seguir los dictámenes ele 
su conciencia en materias religiosas; estos son 
los dos puntos asegurados por este artículo. En 
otras palabras: El Gobierno no reconocerá ja- 
más ninguna religión cual religión del Estado; 
pero se obliga á no hacer jamás ninguna ley que 
viole los derechos de ninguna religión en parti- 
cular, siempre que esta no se oponga á la Ley 
Natural, base indispensable de todo gobierno, y 
á los otros artículos orgánicos de la Constitu- 
ción; tal es el sentido que todos unánimemente 
dan al Artículo susodicho. Nadie podrá ne- 
garlo. 

Ahora bien, ¿quién desconoce este artículo? 
Antes bien ¿quién no lo invoca á su favor? La 
cuestión consiste en la aplicación práctica de 
ese artículo á los casos particulares: especial- 
mente al caso particular de la enseñanza públi- 
ca. ¿Es esto lo que procuro hacer el Hon. Sr. 
Ritch? Ya se entiende: aunque á su manera, 
como veremos. Pero, antes de todo, su intento 
en esta primera parte parece haber sido el esta- 
blecer que en la aplicación de este artículo á 
los casos particulares, los Curas, los Obispo, y 
cualquiera que no sea abogado, ó empleado gu- 
bernamental, no tienen nada que ver. "lista 
Constitución," dice, "téngase siempre presente, 
no fué hecha por curas," sino que por " el pue- 
blo de los Estados Unidos. 1 '' El Nuevo Méjico 
está debajo de esta Constitución. Luego el go- 
bierno de este Territorio "es un gobierno del 
pueblo, por el pueblo, y para el pueblo. Curas, 
y dogmas, é iglesias, } T todo lo demás del mismo 
jaez, en cuanto tal, no tienen nada que ver con 
este gobierno ni con la administración de sus 
leyes." 

Eso es falso; porque decidnos, Sr. Ritch: ¿por 
ventura "los Curas, los dogmas, las iglesias y 
todo lo demás del mismo jaez," no tienen nada 
que ver con el pueblo? Si nada tienen que ver 
con el pueblo, si son seres de otro mundo, 
plantas exóticas que no brotan ni crecen en es- 
tas tierras, lleváis razón de sobra: "nada tienen 
que ver con este gobierno y la administración 
de sus leyes." Pero si los Curas son parte del 
pueblo, si los dogmas son, en gran parte, los 
principios regulativos de la moralidad del pue- 
blo, si las iglesias son el pueblo mismo, en cuanto 
se organiza en diferentes corporaciones para 
adorar á Dios, ¿cómo se entiende que "los 



Curas, los dogmas, y las iglesias" no tienen 
nada que ver con el gobierno "del pueblo, por 
el pueblo, y para el pueblo?" Extraño es esto: 
el gobierno es para el pueblo; es decir, que 
existe para el solo interés del pueblo; y sin em- 
bargo ¡quiere echarse á espaldas y aun pisotear y 
conculcar lo que mas principalmente le interesa 
é importa al pueblo! 

Téngase bien entendido que no se dice aquí 
que el Gobierno deba hacerse Católico, ó Pro- 
testante, ó Judío, cuando la población es Ca- 
tólica, ó Protestante, ó Judía en su totalidad, 6 
en su máxima parte; nada ele eso. Eso contradice 
á la primera parte del Artículo adicional de la 
Constitución: "El Congreso no hará ninguna ley 
para establecer una religión." Lo que se dice 
es que el Gobierno no puede echar en olvido 
"los dogmas y las iglesias" del pueblo, hasta el 
punto de hacer leyes que directa ó indirecta- 
mente atropellen esos "dogmas é Iglesias." ¿Y 
porqué? Porque el poder del gobierno no es 
ilimitado por esta parte. La Constitución man- 
da no se haga ley ninguna que tienda "á prohi- 
bir el libre ejercicio" de una religión. Esta 
cláusula, si no es ilusoria, si no es una burla he- 
cha á la conciencia de los ciueladanos, no sola- 
mente priva al Congreso del poder de decir, por 
ejemplo: "Queda prohibida la Religión Católi- 
ca, ó el Metodismo. ó el Presbiterianismo," lo 
que seria una prohibición directa; sino que tam- 
bién quita al Congreso el poder de decretar, por 
ejemplo, que los Obispos Católicos no correspon- 
dan con el Sumo Pontífice Romano, ó que los 
niños Católicos no tengan otra escuela pública, 
que una escuela protestante ó racionalística, La 
razón es obvia. Esto seria violentar la concien- 
cia de los Católicos; seria prohibir indirecta- 
mente el libre ejercicio de una religión; destrui- 
ría la segunda parte de la cláusula constitucio- 
nal ya mencionada. Y baste con eso en cuanto 
al primer punto del escrito del Sr. Ritch. 

II. En el segundo deplora los males del Ter- 
ritorio, y dice que "s¿ por ventura el gobierno 
de Nuevo Méjico no es un gobierno del pueblo, 
para el pueblo, y por el pueblo," la culpa la tie- 
ne el pueblo mismo. Esta es verdad incontro- 
vertible. Se trata de una mera hipótesis: si no 
hace buen tiempo, hace mal tiempo: ¿quién dirá 
que no? Pero el Sr. Ritch, introduciendo en la 
escena un interlocutor desconocido, pasa de la 
hipótesis al hecho, y nos informa que él está 
corrido de vergüenza á vista de las llagas horri- 
bles de nuestra población, llagas que se com- 
pendian en la ignorancia supina y en i a gangre- 
nosa corrupción de las masas. 

Suponiendo ser verdaderas esas llagas, sin 
discutirlas, es de primera necesidad salir de esa 
sima fétida y asquerosa, y el Sr. Secretario nos 
hace el favor de indicarnos el camino seguro y 
único: "la difusión de una más elevada y más 



-151 - 



vasta inteligencia" {instrucción hemos de decir 
eíi español) "entre el pueblo." Tal es el reme- 
dio soberano, el talismán infalible de nuestros 
achaques; y confesaremos que, por lo que se 
atañe á la ignorancia, no tiene esta mejor reme- 
dio ni mas eficaz y propio, que "la difusión de 
una mas elevada y más vasta instrucción." Pero 
¿y la corrupción? ¿Se remedia, se cura esa llaga, 
supuesto que exista, con la difusión de la ins- 
trucción? Si no tiene otras causas que la igno- 
rancia de los deberes y derechos civiles, sí, se 
cura con la instrucción; pero si existe adema's 
otro manautial mas pestífero é infinitamente 
mas pernicioso que la ignorancia: si la corrup- 
ción, el fraude, el favoritismo, el robo, el des- 
pilfarro de los fondos públicos, no nacen, como 
realmente no nacen, de la ignorancia de los 
propios deberes, sino que son fruto propio é in- 
mediato de la profunda malicia de una voluntad 
estragada } r egoística, vos, señor Ritch, ¿preten- 
déis atajar el mal por medio de la scla instruc- 
ción, aunque sea la más elevada y la más vasta 
del mundo? 

¡Y qué clase de instrucción, Dios grande, es 
la que está destinada á obrar semejantes prodi- 
gios: la instrucción que se imparte en una escue- 
la enemiga del Cristo y su religión santificido- 
ra del mundo! Nosotros hablaremos en otra oca- 
sión de los frutos de moralidad producidos por 
el sistema de enseñanza que llaman americano. 
Por ahora contentémonos con una simple obser- 
vación. Nosotros somos el país donde la ins- 
trucción elemental está más umversalmente di- 
fundida. No hay nación en el mundo que pue- 
da rivalizar con nosotros en el terreno de la 
instrucción popular. Es una gloria, de que pode- 
mos andar justamente ufanos, y ele que nos jacta- 
mos á menudo más de lo que permiten las leyes 
de la modestia. Pero ¿somos igualmente el pue- 
blo más moral y más virtuoso del mundo? Na- 
die ha tenido el ánimo de afirmarlo hasta ahora, 
ni de soñarlo. Nuestros diarios están cotidiana- 
mente llenos, colmados de relatos de crímenes 
los más atroces y abominables. Estremécese el 
corazón al pasar con una leve ojeada por un nú- 
mero cualquiera del San de Nueva York; y este 
diario no es de aquellos que andan acumulando 
adrede lo más escandaloso, y ruin, y vil de un 
país, á fin de cebar el bárbaro instinto de lecto- 
res sin honor ni conciencia. En un solo dia, el 
dia 14 de este mes de Marzo, nada menos que 
siete personas expiaron con la pena capital sus 
horribles delitos, en seis diferentes Estados de 
la Union. Sieso prueba que la justicia reina 
soberana en América, prueba también que muy 
atareada la tenemos. No, nosotros no podemos 
presentarnos á las naciones hermanas nuestras 
como la nación más virtuosa de todas ellas; y, 
sin embargo, así debería ser, si la virtud flore- 
ciera inseparablemente de la instrucción inte- 
lectual. 



El poder de la educación es grande para re- 
frenar el delito; pero la sola cultura intelectual 
no es la educación. La educación es el desar- 
rollo progresivo de todas las facultades del al- 
ma; y entre estas' facultades hay una, la volun- 
tad, cuyo desarrollo depende de la práctica 
incesante de la virtud; y la virtud, si no quere- 
mos ser paganos, ha de ser la que nos enseña la 
religión; y no un fantasma de religión, sino aque- 
lla religión en que sinceramente creemos, y que 
de todas veras amamos y veneramos, y que sola 
tiene fuerza y vigor sobre nuestro espíritu. 

El Sr. Ritch, como todos los adversarios de 
la enseñanza cristiana, dice que, á tenor de la 
Constitución, el Gobierno no puede proporcio- 
nar á nadie los medios de la educación que aca- 
bamos de describir. ¿Qué razón nos da? En 
última análisis, la razón es que la educación 
sectaria,, como él se expresa, dada á expensas del 
Gobierno (?), seria el principio de la unión fi- 
nal entre la Iglesia y el Estado. ¡Singular ocur- 
rencia! En tal caso, hay que suprimir todos los 
Capellanes de Regimiento, y todos los Reveren- 
dos Agentes de Indios, y todos los Predicado- 
res de la Biblia en el Congreso nacional. To- 
dos esos señores reciben dinero del Gobierno 
para fines sectarios. También eso será, pues, 
un principio de la unión final entre las Iglesias 
y el Estado. Solamente paréeenos á nosotros 
que la unión esa no tiene lugar, sino cuando el 
Estado á una sola religión reconoce como suya, 
á una sola mantiene, á una sola protege, y dis- 
pénsale sus favores, y emplea en sus ministerios 
ó funciones religiosas. Pero, si el Estado se 
comporta del mismo modo hacia todas; si, no 
reconociendo á ninguna como suya propia, tam- 
poco niega á ninguna lo que está dispuesto á 
conceder á las demás ¿donde está la unión entre 
la Iglesia y el Estado? No hay unión, sino 
neutralidad en tal conducta. 

En los dominios de la G ran Bretaña, el Gobier- 
no concede á los Católicos el derecho y los 
medios de educar ásus hijos católicamente. ¿Hay 
en eso unión del Estado con la Iglesia de Roma? 
No hay mas que el principio de la justicia y de 
la tolerancia religiosa. La Religión del Estado 
es en Inglaterra, la Episcopal. Con ella sola 
está unido el Gobierno. La Iglesia Católica, en 
cuanto Iglesia, es positivamente desconocida por 
él. Pero los Católicos son tolerados; los Cató- 
licos entregan su dinero al gobierno á fin de 
que él les proporcioue los medios buenos y jus- 
tos para educará sus hijos. En virtud del prin- 
cipio de unicuique suum, y del principio de la to- 
lerancia religiosa, el Gobierno cree su deber sa- 
tisfacer á las demandas de los Católicos, sin pro- 
fesar por eso ninguna unión con la Iglesia de ellos. 
¡Y aquí, donde no se conoce ninguna religión 
del Estado; aquí, donde todas las religiones son 
iguales delante de la Constitución; aquí el Sr. 



i 



-152- 



Secretario del Territorio entrevé una unión in- 
coativa entre la Iglesia } r el Estado, si este se 
comporta con la misma equidad, la cual dirige 
á un Gobierno que desconoce positivamente á 
aquella Iglesia! 

III. En la tercera parte del escrito del Sr. 
Ritch no nos pararemos mucho. La ley del Con- 
greso, dice, la Constitución, es la ley suprema 
del país. Sí, señor; es la ley suprema del país: 
pero que se nos diga si la Constitución contiene 
también lo que Dios ha revelado á los hombres, 
y que nosotros hemos de creer y obrar para sal- 
var nuestras almas. Nadie será tan mentecato 
que lo afirme. Porqué? Porque estos negocios 
pertenecen ala Iglesia; nada tiene que ver con 
ellos la Constitución, el Congreso, ó la ley ci- 
vil. Bien está. Pero supongamos que mañana 
el Congreso hiciese una ley contraria á otra ley 
religiosa ¿á quién deberemos obedecer en con- 
ciencia? ¿á la ley civil ó á la ley religiosa? Si 
á la ley civil, entonces esta es la que nos debe 
enseñar lo que hemos de creer y obrar para sal- 
var nuestras almas, contrariamente á cuanto 
acabamos de decir, que tales negocios pertene- 
cen á la Iglesia. Mas si, eu el conflicto de las 
dos leyes, debe prevalecer sobre nuestra con- 
ciencia la ley religiosa, entonces, la supremacía 
de la ley civil es, en tales casos, una bola, una 
patraña, uua papirotada; es la contradicción más 
flagrante ele la Constitución. El Congreso no 
hará ninguna ley que prohiba el libre ejercicio de 
una religión. Con estas palabras la Constitución 
pone límites al más alto poder del país con res- 
pecto á las diferentes religiones; le impide coar- 
tar en modo alguno la libertad de las mismas. 
¿Con qué lógica, pues, se afirma la superioridad 
de la ley civil sobre la ley religiosa? Un po- 
der, que no puede molestar á otro; antes bien, 
un poder, que debe respetar en todo la entera 
libertad de acción del otro ¿le es superior? Solo 
en Nuevo Méjico podemos oir tamaños y tan 
descomunales desatinos, y el que los profiere es 
todo un Secretario Territorial. 



Una defensa inesperada. 



Lo que dijo Pió IX del Dr. Pusey, jefe de los 
Ritualistas en Inglaterra, á saber que era un 
mojón para señalar á otros el camino hacia la 
verdadera iglesia sin nunca moverse él mismo; 
podríamos con harta razón repetir hoy de Mr. 
W. H. Mallock, en vista de los artículos con 
que acaba de enriquecer el Nineteenih Century 
de la Gran Bretona. Discutiendo las mismas 
cuestiones que han ocupado la atención de hom- 
bres como Sir James Stephen, W. R. Greg, 
Frederic Harrison, Leslie Stephen, Matthew 
Arnold y otros incrédulos de un tal jaez, y pa- 
reciéndose á estos en la negación de la fé cris- 



tiana; el mencionado escritor se distingue de los 
demás por su tino é imparcialidad en la disputa. 
Si no fuera porque él mismo nos asegura de 1® 
contrario seríamos llevados á creer que Mr. 
Mallock es cristiano de corazón, disfrazado bajo 
el viso de un infiel, á fin de reportar un triunfo 
mas fácil y completo en favor de sus conviccio- 
nes religiosas. 

En su artículo intitulado "Dogma, Razón y 
Moral," el intento del autor es mostrar que de 
hecho no hay mas dificultad para el humano 
entendimiento de aceptar el Cristianismo en sn 
forma mas ortodoxa, que la que se encuentra 
en admitir el puro Deisino, con todas las verda- 
des indispensables á la conservación de la so- 
ciedad. Da principio á su demostración con 
probar que todos los hombres obran suponien- 
do el libre albedrío ele su voluntad y que sin 
este seria imposible toda idea de moral con la 
que se junta necesariamente la noción de res- 
ponsabilidad, por donde el hombre hácese 
acreedor á premios ó castigos eternos. Bien 
sentados estos principios, el lector es conducido 
á la consideración de cuan poco satisfaga dicho 
credo las exigencias de la meute y del corazón. 
"El mero Deísmo, dice, no ha jamás por sí solo 
gobernado á los hombres, ni es posible que los 
gobierne por cuanto nos es dado conjeturar. 
Nuestros placeres y deseos miran á bienes defi- 
nidos; luego es menester que sea también deter- 
minada la regla que los dirija. Y aquí es pre- 
cisamente donde la religión natural manifiesta su 
impotencia. Ella nos podrá suministrar algunos 
principios geuerales; mas nos dejará siempre en 
la incerteza por lo que toca á su aplicación. 
Nos dirá con bastante énfasis que debemos huir 
de cualquier vicio; pero veráse á cada paso per- 
dida en indicarnos el camino que en realidad 
hemos de seguir. Y esta práctica insuficiencia 
del puro Deísmo nos es atestiguada por la en- 
tera historia de la revelación; ya que, aun dado 
caso que la supuesta revelación no es la palabra 
de un Dios que ha hablado á sus criaturas, la 
misma falsa creencia en ella es un argumento 
para probar la necesidad en que se halla la ge- 
neralidad de los hombres. Analizando en se- 
guida una tal necesidad, el escritor hace ver 
cual sea la condición esencial para que dicha 
revelación pueda ser eficaz; y es la de una ab- 
soluta infalibilidad en la persona que la pro- 
ponga. Según él, es falta, á lo menos en parte, 
de su eficacia toda religión positiva que no es- 
tribe en la infalibilidad decisiva de una autori- 
dad por cu} t o medio vienen asegurados los cre- 
yentes de lo que merece su fé. No basta que el 
que reveló sea infalible; mas es menester que el 
que ha de creer sea sacado de la duda con res- 
pecto á lo que debe profesar, pues sin esto es 
lo mismo como si nunca hubiese sido hecha una 
revelación. En otras palabras, para que las ver- 



-153- 



dades reveladas sean de utilidad á los hombres 
es de todo punto necesario haya un intérprete, 
en el cual descansen con la misma confianza 
que les inspira la autoridad infalible de Dios. 

Mirando las cosas de este modo, Mr. Mallock 
hace mofa de las pretensiones con que el Pro- 
testantismo reclama para sí el derecho de guiar 
las conciencias. "Hace ya largos años, dice él, 
que á algunas mentes privilegiadas no se oculto' 
la índole propia del movimiento protestante; 
con todo hasta estos últimos tiempos semejante 
conocimiento no habíase hecho general. Desde 
un principio hubo quien entendió' que la preten- 
dida reforma no era ni la restauradora de una 
religión corrompida, ni la corruptora de una re- 
ligión pura; sino que seria en lo porvenir la di- 
solución de todos los credos, y esto de una ma- 
nera evidente para quienquiera. Y lo que se 
había previsto ya realizóse. Echemos una mira- 
da á Inglaterra, á Europa y América, y consi- 
deremos el estado actual del mundo protestan- 
te. En verdad hallaremos todavía en él una re- 
ligión; pero es una religión que va perdiendo 
aceleradamente todo elemento sobrenatural, y 
en la que aun el elemento natural empieza á 
ofuscarse con velocidad. Por cierto el Protes- 
tantismo, según afirma Mr. Stephen, viene vol- 
viéndose la religión de los sueños. Todas sus 
doctrinas son tan vagas como los sueños, y en 
tal guisa varían sin cesar. De un dia á otro se 
hacen de mas á mas inconstantes; y lo que es 
peor, vienen de un dia á otro disipa'ndose (all 
its doctrines are as vague as dreams, and like 
dreams are their outlines changing. Day by day 
they are becoming more and more inconstant; and 
more than this, they are day by day evaporating). 

En vista de tan grande disociación entre sus 
adeptos, no puede menos el incrédulo autor de 
tratar la religión protestante como cosa que fué 
y ya no es; riéndose á un tiempo de cuantos 
identifican todavía el Protestantismo con la 
Iglesia del Cristo, á pesar de que por otro lado 
hacen alarde de la independencia de su enten- 
dimiento y de la libertad de su espíritu. Según 
él no porque se hizo manifiesta la falsedad del 
Protestantismo, por eso débese estimar que no 
existe realmente ninguna otra religión revelada, 
abrazando así cual única verdadera la que se 
dice Deismo. Rechazada como falsa la secta de 
los Novadores del siglo diez y seis, ofrécese 
luego á la consideración del hombre pensador 
la Iglesia de Roma, que es el Cristianismo "en 
su forma mas antigua, mas legítima y mas co- 
herente" fin its oldest, its most legitímate, and its 
most coherent form). El racionalista no puede 
olvidarse de la existencia y grandeza de esa 
Iglesia; y, caso que se olvidara, daria una prue- 
ba irresistible de su crasa y profunda ignoran- 
cia. Así es que Mr. Mallock no encuentra otra 
razón plausible para explicar el poco caso que 



hacen ciertos eruditos racionalistas, sus compa- 
triotas, de examinar la verdad de la Iglesia Ro- 
mana, fuera de las preocupaciones fanáticas im- 
buidas con la educación en contra de una reli- 
gión que ni siquiera conocen. 

Así la ignorancia del vulgo como el fanatismo 
de Ingleses ilustrados, es lo que Mr. Mallock se 
ha propuesto de combatir con la serie de sus 
ensayos que han llamado la pública atención á 
las pa'ginas del Nineteenth Centuty. Después de 
haber ponderado los diversos fundamentos de 
las creencias católicas y discutido las dificulta- 
des con que suelen acometerse, el autor ha 
llegado á la conclusión de que ni la razón, ni la 
ciencia, ni la historia, ni el sentido común tienen 
nada, que oponer al Catolicismo, cual se profesa 
por los secuaces del Pontífice Romano. 

Aquí nuestros lectores nos preguntara'n: ¿có- 
mo es posible que un hombre, el cual expresa 
convicciones tan fuertes en favor del Catolicis- 
mo, pueda llamarse y sea todavía un incrédulo? 
Contestamos que hay diversidad entre convic- 
ción y conversión, y que por consiguiente no es 
extraño si se encuentran hombres alumbrados 
con la luz de la ciencia, sin estar iluminados 
todavía por la antorcha de la fé. Puede uno 
llegar hasta los umbrales de la verdadera Igle- 
sia, sin jamás pisarlos; para atravesarlos le es 
forzoso hacer un acto que él se siente incapaz 
de hacer con las solas fuerzas de la naturaleza. 
La fé es un don sobrenatural de Dios, pues le 
es imposible al hombre alcanzarlo con solos sus 
cuidados. De aquí es que una persona puede 
estar enteramente persuadida de la verdad de 
nuestra religión, } r sin embargo quedarse afue- 
ra. Su persuasión es el resultado de sus razo- 
namientos, de su estudio, de sus reflexiones, etc; 
mas lejos de ser un acto de fé, no es de suyo 
sino una sencilla disposición natural para él. 

p]sta solución á la propuesta dificultad es la 
que explica también las palabras de Mr. Mallock 
cuando, después de haber hecho la apología de 
la Iglesia Católica, dice: "es posible que veamos 
todo esto á la vez que nos sentimos incapaces de 
ir adelante." "Con todo esa nuestra incapaci- 
dad, prosigue, no quita nada ni á la verdad de 
cuanto llevo demostrado, ni al provecho de una 
exacta consideración sobre un tal asunto. Cual- 
quier defensa en favor de la Iglesia Romana es 
para muchos una cosa desagradable; pero no es 
decoroso acomodarse á tan baja é insolente 
preocupación. La Iglesia Romana existe, y 
existe como una potencia en el mundo; y es en 
todo caso importante valuar debidamente su 
fuerza, sea que ella es un enemigo que háse de 
abatir, sea que es un salvador á quien es conve- 
niente adherirse (the Román Church exists. and 
exists as a poiüer in the i/jorld; and wheiher che be 
an enemy to be destroyed, or a saviour to be ching 
to, it is eaualhj important that we shoidd estímate, 



m 



-154- 



her full strength). Es una pérdida de tiempo él 
que nosotros los incrédulos empleemos todas 
nuestras fuerzas en contra del Protestantismo. 
Si juzgamos que el Cristianismo es una falsedad, 
y es causa de daño para la sociedad, combatá- 
moslo en su forma mas fuerte y mas coherente. 
La Iglesia no huirá de nuestros ataques, antes 
los solicitará. Mirad, parece que diga á sus ene- 
migos, lo que soy en realidad, y entonces aco- 
metedme como mejor os agrade y sepáis mejor." 



Un Modelo Divino. 



(Almanaque de los amigos de Pió IX) 

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que debe 
ser en todos tiempos pasto y espiritul medicina del 
alma cristiana, nos la propone la Iglesia de un mod© 
particular hoy y la próxima semana, última de las 
que preceden á la Semana Santa y sirven como de 
preparación para celebrar sus augustos misterios. 
Haced por sentir en vosotros, nos dice san Pablo, lo que 
en sí mismo sintió Jesucristo, el cual con ser Hijo de 
Dios. . . .anonadóse á sí mismo tomando la forma de es- 
clavo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de 
cruz. En estas palabras encontramos, por decirlo 
así, la fórmula mas concreta del fin que debe propo- 
nerse el cristiano al meditar los sublimes misterios 
de la pasión y muerte del Hombre-Dios. Reprodu- 
cir en sí mismo, en cierto modo, sus padecimientos, 
identificarse con él en cada palabra, en cada acción 
suya, recogiendo de paso lecciones y ejemplos de los 
cuales harto necesitada está nuestra alma para sobre- 
llevar digna y meritoriamente la pasión de esta vida. 
Porque pasión es y muy dolorosa la que aquí sufri- 
mos; no le faltan para ser tal las agonías de Getse- 
maní, ni las vejaciones de los fariseos, ni los azotes 
de la coluna, ni las espinas y sarcasmo del pretorio, 
ni la cruz ni la hiél y vinagre del Calvario. Solo 
nos falta casi siempre la mansedumbre, de nuestro 
diviuo modelo. Nos indignamos contra* la cruz sin 
atinar, necios de nosotros, á que con esto la hacemos 
muy mas pesada, ya que sea forzoso llevarla. Nos 
Lacemos frecuentemente la ilusión de que es posible 
convertir en lugar de delicias, en prado de bienestar 
y de placeres este que no es sino camino sangriento 
de tribulación y de penas, donde las llores pocas y 
mustias que crecen á la orilla están tintas en sangre 
y desgarran con sus espinas la mano del imprudente 
que se atrevió á cogerlas. ¿Cuándo logrará conven- 
cernos la religión, la historia, la experiencia ajena y 
la nuestra propia de que esto mundo no se ha hecho 
después del pecado para paraíso, sino para Cal- 
vario? 

Ved ahí lo que hemos de sacar de la Pasión del 
Salvador. Conocimiento de nuestro actual estado 
de peregrinación, de pasión y de cruz; mansedumbre, 
resignación, fortaleza para seguir con aliento y sin 
vacilar el áspero camino; esperanza finalmente para 
aguardar animosos al fin de él la gloria do la resur- 
rección eterna. 

Los Siete Dolores. 



En tus ojos, que envidia la aurora, 
Contemplo, Señora, 
Tu inmenso dolor; 



Y al sentir que ; tu espíritu gime, 

Mi pecho se oprime, 
Muriendo de amor. 

Ellos dicen que en rudo madero 

Cual manso Cordero 

Tu Bien morirá: 
No lamentes la fiel profecía, 

Pues tal agonía 

Su gloria será. 

Con tu Infante en el seno encubierto, 

Por vasto desierto 

Te lleva José: 
Nada temas de Herodes tirano: 

Su enojo inhumano 

Tu huella no ve. 

En Salem á tu Amado perdiste: 

Y tú, madre triste, 
Suspiras por El. 

Torna al templo: verásle triunfando, 

Y al pueblo enseñando 
La ley de Israel. 

¿No le ves con la cruz afrentosa? 

La turba gozosa 

Le befa al pasar. 
Deja, oh Madre, que cruce esa via: 

Por ella nos guia 

Su triunfo á gozar. 

Si entre mofa y escarnio insolente, 

Del leño pendiente 

Jesús espiró. 
Ve que en él á su influjo sagrado, 

La muerte ha cesado, 

La vida brotó. 

Ya bajaron al Dios Nazareno: 

Ya vuelve á tu seno 

Que sientes morir: 
Hoy tu llanto de amor congojoso, 

Cual óleo precioso, 

Su cuerpo ha de ungir. 

¡Sola estás! ¿quién comprende tu pena? 
La tierra está llena 
Cual tú de pesar; 

Y al rigor de tu duelo angustiada, 

De duelo embargada, 
No sabe llorar. 

Esa historia do afanes sin nombre, 

Por culpas del hombre 

Que da mal por bien, 
Van diciendo tus lánguidos ojos 

Que mustios y rojos 

De llanto se ven. 

¡Yo á tu planta me postro, María! 

¡Concédeme pía 

Qué en tí viva yo! 
¡Haz que pura tu lágrima ardiente 

Bautice mi frente 

Que el mal empañó! 

Antonio Aknao. 



155 



LA POBREGILLA DE CAS AMARE. 



( Oontinuacion — Pácj 143-144 .) 

La pobre María aun cuando habia conocido este cam- 
bio tan brusco de Flaminia y lo habia sentido porque 
esta tenia el bárbaro placer de manifestárselo con sus 
hechos, procuraba disimularlo por amor á Dios, bus- 
cando ocasiones de atraerle con su humildad y cari- 
cias; pero en vano, porque la ex-colegiala, no se dig- 
naba hablarla, y si alguna vez se veia precisada á 
hacerlo, se ingeniaba para que fuese envuelta alguna 
sátira en sus palabras y cuando no, alguna risa bur- 
lona ó mirada de desprecio. Si María trataba de ma- 
nifestarle cariño y de hacerle alguna confidencia para 
contentarla, ella la rechazaba con orgullo, la volvía la 
espalda ó le decia expresiones que obligaban á la in- 
feliz á retirarse humillada y á ocultar el semblante 
para que no viesen correr las lágrimas, que este cruel 
proceder la hacia derramar. 

— Decidme por favor ¿qué mal os he hecho yo pa- 
ra que os mostréis siempre enojada conmigS? — le 
preguntó un dia que le pareció menos adusta. 

— Nada malo, contestó esta secamente, ¡oh, no fal- 
taría otra cosa sino que vos me hicieseis mal! sí, ha- 
ced la prueba. 

— Entonces, ¿por qué no volvemos á ser amigas 
como antes? Si yo tal vez me he portado mal con 
vos, estoy pronta á daros mis escusas. Ea pues, Fla- 
minia, hagamos las paces. Dadme un beso. 

— ¡Uf, eso no! — murmuró rechazándola de sí con 
aire de despecho — Habéis llegado á serme tan anti- 
pática que no os puedo sufrir; id, guardad vuestros 
besos para Lucila; á ella le gustan mucho; yo no soy 
tonta. 

Hacia mediados de Mayo, la madre, el padre y 
principalmente su pequeña hermana notaron este 
cambio de humor en Flaminia; y á todos desagradó, 
principalmente á Trajano. — ¿Qué querrá significar 
esta gravedad de Flaminia con nuestra huerfanita? 
preguntaba él á Magdalena. 

— ¿Me lo preguntáis á mí? preguntádselo á ella; yo 
no leo en sus calendarios; pero debo avisaros que si 
por casualidad llega á hacerle un desprecio en pre- 
sencia mia, no se las prometo buenas. 

— ¡No faltaba mas! y yo te apoyaré. Quiero que en 
mi casa sea respetada de todos esa pobre criatura: y 
¡ay del que la toque un cabello! Flaminia, ¿eh? Fla- 
minia hará las paces con ella ó este será el dia en que 
le rompa la crisma. 

Pero no sucedió así. La picarona se hizo cargo de 
la determinación de su padre, conoció que era infle- 
xible en punto á que María Flora fuese bien tratada 
y aparentó reconciliarse con ella conteniendo los ím- 
petus de aborrecimiento que le inspiraba, procurando 
no disgustarla en presencia de sus padres, por mas 
que, cuando estos no lo observaban, continuaba mor- 
tificándola todo lo posible con amargas befas y calcu- 
lados desprecios. La otra desdichada en tanto calla- 
ba, y soportaba pacientemente sus insultos tanto mas 
amargos, cuanto mas ocultaba su aflicción y procuraba 
disimularla. Y sin embargo no recordaba haberla 
ofendido en nada ni aun indeliberadamente. ¿A qué 
pues tanta rabia, tanto encarnizamiento? 

Así las cosas, llegó la fiesta de S. Felipe Neri en la 
cual el Papa en aquel año, por primera vez desde su 
vuelta de Gaeta, era conducido en tren de gran gala 
desde el Vaticano al templo de Sfca. María de Valli- 
cella donde reposan las cenizas de este eximio Após- 
tol de Roma. Puede asegurarse que la ciudad entera 



se puso en movimiento para venerar al Pontífice á su 
paso y contemplar la extraordinaria magnificencia y 
aparato que en aquella ocasión desplegaba. El pue- 
blo romano se aprovechaba con regocijo de esta co- 
yuntura, para renovar en obsequio del Santo Padre, 
una de aquellas públicas demostraciones de cariño y 
de respeto por las cuales manifiesta Roma en estos 
liltimos tiempos su incorruptible fidelidad á la doble 
corona espiritual y temporal del Vicarío de Jesucris- 
to. 

A Magdalena no le faltaron palabras para obligar 
á su marido á asistir con toda la familia al suntuoso 
espectáculo de aquella pompa. Trajano, que habia 
roto de veras con el comité, por quien era considerado 
ya como miembro perdido, y que no perdonaba me- 
dio de mostrar públicamente una completa adhesión 
al Papa y á su causa (perseverancia debida á las re- 
petidas persuasiones de su mujer) no hizo mucha 
resistencia y se decidió á ir á la fiesta. 

No es este lugar oportuno para hacer una descrip- 
ción minuciosa de aquella marcha triunfal, que tal 
puede llamarse la ida y vuelta del soberano Pontífi- 
ce. Por todo el tránsito desde la plaza de Santa Mar- 
ta detrás del Vaticano hasta Santa Maria en Vallicel- 
la, los balcones y ventanas ostentaban magníficas 
colgaduras, banderolas, ramilletes de flores, festones 
de ramaje y otros adornos; un pueblo innumerable se 
disputábalos puestos por donde habia de pasarla 
comitiva ó los pagaba á alto precio. El cortejo pon- 
tificio caminaba lentamente entre la muchedumbre, 
que llevando banderas y estandartes blancos y ama- 
rillos se agrupaba, interrumpiendo las filas de la 
Guardia noble, en torno á la carroza en donde con 
semblante tranquilo y risueño iba el santo Padre 
bendiciendo á su pueblo. ¡Viva el Santo Padie! ¡Vi- 
va el Papa, Rey! ¡Viva Roma Sede del Vicario de 
Cristo! ¡Viva el Papa salud de Italia! ¡Viva el Vati- 
cano! ¡Santo Padre vuestra bendición salve á Roma! 
Tales eran las aclamaciones que en confusa gritería, 
salían de los labios de aquella multitud, que ebria do 
entusiasmo se agitaba al contemplar á su querido so- 
berano y primer Pontífice. 

¡Ah estas son escenas que consuelan ?1 corazón! 
bien diferentes de las bacanales del 1847 y 184S, pro- 
vocadas por los sectarios para hacer fuerza al Santo 
Padre y seducir á los sencillos! ¡Estos son los aplau- 
sos de los verdaderos cristianos! Esta es Roma la 
verdadera Roma, que anuncia al mundo que quiere 
estar bajo el dominio del Papa y con el Papa, que no 
quiere otro Rey que Pió IX y sus sucesores. Entién- 
danlo ó no lo entiendan los bogantes de Turin; este 
es nuestro sufragio: ¡Viva el Papa Rey! 

Aquel, que después de haber desfilado el acompa- 
ñamiento Pontificio por el Borgo nuevo, con voz en- 
ronquecida y el pecho anhelante de tanto gritar y 
corriendo gruesos lagrimones por sus mejillas, hacia 
resonar estas verdades á la entrada de la plaza Rus- 
ticensi entre un grupo de ciudadanos que las aproba- 
ban, no era otro que Trajano que no cabia en sí de 
gozo. Aquella mañana además de su cadena con la 
cruz de San Pedro llevaba al cuello una corbata con 
los colores papales y tenia en la mano un pañuelo 
semejante con el cual saludaba á todos los amigos. 
La mujer y la hija estaban con él y llevaban adornos 
blancos y amarillos en el cabello y en las manos pa- 
ñuelos de seda del mismo color que agitaban al pasar 
el coche de Pió IX. Magdalena habia traido consigo 
á su huérfana toda enlutada y la habia hecho colocar 
á la entrada de la referida plaza, á fin de que pudiese 
ver á la familia Real de Ñapóles, que se hallaba aso- 
mada á los balcones de Mazzochi, en cuya casa se 



156 



habian reunido. La joven agradeció muchísimo esta 
elección de sitio porque recibia gran consuelo con la 
vista de los príncipes y princesas de aquella dester- 
rada familia, en la cual no podía menos de fijar sus 
ojos llena al propio tiempo de compasión. Así per- 
maneció basta que vinieron á sacarla de su muda 
contemplación los batidores de caballería y el Porta 
cruz en su muía blanca. 

Después de dichas las palabras, arriba referidas, 
Trajano se separó de los circunstantes, dio el brazo á 
Flaminia y seguido de su esposa y de María Flora 
que llevaba de la mano á Lucila, que bailaba de gozo 
porque el Papa se habia detenido mirando hacia ella 
mientras bendecía desde la ventana de la carroza, se 
dirigió á la iglesia de Vallicelle á esperar el regreso 
del Santo Padre y aclamarlo de nuevo estrepitosa- 
mente. Conseguido esto se encaminaron á casa. Al 
llegar observó que su hija no estaba tan alegre como 
cuando salieron y que su semblante aparecía displi- 
cente y sombrío. — ¿Qué te ha pasado que te pone tan 
triste? — le preguntó. 

— Nada, — respondió la otra mordiéndose los labios. 

— Tu tienes algo que te molesta; — insistió su padre. 

— ¡Nada! os digo: — repitió ella alargando un palmo 
de hocico. 

Aquel bajó la cabeza y se encogió de hombros y 
no la preguntó mas. 

Habiendo entrado en el portal de la casa y al su- 
bir todos la escalera, Trajano se congratuló con su 
joven huéspeda de que le hubiese agradado la fiesta, 
y el buen hombre se gozaba de corazón al verla mas 
alegre y contenta de lo que acostumbraba en tanto 
que con afecto dulcemente maternal la acariciaba 
Magdalena. Flaminia viendo este cariño hacia Flora 
se puso lívida y le lanzó una mirada de hiena; y así 
que cada uno se retiró á su cuarto, corrió de repente 
en pos de la pobrecilla y sacudiéndola dos puntapiés, 
exclamó regañando, con un semblante de áspid: — ¡Ay 
de tí y de mí! en cuanto me retire á dejar el traje de 
fiesta. 

Este fué el principio de una guerra con cuya narra- 
ción no queremos entristecer el ánimo de nuestros 
lectores: na«die puede figurarse los malos tratamientos 
que desde aquel dia tuvo que sufrir la desventurada 
Flora por parte de Flaminia. Ni las amenazas del 
padre ni las reprehensiones de la madre, pudieron 
impedir, que por el mas leve pretexto desahogase su 
bestial crueldad sobre la pobrecita. Esta finalmente 
para librarse de tal persecucinn que }^a se la hacia 
insufrible, rogó al P. Eusebio que hiciese diligencias 
para que la admitiesen en un asilo de doncellas reca- 
tadas, en el cual podría sostenerse al menos dos años 
con el dinero que aun conservaba y de ese modo que- 
daria contenta Flaminia y volvería la paz á aquella 
casa en donde por su causa se habia turbado. — ¡Oh, 
esto no sucederá! — exclamó Trajano, irritándose al 
oir semejante propuesta. 

— Y ¿qué quieres que esta criatura muera mártir 
de los antojos de aquella? 

— Yo le amansaré los humos ¡yo le partiré los hue- 
sos á la malvada! pero no se dirá nunca que yo falté 
al juramento que hice al señor Peregrino. Esta jó- 
vencita ha de estar en mi casa. ¡Cáspita! Por ahora 
yo soy su padre v Magdalena su madre. No quiero 
consentir á otro. 

Y María Flora atribulada entre el yunque de esta 
voluntad irrevocable de Trajano y el martillo del ren- 
cor indomable de Flaminia, se refugió en Dios, que 
no abandona á los que á él acuden, y esperó en él el 
remedio de sus males que no podia hallar ni esperar 
en los hombros. 



LXVL 

Un dia de verano bajo los abrasadores rayos del 
sol de mediodía atravesaba á buen paso la larga calle 
en que vivia Trajano una elegante carroza que se de- 
tuvo delante de la easa de este. El lacayo saltó á 
tierra, abrió la portezuela, y asistió á una dama toda 
vestida de negro, que bajando con presteza del coche 
se puso á reconocer el número de la casa y pasaudo 
por la frentd su blanco pañuelo se internó seguida 
del lacayo en el portal y por la escalera. Mas al su- 
bir la respiración cemenzó á faltarle y tuvo necesidad 
de apoyarse en el pasamano, como si temiera caerse. 
Al llegar al descanso en que estaba la puerta de la 
habitación de Trajano, cuyo nombre y apellido estaba 
grabado sobre una resplandeciente lámina de latón, 
cogió el cordón de la campanilla; pero después de un 
momento de incertidumbre. — Toma, dijo al lacayo 
entregándole una tarjeta; llama tú y en vez de anun- 
ciarme, presenta esta tarjeta. 

Así lo hizo el laca}-o; pero tiró con tanta fuerza del 
cordón, que la campanilla quedó sonando largo rato. 

— ¡Qué gente imprudente! ¿Si será el Emperador 
del Brasil? ¡Corred á abrir! se sintió que exclamaban 
con voz sonora de adentro. 

Sintiéronse luego lijeras pisadas y una voz aguda 
que preguntaba: — ¿Quién? 

— Servidor. 

Abrióse la puerta y apareció Lucila, que al ver 
aquel hombre con librea, se puso encendida como la 
grana. 

— Tomad esta tarjeta y decid que la señora queda 
esperando. 

La niña desapareció corriendo, y un momento des- 
pués se presentó Trajano abotonándose el gabán, que 
se habia puesto apresuradamente, porque cataba en 
mangas de camisa. Después de un nublado de cum- 
plidos y ceremonias introdujo á la señora en la sala 
de recibir, la hizo sentar en un sofá y continuó pro- 
curando desenredarse de la turbación en que lo ha- 
bia metido tan inesperada visita. 

— Don Trajano, dejemos á un lado los cumplidos, 
interrumpió la dama luego que hubo recobrado algún 
aliento; he recibido vuestras tres cartas con la de mi 
ahijada: por ellas os doy las gracias. ¿En dónde está 
esa infeliz criatura? Pero no; no tan pronto; quiero 
serenarme algún tanto ¡Oh, Dios mió! ¡qué sucesos! 
¡qué escenas! ¡qué trajedias! ¡Ah, D. Trajano! vos, ¡ha- 
béis hecho una grande obra de caridad! No hay ovo 
en el mundo que pueda pagórosla; solo Dios. . . ¡Ah, 
infeliz de mí! perdonadme esta agitación. Yo me des- 
hago en deseos de abrazarla y al mismo tiempo no 
tengo valor para verla: yo sudo, yo ardo, yo me he- 
lo, yo tiemblo y todo á la vez. ¡Dios santo! ¡qué ca- 
tástrofe! ¡qué desgracia?! ¡Peregrino muerto! ¡Juana 
muerta! ¡Félix muerto! ¡el pequeñito muerto! y en 
cuatro meses! ¡Pobre ahijada mia, y ella vive aun! 
Dispensad, D. Trajano; si os parezco una delirante; 
no podréis formaros idea de la conmoción que agita 
mi corazón. ¡Ah, al fin estoy en la casa en donde se 
halla mi bella desventurada! Me la traeréis ahora 
para que la abrace, ¿no es verdad? 

A esta interrogación Trajano salió del estupor en 
que se hallaba contemplando á la dama y con disimu- 
lo mal encubierto Pero, señora; contestó; es nece- 
sario que descanséis algún rato. 



( Se continuará.) 



• 3 -n. «HgM« X - 



Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N 



* J.YJL» 



5 de Abril de 1879. 



SUMARIO. 

Ceónioa GekekíI; —Sección Piídos i.: Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Semana — La Semana Santa — Actualidades: — Ofren- 
das del Padre Santo — Temor de El Espejo — Mñr. Desprez— Buenas 
noticias de Alemania —Méjico y el Vaticano — Los muertos que es- 
criben — El argumento ad hominem de la Revista Evangélica— Re- 
cuerdo á los Comunicantes — Los estudiantes en América— Manejos 
masónicos — Un artículo del Cardenal Manning— El Sectarianism 
sus males, sus causas y modo de curarlos— Una Misión en la Mesi- 
lla (Comunicado) — Los castigos de Dios — San José (Comunicado) — 
Las lágrimas de Jesús — A la muerte de Jesús — La Pobrecilla de 
Casamari — 



Los CSbImos. — Dutch Flat, Marzo 2. — Como 
resultado de la desaprobación de la ley contra los 
chinos, por el Presidente Hayes, hasta la última casa 
de chinos fué incendiada anoche. 

El efecto producido por el veto del Presidente ha 
sido una general exasperación en California por parte 
de los Americanos. Hubo una junta en San José, en 
la que se resolvió que se renovaran los esfuerzos de 
los representantes del Estado, para que fuese aproba- 
do el bilí, con amenazas de que, si no se lograre el 
efecto, se pondrían en juego todos los medios, para 
expulsar á los Chinos de buena ó mala gana. Ade- 
más, se determinó que dentro de cuatro años todos 
los chinos debían salir del Estado, so pena de ver 
confiscadas sus propiedades. Todos los que los em- 
pleen serán culpables de felonía, etc. 

Acerca de la inmigración de los Chinos, refiere el 



Cathdic 



ror que el primer Chino llegó á San Fran- 



cisco en 1847; que él manifestó por cartas á los de su 
país las riquezas minerales de California, lo que mo- 
tivó una expedición de buen número de sus compa- 
triotas. En 1852 se contaban de 3,000 á 4,000 los 
recien llegados. Se estableció una compañía para 
regular la inmigración, y otras se formaron mas tar- 
de. Ahora la populación China en San Francisco 
llega al número de 30,000; comprende 2,000 mujeres: 
7,000 criados; 5,000, empleados en las fábricas de pu- 
ros; los demás tienen diferentes ocupaciones. 

Cosa vea-si ©ases.— El Padre Stone, Pasionista, 
refiere que en la noche del 24 de Diciembre, un caba- 
llero de Boston, oyó en su cama un ruido de gente 
que acudía en tropel, se asomó y la curiosidad lo de- 
cidió á seguir á los transeúntes. Llegó con ellos á 
una Iglesia, y asistió á la función de Noche-Buena. 
La ceremonia hizo tal impresión sobre su espíiátu, 
que se decidió á dejarse instruir, y fué después admi- 
tido en el seno de la Iglesia. 

«Ica'Sír-ijaaáa eclesiástica. — Han sido estable- 
cidas otras dos Iglesias Patriarcales, las ele Babilonia 
y de Antioquía: Cuatro metropolitanas: dos Arzobis- 
pales i. p. i.: diez y seis catedrales: ocho obispados 
i. p. i.: un monasterio de "Wettiugen Mehreran de la 
Orden Cisterciense en Suiza y en Austria. 



Southwark y Birmingham en Inglaterra están para 
ser nombradas como nuevas diócesis, para que el cui- 
dado siempre creciente de los numerosos católicos 
pueda ser mejor atendido y mas fácilmente desempe- 
ñado. 

y'iej'os-católicos.-Los do 3 estudiantes, que que- 
daban de la facultad de Teología en Bona, han vuel- 
to al catolicismo. De este modo los once profesores 
de la facultad verán muy pronto en sus catádras que 
solo asisten los bancos vacíos. 

MilB'Ié el 1G de Marzo en el Colegio de Wood- 
stock, Md., el Bev. Thomas McDimough, S. J., á la 
edad de 49 años. Como sus trabajos le hicieron co- 
nocer y apreciar de muchos, así lia sido grande el 
sentimiento de su pérdida. El. 9. ÍP. 

SsegesSisi. — Las últimas noticias del desastre de 
esta ciudad por la inundación dan los siguientes da- 
tos. De 9,700 casas, que componen la ciudad solo 
quedan todavía en pié 261, las demás se han desplo- 
mado — Los que han perecido llegan á 1,900 — Las 
pérdidas materiales forman la suma de £1,500.000 — 
El Emperador fué á visitar el lugar del desastre. 

En el Hotel Húngaro se ha verificado una reunión 
de Húngaros y de otros extranjeros para tomar unas 
resoluciones en alivio de los desdichados habitantes 
de Szegedin. Se propusieron algunas diversiones pú- 
blicas, entre ellas un concierto de las Sociedades mú- 
sicas de Alemania juntas, y una representación dra- 
mática en la Academia de miísica. Se formó un co- 
mité para recibir suscriciones bajo la presidencia de 
Oswald Ottendorfer, y fué nombrado tesorero el Sr, 
August Belmont. 

tos Ingleses en las Indias. — El Bey de 
Burmah ha manifestado sus intenciones, pacíficas á 
los Ingleses, residentes en Mandalay. 

El origen de las hostilidades entre los de Burmah 
y los Ingleses, residentes en Mandalay, fué el haber 
estos rehusado de entregar dos príncipes reales y sus 
familias, que se refugiaron entre ellos. El Bey de 
Burmah, que parece un loco cuando se embriaga, 
animado por unos fanáticos partidarios, amenaza de 
forzar la residencia de los Ingleses. Esta actitud del 
gobierno, créese, será la señal de una general carni- 
cería de los ciudadanos. 

Alborotos esa Colfax. — Según noticias parti- 
culares, en los últimos días ha habido un conflicto en 
ese lugar, por motivo de querer refrenar unos desór- 
denes. Los pormenores no nos son todavía bien co- 
nocidos: solo se nos asegura que ha tenido lugar la 
muerte de un Alguaeil diputado, la herida del Algua- 
cil Mayor y la muerte de otra persona particular. 

Pea-aoílissaao caíóíñeo. — El Padre Massari, 
editor del Osservatore Cattólico de Milán, dijo en una 
reunión de los periodistas tenida últimamonte en Bo- 
ma, que era muy necesario á todos los escritores de 
su categoría usar de toda la reserva y ser muy exac- 



,-íj-.- ~.«»-v«*e 



158 



«5-»,,^ -«~i-— r w,i , AI-..HM.-JH n o»^y -^V W!J » ; i « L*Jf "S it«»P»»y>¡ >W I W . .Jm i ' .! i- H) i < fjju A i Hj j «Jij i lJH« sB l «?t»»<WBF Ji» < > n m » 



)W 



tos eu las noticias que publiquen. Esto parece muy 
sencillo en teoría, pero atendidas las circunstancias 
presentes, puede suceder que pronto sea difícil en 
práctica. 

€Mro pa"o¡esí sanie. — Escribía este: Al Sr. Edi- 
tor del Sun. Yo he leido en su número de ayer una 
carta de un "Protestante," en la que manifestaba que 
tenia $50, para ofrecerlos al Obispo Purcell. Yo soy 
también un Protestante y ofrezco la misma suma con 
el mismo fin. Conozco también muclios otros, que 
están dispuestos á imitar este ejemplo; de modo que 
los Católicos romanos pueden con confianza dar prin- 
cipio á sus intenciones. C. W. Browne, Brooldyn. 

Sigue otra ofrenda presentada en estos términos: 
lie leido en el Sun de ayer la bella carta del Sr. C. W. 
Browne, que ofrecía $50 para disminuir la deuda del 
Arzobispo Purcell. Movida por la nobleza de ese acto 
y el digno objeto que se propone, yo también ofrezco 
utros $50. Sophia McSweeney. Rahway, N. J. 16 de 
Marzo. 

Murió el Sábado 22 del pasado la Señorita Fran- 
cisca Gabriela C. de Baca, á la tierna edad de 11 
años, habiendo recibido todos los auxilios de la Reli- 
gión. Era hija del difunto D. Tomás C. de Baca y 
Doña Gertrudis Lucero. Damos el mas sentido pé- 
same á su doliente familia. 

El F. Newman. — Mucho se ha hablado y se 
habla de la próxima promoción del P. Newman al 
Cardenalato. Algo de cierto se sabrá cuando se cele- 
bre el futuro Consistorio. Solo pondremos aquí una 
carta de dicho Padre, dirigida al Papa, en la cual pa- 
rece declinar este honor. Dice así: "Yo tengo 80 
años de edad, y no conozco ningún idioma extranje- 
ro, y por lo tanto me creo incompetente para ser pro- 
movido al alto puesto que se me ofrece; además no 
puedo viajar. Yo no deseo ni rechazo el honor que 
quiere Vuestra Santidad conferirme. Lo que Tínica- 
mente puedo es servir á la Iglesia Romana y á su Je- 
fe con la mas exacta obediencia. 

Deshielo. — Las nieves acumuladas á cuatro mi- 
llas al oeste de Lock Ha ven, en la noche del 12 de 
Marzo hacia las 10, se resolvieron produciendo un 
torrente furioso, que arrastraba cuanto se oponía á 
su paso. Llegadas al puente del ferro carril de Queen 
Run se detuvieron, y en pocos minutos subió el agua 
hasta la altura de cuatro pies. A las once llegaba el 
agua á la ciudad produciendo unas muy considerables 
pérdidas. 

ILa Pesie no ha desaparecido todavía. El 24 del 
pasado el General Melikotf volvía á Witliantanka, 
donde debían ser quemadas unas sesenta y siete ca- 
sas, del valor de 45,210 rublos. El Ministro del inte- 
rior ha mandado á la municipalidad de las diferentes 
provincias la mas exacta vigilancia, para impedir la 
propagación del contagio. 

Méjico. — Un despacho de San Diego con la fecha 
del 22 anuncia que en Sonora el Sr. Serna se halla- 
ba en posesión de Alamos, Guaymas, Altar y Magda- 
lena; Mariscal tenia Hermosillo, Wyes y Blanco. El 
Presidente está en favor de Serna. 

Pinto, el explorador portugués que ha atravesado 
el África, anuncia por el telégrafo: "he tenido que 
combatir con el hambre, la sed, los indígenas, las 
inundaciones y las corrientes. He podido salvar todos 
mis papeles, veinte mapas, tres volúmenes de apun- 
tes meteréológicos, dibujos y un diario de todas mis 
exploraciones en el alto Zambasi, con sus setenta y 
dos cataratas. 

Iííí pena de muerte ha sido restablecida en 
Suiza por el Consejo tenido en Berna; los votos fue- 
ron 27 en favor y 15 contrarios. 



í\ieve amarilla, — La víspera de S. Patricio en 
Reading se vio el fenómeno de una nevada de color 
amarillo; lo que ha excitado la maravilla de todos y 
motivado los disparates de muchos; hasta ha habido 
quien lo tomara por un presagio fatal. Sin meternos 
en dar las explicaciones mas ó menos probables, nos 
limitaremos á recordar que Saussure observó una 
nieve colorada en Bravan en 1760, y en el monte S. 
Bernardo; el Capitán Ross también la observó en la 
Bahía de Baffin en 1778; como también Parry y 
Franklin en sus viajes al Norte. 

Primera Comunión. — El Domingo pasado, 
30 de Marzo, fué un dia de extraordinaria fiesta para 
Las Vegas. Los niños del Colegio de Las Vegas y 
las niñas del Convento de las Hermanas de Loreto 
hicieron una comunión general, que por algunos de 
ellos y ellas era la primera. A las S}¿ todos se halla- 
ban en la Iglesia, á la que acudió tanta gente que el 
grande edificio quedó lleno de bote en bote. El orden 
que se guardó no fué lo que impresionó menos á los 
asistentes. El Cura-Párroco, Rev. Coudert, celebró 
la Misa, el Rev. P. S. Personé pronunció el discurso. 
Después del cual los niños de un lado y las niñas del 
otro, que hacían su primera comunión, se acercaron 
á la sagrada mesa. Sigueron después muchos de los 
Padres y parientes de los niños. La general admira- 
ción se veia pintada en todos los rostros. A las tres 
de la tarde se cantaron las Vísperas, asistiendo todos 
los niños. El P. Coudeít oficiaba asistido de los RR. 
Martin y Tomassini. Acabado el canto del Magnífi- 
cat, el P. S. Personé exhortó á los niños y niñas de 
primera comunión, para prepararlos á la renovación 
de las promesas del Bautismo. Entonces estos se 
acercaron de cuatro en cuatro, pronunciando la fór- 
mula, puesta la mano sobre el Misal. Se dio fin á la 
ceremonia con la Bendición solemne del Divinísimo. 
Todos se sintieron satisfechos y agradecidos para con 
su digno Párroco, por la dicha que habia suministra- 
do á estos niños. 

WA Rey Alfonso, según se dice, está en tratati- 
vas de matrimonio con la Princesa María, hija del 
Conde de París. Se han hecho averiguaciones en Pa- 
rís y en Madrid en los círculos mas autorizados, de 
los que no se saca ninguna noticia cierta, solo se cree 
que no sea improbable el tal enlace. 

Paul de Casagnae, tantas veces elegido y otras 
tantas rechazado del Consejo, finalmente ha visto 
ratificada por la Cámara de diputados su elección. 

Kl C'óaisíil americano en Roma fué hallado 
en una de las calles en un estado de embriaguez, en 
el pasado carnaval. Un hombre de policía lo ai'restó 
y llevó á la cárcel. Fué avisado al Ministro de los 
Estados Unidos, para que instituyera el examen del 
detenido. 

Nuevo periódico español. — Los Sres: Louis 
y Salazar, que tienen su aviso en una columna de 
nuestro Boletín de Anuncios, se proponen publicar muy 
en breve un periódico enteramente español, en esta 
plaza. Les deseamos que encuentren una buena aco- 
gida de parte del pueblo, que ellos se proponen poner 
al corriente de los acontecimientos del dia. 

Mas mucWos. — Dos cuerpos fueron hallados, 
los dias pasados, en una acequia cerca de Las Pie- 
dras, unas 26 millas al Sur de Conejos. Créese que 
sean los de A. D. Fisk y A. C. Ilorton que estuvieron 
en casa de Perry, eu la, Alamosa, el 20 del pasado 
Enero. Salieron ellos á caballo, y enviaron su male- 
ta por el exprés á Santa Fe. 



-150- 



SECCION PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo do Septuagésima, 9 Febrero. — Miércoles de Ceniza, 26 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. —Corpus Christi, 
12 Junio.— Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENDARIO DE LA SEMANA. 
ABRIL 6-12. 

6. Domingo de Hamos. La entrada triunfal del Señor en Jerusa- 
lén. San Sixto I, papa y mr. San Celestino, papa y conf. 

7. Lunes. San Epifanio, obispo y mártir. 

8. Martes. San Alberto el Grande, ob. y conf. Santa Macaría, 
mártir. 

9. Miércoles. San Demetrio, mártir. Santa María Cléofe. 

10. Jueves Santo. La Cena del Señor, é institución de la Santísima 
Eucaristía. San Ezequiel, profeta. 

11. Viernes Suido. La Crucifixión y Muerte del Señor. San León el 
Grande, Papa, Doctor y Confesor. Santa Florencia, vg. y mr. 

12. Salado Santo. La Virgen de la Soledad. San Julio, Papa y 
Confesor. 

LA SEMANA SANTA. 

Entre todas las semanas del año, esta sola, que 
precede la fiesta de la Resurrección del Señor, lláma- 
se Santa, á causa de los grandes misterios que se 
obraron en ella: la institución del Santísimo Sacra- 
mento de la Eucaristía, la Pasión, y la muerte del 
Señor y su gloriosa Resurrección. En esta semana 
se observan unas ceremonias particulares, y son una 
reliquia de la antigüedad que la Iglesia lia juzgado á 
propósito guardar en este tiempo. El Miércoles, Jue- 
ves y Viernes se canta el oficio hacia el anochecer, y 
se llama tinieblas, porque antiguamente se celebra- 
ba la noche. Durante este oficio se coloca delante 
del altar un candelero triangular sobre el cual se po- 
nen muchos cirios, y se apagan el uno después del 
otro al fin de cada salmo. Antiguamente no se po- 
nían candeleros sobre los altares: en las fiestas piin- 
cipales el oficio de la noche duraba hasta que fuese 
dia, y al paso que iba amaneciendo se apagaban los 
cirios. Se ha conservado esta ceremonia, como que 
los cirios que se apagan el uno después del otro son 
una imagen de los Ap5stoles que huyeron de Jesu- 
cristo en el tiempo de su Pasión. Se apagan las 
lámparas al concluirse el cántico Benedictas, como 
antiguamente se apagaban al acabarse el oficio, 
cuando se acostumbraba guardar el Santísimo Sa- 
cramento en una capilla ó sacristía. Durante el Be- 
nedictus, se toma el cirio mas alto del candelero trian- 
gular, y se esconde detrás del altar, para encender 
después la lámpara que debe arder delante del San- 
tísimo Sacramento, y para que sea una señal de la 
muerte de Jesucristo, que escondió tan completa- 
mente su divinidad en estos dias. Luego se vuelve á 
descubrir el cirio encendido, para representar la re- 
surrección del Salvador. El ruido que se hace en el 
coro, acabado el oficio de los tres dias, manifiesta la 
confusión de que se llenó toda la tierra en la muerto 
del Señor; y los altares que antiguamente se desnu- 
daban todos los dias, concluido el sacrificio, se des- 
nudan durante estos tres dias, para recordarnos que 
Jesucristo figurado por el altar, fué desnudado de 
sus vestidos en el tiempo de su Pasión. Para pasar 
cristianamente la Semana Santa convendría: 1. Ayu- 
nar mas de lo ordinario: 2. Orar con mayor afecto y 
perseverancia: 3. Disponerse para recibir les Sacra- 
mentos de la Penitencia y Eucaristía: 4 Asistir á 
los oficios de las iglesias, ó contemplar privadamente 
los misterios que se celebran ( 



JUJ 



En la reunión de los periodistas Católicos en 
el Vaticano, el Comendador Stéfano Margotti 
presento' al Padre Santo la suma de 27.000 liras 
recogidas para el Dinero de San Pedro, en muy 
breve tiempo por EUnitá Gaitolica. Ofreció ade- 
más varios objetos preciosos, y entre ellos una 
moneda de oro de la antigua República de Ve- 
necia, acuñada cuando las monedas de oro muy 
puro manifestaban la purísima fé de las naciones 
Católicas. La moneda, llamada osella, es ofrenda 
del Sr. Francesco Cardin Fontana, Presidente 
de la Asociación Católica de Padua quien acom- 
pañó su hermoso don con una carta al redactor 
de EUnitá, en la que dice: "Haga Dios que 
nuestra infelicísima Italia se dedique á aquella 
veraz libertad civil de la que disfrutaban nues- 
tros padres cuando grababan sobre su moneda 
la imagen del Redentor del mundo, Rey de Re- 
yes y Señor de Señores! A aquellos buenos y 
valientes antepasados nuestros les bastaba un 
solo dueño, y preferían tenerle en el cielo. Se- 
ñor poderoso } T Padre amante; y cabalmente 
porque servían á un solo dueño celestial, podían 
jactarse de no servir á ningún dueño terreno, y 
de ser verdaderamente libres, de hecho, que no 
de palabra." — La osella ofrecida al Papa repre- 
senta por un laclo la imagen del Salvador del 
mundo con esta inscripción alrededor: "Sit tibí, 
Christe, datas quem regís iste Ducaius — Sea en- 
tregado ;í vos, ó Jesús, este Ducado que vos go- 
bernáis." En el revés está el nombre del Dux, 
ó primer Magistrado, y su efigie, en el acto de 
recibir de rodillas la bandera de San Marcos 
Patrono de la República, con el ¡note Sanctus 
Marcus. "Nuestros antiguos padres y nuestras 
gloriosas Repúblicas," dice EUnitá "eran ente- 
ramente de Jesucristo. ***La libertad moderna, 
de que gozamos ahora nosotros los italianos, es- 
tá á la libertad antigua, como el papel do estra- 
za que nos sirve ahora de moneda está al oso 
puro de las antiguas monedas italianas." 



A nuestro amigo El Espejo le amedrenta y 
espanta, la idea del infierno: pues de solo sospe- 
char que es él uno de aquellos Católicos "inte- 
ligentes y progresistas," que no andan por el 
buen camino del cielo, concluye que ya no hay 
esperanza para él, sino que está despachado 
irreparablemente para el infierno. Esta deses- 
peración es efecto de sobrado temor. Tema sí, 
mas no desespere, y entonces su temor será 
nuestra consolación: porque, "Bueno y útil es 
este temor con que teme el hombre no sea en- 
viado al infierno," dice San Agustín. 



Parec3 ya cosa cierta la próxima promoc¡/ n 



-160- 



al Cardenalato de Monseñor Desprez, Arzobispo 
de Tolosa; de Monseñor Pie, Obispo de Poitiers; 
y del Padre Juan Enrique Newman, miembro 
de la Congregación de S. Felipe en Londres. 
De los tres el que llama más la atención es este 
último, por haber pertenecido en otro tiempo a 
la comunión anglicana, y contribuido muellísimo 
á aquel gran movimiento en favor del Catolicis- 
mo que obsérvase en Inglaterra desde su con- 
versión á la verdadera fé. Juan Enrique New- 
man nació" en 1801 y abandonó la iglesia protes- 
tante en 1845. Siendo todavía disidente fue 
considerado como el jefe de la escuela de Oxford; 
y en 183G tomó parte con el Doctor Pusey a la 
famosa publicación délos Tracts for the times. 
Su conversión al Catolicismo precedió de solos 
cinco años la del Cardenal Manning. Las obras 
mas célebres dadas á luz por el ilustre conver- 
tido son las siguientes: "Cartas sobre algunos 
escrúpulos," 1850; "Discursos á las Congrega- 
ciones mixtas;" "Desarrollo de la doctrina cris- 
tiana," 1847; "Discurso sobre la teoría de la fe 
religiosa," 1850; "Discursos predicados en el 
Oratorio," 1850; "Pérdida y ganancia," óseahis- 
toria de un convertido, 1859; "Calixta," historia 
del siglo tercero de la Iglesia, 1859; "El Angli- 
canismo y el Catolicismo," ó sea la historia de 
sus opiniones religiosas, etc.— En un meeting de 
la Union Católica de la Gran Bretaña, juntado 
en ocasión de la fausta noticia, fueron tomadas 
las resoluciones que ponemos á continuación: 1. 
Que la Union Católica de la Gran Bretaña ha 
recibido con júbilo la noticia de que Su Santidad, 
el Papa León XIII, haya determinado de confe- 
rir al Rev. Juan Enrique Newman la dignidad 
de Cardenal de la Santa Iglesia Romana; 2. 
Oue la Union Católica expresa el homenaje de 
su más entrañable gratitud por el honor conce- 
dido á un personaje que es apreciado sobrema- 
nera por los Católicos del Imperio británico; 3. 
Que le sea permitido á la Union Católica de 
congratularse respetosamente con el Doctor 
Newman por el espléndido testimonio, conque 
la Santa Sede reconoce los eminentes servicios 
que él ha hecho á la Iglesia. La moción tuvo 
por autor al Duque de Norfolk, quien fué secun- 
dado por el Marqués de Ripon. 



Una muy consoladora noticia nos traen los 
periódicos de Europa, pues ella nos anima con 
la esperanza de que amanecerán dias mas feli- 
ces para nuestros correligionarios del Imperio 
alemán. La (hrmania pues, diario católico de 
Berlin, nos asegura que han sido cumplidos los 
deseos' de las Señoras católicas en favor de los 
monasterios de Ahnveilcr y Nonnenwerth. 
Esos conventos habian ya sido sentenciados por 
el Ministro Falk, y debían subir la suerte de los 
demás en el próximo Mayo. El Emperador 



Guillermo acogió benignamente la petición que 
le fué presentada, decretando que aquellos dos 
institutos católicos sigan impartiendo el benefi- 
cio de una sana y esmerada educación a la ju- 
ventud. 



¡Si hablarán los muertos! De una parte del 
Territorio, que no queremos nombrar, nos han 
enviado uu papelito, asegurándonos que fué es- 
crito por un habitante del otro mundo; y no de 
aquel otro mundo, que se llama Mundo Viejo, 
para distinguirle de este Mundo Nuevo donde 
vivimos nosotros; sino que del mundo de Jos 
espíritus adonde van todos los que hacen la sim- 
pleza de morirse. Dicen pues que en cierto pa- 
raje del Nuevo Méjico se murió un joven. Cuan- 
do estuvo enterrado, se vio su nombre, escrito en 
su misma e idéntica letra, sobre un vidrio de 
una ventana. Horripilados á tal visión los pa- 
rientes ó amigos, quisieron borrar el escrito; 
pero por más que trabajaran .en ello, les fue im- 
posible. Dieron, pues, en la cuenta que quiza 
el muerto pedia algo, y convinieron en propor- 
cionarle los medios de manifestar sus necesida- 
des ó deseos. Pusieron en un cuarto papel, 
tinta y pluma: cerraron el cuarto con llave y se 
la llevaron diciendo: Si el muerto quiere algo, 
que venga allí á escribirlo. Al dia siguiente 
fueron abrieron el cuarto, lanzáronse sobre el 
papel y ¡oh estupor! vieron escrito, en la mis- 
ma letra del difunto, el siguiente enigmático 
documento: 

Sodi doamn euq sebia 
a h ueq amyp neatm 
ed sus esdadlarn no si 
le loadi garáe noc osodto 
M. B. 

¡Señor' y qué seria eso? qué lengua habló el 
muerto? Lee que relee: imposible adivinarlo, 
ni descifrar una sola palabra. Ayer, pues; 
enviarlo á la Revista: quizá sabrán allí esa len- 
gua endiablada. . 

Pues nada señores, pierdan cuidado y reco- 
bren aliento.' El escrito no es de un muerto: 
sino de un vivo, muy vivo. La lengua no es 
extraña ni desconocida: sino castellano puro. 
Veis que las letras las conocéis todas 1 ues 
bien- en vez de leerlas en el mismo orden, que 
guardan en el escrito del muerto, leedlas en o- 
tro orden, su orden natural y propio, y tendréis 
lo siguiente: 

Dios mandó <¡ne ahise 

á h(ermanos) am(igos) y p( arantes J que teman 

de sus maldades sino 

el diafbjlo carga con todos. 
{ ' M. ./>'. 

El escrito es un simple logogrifo. que consiste 
cncombiuar de diferentes modos las letras de una 



161- 



palabra, de modo que resulten otras palabras 
ininteligibles o difíciles de comprender. Solo 
que en la primera linea el muerto escribió' alise 
con b en vez de v: señal que ni en el otro mundo 
aprendió ortografía. En la segunda línea la h 
debe estar probablemente por hermanos; amyp 
estará por am y p, ósea, verisímilmente, amigos 
y parientes; y el ueq, ó que, puesto antes de amyp, 
debe estar después. En la cuarta línea el muer- 
to se olvidó de ponerle un b al diablo y did á 
todos una o de sobra. 



No es menester ser muy erudito ni muy dies- 
tro en manejar el argumentum ad hominem para 
responder al zonzo disparatorio de cierta Revis- 
ta; á menos que por argumentum ad hominem se 
entendiere aquel que d ícese haber usado el Cura 
de Trepisonda para con unos díscolos taramba- 
nas. Dieron en picarse de Protestantismo al- 
gunos mozuelos de su feligresía. El Señor Cura 
á los principios comenzó á instruirles de buena 
fé y con caridad. Mas notando después que los 
sabiondos del villorrio se multiplicaban y enso- 
berbecían al paso que crecían las instrucciones, 
cayó por fin en la cuenta de que algo podia va- 
lerle el báculo de su vejez. ¡Cosa admirable! A 
los cuatro ó cinco que probaron la virtud de a- 
quel nuevo argumento, no quedó en el lugar ni 
aun memoria de Luteranos ó Calvinistas. 



4»C » ^ » 



A fin de dar cabida á los dos Comunicados de 
La Mesilla y de Mora, nos hemos visto precisa- 
dos á retirar esta semana otra materia original. 
Y yaque se nos presenta la ocasión, recordare- 
mos á nuestros amigos y lectores lo que les te- 
nemos dicho _ya varias veces, á saber que 

l°Nos reservárnosla entera libertad de publi- 
car ó no publicar lo que se nos comunica, sin 
obligarnos á dar razón de nuestra conducta. 

2 o Los comunicantes nos beben ser conocidos, 
y si prefieren ellos que no se publique su nom- 
bre juntamente con su escrito, deben prevenir- 
nos. 

3 o En ningún caso nos obligamos á devolver 
los manuscritos. 

Si todo corresponsal tuviese presente el pri- 
mero de esos puntos antes de remitirnos una 
pieza cualquiera, nadie se daria por ofendido al 
no ver comparecer sus producciones. Hay co- 
sas que, por buenas y bellas que sean, no las 
sufre el carácter de nuestra Revista, y hay otras 
que no son de un interés suficientemnte general. 
Los que no tienen confianza en la discreción y 
juicio de la redacción obrarán con más pruden- 
cia si tampoco le confiaren sus elucubracio- 
nes. 



Dice el Brooklyn Catholic Review: "Lo que 
se puede esperar de nuestros estudiantes de las 
escuelas superiores, lo indica el siguiente extrac- 
to del Tribune de Nueva York: 'Se calcula que 
de los 60,000 estudiantes de los Estados Uni- 
dos, solo 25.000 hacen profesión de Cristianis- 
mo, y son menos de 8,000 los que siguen alguna 
que otra práctica cristiana.' Esos cálculos ex- 
cluyen completamente los colegios católicos. 
Pero ¡vaya una muestra de la raza de hombres 
de los que hemos de sacar nuestros futuros es- 
tadistas, ministros, médicos, abogados, etc! La 
mayor parte de ellos ni pretende siquiera tener 
religión alguna, y donde no hay religión no hay 
moral, es conclusión muy acertada." 



Desde que en Bélgica subió ol poder la Maso- 
nería, sus Hermanos de Italia no cesaron de 
poner por obra todos los medios para lograr el 
retiro del Embajador Belga cerca de la Santa 
Sede. Ver siempre más aislado al Papa, men- 
guada su dignidad exterior, trabado el ejercicio 
de su apostólico ministerio, es el ardiente deseo 
del gobierno revolucionario y usurpador que co- 
locó su estancia en Roma. Pero sus prácticas 
con Bélgica, á lo menos por ahora, se redujeron 
á nada. El Ministro Fiére-Orban declaró en 
la Camarade Diputados Belgas que. después de 
una correspondencia entre su gobierno y la San- 
ta Sede, dirigida á la abolición de la Legación, 
se habia concluido que "el interés público exi- 
ge, por ahora, el mantenimiento del statu quo." 
Los sectarios italianos habian cifrado muchas y 
muy halagüeñas esperanzas sobre el buen éxito 
de sus diligencias. Sobre todo, se habían lison- 
jeado con que el gobierno gambeüista de Fran- 
cia no tardaría en imitar el ejemplo de los 
Grandes de Bélgica: todo se fué en humo. 



t^-«-o<-« 



El Cardenal de Westminster publicó reciente- 
mente en el Dublin Review un artículo sobre la 
acción y necesidades de la iglesia de Inglater- 
ra. El artículo contiene noticias estadísticas 
de muchísimo interés, en cuanto patentizan los 
adelantos de la misma Iglesia desde el año de 
1851, época en que Pió IX restableció la Jerar- 
quía eclesiástica de aquel país, hasta nuestros 
dias. Un prospecto de varias columnas indica 
los progresos según las varias diócesis, en que 
está dividida la Inglaterra. Los resultados ge- 
nerales son los siguientes. En 1851 habia en 
todas las diócesis un conjunto de 823 sacerdo- 
tes; en 1878, habia 1, 903. En 1851, existían 
583 entre iglesias y capillas públicas; en 1878, 
existían 1, 903. En 1851, habia 1G casas de Re- 
ligiosos y 59 ele Religiosas: en 1875, habia 55 
de las primeras, y 257 de las segundas. En 
1851. existían 10 colegios y 312 escuelas par- 



r 



-162- 



roquiales; en 1875, existían 20 de los unos y 
1,397 de las otras. En 1851, eran 20,308 los 
niños que frecuentaban las escuelas; en 1875, 
su número subía á 133.823. Estas cifras hablan 
de por sí, y atestiguan los reales adelantos de 
la Iglesia, á despecho de todos'jlos prejuicios, de 
todo el fanatismo, y de toda la oposición so- 
cial. 



■^ ■ o 



El "Sectaria 

J 



:" sus causas, sus niales, 
modo de curarlos. 



El número 33 del Weelcly Cincinnati Miquirer 
contiene la arenga que el Rev. T. DeWitt Tal- 
mage pronunció el dia 9 de Marzo en Broohlyn 
Tabernacle; es la primera después de su excur- 
sión apostólica al Oeste. El auditorio parece 
haber sido numerosísimo, y profunda la impre- 
sión causada en él por la palabra del orador. 

El sujeto de ese discurso que tenemos á la 
vista es una sentencia sobre el Sedarianism; to- 
mando por basa el texto de la epístola de S. 
Pablo á los Romanos: "cada uno obre según le 
dicte su conciencia," el que según la versión 
protestante se ha vuelto en estotro: "cada uno 
esté asegurado en su mismo ánimo" (XIV. 5). 
En dicho capítulo refiriéndose el Apóstol á la 
disputa que hubo entre los primeros Cristianos 
acerca de la circuncisión y de las demás obser- 
vancias mosaicas, trata de la caridad con que 
los fuertes en la fé deben soportar á los flacos, 
y unos y otros se deben edificar mutuamente, 
evitando el escandalizarse y considerando que 
Dios es el juez de todos. De aquí échase de ver 
con cuan poca lógica procede el Rev. Talmage, 
quien en virtud de las palabras citadas consti- 
tuyese desde luego el patrono de la mas amplia 
libertad de pensar; pretendiendo se miren del 
mismo modo todas las creencias religiosas, bien 
que la una discordare de la otra lo mismo que 
"la verdad del error, la luz de las tinieblas, el 
cielo del infierno." Si no queremos apartarnos 
do la enseñanza del Evangelio, también hemos 
de usar caridad para con los delincuentes y ex- 
traviados: ¿diremos por eso que Cristo nos 
manda no hacer diferencia ninguna entre el 
vicio y la virtud, entre el cumplimiento de la 
ley y su transgresión? Que así no se ha de bara- 
jar el negocio nos lo muestra la conducta tenida 
por los mismos Apóstoles en la contienda, á que 
hace relación el texto, alegado tan fuera de pro- 
pósito. En verdad, nadie ignora lo que hállase 
narrado en el capítulo quince de los "Hechos 
de los Apóstoles;" á saber que, acalorándose 
más y más la disputa, á pesar de la tolerancia 
caritativa de S. Pedro hacia los Judaizantes } T 
el celo de S. Pablo, á quien acusaban de par- 
cialidad en favor de los (¡¡entiles, se juzgó fuese 
menester para terminar la controversia una de- 



cisión solemne del Jcí'e de la Iglesia. Entonces 
celebróse en Jcrusalen el primero de los Con- 
cilios, que sirvió de modelo á todos los siguien- 
tes, y en donde después de un maduro examen 
concluyóse seria cosa ilícita imponer á los con- 
vertidos un yugo y una obligación que no era 
necesaria en sí para salvarse, ni aun respecto á 
los mismos Judíos. La determinación fué lleva- 
da por boca de S. Pedro, el cual, como cabeza 
de todos, habló por este tenor á los Apóstoles y 
presbíteros allí reunidos: "Bien sabéis que mu- 
cho tiempo hace fui yo escogido por Dios entre 
nosotros, para que los Gentiles oyesen de mi 
boca la palabra evangélica y creyesen, Y Dios 
que penetra los corazones, dio testimonio de 
esto, dándoles el Espíritu Santo, del mismo 
modo que á nosotros. Ni ha hecho diferencia 
entre ellos y nosotros (los Judíos), habiendo 
purificado con la fé sus corazones. Pues ¿por- 
qué ahora queréis tentar á Dios, con imponer 
sobre la cerviz de los discípulos un yugo, que 
ni nuestros padres ni nosotros hemos podido 
soportar? Pues nosotros creemos salvarnos úni- 
camente por la gracia de nuestro Señor Jesu- 
cristo, así como ellos." 

Puestas de este modo las cosas en su luz ver- 
dadera, es fácil deducir con cuanta razón haya 
podido el orador poner término á sus comenta- 
rios del texto susodicho, dando gracias á Dios 
por la diversidad de convicciones religiosas que 
reina hov entre los hombres; y dirigiéndose en 
seguida á sus oyeutes decirles: "Vosotros no 
podéis ver por mis ojos. Yo no puedo oir por 
vuestros oidos. Ningún hombre podrá dominar 
nuestras conciencias." Bien es verdad que el 
hombre no puede ver ni oir por otro, y que 
ningún hombre puede enseñorearse de la con- 
ciencia de su semejante; pero aun es verdad que 
el hombre puede y debe creer á su Dios, } r que 
el Criador es dueño absoluto de sus criaturas: 
tal es y no otro el fundamento de la ¡nflexibili- 
dad dogmática que el Rev. Talmage apellida 
Sedarianism, y de la cual gloríase muy en par- 
ticular la religión de nosotros los Católicos. Y 
con esto hacemos punto de la teoría general so- 
bre la indiferencia religiosa predicada en Brcok- 
lyn, pasando á examinar raudamente las cau- 
sas, los males, y el modo de curar lo que en 
jerga racionalista denótase con el nombre de 
Sedarianism. 

En cuanto á las causas, la primera señalada 
en la oración del Rev. Talmage, redúcese á las 
preocupaciones imbuidas con la educación. Los 
¡ladres de familia, según él, son los que ora di- 
recta, ora indirectamente acostumbran á su 
prole á mirar con desden toda otra religión que 
no es la suya propia. Muy lejos estamos de ne- 
gar el grande influjo que ejercen en lo restante 
de la vida las primeras ideas, así como los pri- 
meros sentimientos amamantados, por decir así, 



■163- 



con la leche de la infancia. Pero, si eso adúce- 
se como causa para explicar en general la exis- 
tencia del Sedarianism en el mundo, é indícase 
como un mal que debiérase combatir; le diremos 
al Sr. Ministro que, tal vez sin que él mismo se 
apercibiera, ha incurrido en aquel vicio de ra- 
zonamiento que los filósofos suelen llamar círcu- 
lo vicioso; el cual vicio se comete cuando se ex- 
plica una cosa por otra recíprocamente, y am- 
bas quedan sin explicación; como si se dijese: la 
tierra se mueve porque no se mueve el sol, y el 
sol no se mueve porque se mueve la tierra. Una 
educación sedarían ya supone el Sedarianism; 
luego no puede alegarse cual causa para expli- 
car la existencia de este. Si el padre de familia 
educa á su hijo de manera que con el tiempo 
venere una religión y reehaze otra; esto es pre- 
cisamente porque él mismo mientras considera 
la una como verdadera, repudia la otra como 
falsa. La segunda causa, según nuestro orador, 
del desprecio con que el hombre vitupera todas 
las demás iglesias diversas de la suya, está en 
que !a propia puede á veces hacer gala de una 
grandeza mundana que no poseen las otras. 
¡Cabeza de chorlito se necesita para decir desa- 
tinos de un tal jaez! En todo caso, sea lo que 
fuere de las demás creencias bajo este respecto, 
el motivo propuesto no hace de ningún modo al 
caso, cuando es cuestión del Sedarianism de 
nosotros los Católicos, quienes á preferencia de 
todos profesamos de ser inflexibles por lo que 
concierne á nuestros dogmas y á nuestra moral. 
Es cosa manifiesta que en vez de esa grandeza, 
ese lujo y esa profusión de placeres mundanos, 
nuestra religión intenta establecer la modera- 
ción, la humildad, la pobreza y la santa severi- 
dad de la Cruz. Es bien sabido que el ser hoy 
en día Católico es destinarse para la angustia, 
para la abnegación, para los peligros, el des- 
tierro, las injurias y la persecución. ¿Pues y 
qué? Por fin la tercera causa llevada en medio 
es aquella misma, á que acuden cuantos no co- 
nocen otro modo mas expedito para triunfar en 
uní disputa fuera del de tratar á su adversario co- 
mo un ignorante sin tomarse el trabajo de demos- 
trarlo. Sí señores: cuantas veces estoy persua- 
dido de la verdad de un dogma y por estar per- 
suadido de su verdad desecho el contrario como 
falso, soy un ignorante; asimismo como cuando, 
viendo claramente que un objetó es blanco, 
niego que es negro, y viceversa. Para que no 
se me culpe de ignorancia es menester que al 
mismo tiempo yo tenga por falsa y verdadera la 
misma doctrina, por buena y mala una misma 
moral. ¿Puede concebirse paradoja mas desa- 
forada? Y sin embargo esta, ni más ni menos, 
es la conclusión última del raciocinio del Rev. 
Talmage y de cuantos con él patrocinaren la 
indiferencia dogmática en materia de religión. 
Vamos adelante. 



Los males deplorados como consecuencia del 
Sedarianism se resumen en el obstáculo que se 
pone con él al triunfo de la Iglesia de Jesucris- 
to; ya que, conformemente á esa nueva teología, 
un credo exclusivo de otros impide que cada 
secta cumpla con su misión especial, y, por con- 
siguiente, que todos los creyentes se reúnan en 
santa concordia al rededor de la Cruz. ¿De ve- 
ras? Pues bien, que nadie ande equivocado: la 
victoria que únicamente desea la Iglesia de Je- 
sucristo, es que todos, así como fuimos llamados 
á una esperanza de nuestra vocación, así profe- 
semos que "uno es el Señor, una la fé, uno el 
bautismo," cooperando á "la edificación del 
cuerpo místico de Jesucristo; hasta que arribe- 
mos todos á la unidad de una misma fé, y de un 
mismo conocimiento del Hijo de Dios, al estado 
de un varón perfecto, á la medida de la edad 
perfecta, según la cual Cristo se ha de formar 
místicamente en nosotros" (Epist. de S. Pablo á 
los Efes. IV). 

¿Y de qué manera habrán de curarse esos su- 
puestos males del Sedarianism, como lo entien- 
de el Rev. Talmage? Oigamos á él mismo. 
"Abatiremos el Sedarianism insistiendo sobro 
todo en lo que todos admitimos, prescindiendo 
de lo que causa nuestras disensiones. Hé aquí 
la grande y vasta plataforma del Evangelio. 
Preséntase un hombre y dice: yo no creo el 
bautismo de los párvulos. ¿Tengo yo que recha- 
zar á este tal? Viene otro y dice: yo no creo la 
perseverancia de los santos. ¿Debo yo apartarme 
ele él? No.— ¿Cree Vcl. en Jesucristo? Sí.— En- 
tonces venga y seamos hermanos para siem- 
pre jamás. La plataforma del Evangelio es bas- 
tante ancha y todos pueden tener cabida en ella, 
con tal que confien en el Señor Jesucristo." 
Ante un rasgo de elocuencia tan arrebatadora 
se nos permita una sola pregunta con la que 
acabaremos. Si todo eso es verdad y como Vd. 
parece entenderlo, ¿qué liaremos en tal caso Sr. 
Ministro de aquellas palabras tan terminantes, 
con que Cristo encomendó á sus Apóstoles la 
misión para la cual les habia escogido? "A mí 
se me ha dado toda potestad en el cielo y en la 
tierra: id pues, é instruid á todas las naciones 
en el camino de la salud, bautizándolas en el 
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu 
Santo; enseñándolas á observar todas las cosas 
que yo os he mandado (San Mat. XXVIII). Ni 
esto es todo; sino que añade muy explícitamen- 
te: "el que creyere y se bautizare, se salvará; 
pero el que no creyere, será condenado 17 (Mar. 
XVI). Concluyamos, pues, que Cristo en crean- 
do su Iglesia no fundó una escuela científica, 
donde sea lícito á cada cual seguir el sistema 
que más le plugier'e; sino que estableció un rei- 
no en el que es indispensable obedecer so pena 
de perderse sin reparo. 



-164 



Una Misión en La Mesilla. 

(Comunicado). 

La Mesilla, N. M., 1G de Marzo, 1879. 

Acabamos de tener una misión en nuestra 
Parroquia, la que á instancias de nuestro digno 
y celoso Pastor, el Rev. Agustín Morin, fué pre- 
dicada por los Reverendos Padres D. Gasparri, 
de Albuquerque, y Pascual Toraassini, de La 
Junta. Desde algún tiempo el Señor Cura-pár- 
roco de La Mesilla sentía la necesidad de pro- 
porcionar á sus feligreses una buena ocasión de 
despertar su fé y reformar sus costumbres; y es 
de esperar que su empeño fué coronado con un 
éxito feliz. 

Se clió principio á la Misión el dia 9 del raes 
de Marzo, predicando los Misioneros tres veces 
al dia. Unos devotos cánticos, ejecutados hábil- 
mente, y otras prácticas piadosas, entrelazaban 
los ejercicios de la predicación. El concurso de 
la gente, no muy grande en un principio, fué 
creciendo de dia en dia hasta el último, en que 
la iglesia pareció ser demasiadamente angosta 
para contener la gran multitud dé pueblo, ávido 
de aprovecharse de las últimas palabras de los 
dos misioneros. 

El número de las personas que participaron 
de los Santos Sacramentos fué extraordinario, 
habiéndose acercado á la Mesa Eucarística la 
casi totalidad de los feligreses. 

El Jueves de la misma semana, dia 13, hubo 
la función de la primera Comunión de los niños, 
la que fué extremadamente tierna y conmove- 
dora. El Viernes se erigieron canónicamente 
las Estaciones del Via Crucis; y el Domingo hu- 
bo una Comunión general. 

Muchos escándalos fueron quitados con haber- 
se arreglado unos veinte matrimonios, y haber 
puesto término á un gran número de malas vidas 
públicas, las que desde veinte ó treinta años 
eran causa de desmoralización en medio del 
pueblo. 

Los últimos recuerdos de la Misión fueron da- 
dos el último dia, la mañana por el P. Tomassi- 
n¡, y la tarde por el P. Gasparri, quien dio al 
pueblo la bendición papal. Acabado este último 
ejercicio, subió al pulpito el Rev. Cura-párroco, 
y después de haber alabado al pueblo por la 
frecuencia consoladora con que habia acudido á 
la Misión, diu las gracias á los Padres misione- 
ros por sus esmerados trabajos. Una afectuosa 
escena fué presenciada en la misma Iglesia, 
cuando los Padres Gasparri y Tomassini, para 
despedirse de la gente, dieron á todos, cu la 
persona de su párroco, el abrazo de paz: piado- 
so recuerdo del abrazo que el Apóstol San Pa- 
blo dio* á los fieles de Mile'to, al separarse de 
ellos. Esto dio ocasión á los feligreses de La 
.Mesilla de acudir en gran número á la casa del 
Señor Cura, á lin de saludar por la postrera vez 



á los dos Misioneros y darles una última mues- 
tra de su afecto y veneración hacia ellos. 

Es de esperar que esta misión dejará en el 
valle de Mesilla un recuerdo duradero, y fecun- 
do en abundantes frutos de fé y virtudes cris- 
tianas. 

Los castigos de Dios. 



No solamente en Rusia flagela las poblacio- 
nes el azote terrible de la peste, sino también 
en el Brasil. La provincia de Ceará es teatro 
de dolorosos acontecimientos. Tras la seca y 
varias enfermedades producidas por ella, estalló 
Vd peste negra que hace de 1,000 á 1,500 vícti- 
mas por dia en un radio poblado. Se mantiene 
desde el año pasado, aunque no con la tremen- 
da violencia con que se desarrolla ahora. Cada 
dia que pasa son menores los recursos para 
combatir el mal y por consiguiente son mayores 
la miseria y el número de los inmolados por ¡a 
furia arrasadora de la peste. "Aquel no es so- 
lamente un peligro gravísimo para el Brasil," 
dice La Prensa de Buenos Aires, "sino también 
para toda la América. La peste, como las rá- 
fagas del viento, recorre inmensas distancias 
con la rapidez del relámpago. En un momento 
dado aquel terrible flagelo empezará á caminar 
al Sur por el litoral del Brasil, y ¿quién nos di- 
ce que no llegará á nuestra región, llenándonos 
de luto, de ruina y de espanto? 1 ' Consecuencia 
de la peste es la pavorosa miseria que apremia 
y consume las desdichadas poblaciones, entre- 
gadas irremediablemente al hambre. "Allí no 
hay animales, ni haj" trigo, ni siquiera ya raices 
que comer", añade aquel diario. "Los que lo- 
gran un poco de alimento se ven expuestos al 
asalto de las cuadrillas hambrientas. Hambre 
y peste, ¿puede idearse dos flagelos combinados 
más terribles y devastadores? - ' Así es: Dios 
visita el mundo con la vara de su justicia. En 
otra edad, en aquellos siglos llamados "oscuros" 
por los ilustrados del siglo decimonono, los pue- 
blos tenían bastante luz para reconocer el brazo 
de un Dios airado. Estremecíanse á vista de 
los castigos de sus pecados, y hacían "frutos de 
arrepentimiento:" procesiones públicas, plegarias 
públicas, penitencias públicas. Y los Magistra- 
dos, y los Príncipes, y los Reyes precedían con 
su ejemplo al labrador, al menestral, ala mujer- 
cilla del pueblo; .humillábanse todos bajo la 
diestra delTodopoderoso. Nuestro siglo ilumina- 
do hace mofa de la sencillez de sus antepasados. 
¡Supersticiosos los llama! Hemos tenido, en corto 
plazo, aquí guerras asoladoras, allá inundaciones, 
en otra parte temblores de (ierra, y erupciones 
de volcanes; hambre, vómito negro, viruela, 
peste, sequía, langosta; pero, qué? nuestras 
sociedades ó no conocen á Dios, ó no conocen 
sino á un Dios que vive en, el cielo descuidado 



165- 



de lo que hacen los habitantes de este mundo 
sublunar. Nuestras sociedades quieren estar 
separadas de Dios: escarnecen su revelación: se 
bastan á sí propias: tienen su ciencia, su sufra- 
gio universal, su diplomacia, sus millones de 
bayonetas, sus cañones y ametralladoras, sus 
naves de coraza, su prensa monstrua, sus bolsas, 
sus exposiciones mundiales, sus telégrafos y lo- 
comotoras, sus máquinas sin número, en fin to- 
dos los elementos de una vida regalada y go- 
zosa; ¡figuraos si han de temer á Dios nuestras 
sociedades! ¡Pobres mortales! Nosotros nece- 
sitamos de Dios tanto como nuestros padres de 
la edad media. Mirad la peste en Rusia. En 
la provincia de Ástrakan solo cinco por ciento 
escapan del furor del azote. De 130,000 habi- 
tantes solo quedan 10,000. ¿Qué remedio saben 
oponer al mal nuestros hombres con toda su 
ciencia y su jactada ilustración? Ninguno: nin- 
guno. Y sin embargo, en su fuerza y en la bien- 
andanza material de los pueblos que rigen, ci- 
fran todas sus aspiraciones los gobiernos moder- 
nos. ¡Con cuan poca cosa puede humillarlos y 
confundirlos Dios! "Reflexionad, oh hombres 
los mas insensatos del pueblo, entrad en cono- 
cimiento; tened finalmente cordura, vosotros 
mentecatos." Ps. 93. 8. 



San José. 

(Comunicado) 

Fiesta del Patriarca Señor San José, en Santa 
Gertrudis de Mora. 

Marzo, 19 de 1879. 

A las nueve y media de la mañana los miem- 
bros de la Union Católica de Mora se encontra- 
ban reunidos en el Salón de la asociación, y á 
las diez de la mañana emprendieron su marcha 
para la Iglesia parroquial. A la cabeza iba la 
bandera de la asociación con la iraa'gen del in- 
signe Patriarca la cual era llevada por el Señor 
Macario Gallegos y los señores Agapito 
Abeitia y Nazario Romero, miembros de dicha 
asociación. Luego se seguía la banda de música 
de la asociación; después los oficiales de la mis- 
ma y en seguida los miembros, cada uno trayen- 
do la insignia de la asociación, y los oficiales sus 
respectivas decoraciones. Emprendida la mar- 
cha, bajo la dirección del Honorable Presidente 
Don Rafael Romero, se dio una vuelta al rede- 
dor de la parroquia, y después de haber entra- 
do, todos los miembros de la asociación tomaron 
sus asientos en el cuerpo de la Iglesia cerca del 
altar, donde les habían sido preparados de an- 
temano. 

La iglesia estaba hermosamente decorada, y 
en el aítar mayor, en un trono de verdes rama- 
jes, decorado con flores y profusamente ilumina- 
do, se descubría la estatua del insigue Patriar- 
ca San José, que risueñamente invitaba a' los 



miembros de la Union á acercarse al sagrado 
banquete. El panegírico del Santo fué predica- 
do por el digno y Reverendo párroco de Mora 
Dn. Juan Guérin, director espiritual de dicha 
asociación, quien con su habilidad energía y celo 
acostumbrado hizo una elocuente relación de las 
exaltadas virtudes del Gran Patriarca, exhor- 
tando á los miembros de dicha asociación y á 
todo el pueblo Católico, á la devoción hacia el 
Gran Patriarca, y á pelear con denuedo por la 
perpetuidad de la fé católica, y no avergonzarse 
de sus actos religiosos bajo ninguna circunstancia. 

Pero lo más hermoso, lo más imponente y lo 
más laudable de esta fiesta ha sido ver á la hora 
acostumbrada acercarse al sagrado banquete, 
aquella respetable asociación de caballeros hon- 
rados, á recibir el pan de vida: acto solemne 
ejecutado con una piedad y humildad encanta- 
doras. Concluida la Misa la asociación, proce- 
diendo como antes, se retiró á su local y allí 
tuvo sus deliberaciones y elección de oficiales 
para el año entrante, la que digna y merecida- 
mente recayó en los mismos caballeros que antes 
habían ocupado esos puestos honrosos. 

También fué notable esta fiesta por las muchas 
y fervorosas comuniones, que se recibieron, y 
por el realce que le dio la asistencia de nuestro 
Juez superior el Hon. L. Bradford Prince, quien 
cortésmente honró á la asociación con su presen- 
cia. 

Ojalá y todos los Católicos de N. M. en las 
respectivas parroquias de este arzobispado, se 
estimularan con los hechos de esta asociación, á 
organizar á ejemplo suyo muchas otras, para el 
bien de ellos, de sus familias y de la sociedad, 
y para ma}~or gloria de Dios y honor de todos 
aquellos que se glorian de ser Católicos. 

Primer Aniversario de la Union Católica, 
por el Señor J. Sena. 



Este dia venturoso 
Nos ensancha el corazón; 
Los pechos llena de gozo 
De la Católica Union. 

José, humilde carpintero, 
De Maria Esposo querido, 
Protector del mundo entero, 
De Dios padre putativo, 

Tus exaltadas virtudes 
Ahora y siempre imitaremos; 
Y, aquí en Santa Gertrudis 
Tu memoria ensalzaremos. 

Siendo de Dios escogido 
Para Esposo de Maria, 
Tu del justo desvalido 
Eres dulce amparo y guia. 

Roy los miembros de la Union 
Tu memoria recordamos: 
Sobre el ara del amor 
Tu patrocinio imploramos. 



-1 fifi- 



Las Lágrimas del Salvador. 



(Almanaque de los amigos de Fio IX) 

Doble carácter ofrece la festividad de este dia, y 
difícilmente se acierta á resolver si es alegre ó me- 
lancólico el espíritu que anima en él á nuestra Ma- 
dre la Iglesia. Por una parte se nos recuerda la 
triunfal entrada de Cristo en Jerusalen, vitoreado de 
aquel pueblo inconstante y caprichoso; por otra par- 
te se nos deja entrever como en segundo termino la 
envidia de los fariseos y los ocultos manejos de los 
príncipes de los sacerdotes para perder á Jesús. El 
mismo Salvador se presenta en medio de su triunfo 
derramando lágrimas y no de alegría sobre aquella 
ciudad, que salia á recibirle con ramos y palmas, y 
pronunciando palabras que claramente revelan los 
tristes presentimientos que embargaban su corazón 
en aquellos momentos solemnes. "Viendo, dice el 
Evangelio, á la ciudad; lloró sobre ella." Harto sa- 
bia el buen Jesús que aquellos labios que con tanto 
entusiasmo le dirigían vítores y hosannas, giitarian 
dentro de pocos dias con ronca y enfurecida voz: 
Grucifige, Cracifige; que en aquellos semblantes, en 
los que se reflejaban á la sazón la alegría y el rego- 
cijo mas puros, se pintarían dentro de poco el furor 
y la rabia mas concentrada, y que aquellas manos 
por fin que tan alborozadas agitaban hoy en su pre- 
sencia palmas y ramos, alzarían en breve sobre el 
Calvario una cruz afrentosa y sobre ella el cuerpo 
sangriento del mansísimo Cordero ofrecido por su 
salvación. 

¡Quién fiará en adelante de la estabilidad y firme- 
za de los juicios humanos! ¡Quién se creerá seguro 
jamás del afecto de una criatura, si el solo intervalo 
de tres dias es suficiente para convertir en odio y per- 
secución el cariño mas acendrado! Presentes debie- 
ran estar siempre en nuestro entendimiento estas ver- 
dades, y mucho mas cuando la experiencia de todos 
los dias nos viene dolorosamente á confirmarlas. 

Mezclados andan y revueltos en esta vida los bie- 
nes y los males; la misma prosperidad trae mil veces 
oculto en sí misma el germen de nuestras desventu- 
ras; inconstancias, fragilidad y miseria son los carac- 
teres principales de cuanto acá abajónos seduce 3' en- 
canta. ¿Por qué hemos de limitar á tan bajo fin nues- 
tras aspiraciones? ¿Nuestras almas criadas para mas 
altos destinos, hemos de contentarlas con efímeros 
goces, con aplausos que pueden trocarse mañana en 
persecución, con diguidades quo tal vez se nos 
conviertan en humillaciones, con laureles que no se- 
rán tal vez al fin y al cabo otra cosa que el principio 
de nuestra pasión, como lo fueron para Jesucristo? 
Elevémonos sobre lo presente á otro orden y alteza 
de sentimientos; no desdeñemos los aplausos y las 
ovaciones cuando se presenten, que eso tal vez seria 
refinamiento de orgullo, empero no rehusemos tam- 
poco la humillación ni nos rebelemos contra ella; no 
se nos vea correr sedientos y jadeantes tras cualquier 
leve sombra de gloria ó de alabanza, ansiosos siem- 
pre, nunca empero satisfechos. El triunfo humilde 
del Salvador en este dia háganos cautos y recatados 
en la prosperidad, y su paciencia y resignación inal- 
terables en la pasión, constantes y sufridos en la des- 
gracia. Quo ni nos envanezca la gloria ni nos abata 
la ignominia, sabiendo quo la gloria del Salvador en 
este dia no fué sino el principio do la ignominia do 
su pasión, y que la ignominia de su pasión no fué á 
su voz otra cosa que el principio do la gloria de su 
resurrección. Do tal mojo ha dispuesto la Provi- 
dencia los bienes y los niales en esta vida, que ni los 
Unos merezcan ser absolutamente apetecidos, ni los 



otros deban ser absolutamente odiados. Uno solo es 
el bien digno do todo amor, Dios; uno solo el mal 
digno de todo odio, el pecado. 

A La Muerte de Jesús. 



Ved al León de Judd 
que hoy manso, humilde cordero, 
de la cruz en el madero 
clavado agoniza ya. 

El que, imponente, en el Sínai 
su Ley cual Dios promulgó, 
á la muerte hoy se entregó, 
y en vil suplicio, por mí. 

¡Oh! misterioso portento! 
Ante él la tierra parece 
que de espanto se estremece 
conmovida en su cimiento. 

Y que en señal de dolor 
su faz el. astro del dia 
cubre triste en la agonía 
de su soberano Autor. 

¿Qué extraño que de esa suerte 
manifiesten tierra y cielo 
su quebranto y su hondo duelo 
al ver de su Dios la muerte? 

¿Quién de amargura colmado 
no mira, Jesús amante, 
vuestro inefable semblante 
por mortal sombra velado, 

Y la corona de espinas 
que vuestra frente tortura 
y sangrienta desfigura 
vuestras facciones divinas? 

A viva piedad provoca 
vuestra lánguida mirada 
ya sin vida, y abrevada 
de hiél la espirante boca. 

No menos á compasión 
mueve herido y lastimado 
vuestro cuerpo flagelado 
por el fiero y cruel sayón. 

Y lacerado con esos 
golpes mil de saña impía 
recuerda la profecía: 
"contarse pueden mis huesos" 

Veo con dolor profundo 
en esa cruz taladradas 
vuestras manos que aun clavadas 
estremecieron el mundo. 

Aquellas que omnipotentes 
vista y vida á tantos dieron, 
y cuyos prodigios fueron 
la admiración do las geutes. 

Y traspasados, Señor, 
también vuestros pies están; 
aquellos que con afán 
buscaban al pecador. 

¿Quién crimen tan inaudito 
perdonar pudo amoroso, 
sino un Dios siempre piadoso 
y en su clemencia infinito? 

¿Quién pudo en esa flaqueza 
y en esa cruz humillado, 
sino Vos, Jesús amado, 
mostrar poder y grandeza? 

Y tan pasmosa fué en Vos 
la muerte, Salvador mió, 

que en ella hasta el mismo impío (1) 

la muerte admiró de un Dios! V. A. 

( 1 ) líousueiui. 






i&/%effg!fmim ! & m si &&SBat>í£ egr» 



LA POBRECILLA DE CASAMARL 

(Continuación — Pdg 155-156 .) 
— Sí; tenéis razón, repuso la dama apoyándose so- 
bre un costado del sofá y exhalando un suspiro; ten- 
go verdadera necesidad de descanso. Hace cinco dias 
que no sé lo que me pasa y que no sé lo que es dor- 
mir. Desde que en Hamburgo supe por vuestras car- 
tas esa increíble historia, que parece una fábula ¡ah, 
Dios mió! mi corazón se sumergió en un abismo de 
llamas que lo devoran sin tregua. Mi vínico alivio 
seria estrechar entre estos brazos á mi víctima; y 
ahora que la teugo aquí cerca, me parece que no ten- 
dré valor para verla, ni fuerzas para besarla. 

— No es estraño; la sangre siempre es sangre. 

También yo soy padre y sé por experiencia 

— No es posible, D. Trajano, le interrumpió la da- 
ma con gran vehemencia; no es posible que vos ha- 
yáis pasado por la milésima parte de las angustias 
que me conturban por causa de esta mi amada sobri- 
na y ahijada. Pero decidme; os parece, que ella me 
ama ¿qué confia en mi ternura? ¿qué está persuadida 
de lo mucho que la quiero? ¿del maternal cuidado con 
que procuraré hacerla feliz? ¿Pero qué digo? ¡feliz! la 
felicidad no es cosa de este mundo: yo lo sé, ah! y 
demasiado que lo sé; y ella con tantas heridas que la 
lastiman en lo mas íntimo de su alma, jamás podrá 
ser feliz; el hacerla lo menos infeliz que yo pueda, es- 
to, sí. Y bien, decidme la verdad, ¿os parece que mi 
Flora cree en estas buenas disposiciones de su madri- 
na? 

— ¿Y cómo no? me estraña, señora, que digáis esto. 
— Luego ella no me odia, no me aborrece, no me 
detesta. 

— ¿Qué decís, señora? ¡odiaros, detestaros! 
— ¡Oh, necia insensata, de mí! exclamó la dama re- 
torciéndose y dándose una palmada en la frente con 
dolorosa expresión. Yo estoy casi desvanecida. D. 

Trajano, compadeced mi debilidad. Decíamos 

¿qué decíamos? ¡ah! que este ángel se fia enteramente 
de mí ¿no es verdad? 

— Ciertamente; y siempre que me ha hablado de 
vos, lo ha hecho con muestras de singular afecto. 
Además vos ya habríais recibido su cartita. 

Al oir esto la señora dio un grito, se tapó el rostro 
con las manos y prorumpió en un copioso llanto. 
Grande fue el apuro de Trajano para consolarla y 
tranquilizarla; pero todo fué inútil, porque los lamen- 
tos y sollozos de la señora eran sin medida. Afortu- 
nadamente Lucila, que por un movimiento de curio- 
sidad infantil se habia puesto á la puerta para escu- 
char, así que oyó aquel llanto, corrió junto á su ma- 
dre para avisarla de lo que pasaba. Magdalena., que 
entretanto se habia estado arreglando, en un princi- 
pio dudaba entrar; pero al fin se decidió y pedida 
licencia fué admitida en la visita. 

Al ver á Magdalena, la dama se enjugó los ojos y 
el rostro, se puso en pié, salió á su encuentro y con 
afectuosas maneras le pidió que se sentase á su la- 
do. 

— Gracias os doy, le dijo en seguida que la vio sen- 
tada; por los cuidados que os habéis tomado con mi 
pobre huérfana. Apenas he recibido vuestras cartas 
volé á Roma para recogerla, porque ahora es mia. 
Ya habia salido del Cairo cuando llegó la primera 
carta; y como antes de dar vuelta á Europa, quise 
visitar en peregrinación la Tierra Santa, los dueños 
de las fondas en donde me habia hospedado en el 
Cairo y en Alejandría me la mandaron á Jerusalen. 
Llegó tarde; pues yo estaba en Constantinopla en- 



ferma. Cuando D. Trajano me escribió la segunda 
en el mes de Mayo, esta dio las mismas vueltas y 
llegó á Francia con la primera. En suma; no recibí 
las dos y la tercera que iba dirigida á Burdeos hasta 
hace cinco dias en los baños de Homburg. ¡Figuraos 
ahora cuál seria mi turbación y mi disgusto. Dejé 
baños y dejé todo y volé aquí con un sobresalto y 
una ansiedad que no puedo explicar. ¡Oh, cuánto me 
es cara esa niña! Decidme, bnena señora ¿como está 
mi Flora? ¿está aquí? ¿sabe que vine? ¿queréis hacerla 

venir? yo 

— No señora; prorumpió con candida ingenuidad, 
Lucila, á quien tenia á su lado la dama; el médico ha 

prohibido 

— ¡Qué dices tú! replicó Trajano. 
— ¡El médico! exclamó la señora palideciendo; ¿lue- 
go está enferma? 

— Ha estado, repuso en seguida Magdalena; pero 
ahora, gracias á Dios, ya está fuera de peligro y bas- 
tante adelantada en la convalecencia. 

— ¡No os afiigais, señora; por cavidad os lo pido! 
insistió á su vez Trajano; que no ha sido una enfer- 
medad grave, sino, como reconocieron los médicos, 
propia de la estación. En realidad en peligro nunca 
estuvo; pero como ella es tan buena, quiso á toda 
costa recibir los Sacramentos, y el párroco, mas por 
complacerla que por otra cosa, le administró el Santo 
Viático. Ahora está casi sin calentura. 

— ¿Casi? ¡qué oigo, aun- no hemos llegado al fin! 
repuso la dama sobresaltada y levantándose con ím- 
petu; ¡ay, pobre de mí! llevadme junto á ella; quiero 
verla. 

— Calmaos, señora; replicó Magdalena invitándola 
á sentarse; de aquí á un instante podréis entrar en su 
cuarto; pero antes es preciso que la preparemos pa- 
ra vuestra visita; porque de otra manera la sorpresa 
podría impresionarla demasiado y hacerle mucho 
mal. 

Después de un lijero altercado la señora se aco- 
modó á los deseos de Magdalena; pero á condición 
de que se hiciese de modo que ella pudiese observar 
á la enferma sin ser vista. Así se hizo en efecto y 
mientras tanto Trajano, que se habia adelantado, se 
aproximaba al lecho, la dama sostenida por Magda- 
lena se acercó á la abertura do la puerta y se puso á 
mirar con indecible ansiedad. ¿Y qué vio? Vio en un 
cuartito arreglado con esmero y limpieza y sobre un 
ledro blanquísimo una sornbiv, cuya cabeza se hun- 
día sobre dos altas y blandas almohadas. A la esca- 
sa luz que penetraba por una ventana entornada, se 
percibía á la derecha de la cama sobre una pequeña 
mesita un crucifijo entre dos caudeleros de cristal, 
algunas imágenes de santos y en un vaso de porcela- 
na dorada un ramito de rosas. A un lado de la ven- 
tana estaba cosiendo una joven. Era Flaminia, que 
al ver á su padre se levantó con presteza y le hizo 
seña para que callase, diciéndole en voz baja: — ¡Duer- 
me! 

Mas las pisadas de Trajano despertaron á María, 
la cual como que mas bien dormitaba que dormía, se 
incorporaba hacia él. La señora aprovechó este mo- 
mento para reconocerle la cara; pero al fijar su vista 
sobre aquel rostro consumido y pálido como la cera 
se le anublaron los ojos, se sintió asaltada de un re- 
pentino estremecimiento y sin mas se abandonó casi 
desma vacia en los brazos de Magdalena, que con tra- 
bajo la condujo á la sala. 

LXVII. 

Si quisiéramos entretenernos filosofando sobre las 



-IOS 



3ST 



extrañas peripecias ele la representación escénica que 
llamamos vida humana, es-ta tia de Ja pobrecilla de 
Casamari nos daria materia para algunas considera- 
ciones quizás no inútiles á nuestros lectores. Esta 
dama tan orgullosa, tan vengativa, y digamos la ver- 
dad, tan dura y desapiadada con Peregrino y su fa- 
milia, esta clama tan envidiada por el auge de su for- 
tuna, tan soberbia con su esposo, tan contenta con 
su prole en la que tenia depositado todo su amor, tan 
obsequiada, tan afable, tan rica, que nadaba en la 
abundancia; esta misma dama tan envuelta ahora en 
luto que no abandonará jamás, viuda de su esposo, 
privada de sus dos hijos, errante por el mundo en 
busca de un clima que le calme los dolores de un mal 
que no tiene nombre, presa de una tristeza que se 
resiste á toda clase de consuelos, roida interiormente 
por el gusano de la conciencia que no le deja un mo- 
mento de tregua, sedienta de felicidad á pesar de la 
opulencia de su patrimonio, obligada á venir preci- 
pitadamente á Roma á parar á casa de un desconoci- 
do y á palpitar allí, á gemir y á derramar lágrimas 
de indecible ternura sobre la huérfana de aquel Pere- 
grino, á quien ella se habia complacido en pisotear, 
empobrecer y aniquilar; esta dama, repetimos, ejem- 
plo vivo y evidente de la instabilidad dj las cosas hu- 
manas, nos olreceria numerosos anillos para compo- 
ner una cadena de preciosas enseñanzas. Pero no te- 
niendo aquí oportunidad para tal composición, roga- 
mos á nuestros lectores que ellos por sí la formen; 
mientras nosotros contentos con indicarles esta bue- 
na obra, seguiremos con nuestra narración. 

Después que Maria Flora se instaló en casa do 
Trajano, este no babia permanecido ocioso; y de 
cuando en cuando según las instrucciones que le ha- 
bia dado Peregrino escribia, á la tia de la huérfana 
para hacerla saber el estado de su ahijada, que no te- 
nia otro recurso que su caridad. Entretanto se espe- 
raba la respuesta, que nunca llegaba, grandes eran 
las angustias tanto de Maria, como de Trajano y su 
mujer, á causa del carácter turbulento y cruel de 
Plamiuia, que no cesaba de atormentar á la huérfana 
y de introducir la perturbación y el disgusto en la 
familia. 

Ya hemos hablado del punto á que habían llegado 
estas vejaciones, sobre las que no nos place entrar 
en muchos pormenores; bastará repetir que la inocen- 
te perseguida apenas podia sufrirla á pesar de la dul- 
zura de su carácter y de lo esmerado de su educa- 
ción. Y tanto mas se afligía, cuanto que bien com- 
prendía que ella era la ocasión de las continuas ri- 
ñas, alborotos y escándalos que habia en casa. Nada 
sin embargo se adelantaba con estas desagradables 
escenas, porque Flaminia descargaba sobre ella toda 
su ira y todos sus resentimientos y la maltrataba no 
solo de palabra, sino de obra; abofeteándola, mor- 
diéndola y arañándola el cuello y los brazos y arran- 
cándole los cabellos. Y la sufrida Maria lejos de 
defenderse de tales crueldades la suplicaba con las 
lágrimas en los ojos que al menos no la hiriese en el 
rostro para que el padre, y la madre no viesen las 
señales. 

Efecto de este lento y continuo martirio la pobre 
joven cayó en tal postración y abatimiento que á ca- 
da paso padecía deliquios, los cuales ella procuraba 
ocultar con todo cuidado. No tardó en presentársele 
una oculta íiebrecilla que la llenó de inquietud y de- 
sasosiego y acabó do debilitarla. Sin embargo de 
todo no cesó en su empeño de encubrir sus males, y 
dos dias anduvo á pié con la fiebre; y mas andaria, si 
Magdalena, habiendo ido por casualidad á su cuarto, 
no la hubiese encontrado coa un desmayo, y caida en 



el suelo junto á un sofá. Magdalena dio un grito al 
verla así, y corrió á levantarla y colocarla sobre el 
sofá. A las voces acudieron todos ios de casa. — ¡Ah 
pobre criatura! exclamó la mujer de Trajano, pasán- 
dole la mano por la frente; quema como si fuera un 
hierro candente. 

— ¡Buen Dios que fiebre! añadió por su parte el 
marido tomándola el pulso; que venga el médico; me- 
tedla en la cama, y en seguida á llamar el médico. 

Elaminia estaba pálida como la cera y con la res- 
piración sofocada. Al mirar el semblante cadavéri- 
co pero placidísimo de Maria, no podia contener los 
sollozos; temblaba de pies á cabeza y por fin con los 
ojos humedecidos y la voz apagada. — ¡Dios mió! 
María, ¿qué tendrá? preguntó á la madre, que estaba 
toda afaenada preparando la cama. 

— ¡Ah, malvada! ¿qué tendrá? ¡tú la pusiste así in- 
fame! .... ¿Ahora estarás contenta? Vete de ahí y no 
estés mano sobre mano con esas monadas; trae cor- 
riendo el -vinagre y báñale las sienes y las narices. 
¡Pobre Flora! Dios sabe cuantos dias hace que está 
enferma y fin decirme nada. 

Flaminia corrió á buscar la botella del vinagre y 
luego sentándose junto á la desmayada colocó cuida- 
dosamente su cabeza sobre su regazo y al acercarle 
el vinagre á las narices en un arranque de su corazón 
una y otra vez la cubrió de besos al mismo tiempo 
que sus ardientes lágrimas bañaban el lánguido ros- 
tro de la Pobrecilla. — Sí, ¿eh? ¡ahora lloras! le echó 
en cara la madre; estas son las lágrimas del cocodri- 
lo. ¡Hay mas que llorar! ¡Ah, Virgen Santa! ¡Cuan- 
tas veces te he dicho, mala hija, que tu habías de con- 
cluir por asesinar á esta inocente! Dios te lo perdo- 
ne; pero si muere, tú tendrás la culpa; tú. ¿entiendes? 
tii; y á tí, si quieres salvarte, no te queda mas recurso 
que encerrarte en un convento y hac r peniti ncia to- 
da la vida. ¡Oh, sí, vete, sepúltate entre las capuchi- 
nas; que las lágrimas, que por tí he de verter, ya las 
he derramado. ¡Ingrata! no sé como me contengo en 
echarte todas las maldiciones, que una inadie puede 
pedir para una hija asesina. 

Al oir esto Flaminia llorando cada vez mas, sollo- 
zando y pisoteando el suelo. — No; mamá; contestó; 
callad por amor de Dios; no me echéis maldiciones, 
que no volveré á hacerla mas daño, y os juro que la 
querré siempre bien y la amaré mas que á mí misma. 

LXIV. 

Una hora después llegó el médico y fué introducido 
en la habitación de la enferma, que ya. habia vuelto 
en sí, y estaba tranquila y con una angelical sonrisa 
dibujada en los labios. Flaminia encendida aun co- 
mo la grana y con el vestido humedecido por sus lá- 
grimas estaba sentada junto á la cabecera de la ca- 
ma. 

El médico examinó á la enferma y cuando la oyó 
decir, que ya hacia tiempo que padecía desmayos. 
¡Tontería el no decirlo á tiempo! exclamó volviéndose 
con gravedad hacia Trajano. Bclcixcttioncs épontanece 
proximum morbum praenunUant; decia la antigua es- 
cuela salernitana; y es un apotegma infalible. 

— No será cosa de peligro ¿no es verdad, Sr. Doc- 
tor? preguntó Magdalena. 

— Ya veremos; por de pronto aquí se presenta una 
fiebre, y lo primero que hav que atender es á comba- 
tirla. 



( Se continuará.) 





-5*=sM89-S« 






Se publica todas las semanas, en Las Vegas, N. M. 






12 de Abril de 1879. 



SU3IA1UO. 

Obónica Gestsbal — Sección Piaddsa: Fiestas Movibles— Calen- 
dario de la Semana— La Resurrección — Actualidades: — El Ale- 
luya— ~El Cura-párroco de la Mesilla— El tratado XI de la Rusia — 
La familia del Papa Pecci— Méjico y el Vaticano— Estadística de 
inmigraciones— El P. Newman — León XIII y la Prensa católica — 
Misión de la Isleta (Comunicado) — Un papirote al InchpéndeM — 
Discurso de Su Santidad á los Periodistas católicos — La pobrocilla 
de Casamari — 



411 



Hocliíicacioii. — En el número anterior, por 
falta involuntaria, anunciamos la erección de uuas 
nuevas sillas, y se daban también como de nueva 
erección las de Soutlrwark y Birmingham. Todas 
ellas no son sillas nuevamente erigidas, sino solamen- 
te nuevamente provistas de sus Pastores, hallándose 
vacantes. 

Re&tfS-8Íoü駿 — f Comunicado.) Falleció en la 
plaza 'le Los Valles de San Jerónimo el clia 30 de 
Marzo, Don Pedro L'Esperance á la edad de 87 
años, 7 meses, 20 dias, y después de un año y diez 
meses de euí'ermedad, llevada con toda la paciencia 
de un verdadero cristiano. Hace unos 23 años, el 
Rev. J. B. Fayet le regaló un hermoso libro de devo- 
ción, que lela asiduamente, y en los "últimos dias de 
su vid i, cuando su vista le faltó, hacia que le leyesen 
algan trozo del libro de su predilección. Sus últimas 
acciones (3 minutos antes de espirar) fueron santi- 
guarse dos veces, en la última agonía articuló distin- 
tamente la iavocacion de Maria Santísima. Es de no- 
tar que este es el ríltimo de los extranjeros que entra- 
ron al Nuevo Meneo el año 1822. II.' I. P. 

Otra pérdida, muy sensible en Luisiana, ha sido 
causada por la muerte del Rev. P. Cristóbal Burke, 
Redentorista. Nació en Macón, Georgia, en 1852. 
Fué recibido en la Congregación de los PP. Reden- 
toristas; en Annápolis, Maryland. Fué ordenado sa- 
cerdote el 23 de Diciembre de 1877; y falleció el 21 
de Marzo, próximo pasado. 

8Jsi tío cm Miento. — (Comunicado.) — Una junta 
pública de los habitantes de Los Valles de San Jeró- 
nimo, el dia 31 de Marzo de 1379, decidió que la 
nueva y hermosa Capilla de esta plaza fuese documen- 
tada á Su Señoría Ilustrísima el Arzobispo J. B. 
Lamy — La junta se organizó con 

El Sr. Aniceto García, Presidente — 
" " Dionisio Martínez, Vice-Presidente — ■ 
" " Pedro L'Esperance, Secretario — 

Fué llamada al orden, y el Sr. Jesús Sánchez en un 
discurso muy elocuente puso en conocimiento del pú- 
blico el objeto de la misma. Después el Rev. J. M. 
Coudert se expresó coa su acostumbrada claridad, y 
•explicó á su auditorio las reglas que la ley reconocía 
como legales en los documentos, dando por modelo 
el Documento de la Capilla del Tecolote, que fué 



leído por el Secretario. Al mismo tiempo se hallaba 
en la mesa un número de la Revista Católica con una 
fórmula de Documentos de Capillas. Se observó que 
algunas condiciones en este ixítimo eran algo repug- 
nantes á la libertad de conciencia de los herederos de 
los otorgautes; se añadió que las mismas podían ser 
omitidas ó modificadas, sin que el Documento per- 
diera nada por esto de su fuerza, ó que se hiciese 
según las fórmulas generales de documentos. 

Concurrieron á la junta 61 persona < y todas (á excep- 
ción deuna ocios) una ni mam ente autorizaron una co- 
misión de cuatro hombres, para oto; g^r un Documento 
de la capilla, Cementerio, y Camposanto de Los Va- 
lles de San Jerónimo, en favor de Su Señoría Ilustrí- 
sima J. B. Lamy Arzobispo de la Arquidiócesis de 
Santa Fé. Los mismos fueron también autorizados 
á medir el terreno necesario para el patio de la Capi- 
lla y el Cementerio para que constara en el documen- 
tó. Los Comisionados son los Sres. Gregorio Barela, 
Jesús Sánchez, Dionisio Martínez y Aniceto García. 
Nuestro digno párroco, el Rev. J. M. Coudert, en 
gratitud de la buena voluntad de sus feligreses en 
esta ocasión, les prometió celebrar la misa patronal 
el dia 2 de Octubre cada año; y cuando este caiga en 
Domingo; el dia siguiente. La junta expresó el deseo 
que sus procedimientos fuesen insertados en la Bevis- 
ta Católica. 

Pedro L'espéeance, Secretario. 

ILos i¥eg'i°©§ de Luisiana siguen emigrando en 
masa, por el ruido esparcido que se los sujetaría otra 
vez á la esclavitud. A la vuelta de los prisioneros de 
Natchitoches, que llevaban dos cañones, y los dispa- 
raban al llegar á las diferentes ciudades, hubo una 
alarma general, por la cual los Negros se dispersaron 
en los bosques, y de allí se han dirigido en tropas 
hacia Sansas. Esta emigración del Norte de Luisia- 
na ocasionará una grande pérdida á la agricultura, 
pero los que mas pierden son los mismos Negros. 

©«WíHessíaBes. — Una correspondencia de Roma al 
Propacjatenr Catholique anuncia que el Padre Santo 
ha enviado oficialmente la noticia de su nombramien- 
to al Cardenalato á las siguientes personas: á saber, 
Mñr. Desprez, Arzobispo de Tolosa; Mñr. Pie, Obis- 
po de Poitiers; al Dr. Newman, del Oratorio en Lon- 
dres, y al teólogo Hergenrother, profesor en la Uni- 
versidad de Wurtzbourg en Baviera. 

SoeaííIisíiHMa© eas Si ai si a. — La revolución, que 
trátase de contrarestar en este país, ha echado sus 
raices hasta en el palacio imperial. Un despacho de 
la Agencia Havas trae lo siguiente: — "El Martes pa- 
gado, después do una conversación, que duró tres 
cuartos de hora, el Czarewitch salió del palacio impe- 
rial en un estado de mucha oscitación. El Czar con- 
vocó inmediatamente el Consejo de los Ministros, y 
los informó de que él creía necesario, para la seguri- 
dad del Estado, de sujetar al Príncipe heredero á 






170 



uua especial vigilancia, acusándole de tener corres- 
pondencia con los mas peligrosos enemigos del Impe- 
rio. Los ministros tuvieron que trabajar mucho para 
calmar la irritación del Emperador, é inducirlo á 
adoptar medidas mas suaves. Finalmente el Czar 
consintió que el Príncipe habitase su palacio, bajo su 
palabra." 

Entretanto se ha verificado un segundo atentado 
contra la vida del General de la Guardia civil, Yon 
Dentrelen. Un hombre le disparó dos tiros, los que 
no tuvieron resultado, é inmediatamente desapareció. 

Un parte telegráfico al London Neivs, fechado Lon- 
dres 28 de Marzo, dice: "se conoce el nombre del 
asesino de Yon Drentelen. Cuatro consejeros de Es- 
tado y sus mujeres han sido arrestados, juntamente 
con el hijo de uno de ellos. 

JLos incendios á la orden deldia. — En Fountain 
City, Wisconsin, el 15 del pasado mes un incendio 
destruyó la casa de un tal Henry Teckenberg, habi- 
tada por los Hnos. Cariscb. Apenas pudieron los 
moradores salvar sus vidas. 

Otro incendio destruyó toda la propiedad de Mr. 
Montgomery, en Lincoln county, Kansas. Un niño 
de tres años pereció en las llamas, y el mismo Mont- 
gomery y un tal Isaac Ploff, que acudió para salvar 
al niño fueron tan maltratados, que perecieron en 
breve espacio, 

Un tercero incendio, el 19 del pasado mes, destru- 
yó la ciudad de Pineville, Missouri. Solo escaparon 
la Casa de Cortes, un hotel, y dos casas de Comercio. 
Créese que el origen fué una culpable manifestación 
de incendiarios. 

Añadiremos un cuarto caso de un incendio de una 
vega en los condados de Republic y Cloud, Kansas, 
que se extendió por diez millas á lo largo, y tres á lo 
ancho, produciendo la destrucción de cien casas, de 
una grande cantidad de cereales, y de muchos utensi- 
lios de agricultura. Hubo solo una persona que pere- 
ció por las llamas. 

líesenS&Hmienío. — En la Iglesia de la Trini- 
dad, en Londres, se ha ensayado un alumbrado con 
un nuevo gas, que puede concentrarse en un espacio 
muy reducido. Así un pequeño gasómetro ha sumi- 
nistrado el combustible por veinte y ocho dias, y 
asegúrase que un recipiente de ordinarias dimensio- 
nes puede alimentar por el espacio de nueve meses. 

Kl Papa ha otorgado que se entablen los preli- 
minares para la beatificación de algunos misioneros 
franceses, un mandarino y otros veinte y cinco indí- 
genas, martirizados en China y Cochinchina del 1820 
al 1860. 

Conversiones. — Se anuncia la entrada en el 
gremio de la Iglesia Católica de la Condesa de Ra- 
vensworth. 

El 17 de Febrero hicieron la abjuración de sus er- 
rores dos jóvenes italianas, nacidas en familia cató- 
lica, pero criadas en el protestantismo por sus padres, 
que quisieron seguir las nuevas doctrinas, propagadas 
en Roma. El padre de ellas teniendo conocimiento 
de su determinación las echó fuera de casa, pero ellas 
se refugiaron en el Convento de María Riparatrice, 
donde fueron instruidas. 

Los Jesuítas en Francia. — Un corresponsal 
del Times de Londres escribía de París: "El Ministro 
Ferry, en su bilí por la enseñanza superior, proclama 
claramente que los Jesuítas sean privados del dere- 
cho de enseñanza. 

Un mártir.— El dia primero de Noviembre, 
Mñr. Semprini, O. S. F., y Vicario Apostólico en 
Hon-Nan, referia á las Misiones Católicas el martirio 
de un neófito, Juan Lien-pen-kiao, por Jos infieles. 



Después de haberle azotado cruelmente fué senten- 
ciado á ser quemado vivo. Esta muerte ha dado su 
fruto, pues el Sr. Vicario dice que mas ele ciento cin- 
cuenta catecúmenos se han presentado y se prepara- 
ban para el bautismo. 

En el distrito de Tum-gan-hiem, á cuatro dias de 
distancia de la residencia del Vicario los infieles han 
destruido sus ídolos, y piden se les admita en la Igle- 
sia. 

Hambre. — El alto Egipto está sufriendo los 
horrores de una hambre terrible. A orillas del Nilo 
se ven muchos niños y mujeres alimentarse de rai- 
ces, y echarse sobre cualquiera pedacito de alimento 
con avidez extraordinario. El hambre es mas espan- 
tosa en el interior, donde muchas son las víctimas de 
la carestía. 

Conspiraciones. — Todavía no se ha acabado 
la tragi-comedia Passanante en Italia, y ya se oyen 
nuevas amenazas contra la vida del Bey. Refieren 
los periódicos que la Reina Margarita ha recibido 
una carta, en la que se le notificaba que no temiese 
por su vida, aun cuando estaba decretada la muerte 
del Rey y de su hijo, el Príncipe heredero; pero que 
la de ella seria respetada. 

Misiones. — La última misión, dada por los PP. 
Jesuítas, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, 
en New York, ha sielo un grande acontecimiento. Do- 
ce mil, poco mas ó menos, fueron los que recibieron 
los Santos Sacramentos. Hubo doce conversiones y 
treinta bautismos de adultos. 

En la Misión dada por el Rev. Coghlan, en la Igle- 
sia de la Asunción, en Brooklyn, y que acabó el dia 
10 de Marzo, siete mil cuatro cientas personas reci- 
bieron los Sacramentos, y veinte y nueve fueron re- 
cibidos en la Iglesia católica. El dia. 16 comenzó otra 
Misión en la Iglesia de San Esteban, ayudado por 
nueve PP. Jesuítas. 

Un prodigio. -El dia 24 de Marzo el Sr. Obispo, 
John J. Keane de Richmond, fué invitado por el Se- 
cretario de la Cámara de los Delegados de Virginia, 
para hacer la función religiosa en la apertura de sus se- 
siones de la semana corriente. Es este el primer caso 
en que ese cuerpo invita á un Prelado Católico para 
este objeto. 

Toma de velo. — El dia 4 de Abril, en que ce- 
lebraba la Iglesia la fiesta de Nuestra Señora de los 
Dolores, fiesta patronal de las Hermanas de Loreto, 
tan justamente llamadas las Hijas de María al pié de 
la Cruz, dos postulantas del convento de Nuestra 
Señora de la Luz, en Santa Fé, recibieron el velo 
blanco en el hermoso Oratorio del mismo convento. 
Fueron las Señoritas, Romana Ortiz, del Peñasco, 
que en Religión recibió el nombre de Ma. Cristina, y 
Marta Torres, de Santa Fé, que fué llamada Ma, Do- 
sitea. La ceremonia fué presidida por el limo. Sr. 
Arzobispo Lamy, asistido del Sr. Vicario General P. 
A. Truchard. Aprovechóse su Señoría Ilsima. de la 
presente oportunidad para dirigir á las nuevas novi- 
cias algunas palabras bien apropiadas á la circuns- 
tancia. 

Conspiración. —En Santiago de Cuba, según 
un parte telegráfico de la Havana del 2S de Marzo, 
ha sido descubierto un complot que había publicado 
unos manifiestos subversivos, incitando el pueblo á la 
rebelión y recogiendo armas. Cuatro de los autores 
han sido arrestados. Sus nombres son Flor, Crom- 
bet, Beola Rodríguez, y Martínez Freiré. Han sido 
embarcados para España. No ha habido otras con- 
secuencias funestas. 



.- -*-.. 






-171 



• 



SECCIÓN PIADOSA. 

FIESTAS MOVIBLES DE ESTE AÑO 1879. 

Domingo de Septuagésima, 9 Febrero. —Miércoles de Ceniza, '26 
Febrero. — Pascua de Resurrección, 13 Abril. — Ascensión del Se- 
ñor, 22 Mayo. — Pascua de Pentecostés, 1 Junio. —Corpus Christi, 
12 Junio. —Sagrado Corazón de Jesús, 20 Junio. — Domingo I de 
Adviento, 30 Noviembre. 

CALENBARIO DE LA SEMANA. 
ABRIL 13-19. 

13. Domingo. Pascua de Eesubeeccion. San Hermenegildo, rey y 

mártir. 
11. Lunes. Los santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, mártires. 

Santa Liduvina, virgen. 
15. Hartes. Santa Flavia Domitila, mártir. San Benito el mozo, 

confesor, 
18. Miércoles. Santo Toribio Obispo. Santas Engracia y Julia, 

mártires. 

17. Jueves. San Aniceto, papa y mártir. San Roberto, confesor. 

18. Viernes. San Apolonio, senador y mártir. San Eleuterio, ob. 
y mr. 

19. Sábado. San León IX, papa y confesor. San Crescendo, Conf. 

LA RESURRECCIÓN. 

Recuérdanos el Evangelio que las santas mujeres, 
que habían seguido al Señor, llegaron con aromas á 
su sepulcro, para obsequiar, cuando muerto, al que 
habian amado cuando vivo. También nosotros, dice 
el Papa San Gregorio, que creemos en él que ha 
muerto por darnos la vida, vamos con aromas á su 
sepulcro, si buscamos al Señor llevando con nosotros 
el perfume de nuestras buenas obras. Aquellas mu- 
jeres, entrando en el sepulcro, ven al Ángel del Se- 
ñor: porque solo las almas que, con el aroma de su 
vida santa, se acercan al Señor, merecen ver los ciu- 
dadanos del cielo. El Ángel estaba "sentado al lado 
derecho." El lado izquierdo nos figura esta vida 
mortal: el lado derecho, la vida imperecedera; y pues 
nuestro Redentor habia salido ya de la caducidad de 
la vida presente, con harta razón el áugel, que anun- 
ciaba su nueva vida inmortal, estaba "sentado al 
lado derecho." Y apareció "vestido de un blanco ro- 
paje," porque nos anunciaba nuestra festividad: la 
blancura de su vestido es imagen de la esplendidez 
de esta solemnidad nuestra. ¿Nuestra la llamaremos, 
ó bien suya? Llamémosla mas bieu nuestra y suya; 
siendo la resurrección de nuestro Redentor fiesta 
nuestra, porque nos devuelve á la inmortalidad; y 
fiesta de los ángeles, porque abriéndonos á nosotros 
el cielo completó el número ele ellos. "Se quedaron 
pasmadas" las santas mujeres, á vista del áugel. 
"Pero él les dijo: No tenéis que asustaros." Gomo si 
les dijese manifiestamente: Asrístense los que no 
aman á los ciudadanos celestiales: espántense los que 
oprimidos por los apetitos carnales, no tienen esperan- 
za de llegar á gozar de nuestra compañía. Pero ¿porqué 
teméis vosotras, que veis á vuestros conciudadanos? 
Es pues la resurrección del Salvador causa de rego- 
cijo para los justos, así como para los ángeles. Pero, 
los pecadores .... ah! los pecadores endurecidos en 
sus maldades de nada pueden regocijarse, mientras 
permanecen en su perversa voluntad. Todo es para 
ellos motivo de terror; hasta los triunfos y la gloria 
de Jesucristo resucitado. Ojalá y entendieran que 
es por su propia culpa, y penetrados de su inmensa 
miseria se resolvieran al fin á no malograr aquella 
victoria que por todos reportó el Señor sobre el peca- 
do y el infierno. 



Este Domingo ocurre la Pascua de Resur- 
recciou: la gran solemnidad de los Cristianos: el 
dia del Señor por antonomasia: la fiesta del 
rescate del humano linaje. ¡Aleluya! ¡Aleluya! 
¡Aleluya! es la canción que desde el altar entona 
el ministro del Dios vivo, entre los jubilantes 
trinos de los sagrados órganos; y la canción re- 
petida por el coro llena las altas bóvedas de las 
majestuosas catedrales llevando sus vibraciones 
de santo é inefable alborozo á través de los mi- 
les de corazones de devotos adoradores católi- 
cos. Embargada el alma de gozo sublime está 
hoj x la Madre Iglesia; y parece no alcanza á 
proferir palabra sin intercalarla con ese mote 
de júbilo que la arrebata: ¡aleluya! "Levantóme, 
y todavía me hallo contigo, aleluya! pusiste so- 
bre mí tu mano bienhechora, aleluya! admirable 
se ha mostrado tu sabiduría acerca de mí, alelu- 
ya! aleluya!" con esos trasportes empieza hoy la 
celebración de los divinos misterios. Son las 
palabras del inspirado Profeta y Rey, que can- 
taba, siglos antes, el triunfo del Mesías resucita- 
do. Repítelas la Esposa sin mancilla; mas no 
sabe hacerlo sino interrumpiéndolas con el grito 
de alegría que no puede comprimir bajo su pe- 
cho. Más ele veinte veces recurre hoy, en el 
incruento Sacrificio, esta mágica expresión de 
regocijo, y más de sesenta veces en el divino 
oficio, el más corto del año eclesiástico. "Este 
es el dia que ha hecho el Señor;, alegrémonos y 
regocijémonos en él;'' lié aquí otra sentencia 
profética. que no se cansa de hacer resonar en 
este dia la Madre de los Santos. No encontró 
en todo el año otro dia, que mereciese el título 
de "dia que ha hecho el Señor," sino este que 
pertenece á las glorias del Redentor. Y le im- 
puso nombre propio: Bies. Dominica — Domingo 
— Dia del Señor; y dedicólo á los ejercicios de 
la religión; y sustituyólo al dia de reposo de los 
Hebreos: Todas las sectas de los Protestantes 
aceptaron en eso la ley de nuestra Iglesia. Y 
aunque los modernos en're ellos prefieran judai- 
zar, á lo menos en el lenguaje, dando al primer 
dia de la semana el nombre que los Judíos da- 
ban ai último (Sabbath — Sábado), por ser signifi- 
cativo del reposo; sin embargo, no lian podido 
eximirse de la ley católica de santificar y cele- 
brar el primer dia de la semana, el Domingo, ó 
Día del Señor, concurriendo así todos los pueblos 
Cristianos á honrar la Resurrección gloriosa del 
Salvador de los hombres. En dia tan solemne 
no podemos menos de felicitar á nuestros ami- 
gos, siguiendo la antigua usanza de las naciones 
católicas, y deseándoles de lo íntimo de nuestro, 
ánimo 

Felices Pascuas de Resurrección. 






-172- 



El Rev. Cura-párroco de La Mesilla nos remi- 
te uu comunicado que insertamos gustosos en 
nuestras columnas. Es una contestación á aquel 
suelto del Independent, "El hombre y la Reli- 
gión," que dos ó tres semanas ha nos dio mate- 
ria de alguna que otra reflexión. El Rev. Mo- 
rí n confirma todos nuestros asertos. Lo que 
nosotros decíamos a priori. conociendo bien la 
índole de la causa y el mal talante de los deni- 
gradores de todo cuanto es católico, hállase 
corroborado con una serie de pruebas de hecho, 
siempre más elocuentes que cualquier otro dis- 
curso. Esos gacetilleros que la echan de ilustra- 
dos entienden tan poco de las cosas de iglesia, 
que el primer papanatas los puede engañar como 
á un chino. Si estuviesen en buena fé, esto po- 
dría ponerlos en guarda contra los tunantes que, 
por desgracia, nunca hacen falta. Pero la buena 
fé. . .ahí está el busilis. 



-«9 • ^Uj 



El Tratado definitivo de paz, firmado en 
Constantiuopla el dia 8 de Febrero de este año 
por Rusia y Turquía, es el duodécimo que háse 
concluido en el discurso de dos siglos entre las 
Potencias susodichas. — I. La paz de Teodoro 
III, hijo del Czar Alexio, quien reinó desde 
1676 hasta el 1682, y habiendo combatido á los 
Polacos y á los Turcos ganó en la convención 
de Batchisaray, 1681, Kiew y otras ciudades 
de la Ukrania. — II. La paz de Carlowitz, Enero 
1699.— III. La paz de Ochaczk, 1711.— IV. 
La paz de Belgrado, 1° de Setiembre de 1739. 
— V. La paz de Rustciuk — Kairnardji, 21 de 
Julio de 1774. — VI. La paz de Yasey, 9 de 
Enero 1792.— Vil. La paz de Bukarest, en 28 
de Mayo de 1812. — VIII. La paz de Acker- 
mann, Octubre 1826.— IX. La paz de Adriano- 
polis, 14 de Setiembre de 1829. — X. La paz de 
París, en 30 de Marzo de 1856. — XI. La paz de 
San Esteban, 2 de Marzo de 1878. 



De la Redacción del Periódico Heráldico de 
Pisa salieron á luz algunos datos relativos al 
noble linaje del reinante Pontífice. La familia 
Pecci tuvo su origen en Sena, notable ciudad de 
Italia, donde desde el siglo trece gozaba de 
grande autoridad por pertenecer al Consejo de 
los nueve magnates. Los hermanos Juan y Jai- 
me Pecci hospedaron espléndidamente al Papa 
Martin V con todo su séquito cuando fué á Sena. 
Además la descendencia de los Pecci es ilustre 
por sus virtudes religiosas, civiles y militares. 
Pedro Pecci fué catedrático de Derecho, y re- 
presentó á sus conciudadanos en la ceremonia 
de coronación del Emperador Sigismundo, de 
quien recibió los títulos de Barón y ( ■onde pala- 
tino. Desiderio y Tomás Pecci se distinguieron 
en el cultivo de las letras y ciencias, saliendo el 



primero célebre jurisconsulto y profesor, mien- 
tras que el segundo escribió varias obras ecle- 
siásticas de una vasta erudición. En el siglo 
XVII Francisco Pecci fué Gobernador de Aso- 
la, plaza muy importante de la República de 
Venecia. Juan Antonio Pecci fué arqueólogo 
de gran doctrina, y su hermano José conocía 
con primor la literatura griega y dejó preciosas 
obras á la posteridad. A los principios del si- 
glo XVII una rama de Casa Pecci, cuya cabeza 
nombrábase Pascal, trasladóse á Carpineto en< 
los Estados de la Iglesia. De esta rama Antonio 
Pecci fué Preboste de la Iglesia Colegial, Jo- 
sé Comisario de la Cámara Apostólica, y Do- 
mingo Ludovico Coronel en el ejército de Na- 
poleón I. En fin la familia de los Pecci puede 
gloriarse de haber dado á la Iglesia tres insignes 
Prelados: Juan Obispo de Groseto en 1417; Pa- 
blo Obispo de Masa en 1679; y José Bernarclino 
de la Orden de los Olivetanos, otro Obispo de 
Groseto en 1710. Pero la gloria más luminosa 
de dicha familia será Joaquín Pecci á quien ve- 
neramos hoy cual digno Sucesor de Pió IX em 
la Cátedra de S. Pedro, Vicario de Jesucristo. 



A pesar de sus discordias políticas, la vecina 
República de Méjico no dejó pasar la solemne 
circunstancia del aniversario de la elevación del 
reinante Pontífice al trono de San Pedro, sin 
rendirle el obsequio de su afecto filial. Monse- 
ñor Ramón Moreno, Obispo de Euraenia in par- 
tibus injidelium, y Monseñor Ernesto Colognesi, 
Prelado doméstico ele Su Santidad, fueron en- 
cargados por los buenos Católicos de la Arqui- 
clióccsis de Méjico de presentar al Padre Santo 
los sentimientos de su veneración y fidelidad. 
Los ilustres Comisionados fueron admitidos á 
audiencia el dia 16 de Febrero, y, junto con el 
testimonio de una devoción inalterable hacia la 
Santa Sede, depositaron á los pies del Vicario 
de Jesucristo un rico don por donde aliviarle 
en sus necesidades temporales. El Padre Santo 
tiernamente conmovido en vista de la piedad de 
sus hijos que habitan estas lejanas tierras, acep- 
tó graciosamente su ofrenda de ellos impartién- 
doles al propio tiempo su apostólica bendición. 



Según las estadísticas últimamente publica- 
das, el número total de los pasajeros que arri- 
baron á los varios puertos de les Estados Uni- 
dos el año pasado subió á 209,251, de los cuales 
15;], 207 eran inmigrantes. En 1877 el número 
délos pasajeros fué de 190,361, y de 130,503 
el de los inmigrantes. Con respeto á lósanos de 
edad los inmigrantes de 1878 pueden clasificar- 
se del modo siguiente: 29,685 no habían llegado 
á la edad de 15 años; 104,058 no pasaban los 
cuarenta; y 19,464 eran más ancianos. El con- 



-173- 



tingente mayor á una tal inmigración fué con- 
tribuido por Alemania; 31,958 perteneciendo á 
Inglaterra y 17,113 á Irlanda, 



En nuestro número anterior hablábamos de la 
promoción del Padre Juan Enrique Newman al 
Cardenalato. Pero así el Tablet de Londres co- 
mo L'ühitá Cattolica de Turin nos confirman la 
noticia, ya indicada en aquel número, de que el 
sabio convertido ha noblemente renunciado á la 
dignidad que el Papa habíale ofrecido por me- 
dio del Eminentísimo Cardenal Nina, Sentimos 
por un lado que el Sagrado Colegio haga una 
perdida tan considerable; rilas por otro admira- 
mos la humildad verdaderamente sublime del 
insigne escritor, la que le movió á preferir la 
modesta vida de los hijos de S. Felipe á los 
Honores de la Púrpura Promana. La conducta 
del P. Newman es un testimonio evidente de su 
mérito para el puesto á que el Padre Santo le 
destinaba, y del acierto del Yaticano en su elec- 
ción. 



León XÍÍI y la Prensa Católica. 



Grandioso espectáculo de piedad y fé cristia- 
na fué ofrecido á la ciudad de Roma el día 22 
de Febrefd del ano que corre. Tras una sim- 
ple indicación del ilustre Monseñor fripepi, el 
Yaticano llenábase de los directores de la pren- 
sa católica del mundo entero, o' de sus represen- 
tantes: nobles peregrinos desde todas las ciuda- 
des de Italia, Francia, Bélgica, Alemania, Aus- 
tria, España, y hasta de estas remotísimas tier- 
ras americanas. Era el dia en que la Iglesia 
recuerda, cual una de sus solemnidades de cada 
año, la institución de la Cátedra del primero de 
los Papas en Antioquía; recorría el primer faus- 
to aniversario de la exaltación ele León XIII a 
aquella Cátedra de verdad infalible; nada tan 
propio ni tan oportuno, como el postrarse á los 
pies de su Capitán y Maestro aquellos varones, 
cuyo cometido fuera el sostener con la pluma, 
entre todas las naciones del orbe, la verdad que 
de aquella Cátedra dimana, como de su centro, 
y se difunde por todas las regiones habitadas 
del hombre. 

La idea, realizada ya tan felizmente, de con- 
gregar á todos los periodistas católicos alrede- 
dor del solio pontificio, no expresa una simple 
romería de hombres más ó menos talentosos y 
eruditos al sepulcro de los Santos Apóstoles; no 
significa una mera efusión de cariño ú obsequio 
hacia un Padre amante, un Pastor celoso, un 
Príncipe augusto; ni se cifra tampoco en una es- 
téril protesta de adhesión intelectual y sumisión 
voluntaria á aquellos dogmas y preceptos, que 
ninguno podrá rechazar sin estrellarse contra 



los manifiestos escollos de la herejía y del cisma. 
El sentido propio y particular de esta última é 
imponente peregrinación internacional ala Ciu- 
dad Eterna hemos de aprenderlo de la natura- 
leza de los tiempos que atravesamos y del oficio 
y deber del periodista católico. 

G-uerra-^-guerra la más encarnizada, sistemá- 
tica, universal, contra la Iglesia Católica, y cen- 
tra todo lo que pretenda ser sobrenatural y di- 
vino entre los hombres; desconocimiento, aboli- 
ción, aniquilación de cnanto se impone á la so- 
ciedad moderna con derechos, que ni se origi- 
nan de ella, ni están sometidos á su acción, ins* 
peccion, ó aprobación; naturalismo absoluto é 
ilimitado en todas las relaciones del consorcio 
humano; hé aquí lo que distingue á los tiempos 
que atravesamos. 

¿Y cuál es el oficio del periodista católico? La 
prensa periódica y diaria es una de las armas 
más formidables y enérgicas empleadas por el 
espíritu del mal para llevar á cabo sus inicuos 
y pérfidos designios "contra el Señor y contra 
su Cristo." Bajo el fementido nombre de ilus- 
tración se propina á millones y millones de se- 
res humanos un veneno tanto más seguro cuanto 
más oculto. Se les propina en tazas de barro ó 
de oro; por hombres inconscientes de su horrible 
oficio de empouzoñaclorcs, ó por demonios de 
forma humana, cuyo objeto es la ruina y la 
muerte de la inocencia; cuyo móvil es el odio á 
Dios y á su Revelación. Es forzoso combatir 
ese enemigo, desvirtuar sus fuerzas, atajar sus 
caminos, desenmarañar sus ardides, mostrar á 
los pueblos el virus que lleva en sus entrañas: 
tal es el arduo y noble oficio del periodista cató- 
lico. La prensa católica se ha hecho una nece- 
sidad, han dicho los Papas; y lo ha repetido 
León XIII en la solemne audiencia dada á los 
jefes y representantes de nuestra prensa: su es- 
tupenda alocución la reproducimos en otra par- 
te ele este mismo número. 

Ahora bien ¿será posible pelear contra ese 
enemigo y no arrostrarle en todo el terreno in- 
vadido por él? La impiedad no se ciñe en una 
sola esfera, ni toma una sola forma, Política, 
literatura, historia, ciencias, artes bellas, todo 
lo recluta en su satánico ejército, ele todo abusa, 
todo lo desfigura, } r lo corrompe para llegar á 
sus ruines intentos. La Religión, es decir los 
dogmas, raras veces ó casi nunca los ataca de 
frente, á cara descubierta. Esa táctica la ensa- 
} T ó en otros siglos, y se vio batida en toda la li- 
nea. Por eco hoy dia aparenta quererse tener 
á lo lejos de estas materias; antes bien, habién- 
dose vuelto, corriendo el tiempo y los años de 
su vida, hipócrita más taimada, ostenta respetar 
igualmente todas las religiones, vengan de Dios 
ó del diablo. Esto solo es sobrado indicio del 
desprecio que abriga por todas: pero, persuadá- 
pionos bien, la impiedad no para en despreciar 









-174- 



la Revelación: su intento es anonadarla. Por 
consiguiente el qué, echándose á pechos la defen- 
sa de la causa más noble y sagrada, entra en el 
campo de batalla contra la impiedad, no puede 
tampoco pertrecharse en un solo sitio, sino que 
debe llevar su bandera, el estandarte de Dios 
vivo, á donde quiera que el enemigo desplegue 
la suya. Cuestiones políticas, morales, científi- 
cas, históricas, literarias, todas las debe abarcar, 
y todas tratarlas según su habilidad sus estu- 
dios, su rango, cuando quiera que las vea esca- 
timadas, adulteradas, falseadas, ó de cualqnier 
otro modo explotadas en pro del error. 

De aquí lo fútil y lo imposible de aquella pre- 
tensión de limitar uua revista religiosa á asuntos 
mera y exclusivamente dogmáticos y ascéticos. 
Muy mal desempeñaría su deber de escritor cató- 
lico que se contentara con explicar y defen- 
der el misterio de la Transubstanciacion, ó la 
necesidad y eficacia de la oración, cuando na- 
die le impugna en estos puntos al paso que hier- 
ve en todas partes una guerra exterminadora 
contra la divina institución de la familia, por 
ejemplo, ó contra el divino precepto de "no 
robar." 

León XIII ha comparado la prensa católica á 
una "hueste de escogida milicia, experta en el 
arte de guerrear, bien pertrechada de armas, y 
pronta á lanzarse, á una señal del capitán, en lo 
más recio de la pelea, y á dejar allí la vida.'' 
Lanzarse en lo más recio de la pelea: estas pala- 
bras no circunscriben la materia de tratar: man- 
dan correr animosamente allí donde el peligro 
es más inminente y la necesidad más apremian- 
te. 

Grande acierto, pues, y gran valor necesita 
el ejército de la prensa católica para responder 
dignamente á su vocación; y acierto y valor le 
comunicará su causa y su capitán; avalórale su 
causa: porque el la pone encima de todos sus a- 
fectos. de todos sus pensamientos, de todos sus 
intereses, pronto á "dejar la vida" por ella guía- 
le su capitán: porque solo "á una señal''* suya él 
entra en lalucha. "Petre, doce nos — Pedro, ense- 
ñadnos," dijeron al sucesor de San Pedro los pe- 
riodistas católicos, eldia en que se humillaron ante 
su trono. Su palabra es, pues, la palabrade Pe- 
dro. Ellos no conocen la absoluta libertad de 
pensar. Creen que el entendimiento no es la 
fantasía, ni el capricho. Creen en la existencia 
de un poder superior á toda inteligencia criada: 
el poder de la verdad; y órgano infalible de la 
verdad es para ellos el Vicario de Cristo, cuan- 
do enseña por qué sendas y caminos la humana 
familia ha de llegar al fin de su peregrinación 
terrenal. 

La misión del periodista católico es consiguien- 
temente delicada en extremo: comunicar al 
mundo los oráculos del Vicegerente de Dios; 
aclararlos, confirmarlos, defenderlos. Acudió 



por lo tanto al Vaticano desde todas las regio- 
nes, á fin de enseñar con su ejemplo aquel ob- 
sequio, rendimiento, y amor que le incumbe in- 
culcar en los demás con su palabra. Acudió al 
Vaticano desde todo país y provincia, á fin de 
juntar diestra con diestra con los compañeros de 
su sublime milicia esparcidos por todo el vasto 
campo de batalla en la guerra común. Acudió 
finalmente al Vaticano para recibir nuevo alien- 
to y brio de las miradas y de la viva voz de 
su Capitán, primera víctima del furor enemi- 
go. 

Haga Dios que nos alcance también á noso- 
tras aquella bendición apostólica que León XIII 
envía, de lo íntimo de su corazón, "á todos y 
cada uno de los escritores de periódicos cató- 
licos." 



Misión en Iíi Meta. 

( Comunicado) 

La Isleta, Texas, 2G de Marzo, 1879. 

Señores Redactores de la Revista Católica. 

Apreciables y Rev. Señores: Tal vez los Pa- 
dres Gasparri y Tomassini no tendrán el tiempo 
de comunicarles desde El Paso los resultados de 
sus misiones; y por lo tanto les dirigiré yo estes 
cortos renglones: 

En La Isleta se empezó la primera misión en 
las primeras vísperas del glorioso San José (18 
del presente Marzo). Los ejercicios del dia fue- 
ron uu verdadero triunfo de elocuencia y de ce- 
lo. El 19, por la tarde, confesiones hasta las 
diez de la noche. 

Los dias que siguieron fueron décuplos bajo 
todo aspecto, porque las noches enteras eran 
cortas para oir las confesiones de aquella multi- 
tud que venia á depositar á los pies de los con- 
fesores los remordimientos de unos treinta, cua- 
renta, y más años de olvido. 

Atestada de gente estuvo la Iglesia dia y no- 
che, durante los oclio dias de la misión; no sola- 
mente por el concurso de los feligreses ele La 
Isleta. sino también de los Católicos de la par- 
roquia de El Paso, que dejaron negocios y cagas 
para lograr las bendiciones de esta gloria nueva, 
que no habían visto más desde el año de 1801. 
No diré nada en favor de los Padres; los resul- 
tados lo dicen mejor. En La Isleta contamos 
1,300 Comuniones y Confesiones: hasta la fecha 
no conozco un alma que asistiese á las inslruj- 
ciones y no se confesara — afrucúibtis eorum. Un 
Judío, que por curiosidad asistió á una paite de 
los ejercicios, decia que si no fuese Judío y Ma- 
són, se haria Católico con lo que habia visto y 
oido; y tuvo la gracia de despachar él mismo á 
todos los de su casa para que lograran esta gran- 
de gracia y dicha, según su expresión. 

El ejemplo podrá servir á Messrs. Independent 



-175- 



y Thirfi/four, que echan todos los dias tantos 
disparates en sus periquillos de periódico. 

Los ejercicios de la Misión fueron coronados 
por la plantación de la Cruz de la Misión, tras 
una procesión á la que quisieron asistir mas de 
3000 personas. Las últimas palabras de los Pa- 
dres y la bendición Papal fueron recibidas con 
torrentes de lagrimas de alegría y de compun- 
ción, y no dudo que su memoria vivirá en La Is- 
leta por los siglos de los siglos. El dia 25, en 
la tarde, se empezó la misión en El Socorro á 
tres millas de La Isleta y miles de personas es- 
tán ya esperando la Misión Santa para aprove- 
charse de ella en este tiempo tan propio de la 
Cuaresma y del Jubileo. Les suplico tengan la 
bondad de dispensarme por haber sido tan difu- 
so en mi Comunicado. Hasta mi corazón se 
oprimió' de tanto gusto al momento de dar las 
gracias a los dignos, fieles y piadosos hijos de 
San Ignacio de Loyola. 

Todo de Vdes. y con toda gratitud. 

Pedro Lassaigne, 
Párroco de La Isleta. 



ti "Iwlependent." 

(Comunicado). 

La Mesilla, N. M., Marzo 26 de 1879. 
Sres. Redactores de la Revista Católica. 

Muy señores mios y de mi mayor aprecio: 

He leido en su apreeiable periódico, número 
del 22 del presente, la respuesta á un artículo 
del Independiente de La Mesilla. Dicho articu- 
lito que lleva por título '.'El hombre y la reli- 
gión" acusa á los sacerdotes de esta tierra de 
muchas faltas que no tienen, ni han cometido. 
Los lectores de ese periódico creerán sin duda 
que los pormenores de tamañas acusaciones han 
sido tomados de la parroquia de La Mesilla. 
Por lo tanto me tomo la